NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTA HISTORIA.

Y al fin llegué a la tan esperada cita entre Eugene y Rapunzel. Solo que no pude agregarle la canción. Eso lo verán en el próximo capítulo ^^

Revisión de Comentarios:

Aylin: me agrada bastante que la historia de haga sentir de esa intensa manera las emociones ¡Eso significa que estoy haciendo un buen trabajo!

Princess Tirya: Créeme, he querido actualizar NWNL desde hace tiempo, así como otras de mis historias de Avatar, pero he tenido problemas con fanfiction que no sé a qué se deban. Escribir es una de mis pasiones y ¡muchas gracias!

Ari Thermaian: apresuré la redacción por ti, es la verdad. Espero que este capítulo te guste :)

gold crystal: Estoy intentando tomar en cuenta tus recomendaciones. En este capítulo me tomé mayores libertades.

TheFannishaUsui: No he visto la película, aunque me gustaría, dicen que es buena. Y muchas gracias por tu comentario.


Capitulo 8.

No hay guía mejor que Eugene.

POV normal.

El sol resplandecía cómodamente en las primeras horas de la mañana, momento en el que no era tan picoso como para calar ni tan débil como para sentirse frío. El momento exacto de comodidad térmica.

Bajo este amparo de ambiente fresco, Eugene y Rapunzel dormían en lados opuestos de la fogata que los mantuvo calientes durante la noche anterior. Eugene recostaba su cabeza sobre las manos, su cuerpo relajado era sinónimo del profundo letargo que aún llevaba. En sus sueños, él vestía una capa imperial, dentro de un amplio salón lujosamente decorado; oro y joyas por doquier así como mujeres y amigos. El sueño que siempre deseó.

"¿Desea más vino, mi señor?" preguntó una morena candente, inclinándose a sus pies con una seductora sonrisa mientras le tendía la jarra plateada llena de vino egipcio.

"Eso y más" respondió, sonriéndole mientras le mostraba su copa vacía. La morena llenó la copa de vino y se inclinó para besarle la mejilla "Este es mi paraíso" dijo, reclinándose sobre el mullido sofá al tiempo en que bebía cómodamente su embriagante bebida.

"Y el nuestro" respondió una pelirroja. Eugene solo sonrió. Sintió entonces una gota de su vino caerse y mojarle la mejilla "¡Bah! No importa" dijo a las mujeres "¡Guardias, música por favor!" los hombres tras de él se movieron obedeciéndolo. Entonces, todo se tornó irreal y borroso.

Sintió otra gota caer en su mejilla y el palacio entero desapareció, llevándose las riquezas, mujeres y lujos. Extrañado, abrió los ojos. Solamente vio a un caballo blanco empapado, mirándolo furioso.

"Oh… espero que quieras disculparte" cerró los ojos para soñar nuevamente con su paraíso, su sueño cumplido. No fue el caso.

La hermosa rubia llamada Rapunzel que dormía soñando con las millones de luces rodeándola, en un resplandor cálido y envolvente que la elevaban hacia la misma luna para tocarla; despertó bruscamente de su sueño ante el agudo grito del mejor ladrón en el Reino.

Sobresaltada, se incorporó, viendo el rededor. La figura de Eugene era arrastrada por el caballo, quien le mordía ferozmente un pie para llevárselo. Inmediatamente se levantó para ayudarlo, agarrando su mano y jalándolo hacia ella.

"¡Suéltame!" decía el chico, considerando la fuerza con que caballo y mujer lo jalaban, se pensaría que les decía a los dos. La bota se le salió y los tres cayeron ante la fuerza de la inercia.

El blanco caballo se levantó primero y amenazaba otra revancha, pero Rapunzel fue más rápida y se colocó frente al animal.

"¡Hey! Tranquilo… no, no ¡No! Quieto… eso es… calmado… tranquilo" el furioso animal finalmente se relajó gracias a los penetrantes ojos de Pascal quien, posado sobre la cabeza de Rapunzel, lo calmó.

