…El Sonido del Silencio…
CAPITULO XXXIX: Compañeros, Amigos
Las tres cosas más difíciles de esta vida son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo.
Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense.
El miércoles habían llegado al entrenamiento con el tiempo justo, así que durante la hora y media que éste duraba tuvieron que aguantar las miradas de curiosidad de sus compañeros. Quienes por cierto, por una vez, se abstuvieron de hacer comentario alguno sobre su falta de disputas o sus ausencias en clase a inicios de semana.
Ambos sabían que el ambiente en el vestidor iba a ser algo raro después del modo en que se marcharon el sábado y habiendo faltado los dos al entrenamiento del lunes y Kaede a las clases del martes. Pero creían estar preparados para intentar solucionarlo. Tenían un plan.
—Hanamichi espera un momento —había dicho Ryota al verle dirigirse hacia los vestuarios al finalizar el entrenamiento.
Al girarse el pelirrojo se dio cuenta de que el resto del equipo no se había movido y esperaban al lado del capitán. Se acercó a ellos con resignación. Llevaba su versión de la historia bien aprendida, Kaede se había asegurado de ello antes de dejarle poner un pie en el gimnasio.
Mitsui parecía haber ido a buscar a Kaede quien como de costumbre había tomado un balón para practicar tiros y entradas, solo, al finalizar el entrenamiento.
Se sentaron todos al suelo por petición del capitán y a nadie se le escapó que Kaede había ido a sentarse al lado del pelirrojo.
—Antes de irnos debemos hablar de un par de cosas. Primero, el entrenador nos explicó ayer que a partir del próximo trimestre se nos aconseja fervientemente a hacer uso de los nuevos grupos de estudio —empezó a decir Ryota mirando a Hanamichi con cara de no estar muy conforme con esa orden.
Hanamichi enrojeció de golpe.
—He hablado hoy con él y me ha confirmado que tú coordinarás a los de segundo, que un tal Kenji nos ayudará a los de tercero y que todavía no hay voluntario para los de primero. Intuyo que ya te han contado lo de la nueva actividad extraescolar 'no-obligatoria' para todos los del equipo —le dijo entonces Ryota a Kaede.
—Sí.
—Bien —respondió el capitán sin esconder su enfado.
—¿Ryota puedo decir algo? —le interrumpió Hanamichi. El capitán le hizo que sí con la cabeza y él prosiguió—. Quería pedir perdón y daros las gracias. Por… No debía haber renunciado al equipo tan fácilmente… Gracias por no renunciar a mí.
—Si no nos obligaran a estudiar más por tu culpa, te daría las gracias por haber vuelto —murmuró Mitsui.
—Veo que el zorro no es el único a quien no le gusta la idea del viejo…
—¿La verdad? Pues no, no nos gusta mucho. Aunque reconozco que tener a alguien que no sean los profes a quien acudir para preparar la selectividad puede ser útil supongo —dijo Ryota.
—No es tan duro, lo prometo. Además soy el mejor tutor particular del mundo, ya lo veréis —dijo Hanamichi mirando a sus compañeros de curso.
—Pobres desgraciados… —murmuró Mitsui riendo.
—¡Oye! —gritó ofendido Hanamichi —¿Qué quieres decir con eso? —Había dicho poniéndose de rodillas frente a Mitsui que estaba sentado a su lado—. Soy el mejor y puedo demostrarlo. Así que retira ahora mismo lo que…
No había tenido tiempo de replicar nada más. Como miles de veces antes Mitsui le saltó encima placándole. Era algo que hacían siempre, resolver sus disputas a golpes y acabar riéndose.
Aquí su plan ya se había ido al garete definitivamente.
El primer golpe del moreno había sido en el estómago y le hizo reír. No se había dado cuenta de lo mucho que había echado de menos a su amigo. Y todos rieron con él al verles.
Pero Hanamichi no estaba para ir dándose golpes con nadie, aunque fuera a modo de juego. Y aunque él parecía no recordarlo era algo que Kaede no podía olvidar.
—¡No! —gritó Kaede tomando el brazo de Mitsui a tiempo para impedir que el segundo golpe diera en la cara de Hanamichi, que como un estúpido seguía riendo en el suelo como si fuera un niño pequeño sometido a un ataque de cosquillas.
Todos se habían sorprendido tanto ante el gesto y el grito inusualmente alto y autoritario de Kaede que las risas habían cedido de golpe haciéndose un pesado silencio.
—Idiota —masculló Kaede soltando el bazo de Mitsui pero mirando a Hanamichi.
Luego se había levantado y echado a andar en dirección a los vestuarios. No soportaba ser el centro de atención de todos, ni que Hanamichi actuara como un imbécil.
Pero no había llegado al pasadizo aún cuando una mano en su hombro le había detenido:
—Espera.
—¿A qué? ¿A que dejes que te destrocen la vida? —dijo enfadado girándose para encarar a Hanamichi.
