N/T Nada me pertenece. Hoy os la traducción-adaptación de 'A Place', el segundo relato de la serie 'Spinner's End' de la maravillosa escritora en lengua inglesa Sheankelor. Si os animáis a leerla en su idioma original, encontraréis más de doscientos relatos suyos en FFN y AO3.
La serie consta de cinco relatos, que publicaré a lo largo de las próximas semanas con actualizaciones cada dos o tres días. Podéis encontrar el primero 'Reglas de la Mesa' traducido en mi página. Espero que la disfrutéis.
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Regresando
Severus caminaba deprisa hacia su puerta. Su mente era un caos intentando pensar en un lugar donde pudiera ocultarse. Un lugar que estuviera a salvo de todas las responsabilidades que de repente se amontonaban sobre sus hombros. 'Pero, ¿qué puede protegerme de los hombres que ahora llamo Amos? ¿Cómo narices voy a sobrevivir espiando para Dumbledore y Voldemort? Claro, Dumbledore sabe que estoy espiando para ambos, pero si Voldemort tuviera alguna vez un indicio…' La idea de la tortura y muerte que seguiría hizo apretarse su garganta y que una piedra se asentara en su estómago.
Girando la llave para abrir su apartamento justo al lado del Callejón Diagon, deseó que hubiera algún sitio donde nadie esperara encontrarlo. Algún lugar en que ningún Mortífago ni miembro de la Orden lo buscara. Algún lugar seguro.
Mientras Severus atravesaba la puerta, sus ojos se lanzaron alrededor, comprobando las sombras, buscando cualquier cosa adversa. La acción le recordó una época de su pasado. Una época en que tenía que vigilar las sombras, no en busca de ataques, sino para encontrar un lugar donde ocultarse. Sus ojos se ensancharon cuando pensó en un lugar que había desterrado de su memoria hace tanto tiempo. Uno en que nadie del mundo Mágico había puesto los pies jamás excepto por tres. Uno en que nadie que le conociera esperaría que volviera a poner los pies.
Cruzó a su dormitorio y cogió un bolso. Metió ropa en él además de todo el dinero Muggle que tenía en posesión. Desenterrando un conjunto de llaves que nunca pensó volver a usar, se echó encima una larga trencha, lo encogió todo, y se apareció.
セブルススネイプ
Severus apareció en un rincón oculto del parque, cerca de un pequeño grupo de árboles. Era un lugar al que nadie acudía jamás, no desde que él y Lily habían crecido. Pasando los dedos ligeramente sobre la corteza de uno de los árboles, salió hacia un sendero familiar.
Sus pasos no aminoraron hasta que se acercó a la valla. Era una sencilla valla de madera anclada en los extremos y las esquinas con montones de piedras planas, pero marcaba los límites de su terreno. Descansando los dedos ligeramente en la pila de piedra, Severus miró el pedazo de tierra que descansaba al otro lado. 'Spinner's End… la casa en la que me crié. Este lugar alberga más fantasmas… más dolor…'
Sus ojos buscaron el pequeño pórtico saltando sobre la basura y escombros que se acumulaban en el césped delantero y el decrépito jardín. Las botellas rotas estaban tiradas igual que lo habían estado el día que habían sido destrozadas. Al menos asumió que lo hacían ya que no había estado aquí desde que sus padres fallecieron. Ni siquiera para el funeral. Notó distraído el número de botellas, juzgando cuánto había bebido su padre sus últimos días.
Una fría brisa de febrero mordisqueó los tobillos de Severus mientras intentaba colarse en su abrigo para congelarlo. En la distancia, el sol se hundía bajo en el cielo. En su interior, luchó con las imágenes de su padre tambaleándose borracho por el césped buscando algo, cualquier cosa contra la que descargar su ira. Se dio la vuelta bruscamente y miró al otro lado de la calle intentando borrar esos recuerdos.
En cambio, su mente le mostró recuerdos de cuerpos retorciéndose mientras estaban bajo la Maldición Cruciatus, sus gritos resonando en las paredes de sus hogares que habían creído seguros. La sangre salpicada en una de esas paredes donde uno de los Mortífagos había jugado con un miembro de la familia antes de matarlo. Luego, el rostro del Señor Tenebroso mientras le contaba la parte de la profecía que había oído a escondidas.
Los ojos de Severus se volvieron inconscientemente en dirección a la casa de los Evans. El conocimiento de que sus actos habían puesto a su más antigua amiga, lo reconociera ella todavía o no, en peligro, aún le reconcomía. Había sido el empujón final que lo envió a Dumbledore. No sería responsable de su muerte ni de la de su bebé. Potter podía cuidar de sí mismo, pero esos dos… a una había estado protegiéndola durante años de los celos de su hermana y el otro era demasiado pequeño para hacer nada para protegerse… tenía que ayudar.
Su mirada resbaló por la tierra grumosa y la carretera agrietada mientras intentaba olvidar la mirada en los ojos de Dumbledore cuando por fin fue capaz de enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Distinguía el bien del mal y sabía que estaba haciendo mal cada vez que inclinaba la cabeza ante el Señor Tenebroso. Al menos tras la primera sesión de tortura de muggles, sabía que estaba mal.