"Ahora sentado" le ordenó, claro que el caballo no hizo nada en primera instancia "siéntate" sonó más firme y el animal obedeció "Suelta esa bota… obedece" aunque renuente, hizo lo que exigió. Rapunzel entonces se le acercó para acariciarlo "Oh… ¡Buen chico! que lindo que eres ¿Estás cansado de perseguir al hombre malo por el bosque?"

"¿Disculpa?" Eugene se ponía la bota, incrédulo ante esa afirmación ¡El caballo era el malo, no él!

"¡Jamás aprecian lo que haces!" ella lo ignoró, el caballo únicamente hizo ademán afirmativo. Rapunzel lo abrazaba conciliadoramente.

"¡Ay por favor!" replicó el ladrón "¡Es un caballo cruel!"

"claro que no" respondió "es adorable, cariñoso ¿No es así, Maximus?" repitió el nombre que colgaba del cuello del caballo, aparentemente era el correcto, porque el animal relinchó.

"Es un chiste malo"

"Oye" dijo ella "Sucede que este es un día muy importante. Verás, lo necesito para que me guíe ¿Podrían no arrestarlo por ahora?" Maximus se puso a la defensiva "¡Sólo por veinticuatro horas! Luego se siguen correteando por el bosque todo lo que quieran ¿qué dices?"

Eugene resopló.

"De acuerdo" Maximus estaba tan renuente, que Rapunzel usó la otra estrategia

"Y es mi cumpleaños, solo quería decirte"

Finalmente, el caballo extendió su pata. Ladrón y policía se tendieron la mano/pata cerrando el acuerdo. Pero a Rapunzel eso le dejó de importar. Su vista capturó algo mucho mejor.

Caminó, asombrada, su rostro pintándose con una sonrisa enorme. Delante de ella, estaba el bellamente decorado puente que unía al bosque con el reino. La isla estaba rodeada de muelles que, a su vez, tenían miles de barcos desembarcando o por el contrario, elevando anclas para seguir su rutina diaria. Las redes llenas de peces que sacaban los pescadores eran vaciadas y colocado el animal en cajas, llevadas prontamente al mercado. Otros barcos traían telas preciosas, joyas o especias que igualmente serían vendidas.

Los muelles se conectaban a través de calles que se adentraban al pueblo. Ya más adentro, cada cierto espacio había grandes fuentes, plazas, arcos, más puentes peatonales. Las casas a orillas de las calles eran acogedoras con solo verlas. Y los puestos de los diversos mercados pequeños abundaban de frutas, pan, dulces y telas.

Alzándose imponente sobre esa cotidiana vida, el enorme palacio real resplandecía bajo la luz del sol, símbolo del reino. Era gigantesco, lo más grande que Rapunzel jamás hubiera visto. La enorme estructura que asemejaba a una casa gigante hecha de piedra estaba rodeada de terrazas finamente decoradas y torres como la de ella, pero aún más grandes y estilizadas. La altura de éstas hacía parecer que anhelaban tocar el cielo. Su majestuosidad le pareció asombrosa pero, extrañamente, conocida. Algo en el interior de ese palacio la llamaba a gritos, invitándola entre suaves voces a conocer el reino y el propio castillo.

"¡Ved esto! ¡Véanlo!" gritó emocionada, mirando a Eugene mientras corría como niña alegre hacia el pueblo, atravesando el puente.

Llegó, notó que todo estaba alegremente decorado ¡Cómo si fuese a haber una fiesta! Cruzando de casa en casa justo encima de ella, había listones de los que colgaban banderines morados con el sol dorado en el centro. Listones más grandes y brillantes de esos dos colores adornaban las esquinas de cada calle y algunas ventanas en casas y puestos. Personas yendo y viniendo de un lado al otro llevaban encima prendas decoradas con soles dorados o de un color morado con bordados amarillos. Sonreían y charlaban amenamente mientras compraban o llevaba productos a sus casas.

