…El Sonido del Silencio…
CAPITULO XXXVIII: Enamorados
Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor.
Mario Benedetti (1920-2009) Escritor y poeta uruguayo.
La semana había progresado a un ritmo muy distinto de lo habitual para Hanamichi. Los días le parecían demasiado cortos ahora, pero cuando miraba atrás le parecía que todo lo sucedido antes del último fin de semana quedaba muy, muy lejos.
Después de comer en casa de los Rukawa había venido el abogado Watanabe y habían hablado con él. Tras oír su historia el señor Watanabe había decidido que valía la pena actuar por los dos frentes a la vez y se había convertido en el abogado de ambos chicos, con el beneplácito de la señora Sakuragi que desde que Kaede le había contado él mismo lo sucedido no había dejado de abrazar a ambos muchachos a cada oportunidad que había tenido.
El mismo domingo por la tarde la madre de Hanamichi y el padre de Rukwa les habían acompañado a la comisaría a formular la denuncia a comisaría.
El lunes había sido un día raro. A primera hora se habían reunido los padres de Kaede con el director. Luego había llegado el abogado y habían llamado al profesor de mates. La orden de alejamiento que el señor Watanabe había logrado en tiempo record le impedía seguir trabajando así que unos amables policías que habían llegado con el abogado escoltaron al profesor fuera del instituto frente los curiosos ojos de todo el alumnado que en esos momentos estaba en el cambio de clases.
Los chicos de la gundam se pusieron a aplaudir y dar gritos de alegría al ver como se llevaban al profesor que había martirizado a Hanamichi, y muchos otros estudiantes se unieron a ellos; Aunque no sabían lo ocurrido realmente ver salir uno de los profesores mas odiados escoltado por la policía era algo especialmente emocionante para todos ellos.
Tras ese incidente Hanamichi y Kaede se habían reincorporado a las clases normalmente.
Esa tarde cuando iban hacia el gimnasio para el entrenamiento el profesor Ansai se les acercó y les pidió que le acompañaran a su despacho. El viejo entrenador les pidió disculpas por no haber sabido ver lo que el profesor de matemáticas había estado haciendo con ellos. Luego les felicitó por haber acudido a sus padres como lo habían hecho. Y finalmente felicitó a Hanamichi por su mejora en el rendimiento escolar.
El entrenador le preguntó como había logrado cambiar sus hábitos de estudio y él le habló de la señora Nene. De cómo le había ayudado primero a él, y luego a ambos. El entrenador quedó tan fascinado que les pidió que le presentaran a tan brillante educadora cuanto antes. Así que los tres anduvieron hasta la biblioteca donde la señora Nene y el entrenador Ansai habían congeniado a la perfección.
La mañana del martes, mientras Yuri se llevaba a Kaede al psicólogo, Hanamichi había atendido a clases y lo había aprovechado para hablar con sus amigos y les había contado el motivo real de la expulsión del profe de mates con el permiso de Kaede.
—Hijo de la grañidísima —murmuró uno de ellos, al oír el motivo por el que se habían llevado al profesor del instituto de ése modo.
Los demás se habían quedado en silencio.
—Hanamichi —dijo Yohei— nos tenéis para lo que queráis, lo sabes ¿cierto?
Después de comer Kaede llegó para las últimas horas de la tarde y cuando iban hacia el gimnasio le contó que de ahora en adelante tendría que ir a consulta una vez a la semana hasta nueva orden. Kaede todavía estaba molesto por ello, pero Hanamichi se sentía mucho más tranquilo de saber que un profesional cuidaría de Kaede donde él no pudiera llegar. O arreglaría lo que él estropease en la vida del moreno, dijo una pequeña vocecita molesta en la oreja izquierda del pelirrojo.
Las sesiones serían cada martes por la tarde, ése día, pero, Kaede ya había ido por la mañana así que invitó a Hanamichi a ir a su casa.
La madre de Kaede estaba cocinando cuando llegaron y se acercó a saludar con una gran sonrisa pero pronto se volvió a esconder en la cocina. El padre, que había estado encerrado trabajando, salió a recibirles también pero tras unas breves palabras se disculpó y también se volvió a encerrar en su despacho. Y a la hermana no la vio porque justo se había dormido y había que dejarla descansar.
—¿Debo preocuparme? —murmuró Hanamichi una vez encerrados en la habitación de Kaede ante el frío recibimiento de la familia.
—No. Yo les he pedido que no nos agobien.
—Gracias. Creo. Pero quizás que no deberías haberlo hecho, van a creer que no quiero que me pregunten nada o que queremos esconderles algo y…
—No van a pensar nada de eso. Solo quieren dejarnos espacio para que nos sintamos cómodos aquí y no nos vayamos a otro lugar que ellos no puedan controlar. Creo que no están preparados para que yo tenga… pareja.
—¿Y tú, estás preparado?
—Solo si es contigo —dijo Kaede acercándose a él para besarle finalmente en los labios.
Hanamichi ronroneó con el beso de Kaede y éste rió.
—Abrázame —le pidió de nuevo Kaede.
Hanamichi no se lo hizo pedir dos veces. Le envolvió con sus brazos y lo apretó a su propio cuerpo. Le gustaba esa sensación de cercanía, notar el calor del cuerpo de Kaede, su olor. Pero sobretodo le gustaba saber que Kaede necesitaba esa sensación de sentirse arropado por él.
