El ciclo de la vida.

Masato miró a Makoto correr tras de Juno. Era una hermosa tarde de verano, ambas llevaban un vestido a juego que él les había comprado unos días atrás mientras caminaba por Chibuya con Ziran y James.

La brisa fresca le removía el cabello y los mechones traviesos que siempre escapaban de su recogido, acariciaban su rostro cada vez que giraba intempestivamente, fingiendo hacer su máximo esfuerzo para atraparla. Juno era audaz, pero no tanto como su madre, aunque no había que olvidar que también era tan inteligente y perspicaz como su padre.

Cuando lo vio supo de inmediato que él sería su salvación, corrió con todas sus fuerzas hacia él y se colocó detrás, aferrándose a sus piernas e impidiéndole moverse. Juno jadeaba extasiada de alegría, satisfecha con su nuevo escondite.

-¡Oh, ni creas que te librarás así! -exclamó Makoto mientras se iba sobre ambos. Tenía esa amplia sonrisa que mostraba casi todos sus dientes, las mejillas sonrosadas y el peinado arruinado, pero estaba feliz y eso era lo importante.

-¿Y tú piensas que podrás librarte de mí? -preguntó serio y a la vez, tremendamente seductor. Masato soltó su maletín y se movió con la agilidad suficiente para retener a Makoto antes de que pudiera llegar a Juno, luego la alzó en brazos y giró con ella un par de veces mientras la escuchaba reír a carcajadas. Al final se dejó caer en el césped llevándola consigo y susurrándole al oído lo mucho que le gustaba verla tan feliz.

El aroma a rosas inundó sus pulmones antes que ella se girara y lo besara en los labios, un beso rápido y fugaz que acabó justo en el momento en que Juno brincó sobre él y lo traicionó descaradamente, uniéndose a las cosquillas que lo tendrían ahí tirado por varios minutos más.

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-Masato... Masato...

Fue necesario que Usagi se sentara a su lado para que él por fin despertara de su ensoñación. Estaba muy feliz sumergido en un recuerdo que ahora se antojaba lejano y que había sucedido hacía unos seis meses apenas.

-Usagi.

-Masato... -la rubia se arrimó a él y recargó su cabeza contra su hombro, lo tomó del brazo y se estuvo un momento ahí, sincronizando sus respiraciones.

Usagi olía a lo que debía oler la compasión, la pureza, la bondad. No olía a rosas, porque las rosas eran para él el aroma del amor, y solo Juno y Makoto olían a eso. Pero igual era reconfortante, ella tenía ese efecto en las personas y el Kami sabía que nadie necesitaba más de eso en ese momento que Masato Sanjoy.

-Las personas están llegando, es el momento. -dijo James, quién se asomó por la puerta a la pequeña sala privada donde se había refugiado de todos. Juno estaba a su lado, con la cabeza sobre su regazo.

-Iremos en un momento más-respondió Usagi por él.

Apenas había transcurrido dos días desde que ella se fue y él ya no se sentía parte de la vida en el planeta. Todo parecía transcurrir como una película a su alrededor, las voces, las personas, comer y dormir eran cosas tan ajenas, tan insípidas.

Setsuna se había encargado de todos los preparativos, él solo tuvo que bañarse cuando se le ordenó y vestirse con lo que Kurt le dejó sobre la cama. Todavía estaban ahí las flores que él había llevado para ella, todavía la cama olía a dulces rosas.

-Todos vamos a extrañarla-susurró la rubia, él no reaccionó-. Ella estaría muy contenta con la cantidad de gente que ha venido a presentarle sus respetos. Nunca creyó tener tantos amigos, tanta gente que la amaba, pero Mako fue muy querida y dejó huella en muchos corazones, vinieron desde todas partes del mundo solo para verla. Todos ellos, todos nosotros los acompañamos a ustedes en su dolor.

-No quiero que nadie más vuelva a pasar por esto majestad-susurró el hombre, su voz antes fuerte y contundente ahora era un ligero hilo quebradizo y suave-. No le deseo esto a nadie.

Usagi se puso en pie y se paró frente a él. El negro no era un color que fuera con ella, no con una mujer llena de luz y paz. Masato pudo reconocer a la princesa de la Luna frente a sus ojos, ese resplandor no era fácil de ocultar, mucho menos cuando era tan necesario para continuar como en ese momento.

