NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.
¡MUCHAS GRACIAAAASSS!
Por los 60 comentarios con los que subo este capítulo.
Por los 4606 Hits.
Los 27 favoritos.
Y las 17 Alertas.
A:
Princezz, Condesa, Itzel, Estrella, Lucilu, Kira Airen Hunter, Shun 2007, Anónimo, Selene-Cullen, The Fannisha Usui, Nanaima, Snow Bunny Rabbit, Alias Katsuhimoro, Lokita-BoomBoom, Megi-ChanHitachiin, Ari Thermaian, Aylin, Egypt Princess, gold Cristal, Sandy 1994, HikariYamiIshtar, pepitadeuva, stick2603, el macanonmoreno, KaTmAi, Brujhaj, Gost Wishper, Lymairoz, StarHey, tamyta, Tsukimine12, Annalice, Sam y Juliet´Love Story.
Y a todos los lectores anónimos que no dejaron comentarios.
Ustedes me animaron para que siguiera esta historia. Gracias por acompañarme leyéndome hasta el final y dándome todo el apoyo que necesité, por no decir que fueron pacientes con todo lo que demoré en terminar este fic. Mi esfuerzo valió la pena, porque sé que les gustó leerme tanto como a mi escribir cada uno de estos capítulos. Les agradezco inmensamente porque juntos hemos terminado esto.
¡Un besote, muchas gracias!
Epílogo.
Eugene tenía los brazos cruzados sobre su pecho, ligeramente encorvado por miedo y respeto, dos emociones que no conoció realmente hasta que comenzó a vivir en el Palacio. Trataba de mostrarse sereno, con la mirada puesta en el reloj de la esquina y viendo el vaivén del péndulo que indicaba el tiempo. Las doradas manecillas moviéndose cada una a un ritmo distinto, los elegantes números anunciando las horas. Era poco más de las nueve, de la noche.
Pensó en mover un pie para dejar salir con ese movimiento un poco de su nerviosismo. Pero eso haría ruido y lo menos que quería era fastidiar. Eugene sabía que eso era lo último por hacer cuando pedías un favor a gente importante. Y un favor de tremendo tamaño significaba la máxima de las paciencias.
Desviando su mirada del reloj, Eugene encontró los ojos felices de la Reina y su simpática sonrisa. Esa tierna mujer se había ganado rápidamente su cariño y respeto. Con la pura expresión la Reina demostraba su opinión hacia la pregunta que, casi media hora atrás, Eugene había hecho, y cuya respuesta seguía meditando el Rey.
Fuera del reloj, nada se escuchaba en esa habitación. Acaso el silencio era roto de vez en vez por pasos lejanos y puertas abriéndose. Nada serio y suficientemente fuerte para distraerlos. Las luces en casi todas partes estaban apagadas, la luna y las estrellas pintaban el cielo. Pero Eugene no veía ese lindo paisaje. Disimuladamente, observó al Rey.
El Rey le daba la espalda, con las manos firmemente agarradas y observaba a través del pulcro ventanal quién sabe qué cosa allá afuera del Palacio. A esas horas y con esa luz de seguro no distinguía nada ni del jardín, pero el hombre seguía en esa posición sin moverse en lo más mínimo. La capa caía hasta poco antes del tobillo, exquisitamente bordada, las cadenas de oro se podían ver desde la ancha espalda por no mencionar la espada que adornaba su cinturón.
Tragó duro.
Quizá estaba exagerando, quizá no. Sea como sea, Eugene verdaderamente tardó algo en armarse de valor para ir ante los reyes y hacer esa maldita pregunta de una vez por todas. Esa que años de clases, visitar a la corte, servicio comunitario como modo de pagar sus delitos, y en resumidas cuentas, reforma total de sus costumbres, le costó hacer. Ahora que era un hombre más culto, con algo de dinero propio honradamente ganado y perdonado de todo crimen, era digno de hacerla.
Y sin embargo, el Rey no contestaba nada ¿En qué tanto pensaba, viendo hacia la nada?
La Reina, que estaba sentada a no más de dos metros del Rey, finalmente se paró dejando de lado el libro que reposaba sobre su regazo y rompió el silencio con una voz clara, dulce y ligeramente aguda.
