Epílogo.

12 años después.

-¡Maldita corbata!

Juno miró con ternura a su padre que parecía querer pelear con cualquier cosa que se le atravesara enfrente. Sabía que no había sido culpa del chofer del taxi, del tráfico, ni del clima que amenazaba con encrespar su cabello ahora mucho más corto y relamido, y mucho menos de la corbata que no lograba quedarse en su lugar. No, su padre estaba sumamente nervioso por haber sido obligado a volver a Tokio a la boda de Chibiusa y Helios. ¿Qué no eran muy jóvenes para eso?

Doce años habían transcurrido desde la última vez que puso un pie ahí. Aunque Juno había tenido ciertas escapadas cuando Paris la visitaba en California y luego se teletransportaba con ella para que pudiera saludar a todo el mundo, todas menos a Jade, ella jamás se atrevería a ir en contra de los deseos de su padre.

Y ahora, cuando por fin se había acostumbrado a una vida alejado de la tentación de verla, había sido arrastrado a un evento donde seguramente debería topársela.

¡Nada tiene que hacer un adulto buscando entre la gente a una niña de doce años! La sola idea le revolvía el estómago y lo ponía aun más de malas. Y no es que Masato hubiese desarrollado una malsana obsesión bastante reprobable, pero es que él había nacido para amar a esa mujer y la vida, nuevamente, le había jugado un insensato revés. Por eso había puesto mucha tierra y agua de por medio, ¿Por qué someterlo a esa tortura?

En sus manos estaba darle una vida mejor a esa niña, Makoto había crecido sin sus padres, a merced de casas hogares y lugares de acogida que la habían formado bien, pero no con el amor que merecía. Jade debería tener una mejor oportunidad, ya que el destino había persistido en dejarla sin familia a los pocos días de nacida. Fue un arduo trabajo el dar con ella. Luna, Artemis y Setsuna se habían partido el alma para localizarla.

Lo menos que podía hacer él era esperar y confiar.

Pero ahora estaba ahí, en medio de aquel hermoso jardín en plena primavera. Decenas de cerezos adornaban alrededor, algunas hojas se desprendían y llenaban el aire de puntos rosados que daban a aquel evento un toque encantador.

Chibiusa no tenía la culpa de nada después de todo, ella no debía recordar el dolor que le causaban esos tintados paisajes en su corazón. Eran recuerdos que había logrado dejar de lado en otro continente, donde las cosas cotidianas eran un poco menos dolorosas.

-Tranquilo papá-susurró su hija en su oído mientras terminaba de acomodar la revoltosa corbata-. Podemos hacerlo juntos.

"Podemos hacerlo juntos" fue el mantra que se repitieron hasta el cansancio durante los últimos años cada vez que algo parecía quererlos derrumbar.

No fue fácil una vida en solitario tan lejos de la gente que podía comprenderlos y que siempre los apoyaron, pero es que no había una solución mejor. Masato no iba a arriesgarse a querer acoger a la niña que era la nueva reencarnación de la mujer que amaba. Ella no tendría recuerdos, las promesas hechas habían muerto con Makoto, lo más saludable era darle la oportunidad a Jade de hacer su propia vida, de crecer con libertad y después, si el universo seguía insistiendo, quizá cuando fuera mayor ellos pudieran volver a encontrarse. Pero para eso faltaban todavía muchos años, al menos unos diez más.

Masato sonrió cuando vio el rostro dulce y hermoso de Juno frente a él. Era tan parecida a su madre que nadie se atrevería a decir lo contrario, pero esa imagen había dejado de doler, ahora era un orgullo y una felicidad que lo alentaba cada mañana.

La pequeña, que ya no lo era tanto, tenía diecinueve años. Piernas tan largas como su madre y un cabello abundante y rebelde como su padre. Ojos de un verde digno de apreciar, sonrisa amable y una voz que podía encantar a los mismos ángeles cuando se atrevía a cantar, aunque solo lo hacía para él en sus momentos más bajos.

Y no importa cuantas miradas se robara al pasar, ella era su niña y eso nunca iba a cambiar.