-Nadie más mi querido Masato, nadie más.

Antes de salir lo besó en la frente y le acarició la mejilla, su rostro estaba cansado y sus ojos opacos y enrojecidos. Juno estaba notablemente abatida, con sus tiernos labios en una mueca que una niña de su edad nunca debería tener en el rostro.

Él le acarició el cabello antes de levantarla, era tan parecida a Makoto, ver a Juno era ver una versión pequeña y tierna de la mujer a la que ahora despediría para siempre.

-Es la hora mi amor, podemos hacer esto juntos, ¿De acuerdo?

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El abuelo de Rei presidió la ceremonia, sus palabras fueron dulces y alentadoras, ninguna fue una exageración, describió a Makoto tal como era y eso, definitivamente conmovió a todos los presentes. La sacerdotisa hubiera querido ser ella quien entonara los sutras, pero la voz se le quebró en el primer intento.

La muerte fue una idea que abandonaron cuando los enemigos comenzaron a escasear, así que ahora no sabía cómo lidiar con ella.

Masato estaba sentado en primera fila, con Juno muy tranquila a su lado, sus pies colgando sobre la butaca, sus manos recogidas en su regazo y su dulce rostro mirando sin mirar el altar donde su madre descansaba.

Él recibía las muestras de cariño de todos los que pasaban al frente para despedirse, Makoto no tenía más familia que ellos dos, aunque el resto de las chicas eran sus hermanas de corazón y por eso todos estaban sentados alrededor, guardando el mismo dolor.

El rostro afligido de Assanuma fue su primer golpe. Por alguna razón, Masato quería disculparse con él y hacerle saber que hizo todo lo posible por no dejarla ir, pero las palabras se ahogaron en su boca cuando el rubio lo miró fijamente y le sonrió con ternura-. Lo sé, hicimos todo cuánto pudimos—dijo el chico a una frase que el castaño solo pensó pero que no pudo externar.

Poco después Masato creyó estar viendo doble. Parpadeó un par de veces antes de asimilar que otro hombre muy parecido a Ittou-san estaba de pie junto a él. Jamás lo había visto, pero supo de inmediato de quien debía tratarse.

-Sr. Sanjoy, no me conoce, ni nombre es...

-Motoki Furuhata-respondió Masato mientras se ponía de pie y le ofrecía la mano para saludarlo. Motoki se extrañó, pero rápidamente recobró la compostura.

-Sí, el mismo. Lamento mucho tu pérdida. Vine desde Estados Unidos a presentar mis respetos, Mako-chan fue una gran amiga, una chica tan bella como extraordinaria. Pero supongo que todo eso lo sabes, no creo que haya nadie aquí que no se diera cuenta.

Masato entendió en ese momento cual era la fijación de las chicas con este sujeto. Motoki era amable, gentil y evidentemente un caballero. A pesar que tenía el rostro apacible, era evidente su tristeza, mucho más cuando percibió a Juno a su lado y se agachó para acariciarle la cabeza.

-Tan hermosa como tu madre, ojalá hubiera podido venir antes y verlas juntas. Debió ser una maravillosa oportunidad.

-Lo fue.

Motoki sonrió ligeramente antes de despedirse para ir a saludar al resto de las chicas, su hermana Unasuki y Reika venían con él, ambas le dieron el pésame con la misma tristeza en el rostro que el rubio.

Michiru, que no se había apartado de Haruka ni un instante, aprovechó la distracción y se acercó a Masato.

-Te dije que le gustaban los rubios, eres doblemente afortunado, el dorado no te va y aun así fuiste el vencedor.

-¿Y por qué me siento derrotado?

-Porque amaste, es fácil no sufrir cuando no intentas nada.

Masato pudo ver el rostro afligido de Michiru. Todos estaban tan inmersos en la enfermedad de Makoto que había olvidado por completo el penar de la regente del mar. Ya habían pasado varios meses desde que hablaron en el hospital y aquel sueño que ella se había animado a contarle no se había hecho realidad. Pensando en esto entendió sus palabras y sintió pesar también por ella y su corazón roto.

