2. Llegamos.
El hogar en el que nos criamos y el que a partir de mañana añoraríamos, parecía una casa de locos. Todo estaba revuelto, seguramente si el vecino se asomase por la ventana y no nos viese pensaría que unos ladrones nos habían entrado a robar. Pero jamás llegaría a pensar que tal desorden había sido producido por la siempre ordenada e impecable Renee Swan, quien en estos momentos estaba incluso más nerviosa que nosotros, quienes en definitiva éramos los que nos íbamos a un lugar desconocido a estudiar y donde viviríamos durante los magníficos cinco años que dura una carrera universitaria.
-Bella deja de perderte en tus pensamientos y ven a ayudarme, enana – me chilló Emmet mientras pasaba por mi lado con una pila de cajas en sus brazos y me alborotaba el pelo con la mano que le quedaba libre.
-Nosotros matándonos a subir y bajar cosas y tú sentada en el sofá mirando a la nada- se quejó Jacob apareciendo detrás de mí y alzándome colocándome sobre su hombro como si fuese un saco de patatas.
-Jake, bájame – dije riendo e intentando separarme de su fuerte agarre que me producía miles de cosquillas. Pero el ignoró mis peticiones y se dirigió hacia nuestra gran habitación, donde desde pequeños dormíamos juntos. En cuanto traspasó la puerta, me lanzó sobre la cama y miró de una forma que juro que me hizo estremecer a Emmet, cuando estaba levantándome de la cama los dos gigantes de mis hermanos se lanzaron sobre mí provocando que volviese a caer sobre la cama y haciéndome cosquillas en mis costados. Seguimos en nuestra propia burbuja, hasta que un muy nervioso Charlie, entró por la puerta y nos miró atentamente antes de escapársele una leve sonrisita.
-Hijos, no saben cuánto echaré en falta estos momentos – nos dijo acercándose a nosotros y atrapándonos en un multitudinario abrazó. Así permanecimos hasta que Renee histérica hizo acto de presencia en la habitación.
-Haber muchachos, que pasa aquí? – dijo mirándonos alzando una ceja, mientras su pie repiqueteaba en el suelo de madera. – Ya tenéis todas las cosas listas? – preguntó, se nos quedó observando fijamente a los tres y debió ver la respuesta en nuestras caras porque de repente soltó todo el aire de sus pulmones y nos miró amenazadoramente. – No me lo peudo creer. No sé si os acordais de esta parte de la historia pero mañana a primera hora de la mañana os vais a California. Y vosotros aquí abrazados sin tener las cosas lista – cuando dejó de hablar me lancé a sus brazos y la abracé fuertemente.
-Ya lo sabemos, pero simplemente os extrañaremos – le dije escondiendo mi cabeza en su pecho. Ella se tranquilizó y me dio un beso.
-Anda venid vosotros tres aquí añadió mi madre mientras volvía a abrir sus brazos los cinco nos fundimos en un abrazo en el que nos mostramos lo mucho que nos queríamos y lo mucho que los extrañaríamos.
-Venga, que os vamos a ayudar a hacer las bolsas, que es lo que os falta? – nos preguntó Renee llorando.
-Pues a mí me falta guardar mis libros y mis CD's, el resto ya lo tengo listo. – dije mientras me dirigía al armario y sacaba las maletas donde ya estaba metida toda mi ropa. A pesar de ser una chica a la que me gustaba practicar todo tipo de deportes con mis amigos, soy muy femenina y me encanta ir vestida de una forma despampanante, el pelo siempre lo llevo arreglado y suelto a no ser que me haga alguno de mis peinados en los cuales muestro el lado más sexy de llevar el pelo recogido. Si me dijesen cual era mi filosofía de mi vida sería "disfruta ahora que eres joven y enseña ahora que puedes lo que tu cuerpo y la naturaleza te ha regalado". Para algunas puede ser el sinónimo de ser una guarra, pero yo no me considero una, sencillamente vivo la vida a mi manera.
-No me digas que te llevas todas esas maletas – dijo Emmet con una cara de susto digna de una fotografía.
-Hermanito no seas exagerado, tan solo son ocho maletas – dije haciéndome la inocente.
-Ocho? Pero si son gigantescas dos maletas mías juntas son igual de grandes que una tuya – dijo Jake escandalizado.
-Es que , vosotros sois chicos y no me entendéis. Mama, a que no es para tanto?- le pedí ayuda a mi querida madre.
-Claro que no, mi vida. Para estar siempre se necesita un gran equipo – me dijo guiñándome un ojo. – Por cierto tus cremas y maquillaje?- me recordó.
-Dios se me había olvidado totalmente, gracias mamita, no sé que haría sin ti. – le dije dándole un sonoro beso en la mejilla.
-Mejor ves metiendo tus libros y tus CD's en la mochila y yo te cojo lo otro. Que te vas a llevar? – me preguntó.
-Todo – dije provocando que mi padre me mirase reprobatoriamente.
-No crees que estas exagerando – cuestionó Charlie.
-Deja a la niña tranquila. Princesa yo te apoyo y te protejo – dijo mi madre dándome ánimo.
-Haber papa deja a la princesita tranquila y ayúdanos a meter la ropa – dijo Jake intentando cerrar la maleta, pero le resultaba imposible porque había metido toda su ropa tal cual la había sacado del armario, es decir, toda desordenada y sin doblar.