—No es para tanto Kaede, sabes que no me habría hecho daño —pero el tono conciliador el pelirrojo no había servido de nada.
—Un golpe quizá no te dejará sordo Hanamichi, pero si no dejas de hacer del imbécil de ese modo algún día… —había murmurado muy bajito Kaede bajando la cabeza.
—No te enfades —le había pedido Hanemichi tomándole la cabeza con ambas manos y haciéndole subir la mirada de nuevo—. Es un juego, es solo…
—¡Lo sé! —exclamó Kaede molesto por el contacto de Hanamichi, apartando sus manos de su cara de forma brusca—. Lo sé. Pero lo siento, yo no puedo quedarme sentado viendo como dejas que… No quiero verte en una camilla de nuevo Hanamichi. Y me frustra que me hagas montar numeritos así frente todo el equipo. Se trataba de ser discretos y…
—Lo siento — hasta entonces Hanamichi no había entendido a qué venía el enfado de Kaede, había creído que estaba celoso, se sintió avergonzado y bajó la cabeza.
—¡Arg! Eres un idiota —exclamó Kaede en un murmurllo, frustrado por no poder seguir enfadado frente a un Hanamichi tan sumiso.
—Lo sé —murmuró Hanamcihi sin levantar la cabeza.
—Y te odio —la voz de Kaede estaba tan llena de pasión y ternura…
Hanamichi levantó la cabeza y sonrió, primero tímidamente y luego cuando Kaede le devolvió la sonrisa, ensanchó la suya hasta enseñar los dientes.
—Lo sé —se había congratulado Hanamichi mientras colocaba un brazo por encima de los hombros de Kaede y le hacía andar de nuevo hasta sus compañeros que no se habían perdido detalle de la extrañísima discusión.
Había sido entonces cuando Hanamichi se había sincerado con sus compañeros de equipo. Les había contado todo lo ocurrido desde esa primera tarde en que el profesor de literatura le había hecho perder el entrenamiento como castigo. Desde la paliza, a todas sus consecuencias: la enfermedad que el médico había detectado en su oído, los mareos, los ingresos en el hospital, los pitidos, las clases de lengua de los signos, la perdida de oído, la nueva dieta, el peligro que un nuevo golpe en la cabeza podía comportar…
—Rukawa lo sabía, por eso me ha detenido… —murmuró Mitsui.
—Sí. Kaede conoce al enfermero que da las clases de lengua de los signos y… bueno, sí le dije lo que me pasaba. Al fin y al cabo ahora somos amigos.
—Debiste decírnoslo a nosotros también. Podría haberte hecho daño sin querer —la voz de Mitsui había sonado más dolida de lo que Hanamichi esperaba.
—No soy una muñeca de porcelana que se vaya a romper al mínimo golpe. Además, no me has dado tiempo. Escuchad iba a decíroslo, solo estaba esperando a entrar a vestuario. No quiero que esto salga de aquí. El entrenador lo sabe, pero no quiero que nadie más lo sepa.
Todos habían asentido de un modo u otro a la petición de Hanamichi y entonces Ryota había recuperado la palabra.
—Hay un segundo tema que creo que debemos hablar. Hanamichi, Rukawa, dejadme terminar de hablar antes de decir nada, ¿vale? Esto no es fácil.
Ambos sabían perfectamente lo que venía entonces. La noticia que el profe de mates había sido expulsado había llegado a oídos de todos. Se rumoreaba que Rukawa estaba implicado, y todo el mundo sabía que Sakuragi tenía muchos problemas con dicho profesor.
Hanamichi y Kaede se habían sorprendido al descubrir que lo que había impulsado al equipo a querer hablar con ellos no era tanto la curiosidad morbosa de querer saber qué había pasado realmente como el querer saber si podían ayudar en algo. Ryota además, como capitán, quería saber si algo de lo ocurrido iba a afectara a dos de sus mejores jugadores.
De nuevo Hanamichi había sido quien había hablado. Les confirmó que ambos tenían que ver con el despido del profesor, pero que el tema estaba zanjado. No mencionó cual había sido el problema. Ni sus compañeros lo habían preguntado. Y había acabado diciéndoles que enfrentarse a un enemigo común había acabado con la enemistad entre él y Kaede y que esperaba que les pareciera bien.
—¿Estás de coña? ¡Sin vosotros dos peleando todo el rato llegar al campeonato nacional va a ser pan comido! —esa había sido en general al respuesta de su equipo.
Kaede pero creyendo que Hanamichi había sido demasiado sobre-protector con él y animado por la buena respuesta del equipo decidió al fin tomar la palabra.
—Hay otra cosa que debéis saber respecto todo esto.
Hubo un silencio algo tenso, causado por la seriedad de sus palabras y la sorpresa de oírle hablar.
—Es muy probable que en los próximos días corra el rumor, otro rumor, sobre lo sucedido con ése hombre. Tarde o temprano el rumor va a ser que fue algo… de carácter sexual.
