Caos

Era tan verde, tan rebosante de vida, ¡Sin duda una maravilla! Un placer visual que sus ojos habían extrañado desde que vivía en la Luna. Terra era maravilloso, casi como su hogar, casi.

Y pensar que no quería bajar con Serenity a su visita semanal. Las chicas le dijeron que siempre había que andarla buscando porque se escabullía magistralmente, además de tener que sortear a los hombres del príncipe que tampoco quitaban la nariz de sus asuntos.

Ella había visto uno, al rubio de ojos azules tan alto como ella misma. No estaba mal, era agradable y divertido, podría con él. No entendía porque Mars renegaba tanto de ese shitennou, aunque sospechaba un buen motivo.

Se distrajo un poco viendo una flor de un rosa intenso, un aroma exquisito y una textura interesante. Delicada y agresiva, porque su apariencia atrae, pero sus espinas repelen, ¿Cómo había dicho Serenity que se llamaban?

-Rosas, mi lady.

La senshi de Júpiter se asustó, ¿De dónde había salido aquella voz? Giró tan rápido como pudo, con su gran destreza y habilidad. Se topó de frente a un hombre mucho más alto que ella, piel ligeramente bronceada, ojos color azul intenso y una cabellera tan o más larga que la suya. Lo cierto es que no lo pensó ni lo dudó, se barrió y lo derribó de un solo movimiento.

Pero el general Nephrite no iba a permitir que su ego se viera afectado por aquel sorpresivo ataque. En una muestra de su propia destreza, tomó la pierna de su atacante y la jaló hacía él, la tiró contra el suelo y luego la inmovilizó. ¡Qué fuerte y tenaz era! Controlarla fue lo más difícil que tuvo que hacer en mucho tiempo.

-Tiene que calmarse, soy uno de los shitennou del príncipe Endymion. ¿Quién es usted?

La capucha de viaje se deslizó por su cabeza dejándola al descubierto. Bajo sus pliegues podía ver asomar el traje de senshi que había visto antes en otras mujeres, aunque en tonos diferentes.

-Soy Sailor Júpiter, guardiana del trueno y la tormenta ¡Bájese ahora mismo de mí! -exigió.

Nephrite sonrió con cierta picardía. Sabía perfecto que se había metido en problemas, pero ellas, las estrellas, le decían que lo valía.

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-¡Está muerta! ¡Está muerta!

"No", se dijo a sí misma. No podía estarlo, no podía darse el lujo. ¿Qué había pasado? ¿Cómo estaban los demás?

-Señora, ¿Está bien? ¿Puede moverse? ¿Puede salir de ahí?

-Sí, sí. ¡Mi amiga! ¡Mako! ¡Mako! -gritó Mina, bastante alterada-. ¿Paris? ¿Juno? ¡Afrodita! ¿Dónde están mis hijos? ¡¿Dónde están mis hijos?! -aulló todavía más fuerte.

-Una mujer los sacó por la ventana, no se preocupe señora, cálmese. Su hija pequeña está aquí.

-¿Señora Sanjoy? ¿Señora? -llamó el chofer, su voz apenas un murmullo.

-¡Mako! ¡Mako!

-¡Señora cálmese! Debemos llevarla al hospital, la ambulancia ya viene.

-¡No entienden! ¡Mako no puede sangrar! ¡Mako, contesta, Mako!

-Juno...

-¡Está viva! ¡Sigue con vida! ¿Dónde está la ambulancia?

-¡Juno!

-Señora Sanjoy … -volvió a decir el chofer de la familia-. Cálmese, una mujer los auxilió-susurró el hombre, que también había sufrido fuertes golpes y que trataba de tranquilizarla desde su asiento, todavía atrapado.

-¿Cómo... cómo era ella? ¿La vio?

-¿Ella? Es... pequeña... pelirroja, eso creo. Estarán bien, no se mueva.

Makoto no pudo seguir el resto de la conversación. Estaba segura que había visto a Naru en el vehículo que los había impactado, podía apostar el resto de su vida en ello. ¿Era ella quien había sacado a los niños de la camioneta? ¿Para qué?

