Resanando el presente

―Se te hará tarde, ya levántate―escuchó la voz mandona de su novia, seguido de sendos golpes con la almohada. Haruki abrió los ojos viendo por la ventana, ya aclaraba y sus hermanos se escuchaban fuera desayunando algo a toda prisa. Consideró seriamente llamar a Omuro y que se encargue de su baja en la empresa, que lo que cobrara se lo depositara directamente a su cuenta y de paso que le prestara una hoja de solicitud de empleo porque pasaría un tiempo de puerta en puerta tratando de conseguir algún puesto que le pagaran a lo menos la mitad de lo que pagaban allí. Largo un suspiro apoyándose con los codos, Isuke ya estaba colocándose ropa para reunirse con sus hermanos, notó la mirada de Haruki enganchada en sus caderas―. Mis ojos están arriba.

―No quiero ver tus ojos―sonrió boba a lo que Isuke siseo con la lengua y la dejó sola en la habitación―Que sueño…―se sentó al borde de la cama y estiró todo lo que pudo su espalda, algunas vertebras hicieron un placentero sonido al reacomodarse. Recogió la ropa regada por el piso y la dejó en la sesta―Tomaré un baño y caminaré tranquilamente al trabajo…

Sus palabras no se hicieron acciones inmediatamente, se quedó viendo la toalla en sus manos, luego el uniforme pulcramente colgado en el armario. Nunca en toda su vida había vestido con ropa de esa calidad, sólo se preocupaba con que fuese funcional, practica. Invirtió más en sus guantes con hilos de lo que invirtió en su mejor conjunto. Era un lujo del que podía hacerse gracias a ese lugar…gracias a Sato.

―Quedarse pensando no sirve de nada―continúo bañándose, el agua le escurría desde el cabello creando caminos torrenciales por las suaves hendiduras de su cuerpo hasta alcanzar la desembocadura del desagüe

Salió rápidamente, Saburo tomó el segundo turno en el baño, temprano a esa hora, le evitaba la mirada, eso era extraño. Haruki estuvo por llamarle la atención cuando Fuyuka le llamó para mostrarle unos papeles que consiguió imprimir en su escuela.

―Estas son las ayudas que te mencioné la semana pasada. Abrieron créditos hipotecarios para jóvenes con un primer empleo formal con su certificado de escuela superior. Tú tienes todos los requisitos, mi profesor está dispuesto a darnos asesoría. Podríamos vivir en un mejor lugar…en un lugar propio.

―…―Haruki observó los ceros del ejercicio financiero, eran muchos, muchísimos ceros. Recordó que las pocas veces que vio tantos ceros en un papel se remontaba a sus días de escuela. Escuchaba comentarios tontos entre sus compañeros sobre lo que harían con tantos ceros en su cuenta bancaria. Autos deportivos, viajes, ropa, joyas, etc. La mayoría de ellos rematarían cero tras cero hasta que quedara menos de lo que tal vez tenían inicialmente en la cuenta. Ninguno pensaba en hacer un verdadero cambio de su vida, de seguir así, ninguno de sus excompañeros tendría un lugar propio donde vivir.

―Y con lo que ganas, podríamos pagar las mensualidades, estaríamos un poco apretados, pero seguramente podría entrar a trabajar en un café mientras no estoy en la escuela y…

―Fuyuka, tranquila, tranquila. Es una responsabilidad muy grande para que la tomemos sin considerar…

―Yo sé, Haruki, pero no podemos seguir aquí. No si queremos que Oka-san se sienta mejor.

― ¿Oka-san?

―Si llegamos a tener un lugar propio, Oka-san ya no tendría que preocuparse por el pago de renta, junto con los servicios, las medicina, la comida, todo eso.

―Pero, Fuyuka, para que lleguemos a despreocuparnos aún faltarían muchos años.

―Aún así, llegará algún día, lo hagamos ahora o no.

―Jeje estás muy joven para preocuparte de cosas como una casa propia o un crédito a tantos años―le acaricio el cabello intentando dar por terminado el tema, le incomodaba un poco el tema. Su hermana se quitó la mano del cabello.

―El tiempo pasará, Haruki, seamos o no jóvenes, el tiempo pasará y si no hacemos algo ahora, estaremos obligadas a hacerlo después y sin la seguridad que tenemos ahora.

Sus palabras eran propias de alguien cinco o diez años mayor de los que tenía su joven hermana. Tenía razón, ahora tendría mucho más tiempo para el futuro de lo que tendría en 5 años cuando se considere lo suficiente mayor. La sola idea de tomar una decisión tan madura le creaba un estrés hecho nudo en su estómago.

―De acuerdo, dime qué papeles vamos a necesitar, te los conseguiré y comenzamos a planearlo en orden.

―No te arrepentirás―Haruki esperaba que las palabras de su hermana fueran ciertas.

― ¡Sato vino! ―grito uno de los gemelos asomado por la ventana― ¿lo hacemos pasar? ―. Haruki también dio un disimulado vistazo, la camioneta encendida en la acera del frente. Miró la hora, tenía tiempo de sobra para llegar. Sabía que vendría a buscarla, pero estaba tan segura de eso que una voz contradictoria le aseguraba que no pasaría. Estar tan segura de algo la hacía dudar.