Fue la única vez en que él inició el abrazo de apoyo, Michiru era pequeña en comparación a su tamaño, más pequeña que Makoto, pero fue reparador, una brisa fresca en el aire viciado del lugar.

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La noche cayó rápidamente, la mayoría de las personas se habían ido cuando Rei fue a recoger a Juno para llevarla a la habitación donde habían dejado al resto de los niños. Los servicios, como era de esperar, se hicieron en el templo para comodidad de todos y porque no podía ser de otra manera.

Masato estaba encorvado hacia adelante, con ambas manos juntas, sumergido de nuevo en sus pensamientos, cuando notó que alguien se había acercado al altar. Había dejado de revisar quien era unas horas atrás, tanta gente que nunca había visto desfiló por ahí que aquello le resultó tedioso y estresante.

Pero la persona que estaba a unos metros de él se sentía diferente, era una presencia especial que llamó su atención rápidamente. Alzó la vista con cuidado, si el visitante no lo reconocía como el viudo, no valía la pena interactuar con él.

-Disculpe mi atrevimiento—dijo una voz varonil con un curioso acento-. ¿Es usted Masato Sanjoy?

El aludido se puso en pie casi de inmediato, mientras lo hacía echó un vistazo de pies a cabeza a su interlocutor. Era él, no cabía la menor duda al respecto, Pierre Duqueit en persona.

Traía un impecable traje negro y camisa blanca, era casi tan alto como él, con su hermosa piel oscura y esos ojos azules que simulaban el cielo, aunque visiblemente abatidos y con marcas de haber llorado. Se parecía tanto a Mamoru, mucho más en persona, ahora entendía porque Makoto había llegado a quererlo tanto.

-Mi nombre es PIerre Duqueit, soy... un amigo.

-Sé quién es usted-respondió secamente, aunque no fue su intención.

De pronto unos pasos apresurados retumbaron por el pasillo del salón. Juno llegó tan pronto como pudo y se paró en seco, casi a la misma distancia de los dos.

Masato no había sentido celos de Pierre cuando lo vio, pero los sintió cuando vio a Juno pidiendo permiso para acercarse a él. Ella realmente parecía necesitar ser reconfortada por el hombre a su lado, después de todo, Pierre había sido su padre más tiempo, ¡Pero es que él no estaba de humor para estas cosas!

Y sin embargo accedió.

Juno se acercó a él con timidez, pero pronto la olvidó cuando el moreno la alzó en brazos y la apretó a su pecho, como quien vuelve a ver a alguien amado. No, Masato no podía negarle eso a su hija, no un poco después de haber perdido a su madre.

Por su parte Pierre lucía feliz, la tomaba de la cabeza y peinaba su larga melena que para entonces ya era un desastre. Unas cuantas lágrimas escaparon a sus ojos mientras le susurraba en francés lo mucho que la extrañaba, lo mucho que la quería.

Masato lo entendió, él era el viudo, pero no el único doliente. Sabía que aquellas palabras de cariño no solo eran para Juno, sino también para Makoto, después de todo su móvil se arruinó en el choque y no volvió a saber que él se comunicara con ella de alguna manera después de eso. La culpa lo atravesó de nuevo, pero ¿Quién podría juzgarlo?

Juno lloró de nuevo en sus brazos, Pierre y Masato abandonaron la sala para poder hablar con más libertad. Solamente las outers, Usagi y Mamoru permanecieron ahí como sus eternos vigías.

-Lamento la hora, no pude llegar antes, vine en cuanto me enteré.

-Gracias por venir-respondió en automático, todo lo que le respondía lo sentía un tanto falso-. Ella estaría feliz de poder verte de nuevo.

-Gracias a ti por cuidar de ellas, no quiero ser inoportuno ni inadecuado, pero les tengo un gran cariño y saber que había alguien más protegiéndolas mejor que yo, fue reconfortante.

-¿Protegerla? No creo haber sido muy bueno en ello, como podrás ver.

-Hay cosas que son inamovibles, la muerte es una de ellas. Mako tenía fe en encontrar aquí una solución a su problema y creo que lo logró.

-¿Cómo podría ser eso? -preguntó un tanto molesto, sin lograr comprenderlo a pesar de hablar perfecto francés.