"¡Es tan hermoso!" dijo ella "¿No es así, Pascal?" el camaleón se asomó desde su cabello y la miró con una sonrisa, como si afirmara lo que ella decía. Iba a caminar para adentrarse más cuando sintió que alguien le estiraba el cabello "¡Ay!" gritó, cuando lo hicieron nuevamente pero más fuerte, jalándola hacia atrás.

Volteó y vio a las personas caminar, pisando accidentalmente su cabello. Eugene ya había empezado a recoger buena parte de éste mientras ella hacia lo mismo.

"Muy bien" dijo él "Esto será un problema"

"¿Cómo hacemos para llevar mi cabello?"

Eugene volteó, como si buscara la respuesta. Sonrió enormemente y Rapunzel supo que la encontró. Volteó hacia donde el miraba y notó a varias niñas trenzándose el cabello.

"¡Oigan, pequeñas!" las llamó. Ellas levantaron la mirada y Eugene les sonrió "¿Quieren trenzarlo?" mostró la extensa cabellera dorada de Rapunzel y las niñas sonrieron emocionadísimas.

"Creo que eso es un sí"

"¿Tú crees?"

Corrieron y no tardaron en llegar a su lado.

"¡Con mucho gusto!" dijeron al mismo tiempo. Una, la que parecía ser la mayor, agarró la mano de Rapunzel y la guió hacia la fuente.

"Siéntese aquí en lo que trabajamos"

"Como digas" sonrió al ver la ilusión de las pequeñas.

Una fue por una cesta llena de flores mientras las demás dividían el cabello. Saltaban y cantaban mientras lo acomodaban para trenzarlo, usando las flores para decorar la trenza y además sostenerla. Rapunzel solamente esperaba de manera paciente, viendo a la gente que pasaba y veía sorprendida la extravagante cantidad de cabello que tenía la rubia.

Eugene se recargó y observó a las niñas hacer la enorme trenza. Se escondía de vez en vez cuando algún policía o guardia pasaba demasiado cerca. Pronto, Rapunzel se paró y miró su trenzado cabello, agradeciendo a las niñas tan bello trabajo. Él no miró más de dos segundos el recogido y cabello adornado con flores, pues ver los verdes ojos de la chica iluminados por la felicidad capturó de lleno su atención. Rapunzel lucía hermosa.

En medio de sus cavilaciones, Eugene vio a Maximus hacer una expresión de coqueteo que no le agrado en lo más mínimo.

"¡Eugene!" lo llamó "¡Ven rápido! Debemos recorrer el lugar ¡Se ve precioso!"

"¿No se supone que yo soy el guía?" replicó.

"Pues se está tardando en guiarme, señor"

"Ven conmigo"

Le tendió la mano y ella la aceptó gustosa.

"Dime ¿Cómo qué quieres ver?"

"¡Lo que sea!"

"Mmm… ¿Te gusta leer?"

"Sí"

"Bueno, vamos"

Caminaron solo dos calles y llegaron a la librería más grande del pueblo, ésa en la que el mismísimo rey encargaba los libros para el Palacio. Rapunzel se quedó sin habla al ver los estantes extenderse a lo largo del edificio atiborrados todos de libros coloridos y de diferentes tamaños. El encargado les dio una veladora y los dejó disfrutar del lugar.

"¡Mira qué de libros! Jamás había visto tantos…"

"¿Nunca?"

"No"

"Aquí encontrarás de todo. Digo, no soy muy dado a la lectura, pero sé que éste es el mejor lugar para encontrar libros"

Rapunzel no escuchó lo último, porque ya estaba recorriendo los pasillos, leyendo los lomos para saber los títulos y alguna que otra reseña en la parte trasera de la cubierta. Se maravillaba con la exquisita decoración de los bordes y aquellos que tenían ilustraciones por portada.