No se iba a quedar sin averiguarlo. En cuestión de segundos una fuerte descarga de adrenalina llegó a ella y comenzó a moverse, a pesar de saber que aquello solo acortaba su esperanza de vida. ¿Estaba escrito que muriera en primavera? ¿Podría morir antes? No lo sabía, pero tampoco sabía dónde estaban los niños y eso era más importante.

Mina vio como su amiga comenzaba a incorporarse. Ella sentía una opresión en su vientre, estaba muy asustada que el bebé hubiera sufrido daño, pero también estaba aterrada de ver a Makoto sangrar, sabía que no debía hacerlo, que era en extremo peligroso. Tenía que hacer algo. Buscó a tientas su bolsa, pero ésta no estaba, ni su móvil tampoco. ¿Dónde habían quedado?

-Mako, no te muevas.

-Naru tiene a los niños.

Lo demás fue como una película en cámara lenta. Minako vio como Makoto se reincorporaba como si la vida no se le estuviera yendo en ello. Se giró y se pasó al asiento de atrás, mientras decenas de voces aterradas le pedían que no se moviera, que guardara la calma porque la ayuda estaba por llegar.

En contra de todas las opiniones, Makoto logró salir por la puerta trasera, no sin antes mirar a Minako que estaba pálida y al borde del shock. Ella tenía una herida escandalosa en la cabeza, varios rasguños del cristal y visibles golpes en el cuerpo, pero también tenía la convicción de rescatar a los hijos de ambas. La diosa del amor sabía esto, también sabía que su amiga no se dejaría detener por nada ni por nadie para cumplir su misión primordial, proteger.

-¿Estás bien? -preguntó, su voz ahogada de dolor. La rubia asintió-. Bien, espera a la ambulancia, llama a Kurt. Los encontraré, no te preocupes.

No dijo más, se abrió paso entre la gente que trataba de detenerla, fue el primer obstáculo que tuvo que sortear. Había muchos buenos ciudadanos que querían socorrerla, pero ninguno entendía su apuro principal, encontrar a Naru y a los niños.

De pronto la vio, Naru había tomado a Paris y lo llevaba cargando, probablemente el niño estaría herido y no podría defenderse. Juno la seguía de cerca, caminaba detrás de ella sin soltarla, tratando de contenerla. Juno no iba a gritar, obligarla a seguirla era muy buena estrategia.

James estaba detenido en el tráfico, a unas tres cuadras del colegio. Había mucha gente acercándose al lugar y eso lo puso en alerta. No fue hasta que vio la ambulancia tras de él y tuvo que abrirle paso que en verdad se preocupó. Echó un vistazo por el espejo retrovisor, Ares estaba tan quieto, mirando fijamente las luces de rescate, lo que solo confirmó sus sospechas.

-Hay que bajarnos.

Estacionó su auto y corrió rumbo al lugar del accidente, una camioneta de reciente modelo estaba muy golpeada del lado del copiloto, una más, bastante más vieja, había quedado en sentido contrario, con el conductor atrincherado en ella.

De pronto sus temores se volvieron realidad, pudo ver a los paramédicos abriendo una de las puertas y bajando a una mujer rubia de ella, sintió que su corazón dio un vuelco cuando reconoció a Minako como la víctima.

Le ordenó a Ares que no se alejara y luego se abalanzó contra la muchedumbre, una maestra lo reconoció en cuanto lo vio.

-¡Nakamura-san! -gritó la mujer-. ¡Es la señora Hayashi, aquí tengo a la pequeña Afrodita! -James giró y vio a la niña agarrada con todas sus fuerzas de la maestra, ya no había lugar a dudas. Empujó para llegar a Minako que justo estaba siendo recostada en la camilla.

-¿Es usted el esposo?

-Soy su cuñado. ¡Minako! Cariño, ¿Estás bien?

-Los niños... -susurró la senshi, que empezaba a sentir que perdía el conocimiento.

-Están bien, acabo de ver a Afrodita, ¿Dónde está Paris?

-Mako...

-¿Qué? ¿Qué tiene Mako? ¿Dónde está ella?

-Llama a Kurt. ¡Ayúdala!

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Fue realmente difícil hacerse paso entre la gente, por fortuna cuando la ambulancia llegó se robó la atención de la mayoría, así que Makoto logró llegar al final del mar de curiosos y pudo enfocarse en seguir el rastro de Naru y los niños. La adrenalina seguía a tope en su ser, no sentía dolor ni cansancio, aunque su cuerpo estaba golpeado y no podía moverse tan fácilmente.