Murmurllos sordos y caras de incredulidad recorrieron al equipo.
—Kaede… —había murmurado Hanamichi poniendo la mano en su rodilla.
—Mi postura es y será muy simple. No voy a gastar mis energías en negar nada de lo que él diga de mí. No hay forma de luchar contra algo así. Si yo digo que es falso él dirá que quien sabe qué más y esto nunca acabará. Le he destrozado la vida con esa denuncia y lo sabe, por eso me amenazó con destruirme si hablaba; y sé que lo intentará; con todas sus fuerzas.
—Hijo de la gran…
—Maldito bastardo…
—Cabrón hijo de…
Había sido la respuesta general del equipo.
—No sé hasta donde puede llegar, pero sé que el equipo puede salir mal parado de todo esto y…
—Kaede teme que todo esto genere demasiada presión para el equipo —dijo Hanamichi—. Respecto a si debe quedarse en el equipo le he oído decir verdaderas jilipolleces, pero en algo sí tiene razón: las cosas puede que se pongan difíciles. Todos sabemos el poco caso que Kaede les hace a las chicas, a pesar de tener a todas las del instituto detrás de él. La gente hará preguntas. Y al no obtener respuesta se las inventarán. No es difícil imaginar cual será el nuevo rumor entonces, o cómo todos los que le apoyemos acabaremos acusados de lo mismo; como si ser gay fuera algo de lo que avergonzarse.
—No lo es. Y cualquiera que se atreva a decir lo contrario o se meta con alguno de nosotros por ello se las verá conmigo —dijo Mitsui muy serio.
Kaede había sido el más sorprendido de todos por la reacción de sus compañeros al secundar la actitud de Mitsui.
Tras esa reunión improvisada los entrenamientos el resto de la semana habían sido los mejores de la temporada. Con Hanamichi de nuevo en el equipo y con Kaede en sintonía de nuevo y sin peleas cada dos minutos las pocas horas juntos habían cundido más que nunca.
Su plan para informar a sus compañeros de lo que se les venía encima no había salido precisamente como lo habían planeado, habían acabado revelando más de lo que en un principio habían acordado, pero en resumen todo había salido mejor de lo que habrían esperado.
El jueves Hanamichi esperaba a Kaede en la escalera de la azotea para ir a comer juntos cuando llegaron Hideaki y Makoto.
—Hanamichi —le saludó con alegría Hideaki.
Entonces Hanamchi se dio cuenta que el pequeño llevaba el pie vendado y andaba con muletas.
—¿Qué te ha pasado? —exclamó el pelirrojo.
—Me hice un esguince ayer en el entrenamiento.
—¿Entrenamiento? Y yo pensando que el ajedrez era un deporte seguro —comentó Hanamichi riendo.
—Somos de la selección juvenil de gimnasia —dijo secamente Makoto.
—¿La selección, en plan la selección nacional?
—¡Sip! —respondió Hideaki claramente orgulloso.
—¡Vaya! ¡Enorabuena! —Exclamó Hanamichi sorprendido—. Bueno, por ser de la selección, no por el esguince, claro.
—Claro —sonrió Hideaki.
Makoto se limitó a hacer que no con la cabeza.
—Vaya, no sabía que había atletas tan importantes en el instituto —comentó Hanamichi sin saber muy bien qué decir.
—Hanamichi, nosotros… —empezó a decir Hideaki, pero calló y bajó la cara.
—Nosotros queríamos darte las gracias por lo que has hecho —dijo serio Makoto.
—¿Eh? —musitó confundido Hanamichi.
—No sabía que ése degenerado se metía con Kaede también —dijo Makoto bajando la cabeza también.
—No te preocupes, lo importante es que ahora ya no podrá hacer daño a nadie más.
—Bueno, mi tobillo no está de acuerdo —murmuró Hideaki.
—¿Ése cabrón te hizo esto? —dijo exaltado Hanamichi.
—No —dijo secamente Makoto—. Pero se presentó al entrenamiento. Quería saber si nosotros también testificaríamos en contra suya. Hideaki estaba practicando la salida de las paralelas y cayó mal.
—Me asusté al verle y me desconcerté —musitó el pequeño bajando la cabeza de nuevo.
Makoto le revolvió los cabellos y el de primero levantó la vista con una pequeña sonrisa.
—Lo siento —se disculpó Hanamichi.
—No te preocupes, el entrenador le echó del gimnasio y le ha prohibido la entrada. Si se acerca a nosotros de nuevo le denunciará.
—Bien — dijo Hanamichi.
—¿Y tu qué hacías aquí solo? —preguntó Hideaki claramente queriendo cambiar de tema.
—Esperaba a Kaede —dijo sonriendo Hanamichi.
—Me alegro de que estés por fin con él —dijo Hideaki.
—¡Hideaki! —le regañó Makoto.
—¿Qué sucede aquí? —preguntó Kaede que llegaba en ese instante, asombrado de verles a los tres juntos—. ¿Hideaki, qué te ha pasado?