-Señor Sanjoy -saludó cortésmente Paris, el hijo mayor de Kurt cuando llegó a su encuentro. Era una copia fiel a su padre, con un aspecto más joven y amable, pero con la sonrisa tan gentil como la de Minako-. Me alegra que haya decidido venir.

-Tanto como decidir no lo fue, Paris-respondió toscamente-. ¿Dónde está tu padre?

-Está por allá, en la barra.

-Bien, iré a saludar. No se vayan muy lejos.

-¡Papá! -exclamó Juno visiblemente ruborizada.

-Hablando de eso señor Sanjoy, yo quisiera...

-¡No, no Paris! Ahora no, ten piedad de mí, ¿Quieres? -gruñó mientras se alejaba y movía la mano con ímpetu, zafándose de la situación.

Juno no pudo evitar soltar una ligera risita mientras se cubría con una mano-. Dale tiempo, está muy nervioso, me preocupa que vaya a darle un infarto.

-¿Es por Jade?

-Sí, ¿La has visto?

-Michiru-san la estaba terminando de peinar hace unos momentos. -Juno resopló con algo de intranquilidad, lo cierto es que ella también estaba algo nerviosa, no le gustaba ver a su papá sufrir de esa manera.

-¿Sigue tan traviesa?

-¡Oh, si yo te contara!

0 0 0

-¿Quién invitó a este anciano? -preguntó James muy sonriente cuando vio a Masato acercarse a ellos. Los otros dos hombres que estaban a su alrededor no pudieron ocultar tampoco su felicidad. Ninguno había envejecido más allá de los cuarenta años, Usagi arbitrariamente decidió que esa sería la edad tope para ellos mientras ellas permanecerían en los treinta, algo que para todos se acomodó bien.

-Al menos yo no me tiño el cabello de rubio de sol-argumentó con sarcasmo, algo que solo ocasionó otra fuerte risotada.

-¡Pero te lo has cortado bastante! ¿Cuál es el objeto de esa pequeña coleta? ¿Eres un hippie ahora? ¿O intentas ocultar tu calvicie?

-¡Yo también te extrañé, idiota!

Los tres hombres lo recibieron con un abrazo fuerte y amistoso, luego le ofrecieron un trago que no pudo rechazar.

Mientras escuchaba algunas quejas más sobre su nuevo aspecto, su vida en Tokio y varias cosas más que solo eran burlas introductorias, Masato no pudo evitar sentir una presencia entre los jardines. Su mirada fue llamada por un grupo de pequeños que corrían entre las mesas y reían alegremente.

Apenas pudo vislumbrar una mata de cabellos rojizos que ondularon con el viento, pero no estaba en posición para ver a la niña a la cara. Solo vio su hermoso vestido verde manzana y escuchó su risa angelical. Su corazón se saltó un latido mientras sus ojos se clavaban en la criatura que se perdía entre la gente mientras jugaba a perseguir a otros chicos.

Los hombres frente a él pudieron ver la mezcla de alegría y tristeza en su rostro.

-¡Padrino!

Aquella voz profunda trajo de vuelta de su ensoñación a Masato, haciéndolo girar para toparse con un clon casi perfecto de James.

-¡Ares! ¡Que gusto verte muchacho!

-¡El gusto es todo mío! -Ares abrazó al castaño con la misma fuerza que lo habían hecho los demás adultos. Era casi tan alto como él y sus ojos violeta tintineaban de alegría. Ya no era ese pequeño niño tierno y enamorado, ahora era todo un hombre, fuerte, aguerrido pero que seguía conservando su sonrisa inocente.

-¡Has crecido mucho! Creo que dejaste abajo a tu padre.

-Hay que mejorar la especie, ¿No? -aseguró burlón. James lo miró desafiante.

-Me da gusto por ello.

-¡Y hablando de eso! Déjame presentarte a mi prometida.

-¿Tú qué? ¿No eres muy joven para eso? ¿Qué pasa con los jóvenes de hoy en día?

-¿Lo dices por mí o por Juno y Paris?

Kurt, James y Ziran se rieron con malicia a sus espaldas.

-No me molestes chico, no estoy de humor.