-Una cura a su problema no a su enfermedad. Su problema era darle a Juno una familia amorosa que viera siempre por ella y creo que lo ha conseguido.

Masato se quedó de piedra un momento antes de recapacitar, luego giró a sus espaldas para ver a sus amigos tras él, algo curiosos de la situación que presenciaban. De nuevo ese hombre tenía razón, parecía conocerla más de lo que él llegó a hacerlo.

-¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo supiste que podrías cuidar de una familia? -preguntó abatido, un tanto desesperado por obtener una respuesta.

Pierre lo miró un momento y empatizó con él, también había sentido miedo cuando se dio cuenta que se estaba enamorando de una mujer extranjera y misteriosa con una hija pequeña. Ese recuerdo fugaz trajo la respuesta a su boca, sonrió levemente mientras tomaba a Juno por la barbilla y le mostraba su rostro a su padre-. Mira esta carita, es Makoto de carne y hueso, lo más preciado que ella tenía en este mundo. ¿Cómo no cuidarla por ella?

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La verdadera sensación de vacío no llegó hasta que las cenizas fueron depositadas en la urna familiar. Masato había comprado una nueva, una a la que fueron movidos los restos de sus padres, de los padres de Makoto y que ahora ocuparía también ella. No le vio sentido a estar tan distanciados cuando la senshi de la naturaleza odiaba la soledad.

Solo los más allegados estaban ahí para la última parte de los servicios funerarios. Él, que no tenía más religión que el amor que profesaba por ella y su hija, también oró. Rezó por un consuelo para su alma, para el de su pequeña y para el de todos sus amigos que compartían su pena. Le pidió al universo consuelo, un descanso apropiado del alma de su amada.

Gotas de lluvia comenzaron a estrellarse junto a ellos, era la naturaleza reclamando a su hija favorita, a su ninfa de luz y tierra. Juno estaba con Pierre, susurrándole las cosas que había hecho durante todo el tiempo de no verlo. Ahora que él estaba aquí, ella parecía más relajada, como si el pesar de su corazón hubiera sido consolado de una forma casi total. ¡Cómo deseaba tener la inocencia de un niño y reponerse así de la presión en su pecho!

Cuando todo hubo terminado todos comenzaron a caminar rumbo a la salida, iban cubiertos con sus paraguas y andaban en grupos, por familias. Juno de nuevo iba aparte sobre los brazos de Mamoru, acentuando su soledad.

-Si me dices un secreto, yo te diré uno-escuchó a sus espaldas. Hotaru lo tomó del brazo justo en el momento en que él giró a verla.

-¿Qué podría ocultar de ti querida niña?

-Bueno, puede ser algo que le ocultaste a alguien, una de tus travesuras.

-No sé si estoy de humor para recordar mis errores.

-¿Errores? ¡La vida no es un error en absoluto! -exclamó un tanto alegre, haciendo que él se detuviera para observarla. Hotaru tenía tantas facetas y él apenas podía entenderlo sin volverse loco-. Es un ciclo, lo sabes, ¿Cierto?

-No he dejado de escuchar eso, ¿De qué me sirve ahora? No estoy de humor para pláticas motivacionales.

-Pero yo si para una de tus aventuras. ¿Puedes?

El grupo se alejó y Masato realmente no quería alcanzarlos, así que decidió seguir el juego de la senshi de la muerte y destrucción.

-Cuando la mudé a mi dormitorio, bajaba el termostato para que se acercara a mí por las noches.

Hotaru abrió los ojos un tanto sorprendida, luego le sonrió con travesura-. Eso es trampa.

-Táctica, así le digo yo. -respondió y sonrió-. Y bien, ¿Cuál es tu secreto?

-Bueno, yo le di a Mako a escoger entre dos opciones. Permanecer en su paraíso personal, desde donde podría comunicarse a través de sueños contigo y con Juno cuando ella quisiera, —hizo una pausa para verla reacción del hombre, que parecía no poder comprender la situación-. O volver aquí para estar con ustedes.

-¿Qué? ¿Cuándo fue eso? ¿Podré verla en mis sueños?

-Me temo que no, ella eligió volver aquella vez, hace unos seis meses atrás. Cuando el atentado.

