NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTA HISTORIA SIN FINES DE LUCRO.

¡Hola! Ya sé que tardé milenios en actualizar, pero como sabrán (quienes no ahí les va) me demandaron una historia y castigaron sin poder subir ningún capítulo nuevo en un mes, algo horrible, lo sé T-T Pero a volví y les traigo el esperado capítulo del romance ^^

Revisión de Comentarios:

KiraAirenHunter: me alegra saber que de verdad te gustara. Y me halaga que la hayas leído en un sólo día ¡Qué récord!

Itzel: lamento tardar tanto, pero gracias.

Nanaima: don´t worry, lo terminaré.

snow bunny rabbit: Thanks!

Bernii: bueno, considerando que es sólo una escena pequeña, lo hice algo largo.

alias katsuhimoro: ya lo sé ¡Amo a mi tío! :)

Lokita-BoomBoom: muchas gracias por agregarla a favoritos, de verdad, me halaga mucho ^^

Utau Hotori Mashiro: lamento haberte hecho esperar, ojalá te guste el chap.

Ari Thermaian: bueno, lo hice lo más romántico que pude considerando la escena. Espero que llene tus requisitos.


Capitulo 9.

La Luz que aclaró el Sueño.

POV normal.

Rapunzel levantó un poco la falda de su vestido para poder sentarse en la barquita. Sus ojos estaban llenos de emoción, viendo el ocaso con ansías de que terminara para que el anochecer trajera su sueño anhelado. Eugene la miró conmovido mientras sus manitas apretaban inquietas la tela rosada de su falda, en un intento de que toda ésa emoción y ansiedad aminorara aunque fuera un poco; intento vano, pero al menos un intento.

Pareció finalmente calmarse cuando Eugene subió al bote. Ella entonces se sentó derecho, no dejando de voltear para observar a los centenares de barcos rodeando el puerto; o las bellas casas frente al río; o el imponente Palacio alzándose a distancia con su inmaculado color resplandeciendo ante la luz del sol.

"Es como si lo hubiera visto hace tiempo… mucho tiempo" pensó Rapunzel, con la vista fija en la alta torre del castillo donde vivía la familia real "¿O quizá en un sueño borroso? ¿Dónde y cuándo?... sea como sea, ése palacio lo he visto antes"

El bote se meció un poco cuando Eugene finalmente pudo sentarse cómodamente y coger el remo. Rapunzel se sostuvo por medio de los extremos del bote cuando sintió que comenzaba a remar. Alejándose del puerto. Perdiéndose entre las suaves olas del lago.

Eugene había notado que Rapunzel parecía tratar de contener toda su emoción. No así su curiosidad, pues sus ojitos seguían mirando expectantes todo lo que aconteciera en rededor suyo. Apenas iban alejándose de la orilla, escuchó fuerte y claro el relinchido de un caballo; quizá fue cosa suya, quizá no, pero lo sintió triste. Ya se esperaba eso, así que agarró el costal que guardaba debajo de su asiento y lo aventó hacia el caballo.

"¡Hey Max!"

El caballo miró el costal que, cuando cayó a la madera, dejó salir un montón de rojas manzanas, tentándolo con su color y olor. Apenas iba a comer una, cuando miró ceñudo a Eugene, diciéndole claramente "¿De dónde lo has sacado?"

"¿Qué?" respondió Eugene "Las compre ¿sí?"

Aliviado de que no comería algo conseguido por medios fuera de la ley que tanto defendía, Max se inclinó y comenzó a comer unas manzanas. Sonó entonces la voz, ya más apartada, del ladrón.

"Al menos la mayoría"

Inmediatamente dejó de comer, pensando ¿Qué hacía ahora? Había dos manzanas siendo masticadas en su boca ¿Fueron de las robadas o las compradas? ¡Maldito ladrón! No se debía jamás fiarse de ellos. Volvió a mirar los rojos frutos y sintió ese antojo tremendo de consumir su alimento favorito. Había comido ya dos ¿Ya qué? Se dijo a sí mismo. Siguió comiendo. A fin de cuentas, nadie lo sabría nunca. Nadie.