―No, ya salgo―entró a la cocina, veía la espalda de Isuke―ya debo irme―tomó el café que le ofreció, tenía buen sabor pese a la tibieza―Vino a buscarme…le dije que no lo hiciera…

― ¿Puedes culparlo de querer pasar tiempo contigo cuando al fin te encontró? ―tenía el cabello desecho y los pantaloncillos cortos le caían desvergonzados por la cadera. Haruki sonrió, su novia no era una persona mañanera. Le devolvió la taza de café y tomó a cambio un beso, el aliento era un poco agrio en comparación con el suyo con vaho de la pasta de dientes junto con el café, pero no le interesó. Nadie que duerma bien tiene buen aliento a la mañana siguiente.

―Igual tengo que nivelar el juego, él ya sabe muchas cosas de mí, yo aún no tengo idea más allá de la historia principal. Es algo a lo que debería dedicarle tiempo, especialmente si va a estar tan cerca de nosotros, ya sabes las viejas costumbres se arraigan. Da igual…te veré más tarde―tomó su saco, metió el celular al bolsillo y encaminó a la salida. Isuke No asomó la cabeza como hizo Haruki y los gemelos, tomó una mirada fuera, una no muy buena pues apenas distinguió un hombre de traje interesado en el barrio, evitando que alcanzara a verle bien el rostro. Lo que sí pudo ver y retener fueron las placas de la camioneta, eran las mismas de la noche anterior, significaba que era de uso particular.

Isuke:

ANR-1996 ¿Puedes investigar estas placas? Isuke sabe que no te gusta recibir mensajes, pero es importante. Gracias.

Pasaron un par de minutos, usar esa extraña aplicación era algo muy lento, el precio de evitar los rastreos. Mensaje recibido, respuesta:

000-000-000-002

Mama te enseñó bien…te adelantas por buen camino.

Te enviaré un archivo, recuerda la discreción por sobre todas las cosas.

Ese último mensaje no le dejó buen sabor de boca. Sintió un dolor en la boca del estómago, agudo y ácido.

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—Te dejé muy claro que no quería que vinieras a buscarme—el hombre que se suponía era su padre no le prestó atención, veía algo en su teléfono sujeto con las tenazas a las ventilas de aire acondicionado.

—Sube. Vamos a llegar tarde sino te das prisa—ella subió, pero no estaba contenta. Veía pasar los automóviles con personas en iguales condiciones a las de ellos, atareados por llegar quince minutos antes a su trabajo, acelerando al límite de lo que permitían los señalamientos e incluso saltarse una o dos reglas de educación vial con tal de llegar antes de su hora pactada. Haruki conocía bien ese sentimiento, lo vio en acción muchas mañanas con su madre. La cultura japones no era adecuada para las personas que quería vivir su vida sin ataduras estrictas impuestas por toda la telaraña que era su sociedad. Su madre, últimamente rondaba en su cabeza con mayor frecuencia, claro que estar cerca del hombre que escuchaba instrucciones en ingles del GPS en su celular contribuía un poco.

— ¿Por qué fuiste a buscar a mi madre? —Sato no la veía, sus ojos orbitaban del camino a los espejos retrovisores y nuevamente al camino. Igual sus miradas no hubieran coincidido, Haruki no despegó en ningún momento la vista de las placas delanteras, un sedán plateado del año pasado o el antepasado quizás, el conductor manejaba de forma un poco imprudente.

—No entiendo tu pregunta.

—No es muy difícil, ¿por qué fuiste a buscarla cuando supiste donde estaba?

—A tu madre empecé a buscarla apenas me hablaste un poco de tu situación, no estaba seguro que fueras tú de verdad, pero todo apuntaba a que sí. Busqué quienes eran tus padres, la empresa no pertenece al gobierno, pero tenemos nuestras libertades…al inicio no estaba seguro de si tenía derecho a intervenir luego de tanto tiempo, casi quería dar por perdido todo de un carpetazo…pero tú, no podías quedarte con perfil bajo, empezaste a husmear, hacer preguntas, Omuro me aconsejó sacarte del lugar—aquello la sorprendió, a su parecer estaba en buenos términos con la amable secretaria amiga suya, sabía que le pasaba información a Sato, peor aquella era información nueva, igual no le molestó—, no eras un soldado que acataba ordenes, querías saber el porqué de lo que hacíamos…y existen cosas que son mejor no conocer.

—Te refieres a esos hombres que están en el sótano.

—Me refiero a los hombres que no están más en el sótano, correcto—eso no le gustó a Haruki, su cara lo reflejó muy claro—Empezamos a entrenar, tenía la idea de que si no podía cuidarte directamente como haría un padre, podría hacerlo como mentor, claro hasta esa última charla que tuvimos…te hice mucha falta, ¿no es así? —esperaban en un autoservicio de café, la persona de enfrente se tomaba su tiempo.