—Dime qué te preocupa —le murmuró Hanamichi mientras le acariciaba el pelo.
—Que quiero contarte todo lo que todavía no te he dicho —confesó Kaede sin pensar. Cuando se dio cuenta de que lo había dicho en voz alta se tensó.
—¿Te ayudaría que te prometa no salir corriendo me cuentes lo que me cuentes? —murmuró Hanamichi al sentir como Kaede se había tensado solo de pensar en contárselo todo.
—No lo sé. Me ayuda que me abraces —murmuró sonrojándose Kaede escondiendo la cara en su pecho.
Hanamichi no dijo nada y siguió abrazándole gozando de la calidez de las manos de Kaede en su pecho y la suavidad de su cabello. Algo le decía que ese comportamiento del moreno no iba a durar demasiado, así que mientras durara no iba a decirle que no.
—¿Se enfadarían tus padres si entraran y nos encontraran tan juntos? —murmuró al tiempo que dejó bajar la mano de la nuca de Kaede a su firme espalda.
—No lo sé. Pero me da igual —murmuró Kaede al notar que todo su bello se erizaba con esa caricia.
—Entonces ven, nos pondremos cómodos —dijo Hanamichi tirando de él hacia la cama.
Luego el pelirrojo se reclinó y le indicó a Kaede que hiciera lo mismo; y cuando lo tuvo apoyado en él lo abrazó de nuevo.
—Bien, ahora puedes contarme lo que quieras.
—Es que… —dijo Kaede tensándose de nuevo, sintiéndose acorralado.
—Está bien, ¿qué tal si empiezo contándote yo algo? El otro día en la playa dijimos que teníamos que hablar, y quizá debamos empezar. En mi casa me dijiste que no era la primera vez que te enamorabas de alguien, de un chico. Bueno pues yo sí es la primera vez —dijo al fin poniéndose algo colorado—. Hacía ya un tiempo que tenía la sospecha de que no me gustan las chicas como a mis amigos… pero aunque había fantaseado con… bueno digamos que aunque en mi mente había muchos indicios, no me había sentido atraído de verdad por un hombre de forma consciente hasta hace poco. Y justo entonces tú empezaste a preocuparte por mí y cuando quise darme cuenta solo quería saber más de ti, de por qué yo te preocupaba y de si eso significaba que…
—Yo siempre me he preocupado por ti.
—Claro porque los insultos, desprecios y golpes son la muestra de cariño más evidente —musitó a la defensiva Hanamichi.
—Idiota —murmuró Kaede dándole un golpe en su muslo—. ¿Qué esperabas una declaración de amor jurada?
—No, pero habría estado bien que no intentaras hacerme sentir como una mierda cada cinco minutos.
—Habría estado bien —admitió su parte de culpa Kaede—, pero habría sido mejor aun si tú no hubieras intentado boicotearme a cada paso. Suerte tuve de ser el mejor en la cancha o todos me habrían marginado más aún de lo que la envidia y tú les impulsaron a hacerlo.
—Yo solo quería que reconocieras que era tan bueno como cualquiera de vosotros —murmuró Hanamichi algo avergonzado de reconocer que su comportamiento tampoco había sido muy caballeroso con Kaede hasta hacía muy poco.
—Pero es que no lo eras. Eras un engreído que solo porque tenía aptitud y podía colgarse del aro creía que ya era el mejor —se defendió Kaede.
—Es que soy el mejor —dijo Hanamichi con su habitual tono fanfarrón.
—¡Por favor! —exclamó Kaede separándose de él e incorporándose hasta quedar sentado.
—¿Cuántos años de entrenar cada día, incluso los fines de semana, te ha costado llegar al nivel que tienes ahora zorro? —dijo Hanamichi molesto, incorporándose y sentándose en la cama frente a Kaede.
Kaede calló, pero ambos sabían que el moreno jugaba desde que era pequeño.
—Pongamos que juegas de de los siete años, eso hace casi diez años de practica. ¿Y sabes cuando fue la primera vez que yo cogí un balón? El día que gané al gori. Y quizá no fue muy elegante ni reglamentario, pero de todos modos le gané. Si eso no es ser un genio dime qué es.
Kaede no dijo nada. No quería discutir con Hanamichi.
—No nos pondremos nunca de acuerdo en esto ¿verdad? —murmuró más calmado Hanamichi.
—El día que me ganes sin hacer trampas, limpiamente, repetidas veces, ese día admitiré que eres mejor que yo, hasta entonces no lo eres. Y de todos modos siempre habrá alguien mejor que tú en algún lado. Por eso es necesario seguir entrenando, seguir progresando.
—Algún día lograré que me digas que soy el mejor —murmuró Hanamichi con determinación volviendo a tumbarse con las manos tras la cabeza mirando el techo con aire soñador.
Kaede lo miró unos instantes y luego recuperó su posición recostándose en el pecho de Hanamichi mientras murmuraba sin mirarle a los ojos:
—Ya eres el mejor en muchas otras cosas.
—Es que soy un genio —exclamó contento con esa afirmación Hanamichi riendo.
—Eres el más escandaloso del colegio por ejemplo —rió Kaede, queriendo molestarle un poco.
—Muy bonito. ¿Si todo lo que mi novio puede decir de mí es que soy un escandaloso…?
—Yo no he dicho que solo seas eso. Eres el mejor en muchas otras cosas —lo cortó Kaede antes de que Hanamichi se enfadara de verdad.