Después de dos horas ya lo teníamos todo listo y caímos exhaustos sobre las camas. Cada uno sumido en sus propios pensamientos y en cómo a partir de mañana nuestras vidas cambiarían en un lugar en el que seriamos unos completos desconocidos. Y mirando el techo y pensando en nuestro futuro nos quedamos profundamente dormidos.
Una molesta luz impactó de repente sobre mi cara dormida, produciendo que me levantase de la cama de repente, para encontrarme a mi madre, quien se encontraba subiendo las cortinas para intentar despertarnos. Pero por lo poco que pude ver no resulto un éxito ya que mis hermanos seguían dormidos como dos angelitos, abrazados a sus almohadas. Se veían tan dulces en ese momento. Pero decidí interrumpir el hermoso momento lanzándome sobre Emmet y tirándole a Jake un cojín que impactó en su cara. Los dos se despertaron de repente y asustados por lo que acababa de pasar. Después de unos minutos de quitarse de encima el cansancio me miraron y empezaron a contar en voz alta, lo que significaba que más valía que corriese ahora que me dejaban porque si no moriría. Por eso salí corriendo hacia la cocina, donde se encontraba mi padre.
-Buenos días hija, como has dormido? – me dijo dándome un sonoro beso en la mejilla.
-Muy bien, papá. Pero he de reconocer que estoy sumamente nerviosa y asustada – confesé mientras preparaba el desayuno. Justo cuando posé los cereales y la leche sobre la mesa Jake y Emmet como si hubiesen olido la comida se sentaron esperando que les preparase algo para calmar su apetito.
-No entiendo como podéis estar tan tranquilos – les dije. Ellos levantaron la cabeza del plato y me miraron con una sonrisa socarrona.
-Era nuestro sueño, porque debería estar nervioso? En todo caso estamos contentos. A que sí Jake? – explicó Emmet antes de llevarse una enorme cucharada de cereales a la boca.
-Que no estás segura? – me pregunto Jake preocupado por mí. De todos los miembros de mi familia él era el que más me protegía.
-Claro que estoy segura, pero no puedo evitar sentir este nudo en el estómago. Y si allí no me aceptan y no consigo hacer amigos?- pregunté preocupada.
-Pues estaremos los tres juntos – solucionó Emmet los problemas. Después de acabarnos los cereales corriendo nos subimos en el coche de Charlie donde ya estaban todas las maletas y nos emprendimos el viaje camino al aeropuerto.
Dos horas más tarde nos encontrábamos entre mares de lágrimas, por la despedida de nuestros padres. Cuando una chillona voz avisó que nuestro avión partía dentro de poco.
-Os quiero – les dije a mis padres abrazándolos.
-Papito, mamita. Os voy a extrañar mucho. – dijo Jake llorando como un niño pequeño.
-Papi, mami. Que será de mí sin vosotros con estos dos monstruos – dijo Emmet abrazando a Renee y Charlie, quienes se unieron a nuestro llanto.
-Venga pequeños míos es hora que marchéis – dijo mamá despidiéndose. Pesadamente subimos al avión y después de haber estado llorando tanto rato el cansancio hizo presencia en mi cuerpo, provocando que entrase en un sueño profundo.
-No puede ser, cuanto sol! – la estruendosa voz de Emmet me despertó.
-Porque chillas tanto?- pregunté aún con la voz bastante ronca.
-Mira Bells. Ya hemos llegado. Por fin estamos en California – dijo Jake levantándome de mi sillón y sentándome en sus piernas para que pudiese ver por la ventana.
-Pero si ya hemos aterrizado – me sorprendí de no haberme dado cuenta.
-Ya ves enana, parecía que estabas muerta – dijo Emmet riéndose a mi costa, pero lo único que pude hacer fue unirme a sus risas.
Cuando nos dejaron bajar del avión nos topamos con una sofocante calor y con un sol que a no ser que me pusiese mucha crema estos años estaría siempre roja como una gamba. Asombrados por el poco común sol al que estábamos acostumbrados entramos al aeropuerto a coger nuestras maletas, pero antes de llegar a la cinta donde se recogían un hombre con un cartel que ponía "Hermanos Swan" y todas nuestras maletas a su alrededor.
-Dios mío, que lujo – dijo Emmet asombrado mientras Jake silbaba, provocando que todos nos mirasen con reproche. Nosotros simplemente pudimos reír.
-Buenos días, señores Swan y señorita Swan, espero que el viaje haya sido de su agrado. Si desean ir a la universidad síganme – dijo el hombre mientras otro hombre vestido de negro le ayudaba a coger todas las maletas. Incluso mis hermanos tuvieron que coger algunas. En ese momento me sentí abochornada.
Nos dirigimos hacia un lujoso auto negro donde la publicidad sobre la universidad estaba en los laterales de este. Después de un largo viaje, debo admitir, pero muy entretenido, ya que nos dedicamos a observar todo nuestro alrededor por las ventanas. A la hora de encontrarnos en ese auto, paramos frente a una majestuosa fachada que parcia una catedral por su perfecta estructura externa.
Acabamos los tres rodeados de todas las maletas y solos en medio de la calle frente a la Universidad, cuando nos dimos cuenta el coche y los dos hombres habían desaparecido. El problema ahora era, Como subimos las cosas?
