NADA DE ESTO ME PERTENECE, LA HISTORIA, LOS PERSONAJES Y LAS CANCIONES SON DE DISNEY, YO SOLO ME DIVIERTO HACIENDO ESTOS TEXTOS.
¡Wow! 3 comentarios, 56 hits y 49 visitantes ¡Nunca pensé que sería tanto! De verdad, esto me halago e inspiró. Este segundo capítulo es mucho más largo que el primero, el tercero será más o menos del mismo tamaño. Pueden decirme en los comentarios si les gusta así o la quieren todavía más profunda la historia ¡Eso me ayudaría!
el cap:
Capitulo 2.
Un día común.
El sol alumbraba con sus rayos todos los rincones del reino, era un día realmente hermoso. Muy temprano en la mañana, una bellísima chica de ojos verde intenso y cabello tan dorado como el sol, jugaba en la torre con su inseparable amigo Pascal, un camaleón maestro en el arte del escondite.
Pascal se escabulló por la ventana y se escondió detrás de una maceta, adoptando el color de la misma. Las ventanas se abrieron y la hermosa Rapunzel dijo:
"¡Aquí estás!" pero no pudo ver a Pascal. Sin embargo, sabiendo que estaba ahí, se dio la media vuelta.
"Um… bueno, como creo que no está aquí, seguiré buscando" salió de la vista de Pascal, quien sonrió triunfante al no ser descubierto. No sabía que detrás de él, un mechón de cabello rubio lo atrapo, alzándolo. Rapunzel apareció y lo miró.
"¡Gané! ¿Jugamos veintiséis de cuarenta y cinco?"
La fastidiada mirada de Pascal dijo todo.
"Bueno ¿Qué quieres hacer?"
Pascal señaló la hermosa pradera que rodeaba la torre, como diciendo ¡Salgamos!
"No creo que sea buena idea" dijo Rapunzel "Es lindo estar adentro, y te gusta" le señaló.
Pascal hizo un gesto de desagrado.
"Oh, vamos Pascal, no es tan malo estar aquí adentro" dijo, cargándolo en su mano y entrando en la parte central de la torre.
Siete A.M. un día más empieza
A los quehaceres y a barrer muy bien
Pulo y encero, lavo y saco brillo.
Terminé ¿Qué hora es?
Siete con dieciséis.
Un libro leeré, O tal vez dos o tres
O en mi galería algo pintaré.
Guitarra toco, tejo, horneo y ya no sé
Yo ¿cuando empezaré a vivir?
Rompecabezas, dardos y hacer galletas
Papel maché, ballet, y algo de ajedrez
Alfarería, ventriloquia y velas.
Estirar, Dibujar, O trepar, O coser.
Los libros releeré
Si el rato hay que pasar
Y pintaré algo más
Encontraré un lugar.
Y mi cabello a cepillar y a cepillar
Pero al final siempre vuelvo a aquí.
Yo me pregunto, Pregunto, Pregunto
Que ¿Cuándo comenzaré a vivir?
Las luces que
Deseo contemplar
Cada año en mi cumpleaños están.
¿De dónde son? Ahí quiero ir.
Quizá hoy mi madre
Me permita ya salir.
Triste ¿No? La pobre chica que llevaba una vida entera encerrada en una torre pequeña. Quizá sea la persona que más cosas sabe hacer en el mundo, puesto que, al nunca poder salir, Rapunzel practicaba todo tipo de pasatiempos conocidos con el fin único de matar tiempo.
Soportaba eso bien, pero algo la carcomía por dentro. Dio la última pincelada a su más reciente dibujo, alejándose ligeramente para poderlo contemplar mejor. Era una pieza realmente hermosa. El cielo, pintado de azul oscuro, brillaba por esas hermosas esferas de luz que flotaban como estrellas. Y ella, sentada sobre el más alto de los árboles, las miraba quietamente, maravillándose por su belleza.
¡Ese era su deseo! ¡Su más grande sueño! ¿Acaso no lo merecía? ¿No podía, por un día, contemplar tan magnífico espectáculo fuera de la torre?
Recorrió el lugar con una mirada analizadora. Los únicos libros que tenía ya habían sido leídos miles de veces, las paredes estaban llenas de miles de dibujos ¡Casi no quedaba ningún solo espacio para poder dibujar! La mesa estaba atiborrada de galletas y pasteles, los que había hecho solo ese día y que, ahora, ella debería comer… a menos que Pascal tuviera mucha hambre.
Suspiró ¿Qué haría ahora?
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El enorme castillo del reino se alzaba imponente sobre el pueblo, en una actitud protectora que garantizaba la seguridad de sus habitantes. Los guardias recorrían los pasillos, terrazas y plazas del palacio para mantener seguros sus tesoros y a la familia real.
