NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.
Estoy muy avergonzada de haber demorado tanto en mi actualización, sé que no hay excusa ni pretexto para justificarme. Por eso, hice este capítulo lo más largo posible y pasmé lo mejor que pude los sentimientos de cada personaje. Solo espero sea de su agrado.
Revisión de Comentarios.
Condesa: No se me había ocurrido el epílogo, pero es buena idea.
Princezz: Tus palabras me animaron bastante y fueron de los comentarios que más me motivaron a subir el capítulo.
Lucilu: No había pensado en eso, es una idea muy buena aunque deberé meditarlo bien. Gracias ^^
KiraAirenHunter: No me había enterado y te agradezco mucho por informarme, estaré al pendiente de eso :)
Shun2007: trataré de terminarla lo más pronto que pueda.
Itzel: Gracias por tus ánimos :)
Capitulo 11.
La Verdad.
POV Normal.
En el calabozo del Castillo.
Eugene iba de un lado al otro, pegándose mentalmente en la cabeza ante tu tonta idea de hacer un acuerdo pacífico con esos estúpidos hermanos cuyo nombre no quería recordar. ¿En qué momento se le ocurrió una idea tan patética, falta de sentido?
La desesperación era inmensa. Los garrotes gruesos eran imposible de ser doblados con manos humanas, su fuerza no era lo suficientemente grande como para eso. La piedra de las paredes era muy dura y sabía que antes de romperla, se fracturaría los huesos. Y estando herido menos conseguiría el objetivo tan ansiado de escapar.
¿Y si derrumbaba la puerta de madera? No era tan grande y si golpeaba con el impulso suficiente y ángulo correcto, seguro se iría abajo. Pero no era tan tonto como para creer que no habría guardias cerca vigilando, atentos al más mínimo de los ruidos. ¡Estaba dentro del Palacio, por todos los cielos! Era imposible salir.
El rostro de Rapunzel seguía en su mente, escuchaba su risa a cada rincón de calabozo. Veía sus ojos brillantes llenos de alegría, su infinita alegría, su inocencia. Todo perfectamente retratado por recuerdos que atesoraría hasta su muerte. La quería, no había más dudas de eso, y si no salía rápido de ese embrollo para salvarla jamás se lo podría perdonar.
Imagino a su linda Rapunzel a merced de los hermanos Stabbingtone. Y solo imaginarlo hizo hervir la sangre que por sus venas corría. Si se atrevían a tocarla… no respondía por sus actos.
Se tensó cuando escuchó unos pasos aproximarse firmes, golpeando el suelo casi con furia. Unas llaves se golpearon con otras y antes de que pudiera pensar algo más, una luz de sol penetró en la oscura habitación cuando se abrió la puerta, revelando al Capitán y más soldados.
El capitán le habló de frente.
"Es hora de terminar con esto" dijo las palabras acariciándolas, como si lo deseara desde hace mucho tiempo. Porque realmente lo anhelaba.
"¿Qué quieres decir?" la incredulidad ganó por unos segundos.
La fría mirada del capitán aclaró la poca niebla en su mente.
"Oh"
No, no podía terminar todo así. Pero la conmoción fue intensa y por eso nada hizo cuando esposaron sus manos con cadenas tan pesadas que le dolió caminar siendo jalado por dos guardias, atravesando los pasillos rumbo a su muerte.
Desesperado, miraba de un lado alotro buscando algo, una ligera esperanza que le permitiera escapar. Pero no hallaba nada. Hasta que, en una de las celdas, los encontró. Eran esos malnacidos hermanos, atrapados en la noche por unos soldados que hallaron sus inconscientes cuerpos y los trasladaron a la prisión.
No lo pensó, solo actuó. Rápido como sabía serlo, golpeó a los dos guardias de costado con esa fuerza que solo sacaba en ocasiones especiales para mandarlos golpear contra las paredes lo suficientemente duro para desorientarlos. Saltó sobre sí mismo y así sus manos, hasta ese momento encadenadas contra su espalda, quedaron expuestas delante de él y así pudo agarrar entre los barrotes las camisas sucias de uno de los hermanos.
"¿Quién les contó sobre ella? ¡Dímelo ya!" la furia en su voz, en sus ojos, la que emanaba todo su ser aterrorizó al hombre que titubeó antes de contestar.