¿Verdad?

Ajenos al tormento moral que sufría en esos momentos el pobre caballo de la guardia real, Rapunzel miró de reojo la sonrisa de satisfacción que esbozó Eugene tan pronto dejó a Max comiéndose con gusto sus manzanas. ¿No se llevaban mal? Había notado cambios repentinos en él, cambios realmente buenos.

"¿A dónde me llevas?" le preguntó curiosa.

"Oye, el mejor guía de tu vida, mereces el mejor lugar" fue su única contestación, eso mientras dejaba a Pascal en una decoración redonda donde podía acostarse o pararse fácilmente con comodidad. Dudaba de poder seguir remando sin que el pequeño camaleón cayera al bote o al agua.

Rapunzel estuvo mirando durante un buen rato las ondas que creaba el bote mientras Eugene remaba. Ella jamás había visto tanta agua cristalina. Algunas veces mojó juguetona los dedos de su mano, sonriendo ante el tacto del agua fría. Todo era nuevo. Todo era precioso.

Mientras seguía remando, Eugene observaba casi todo el tiempo a Rapunzel. Ella le daba la espalda así sentada y además, estaba tan absorta mirando cada cosa que aparecía frente a ella, que no le prestaba ni la menor atención. Miraba la silueta tan exquisita que formaba su rostro; ése cuerpo tan esbelto y ese largo cabello adornado con preciosas flores de miles de colores. Se veían tan hermosa, radiante.

No supo en qué momento se percató del rumbo que iban tomando sus pensamientos, pero cuando los notó, sacudió la cabeza y dejó de pensar en eso. Solo por unos segundos. Porque volvió a invadir su mente aquella sonrisa llena de luz que mostró Rapunzel durante todo su recorrido por el pueblo. Como una niña en un parque de diversiones.

Mientras seguían navegando, el sol se puso tras el horizonte dejando para alumbrar a su hermana la luna. Ésta apareció en el firmamento acompañada de sus amigas las estrellas, en un manto de luz blanca, tenue, pero preciosa, que acompañó a los dos mientras se acomodaban a cierta distancia y a cierto ángulo para observar el Palacio.

Eugene dejó el remo dentro de la barca y se posicionó al lado de Rapunzel, mientras ella reposaba el rostro sobre sus codos mirando hacia el Palacio. Toda esa alegría y emoción que tenía desde que pisó el pueblo, súbitamente desapareció. Leyó en sus ojos una expresión de angustia e incertidumbre que le pareció extraña e impropia de quien va a cumplir ¡Al fin! El mejor y más esperado de todos sus sueños.

El sueño que le dio la valentía de salir, por vez primera, de aquella torre donde estuvo prisionera toda su vida; el sueño que le dio valor de confiar en un ladrón para que lo guiara hacia el pueblo; el sueño que le hizo pelear contra unos cantineros y descubrir en ellos compatriotas en su búsqueda de cumplir ilusiones ¡Sueño que le había hecho llegar hasta ahí! ¿No debería estar feliz?

"¿Te sucede algo?" preguntó al fin, mientras ella respoblaba.

"Estoy muy asustada" confesó sin rodeos, sorprendiendo a Eugene por ésa confianza.

"¿Ah si?" le respondió, consternado, ¿Por qué tendría miedo? ¿De qué? ¿Acaso de él?

"He pasado dieciocho años soñando con lo que hay detrás de la ventana, sólo esperando, adivinando qué sentiría cuando las luces se alzaran" guardó un breve silencio, como su buscara las palabras precisas que expresaran sus sentimientos "¿Y si no es tan hermoso como siempre imaginé?"

