7. Empiezan las clases y empiezan las peleas.
Después de unos días después de la fiesta, en los que intenté evitar a Edward lo máximo posible, llegó el primer día de clases. En estos momentos podía decir que era oficialmente una universitaria.
Me encontraba tendida sobre la cama esperando a que sonase el despertador para empezar a arreglarme, pero decidí que ya era hora de levantarse antes que mi propia mene me jugase una mala pasada haciendo planes para el curso. Los nervios del primer día prácticamente me habían tenido todo el día anterior histérica, por lo que mucho antes de la hora normal para acostarse me tome unas pastillas para el resfriado que me dejaban dormida en cuestión de segundos. Era la primera vez que utilizaba pastillas para conseguir dormirme, pero era una situación y un momento en el que lo necesitaba completamente, porque sino me tiraría toda la noche dando vueltas en la cama y me levantaría con unas enormes y feas marcas azules bajo mis ojos. Pero el acostarme tan temprano me trajo la consecuencia de levantarme dos horas antes de lo planeado.
Por ese motivo me encontraba a las seis de la mañana bajo el grifo de la ducha, intentando despejarme completamente. Al salir del baño, me asomé al balconcito que tenía en mi dormitorio y comprobé que todavía hacía mucho calor. Si apenas a las seis de la mañana hacia esta calor significaba que hoy sería un día bastante caluroso.
Me dirigí hacia el armario y después de observarlo y de removerlo todo decidí ponerme una linda camiseta blanca con alguna flor, unos pantaloncitos tejanos cortos con flores dibujadas y una gran pulsera color verde lima. Y en los pies hoy me pondría mis cuñas azules y blancas. (ver perfil). Con todas las cosas preparadas fui a la cocina y tranquilamente me preparé unas ricas tostadas con mermelada y un vaso de leche fresca. Justo cuando estaba acabando de fregar los utensilios de la cocina que había ensuciado mientras desayunaba, entró Ángela en pijama y por la cara que traía seguramente se acababa de despertar.
-Buenos días compañera – le saludé y le di un besito en la mejilla como saludo de buenos días.
-Hola Bella, cuanto rato llevas despierta? – preguntó observándome detenidamente.
-Pues ya llevo un ratito, es que ayer me acosté me acosté muy temprano y hoy no podía aguantar más tiempo en la cama – le expliqué. – Bueno guapa me voy a arreglar que el primer día hay que dar buena impresión. – le dije picándole con el dedo el estómago, provocando que estallase en carcajadas ya que era su punto débil de cosquillas.
Una vez en mi cuarto me puse la ropa que anteriormente había preparado y que únicamente tenía que ponérmela. Al hacerlo me di cuenta que junto con los zapatos me veía increíblemente bien. Orgullosa de mi cuerpo y del resultado final de mi ropa, me dirigí al espejo donde los treinta minutos siguiente los pasé maquillándome, de una manera que el maquillaje resaltase mis virtudes y todos aquellos rasgos y facciones que me hacían ver sexy, peor que a la vez no se notase mucho para darle un toque de naturalidad a mi rostro. El pelo fue otro tema totalmente diferente. Después de hacerme una infinidad de recogidos opte por alisarme el flequillo de lado y ondularme el resto del pelo para acabar recogiéndolo en un precioso recogido que dejaba caer el pelo sobre mis hombros (ver perfil).
Una vez estuve totalmente lista, con la mochila preparada y físicamente divina, salí del dormitorio topándome con los escrutiñadores ojos de mi amiga Rose que al verme vino corriendo hacia mí y me abrazó.
-Estas preciosa Bella – me dijo mientras las dos nos agarrábamos de las manos y dábamos saltitos.
-Tú también estás divina, ya verás como hoy tu querido novio no te soltara ni aunque se lo ruegues cuñadita – le dije guiñándole el ojo. Desde la fiesta en el departamento de Edward, rose y mi hermano Emmet habían empezado a salir, provocando que en el grupo de amistades ya hubiese una pareja, pero por las miraditas de Ángela con vez a mi me parece que dentro de poco serán dos parejitas.
-Morena mía, que te parece si nos encaminamos hacia las aulas? –dijo mirando su reloj. – Por cierto y Ángela? – preguntó.
-Hace unos diez minutos se ha ido porque había quedado con Ben para ir juntos a clases – dije mirándola mientras movía las cejas sugestivamente. - Espera un momento que voy a coger mi móvil y ya nos vamos. Al entrar en mi cuarto me di cuenta que mi blackberry estaba sonando pero al coger el teléfono tansolo se escucho un suspiro y se cortó la llamada. Aquello, había sido muy extraño, pero no le di importancia y salimos rumbo a la facultad.
Como era mi primer año, Rose me acompañó hasta la puerta de mi aula y allí nos despedimos con un abrazo. Al entrar me encontré el aula llena y me tuve que sentar al lado de un chico muy blanco de piel con el cabello castaño y unos lindos ojos azules. Pero lo que más le caracterizaba como a mi hermano Emmet era su cuerpo bien musculado. En cuanto me senté me sonrió y se giró hacia mí.