"no fue idea nuestra… nos dijo la anciana"
"¿la anciana? ¡No, alto, no lo entienden!" gritó a los guardias cuando le pusieron sus manos sobre los hombros y lo arrastraron hacia afuera. Esos hermanos habían sido demasiado tontos y cayeron en una trampa mayor. Rapunzel estaba en serios problemas, aún más grandes de los que se había imaginado. Y no sabía cómo pero debía ayudarla ¡Tenía que hacerlo!
Quería hacerlo.
o-o
o-o
"Listo, todo ha vuelto a la normalidad" decía, cuando retiró la última flor entrenzada en el cabello de Rapunzel. Gothel se paró y alejó de la chica "Ahora, lávate para cenar, prepare sopa de Avellanas"
Pero vio que la chica estaba por demás destrozada. Sentada en la cama sin hacer o decir nada, como una persona que solo espera, sin saber lo que debe esperar. Mamá Gothel sonrió en sus adentros, había cumplido su objetivo.
"Yo traté de decírtelo Rapunzel, que entendieras los riesgos del exterior, el mundo es oscuro, y salvaje y egoísta. Y al más fino rayo de sol y su alegría los destruye."
Con esas últimas palabras, Gothel estaba segura de que nunca más volvería Rapunzel a tratar de salir. Así pues, ella bajó hacia la cocina dispuesta a preparar una buena cena. Para que el plan rindiera el fruto adecuado, debía aparentar que la torre era un lugar mucho mejor que el exterior.
Rapunzel apenas la había escuchado. Las palabras de su madre le parecían imposibles de creer. En sus dos manos, llevaba ocultando mucho tiempo aquel lindo pañuelo morado con el símbolo de sol dorado. Ese que Eugene le había comprado solo para ella. Su corazón aún palpitaba recordando la espléndida tarde llena de sorpresas que pasó al lado de Eugene y se resistía firmemente a creer que la había abandonado sin más.
Pero aún así dolía. Y se tumbó en la cama tratando de hacer más llevadera esa horrible realidad. Si Eugene de verdad la hubiera querido entonces no se habría ido. Y ninguna cosa podía justificar que la dejara sola en el bosque, a la merced de unos ladrones y bandidos.
Viendo el techo, Rapunzel comenzó a recordar todas las cosas aprendidas esa tarde. Al menos, había cumplido su sueño, aunque a un precio muy caro. Nada podría jamás superar la emoción de estar rodeada de esas linternas, con Eugene tomándole las manos e inclinando su rostro al de ella. Si tan solo hubiese sentido sus labios…
Miró nuevamente el pañuelo, no era sano seguir recordando cosas dolorosas. El precioso sol resplandecía, en el exterior, no en ella. De nuevo a ver el techo, buscando sus ojos algo con lo cual distraerse. Las paredes estaban todas llenas de los hermosos dibujos pintados por ella en las interminables tardes sin nada que hacer.
Entonces, justo cuando miraba uno de los tantos dibujos, encontró un parecido con el sol de la pañoleta. ¿Cómo era posible, si apenas el día anterior había conocido el Reino? Repentinamente, comenzaron a surgir enormes brillos y soles resplandecientes en todas partes. En cada dibujo había soles, todos iguales, todos bello, todos símbolos del Reino.
Los veía y una parte de ella se sentía en su hogar, esa misma parte suya que había saltado de alegría cuando pisó el Reino y reído felizmente al bailar toda la tarde acompañada de los pobladores. Sus ojos se abrieron con sorpresa al encontrar tantos soles que le fue imposible contarlos y, en un momento desesperado que se entregó de lleno a las intensas emociones apenas surgidas, apareció una imagen.
¿Imagen? No, no era eso. Era más bien… un recuerdo.
El sol estaba delante de ella, giraba tranquilo haciendo tocar una suave música que le causaba risa en esos momentos. Estiró las manos, queriendo tocarlo, y entonces apareció una bella mujer que brillaba como el oro para sostenerla en sus brazos.
La sonrisa de esa mujer la hacía sentirse feliz. Y la paz creció aún más en su interior cuando vio a un hombre, con igual o mayor brillo, acercarse a ella y colocarle en su cabeza algo que también resplandecía. Algo que era suyo.
Era una corona. Una enorme y hermosa corona. Hecha por y para la princesa.
El grito de Rapunzel ante tal verdad fue grande, y casi se cae sobre su tocador ante la impresión. No podía equivocarse, era demasiada coincidencia que en sus recuerdos estuvieran los reyes.