— ¿Quién sabe? No puedo asegurarlo, puede que ni siquiera fuera yo si tú hubieras estado allí…

—Me refiero a…

—No sé a lo que te refieres, pero igual tampoco quiero saberlo. No voy a lamentar nada de mi vida—Sato la miró, ella no le daba la cara. Tenía el uniforme planchado y limpio, el saco bien puesto y el nudo de la corbata correctamente hecho. Apariencia impecable contrario al complejo de apartamentos del que la vio salir. Se miró a sí mismo, camisa perfectamente planchada, el saco al corte ideal de hombros y brazos, zapatos lustrosos. ¿Los hábitos se heredan?

—Buenos días, ¿Qué va a llevar? ―preguntó una voz con las primeras energías de la mañana, seguramente el saludo iría disminuyendo en ánimos conforme el día pasaba y su hora de salida se acercaba a cada vuelta del segundero.

―Un americano, dos lates sin espuma y dos pares de croissants. Gracias.

―Avance a la ventanilla siguiente, por favor.

El resto del camino, Sato iba bebiendo su café caliente, el auto se inundó de un agradable aroma dominando sobre la peste del cigarrillo. Que curioso como dos aromas que por separado podían ser soportables, en un enfrentamiento entraba en sumisión creando un buen ambiente. Su olfato pronto se acostumbró ayudando a que disfrutara su propio café con una pieza de pan. Cosa tan sencilla que trataba tan bien a su estómago.

―Todos los días paso por un café de camino al trabajo―hizo una pausa para darle un sorbo a su bebida―, junto con un par de piezas de pan como desayuno. No es lo mejor, pero cuando no te pasas por la cocina en mucho tiempo, te obligas a recurrir a los centros de comida rápida.

―Igual que esos policías en películas ochenteras.

―Pero sin parecer un globo derretido.

―PFFFF jajaja―Haruki empezó a reír, no recordaba la última vez que alguien se tiraba un buen chiste. Casi se quema la boca o las piernas, pero igual se carcajeo. Sato no reía, pero tenía una buena sonrisa pintada en la cara. Una buena escena.

Escena capturada por una cámara en manos de un viejo zorro plateado. Tomó una foto de las placas, estaba seguro que eran las mismas que su pequeña le había enviado por mensaje, pero no estaba de más tener la información capturada. Odiaba esa nueva técnica de espionaje, manejar delante del auto al que sigues, esperando que cada uno de sus movimientos fueran avisados con un par de señales intermitentes antes de tomar un desvío. El tipo era muy correcto, avisaba con tiempo cada uno de los movimientos que hacía, y cuando no era así, más valía que el GPS lo colocara de nuevo en el camino por alguna ruta alterna. No era difícil, sabía el destino que llevaban. Estar justo en frente de ellos era lo ideal para escapar del radar de un exmilitar, aunque en un punto y aparte ¿seria correcto llamarlo exmilitar? ¿No decían que una vez dentro, ya nunca volvías? Si los hubiera seguido por detrás habría delatado inmediatamente sus intenciones.

Llegó frente al edificio, estacionó a un costado de la acera y se apeó del auto tomando su celular de paso. Se apoyó al costado del auto esperando a que llegaran. Tenía puestas las gafas de sol junto con un cubrebocas oscuro. El enrejado era largo, desde la entrada a la salida dando a la vía rápida, eso sería importante recordar. Había dos casetas de vigilancia para los autos particulares y una segunda entrada un poco más discreta. Si lo que su amigo había dicho era cierto, Isuke había ingresado por allí. Caminó en aquella dirección. Paso frente a los guardias apostados en la entrada, ninguno de ellos portaba armas, aparentemente claro. La temperatura empezó a bajar conforme se adentraba en la arboleda. Era relajante, sólo de imaginar a su hija yendo por esos senderos para ingresar le daba un poco de risa a la vez que profundo alivio…podría haber.

Sacudió la cabeza. Concéntrate. Buscó uno de los árboles y se abrió frente de este la bragueta. No tenía ganas de hacerlo, pero apostaba que habrían cámaras y los nervios ya estaban exaltados como para ser un desconocido que va echando un vistazo por aquí, otro por allá. Mientras se satisfacía cerró los ojos, pensando. Ella intentó entrar sin apoyo, sólo ella, un ingreso furtivo y salir. No carecía de capacidad para eso, pero si la alarma se disparó era porque no conocía el interior, no sabía de las personas dentro. ¿Por qué no hacerlo fuera? Porque uno nunca sabía cuando el doctor salía de allí. Era más rata que hombre, el tipo de persona que Eisuke disfrutaba en humillar durante la escuela media. Qué tiempos aquellos, los problemas en los que se metía con su grupo de amigos. Bien recordaba esas detenciones donde amenazaban con expulsarlo. Podía ser un estudiante brillante, pero ni el más prometedor de los alumnos estaba por encima de las reglas y para aquel entonces ya estas le fastidiaban demasiado. Una de sus travesuras de niño de closet era accionar la alarma, todo el mundo corría fuera de la escuela como animales salvajes. Recordaba estar siendo regañado por el director cuando saltó la chicharra. "¡Fue tu ultima oportunidad, no quiero volver a verte en esta escuela!" entonces uno de sus amigos entró jadeando, gritando fuego, fuego, el laboratorio se había prendido en fuego, todos corrían fuera como ratas.

