3. Siempre quise un amigo gay.

-Y ahora cómo subimos esto? – preguntó Jake mirándome con el ceño fruncido.

-No me mires así – le dije con mi mejor puchero de inocencia.

-Anda, deja tranquila a la enana y vamos a intentar subir las cosas- le convenció Emmet dándome un beso en la mejilla.

-Y como lo haremos si se puede saber? – inquirió un enfadado Jake mientras repiqueteaba el pie en el suelo insistentemente. De repente se me ocurrió una magnífica idea.

-Que os parece si voy a buscar las llaves de las habitaciones y les pido ayuda a vuestros compañeros de cuarto? - intenté calmar los nervios que se habían apoderado de mis giggantes el primer día en la universidad por mi causa.

-De acuerdo, enana. Pero rápido o se pensarán que somos tontos rodeados de tantas maletas rosas – dijo Emmet refunfuñando.

En cuanto escuché sus consentimientos salí corriendo hacia la recepción. Po suerte fue el primer edificio que alcancé a vislumbrar. Entré tan rápido a la recepción que no llegué a poder detenerme y choqué contra una chica que se encontraba en el lugar. Ella era rubia y bastante más alta que yo, aunque para ser sincera no era muy complicado superarme en altura, esa parte de los genes se la llevó Emmet.

-Lo siento, vine corriendo y no te vi – dije disculpándome mientras me levantaba del suelo. A pesar del fuerte y que llevaba unos zapatos igual de altos que los míos, no perdió el control de sus cuerpo y se mantuvo de pie.

Ella se giró con cara de incredulidad, pero en cuanto me miró a la cara me dedicó una mirada de confianza.

-No te preocupes. Mi nombre es Rosalie Hale. Encantada de conocerte. Es la primera vez que te veo por aquí por lo que supongo que eres nueva – me dijo tendiéndome la mano a modo de saludo.

-Me llamo Isabella , pero todos me llaman Bella. Es un placer conocerte. Siento haberte empujado, pero es que venía corriendo y no me ha dado tiempo a parar. – le intenté explicar.

-No te preocupes y porque motivo corrías de esa forma?- inquirió.

-Es que he venido a buscar ayuda para subir las maletas ya que he traído demasiadas y mis hermanos están histéricos porque no saben qué hacer con ellas – le expliqué gesticulando con los brazos, provocando que soltase una graciosa carcajada.

-Te entiendo perfectamente, yo también tengo un hermano que no entiende porque necesito tantas cosas, pero supongo que eso es porque son hombres – me confesó.

-Hola bonitas, queréis algo? – preguntó una señora regordeta al otro lado del mostrador, dedicándonos una sincera y dulce sonrisa.

-Sí, necesito las llaves de las habitaciones de los hermanos Swan – le pedí con mi mejor cara de angelito.

-Claro que sí linda, espera un momento que busque vuestros papeles – dijo mientras se colocaba unas extrañas gafas y remeneaba unos papeles de colores. – Aquí están, permíteme decirte que es un placer tener a personas con un expediente académico tan brillante. Pero lo más sorprendente es que estéis aquí gracias a las becas deportivas, sinceramente sois los mejores deportista que han pisado este centro – le sonreí tímidamente.

-Gracias – le contesté cogiendo las llaves y saliendo de la vergonzosa situación con Rosalie detrás de mí.

-Te puedo hacer una pregunta? – me preguntó de camino a la habitación de su hermano, que por lo que me dijo él y sus amigos me ayudarían.

-Dispara – le dije.

-Eres tú la famosa animadora que ha ganado las competiciones solitarias y en grupo mundiales durante los últimos dos años? – me preguntó con los ojos brillantes por la idea.

-Sí, pero por favor no se lo vayas contando a la gente, no me gustaría que todos aquí me conociesen por méritos pasados – le supliqué.

-No te preocupes, no se lo diré a nadie, aunque debo confesarte que aquí la gente es muy cotilla y se acabarán enterando. – me explicó. Después de esta pequeña revelación, continuamos caminando, Rose me condujo hacia una zona bastante lujosa.

-Dónde estamos? – le pregunté observando la enorme casa de cuatro plantas que se alzaba ante mí.