-Hola mi nombre es Demetri, pero los amigos me llaman Dem – dijo amablemente extendiéndome la mano. Gustosa se la acepté y nos estrechamos las manos como signo de saludo y presentación.
-Hola, mi nombre es Isabella, pero prefiero que me llamen Bella. Encantada de conocerte – dije coquetamente. Él abrió la boca para decir algo pero la voz del profesor nos hizo volver a la realidad y concentrarnos en nuestra primera clase como universitarios.
Cuando el timbre sonó me encaminé hacia la puerta para asistir a mi próxima clase, pero una mano me detuvo y me hizo voltearme.
-Había pensado que como vamos a hacer las mismas clases, podríamos ser amigos e intentar pasar el mayor tiempo posible juntos. Me entiendes? No quiero parecer pesado ni agobiante, simplemente me gustaría ser tu amigo – dijo mirándome nervioso. Ahora que me fijaba de cerca Dem era un chico muy hermoso, por lo que acepte encantada su proposición.
-Pues venga, nuevo amigo, que si no vamos ya, llegaremos tarde – dije agarrándome de su brazo y entre risas y conversaciones llegamos a la siguiente clase.
A su lado la mañana se me paso de lo más deprisa y cuando me di cuenta ya era la hora de juntarme con los chicos para comer. Por lo que se me ocurrió una maravillosa idea.
-Dem que te parece si comes conmigo – cuando dije esa parte se le iluminó el rostro – y con mis amigos – puso un gesto de desilusión que no entendí. – es que había quedado con ellos para comer y me encantarías que te unieras al grupo – le supliqué.
-Vale morena, iré. Pero porque me pones esa carita eeh – dijo bromeando.
Justo cuando entramos en la cafetería un montón de miradas cayeron sobre nosotros, pero sin molestarnos en prestarles atención nos dirigimos a la barra para pedir la comida y antes de poder darme cuenta me encontraba sentada en una mesa con todos mis amigos y Dem incluido, quien se había llevado muy bien con todos. Estábamos riendo y bromeando, Dem y yo estábamos muy cerca el uno del otro, cuando de repente Dem ya no estaba a mi lado sino que se encontraba en el suelo. En ese momento estaba totalmente confundida por lo que había pasado, pero un gruñido me sacó de mi ensoñación y me dirigí a levantar a Dem. Al voltearme para encarar al que le había hecho eso a mi amigo, me tope con unas orbes esmeraldas que me observaban con una mezcla de dolor, rabia y de un sentimiento que no supe descifrar.
-Intentas parecer ser diferente, pero eres igual a ellas. – me chilló, provocando que toda la cafetería se quedase en silencio a la expectativa de la pelea.
-Pero que estás diciendo, que te pasa Edward – intente acercarme a él para tranquilizarlo pero el me miró reprobatoriamente.
-No te acerques a mí. Eres una cualquiera. El otro día me estuviste provocando y ahora en cuanto me doy cuenta ya tienes a otro con el que entretenerte – me dijo con todo el odio que llevaba en su interior. Pero no soporté sus palabras y le di una sonora cachetada, mientras las lágrimas por sus palabras se escapaban de mis ojos. No entendía como un chico al que hacia tan poco tiempo que conocía me afectase tanto Por eso decidí salir corriendo, antes de romper a llorar frente a todos.
Corrí hacia mi dormitorio y me encerré, allí me desahogué. Continuaba llorando con la cabeza enterrada en la almohada, cuando unas caricias me hicieron sacar la cabeza de donde la tenia escondida para ver quien estaba allí conmigo. Se trataba de Dem, quien me miraba preocupado.
-Que ha pasado, princesa? – me preguntó.
-Pues en verdad no lo sé. No sé que ha pasado para que se comporte de esta manera contigo y a mí me haya dicho lo que me ha dicho – dije cabizbaja.
-Haber vamos a empezar desde el principio. Cuando lo conociste? – preguntó, me acomodé en la cama y empecé a explicarle.
-Pero entonces según lo que me has explicado no pasó nada entre vosotros. Aunque él en cierta forma se te declaro – reflexionó.
-Pero tiene novia – dije moviendo los brazos.
-Quieres saber lo que yo creo? – Preguntó, y asentí – yo creo que le ha dado un ataque de celos cuando nos ha visto tan cerca- en cierta parte su teoría era lógica y probablemente posible. Pero había una parte que me decía que una persona tan perfecta se pudiera poner celoso en lo que a mí respecta. Además el tiene novia. Porque no se va con ella y me deja tranquila?
-Mira Bella, yo no quiero tener problemas con nadie y menos por una chica. Básicamente porque yo no estoy enamorado de ti ni jamás lo estaré. – esas palabras me dejaron un poco extrañada. – me refiero a que Mike ya no es el único gay del grupo. – confesó tapándose la cara con las manos por la vergüenza.
-Ahhh! Eres gay – dije dando botes por toda la habitación.
-Bella tranquilízate. Oye tenemos que hacer algo para que Cullen te suplique perdón por sus palabras de rodillas. – me dio una idea para el plan perfecto contra el chulo de Cullen. Las cosas no iban a acabar así, Edward no sabía con quien se estaba metiendo.