Abrió los ojos con una sonrisa, sacudió el pedazo y volvió a metérselo en el pantalón. Estaba tan metido en sus pensamientos que dio un pequeño salto de sorpresa cuando una camioneta frenó de golpe. Quien conducía era aquel toro pelirrojo, la chica lo veía también. Alzó la mano, con la sonrisa aún detrás del cubrebocas. Siguió caminando con las manos metidas en los bolsillos. Sin duda era un buen día para un paseo. Siguió caminando hasta dar con un café, pidió un americano y cuatro sobres de azúcar. Los vertió todos y pidió uno más por si acaso. Un buen día.

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Abrió el casillero buscando su arma asignada junto con los cargadores. Se aseguró que no hubiera balas en la recamara y la enfundó en su pistolera con el seguro puesto, de allí al cinturón; no le gustaba usar armas, le incomodaba el peso extra en sus caderas peleando contra el peso del radio.

Recordaba una película que emitieron la semana pasada en televisión abierta, Isuke la veía junto con Fuyuka, aunque esta última lo que intentaba hacer era su tarea y la TV solo la estaba distrayendo. Haruki llego de un pesado día de entrenamiento con quien en aquel entonces no sabía que se trataba de su padre, que rápido cambiaron las cosas. Sólo se quitó el saco y se acostó en el sofá usando las piernas de Isuke de almohada. Su exuberante novia de mal carácter le dijo que era una película de su director favorito, ¿Tarantulino? ¿Tartarino? No recordaba el nombre, pero sí la película. Un hombre negro con otro blanco acribillando a disparos a un pobre diablo que les vacío el arma sin acertar ni un tiro, eso la hizo reír. Se quedó con ellas para verla, al parecer recién comenzaba. Lo que se quedó con ella era el detalle de que no usaban sobaqueras, le gustaba ese estilo de pistolero renegado, verlos sin estas le parecía hasta doloroso.

―A veces un arma se adapta a ti y tu cuerpo―escuchó decir a su novia. No dijo nada más y ella tampoco buscó alargar esa conversación. Podía ser cierto, pero ella seguiría queriendo una forma más cómoda de transportar la suya en el trabajo.

Su atención fija en un punto de su casillero, pensamientos flotando sin conexión entre sí, Isuke, su padre, sus hermanos, el crédito para una casa. Los vientos de cambio empezaban con fuerza.

―Tenemos que hablar―Toboe la jaló, ya estaba vestido para dar los rondines, con los zapatos manchados y la corbata sin desanudar.

―Eh cálmate ¿ahora qué? ―no le respondió, iba arrastrándola por el brazo hasta cruzar las puertas del patio trasero, caminaron hasta llegar a la segunda entrada. Haruki se zafó del agarre de Toboe―Ya está bien, ¿qué sucede contigo, canario? ¿Qué mosca te pico?

―Omuro dice que te vieron muy alterada ayer, te estuve buscando, te llamé al radio y no respondías. Cuando pregunté por ti con Ryu me dijo que te habías ido con Sawada-san y hoy llegaste con él. Mira, sé que no debería meterme en asuntos que no me importan, pero yo a ti te considero mi amiga, de verdad. Y si llegué a animarme a tener esta platica contigo es porque no me gustaría que salieras lastimada. De verdad, Sagae, entiendo que una chica joven y bonita como tú puede parecerle algo emocionante el interactuar con hombres mayores. Pero…

―Eres imbécil―lo interrumpió Haruki un poco mosqueada por lo que Toboe insinuaba.

― ¿Eh?

―Mira…no tengo tiempo para tus tonterías, necesito ir con Recursos Humanos, acompáñame.

―Pero…pero…

―Te contaré la razón…dudo que me creas ni yo termino de creerlo, pero te diré lo que pasó―empezó a caminar y Toboe rápidamente le siguió los pasos.

La empresa era un buen lugar en el cual trabajar, se encargaba de pagar a tiempo los salarios, hacer validos los seguros para empleados, tenía ciertos programas de apoyo al trabajador dependiendo de las distintas necesidades, sólo debían solicitarse en RH. Claro que este apoyo no siempre se autorizaba inmediatamente. Podía ser que al doctor Iroshi le perteneciera buena parte de las acciones de aquel gran lugar, incluso que el trabajo conjunto de aquella empresa sea con el fin que él pudiera llevar a cabo esas investigaciones. Más no por eso le pertenecía la última palabra, por sobre él se encontraba el director general, el gerente, los jefes de departamento también tenían voz en la mesa directiva y por supuesto los inversionistas. Uno de ellos siendo una conexión importante con el gobierno del país.

― ¿Por qué tardaste tanto? Aún no terminas de contarme lo que hiciste cuando te dijo que era tu padre―su amigo la esperó fuera recargado cerca de una maquina expendedora. Le arrojó un café que atrapó al vuelo— ¿Qué te dijeron?

—Que van a consultarlo, por el tiempo tan corto que llevo en la empresa no están seguros de querer concederme el apoyo crediticio.