—¿A sí? ¿Como cuales? —dijo con interés y curiosidad Hanamichi.
—Eres el mejor tutor particular que he tenido —admitió Kaede.
—Lo que me recuerda que he de contarte algo, pero sigue, que se pone interesante. Dime en qué más soy el mejor.
Hanamichi no hubiera pensado nunca que segundos después de que Kaede le dijera a la cara que no era mejor que él en la cancha y que no lo sería en mucho tiempo, quizá nunca, pudieran estar así de tranquilos y encima queriendo saber qué más pensaba de él.
—Eres el más sexy del equipo —se animó a murmurar Kaede al tiempo que su mano le acariciaba el pecho.
—Ya claro ¿Más que Hisashi o tú? —preguntó con cierta incredulidad esperando una respuesta negativa y queriendo ver como Kaede iba a salir de esa sin romper el momento.
—Por supuesto —respondió seguro Kaede, casi indignado por la duda—. ¿No te has visto desnudo de espaldas, verdad? —añadió ante el mutismo de Hanamichi.
Hanamichi se sonrojó de golpe.
—¡Zorro! —exclamó azorado.
—Eres la persona más dulce que conozco —murmuro buscando besarle de nuevo.
Minutos después, Hanamichi respiraba entrecortadamente y seguía igual de sonrojado que antes sino más.
—Acabaré creyendo que hablas en serio y que realmente te gusto tanto como dices —dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
—Eso espero, porque ése es el plan —le dijo Kaede antes de besarle de nuevo.
«¡Dios como me gusta esto!» pensaron ambos chicos en ese momento.
—¿Y, ya está? ¿No soy el mejor en nada más que eso? —preguntó Hanamichi un rato después entre beso y beso sonriendo.
—Eres el más fuerte del colegio, pero eso ya lo sabías —dijo intentando pensar en algo más Kaede, le era imposible hilar dos frases con sentido con Hanamichi besándole.
—Cierto —murmuró Hanamichi antes de besarle de nuevo.
—Y eres el novio más guapo que he tenido —dijo luego sin pensar en lo que estaba admitiendo.
—¿Y puedo preguntarte cuantos novios has tenido? —preguntó Hanamichi siempre curioso.
—De hecho… —dijo Kaede apartándose un poco—. Supongo que solo tú —murmuró algo triste.
—Pero no soy el primero de quien te enamoras. Alguien te hizo daño… —murmuró Hanamichi mirando a los ojos azules de Kaede como si en esos momentos pudiera ver mucho más allá de ellos.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó en un hilo de voz Kaede incorporándose de nuevo.
Hanamichi se incorporó también y se encogió de hombros.
—Tus ojos… —dijo Hanamichi acariciándole la mejilla para que no bajara la mirada—. A veces hay mucha tristeza en ellos.
—Abrázame —fue cuanto dijo el moreno antes de refugiarse en su pecho.
Sin saber si habían pasado segundos o minutos, Hanamichi fue relajando el abrazo hasta separarse del cuerpo de Kaede y se sentó en la cama de nuevo, luego subió los pies y se recostó en la pared para que Kaede se sentara entre sus piernas recostado en su pecho.
Estuvieron en esa posición en silencio otro rato hasta que Hanamichi preguntó algo inseguro mientras abrazaba a Kaede de nuevo.
—¿Te molesta que quiera saber más de tu vida amorosa?
—No, me halaga y me asusta, pero no me molesta —le tranquilizó Kaede al tiempo que le acariciaba el brazo que rodeaba su cintura.
—Bien, porque siento curiosidad. ¿Puedo preguntarte por ejemplo quién te dio tu primer beso?
—Es una larga historia —intentó poner excusas Kaede.
Una cosa era admitir que era halagador despertar el interés del pelirrojo y otra contarle realmente los pormenores de su vida.
—Tenemos toda la tarde —se quejó Hanamichi.
—No es cierto. Y además tenemos que hablar sobre qué haremos mañana —le recordó Kaede, ya que eso era, en parte, por lo que le había invitado.
—¿Mañana?
—Sí —murmuró Kaede intentando evitar el escalofrío que le producía oír la voz de Hanamichi tan cerca de su oreja—. Pronto todo el instituto sabrá por qué han echado al profe de mates, no pasará mucho antes de que todos me miren mal. Si además nosotros no vamos con cuidado… pronto hablaran de…
—Lo sé, pero no hay mucho que podamos hacer. Solo ser fuertes.
—¿Pero y si…? Necesito… —Kaede se detuvo y respiró hondo—. No es que quiera mentir a los del equipo, no quiero esconderles esto y que luego se sepa y se enfaden. Pero por otro lado sé que todo sería más fácil si nadie sabe nada.
—Si nadie sabe nada no habrá burlas, ni acusaciones estúpidas, ni bromas pesadas al respecto. Y eso es algo bueno. Pero tampoco habrá besos y abrazos —susurró Hanamichi estrechándole un poco entre sus brazos.
—Lo sé —dijo mientras se estremecía. Nunca hubiera imaginado que estar recostado entre los brazos de Hanamichi de esa manera pudiera llegara a ser tan gratificante. —Pero me pregunto si seríamos capaces de concentrarnos en el juego si los hubiera.
—¿Te da miedo que te distraiga? —murmuró sonriendo Hanamichi.
—Me da miedo que TE distraigas. Yo ya he jugado a tu lado estando enamorado de ti, pero tú no has tenido que concentrarte en el juego intentando no pensar en mí.
