NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES Y LA TRAMA ES DE DISNEY, SOLAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTO.
¡Gracias por todos esos comentarios que me han dejado! Originalmente iba a hacer este capítulo más largo, pero lo acorté para así hacer el fic de más capítulos.
Acepto todo tipo de críticas, sugerencias y opiniones.
Capitulo 3.
Atrapado.
Flynn Rider corría con los hermanos Stabbington por el bosque. Tras mucho correr el cansancio lo venció y se apoyó un poco en el tronco de un árbol. Pegados en el tronco estaban los afiches de "Se busca". Flynn agarró el suyo con mucha procupación.
"Oh, no. Esto está mal ¡Demasiado mal!" gimió. Los hermanos se detuvieron para esperarlo, no por cortesía ¡Si no porque él tenía la corona!
"¿Qué pasa?"
"Mi nariz no es así ¿Verdad?" dijo mostrándoles el afiche, donde aparecía su retrato con una nariz descomunal.
"¿A quien le importa eso?" contestó uno de los hermanos, fastidiado.
"Es fácil para ti decirlo" contestó Flynn, mirando los retratos horrorosos de los hermanos "¡Ustedes salieron perfectos!"
Lamentablemente, ese momento de distracción fue suficiente para que la astuta guardia real los encontrara.
"¡Ahí están!" gritó el capitán. Y Maximus, su caballo, de inmediato comenzó a correr lo más rápido que pudo hacia los ladrones.
Flynn y los hermanos se fueron corriendo pero, para su muy mala suerte, encontraron un enorme muro de piedra. La desesperación comenzó a inundarlos ¡Debían salir rápido de ahí!
"Rápido ¡Súbanme y yo les ayudaré a subir!" dijo Rider.
Los hermanos se miraron entre ellos, pensando.
"Primero danos la corona" dijo uno, tendiendo la mano.
"¿Qué?" dijo muy ofendido "Significa que después de pasar toda la mañana conmigo ¿Aún no confían en mí?"
La mirada de los hermanos dijo todo. Flynn se quitó la bolsa de cuero donde estaba la corona y se las dio.
Los dos hermanos se pudieron uno encima del otro, Flynn los escaló y dio un salto para poder llegar a la cima del enorme muro de piedra.
"Ahora, súbenos" dijo el hermano.
"Lo siento, manos ocupadas" Flynn les mostró la bolsa con la corona. Y se echó a correr.
"¡Rideeeer!"
El grito resonó en el bosque y Flynn solo pudo reír ¡Qué fácil había sido engañarlos! Se veían bien musculosos pero sus cerebros no eran ni por asomo grandes, así pensaba él. Siguió corriendo pero, para su muy mala suerte, se encontró con el capitán de los guardias.
El pobre de Flynn tuvo que recordar las ya lejanas clases de gimnasia para subirse a los árboles. Usó una rama con la que pegó al capitán, quien cayó al suelo completamente inconsciente; se dejó caer del árbol y cayó sentado sobre el caballo, agarró las riendas y dijo de inmediato:
"¡Arre!"
Pero Maximus se detuvo. El astuto caballo, amante de la ley, reconoció al bandido y lo miró fieramente. Bajó la mirada y encontró la bolsa de cuero que colgaba del hombro de Flynn, intentó agarrarla con su boca.
"¡Ah, no, caballo malo!" dijo Flynn.
Viendo que Maximus quería la bolsa ante todo, Flynn la colocó frente a los dos de modo en que el caballo cabalgara involuntariamente al seguir la bolsa. Pero Maximus era más listo que cualquier otro animal o caballo común. Entendiendo rápidamente su juego, se las ingenió para hacerlo caer de su montura al hacer saltos muy bruscos. Flynn cayó con la bolsa y Maximus quiso agarrarla, pero por desesperado intento de quedarse con ella, Flynn inició una maniobra de defensa que culminó en una lucha contra el caballo por la corona; el resultado fue la bolsa salió volando hasta caer en el árbol casi caído del precipicio.
Ambos se echaron a correr para ser el primero en coger la bolsa de cuero. Tumbándose entre los dos y haciendo jugadas sucias, ambos llegaron al tronco y consiguieron coger la bolsa. Pero sus movimientos de pelea mutua hicieron que las débiles raíces se rompieran, y el árbol cayó.
¿Qué si sobrevivieron? Si, y de puro milagro. Cayeron en lugares separados y Flynn tenía la bolsa en mano. Al escuchar los pasos de Maximus acercarse en su intento se rastrearlo, buscó un escondite. Y encontró una cortina de Julietas* que cubrían la entrada a una cueva secreta.
Flynn, escondido en esa cueva, pudo ver un rayo de luz solar provenir del otro extremo. Entonces se percató que eso no era una cueva ¡Era un túnel!
Sorprendido, caminó hacia el final del túnel, donde encontró una depresión profunda cubierta de pasto, con una cascada al fondo y una pequeña laguna de agua cristalina. Alzándose en medio del prado, una torre de piedra rosada cubierta con plantas acaparaba toda la atención del ladrón. ¿Qué haría esa torre ahí?
Una sonrisa apareció en su rostro al ocurrírsele una brillante idea: Esconderse ahí. ¿Quién encontraría ese lugar? ¡El, de pura chiripa! Estaría a salvo sin duda por unos días ahí dentro.
Caminó y rodeo la torre, pero no encontró ninguna sola puerta. Extrañado, sopesó la manera de subir. Cogió dos flechas y las usó para escalar la dura piedra de granito. Llegó finalmente a la ventana de madera pintada—muy bien cuidada, por cierto—y entró en la torre. Cerró la ventana y suspiró aliviado ¡Ya no había nada que temer!