-¡Claro, claro! Yo solo digo que para el amor no hay edad, ¿No lo crees?

-No estoy muy seguro de eso muchacho.

Ares rio suavemente ante el comentario, luego se giró un poco y tomó del brazo a una chica que estaba de pie junto a él. Masato no la había visto hasta ese momento.

-Padrino, ella es mi prometida, Jade Tenoh. Jade, él es mi tío del que tanto te he hablado, Masato Sanjoy.

"Jade"

Masato no pudo reaccionar. Solo atinó a mirar a la chica frente a él y comprobar, para su terrible pesar, que efectivamente se trataba de ella. Alta, con una linda figura y una piel tan clara como la leche. Sus ojos eran un par de esmeraldas centellantes y sus labios dos curvas suaves y rosadas. Su cabello del color del cobre que caía en cascada a través de un elegante moño alto con mechones sueltos, todo aquello envuelto en un vestido color menta que le robó más de una respiración.

-Es un placer, señor Sanjoy.

Y esa voz... su voz.

Él miró la mano que ella le ofreció para saludarlo, y sudó frío solo de pensar en tocarla. "Su prometida" ¿Makoto? ¡No, Jade! ¿Cómo había dicho Ares?

La chica lo miró con confusión por un instante, era evidente que el hombre frente a él tenía una guerra interna y lo más seguro es que la estuviera perdiendo. Estaba por bajar la mano cuando al fin Masato reaccionó y la tomó, llevándosela a los labios para un beso corto y fugaz en el dorso. Ahí fue que apreció el anillo que llevaba en el dedo.

-El placer es todo mío, señorita. -respondió, con la voz secuestrada todavía por el sinsabor y la sorpresa.

Jade le sonrió vagamente y luego miró a Ares intranquila. El rubio estaba sonriendo levemente, luego la tomó por la cintura y la atrajo a él, un audaz acto de fanfarronería. La besó en la mejilla y la chica enrojeció casi de inmediato.

-¿Lo hice bien no? ¿No te parece la criatura más bella del mundo? ¡Claro, sin contar a Juno desde luego!

-Sí. Los felicito.

Masato fue seco a pesar que intentó mantener el semblante. Estaba preparado para que algo así sucediera, después de todo, él había optado por dejarla crecer sin la influencia de su presencia y había pedido a todos que no le hablaran de él. Quería que si su destino fuera estar juntos, encontraran su camino sin ninguna influencia.

Y ahí estaba el nuevo resultado de una más de sus decisiones.

-Tu padrino ya está viejo para esto muchacho, dale un momento de paz.

Masato giró y miró a Mamoru acercarse a él, Usagi y las outers venían acompañándolo.

-¡Ay, pero todo iba tan bien! ¡Mira su rostro!

El castaño retrocedió un paso y luego miró por encima del hombro a James y compañía que parecían estarse riendo en silencio. Después miró a Mamoru con un gesto que intentaba regañar y que, sin embargo, estaba fallando proverbialmente. Michiru tenía la vista perdida, intentando no verlo a la cara y Haruka parecía gozar tanto con el espectáculo que su rostro fue suficiente para entender lo que estaba pasando.

Volvió entonces su atención a Ares y lo miró de manera fulminante, tanto que Jade fue quien retrocedió en esta ocasión.

-¡Ahora sabes lo que sentí aquella vez!

-Maldito muchacho-susurró antes de sonreír.

-Gracias preciosa, no sabes cuantos años he esperado este momento, -dijo Ares mientras soltaba a Jade y le besaba el rostro. Ella seguía igual de confundida-, ha valido cada segundo.

-Lo siento señor Sanjoy, yo no sé realmente que está pasando. A Ares le gusta gastar algunas bromas.

-Sí, creo que lo había olvidado-musitó, todavía un tanto aturdido. Todos a su alrededor comenzaron a reír, lo que hizo que por fin pudiera relajarse. ¿Cuánto tiempo había estado tramando su venganza ese condenado niño? Masato sentía que el corazón se le iba a detener en cualquier momento. Pero, lo más importante, ¿Cómo había pasado eso?

-¿Papá?