—¿Qué no? —preguntó algo indignado Hanamichi—. ¿Crees que era fácil concentrarse en el juego bajo el aro contigo pavoneándote por la pista con tus jugadas espectaculares? Que no pensara en besarte no quiere decir que no tuviera que contenerme para no saltarte encima a cada rato.
Kaede sonrió y pasado un rato murmuró.
—¿Así que crees que podemos disimular?
—No creo que haga falta disimular nada. En la pista no somos novios, somos compañeros de equipo. Tú mismo lo dijiste. Lo que pasa fuera de la pista se queda fuera de la pista y lo que pasa dentro se queda dentro.
Kaede se apartó un poco de él y giró la cabeza para poder verle de nuevo a los ojos y le preguntó.
—Hanamichi, dime una cosa, ¿tú qué quieres hacer? —no quería sentir como si le estuviera imponiendo condiciones al pelirrojo.
—¿La verdad? No lo sé. Por eso si quieres mantener esto en secreto no hay problema. Supongo que aparecer mañana cogidos de la mano en el instituto podría ser algo demasiado grande para muchos; y aunque no me da miedo enfrentarme a lo que sea no me apetece tener problemas de nuevo ahora que las cosas por fin parecen mejorar para ambos. Creo que lo más sensato sería que todos pensaran que somos amigos y nada más. Pero reconozco que después de esto —dijo antes de besarle sutilmente en los labios—, no sé si sabré contenerme —murmuró en su oído mientras le acariciaba el vientre.
—En casa y con tus amigos o con los míos no hará falta que te contengas —murmuró Kaede con la voz entrecortada. Se estaba excitando con las caricias de Hanamichi.
Volvió a su posición anterior, su espalda recostada de lleno en el pecho de Hanamichi, y no pudo evitar ladear la cabeza para dejar que Hanamichi le besara el cuello. Cuando los dientes de Hanamichi capturaron su lóbulo izquierdo todo el bello de su cuerpo se erizó.
—Si sigues haciendo esto pronto no podré pensar —jadeó con los ojos cerrados.
—¿Paro? —peguntó Hanamichi que también se estaba excitando al poderle acariciar de ése modo.
—Es que si no lo haces tú yo no sé si podré y mis padres… —murmuró Kaede que había empezado a restregarse involuntariamente contra el cuerpo cálido de Hanamichi pegado al suyo.
—Está bien, pero hazme pensar en algo que no seas tú —se lamentó Hanamichi separando sus manos del cuerpo de Kaede con gran esfuerzo, consciente de que si los padres de éste entraban en la habitación en ese momento todos se sentirían mortificados.
—Has dicho antes que tenías algo que contarme —murmuró Kaede intentando no pensar en los latidos acelerados de Hanamichi repiqueteando en su espalda, ni en sus manos, ni en el bulto que había empezado a notar presionando la parte baja de su espalda.
—Oh, sí —exclamó Hanamichi—. Es algo que no me esperaba para nada pero que me ha hecho mucha ilusión —había seguido exclamando Hanamichi.
—Lo imposible ya ha sucedido —murmuró tomándole la mano y entrelazando sus dedos.
—Eres un poco cursi zorro —rió Hanamichi ante esas palabras acompañadas de ese gesto que, a pesar de su tono burleta, le habían dejado desconcentrado y con un agradable sensación de calor en el pecho.
—¿Algún problema torpe bocazas? —le espetó Kaede con su cortante tono habitual.
—En realidad no —dijo riendo Hanamichi, recordando por un instante a Takeshi y que también a él le había acusado de ser cursi—, creo que me va lo cursi —murmuró más para sí que para Kaede—. A lo que íbamos… es que me distraes zorro y así no hay modo de acabar una historia.
Kaede calló intentando evitar una nueva pelea. Todavía sentía demasiado vividamente el calor del cuerpo de Hanamichi, debía distraerse de eso. Quien sabía donde les llevaría una pelea en esos momentos.
—Estás ante el coordinador de tu nueva actividad extraescolar: los grupos de estudio —prosiguió Hanamichi.
—¿Mi qué? ¿Grupos de estudio? —dijo Kaede separándose de él para poder verle a la cara con los ojos muy abiertos.
Hanamichi sonrió ampliamente ante del desconcierto de Kaede.
—Sí. Resulta que Kenji el chico que trabaja en la biblioteca con la señora Nene es el primo mayor de una de las chicas del periódico a las que los del equipo pidieron investigarme para poder ayudarme a volver al equipo. ¿Te acuerdas que tú me contaste lo de esa investigación?
—Sí y tú no me creíste —le recordó con molestia Kaede.
—La mitad de las veces que me hablas no te creo, no sé de qué te sorprendes —rió Hanamichi al ver los gestos de indignación del moreno—. Pues resulta que una tarde esa chica le contó a Kenji lo que ella y sus amigas estaban intentando, él me reconoció de la biblioteca y habló con la señora Nené.
»¿Te diste cuenta de que ella y el entrenador habían sintonizado a la primera ayer? Pues se ve que cuando nos fuimos ellos se quedaron hablando y quieren que todos los del equipo sigan el método de estudio de la señora Nene. El entrenador le pidió a la señora Nene que dirija una actividad extraescolar para los alumnos del centro. Pero ella ya trabaja en la biblioteca y no tiene tanto tiempo, ya se ha ofrecido atender a todos los estudiantes que lo deseen en la biblioteca.