"¡Rapuzel! ¿Todo bien allá arriba?" preguntó Gothel. Una furia grande creció dentro de ella, después de todo, si los reyes eran sus padres ¿Quién era Gothel? En el pueblo se corría el rumor de que la princesa había sido raptada por una bruja…
"Soy la princesa perdida" fueron las primeras palabras que pudo pronunciar, conmocionada aún por el saber su pasado, su origen, y tener ahora que enfrentarse a la que tanto tiempo creyó su madre. Y que no lo era.
"¿Puedes hablar bien, Rapunzel? Te he dicho que odio que balbucees"
"Yo soy la princesa perdida. ¿No es cierto?" gritó. Desafiando a Gothel con su mirada.
Silencio.
"¿Estoy balbuceando, madre? ¿Sigo diciéndote así?" había odio tanto en sus palabras, como en sus ojos.
"Ah, Rapunzel ¿De dónde sacas esas ideas? ¿Por qué me preguntas una cosa tan ridícula, hija?"
Gothel estaba sorprendida, no contaba con que Rapunzel comprendiera todo en una sola visita al Reino ¿Acaso habían hecho algo en el pueblo que ella no supo? No importaba ya. El punto es que debía rescatar la situación y por eso, se le acercó tratando de abrazarla.
Claro, no contaba con que Rapunzel la empujaría con fuerza, reclamándole.
"Fuiste tú, tú hiciste todo esto."
"Sabes que solo quería protegerte y ya."
Rapunzel bajo las escaleras, hablando en cada paso.
"He pasado mi vida entera ocultándome del mundo que explotaría mi poder, cuando en realidad solo debía esconderme de ti"
"¿Y a dónde iras? El no está esperándote" era demasiado tarde. Esa chiquilla ya se había enterado de todo, o al menos la mayor parte. No había caso ya para tratarle con la misma consideración. Era hora de cambiar la táctica.
"¿Qué le hiciste?" Rapunzel estaba nerviosa y preocupada. Si interpretaba bien las palabras de Gothel, eso significaba que Eugene no la había abandonado esa noche como pensaba ¡Ella lo había apartado! Pero ¿cómo?
"Ese criminal, irá a la horca por sus crímenes"
"No"
¿Eugene muerto? ¡NO! Eso no podía ser ¡No podía estar pasando! Debía irse ya al pueblo, debía liberarlo. Al menos tratar.
"Ya, ya, tranquila, escúchame, todo esto es lo que tenía que pasar" Gothel iba a colocar su mano encima de su cabeza, buscando consolarla cuando…
Detuvo su mano.
"No, el mundo no es como tú dices ni yo tampoco soy como piensas y te aseguro que jamás te dejaré usar mi cabello ¿oíste?"
Gothel forcejó para soltarse de su agarre, y cuando lo consiguió, se golpeó contra el espejo atrás de ella, tumbándolo y haciendo añicos el cristal, que pronto adornó el suelo entero.
Miró a Rapunzel con enojo, con odio, enfurecida. Tantos años de lucha y esfuerzos para tenerla a su lado no se esfumarían así como si nada.
"¿Quieres volverme la villana? Bien, seré también la villana"
o-o
o-o
Con todo el miedo que sentía Eugene sobre la seguridad de Rapunzel, no era hasta ahora que miró la horca a través de la ventana que temió por su propia vida. No estaba ni por asomo preparado para la muerte, es decir ¿Qué persona, en su sano juicio, lo estaría?
Miles de ideas pasaron fugazmente en su cabeza, todas con el propósito de huir, pero siempre había un muro blanco de realidad con el que se topaba, aquel que le mostraba lo imposible de salir vivo en esa situación sin ayuda.
Por eso, cuando vio una figurita de unicornio reposando sobre la pared, le recorrió un intenso alivio.
La puerta delante de toda la comitiva se cerró abruptamente.
"¿Qué sucede? Abran ya" gritó el capitán.
La pequeña ventana corrediza de la puerta se abrió, mostrando a un anciano visiblemente borracho que habló atropelladamente y volvió a cerrar la ventanilla.
"dime la contraseña"
"¿Qué?" preguntó el capitán, sin comprender la situación.
"No"
"Abre ya" era una orden.
"Tampoco es esa" lógicamente que no lo era…
"Tienes tres segundos, uno…
Y entonces un gancho apareció del techo y alzó por la camisa a uno de los dos soldados que agarraban superficialmente a Eugene. No gritó, y el otro compañero quedó mudo del asombro.