Eugene entendió completamente. Él a veces se preguntaba lo mismo, más en esos momentos. La inseguridad de que un sueño, al cumplirse, resulte haber sido más hermoso soñándolo que viviéndolo. Pasa a veces, no a él, pero había escuchado de personas a las que precisamente eso habían vivido. Una experiencia seguramente horrible. Pero debía darle seguridad. Jamás había visto a una persona con tantas ilusiones y llena de voluntad para cumplirlas. Lo merecía.

"Será hermoso" le dijo.

"¿Y que pasa si lo es? ¿Que haré entonces?" él sonrió ante esa ingenuidad por parte de ella, tan extrañamente hermosa. La miró fijo, antes de contestar:

"Creo que eso es lo mejor de todo, sales tras otro sueño"

Rapunzel le devolvió una sonrisa. Esa angustia que había experimentado mágicamente desapareció tras esa mirada segura con la que Eugene pronunció tales palabras. Miró de nuevo al Palacio. Debía esperar.

En el Palacio

Dentro de la gran Sala Real, estaban el Rey y la Reina. Los rodeaba a ambos una atmósfera de triste resignación. Dieciocho años habían pasado desde que su preciosa niña hubiese sido raptada por esa anciana mujer, dejándolos un hueco en el pecho donde seguía anidado ese profundo amor que le tenían a su princesa.

La Reina colocaba la insignia del Sol Dorado en el pecho de su esposo, al tiempo que alisaba inexistentes arrugas en su rica vestimenta sólo para distraerse. ¿De qué les servía tanto oro y joyas si no tenían a una sonriente hija a la cual atiborrar con ellas? La Reina atesoraba en el fondo de su alma aquel recuerdo que tenía de su bebé, cuando vio por primera vez sus ojitos verdes entreabrirse minutos después de que nació, y su cabello dorado adornando esa cabecita tan mona.

Recordaba perfectamente cada detalle de cómo era su hija de bebé. Nariz pequeña, ojos grandes y verdes, cabello largo y claro, sana, fuerte, con las facciones que combinaban las de ella y de su esposo. Era innegable que era hija de ellos. ¿Dónde estaría su bebé? ¿Con quién? ¿La cuidarían? ¿La tratarían bien? ¿Sabría ella quién es realmente? ¿Sería feliz? ¡Demasiadas preguntas y ninguna respuesta!

Finalmente, adquirió el valor de mirar a su esposo de frente. Ella había tratado de ser fuerte ante la horrible prueba que le pusieron de tener perdida a una hija. Entre el Rey y la Reina trataron de consolarse. Pero la realidad es que los dos estaban muy devastados y aún ahora, dieciocho años después, lo seguían estando igual o peor.

El rostro del Rey reflejaba ese horrible dolor que era tener perdida a su amada hija. Hacia poco, un ladrón había robado la corona de la princesa, único objeto que tenían de ella para recordarla. ¿Qué desalmado haría eso? El dolor de su esposo avivó el suyo también, pero trató de soportarlo. Ambos sufrían lo mismo: no saber dónde estaba su hija, haberse perdido su infancia, sus primeras palabras, sus primeros pasos, verla crecer y convertirse en toda una mujer.

Ella limpió con cariño aquella sigilosa lágrima que se escapó de los ojos del Rey y rodó por su mejilla. Trató de sonreírle, consiguiendo sólo una sonrisa vacía y llena de nostalgia; el Rey apreció el gesto de su esposa y le devolvió el mismo tipo de sonriso. Empeño, en sus ojos había un brillo, que resplandecía con el mismo sentimiento que los había mantenido fuertes durante casi dos décadas: esperanza.

Ésa esperanza que les hizo salir uno al lado del otro hacia el balcón. Ahí, atada y prendida, estaba la linterna con el símbolo del sol como única decoración. Ellos la sostuvieron por unos segundos, mirándose y haciendo en la mente el mismo rezo, antes de soltarla y alzarla hacia el cielo, dejando que iluminara la noche.