»Pero Kenji, que resulta que le ayuda a preparar los planes de estudio y ha estado con ella y sabe como funciona, tiene horas libres porque acaba de acabar la carrera y ha accedido a dirigir un grupo de estudio especial si yo le ayudaba así que…
—¿Cómo que ha accedido a hacerlo si TÚ le ayudabas? —le cuestionó receloso Kaede.
—La señora Nene y Kenji creen que lo he hecho muy bien contigo y que mis ganas de ayudar deben ser recompensadas con confianza y responsabilidad.
—¿Oye, ya vas a poder con el equipo y todo? —Kaede no estaba nada seguro que ese proyecto del entrenador con Hanamichi al frente fuera a ayudarles en nada. A veces Hanamichi se distraía con el vuelo de una mosca y solo faltaba que le llenaran la cabeza de otras cosas justo antes de empezar la competición.
—Eso es lo mejor, entre los dos idearán un plan de estudio para todos los el equipo, para que todos subamos nuestras notas.
—Pero… —empezó a decir alarmado Kaede.
—El entrenador me ha dicho hoy que cree que nos irá bien. Ya le oíste ayer. No todos los jugadores tienen nivel para lograr una beca deportiva e incluso algunos de los que tienen nivel suficiente a veces no lo logran. Mira al Gori, es muy buen pívot y un gran capitán, pero aún y así sufrió lo impensable para poder lograr una beca de estudios, y eso que él sacaba buenas notas más o menos.
—¿Pero como va a ir la cosa? —preguntó temiendo verse obligado a pasar tediosas horas de estudio con sus compañeros de equipo.
Kaede recordaba vívidamente como el año anterior una sesión de estudio con sus compañeros se había convertido en lo más aburrido que jamás había hecho. No quería verse obligado a repetir eso, y menos si no lo necesitaba, él sí conseguiría una beca deportiva.
—Bueno, la cosa está en que no será algo obligatorio pero lo recomendarán encarecidamente a todos los deportistas, como mínimo a los del equipo de baloncesto. Para evitar que nadie quede fuera por suspender. Y como evidentemente hay entre nosotros distintos niveles, entre otras cosas porque somos de los tres cursos mezclados, habrá tres grupos de estudio distintos con un coordinador por curso. Kenji estará con los del último curso, para ayudarles con las pruebas de selectividad, yo con los de segundo y se está mirando qué hacemos con los de primero. ¿Qué te parece?
—Fatal. No quiero que me obliguen a… —empezó a quejarse el moreno.
—No voy a obligarte a nada. ¿Tan mal lo pasaste la semana pasada estudiando conmigo?
—Sabes que no. Pero…
—Pues va ser lo mismo. Es como cuando te dije que quería que la banda se uniera a nosotros, eso te pareció bien. Solo se trata de que nos organicemos. Cada uno de nosotros se preparará una asignatura y ayudará a los demás cuando alguien tenga problemas con ella. Yo os ayudaré con las mates, tú puedes ayudarnos con el inglés, a Yohei se le da bien ciencias, Nozomi no lo admitirá nunca pero pinta de coña y siempre sobresale en artes y caligrafía, y Chuichiro y Yuuji son unos fanáticos de la historia, seguro que con eso y con los del equipo cubriendo lengua y literatura… seguro que pronto sacaremos mejores notas en todo y…
—¿Pero por qué tiene que ser algo obligatorio y para todo el equipo? —siguió en sus trece Kaede.
La verdad era que se había hecho ilusiones de poder estudiar a solas con Hanamichi lo que implicaba libertad para hablar y comportarse con él como le apeteciera, besos y abrazos incluidos. Pero ahora…
—Porque si es voluntario nadie se apuntaría —razonó Hanamichi como si fuera algo evidente.
—No es cierto, si fuera voluntario yo me apuntaría el primero y luego disuadiría a quien quisiera colarse en nuestra aula de estudio.
A Hanamichi le hizo gracia la actitud de Kaede pero no se lo dejó ver, en cambio le riñó.
—Eso es algo egoísta, ¿no crees? Sí soy tan buen tutor como dices deberías compartirme con nuestros compañeros.
—Claro y por esa regla de tres como eres el mejor novio que he tenido debo compartirte también con ellos ¿No? Pues no me parece bien.
Hanamichi rió de lo tozudo que era Kaede.
—No seas obtuso —le espetó—. Necesitamos mejorar las notas para que nos den una beca universitaria porque ninguna universidad querrá pagarnos nada si aprobamos tan justos, aunque seamos los mejores en la cancha. ¿Y aunque nosotros lo lográramos, con todos los del equipo que no son tan buenos, qué ocurrirá? ¿Crees que no merecen nuestra ayuda en esto solo porque tú estás celoso?
—No estoy celoso —dijo Kaede demasiado deprisa para sonar sincero.
—Claro que lo estás —murmuró Hanamichi escondiendo una sonrisa bajo la nariz y acercándose para besarle—. Y tienes razón, al principio tendremos que vernos todos cada vez seguramente, pero con el tiempo, si vamos mejorando en todo, podremos reunirnos solo los que tengamos problemas con una asignatura con el encargado de ésa y ya está y el resto podrá trabajar por su cuenta como hasta ahora. Lo que significa que podremos volver a estudiar tú y yo solos de nuevo.
—¿Seremos solo los del equipo y los de la banda?