—Bueno, un poco de espera no debería ser un problema, tienes mucho tiempo por delante—Toboe no era del tipo que se preocupara en el porvenir, acompañar a Haruki le recordaba a cuando iba junto con sus excompañeros a las universidades, él ni por asomo se interesaba en todo aquello, si con muchos esfuerzos se graduó de su último año escolar, no quería tener nada más que ver con seguir estudiando y menos con el nivel de competencia que dominaba allí dentro. Que los demás corrieran a la meta, él prefería tomarse su tiempo.

—No es por eso, el gobierno ha puesto en marcha un proyecto de apoyo a los jóvenes trabajadores que recién inician sus trabajos formales. Existe un tiempo límite para inscribirse. No sé cuanto tiempo puedan tenerme alguna respuesta.

—Entiendo… ¿qué tal si hablar con tu padre?

—Te dije que no lo estuvieras ventilando.

—Oh vamos, no hay muchas personas por aquí, además, estoy seguro que pronto todo el mundo se enterará.

—Si mantienes tu boca cerrada, no tiene porqué enterarse nadie.

—Mira, lo que quise decir es que si hablas con él podría hacer un poco más rápido el proceso, puede conseguirte una autorización antes de lo que tardaría normalmente.

—No lo había pensado…

Haruki se dedicó toda aquella tarde a pensarlo.

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—Al menos ya se nota un poco más el trabajo de esa idiota, cuando Isuke llegó apenas alcanzaba para una o dos pobres comidas—luego de un buen desayuno, arreglar la cocina e ir a dejar a los pequeños latosos a la escuela, un momento preparando las verduras con la segunda mayor de los Sagae era lo que se necesitaba para relajarse.

—Jeje Haruki se esfuerza mucho, espero salir pronto de la escuela, vamos a necesitar todas las manos que se pueda muy pronto.

—Le dijiste a Haruki acerca de aquellos apoyos económicos ¿eh?

—Isuke-san tenía razón, se lo estaba tomando con poca seriedad.

—Isuke te recomienda que si quieres mantener el barco a flote, no dejes a Haruki el control total del dinero, sólo sabe manejar el que tiene en la mano, de esa forma nunca podrán hacerse de nada.

—El que nada tiene, nada debe. ¿Isuke-san tiene tarjeta de crédito?

—Tenía, hace tiempo Isuke aprendió a… ¿oh? —su celular marcaba una llamada entrante, el número 000-000-000-002—un momento—corrió al cuarto donde cerró la puerta, Fuyuka no trató de escuchar, era de muy mala educación espiar las conversaciones ajenas. Saburo, por otro lado, tenía todas las razones para intentarlo.

—Tardaste en responder.

—Lo siento, mama, no tenía el celular a la mano.

—En los próximos días asegúrate de tenerlo a la mano, es posible que tu estadía en esa casa no dure demasiado.

— ¿Por qué llamaste? ―sonó un poco ruda.

—Las placas que me diste ¿Qué sabes acerca de la persona dueña de esa camioneta?

—No mucho, sólo que le pertenecen al padre de Haruki.

— ¿Ho?

—Es una larga historia, una que no le corresponde contar a Isuke, sólo quería saber si podías investigar un poco a la persona, Haruki aún no confía en él.

—Y nos conviene que no lo haga. Escucha, y escúchame muy bien, pequeña, que me prestes atención será crucial. Su nombre es Sawada Sato y es un importante exmilitar que según información extraoficial se encontraba muerto, gracias a ti sabemos que está muy lejos aún de la tumba, debes guarda las apariencias, tu amiguita es hija de un perro del ejército y no cualquier perro sarnoso de ataque, es el mismo perro guardián que nos puso en esta situación de mierda—sus piernas comenzaron a fallarle, tuvo que tomar asiento en la cama, ese hombre era el padre de su novia, si su boca no tuviera ese agarrotamiento se hubiera reído a mandíbula batida producto su nervios—. Isuke…no tenemos mucho tiempo, en cualquier momento podría saber que estás allí. Esa chica, podría decirle que estás allí.

— ¿Isuke debe salir de aquí? —su corazón dio un vuelco con aquellas palabras. Haruki. No la entregaría, su novia no sería capaz de entregarla ¿verdad?

—No, aún no, no sabe quién eres. Estamos un paso por delante, él y sólo él es lo que se interpone entre nosotros y esa vieja rata. Pero sé cómo haremos para sacarla de su ratonera, sólo necesitamos información. Necesito que le saques esa información a la chica Sagae. Escucha con atención, esto es lo que harás.

— ¿Qué? —dijo en un hilo de voz; Eisuke era todo cuanto había tenido alguna vez en su vida, todo lo demás se esfumo, la vida se ensañó con ella, arrebatando, desgarrando, pisoteando todo cuanto podía importarle y cuando al fin sentía que algo, una pequeña cosa, regresaba a ella y era suyo, verdaderamente suyo…esa misma persona que significaba todo…—No.

— ¿Qué?

—Isuke ha di…eh dicho que no, no haré eso. No quiero hacer eso…

Tres, cuatro, diez latidos de corazón acelerado después y no obtenía respuesta.

Separó el celular de su oído para comprobar que Eisuke no había colgado, el silencio era absoluto.