La mirada de Dumbledore y la tendencia del Señor Tenebroso a torturar eran lo que lo trajeron de regreso a este lugar. Necesitaba huir, aclararse la mente, guardar las cosas. Necesitaba prepararse para lo inevitable… el eterno disgusto de Lily o su tortura, mentir a la cara del Señor Tenebroso, y la manipulación o al menos compasión de Dumbledore. Dándose la vuelta pasó más allá de la valla, dejando esas preocupaciones al otro lado.
Severus alcanzó el pórtico antes de registrar que estaba cruzando el patio. El vidrio crujía bajo sus zapatos mientras desenterraba el llavero del bolsillo de su trencha. Insertando la llave en la cerradura, se apuntaló, preparándose para cualquier cosa. Abrió la puerta despacio, medio esperando que fantasmas del pasado, recuerdos, saltaran sobre él, pero el primero que vio era el último que esperaba. La Abuela Ann, la Mamá de su Padre, estaba allí, justo dentro del vestíbulo, nubes de polvo agitadas por la brisa de la puerta arremolinándose a su alrededor. Sus ojos castaño claro parecieron clavarse en él mientras alzaba despacio una ceja.
"Severus…"
Él saltó ligeramente, parte de él jurando que ella estaba realmente allí mientras parte de él sabía que lo había dejado cuando tenía siete años.
"Severus… esta casa…" El producto de su imaginación se giró e hizo un gesto pasillo abajo hacia la casa. "…es un desastre." Su ceja bajó y su mirada se volvió fulminante.
Severus combatió el impulso de revolverse bajo esa mirada que le hacía retroceder en el tiempo. Sabía que esa mirada significaba que había olvidado algo importante y estaba a punto de ser llamado al orden por ello.
La mirada fulminante se aligeró levemente cuando ella ladeó la cabeza. Su cortina de cabello castaño claro hasta los hombros liberalmente rayado de gris le rozó el hombro derecho. "Y sabes que una casa en desorden significa una mente en desorden. Necesitas arreglar este lugar, joven. La mente de nadie debería estar tan desorganizada." La mirada fulminante regresó con toda su fuerza antes de fundirse en su media sonrisa burlona de marca que siempre decía era una sonrisa.
Devolviéndole la sonrisilla con una de las suyas, Severus entró en la casa, el polvo resoplando alrededor de sus pies. "Pero Abuela, ¿cómo puede organizarse este lugar sin ti aquí para dirigir?"
"Oh, yo estaré aquí, no te preocupes por eso." Las palabras flotaron por encima de su hombro mientras la Abuela Ann derivaba pasillo abajo hacia la sala de estar.
Severus se quedó mirándola, la incertidumbre royéndole las entrañas. 'No es un fantasma real. Era Muggle. Nunca antes ha estado aquí, no como fantasma.'
Los dedos de su mano derecha rozaron inconscientemente el tejido sobre la marca negra en su antebrazo izquierdo. Sabía que si ella era real y descubría lo que había hecho, nunca lo dejaría en paz. Su decepción sería peor que la de Lily. 'Y dudo que apruebe que espíe para Dumbledore tampoco.'
El polvo se asentó mientras miraba fijamente el umbral que ella había atravesado. Sabía que tenía que seguirla. Estaba aquí para escapar del mundo de afuera, pero sabía que tenía que enfrentarse al de dentro. Si podía enfrentarse y conquistar lo que había aquí, tendría un refugio del mundo exterior.
Caminando despacio, Severus dio los pasos necesarios para entrar en la sala de estar. Sus ojos se lanzaron alrededor de la habitación buscando cualquier señal de la Abuela Ann. No se veía por ninguna parte.
El polvo y las telarañas cubrían cada superficie, aferrándose al viejo sofá y sillones que se agrupaban alrededor de la vieja tele, cubriendo la mesa de café al igual que la única estantería y la repisa de la chimenea. Su mirada se volvió hacia la puerta de la cocina escuchando instintivamente en busca del sonido de voces elevadas. 'Ya no están aquí. No más peleas. Éste se convertirá en un lugar de paz.'
Girando en sus talones, Severus cruzó la sala hacia la puerta del pasillo. La abrió empujándola y se asomó a la oscuridad. Subiendo deprisa las escaleras, se alegró de que sus pies recordaran los pasos cuando esquivó el escalón chirriante a medio camino.
Abrió la puerta a su cuarto y dejó sus ojos adaptarse a la penumbra que impregnaba la habitación mientras el sol poniente brillaba a través de las cortinas cuajadas de polvo. Un vistazo mostró que su cama no era adecuada para acostarse. Con mano práctica, las sábanas fueron retiradas y apiladas en el suelo a los pies de la cama. Dejando la puerta abierta, usó el poquito de luz que estaba filtrándose para ver en el armario de la ropa de hogar. Allí al fondo, en el arcón donde siempre se guardaron, estaban las colchas que siempre se usaban para cubrir su cama cuando había alguien de visita. Olían a cedro mientras las sacudía y rehacía su cama.
Despojándose de la ropa, Severus se vistió enseguida con su camisa de dormir y gateó bajo la colcha. No había nada que pudiera hacer esta noche. Ni la electricidad ni el agua estaban en funcionamiento. Saldría por la mañana a encargarse de eso. Por ahora, se acurrucaría bajo las mantas y recordaría que las mazmorras de Hogwarts eran igual de frías en invierno.