"Dos…"
La otra puerta se abrió jalando al soldado sin que tuviera oportunidad de reaccionar, dejando en el suelo su casco y cerrándose la madera tan rápido como se había abierto.
"Tres…"
Al pronunciar esa palabra el capitán voltea para dar instrucciones nuevas a los soldados, extrañándose al encontrar solo al prisionero. No tuvo tiempo ni de pensar cuando….
La puerta se abrió y un sartén lo golpeó tan duro en la cabeza, que le tumbó y dejó inconsciente.
"Funciona bien El sartén es genial" fue la deducción tan brillante de Eugene, sorprendido él mismo por el rescate improvisado y tan bien planeado de esos pillos.
Le rompieron las cadenas que sujetaban sus manos y corrió tan rápido como pudo escapando de los guardias, la adrenalina recorrió su cuerpo, ahora sabía que podía encontrar una salida. La urgencia de ver a Rapunzel creció al saberse parcialmente libre y sus piernas volaron hasta llegar a una pequeña plaza, donde muchos soldados se estaban reuniendo y claramente querían apresarlo.
Alguien le jaló y encontrándose con otro de los ladrones, siguió al pie de la letra sus instrucciones.
"Inclinado"
"Ya está"
"brazos así"
"Brazos así"
Imitaba todo.
"rodillas separadas"
"Separa… ¿eh?" fue cuando se puso a pensar "¿por que quieres que separe las rodillas?"
Y se encontró flotando en el aire gracias al impulso de un salto que le hizo caer encima de Maximus.
"Maximus ¿Tu fuiste por ellos? Gracias"
El caballo relinchó a modo de respuesta.
"No en serio gracias, tal vez todo este tiempo solo hubo un malentendido entre los dos y nos…"
Solo necesitó ver los ojos de Maximus para comprender la situación en la que estaban y el sentido de sus palabras. ¿Mal entendido? ¡Por todos los cielos! Tanto estrés de verdad lo había afectado.
"si, es cierto, hay que irnos"
Solo pocas personas estaban en las calles del pueblo y pudieron ver al blanco caballo saltar de tejado en tejado esquivando a los soldados hasta caer firme y sin titubear al suelo, donde agarró tanta velocidad que se perdió entre las sombras y los árboles del bosque sin dejar rastro alguno.
Maximus ya sabía o al menos imaginaba lo que pasaba. La primera palabra después de la gratitud de Eugene había sido "Rapunzel" y solo eso necesitó, más la guía de un ladrón experto, para encontrar la escondida torre y ver al joven gritar hacia ella.
"¡Rapunzel deja caer tu cabello!" gritó desesperado, necesitaba saber si ella estaba bien. Su salud mental dependía de eso ¡Lo hacía!
No hubo respuesta alguna y eso solamente lo inquietó más. Estuviera o no Rapunzel en esa torre, ahí podría encontrar pistas para llegar a su paradero. Por eso escaló por medio de las piedras usando toda su fuerza y destreza, sin importarle los pequeños cortes en sus manos.
Se detuvo al escuchar la madera crujir y pasos en las habitaciones. Y, como una bendición, el enorme, largo y brillante cabello dorado cayó hacia él y atrapándolo en el aire, pudo escalar mejor y fácilmente hasta meterse en la ventana.
En un rincón, vio a Rapunzel.
"Rapunzel, creí que no volvería a verte" dio dos pasos y entonces notó que estaba amordazada, ni siquiera tiempo tuvo de preguntar cuando un intenso dolor punzó en su costado y sintió el filo anidarse en su carne.
Así como había entrado, la daga salió dejando dolor, sangre y muerte. Cayó al suelo sosteniéndose la herida, con cada segundo una punzada, la vista se le nubló por un momento y le costó escuchar el rededor, enfocar sus sentidos. Esto estaba mal, muchas veces se había lastimado pero jamás llegando a estas condiciones. Esto estaba muy mal.
"Mira todo lo que has hecho Rapunzel, descuida cariño, nuestro secreto muere con él" ¡Esa maldita bruja! Ganas le daban a Eugene de matarle enseguida… si se pudiera levantar al menos "Y en cuanto a nosotras nos iremos a donde nadie te pueda encontrar"
La chica estaba aterrada, había visto el cuchillo encajarse en el cuerpo de él y su mueca de dolor. Ahora estaba en el suelo, agonizando, tosiendo, con la vida escapándosele. Sabía que si Eugene moría en ese momento, el peso del dolor y la culpa serían insoportables toda la vida.