Dio la vuelta al callejón y se encontró con el paso a desnivel que comunicaba con la zona comercial, Naru iba por el área peatonal, casi llegando a la cima. El dolor comenzaba a hacer acto de presencia, el cuerpo se tambaleaba y la vista era un tanto borrosa, estaba llevando al límite su resistencia, pero aquella era una mujer trastornada, no podía simplemente aguardar por la ayuda.

Aquel puente era viejo y poco transitable, pero por debajo pasaba una calle de alta velocidad. Las barreras eran bajas y el suelo un tanto parchado, lo que lo hacía terriblemente inseguro, una receta para la desgracia.

-¡Su... suéltalo! -gritó Juno al fin, después de reaccionar del shock en el que estaba. Tiró de la chaqueta de Naru y ésta cayó al suelo, junto con Paris. El niño se removió con el impacto, había perdido el conocimiento con el choque cuando cubrió a la pequeña castaña con su cuerpo, por lo que se había golpeado fuertemente la cabeza, una herida abierta mostraba un buen hilo de sangre.

-¡Eres una niña mala! ¿Qué no entiendes que te estoy salvando? ¡Cuando venga tu padre le diré que te has portado mal!

-No... no eres mamá.

-¡Claro que soy tu madre! ¿Cómo puedes decirme eso? -gruñó histérica. Naru se levantó y sujetó a Juno por el brazo, la estrujó muy fuerte, haciéndola chillar de dolor. Paris se reincorporó como pudo para saltarle encima y tratar de detenerla-. ¿Tú también Yoshi? ¡No puedo creerlo! Esa maldita bruja los puso en mi contra.

-¡Tú eres la bruja! -gritó el niño mientras la mordía. Naru se enojó y lo aventó contra la reja, el pequeño platinado apenas alcanzó a sostenerse para no caer al arroyo vehicular.

-¡Paris!

-¡Su nombre es Yoshi! ¡Niña idiota!

En un arranque más de ira, la mujer tomó a la niña por el pelo y tiró de ella hasta llegar cerca de donde el otro pequeño se aferraba con todas sus fuerzas al endeble barandal. Habían decidido no empezar a entrenar a los chicos hasta cumplir ocho años, para así darles oportunidad de decidir, incluso cuando Ares y el mismo Paris habían suplicado por ello. Lo más que habían conseguido fueron clases de defensa personal, que al menos le servían de resistencia en este momento.

-¡Suéltalos!

Naru giró para encontrarse a una Makoto muy mal herida y jadeante, una sonrisa retorcida se dibujó en sus labios delgados. Era tan frágil como un castillo de naipes y el viento estaba soplando a su favor.

-¡Y aquí está la maldita bruja! ¿A qué has venido? ¿Quieres ver cómo me deshago de estos traidores?

-¡De... déjalos! Ellos son inocentes. Ven por mí, es lo que quieres.

-¡Son mis hijos!

-¡No lo son! Ese niño es de Minako y la niña es mía, solo mía.

Naru miró a Juno directo a los ojos, verdes con tintes dorados, verdes como su madre, brillantes áureos como el chocolate de su padre. No, esa no era su hija, ¿Cuándo se la habían cambiado?

-¡Maldita mocosa! ¡Todo ha sido tu culpa siempre! ¡Tú y tu estúpida madre! Pero no más... ¡No más! Masato es mío, solo mío... ahora que no estén, él vendrá a mí y yo le daré el consuelo que siempre he sido para su podrida alma.

-¡Déjala! No te atrevas a molestar una vez más a mi hija.

-Oh, claro que no... no la molestaré... no la veré más porque se irá al infierno ahora mismo.

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-¡Maldición! -gruñó James mientras escuchaba por enésima ocasión que el móvil de Kurt lo mandaba a buzón, lo mismo que el de Masato. El rubio estaba desesperado, no podía llegar a Mina ya que la estaban revisando-. ¡Ares, ven aquí! - exigió a su hijo, que estaba abrazado a Afrodita tratando de calmarla-. Necesito que encuentres un lugar para desaparecerte y luego busques a tía Makoto, ¿Puedes hacerlo?