Las risas se ahogaron cuando Juno llegó con ellos acompañada de Paris, el resto de las chicas venían un poco más atrás para unirse al grupo.

-¿Es su hija? -preguntó Jade, su voz denotaba una sorpresa y una alegría que conmovió a todos. Masato volvió a sudar frío.

-Sí. Ella es mi hija Juno. Juno, ella es...

-Sí, he oído hablar de ti, eres Jade.

Juno se abrió paso entre la gente hasta llegar a la chica que era tan parecida a ella, con los cabellos un poco más claros y controlados, y los ojos de un verde puro, pero quitando eso podían ser hermanas puesto que aparentaban la misma edad.

Jade avanzó y la miró con cierta curiosidad, como si algo en ella le revelara un poco de ese pasado que desconocía por completo su mente, pero no su corazón. La contempló como una madre mira a sus hijos y eso fue irrefutable, Juno no se atrevió a moverse, a pesar que tenía el impulso imperativo de abrazarla con todas las fuerzas de su cuerpo.

-¿Cómo pasó esto? -susurró Masato mientras observaba igual de pasmado aquella escena.

-A veces pasa, -respondió Mamoru-. Hotaru lo hizo cuando estuvo en la misma situación.

-¿Y no pensaron en decírmelo? -gruñó.

-No era seguro, no queríamos ilusionarte.

-¡Tu vestido es hermoso! -exclamó Jade al fin-. Y mira tu cabello, ¡Te ves tan linda! ¿Dónde compraste esos zapatos?

-¡¿Me lo dices a mí?! ¡Mírate tú! ¡Eres preciosa!

Ante la mirada atónita de todos, las dos chicas comenzaron a elogiarse mutuamente como si fueran viejas amigas que se vieran después de mucho tiempo. Ambas tenían el mismo entusiasmo y determinación.

James posó una mano en el hombro de Masato con un poco de pesar.

-¡Oh amigo, estás metido en una buena esta vez!

-Sí, eso mismo pensé yo—afirmó con una sonrisa en el rostro. Ella estaba ahí, no importaba el nombre porque como bien decían, la rosa con otro nombre seguiría oliendo a lo mismo, y para él olía a amor-. Creo que ya estoy algo viejo para esto.

-¿Seguro?

Masato estaba por responder cuando Jade se acercó a él y lo miró dulcemente, su corazón comenzó a palpitar con frenesí. Lucía casi como antes, aunque era un poco más joven.

-¿Le gustaría bailar? Ya sabe, como disculpa por el mal rato que Ares le hizo pasar, aunque sigo sin comprender realmente lo que sucedió-dijo ella mientras se inclinaba levemente a él-. ¿Baila usted? -insistió al verlo perplejo.

Masato parpadeó un par de veces hasta que por fin logró conectar su alma, su cerebro y su corazón. Ofreció la mano a la joven que se ruborizó al instante-. Sí, claro que sí. Solamente contigo.

FIN.

0 0 0

¡Hola a todos!

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí con esta historia. Antes que nada, quiero agradecer sus comentarios, sus reacciones y el seguimiento que le han dado a esta mini novela que hice con tanto cariño y dedicación. Les recuerdo que hice una advertencia al inicio donde aclaré que sería una historia triste, así que si no los hice llorar... fracasé... pero lo seguiré intentando jajaja.

Espero que la hayan disfrutado tanto como yo al escribirla, fue algo larga pero considero que todo era importante y pues el epílogo... bueno, venía anunciándolo desde antes (XD) la tentación era enorme... ¡pobre hombre! Me gusta verlo sufrir, ni hablar.

Agradecimiento especial a Jovides1 que ha sido mi beta todo este tiempo y cuyos comentarios me inspiraron, me hicieron explorar nuevas opciones y al final, me motivaron para terminar. Mil gracias.

También agradezco a LadyJúpiter por su constancia, a Darkkitty04 por sus observaciones y su incréible retroalimentación, a LitaKino1987 y a todos los demás que se tomaron el tiempo de dejarme un comentario, un like o una certera amenaza jajaja.

Seguimos aquí con más historias... ¡Sí, sí, ya voy a terminar las demás! Jajaja

Saludos.