Ante todo, quería sanarlo, recostar la cabeza de él sobre su regazo y atenderlo como se lo merecía para asegurarse su reposo. Saber que estaría bien. Fue esa la principal razón por la que luchó contra los jaleos y cadenas de Gothel mientras trataba ésta inútilmente de arrastrarla.
"Rapunzel basta, ya fue suficiente ¡Ya para de pelear conmigo!"
Esa mujer… todo el cariño y miedo que le tuvo alguna vez había desaparecido dejando más bien resentimiento y algo de odio, uno con el que luchaba por no sentir. Esa mujer la había separado de sus verdaderos padres, la había condenado a vivir en una torre, le había engañado toda la vida, lastimado de muerte al hombre que amaba y ahora quería alejarla de todo para condenarla nuevamente a través de unas cadenas. ¿Y todo porqué? Por su cabello. Su bendición y maldición.
Cuando pudo bajarse lo suficiente la mordaza, dejó todos esos sentimientos fluir.
"No, no lo haré jamás, por cada minuto del resto de mi vida voy a pelear. Desde ahora, siempre trataré de alejarme de ti" sólo que ese no era el meollo del asunto. Su corazón era el que más sufría en esos momentos, pero no precisamente por el engaño "Pero, si me dejas salvar su vida, iré contigo"
"No Rapunzel" gimió Eugene en el suelo, tratando de ayudar cuando sabía que no podía.
"No voy a pelear y jamás trataré de escapar, solo déjame sanarlo esta vez y luego las dos estaremos juntas para siempre, como lo deseas, todo será como antes. Solo déjame salvarlo madre."
Al final de cuentas eso era lo más importante.
Gothel no era tonta, pero conocía a Rapunzel y esa niña siempre cumplía sus promesas. Liberó a la muchacha y encadenó a Eugene, de ése temía más.
"En caso de que se te ocurra perseguirnos"
"¡Eugene! Lo lamento, peor todo estará bien ahora" dijo la rubia, inclinándose sobre él de manera protectora y dejando todo su cariño fluir.
Había sido tonta al pensar que escaparía con la corona dejándola. El que estuviera herido y casi muerto solo por buscarla demostraba lo mucho que ese hombre de verdad la quería. Todas esas emociones mostradas aquella tarde en el pueblo y que crecieron en la noche no habían sido mentira. Habían sido la más clara y pura realidad.
"No dejaré que lo hagas"
Eugene sentía su amor hacia Rapunzel crecer en esos momentos, cuando sabía que si lo curaba la perdería irremediablemente y para siempre. Ahora que veía a la avejentada de Gothel comprendía porqué quería a Rapunzel a su lado. Por bienestar propio.
"Y yo no te dejare morir"
"Pero si lo haces tu morirás"
"Oye estaré bien tranquilo"
No, no lo estaría. Jamás cargando ese bello pero poderoso cabello de oro sobre su cabeza. Ahora comprendía en todo lo largo y ancho el sacrificio que estaba casi condenada a cargar por poseer tan inmenso don. Y si había algo que pudiera hacer para liberarla de esas cadenas, lo haría. Solo así estaría segura.
"espera" dijo, cuando pudo finalmente agarrar un trozo de vidrio grande y filoso de los tumbados en el suelo, a raíz del espejo roto.
Detuvo a Rapunzel justo antes de que ella lo curara. Se inclinó hacia ella, juntando sus rostros. Pasó una de sus manos por su cabeza en una suave caricia y, en el descuido, acopió sus escasas fuerzas para agarrar toda su melena y cortársela con el trozo de vidrio.
Rapunzel abrió los ojos con fuerza cuando, de repente, sintió su cabeza muy ligera. Y el mechón de cabello que sostenía en sus manos se hizo castaño. El dorado esfumándose lentamente.
"Eugene…."
"Pero que has hecho" dijo Gothel, primero impresionada, luego espantada.
"¿Qué has hecho? No, no ¡NO!"
Gritó, viendo la imagen de su verdadero rostro en el roto espejo. Las arrugas, el cabello canoso, la espléndida figura desapareció dejando a una anciana con muchísimos años cargando en su jorobada espalda. La vergüenza, la humillación, todo se juntó en una desesperación que la hizo tropezarse y caer por la ventana.