Con los amigos de Hanamichi se sentía a gusto y se veía capaz de lidiar con los del equipo de su curso si solo eran ellos y como decía Hanamcihi no era para siempre.
—En principio sí pero el entrenador dijo que se les explicaría al resto de alumnos lo de la nueva actividad y que si no quería unirse al grupo del equipo de baloncesto podrían ir a la biblioteca y la señora Nene les ayudaría.
—Pues entonces no va a funcionar. Porque en cuanto esa horda de locas con pompones sepan que pueden hacer alguna actividad en la misma habitación que yo…
—Se te olvida que yo soy el coordinador del grupo. Lo que ya de por sí debería disuadir a cualquiera. No creo que a pesar de mis notas en mates nadie del instituto se fiara de mí como tutor excepto tú y la banda, ni siquiera creo que los del equipo estén muy contentos con eso, pero como para ellos es obligatorio…
—No seas burro. Que tú seas tutor va a ser un aliciente más a que la gente quiera apuntarse.
—No empieces a decir gilipolleces zorro. Vamos a ser solo los del equipo y la banda, ya lo verás. Además si las de los pompones de apuntan creo que sería para estar con los chicos más que contigo. Ya les oíste el otro día, perece que les gusta la compañía de mis amigos.
—¿Pero y si alguien más quiere apuntarse? —preguntó Kaede separándose de él para verle.
—Pues bienvenido sea supongo. No vamos a ponernos a elegir quien debe aprobar y quien no.
—No me gusta —murmuró Kaede sentándose al borde de la cama—. No va a funcionar. Conmigo en el grupo y contigo como coordinador… va a ser un fracaso.
—Oye que voy a ser el mejor coordinador que… —dijo algo indignado Hanamichi sentándose a su lado.
—Por eso mismo —exclamó Kaede levantándose—. ¿Es que no te das cuenta? Desde que has dejado de pelearte con todo el mundo en el instituto le caes mejor a la gente y cuando se sepa que no copiaste y que esas notas las sacaste solo… todo el mundo va a querer que les expliques como lograrlo.
—No tienes porqué exagerar —dijo algo disgustado Hanamichi viéndole andar arriba y abajo—. La mitad del instituto cree que soy un bruto sin cerebro y la otra mitad no sabe ni que existo.
—No te engañes Hanamichi —dijo Kaede girándose para verle—. La mitad del instituto te envidia por tu cuerpo y el resto "sueña" con tu cuerpo. Y si encima se hace público que tienes un cerebro que…
—Zorro, nadie más que tú sueña conmigo —dijo Hanamichi poniéndose de pie en frente suyo.
—Que tú sepas —argumentó Kaede—. Hanamichi eres un chico muy atractivo y que no me creas no lo haces menos cierto.
—No digo que tú no creas lo que dices. Pero… —dijo separándose de él y dando una vuelta sobre sí mismo murmuró—. Que haya algo mal en tu cerebro que te haga creer que esto es un cuerpo atractivo no quiere decir que…
—Mira, aquí el único que tiene mal el cerebro eres tú —le encaró Kaede tomándole de los hombros para hacerle parar—. Pero si quieres creer que eres un monstruo de la naturaleza en vez del cabrón más sexy que conozco, adelante. No pienso discutir contigo por ello.
—¿Por qué te preocupa tanto que se apunte gente de fuera del equipo?
—Me jode que… —empezó a decir acelerado. Luego se detuvo respiró hondo y empezó de nuevo—. Mira va a ser difícil encontrar el modo de mantener esto en secreto. Tanto tú como yo llamamos demasiado la atención, lo van a notar como lo han notado nuestros padres. Y cuando se sepa lo del profesor habrá mil rumores sobre mí y… No lo haré a posta pero seguro que cuando haya gente delante te trataré mal…
—Como hasta ahora —comentó Hanamichi despreocupadamente.
—Exacto. Pero hasta ahora solo eras el chico que me gustaba pero que me odiaba, así que qué más daba si te enfadabas conmigo, como mínimo así me hacías algo de caso. Pero ahora eres mi novio y quisiera que ese estatus no cambiara… al menos hasta poder fugarme contigo a Holanda.
—¿Holanda? —murmuró Hanamichi completamente perdido en ese racionamiento.
—No, bueno, es igual, lo que quiero decir es que seguro que me voy a poner muy borde cuando empiecen a especular y vas a acabar recibiendo tú porque siempre estas en medio de todo lo que hago, y reaccionarás precipitadamente a mis desplantes y no quiero que eso afecte a lo nuestro —admitió Kaede sincerándose respecto lo que realmente sentía por una vez sin pensar primero en las consecuencias.
—Pero no lo hará.
—Sí lo hará si no tenemos tiempo a solas para poder arreglar los mil desaguisados que mi mala leche y tus idioteces van a provocar. Y si acabamos mal por culpa de todo eso me volveré loco.
—Zorro, eres mi novio, ya estás loco.
—No…— murmuró Kaede apartándose de Hanamichi antes de que le besara—. Si me pides que te diga lo que siento solo para reírte de mí no te contaré nada más— dijo molesto Kaede alejándose de él y poniéndose de espaldas.