Agarró entonces la bolsa de cuero que colgaba de su cuello.
"Ahora solo estamos tú y…" no pudo terminar la frase, por el tremendo golpe que recibió en la cabeza y le hizo caer al suelo, inconsciente.
Rapunzel soltó un gritito de pánico al verlo caer. Pascal, en su hombro, se mostraba menos ecuánime que de costumbre; mostraba incluso cierto asombro ¿Cómo había llegado ese hombre ahí? ¿Quería su cabello? ¡Nunca se lo daría!
Pero… dejando detrás el pánico primero… ese era el primer hombre al que veía en TODA su vida. Y era… ¿apuesto? Si… lo vio ahí, tirado en el suelo, desmayado, con un mechón de cabello cubriendo su rostro. Usó el mango del sartén que tenía en la mano para poder apartar el cabello y ver su rostro. Tras comprobar que no tuviera horribles colmillos afilados, pudo ver una simetría tal en su rostro que la dejó muy cautivada. Ciertamente, el hombre era muy atractivo.
Pero el encanto se rompió cuando abrió los ojos. Instintivamente, Rapunzel empuñó su sartén y le dio otro golpe aún más fuerte en la cabeza… quedó de nuevo inconsciente.
Tras miles de ideas y opciones en las que, de pura suerte, a Flynn no se le rompieron los huesos ni sus manos, Rapunzel pudo meter al hombre en su armario y dejarlo ahí, encerrado.
"Bien" dijo "Hay un hombre metido en m armario… capturé a un hombre en mi armario" dijo muy orgullosa de sí misma ¡Lo había conseguido! ¡Se había defendido! Vio su reflejo en el espejo "Que no sé cuidarme sola allá fuera ¿No, madre?" pronunció mientras giraba el sartén en su mano, que le dio un pequeño golpe en la cabeza.
Y con ese golpe se le vino a la mente una idea: ¿Por qué no mostrarle a su madre el gran trabajo que había hecho, encerrando en su armario a ese hombre extraño? ¡Así podría Gothel llevarla a ver las luces flotantes! No había excusa. Rapunzel, con ese acto había ya demostrado que podía defenderse muy bien ella sola. Y la prueba era ése hombre encerrado en su armario.
En el espejo pudo ver un haz de luz. Ella buscó de dónde provenía ese brillo y encontró la bolsa de cuero tirada en el suelo. Esa que era de Flynn. Sacó de su interior una bellísima corona atiborrada de joyas. Se puso ante el espejo y, en un acto instintivo, se puso la corona sobre su cabeza. Una voz susurraba dentro de su cabeza que ahí era a dónde pertenecía. Pero sonaba tan lejana, tan distante, que no pudo entenderle bien; la corona despertaba en ella ciertas emociones lejanas.
"¡Rapunzel, deja caer tu cabello!"
La sorpresa la asustó un poco.
"Ya voy" gritó, mientras escondía la corona y la bolsa de cuero en el jarrón.
Inmediatamente corrió a la ventana y dejó caer un mechón de dorado cabello al suelo, que su madre atrapó.
"Tengo una sorpresa" canturreó Gothel.
"Yo también" contestó Rapunzel.
"Sí, pero la mía es mejor" dijo Madre.
"Lo dudo" susurró Rapunzel tan bajo que Gothel no la escuchó.
Ella llegó a la torre y dijo bastante animada.
"Ay, Rapunzel, traje todo para hacer una crema de avellanas ¡Tú favorita! Es que detesto irme después de haber discutido y más cuando yo no tuve ninguna culpa"
Gothel caminó hacia la mesita donde puso la cesta para ir sacando la comida que recién había comprado.
"Mamá, tengo que decirte algo" dijo Rapunzel bastante emocionada.
"Espero que no tenga nada que ver con lo de las luces flotantes" contestó Gothel.
"Bueno, si, tiene que ver, pero…"
"Porque te dije que no quería volver a hablar de eso, cariño"
"Pero mamá, es que tienes que…"
La mano de Rapunzel estaba a punto de tocar la perilla del armario para abrirlo, y revelar al hombre encerrado. Pero…
"¡Ya basta, Rapunzel!" gritó Gothel "¡Olvida las luces! ¡Nunca saldrás de esta torre!"
Rapunzel se quedó quieta, estática, al ver la furia de su madre. Se alejó entonces del armario, con sus grandes ojos muy abiertos.
"Genial, ahora yo soy la mala" dijo Gothel, tumbándose en la silla.
"Iba a decirte que… "calló abruptamente ¿Para que decirle? Nunca la iba a dejar salir. Podía aprovechar mejor la captura de ese hombre. El plan se trazó en su mente de una forma rápida, solamente quedaba un cabo suelto: deshacerse de su madre. Y la idea de cómo le vino tan rápido como el plan. "ya sé que quiero para mi cumpleaños" dijo Rapunzel.
"¿Y qué quieres ahora?"
"Pintura. Una vez me trajiste pintura de caracol"
"Pero ese es un viaje muy largo, lo sabes Rapunzel, un viaje de tres días"
"Pensé que era mejor idea que las luces"
Gothel se paró y caminó hacia su hija.
"¿Podrás cuidarte sola?"
"Si madre, mientras me quede aquí estaré segura"
"Te quiero mucho, mi niña"
"Yo te quiero más"
"Yo te quiero aún más"
Y tras decir esto último, Gothel partió a su viaje de tres días en búsqueda de la pintura.
Rapunzel miró hacia atrás, al armario al fondo de la torre donde estaba ese hombre encerrado. Suspiró: era ya la hora de empezar.
En el próximo capítulo empezará la travesía de esta singular pareja. Y claro que agregaré la canción de los bandidos en el bosque ¡me encanta esa canción!
chao!