El cuerpo era demasiado viejo como para seguir en vida, y la fuerza de la gravedad consumió aquellas células que si respiraban era de milagro. Las cenizas se alzaron y volaron con el viento, dejando sobre el césped solo el vestido y la capa vacíos, con un poquito de polvo aún en ellos. El polvo que quedaba de un cuerpo corrompido.
Rapunzel se quedó mirando la ventana, comprendía la muerte de Gothel y sorprendentemente, no sentía dolor alguno. Impresión sí, pero no dolor. No era como perder a una madre, era más bien perder a una potente enemiga.
Recobró el sentido cuando escuchó uno de los gemidos de Eugene ¡No! Ahora que su cabello no poseía poder alguno él… ¡No! ¡NO!
"Eugene, respira, estarás conmigo" suplicaba, mientras posaba una de sus manos sobre el corto cabello café en su cabeza y balbuceaba "Flor que da fulgor, con tu brillo fiel, mueve el tiempo atrás…." ¿Esperaba que funcionara? No, la verdad ella misma sabía que no lo haría. Pero en esas circunstancias, era mejor intentarlo que nada.
"Rapunzel" la llamaba Eugene.
El lo sentía. El frío colándose por las extremidades de su cuerpo, el corazón latiendo cada vez más lento, el dolor en su pecho cada vez que respirada. No había marcha atrás. La muerte ahí estaba. Y antes de irse, quería al menos que ella lo supiera… comprendiera el porqué.
"tú eras mi nuevo sueño"
"Y tu el mío" Ah, esas palabras. Hicieron eco en su corazón y lo llenaron de una paz que nunca antes había sentido. Gothel estaba muerta y sin su cabello mágico, Rapunzel estaba definitivamente a salvo. Nada podría ahora lastimarla. Y ella lo quería, de verdad lo hacía. Todo había valido la pena y muchísimo.
Esa paz le siguió a una sensación de bienestar que no recordaba nunca haber experimentado.
Y después todo se oscureció.
Los ojos de Rapunzel dejaban ver lágrimas que se habían mantenido renuentes a salir durante todo el drama. El dolor finalmente se dejó sentir pleno. Eugene había muerto y nunca más vería a ese hombre que le había quitado el corazón.
"quita enfermedad y el destino cruel… trae lo que perdí volviendo… a lo que fue… a lo que fue"
Se podía sentir su tristeza en cada palabra cantada, una que dejó caer lágrimas de auténtico pesar. Gotitas de agua que, sin que nadie supiera, contenían el poder del sol. Y es que aquel dorado don no estaba anidado realmente en el cabello, aquél fue el medio de manifestarse. Ese poder permanecía en el interior de la princesa, y había más formas de usarlo.
Rapunzel miró el resplandor que una de sus lágrimas, caídas en el pecho de Eugene, había provocado. La luz se expandió en onduladas formas que crearon la forma de una hermosa flor parecida al sol y ocurrió un milagro. La magia sanadora verdaderamente devolvió la vida a ese inerte cuerpo.
Para Eugene fue como despertar de un pesado y agotador sueño. El cuerpo estaba entumido y se sentía frío, con cualquier movimiento un calambre amenazaba con aparecer. No fue ese motivo para impedir que abriera los ojos y viera con sus propios ojos lo que su cuerpo sentía.
A Rapunzel abrazándolo y mirándolo como se ve al más grandioso tesoro.
"¿Ya te dije que estoy loco por las morenas?" la principal razón de ésa frase fue aliviar la tensión, y tuvo efecto.
"¡Eugene!"
Al sentir los labios de su amada sobre los suyos, toda dolencia retrocedió. Abrazó con fuerza a la chica y se unió a un juego de besos como el que nunca había experimentado. Su corazón saltó de gozo. Como el de cualquier enamorado que se sabe querido.
Este ha sido el capítulo más largo que haya escrito del fic y espero sinceramente que mi demora haya valido la pena. Hay escenas que no me terminaron de convencer por la manera en que las redacté, aunque quedará a total criterio de ustedes el qué opinan sobre la forma en que narré los acontecimientos.
Espero no se hayan olvidado de mi fic y me dejen aunque sea un solo comentario. Creo que solo subiré dos capítulos más para terminarla bien. Me han mandando mensajes pidiendo una secuela, sinceramente no estoy segura si la haga, pero mejor no doy respuestas anticipadas. Es algo que pensaré.
chao!