"Pascal ¿Apoco no es precioso?" el camaleón miró el dibujo de la niña rubia y sonriente en la portada del libro y asintió "¡Cómo me encantaría tener libros así en la torre!"

Eugene solamente la miraba. Fuera de "Las Aventuras de Flynnegan Rider" no había leído muchos libros en realidad, por no decir ninguno. La lectura no despertaba en él esa pasión tan abrasadora que acometía a Rapunzel en esos momentos. Fue una experiencia curiosamente gratificante el verla ahí, esbozando una sonrisa ilusionada mientras veía material por material, leyendo algunas páginas y pasando de pasillo en pasillo. Buscando ¿Qué cosa? No lo sabía. Quizá solo conocer.

"¡Oh, éste se ve precioso!" dijo de repente "Pero éste también… no ¡Éste es mejor! O… ¡Espera! Que lindo dibujo…"

"Algo me dice que la lectura te apasiona"

"¿Tú crees?"

Se encogió de hombros.

"Sólo digo" luego agregó "¿No tienes hambre?"

"Poca"

"¿No quieres comer?"

"Pero… ¿Y todos los libros que me faltan ver?"

"O ves esos libros o el demás pueblo"

Rapunzel hizo un puchero.

"¡No es justo!"

"La vida es así"

Rapunzel agarró a Pascal, poniéndolo sobre su hombro mientras casi aventaba los libros hacia los estantes; haciendo un mohín y cruzando los brazos, salió de la librería atrás de Eugene.

"No haga rabietas, rubia bonita"

Ante el halago, Rapunzel sonrío con ganas y lo miró. Eugene entonces se percató de lo que había dicho. Y le ocurrió algo que jamás le había pasado: se puso nervioso frente a una mujer.

"Bueno… sí este… caminemos… hacia allá ¡Allá venden comida! Claro…" Rapunzel se sonrojó. Maximus apareció atrás de ella y caminaron siguiendo las indicaciones de Eugene.

"Dos calles más y llegamos" le dijo.

"¡Mira!"

Cuando volteó, vio a Rapunzel prácticamente correr hacia una pequeña explanada donde varios niños usaban tizas para hacer dibujos en el suelo. Recordó entonces que, cuando estaba prisionero en la torre, notó todas las paredes abarrotadas de preciosos dibujos y decorados. Ahora sabía quién los hacía.

Mientras compraba tizas para que Rapunzel dibujara—usando el dinero que tenía guardado de sus robos y ante las súplicas de la rubia—sintió algo de lástima por esa mujer. Tan exquisita criatura, talentosa y bondadosa, prisionera dentro de un lugar toda su vida, haciendo toda clase de cosas para que el tiempo pasara. Se sorprendió a sí mismo cuando descubrió el recién surgido anhelo de verla sonreír a cada rato, esas ansias de hacerla feliz al menos por ese día ¿Qué le pasaba?

Con las tizas en mano, Rapunzel se inclinó y comenzó a dibujar. Las miles de emociones que ese día comenzaron a inundar su corazón emergieron a través de los trazos. La emoción de conocer un mundo que miles de veces imaginó era abrumadora. Toda esa gente sonriendo, las miles de maravillas que rodeaban un solo reino y que no la dejaban de sorprender. Además, estaba Eugene.

La cordial manera en que el chico la llevaba tratando todo el día no dejaba de sorprenderla y despertaba en ella cierta calidez en su interior que hasta entonces nunca había sentido. Una confianza especial comenzó a surgir, para con él, una sensación de conocerlo más a fondo y escuchar seguidamente esos halagos hacia ella.

"Eugene, necesito más tiza morada" le dijo. Inmediatamente le tendió lo que le había pedido y ella continuó dibujando.