—Es solo un esguince, no te preocupes —respondió sin perder la sonrisa el pequeño.
—Íbamos a comer en la azotea, ¿queréis subir con nosotros? —dijo Hanamichi tranquilamente.
Kaede y Makoto le miraron como si hubiera propuesto que se tiraran todos de la azotea, pero la cara de Hideaki se iluminó como un árbol de navidad.
—¿En serio podemos subir? —preguntó excitado.
—No creo que sea buena idea —respondió Makoto secamente.
—Oh, claro las muletas —dijo decepcionado Hideaki.
—Yo te llevo en brazos, no te preocupes por eso —dijo Hanamichi, que sin pensárselo se giró hacia Kaede que todavía le miraba como si fuera un extraterrestre y le tendió su bolsa con la comida y las medicinas—. Toma Kitsune, sujétame esto. Makoto —dijo tomando las muletas de Hideaki y dándoselas al serio joven—. ¡Allá vamos! —dijo Hanamichi cogiendo en brazos a Hideaki mientras este se echaba a reír—. Vamos Kaede, mueve el culo que éste pesa más de lo que parece —le apresó Hanamichi al ver que Kaede le miraba fijamente con el ceño fruncido.
—Pero —dijo Kaede.
—Sube y ábreme la jodida puerta, zorro. A ver si me…
—¡Oye! —de quejó Kaede—. A mí no me mandes de ese modo, ni que fuera tu criada.
—Bueno abriría yo la puerta de la azotea pero tengo las manos ocupadas por si no lo habías notado.
—No sabes como te odio —murmuró Kaede entonces para horror de Hideaki.
—Pero no os peleéis por… —Empezó a decir el joven con la cara contraída.
Pero Kaede ya había salido corriendo escaleras arriba y Hanamichi le hizo callar al murmurar para sí mismo, ajeno a lo que sus dos compañeros pudieran pensar de ellos y esa discusión.
—Dios como me pone hacerle rabiar —y empezó a subir tras Kaede.
En silencio Makoto les siguió con la comida de ambos y las muletas de Hideaki. Cuando llegó arriba se encontró a Hideaki apoyado al lado de la puerta con expresión turbada en el rostro. enfadado iba a gritarle a Hanamichi que qué le había hecho al pobre Hideaki cuando vio que lo que turbaba al joven era lo que Hanamichi le estaba haciendo a Kaede.
Tras un repentino ataque de calor Makoto decidió cortar por lo sano esa situación. Así que carraspeó con fuerza. Tuvo que repetir la operación un par de veces pero finalmente Hanamichi y Kaede se separaron. Respiraban agitadamente, estaban sonrojados, llevaban el pelo revuelto y tenían los labios enrojecidos y las pupilas dilatadas.
—Quizá no deberíamos haber subido —dijo en tono sarcástico Makoto.
—Dios, lo siento —dijo Kaede intentando ponerse bien la camisa por dentro el pantalón.
Hanamichi se limitó a soltar una carcajada. Por lo que se ganó un manotazo por parte de Kaede.
—¡Ei! —se quejó el pelirrojo.
—Idiota —masculló Kaede enfadado por el tremendo sonrojo que no había modo de hacer desaparecer.
En un silencio algo incomodo se sentaron los cuatro al sol y abrieron sus cajas de comida.
Pronto Hideaki le quitó a Makoto su caja y empezó a mezclar la comida de ambos en raciones equivalentes, de un modo tan natural que Hanamichi se dio cuenta que realmente era algo habitual entre ellos.
—No deberías pelear sí con él —dijo Hideaki a Kaede, bajando un poco la voz por la vergüenza—. Le gusta demasiado —dijo riendo el joven al ver aumentar el sonrojo de Kaede.
—¡Hideaki! —le regañó Makoto cogiendo su ración ahora mejorada de las manos del pequeño.
—¿Qué ha dicho? —le preguntó Hanamichi a Kaede.
—Que eres un idiota —le respondió el moreno.
—Y tú un pedante engreído y malhumorado, pero eso no es lo que ha dicho. Va dime que ha dicho. ¿Ha dicho algo de mí, no es cierto?
—Ha dicho que estas en muy baja forma y que eres un torpe.
—Maldito zorro. Tú sí que estás en baja forma. ¿Qué has dicho Hideaki? —le preguntó directamente al joven al ver que Kaede no quería decirle la verdad.
—Yo… —dijo poniéndose rojo y bajando la cabeza por su indiscreción.
Entonces Kaede se apiadó del pobre muchacho y le dijo a Hanamichi que se acercara.
—No le hagas repetirlo, le da vergüenza. Ha dicho que… —y poniéndole la boca en el oído y cubriéndola con las manos susurró bien bajo para que solo Hanamichi le oyera— …te ha notado empalmado por mí y que cree que discutir conmigo te excita.
Hanamichi trago con dificultad, poniéndose rojo y cambió de posición como si estuviera incomodo.