Pero esos guardias no pudieron ver a los tres ladrones que, saltando los techos del castillo, tenían las claras intenciones de robar algo codiciado. Dos de los ladrones eran altos, fornidos y algo robustos, con cicatrices en sus dos rostros de parecidas facciones. El tercero, era un atlético y delgado joven, muy atractivo, ágil y fornido.
Ese apuesto joven se paró al lado de una chimenea roja, para tener una mejor panorámica del lugar. Los otros dos ladrones fueron a uno de los traga-luces que iluminaban de día todas las salas; al identificar el que buscaban, abrieron con cuidado el vidrio.
"Rider" llamaron al tercero, que miraba el rededor.
"Un momento" contestó.
"¿Qué esperas?" llamó de nuevo.
"Si, ya me decidí" dijo muy seguro "Chicos, quiero un castillo"
"Luego de éste robo, te comprarás tu castillo"
El ladrón jaló a Rider de la camisa, haciendo que éste recordara exactamente lo que venía a hacer. Se ató la cuerda a la cintura y los ladrones lo bajaron por el vidrio removido al interior de la enorme sala, bien custodiada.
El rey y la reina guardaban en esa enorme sala la hermosísima corona de oro con diamantes, rubíes y demás piedras preciosas que le hicieron a su pequeña hijita cuando era bebé. Un total de veinte guardias velaban porque nadie osara tocar ese precioso recuerdo que sus majestades tenían de su única y amada princesa.
Pero Rider y los dos hermanos ladrones no veían el sentimientos que guardaba esa corona, solo veían los tres enormes diamantes finamente cortados que adornaban la parte delantera de la corona ¡Valían millones!
El soldado estornudó.
"Salud" dijo Rider.
"Gracias"
El soldado volteó para agradecer, pero, tras unos segundos, se percató de que esa persona era un extraño. Cuando volteó de nuevo ya no estaba la corona ni Rider, quien ya había sido elevado al techo por los hermanos. Metió la corona en su bolso de cuero y se lo echó encima mientras iban corriendo, bajando los techos del castillo rápidamente para salir corriendo al puente que conectaba al reino con el bosque.
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"Hoy es el día Pascal" decía Rapunzel, mientras guardaba las pinturas en su estuche y miraba al camaleón en su brazo "¡Hoy se lo diré!"
"¡Rapunzel!" llamó una voz proveniente de fuera "¡Deja caer tu cabello!"
"Oh, ya llegó" dijo la rubia chica, agarrando a Pascal y poniéndolo en la pared donde acababa de pintar las hermosas luces flotantes "Quédate ahí y no dejes que te vea" le susurró al camaleón, mientras tocaba la pared para cerciorarse de que la pintura estuviera seca, antes de cerrar las cortinas que la cubrían.
"Rapunzel, no me haré joven esperando aquí" dijo la voz nuevamente.
Rapunzel se asomó en la ventana.
"Ya voy, madre"
Entonces, enganchó un mechón de cabello en el gancho que colgaba justo encima de esa ventana, lanzando el larguísimo cabello hacia el suelo. La mujer lo cogió y se aferró a él mientras Rapunzel la subía.
Esa mujer era la mismísima Gothel, quien lucía más rejuvenecida gracias al poder mágico del cabello que su "hija" poseía. Gothel había educado a Rapunzel como si fuera su verdadera hija, pero claro, con el único y exclusivo fin de poder usar su cabello.
Gothel llegó a la torre y abrazó a Rapunzel.
"Es bueno verte, madre"
"Oh, cariño, yo no podrí hacer esto sin falta cada día de cada semana, ha de ser esto para ti muy cansado"
"en verdad, no es nada"
"entonces no sé que hace que te tardes tanto" Gothel dijo eso tocando suavemente la nariz de su hija, antes de echarse a reír "Es una broma, cariño"
Caminó al enorme espejo, analizó cuidadosamente su rostro, viendo las pequeñas arrugas que se empezaban a formar ahí, la palidez que su negro cabello estaba desarrollando y la flacidez en su cuello.
"Madre, quería decirte…"
"Rapunzel, acércate al espejo" ella hizo lo que le pidió y quedó a su lado, mirando su reflejo "¿Sabes que veo ahí? A una chica fuerte, valiente, muy hermosa y segura de sí misma... ¡Ay, ahí estás tu!" río "solo es una broma, no tomes todo tan en serio, hija"
Eran las típicas bromas que Gothel le hacía. Claro que no eran en realidad bromas. Eran estrategias sucias con las cuales bajaba su autoestima de modo en que así pudiera dominarla por completo.