-Oh, ya veo. -exclamó abatido, su corazón no tuvo tiempo de latir con emoción, pero sí de sentir la decepción de nuevo.

-Mako era muy lista, más de lo que piensas. Tenía esa clase de inteligencia que veía las respuestas en las cosas más sencillas. Podía ver detrás de las palabras, se fijaba en los pequeños detalles que marcaban al final la diferencia, incluso pudo ver amor detrás de tus primeros gestos de desprecio-aseguró la chica mientras lo instaba a caminar de nuevo rumbo a la salida-. Pero, ¿Sabes que es lo más valioso que comprendió al final, con un simple juego de palabras?

-No lo sé, dime.

-El ciclo de la vida.

-¿Vamos de nuevo con eso? -gruñó un tanto irritado. Hotaru amplió su sonrisa con un poco de compasión.

-¿Puede usted decirme cuál es?

Masato bufó, luego siguió su lento camino-. Naces, creces, te reproduces y mueres.

-Así es general, -exclamó alegre-. Pero olvidó lo más importante... Luego la naturaleza se encarga que todo ese ciclo vuelva a empezar.

-¿Cómo dices?

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Un año después...

-Mamoru ha escrito—dijo seriamente-, la encontraron.

El camino al templo Hikawa nunca se le antojó tan largo, parecía que el tráfico confabulaba en su contra y Masato, sinceramente no estaba para esos trotes. Estaba ansioso, temeroso, feliz, contrariado, hecho un mar de sentimientos de los cuales le podía poner nombre a poco más de la mitad. El resto estaba seguro de estarlos inventando ahí y ahora.

Hotaru no fue clara entonces pero luego solo fue cuestión de esperar. Jamás le pasó por la mente, olvidaba que aquella mujer era una guerrera reencarnada y que, como tal, su misión era existir siempre que su princesa lo hiciera. No había enfermedad terrenal que detuviera un designio del cosmos.

Desde el día que comprendió que volvería a verla su corazón se estrujó, debió luchar mucho consigo mismo para no comenzar una enfermiza campaña a favor de su pesquisa. Si Juno lo sabía o no, nunca lo averiguó, pero Mamoru le había dejado claro que lo mejor para ambos era mantener la calma y dejar que el resto se encargara de encontrarla.

Luna y Usagi lo habían hecho una vez, podrían hacerlo de nuevo.

Apenas llegar su corazón se aceleró, era casi como aquella vez siete años atrás, cuando el destino lo había traído a este mismo lugar para toparse con ella después de una larga ausencia. ¿Le gustaba acaso al Dios de todos jugar con su estabilidad emocional? Sí, claro que sí, eso lo tenía más que claro.

Kurt entró primero y él debió esperar. No tenían gran detalle de la situación, de donde había estado ni como habían dado con ella. De lo que sí estaba seguro es que Makoto estaba ahí, las flores parecían cantar y los árboles estaban radiantes de dicha al tenerla cerca. Él también podía oler en el aire, ese sutil aroma a rosas que lo llenó por completo.

-Pasen. -dijo al fin Kurt cuando volvió por él y por Juno que aguardaban en la entrada. Todos estaban en la sala principal, rodeando a Usagi y Mamoru que estaban de frente a la puerta. Masato y su hija entraron lentamente, sin hacer ruido, tan sigilosos como si un movimiento en falso fuera el fin de todo.

Cada uno de sus compañeros se abrieron a su paso. Había sonrisas compasivas y otras más alegres que les daban esperanzas. Juno se agarró con fuerza de la pierna de su padre cuando al fin, Luna se hizo a un lado y reveló a la senshi de la naturaleza y la tormenta que había vuelto a casa.

Fueron unos segundos en silencio absoluto, mientras Masato contemplaba impávido al gran amor de su vida... en brazos de la Neo Reina.

-¿Quieres verla? -Él asintió. Mamoru corrió la cobija y dejó al descubierto el rostro de una pequeña que no tenía más de un par de meses de nacida. La niña abrió los ojos y eran tan verdes e intensos como aquellos que se cerraron hace un tiempo atrás. El símbolo de Júpiter en su frente brillaba lo suficiente como para acallar cualquier otra duda.