A lo que Kaede no pudo evitar soltar una carcajada.
Hanamichi abrió los ojos como platos, y luego comprendió que Kaede acababa de engañarle.
—Solo ha dicho lo que ya sabíamos— dijo Kaede al fin en tono conciliador—. Que a ambos nos gusta demasiado pelearnos.
A partir de ese momento la conversación entre ellos fue distendida y al final Hideaki se ofreció a compartir su pastel con ellos. A lo que Hanamichi accedió con demasiado entusiasmo para el gusto de Makoto y Kaede.
Ese jueves por la tarde fue el primer día que se reunió todo el equipo en la biblioteca. La señora Nene y Kenji les tenían que ir llamando uno a uno a la sala de estudio mientra el resto se esparcía por la sala principal haciendo ver que hacían los deberes.
—Bueno chicos, me temo que por ahora no tengo mucho que hacer por aquí, así que me marcho. Nos vemos mañana en el entrenamiento —dijo Hanamichi una vez todo el proceso había empezado.
—Menudo profe estás hecho, marchándote así a las primeras de cambio —le chinchó Mitsui.
—Ya, como si tú no te irías si pudieses —dijo Ryota.
—Gracias, capitán —dijo Hanamichi riendo, y se marchó.
Empezó a andar pero no lo hacía con el paso decidido de costumbre porque no estaba muy seguro de estar haciendo lo correcto.
Y por enésima vez Hanamichi se encontró plantado delante del portal de los Rukawa a punto de llamar el timbre, con el estómago encogido de nervios y sin saber muy bien qué iba a pasar a continuación.
Nervioso decidió llamar a Kaede al móvil en vez de llamar al timbre.
—Hola soy yo —dijo antes de que Kaede respondiera al otro lado—. ¿Eres tú? —se le ocurrió preguntar luego, por si a caso.
—Hasta donde yo sé, sí, yo soy yo. Claro que eso depende de quien creas que soy —respondió la voz burleta de Kaede al otro lado—. ¿Quién esperabas que respondiera, la reina de Inglaterra?
—O tu madre —respondió Hanamichi.
Kaede rió.
—Eres un payaso. ¿Dónde estás? Hace rato que te espero.
—Estoy en la puerta.
—¿Y por qué no has llamado? ¿No funciona el timbre?
—Pues no lo sé. Yo solo quería…
—Deja de hacer el idiota y sube —le dijo Kaede y le colgó.
Con resignación guardó el móvil y antes de llamar al timbre oyó el sonido del interfono encendiéndose.
—Sube —dijo la voz de Kaede antes de que pudiera siquiera anunciarse.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron Kaede apareció delante de él con la mano tendida y una leve sonrisa en los labios.
Sin decir una palabra Hanamichi tomó la mano del moreno y se dejó llevar hacia la puerta de su casa. Pero antes de entrar Hanamichi le detuvo.
—Kaede podemos salir a dar una vuelta.
—Claro, ¿por qué?
—Creo que necesito un poco de aire fresco.
El moreno le miró extrañado.
—Y quiero que veas algo —añadió luego bajando un poco la mirada.
—Tengo que decírselo a mi madre —murmuró Kaede todavía sin estar seguro de qué iba todo eso.
—Claro —dijo Hanamichi entrando tras el moreno.
Unos minutos más tarde los dos salían del bloque con el balón de Kaede bajo el brazo y echaron a andar hacia el parque.
Cuando llegaron en la cancha había tres personas jugando. Dos de ellas las reconocieron enseguida lo que hizo que Kaede se tensara de golpe.
—Vayamos a otro sitio —dijo el moreno.
—Espera —dijo Hanamichi cogiéndole del brazo para evitar que se marchara—. No crees que va siendo hora de…
—¿Tú sabías que estaban aquí? —preguntó indignado Kaede.
—Takeshi…
—¡A él ni lo nombres! —dijo enfadado Kaede soltándose.
Y sin decir nada más se alejó dando grandes zancadas.
—Kaede, no es lo que piensas —dijo Hanamichi siguiéndole calle abajo.
—¿Ya volvemos a saber qué pienso o no pienso Hanamichi? —dijo sin detenerse.
—¡Dios! ¿Puedes dejar de ser tan cabezota por un minuto y escucharme? —gritó Hanamichi sulfurado cerrándole el paso.
—¡No! —dijo Kaede intentando inútilmente seguir avanzando—. Ellos… yo… —dijo gesticulando hacia atrás cuando vio que no podría sortearle—, no quiero pensar en todo eso. Olvídalo.
—No tengo ni jota idea de qué hablas Kaede. Yo solo… —Hanamichi inspiró y se calmó un poco—. Mira, ayer en el gimnasio dijiste… Parecías realmente preocupado por —dijo señalándose la oreja—. Se me da fatal toda esa jerga médica, a penas entiendo realmente qué es lo que me pasa, yo no… Yo solo quería que alguien te lo explicara bien. Alguien a quien le pudieras hacer preguntas y supiera las respuestas.