-Esta es la zona residencial. Aquí es donde vivimos los estudiantes que poseemos departamentos propios – me explicó dirigiéndose a unas escaleras. Después de subir dos plantas, nos paramos frente a una puerta que se encontraba medio abierta. Rosalie entró sin llamar ni avisar que nos encontrábamos allí – Buenos días hermanito, te presento a mi nueva amiga Bella. – le dijo a un chico de de mi edad o quizás un año mayor que yo. Él era alto y rubio con unos ojos sorprendentemente azules.

-Encantada Bella, mi nombre es Jasper. Eres nueva, no? No me suenas de haberte visto antes por el campus – me dijo tras darme dos besos en mis mejillas.

-Encantada Jasper, sí, soy nueva. Espero que no te moleste pero es que necesito ayuda y me preguntaba si me podrías ayudar – intente convencerlo con mi mejor carita de cachorrito.

-Claro, que necesitas? – preguntó dispuesto a ofrecerme su ayuda.

-Es que he venido con unas cuantas maletas y mis hermanos no pueden con ellas. Por eso me preguntaba si nos ayudarías a llevarlas hasta mi habitación - inquirí.

-Pequeña llévame hasta el lugar antes que me arrepienta – dijo teatralmente provocando que Rosalie y yo estallásemos en carcajadas. Tras esas palabras salimos de la zona residencial y nos dirigimos hacia la entrada donde todavía se encontraban mis hermanos rodeados de maletas y con sus semblantes de frustración e enfado.

-Ya era hora, Bella. Menos mal que dijiste que irías rápido, te descuidas y vuelves mañana con ayuda. – exclamó Jake a quien todavía le duraba el cabreo. Más tarde tendría que ingeniarme alguna cosa para que estuviese de mejor humor.

-No te preocupes hermanito, ya he llegado con refuerzos - dije acariciándole el brazo.

-Bella no me vas a presentara a esta preciosidad – me dijo Emmet agarrándome por la cintura.

-Claro. Emmet te presento a Rosalie Hale. Rosalie te presento a Emmet Swan uno de los locos de mi hermanos. – dije ganándome una mirada amenazante de mi osito Emmy.

-Bueno yo soy Jasper, por si a alguien le interesa – eso provocó que Jake empezase a reír y se acercase a él para chocar sus manos.

-Hola amigo, soy Jake, el hermano de la monstruito – dijo alborotándome el pelo.

Cuando terminaron las presentaciones, entre todos incluida Rosalie, subimos las maletas a las habitaciones. Los chicos me ayudaron a meter las maletas en el departamento que compartiría con una chica que hasta el momento no había visto. Una vez dejadas todas mis cosas en mi nuevo hogar, los chicos salieron para poder acomodar todas sus pertenencias.

-Bella, me debo ir a preparar las cosas. Espero que mañana nos veamos – se depidió dándome un abrazo y un beso en la mejilla.

-Claro Rose, ya nos veremos – le dije. Ya estaba aquí en mi nuevo hogar y por lo que me informaron en la carta de información mi compañera de apartamento no vendría hasta dentro de cuatro días, por lo que aprovecharía para acomodar mis cosas. Pero en ese momento lo que más importaba era aprovechar los momentos de soledad para acomodar mis cosas y lo mejor que todo era que podría elegir al mejor habitación para mí. Esto me estaba empezando a encantar. Después de inspeccionar el departamento decidí quedarme con la habitación que la ventana daba a los jardines del campus.

Lo que no me gustó para nada fue la decoración por lo que opté por dejar las maletas en el futuro dormitorio de mi compañera y me dirigí hacia la tienda que camino al departamento de Jasper había encontrado. Cuando llegué empecé a buscar lo que necesitaba, pero aquello era tan inmenso que no conseguí encontrar nada. Por lo que en cuanto un chico rubio pasó por mi lado que era miembro del local, le pregunté.

-Perdona sabes dónde se encuentra la pintura negra y roja? – pregunté amablemente.

-Claro, acompáñame - me dijo. – que vas a pintar el dormitorio? – me preguntó curioso. Pero en su mirada pude ver que quería entablar conversación y no sabía cómo.