—No me río de ti— murmuró apresuradamente Hanamichi abrazándole por detrás inmovilizándole en el proceso—. Es solo que no creo que haya para tanto. Nos hemos tratado duramente antes y mientras las peleas solo sean sobre estupideces como quien le ha lanzado el balón a quien o a quien le toca recoger… Sé que el estrés… —llegados a éste punto Hanamichi tomó a Kaede por los hombros y le hizo girar para quedar cara a cara—. No va a ser fácil, lo sé. Pero no pienso tirar la toalla antes de empezar. No cuando hay tanto que ganar. ¿Te imaginas poder pasar cada semana un rato como este?
—Mi problema es que me imaginaba que podríamos tener un rato así, solos, en la biblioteca cada tarde. Y ahora vas y me dices que… —dijo al fin dejando caer los brazos a su lado en un gesto de desaliento.
—Estás celoso…— murmuró enternecido Hanamichi.
—No estoy…— pero esta vez no pudo apartarse a tiempo y los labios de Hanamichi se pusieron sobre los suyos.
La mente de Kaede dejó de funcionar, solo podía procesar el calor de la mano de Hanamichi en su mejilla llegando hasta su nuca y la humedad de sus labios succionando dulcemente los suyos.
Y en ese momento llamaron a la puerta.
—Kaede mamá dice que… ¡Kaede! —exclamó una vocecita detrás de ellos y ambos chicos quisieron que la tierra se les tragara en ese momento.
—¿Ami, no sabes llamar antes de entrar? —la regañó Kaede pasándose la mano por el pelo con gesto nervioso después de separarse de Hanamichi bruscamente.
—Perdón. Yo no sabía que… —dijo la niña mirando al suelo.
—¿Qué querías? —dijo con exasperación Kaede a su hermana pequeña.
—Zorro no seas bruto. Ella no tiene la culpa. Hola Ami —dijo Hanamichi dejando de mirar al suelo avergonzado y acercándose a la pequeña extendiéndole su mano.
La niña dio un paso atrás al verle acercarse a ella.
—Mamá te llama —dijo Ami mirando a su hermano y alejándose de Hanamichi que se había agazapado para quedar a su altura.
—Dile que ahora voy —dijo suavizando un poco la voz Kaede al ver a su hermana retroceder.
Ami no dijo nada más y salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
—¿Hice algo mal? —murmuró Hanamichi algo inseguro levantándose tras el rechazo de la hermana pequeña de Kaede.
—No. Es solo que… Ami es muy tímida y…
—Le doy miedo… —murmuró Hanamichi sin saber muy bien como tomárselo.
—No —dijo Kaede, pero ambos sabían que eso era falso—. No te preocupes, la han sobreprotegido tanto que se ha vuelto tan paranoica como ellos. Voy a ver qué quiere mi madre, ahora vuelvo.
—¿Sobreprotegido?
—Ahora te lo cuento —le dijo saliendo de la habitación.
Cuando Hanamichi se quedó solo en la habitación se detuvo a observar todo a su alrededor. El domingo no había tenido tiempo ni ganas de curiosear. Era un sitio mucho menos ordenado de lo que hubiera esperado de la habitación de Kaede, pero de todos modos al lado de su habitación estaba mil veces mejor.
Era bastante grande. Solo había una cama en la habitación, pero cabrían dos con comodidad. El escritorio era el doble que el suyo, y la ventana daba a un patio trasero con piscina. Era evidente que el estatus social de la familia Rukawa estaba por encima del de nadie que conociera.
Estaba entretenido mirando los libros y cómics que Kaede tenía en la estantería cuando la puerta de la habitación se abrió de nuevo.
Hanamichi se giró esperando ver a Kaede pero se encontró con la cabecita rubia de Ami asomándose por la puerta, todavía medio escondida.
—Puedes pasar, no te haré nada— murmuró Hanamichi sin moverse.
—Has besado a Kaede— murmuró la niña acusadoramente escondiéndose un poco más con la puerta.
—Sí —admitió Hanamichi todavía sin moverse de donde estaba.
—¿Por qué? —le cuestionó entonces ella asomándose un poco más al ver que Hanamichi no intentaba acercarse a ella esta vez.
—Tu hermano te ha contado que soy un amigo suyo, supongo —dijo mirándose las manos.
—Sí. Y los amigos no se besan de ese modo —le dijo de nuevo con tono acusador.
—Cierto. Verás yo… lo cierto es que no sé como explicarte esto para que lo entiendas sin mentirte…
—¿Sin mentirme? ¿Por qué te preocupa mentirme? Kaede lo hace a menudo—murmuró Ami bajando la mirada de forma triste.
—Él no… No te ha mentido, somos amigos de verdad, solo que… quizá eres demasiado pequeña todavía para comprenderlo en otras palabras.
—¿Comprender qué? —dijo recelosa ella.
—Quien soy para tu hermano —dijo en tono suave Hanamichi sin moverse ni dejar de mirar a la pequeña a los ojos.
Ella le observó unos instantes y luego suspiró y dijo:
—¿Eres su novio verdad?
Hanamichi se quedó sorprendido por esa pregunta.
—¿Te molesta?
—Claro que me molesta. Kaede es mi hermano.
Hanamichi sonrió por esa respuesta tan sincera y directa y murmuró:
—Eres una chica muy lista.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro —dijo sin pensar, intentando ver en qué se parecían esa niña y Kaede, ella tan directa y él tan esquivo.
La pequeña entró finalmente en la habitación cerrando tras de sí.
—¿Le quieres o solo estás con él por lo guapo que es?
Hanamichi se quedó tan sorprendido por la pregunta que tardó unos segundos en responder.