—Te odio —dijo Kaede luchando entre la ternura que el gesto de Hanamichi despertaba y el enfado que le había producido pensar que Hanamichi quería forzarle a hablar del pasado—. ¿No podías haber pedido hora con tu médico?
—No se me ocurrió. Es Takeshi quien realmente me ha ayudado con todo esto.
—¿Y Eiji qué pinta en todo esto? —preguntó aún un poco a la defensiva Kaede.
—¿Sawakita? —Preguntó confundido por esa familiaridad—. No tengo ni idea, ni siquiera sabía que él estaría aquí. Takeshi solo me contó una vez que viene aquí muchas tardes a practicar. Pensaba que estaría solo y pensé que si te decía de venir mañana al hospital conmigo me dirías que no.
—¿Al hospital? —se alarmó Kaede.
—Tengo clase de lengua de los signos.
—Oh, eso —dijo con cierto desprecio.
—Sí, eso —contestó con tono reprobador Hanamichi.
—Deberías dejarlas —sentenció tajante Kaede.
—A mi tampoco me gusta la idea, pero necesito aprender. Si pierdo el oído no quiero…
—No vas a perder el oído de nuevo —le regañó—. Y en todo caso yo puedo enseñarte.
—No te gusta nada Takeshi, ¿verdad?
Kaede suspiró.
—No quiero que se meta de nuevo en mi vida. Me…
—¿Él es el chico de quien te enamoraste? —Le cortó Hanamichi algo asustado de esa posibilidad.
—¿Él? ¡No! Él es el tipo que se interpuso entre el chico que me gustaba y yo. Ven —le dijo Kaede tomándole de la mano y arrastrándole de vuelta a su casa.
Hanamichi no dijo nada y caminaron en silencio. Kaede entró al edificio con paso decidido, metió a Hanamichi en el ascensor y llamó al último piso.
Hanamichi le miró con una ceja levantada pero no dijo nada. Kaede se acercó a él y le besó hasta que las puertas se abrieron en el último piso.
Al salir Hanamichi respiraba con dificultad y a penas podía pensar.
Había una sola puerta sin cerradura. Daba al tejado que estaba lleno de tendederos, muchos de ellos vacíos. Kaede le tomó de la mano y le guió hasta un rincón donde había un banco que miraba hacia el mar.
—Que preciosa vista —dijo Hanamichi asombrado.
—El verano cuando tenía diez años logré que mi madre me mandara a un campamento de verano de baloncesto —empezó a relatar Kaede mirando al horizonte de forma ausente—. Allí conocí al mejor entrenador que…
—¿Conocías al viejo de antes de…? —intercedió Hanamichi sorprendido.
—¿Quieres que te lo cuente o no? —le regañó Kaede.
Hanamichi no dijo nada, hizo como si se cerrara los labios con una cremallera y tirara la llave por la azotea.
—No era el entrenador Ansai —aclaró con claro tono de fastidio—. Conocí al mejor entrenador que un niño pudiera pedir. Hasta entonces jugar me gustaba pero después de ese campamento me convertí en un auténtico apasionado. Empecé a buscar información sobre jugadores y entrenadores de todos los tiempos, a ver partidos antiguos, a seguir la liga americana. Y me obsesioné con ser el mejor. Buscando en viejas revistas descubrí la historia de un joven entrenador de la época de mis padres que revolucionó el basket escolar y no paré hasta saber su dirección actual. Le mandé una carta pidiéndole que me entrenara, pero él me dijo que estaba retirado. Entonces supe que había tenido un accidente años atrás y que iba en silla de ruedas y había perdido el oído.
»En casa las cosas estaban mal, por la enfermedad de Ami y yo me obsesioné mucho con ese hombre. Quería ser el mejor y creí que ser entrenado por él lo haría posible. Descubrí que tenía un hijo de nuestra edad que también jugaba al baloncesto. Pensé 'si me hago su amigo puede que me dejen entrenar con ellos', estaba convencido de que a Eiji le entrenaba su padre, porque le vi jugar un día y…
»Conocer a Eiji fue sencillo. Iba a menudo al parque a jugar con su hermana. Un día les pedí jugar con ellos y cuando Eiji vio que era mejor que su hermana me sustituyó por ella. A partir de ese día ella se quedaba en un rincón leyendo ajena a nosotros. Practicábamos durante horas cada fin de semana. Pronto me di cuenta de que necesitaría saber la lengua de los signos si quería que el entrenador Sawakita me dejara unirme a los entrenamientos que según yo le hacía a Eiji.
»Takeshi estuvo muy interesado en mi historia desde el primer día, y con el tiempo nos hicimos amigos. Y lo mismo sucedió con Eiji. Y luego me enteré que el padre de Eiji no le entrenaba realmente, que había hecho todo ese esfuerzo por nada, porque realmente ese hombre se había apartado del mundo del basket para siempre. Me lo contó Takeshi. Y cuando me vio tan abatido me instó a pensar en los amigos que había hecho a lo largo de ese proceso y lo mucho que me había ayudado a mejorar como jugador el entrenar con Eiji cada semana. Me hizo darme cuenta de que me gustaba Eiji. No por ser el hijo del entrenador Sawakita, sino por ser Eiji.