El pequeño rubio abrió bien los ojos, nunca antes se había teletransportado solo y estaba intimidado, pero podía entender la urgencia de su padre-. Sí, creo que sí.

-¡Hazlo! Busca la esencia del anillo que le diste, te ayudará a encontrarla. Si está mal, tendrás que traerla aquí, pero si es una verdadera emergencia, buscarás a tío Masato o a tío Kurt, ¿Entiendes? Diles lo que ha ocurrido, que tienen que venir aquí inmediatamente. Yo me quedaré con Afrodita y tía Minako.

Ares se puso manos a la obra, miró en todas direcciones hasta que encontró un sitio y corrió hacía allá. Para su sorpresa, no fue necesario teletransportarse de inmediato, pudo divisar la terrible escena que se desarrollaba en lo alto del puente semiabandonado. Su primer impulso fue correr rumbo a su padre, pero la instrucción había sido clara, buscar a tío Masato y tío Kurt.

Estaba concentrándose, poniendo todo su empeño en encontrar su esencia en el ancho universo, pero entonces se dio cuenta de algo aterrador, ¿Era Paris quien colgaba del puente? ¡Sí, era él! Ares se congeló, después de todo solo tenía seis años y jamás había vivido algo como eso. Además, también se dio cuenta que Juno estaba siendo maltratada por la mujer de la otra noche, la dichosa tía Naru, como ella exigía que le llamaran.

Él no podría ayudar, aún no aprendía a volar e incluso teletransportarse era un desafío, pero su papá confiaba en él y no podía decepcionarlo. Asustado intentó concentrarse de nuevo, buscando como un loco el paradero de sus tíos. Creyó sentirlos, estaban juntos pero muy lejos. ¿Podría llegar? ¡Tenía que hacerlo!

Tragó saliva antes de invocar la energía necesaria, mentalmente le pidió a Paris que resistiera, con la esperanza que su amigo entrañable pudiera escucharlo.

"Date prisa" fue su respuesta, luego desapareció.

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-Bueno caballeros, eso es todo. Es un placer hacer tratos con ustedes.

-El placer es todo nuestro-respondió Kurt mientras hacía una reverencia, Masato estaba demasiado intranquilo para funcionar con normalidad.

-Entiendo que pronto será padre de nuevo señor Hayashi, muchas felicidades. Envíe saludos a su esposa de mi parte.

-Se lo agradezco.

Kurt y Masato se despidieron del señor Katsuke, con quien acababan de firmar un importante contrato. Salieron de la oficina con dirección al estacionamiento, ansiosos por volver a casa. Los dos iban en completo silencio, cada uno sufriendo de un mal presentimiento.

Kurt quitó la alarma del auto antes de abrir las puertas. Por alguna extraña razón, ambos se detuvieron un momento, como si el universo les estuviera hablando. Masato miró al cielo, las voces en su cabeza que, normalmente eran un murmullo ocasional cuando querían ser escuchadas, comenzaron a gritar desesperadas al mismo tiempo. Esto lo hizo fruncir el ceño y molestarse, no estaba de humor para chismerío cósmico.

De pronto un fuerte chasquido se escuchó muy cerca, seguido de un par de golpes y un alarido de dolor. Los dos corrieron a la parte trasera del auto, solo para apreciar a alguien que estaba escondido tras él.

Masato reconocería esa melena rubia en cualquier lado, se abalanzó sobre Ares con mucha preocupación.

-¡Ares! ¿Qué tienes? ¿Qué haces aquí? -preguntó asustado. El niño respiraba rápído, algo muy común cuando eras un novato viajando por el tiempo y el espacio.

-Tío Masato... tío... -balbuceó-. Tía Minako tuvo un accidente, tía Makoto está en peligro, ¡Paris va a caer de un puente!

-¿Qué? ¿Qué has dicho?

-¡Papá está con tía Mina! Pero Paris, ¡Tenemos que salvar a Paris!

Masato miró a Kurt fugazmente, ambos pares de ojos encendidos en las llamas del infierno. El castaño tomó al niño y lo acunó en sus brazos. No había tiempo para más preguntas, desaparecieron en un parpadeo, sin reparar en su asistente que salió del edificio y no los encontró.

CONTINUARÁ...