"Bueno, quiero decirte…"
"Mami está un poco cansada, querida ¿Podrías cantar para mí? Luego te escuchó"
"Oh… si"
Rapunzel inmediatamente colocó en medio de la salita el sillón grande de su madre y a una pequeña distancia el banquito donde ella se sentaba. Sentó a Gothel en el sillón, le dio un cepillo y recogió parte de su cabello para dárselo también. Se sentó en el banquillo y cantó de forma muy rápida.
"Flor que da fulgor, con tu brillo fiel…"
"espera ¿Qué haces?"
Gothel cepillo apresuradamente el cabello y sintió rejuvenecer instantánemanete.
"Rapunzel" la reprendió.
"Bien, mamá. Quiero decirte algo que seguramente no sabes ¡Mañana es mi cumpleaños!" dijo, emocionada.
"No, lo recuerdo bien. Tu cumpleaños fue hace un año"
"Es lo bueno de los cumpleaños, tienden a ser anuales"
Gothel miró a Rapunzel y ella se sentó en el banquillo, más tímida.
"Mamá, cumplo dieciocho, quería decirte lo que quiero de cumpleaños… lo he deseado desde hace varios cumpleaños, pero"
"Rapunzel, habla bien, te ves horrible cuando balbuceas. No hablo en serio eres adorable"
Gothel apretó una de sus mejillas y se paró, yendo a la parte de la cocina. Rapunzel miró a Pascal en el suelo y se animó a decir:
"¡Quiero ver las luces flotantes!"
"¿Qué?"
"Cada año aparecen en mi cumpleaños esas luces que iluminan el cielo" dijo, parándose para recorrer la cortina y mostrándole así el reciente dibujo que Rapunzel había hecho.
"Ah, tu hablas de las estrellas"
"No, he estudiado las estrellas y siempre son constantes" dijo, abriendo una puertita del techo que iluminó el enorme diagrama pintado en el techo de las constelaciones (imagínense qué tan aburrida estaba como para que estudiara las estrellas de esa forma) "Pero estas luches aparecen solo en mi cumpleaños… y se alguna manera, siento que son solo para mí. Quiero verlas, necesito verlas y no a través de mi ventana, si no en persona, ver qué son"
"¿Quieres salir de la torre?, Ah, ay Rapunzel"
Mírate tan frágil como un brote
Un retoño nuevo de una flor
¿Sabes porque estamos en la torre?
"Lo sé, pero..."
Así es, es por tu bien querida.
Este día tan triste ya esperaba
Dejarás el nido, así será. Pero aún no.
"Pero..."
Shh, Créeme amor. Sabia es mamá.
Sabia es mamá, Óyeme atenta
El mundo exterior es cruel.
Sabia es mamá, De alguna manera
Algo saldrá mal, lo sé.
Sucios rufianes, Hiedra venenosa,
Con colmillos o, El mal.
"No."
"Si"
"Pero."
Hombres también, de largos colmillos
No, no más que me atormentas.
Madre está aquí, madre te protege
Mi consejo escucha ya.
No hagas drama, mami te ama
Sabia es mamá.
Sabia es mamá
Mami es tu soporte, sola no subsistirás.
Simple, sin calzar, inmadura, torpe
Viva te comerán.
Crédula, infantil y sin duda lenta,
Parlanchina, ingenua, humm, ves.
Creo que también, algo regordeta
Te lo digo pues te "quieyo".
Madre entiende bien, madre te apoya
Y te advierte nada más.
En ese momento, tras todos los horrores que le mostró a la pobre chica, apareció con los brazos abiertos, a los que Rapunzel acudió presurosa, buscando en ellos consuelo y protección.
"Rapunzel" la llamó.
"¿Si?"
"No vuelvas a desear salir de aquí jamás, ¿oíste?"
"Si, madre."
"Ah, te quiero mucho mi niña."
"Yo te quiero más."
"Yo te quiero aún más."
Si lo olvidas, te castigas
Sabia es mamá.
Dejó a Rapunzel ahí, pensando.
"¡Te veo más tarde, cariño!" le dijo al bajar de la torre.
Y Rapunzel quedó intimidada, más temeroso del exterior que antes y con su autoestima todavía más bajo. Pensaba que su madre tenía razón ¿Porqué no debería tenerla? Ella era su madre y había vivido más cosas de las que ella siquiera pudiera imaginar. La experiencia le había dejado sabiduría ¿Verdad?
Después de todo ella tenía razón. Sola nunca podría sobrevivir fuera de la torre.
¡Fin del capítulo!
Pensaba hacerlo hasta la parte en que Flynn llega a la torre, pero decidí mejor dejar esa parte para otro capítulo y así hacer más larga la historia.
Espero sus comentarios con mucha paciencia.
chao!