»Y en cuanto me di cuenta de ello todo se complicó. Yo no sabía que ellos dos se conocían. Así que me sentía seguro hablando con Takeshi de lo que Eiji me hacía sentir. No me atrevía a decirle a nadie más que me gustaba un chico así que si quería hablar de ello solo podía hacerlo con Takeshi. Y cuanto más hablaba de ello más cosas sentía por Eiji.
»Lo que más me preocupaba era que Eiji no fuera gay. Y entonces un día les vi juntos. Yo llegaba temprano a la clase con Takeshi y Eiji estaba allí con el. Estaban hablando, Eiji parecía estar llorando. Takeshi le abrazó y luego le besó en los labios.
—¡¿Qué? —gritó Hanamichi estupefacto.
—Exacto. Mi mundo se vino abajo. Yo… Durante mucho tiempo me negué a saber nada más de ninguno de ellos. Para mí Takeshi me había traicionado vil mente y Eiji… Un día me vino a buscar a casa. Takeshi le dio mi dirección. Yo estaba tan enfadado. No quise escuchar nada de lo que me dijo. Le grité que no quería saber nada más de él. Le dije que solo me había acercado a él por su padre. Que me importaba un rábano saber nada más de él ahora que estaba seguro de que su padre no iba a entrenarme ni siendo amigo de su hijo. No volvió a intentar hablar conmigo hasta el año pasado tras el campeonato nacional. Se me acercó una tarde al salir del palacio de deportes. No quise escucharle, una vez más. Tú estabas en urgencias por tu golpe en la espalda y yo estaba muerto de miedo por si te había pasado algo y lo último que quería era oír sus excusas o tener que poner buena cara para él. Pero insistió y creí que sería más rápido escucharle que intentar huir de él.
»Me contó que por aquella época él tenía un estúpido enamoramiento infantil con Takeshi. Que éste llevaba meses incitándole a salir del armario, porque Takeshi se había dado cuenta de la química que había entre nosotros. Pero Eiji dijo que él lo entendió todo mal. Que pensó que Takeshi le estaba dando alas para admitir que sentía cosas por él. El día que yo les pillé Eiji se acababa de declarar y Takeshi le acababa de rechazar. Eiji me juró que el beso había sido algo casto, paternal. Que el abrazo solo era una muestra de afecto, un intento de consuelo. Que luego hablándolo con Takeshi él mismo se había dado cuenta de quien le gustaba realmente era yo, pero que entonces yo no les hablé más a ninguno de los dos. Me dijo que la tarde que le grite por el interfono que no quería saber nada de él, que solo me interesaba su padre le rompí el corazón. Eiji dice que estuvo a punto de dejar de jugar, pero que su padre y Takeshi se lo quitaron de la cabeza.
»Si Takeshi no nos hubiera incitado a nada nos habríamos dado cuenta solos de que nos gustábamos; Si no le hubiera dado mi dirección no le haría dicho eso y quizá las cosas habrían sido distintas; Pero para cuando nos encontramos de nuevo yo ya te había conocido.
—¿Me estás diciendo que rechazaste a Eiji Swakita por mi?
—No. Él nunca me pidió salir. Pero sí, me enamoré de ti muy rápido Hanamichi. Y si él me lo hubiera pedido me habría puesto en un compromiso.
La sonrisa de Hanamichi era exultante, pero de pronto se ensombreció y el pelirrojo le tomó de las manos y le miró con una intensidad inusitada.
—El día que nos viste en el hospital, Takeshi solo me sostenía para que no cayera, me mareé en el ascensor, te lo juro.
—Lo sé. Me lo dijiste —le tranquilizó Kaede sorprendido por esa disculpa repentina—. Es más después de eso Takeshi intentó venir a hablar conmigo. Le mandé a la mierda. Ya se había cargado lo mío con Eiji, no quería que él tuviera nada que ver contigo.
—Cuando me pasó lo del oído él se portó muy bien conmigo —dijo Hanamichi bajando la cabeza, con la sensación de estar traicionando a uno de los dos con esa antipatía de Kaede—. También se interesó por mí desde el principio, veía que estaba preocupado pero creyó que era por lo que siento por ti, bueno no por ti, es que se mezcló todo de golpe, tus problemas, los míos, el darme cuenta que me gustan los chicos.
—¿Él te ayudó a darte cuenta de eso? —esa era precisamente la pregunta que Hanamichi buscaba responderle a Kaede, y esperaba que le creyera.