Eugene miraba aquella obra de arte que en minutos creaba la chica. Por que eso no era un dibujo cualquiera como los que hacían los demás niñitos. Muchas personas se paraban para admirar esa exquisitez de obra que Rapunzel por diversión estaba haciendo. Y no se podía esperar menos.

La chica se paró y miró su dibujo terminado. Personas aplaudieron ante ese precioso sol envuelto en lo que asemejaban pétalos de flores divinamente estilizadas. Se expandían en delicadas curvas hechas con una fluidez impresionante. Ella era impresionante.

"¿Podemos ya ir a comer?"

"¿Qué? Ah, si"

Caminaron, pero Rapunzel se entretenía con cualquier cosa. Tanto miraba la chica los banderines que cubrían el pueblo, que Eugene le compró un pañuelo morado con el símbolo de sol dorado en el centro. Rapunzel quedó maravillada con el pañuelito y hasta le dio a Eugene un beso en la mejilla a modo de agradecimiento.

Eugene se tocó la mejilla besada mientras miraba a Rapunzel caminar entre saltos y risas, descubriendo ese mundo del que siempre estuvo apartada. El corazón le palpitó más rápido que nunca antes y se sintió satisfecho consigo mismo y experimentó una sensación de felicidad impresionante.

Llegaron a los puestos. Mientras Eugene compraba pan y queso, Rapunzel notó que había un marco con el dibujo de una familia hecho en mosaico. Debajo de la obra, que mostraba a lo que parecían ser los reyes con una bebé, había una niñita dejando unas flores mientras explicaba a su hermano menor:

"Es para la princesa perdida"

"¿Princesa perdida?" Rapunzel repitió las palabras en voz baja. Miró al bebé que sostenían los dos reyes. Y le pareció que hacia mucho, mucho tiempo, había visto esa misma cara, pero ¿Dónde?

Pensaba en eso cuando una música llamó su atención. Miró a los músicos parados en la esquina, empezando una canción. No pudo evitar ir hacia ellas y comenzar a bailar según el ritmo de la melodía ¡Era la primera vez que no bailaba sola! Fue demasiada su emoción. Jaló a cada persona que se le acercó para que se uniera a su danza.

Se reunió pronto una gran cantidad de gente, que empezaron a hacer pasos que aprendió rápidamente. Era como una danza sincronizada que no tardó en comprender y pronto empezó a llevar todo el baile. Vio a Eugene, con pan y queso, mirándola con una sonrisa.

"Ven" le dijo.

El chico movió la mano diciendo que no. Pero Maximus lo empujo y cayó en medio de la pista, donde pronto los demás se empeñaron en que uniera al baile.

La danza de parejas comenzó. Rapunzel quería bailar con Eugene, pero siempre que se le acercaba alguien más la agarraba, y Eugene parecía tener el mismo problema. Éste pensaba en que tan especial era aquella rubia, que alegraba con tanta naturalidad a las demás personas. Todos a su alrededor se veían felices. ¿Cómo hacía eso?

Finalmente, entre el compás de la música y los pasos de baile, Rapunzel y Eugene quedaron juntos, abrazados, mirándose de manera profunda uno al otro. Por un segundo, el tiempo se detuvo y solamente quedaron ellos dos. La estridente alegría que los rodeaba no era nada comparada con esa sensación de bienestar y plenitud que inundó sus corazones cuando sintieron sus manos entrelazadas.

Los aplausos los devolvieron abruptamente a la realidad. E inmediatamente se separaron. Eugene notó que el crepúsculo estaba iniciando.

"Ya casi es hora" le dijo.

El rostro de Rapunzel se iluminó, como nunca en toda esa noche.


Hice lo mejor que pude para recrear un escena acortada y pasada entre fragmentos de la canción de fondo. Espero que lo disfruten. Y prepárense, porque en el próximo capítulo habrá mucho, pero mucho más romance.

¡Los comentarios se agradecen! xD

nos leemos!

chao!