—Me gusta porque… Tu hermano es alguien muy especial Ami. Y no estoy seguro de por qué me gusta tanto, pero no es solo ser guapo, que lo es, muy guapo. Es mucho más que eso, es… No te preocupes, no le haré daño.
—Eso no me preocupa —dijo ella negando con la cabeza tranquilamente. Luego añadió—: Sé que se lo harás.
—¡No! —exclamó Hanamichi—. Yo nunca…
—La abuela dice que siempre hacemos más daño a quienes queremos, aunque sea sin querer.
—Pero yo no le haré… —intentó convencerla Hanamichi, pero ella le cortó sin escucharle.
—Ya les has hecho daño Idiota. Lleva meses sufriendo por ti. ¿Por qué no le ayudaste antes? —le preguntó en tono acusador.
En ese momento la puerta se abrió y Kaede se quedó mirándoles.
—Yo no sabía que él… Te prometo que en cuanto supe que… Lo intenté Ami, intenté ayudarle, pero… Supongo que no supe hacerlo —murmuró Hanamichi respondiendo a la pequeña pero mirando a Kaede, luego miró de nuevo a la pequeña y murmuró— ¿Podrás perdonarme?
Ami no hizo ni dijo nada.
—Ami, ayuda a mamá a poner la mesa —dijo Kaede sin dejar de mirar a Hanamichi.
Y la pequeña salió de la habitación cerrando la puerta suavemente tras de sí, lo que hizo que Hanamichi volviera su vista a Kaede de nuevo, y siguieron parados en la habitación mirándose.
—Hanamichi…
—Sé que no fue culpa mía. Fuiste tú quien no dejaste que nadie se acercara —dijo Hanamichi con un tono más duro del que había pretendido usar.
—Lo siento.
—Lo sé. Supongo que en el fondo lo entiendo pero… —Hanamichi detuvo su discurso cuando se dio cuenta de que estaba a punto de pedirle explicaciones de nuevo.
Kaede se dejó tomar por la cintura y acercar sus cuerpos de nuevo como antes de que Ami les interrumpiera, y entonces pensó en la pequeña y su pregunta y murmuró:
—¿Por qué no le has dicho que fui yo quien no te dejó ayudarme? ¿Por qué asumir tú la culpa de…?
—Es tu hermana pequeña —le cortó Hanamichi tocándole la mejilla—, si no lo sabe ya, no necesita que yo se lo diga; pero de todos modos creo que te conoce lo suficiente.
—¿Te he dicho que eres la persona más dulce que conozco? —murmuró Kaede justo antes de besarle.
Pasado un rato, abrazados en la cama de nuevo, Hanamichi le preguntó:
—¿Qué quería tu madre?
—Oh sí. Ha llamado tu madre y…
—¿He de asustarme?
—No lo sé. Supongo que no. Viene hacia aquí.
—¿Viene a buscarme? ¿Ha dicho si ha pasado algo?
—No pero se ha hecho tarde y creo que ambas quieren conocerse mas, así que han decidido que tu madre te venga a buscar, supongo que quieren hablar un rato de nosotros.
—Supongo que eso quiere decir que tenemos poco tiempo hasta que llegue. ¿Hay algo más sobre esto —dijo Hanamichi señalándose a si mismo y a Kaede— que debamos hablar?
—Nada que no pueda esperar a mañana.
—Bien porque tengo una pregunta.
Kaede puso cara de no haber seguido su racionamiento.
—Sobre tu hermana —aclaró Hanamichi.
—Quieres saber porqué mi hermana pequeña con su melena rubia, sus ojos azules y la piel clara parece más sueca que nipona.
—No. Bueno admito que su aspecto es curioso y que me intriga un poco pero no iba a preguntarte eso.
—No es adoptada, es solo un problema de mala pigmentación…
—Iba a pedir que me aclararas lo de la paranoia que mencionabas antes.
—Oh. Es por su enfermedad.
—¿Tu hermana está enferma? ¿Qué le pasa? ¿Es …?
—Te lo acabo de decir, tiene problemas de pigmentación.
—Oh, eso. ¿Y por eso se ha vuelto paranoica?
—Su piel y sus ojos… es hipersensible al sol y… bueno fue un embarazo complicado, nació enferma, y… todos la hemos protegido tanto como hemos podido y eso nos ha vuelto algo paranoicos a todos.
—No entiendo por qué tu hermana tiene miedo que tu aspecto sea el motivo de que esté contigo o por qué está convencida de que te haré daño de algún modo.
—Mi abuela suele decir que siempre hacemos más daño a…
—…a quien más queremos. Sí Ami me lo ha dicho. Pero…
—No, la abuela tiene razón. Yo mismo te mandé al hospital, a ti que solo querías ayudarme, la única persona fuera de mi familia que…
—Pero eso no fue…
—No, no fue directamente culpa mía, pero mis actos llevaron a que tú… Y ahora a pesar de saber que los nervios afectan a tu oído no soy capaz de contarte todo lo que…
—Kaede…
—No Hanamichi, sé que en el fondo mi silencio te duele. Pero precisamente porque me importas más de lo que… y…
—Kaede, el que más sufre tu silencio eres tú. Siempre has sido tú. Yo estoy bien. No te tortures pensando que me hieres solo con eso. Soy el más fuerte del colegio ¿recuerdas?
Kaede se acercó a él y esta vez sin pedírselo se abrazó a él.