-Sí, es que me gusta que mis cosas tengan mi propio estilo y no me veo viviendo en una habitación de color blanco, es demasiado tétrico. – Confesé – Y el rojo y el negro, le darán un toque perfecto a mi habitación. Por cierto sabes dónde puede haber una tienda de muebles? – pregunté.

-En el campus hay una, pero está bastante escondida si quieres un día te acompaño y así miras los muebles. Por cierto soy Mike. – se presentó – Y tú eres? – me animó con la mano a contestar. Realmente este chico me caía genial, posiblemente llegásemos a ser buenos amigos.

-Soy Isabella, pero prefiero Bella – le expliqué – soy nueva por aquí y estoy bastante perdida, tú ayuda me vendrá perfecta. – de camino al cajero seguimos conversando, hasta que una vez allí se me ocurrió una idea.

-Mike, haces algo hoy después de comer? – pregunté deseando que su respuesta fuera negativa.

-No, porque? – preguntó con una sonrisa en la cara.

-Me preguntaba si te gustaría pasarte por mi departamento esta tarde y me ayudas a pintar mi habitación, además así nos conocemos mejor. – le expliqué.

-Encantado. Qué te parece si esta tarde sobre las cuatro me paso por tu departamento y empezamos. – me dijo ilusionado. Después de darle mi número de teléfono y la dirección, me dirigí hacia él y lo abracé. – no te preocupes tú secreto conmigo está a salvo – le aseguré.

-Que secreto? – inquirió nervioso.

-Siempre quise tener un amigo gay – le susurré en el oído, advirtiéndole que conmigo no tenía porque disimular, ya que me había dado cuenta.

-Gracias Bella – me correspondió el abrazo. Tranquilamente me dirigí al departamento, donde tranquilamente me comí la ensalada que había comprado por el camino y después me puse manos a la obra. Antes que llegase Mike ya había conseguido pintar dos paredes de rojo, y tan solo me faltaban las otras dos de negro, pero justo cuando me preparaba para empezar a pintar la primera pared de negro sonó el timbre. Anunciándome que mi nuevo amigo había llegado. Corrí hacia la puerta y al abrirla un sonriente Mike se recibió. Tres horas más tarde ya habíamos conseguido dejar la habitación pintada.

-Ahora tan solo me faltan los muebles. Pero me tendré que esperar hasta mañana para que se pueda secar la pintura – dije triste por no poder acabar del todo mi habitación.

-No te preocupes morena mía. Te vendí la pintura extra rápida – me dijo sonriente. Pero por mi cara de interrogación supuso que no sabía de qué estaba hablando. – Me refiero a que dentro de una hora ya estará todo seco. – esa noticia me alegró tanto que me abalancé sobre él y le llene la cara a besitos. Él simplemente reía a carcajadas.

-Pues a que estamos esperando, vamos a comprar mis muebles – dicho esto nos dirigimos a la tienda de muebles y Mike tenía toda la razón , parecía que la hubiesen puesto en el sitio planeando que la gente no llegase jamás a encontrarla. Después de treinta minutos dando vueltas por el campus, por fin la encontramos. Una vez dentro nos perdimos entre las maravillosas opciones. Pero fiel a mis gustos opte por colores rojos, blancos y negros. A las diez de la noche llegamos a casa reventados, en cuanto entramos por la puerta nos lanzamos sobre el sofá que nos recibió gustoso. Me encontraba feliz, según el señor de la tienda mañana a primera hora los chicos con mis muebles estarían en mi puerta. Esa noticia me hacia inmensamente feliz.

-Oye Mike, porque no te quedas a dormir esta noche aquí? – le pregunté.

-Perfecto, pero donde dormiremos? – preguntó mirando a su alrededor.

-Venga, ven y ayúdame a traer los colchones al comedor, que te parece si hacemos noche de películas? – acabamos dormidos antes que acabase la primera película, realmente el trabajo nos había dejado exhaustos. De momento todo había salido a la perfección, había conocido a gente maravillosa, y entre ellos se encontraba el que sin duda era mi mejor amigo, Mike. Pero lo más interesante es que des de pequeña quise tener un amigo gay y lo busqué, y justamente ahora que no lo buscaba lo encontraba. Porque aunque parezca extraño es verdad, siempre quise un amigo gay.