En ése preciso instante en que la lámpara se alzó, miles de lámparas de diferentes colores y tamaños se prendieron; ahí dentro del Palacio, fuera del muro, por todo el pueblo y hasta en los mismos barcos; se alzaron esas hermosas luces hacia la luna, llevando todas una misma plegaria escrita con lágrimas, aflicción y esperanza; la fe de un pueblo unido bajo una misma oración:

Princesa, por favor, vuelve a casa.

En el Bote.

Rapunzel y Eugene esperaron un buen rato. La emoción volvió y para distraerse, ella se quitó algunas pocas flores que recogían su trenza. Eugene se las sostuve amable mientras ella las ponía en el agua, haciendo formas y disfrutando de sus colores a la luz de la luna.

Mientras colocaba, vio un pequeño resplandor en el reflejo del agua. Y detrás de ése, otro. Y más. Ella pronto se percató de lo que estaba pasando ¡No lo podía creer! Se paró inmediatamente y casi corrió hacia la esquina del bote, donde se sostuvo para permanecer en pie mientras veía las hermosas luces flotando sobre todo el pueblo y el agua.

La emoción que la abrumó era indescriptible. Una felicidad que llevaba imaginando desde hacia mucho tiempo y que, ahora, era más grande de lo que ninguno de sus sueños pudo llegar a imaginar. Contempló anonadada, ese espectáculo.

Tiempo atrás, viendo a la distancia

Tiempo fue, viendo el interior

Tiempo que, no me imaginaba lo que me perdí

Y hoy aquí, viendo las estrellas

Y hoy aquí, todo es claridad

Desde aquí, ya puedo ver, que es donde debo estar

Rapunzel, viendo aquellas hermosas luces, se sintió libre. Aquellas memorias de cuando estaba prisionera en la torre desaparecieron repentinamente, sustituidas por una certeza impresionante de que ahí, en ese lugar donde las luces se alzaban, era su verdadero hogar. Mucho tiempo tardó, pero finalmente llegó a donde tanto luchó por llegar. Todo el esfuerzo había valido la pena, todos lo sacrificios le eran ya pagados.

Las luces comenzaron a bajar justamente donde estaba el bote. Pronto, ella se encontró riendo en voz alta al ver aquellas preciosas linternas de colores rodeándole y alumbrando todo con tal claridad como si fuese de día. Las calmadas aguas sobre las que flotaba el bote reflejaban las luces como espejos, proyectando la misma luz y color; eso sólo hizo que la emoción fuera el doble y Rapunzel abriera desmesurada sus ojos por la felicidad.

La alegría era abrumadora, sumada a la libertad y plenitud que llenaron su alma y la libraron de todo miedo e inseguridad por un instante que atesoraría hasta el día de su muerte. Fue un momento en el que no cabía incertidumbre ni temor; sólo entraba el amor, la seguridad, la confianza, libertad, felicidad. Todo eso la llenaba. Estuvo a punto de llorar por alegría, pero no pudo. Porque, entre todos esos sentimientos, notó que aún así algo, pequeño, pero algo, le estaba faltando.

Y la luz encuentro al fin

Se aclaró aquella niebla

Y la luz encuentro al fin

Ahora el cielo es azul

Es real brillando así

Ya cambió la vida entera

Esta vez, todo es diferente

Veo en ti la luz.

Volteó y encontró a Eugene sosteniendo en sus manos dos linternas ya prendidas. Sonriendo, se sentó frente a él. Sabía que era su regalo, un detalle de lo más acertadamente bello que jamás había recibido con anterioridad. Apenas estiró su mano para coger la lámpara, lo recordó.

"Oh, también tengo algo para ti" le dijo, sacando de debajo del asiento la bolsa de cuero donde estaba guardada la corona que Eugene robó, el pareció poco sorprendido de verla, casi ecuánime "Sé que debí dártela desde hace tiempo, pero estaba asustada… sólo que ahora, ya no me asusta más ¿comprendes?"

Él le sonrió, bajando la bolsa para que pudiera sostener su lámpara.