—Aquella noche que me acerqué a la casa. Te vi muy preocupada por ese niño, un poco fuera de ti. Esa chica…pasó algo con esa chica ¿no es cierto? —no espero a su respuesta, no la necesitaba—, papa y yo acabamos de separarnos. Sabe todo…o al menos casi todo, pero no es ningún tonto. Isuke…esa chica ¿sientes algo por ella?

— ¿Por qué me preguntas esto? —se tapó los ojos con la mano libre, estaba sudada.

—Sabes perfectamente porqué pregunto esto—escuchó el rastro de una sonrisa en su voz, una sonrisa muy fría que nunca pudo superar por más que trataba de igualarla, hacerla propia.

—Sí, siento algo por ella.

— ¿La amas? —el silencio se extendió de nuevo—No tienes aún una respuesta ¿verdad? No te preocupes, es natural je…mira…si haces lo que te ordeno…podríamos hacer lo que tenemos que hacer sin lastimarla. Y no tiene porqué enterarse que fuiste tú…pero debemos ser muy listos…un par de zorros entre perros de caza… ¿fui claro?

—…Sí…—para este punto la voz ya se le entrecortaba.

—Isuke…te amo y no haría nada para que salieras herida. Lo prometo. Me crees ¿verdad?

—Isuke también te ama—pero sus palabras estaban cargadas de miedo. La llamada se cortó.

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―Mantén la guardia arriba, no quiero tener que golpearte otra vez―al momento de arrojar un golpe en dirección a su mejilla pudo sentir el aire y las pequeñas gotas de sudor cayéndole en la cara al momento de esquivarlo.

―El primero dolió lo suficiente para aprender la lección―buscó darle la vuelta, los entrenamientos seguían siendo los mismos. Atender la parte cardiovascular con unas cuantas vueltas, asegurarse un buen desarrollo de fuerza con flexiones, abdominales y la nueva adición, barras paralelas. Era satisfactorio hasta que la fuerza le falló haciendo que casi se seccionara la lengua. Ahora estaban casi al final del entrenamiento, podía sentirlo, casi siempre era así, le daba un descanso para que recuperara el aliento y nuevamente a la carga. Golpeo el costado izquierdo y luego el derecho, este último era el objetivo principal pues aún se notaba esa cojera en la pierna derecha, no la apoyaba bien. Cuando se vieron la cara, ya meses atrás, incluso llevaba un bastón que tuvo que esquivar unas cuantas veces por faltarle al respeto.

Impactó el primer golpe, luego el segundo, no tenía cubierto su flanco. Sin notar cómo o cuando, Sato sujetó por debajo su brazo atrapándolo entre su brazo y antebrazo. Con esa misma mano le sujetó la nuca, Haruki cerró los ojos esperando el impacto brutal que iría directo a su cara. Estaba completamente atrapada e indefensa.

—Parece que aún no aprendes la lección—la soltó del todo, salvo por la mano en la nuca.

Rara vez Haruki se preocupaba por su altura, para ser una mujer era bastante más alta que la mayoría de las personas que conocía y casi tan alta como algunos hombres. En casa podía poner la barbilla sobre la coronilla de Isuke cuando la dejaba acercarse lo suficiente para un abrazo o tomaba desprevenida a la pelirosa. Con Ryu, tenía que abrir más el ángulo de su barbilla para verlo a los ojos, puede que Ryu fuera capaz de hacerle lo que ella a Isuke. Pues Sato era diez centímetros más alto que su jefe directo. Los leones son animales enormes, de grandes dimensiones e intimidantes con esos ojos característicos y esa enorme melena que les asegura la corona. La melena de su padre no era como la de esas fieras, pero lo compensaba con su innegable presencia. Como un toro de Lerma.

— ¿Aún no sanas de esa rodilla?

―La herida cerró, pero aún está sentida―se palmeó, un poco demasiado duro porque hizo una mueca.

―No me has dicho qué te pasó en esa rodilla―Sato se apoyo de ella para caminar a un banquillo. Luego de sentarse se alzó el dobladillo derecho, se veía una enorme herida aún roja y punzante. Haruki sintió dolor en su propia rodilla de ver eso. No podía imaginar cómo tenía la fuerza para manejar su día con tanta normalidad teniendo casi abierta esa parte de la rodilla.

―Sólo es un pequeño recuerdo que me quedó de una velada, gajes del oficio.

―Sólo de ver cómo quedo, da la impresión que la velada no acabó con final feliz.

―Je pues no, no tuvo final feliz…y es algo…a veces me cuesta creer las edades tan cortas con la que las personas se meten en situaciones tan…jodidas. No tenía más edad de la que tú tienes ahora―Haruki supuso que se refería a la persona que le hizo la herida―Hacía mucho que no pensaba en ti y en tu madre, quizás hacía un par de años que me rendí. Quedaron fuera del radar por mucho tiempo, como si ninguna empresa te tuviera a ti o a tu madre en la nómina.

―Nunca firmaba de esa forma, me hacían los pagos en efectivo y Oka-san dejó de trabajar cuando nació Mei.

― ¿De qué trabajabas, Haruki? ―ella miró a otro lado, reteniendo la respuesta. Aquello era el pasado―Entiendo, hoy me llegó una solicitud, en RH quería mi opinión con respecto a tu desempeño y posible continuidad aquí en la empresa.