Avanzó un paso más para poder contemplarla en todo su esplendor, se parecía mucho a las fotos que guardaba de Juno en su portátil y que Makoto misma le había tomado al nacer. La bebé lo miró fijamente como si lo reconociera y él, como un crío, se ruborizó.

-Vamos, tómala-dijo Usagi con una sonrisa en el rostro. Él tuvo el impulso de moverse y hacerlo, pero de inmediato recapacitó.

-No, no puedo.

-¿Por qué no? No dirás que tienes miedo. ¿Cómo cuidarás de ella si no quieres abrazarla?

-Te equivocas-respondió con un tanto de frialdad-. Yo no puedo cuidar de ella, no lo haré.

-¡Pero Masato! ¿Por qué dices eso? -preguntó Minako sin comprender.

-Es lo mejor Mina, Masato tiene razón.

Por supuesto que él no podía hacerse cargo de esa niña, porque él tenía un cúmulo de sentimientos al respecto que solamente le causarían más caos y dolor. Usagi y las chicas, que no habían reparado en ello, sintieron de pronto un vacío en el corazón.

-Entonces, Mamu y yo la criaremos como nuestra-sentenció Usagi con decisión. Masato no estaba de acuerdo y negó con la cabeza.

-¿Quieres que lo haga yo? -preguntó James-. Aunque para nada me gustaría tenerte de yerno.

Todos sonrieron ante la ocurrencia, Masato enrojeció-. Si están de acuerdo, me gustaría que la señorita Kaioh se encargue de ella, si le parece bien por supuesto.

-¿Hablas en serio? -preguntó Michiru al borde del llanto mientras se acercaba a él con los ojos danzantes de lágrimas, luego giró rumbo a Usagi y tomó a la niña de sus brazos.

-Makoto estaba segura de que tú serías la mejor opción. Me parece lógico que sean ustedes quienes cuiden de ella, no creo que pueda estar en mejores manos.

-Yo tampoco te quiero de yerno—aseguró Haruka desde el rincón. Masato pudo ver una sonrisa de medio lado en sus labios, no importa cuánto tratara de disimular, ella era tan feliz como Michiru en ese momento.

Masato caminó hacía ella y sacó algo de su bolsillo, luego le extendió la mano y se lo ofreció. Haruka dudó un momento y al final aceptó el obsequio.

-¿Qué es esto? -preguntó.

-Tómalo como un apartado por tu hija. No puedo pagar tu sangre, pero puedo dar una especie de dote a la inversa.

La rubia miró lo que llevaba en las manos, las llaves del Ferrari Testarrosa que siempre había envidiado secretamente. No pudo evitar sonreír al notar que él todavía lo recordaba.

-Y entonces, ¿Qué sigue? -preguntó Ziran, externando la duda de todos los presentes.

-Ahora que sé que está bien y en las mejores manos, Juno y yo iremos a Estados Unidos, deberán comprender que estar cerca de ella es demasiado complicado para nosotros. No volveremos hasta que sea un buen momento o estrictamente necesario. Son bienvenidos a visitarnos cuando gusten y agradeceré me mantengan informado con discreción de su estado. Por supuesto que cubriré todos los gastos necesarios.

-No te preocupes por esto Masato-dijo Michiru-. Ella estará bien, nosotras nos encargaremos de eso. Por cierto, ¿Cómo la llamaremos? ¿Makoto?

-No, no creo que se apropiado.

-Jade.

Todos los presentes miraron asombrados a Juno que, aunque ahora se comunicaba más, todavía seguía siendo muy reservada. Pero la niña había hablado muy decidida a hacerse escuchar.

-Jade es un bello nombre, ¿Te gusta pequeña? -ronroneó la diosa del amor, la niña rio dulcemente-. Bueno, queda aprobado por unanimidad, mi querida Jade.

Masato estaba contento, aunque un poco angustiado. Ahora que Tokyo de Cristal volvía a estar en el mapa sabía que cuando esa bebé creciera y se convirtiera en toda una mujer, él seguiría ahí con el rostro intacto y el corazón dispuesto para dárselo de nuevo. Pero no podía adelantar el tiempo, deberían pasar muchos años antes de verla de nuevo e intentar reconquistarla.

¿Acaso podría conseguirlo? ¡Por supuesto! Ella era el amor de todas sus vidas.

FIN.