"Empiezo a hacerlo"

Rapunzel pudo ver el mismo sentimiento que ella sentía en los ojos de Eugene. Eso la hizo sonreír plenamente y lanzar con suavidad la lámpara hacia el cielo. En un acto donde solamente pudo sentirse amor y confianza, pero sobre todo, un sincero amor que apenas iba surgiendo.

Tiempo aquel persiguiendo un sueño

Tiempo fue en la oscuridad

Tiempo que, no habia visto como es la realidad

Ella aqui luce como estrella

Ella aquí todo es claridad

Desde aquí, es fácil ver que aquí hoy debo estar

Eugene tenía los ojos completamente puestos en Rapunzel, ella sonreía increíblemente feliz y con lágrimas en sus ojos aún sin salir, viendo las luces que rodeaban el bote como si fuera el mayor de todos los espectáculos. Porque para ella eso era. Su sueño cumplido. Al fin realizado.

Pensar en los sueños de Rapunzel le hizo pensar en el suyo de manera involuntaria. Desde que era niño en el orfanato, había soñado con una vida mucho mejor a la humilde vivienda que aquellas señoras podían ofrecerle a él y a decenas de niños más. ¿Sus padres? No los recordaba. Y por eso, no los extrañaba. Viendo a través de la rota ventana cuando todos dormían, a la luz de las estrellas, deseaba fervientemente una vida donde no pasara frío, n hambre, ni carencias, ni se viera rodeado de abusadores.

Lamentablemente, se cegó creyendo que las riquezas le darían esa vida. Sólo ahora, tras años robando astutamente y usando su atractivo físico como eficaz arma; sólo ahora que Rapunzel estaba ahí delante suyo, podía percatarse que estaba mal. Ni todas las riquezas del mundo podían darle aquella mágica sensación de bienestar que envolvía a la pareja mientras las luces los rodeaban con su calor. Una sensación qu añoró, que no recordaba haber sentido nunca, y que no quería por nada del mundo perder.

Y así, como le nació ésa certeza, supo que sólo al lado de Rapunzel tendría esa emoción asegurada para un futuro no lejano.

Con esa seguridad, cogió la mano de la rubia, quien primero le miró sorprendida, para después sonreírle y corresponderle al gesto. Con ambas manos fuertemente sujetadas, dejaron que los sentimientos fluyeran,

Y la luz encuentro al fin

Se aclaró aquella niebla

Y la luz encuentro al fin

Ahora el cielo es azul

Es real brillando así

Ya cambió la vida entera

Esta vez, todo es diferente

Veo en ti la luz.

No cabía la duda en ninguno de ambos corazones. Ése encuentro casual había cambiado para siempre sus vidas. Rapunzel se daba cuenta que su más grande sueño, ahora cumplido, comenzaba a ser lentamente reemplazado por un anhelo mil veces más grande. Eugene no estaba en diferentes emociones, pues estaba convencido de que sólo al lado de la linda rubia podría seguir experimentando esa felicidad que ahora lo llenaba.

Los dos se inclinaron, mirándose fijamente a los ojos, casi preguntando si aquello estaba bien para el otro ¡Y claro que lo estaba! Apretaron todavía más el agarre de sus manos, por la emoción contenido, al tiempo en que sus rostros se juntaban más, y más. Y más. Estaban a sólo unos milímetros, sintiendo uno la respiración del otro. Rapunzel cerró los ojos, embriagada por la emoción sublime que rodeaba el ambiente. Apenas Eugene iba a ser lo mismo.

Casi sentía la textura y sabor de sus labios, cuando notó movimiento en la orilla del lago.


Me extendí lo más que pude usando una parte pequeña de la película. Como es demasiado intensa y romántica la escena, creí que agregar la intervención de los hermanos y mamá Gothel hubiera sido demasiado brusco y arruinaría la magia del capítulo. Ésa parte aparecerá hasta el siguiente chapter. Espero que les guste, me esforcé para hacerlo lo más profunda que pude.

Sin nada más que decir, me despido ¡Recibo todo tipo de comentarios!

chao!