― ¿Por qué te pidieron eso?

―También eh escuchado acerca de esos programas para jóvenes. El máximo que pueden darte como respaldo es una suma de casi ochenta mil dólares. Debido a que requerirían un enganche de diez mil dólares―la cabeza de Haruki empezó a trabajar a toda velocidad tratando de hacer la conversión de dólares a su moneda―, asumo que no los tienes, por lo que la letra tendría que ser del doble de lo que tú cobras al mes, no puedes abonar por otros lados, se cobrará de tu nómina. ¿Estás entendiendo?

Por supuesto, cuando se decidía a trabajar, enfocar sus esfuerzos por algo de verdad, algo más grande que ella y sus tontos gustos de adolescente sin infancia la realidad de la vida, la burocracia, el desperdicio de papel y tinta que servía de herramienta a los trabajadores de cuello blanco con aire en la cabeza, tan volados que se arrojaban horas interpretando un montón de números como si descubrieran la cura del cáncer.

―Ya entendí, no tiene sentido que intenté eso. No hay forma que me lo puedan autorizar.

―Ya está autorizado, mañana en la mañana tendrás el enganche en tu cuenta bancaria, va a tomar la mitad de tu salario, pero al menos podrás encontrar una buena casa

― ¿Qué? Pero…tú dijiste…

―Les dije que estarías en la empresa el tiempo suficiente para cumplir con tu deuda. Que podían ponerme de abal en caso contrario.

―Pero…entonces…no entiendo―puso una cara boba de confusión. Sato soltó una risa disfrazada de bufido. Del día anterior a hoy, su mascara de seriedad se resquebrajaba.

―No te preocupes, siempre dejaba a Hikari el papel de controlar las finanzas, conocer tus carencias no es malo. Tratar de ignorarlas, sí.

―Quieres decir que sí me autorizaron―dijo llegando al punto.

―Sí, posiblemente tarden un mes en darte respuesta oficial, dales tiempo, pero no te preocupes, puede ir revisando tus opciones para que puedan cambiarse pronto.

―No puedo creerlo―dijo con un susurro. Veía a la puerta por donde llegó aquel primer día, con una enorme carga sobre sus hombres teniendo que transformarla o bañarla de amor y devoción familiar. Su jaula de oro.

—Las cosas cambian, Haruki. Para bien, para mal; nada es para siempre y el nunca no existe—con esas últimas palabras se encaminó a su oficina, no tenía idea de lo que esas palabras maquilarían en la mente de su hija. No se fue con él a casa, se despidió y fue todo hasta el día siguiente. Sato salió de allí viendo a ambos lados de la calle, no notó el par de camionetas yendo en sentido contrario, tampoco el sedan que iba delante de ellos en la mañana seguirlo ahora a su departamento.

La fiesta sería a lo grande esta vez.

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El día iba llegando a su fin, Haruki se había retrasado otra vez. Últimamente eso era lo común, fuera de lo normal sería que llegara temprano. Haruki allí era lo que más necesitaba en esa hora de la tarde. Las nubes veraniegas sobre ese cielo naranja, se le figuraba a un enorme manto de seda al que le hubieran hecho cortes tan profundos que escupía fuera su relleno. La tenía inquieta, aquella tarde en la clase negra que fue turno de Haruki el cielo se veía exactamente igual, se sentía de vuelta en esa habitación con olor a esmalte de uñas, esa misma sensación de ahogo, como si la sujetaran fuerte en un abrazo que no la dejara respirar, y aumentaran libra a libra la presión. ¿Haruki, dónde estás?

Pero había más tardes, noches, mañanas en esa habitación. Cuando entró a aquella clase lo único que estaba en su mente era acabar con todo cuanto antes. Tenía una picazón en la palma de las manos por esgrimir sus nudillos con navajas y regresar a casa con papa y mama. No quería tener que tratar con nadie allí más de lo necesario. Y lo hubiera logrado de no ser por la estúpida de Azuma interfiriendo en su plan. Pensaba en tomar revancha lo antes posible hasta que al entrar a su habitación lo primero que se topó fue esa tonta chica. Demonios, aún sonreía de recordarlo, tenía fuerza suficiente para dislocarle el brazo y partirlo en dos y aún así, hacía lo que sea por ella, atendía cualquier orden ladrada o la seguía por toda la escuela construyendo casi por sí sola la conversación entera. Hablaba de cosas triviales, pero casi cada noche, tocaban temas más profundos y consistentes. Las debilidades que se veían a simple vista de las demás y aquellas que trataban de ocultar a toda costa. Una noche le habló sobre su mama y cómo la crio junto con papa en un mundo nada sencillo para ese tipo de familias, cómo una vez mientras hablaba en el colegio sobre ambos se hizo un silencio muy incomodo y luego los cuchicheos entre sus compañeros de clase. Pasaban y pasaban los años y ese recuerdo seguía asaltándola. Vio en dirección de la otra cama y Haruki aún la veía, ensimismada en recuerdos quizás desbloqueados luego de sólo ella sabría cuanto tiempo. Sostuvieron la mirada un momento tan largo que la pelirosa se quedó dormida con la sensación de estar borrando esa línea que delimitaba la confianza y lo casual. Hasta aquella tarde. Cuando Haruki le arrebató la foto de las manos, fue como si esa línea no sólo fuera pintaba en aerosol rojo, sino que se construyó una pared completa de ladrillos para tenerla fuera. Y ahora, por vicisitudes de la vida estaban más unidas que antes. Eso estaba más que demostrado con lo ocurrido esa misma noche.