—No. De hecho está frustrado conmigo porque nunca he querido hablar de eso con él —sonrió con complicidad—. Para intentar hacerme hablar me contó su historia, como descubrió él que le gustaban los chicos, con quien, lo que pasó luego. Por eso sabía que tu madre de llama Yuri, porque ella y Takeshi salieron juntos durante años —Puestos a resolver malentendidos no estaba de más decirle lo que sabía de su madre, pensó Hanamichi. Que ni en un millón de años habría esperado sorprender a Kaede con esa información.
—¿Mi madre y Takeshi?
—Sí —dijo Hanamichi sin acabar de creerse que Kaede no lo supiera.
—Sabía que se conocían, pero nada más.
—Quizá no te lo habría tenido que decir —murmuró Hanamichi nervioso, no le gustaba guardar secretos pero le gustaba menos no ser capaz de hacerlo.
—Probablemente, pero me alegro que lo hayas hecho. Es más fácil entender las preguntas de Takeshi sabiendo eso —dijo con tranquilidad Kaede con un leve suspiro recostando la cabeza en el hombro de Hanamichi.
—Yo también me alegro que me hayas contado lo de Eiji —susurró el pelirrojo.
—A veces tú y Yohei me recordáis a mí y él en esa época. La camaradería que tenéis, la complicidad, el como os entendéis.
—¿Esa noche en mi casa, cuando dijiste que habías tenido amigos como yo y Yohei, hablabas de Sawakita verdad?
—Y de Takeshi. Le consideré mi amigo —Hanamichi pudo ver como todavía se sentía dolido.
—¿Y ahora, Makoto y Hideaki? —preguntó con curiosidad Hanamichi.
—Somos amigos, pero no tanto —dijo Kaede entrelazando sus dedos en su mano—. Eres la única persona con quien he hablado así desde hace años, Hanamichi.
Hanamichi se giró y le besó con ternura.
—Como más te conozco más me gustas, Kitsune —musitó Hanamichi apoyando la frente en la de Kaede antes de besarle de nuevo. Una mano entrelazada a la de Kaede, la otra en su mejilla.
—Bien, porque ese era el plan —sonrió Kaede dejándose besar.
De repente Hanamichi se apartó de él y le miró algo enfadado.
—¿Si con Eiji no hubo nunca nada entonces donde aprendiste a besar así? y no me vengas con que el de la playa fue tu primer beso.
—No fue mi primer beso, nunca he pretendido que lo fuese —dijo algo indignado Kaede, Hanamichi no supo si por la pregunta o por haber dejado el beso tan bruscamente.
—Lo se, pero…
—¿De verdad quieres saberlo? Puede que no te guste oír con quien me he besado antes que tú —dijo medio en broma medio en serio Kaede.
—Está bien, pero solo dime una cosa. ¿Fue algo importante?
—¿Importante? —dijo Kaede y luego se encogió de hombros—. Fue mi primer beso.
—Me refiero a si fue algo como esto, o como lo de Eiji.
—No ha habido nunca nada como esto para mí, Hanamichi, ni lo de Eiji. Y no. Era un chico que conocí en la playa, jugábamos juntos a veces. Otras veces simplemente nos besábamos.
—¿Qué ocurrió?
—Dejé de querer besarle y él se negó a seguir jugando conmigo si no nos los montábamos de vez en cuando. Y ya está. ¿Satisfecho?
—No —dijo Hanamichi apoderándose de sus labios.
Un rato después mientras miraban la puesta de sol abrazados en ese banco, Hanamichi dijo:
—Si nunca te cansas de besarme, yo seguiré queriendo hablar contigo así. Me gusta ser tu novio, me encanta, pero quiero ser tu amigo también.
Kaede no dijo nada, acarició los brazos que le rodeaban y los apretó contra sí.
—Vale —susurró el moreno.
—Vale —repitió Hanamichi, y le besó detrás de la oreja.
Grissina: Soy consciente de que con este final quedarán cabos sueltos y hay un par o tres de incongruencias que este final no ha podido solventar. Al cortar el drama de mis anteriores borradores acabé cambiando, o mejor dicho, obviando partes de la historia y eso generó incongruencias. Lo siento. Normalmente me sentiría fatal sabiendo que ese tipo de errores están ahí, pero por una vez, como mínimo por el momento, ahí van a quedar. Quizá en el futuro me inspire y pueda contar esa parte de la historia que quedó fuera de estos últimos capítulos. Quizá solo reedite los capítulos necesarios para que todo cuaje. En cualquier caso gracias por seguir leyendo.
Como siempre los reviews serán muy apreciados y si están firmados serán respondidos. Gracias.
Os dejo los nombres de los amigos de Hanamichi y Kaede, porque salen en el siguiente y último capítulo y sé que a veces es difícil saber cual es cual ya que hago que se llamen por el nombre como buenos amigos que son y no por el apellido por el que son conocidos mayormente.
Takamiya Nozomi
Noma Chuichiro
Okutsu Yuiji
Y mis siempre queridas, siempre inevitables invenciones (por si acaso, no está de más):
Okiguchi Makoto
Nakase Hideaki