"Bueno, debemos contestarle la pregunta a Eugene" dijo a su marido "¿Qué dices?"
El Rey la miró de reojo, Eugene fue incapaz de ver su expresión.
"Me ha tomado por sorpresa" dijo su Majestad, en voz baja.
"Los dos sabíamos que tarde o temprano Eugene vendría a preguntarnos esto" replicó, poniendo sus dos manos sobre las caderas "Así que, por educación, contesta algo. El pobrecillo lleva esperando respuesta de pie por casi una hora"
Eugene miró el reloj. La Reina tenía razón. Vaya, por eso sentía las piernas entumidas.
Inmediatamente se enderezó cuando el Rey lo miró fijo, con una expresión indescifrable y porte distinguidísimo, altivo. Se sintió entonces una persona insignificante a comparación del hombre que tenía enfrente. Bajó el rostro en señal de humildad.
"Eugene Fitzherber" miró al Rey "Has vivido bajo mi Palacio por casi tres años, tiempo en que has demostrado un cambio positivo muy grande y ganado tanto mi respeto como el de mi esposa"
La Reina le sonrió y asintió, manifestando que verdaderamente estaba orgullosa de él.
"Eso no aminora mi angustia, después de todo, solamente tengo una hija y aunque se que eres buena persona, entiende que nadie nunca terminará de llenar la lista de requisitos para ser digno de Rapunzel"
"Tiene razón" dijo en voz baja, esperándose ya el veredicto.
"Aún así, te concedo mi consentimiento"
No pudo evitar alzar la mirada de golpe y ver al Rey con un rostro sorprendido y agradecido. Lleno de alegría.
"Si mi hija te acepta, tenéis mi bendición para casarse. Te la confío"
No tuvo tiempo de hablar cuando el Rey agregó algo más.
"Bajo tu juramento de que la cuidarás con tu vida"
"No tiene que pedirlo señor" respondió "Lo haré, le doy mi palabra"
Como si fueran las palabras que el Rey necesitaba, eso le hizo sonreír ligeramente y asentir. La Reina se colocó a su lado y observó a Eugene con expresión maternal.
"Anda pues a descansar" dijo ella "Que lo necesitarás. Ya mañana podrás hacer esa pregunta a mi hija. Tienes todo nuestro consentimiento para la boda"
Eugene se inclinó.
"Muchas gracias sus Majestades. Prometo cuidarla y hacerla feliz ante todo"
"No te pido nada más. Ahora, vete" declaró el Rey solemne.
Con una sonrisa, Eugene salió del despacho y se fue caminando hacia su habitación, un piso abajo. Ni durmiendo pudo perder la sonrisa que adornaría su rostro muchos días más. Él no temía un rechazo de Rapunzel, su única angustia era el Rey y ahora que él le daba su consentimiento, nada podría hacerle sentir mal.
En el despacho, el Rey la Reina sonrieron antes de irse ellos mismos a sus aposentos.
"Fuiste cruel, ¿Porqué tardaste tanto en responderle?" preguntó la Reina.
"Bueno, quizá exageré" fue su respuesta "De cualquier manera, él ya sabía que accedería"
"Aún así le causaste buen susto" la Reina sonrió con ganas "¡Tendremos una boda! Nuestra hija al fin se casará"
"Si"
La Reina entonces imaginó miles de bellas situaciones. Entre ellas, tuvo que morderse suavemente el labio inferior cuando en su mente creó la imagen de un bello bebé moreno y de ojos verdes. Encogió los hombros.
Todo a su tiempo.
...
...
FIN.
Ficha Técnica.
Historia: Tangled, la Novela.
Autora: Nefertari Queen.
Género: Películas.
Película: Tangled (Enredados en México)
Capitulos: 12 y un epílogo.
Iniciada: 13 de diciembre del 2010
Terminada: 4 de septiembre de 2011
No me maten por favor por darles este epílogo, me pareció una manera muy buena de ponerle ya el final definitivo. Por no decir, claro, que estoy en planes de escribir la secuela.
Nuevamente, muchísimas gracias por todos sus comentarios. Sin ustedes esta historia no sería lo que es. Me despido diciéndoles:
¡Nos leeremos pronto! ^^
chao!