Las noches ya no eran tan calurosas como la de aquel primer beso, pero no por ello la temperatura se mantenía fresca dentro de ese cuarto. Estaba entre los brazos de Haruki, dándole la espalda mientras usaba su brazo de almohada y el otro le rodeaba el talle. No podía dormir, pero tampoco pensaba en gran cosa. Luego de un par de besos que dejaron las bocas un poco sensibles pararon los juegos, los toqueteos, ella misma los había parado nerviosa de si tenía o no que llegar a más. Sostuvo las manos de su novia fuera de su cuerpo, el balanceo de caderas también se detuvo. Se veían jadeantes a los ojos, suplicantes de otro poco, un poco más abajo, un poco más íntimo, pero era ir muy lejos o al menos eso fue lo que dijo, quizás yendo en contra de sus verdaderos deseos. Esperaba una suplicante petición de seguir, un arrebato y regresar por ese camino. Incluso se esperaba una discusión. Haruki sólo se rio un poco, limpió el sudor de su cuello y las acomodó a ambas en la cama, justo a la posición en la que estaban ahora.

Golpeo la almohada. ¿Habría pasado media hora? ¿Sería ya pronto el amanecer? No lo sabía, lo único que sabía con seguridad era que aquellas braguitas estaban tan húmedas que corría peligro de resbalarle por entre las piernas. Su centro estaba húmedo y dolía, dolía de forma tan placentera. Sus piernas se frotaban entre sí en un vano intento de aliviar sus ansias. El brazo alrededor de su cintura se sentía tan caliente. Movió la mano acariciando ese brazo, no sería muy difícil, sólo necesitaba empujar aquella mano un par de pulgadas abajo y…no, no podía, le daba demasiada vergüenza para siquiera apretarle la muñeca. Sentía calor, mucho calor y sospechaba que no era por la temperatura de esa noche.

—Al carajo—escuchó una voz casi irreconocible tras su oreja. El resto de la noche fue una sucesión de jadeos, espasmos que no sabía que podía tener su cuerpo y el dulce nerviosismo de ser atrapadas.

Sus manos aún temblaban y un calor inusual renacía por entre sus piernas de sólo acordarse de las cosas que hizo aquella pelirroja novia suya. Nada de eso le ayudó a no soltar un bufido de frustración.

―Parece que Isuke-sama está fastidiada, espero no tener nada que ver con eso―sintió un beso en su cuello.

―Tardaste en llegar―tomó aquello que presentaba, una caja de dulces, ya estaba oscuro, el último rayo de sol ya no se veía en el horizonte.

―Je gomen gomen Isuke-sama―esas simples palabras la regresaron a esos precisos pensamientos que se cruzaban por su cabeza. Un tiempo donde aún no eran la amante de la otra, pero no importaba eso, aquel tiempo era pasado. Pero, ¿Cuánto tiempo debe pasar para que sea suficiente, para que la otra persona le importara lo suficiente como para tomar el riesgo de ir contra los deseos de su madre, de querer luchar por protegerla de cualquier peligro que se asomara por sobre su hombro? ¿Sería suficiente el tiempo pasado como para que se pertenecieran la una a la otra? —Tardé porque me di una vuelta para comprar los chocolates para Isuke-sama y esto también.

Sintió un algo frío arrancando pequeños bellos de su nuca, ella estaba por dar la vuelta y gritarle que tuviera cuidado cuando notó lo que tenía sobre el pecho. Era una linda cadena de color plateado, muy muy delgada en cada eslabón que podía aprisionar un delgado cabello, tenía un dije muy sencillo, el cual sospechaba que no era necesariamente de plata sino de acero inoxidable, era una pequeña ave con un aro lo suficiente grande con el que podía correr a todo lo largo, el medio de la cadena era unido por un segundo dije de jaula representada de forma muy minimalista. Cuando el dije del pajarillo colgaba, parecía que salía de su jaula. El pájaro enjaulado.

—Es…es…Isuke lo agradece.

Miró a la pelirroja, no quería sonreír, pero la sonrisa ya estaba puesta en su cara antes que la sometiera por vergüenza. Haruki le sonreía. Miro aquellos labios, sintiéndose sujeta, atrapada por un extraño campo de fuerza gravitacional. Una pequeña alarma se encendió en su cabeza al sentir esa mano tras de su cuello. Sólo le quedaban cinco centímetros para dar marcha atrás, pero ya era demasiado tarde, las cosquillas en el bajo vientre volvieron, tres centímetros y un temblor le recorre desde su pecho de ida y vuelta. Dos centímetros y sólo espera el choque. Un centímetro y sus bocas aceleran para encontrarse. No ve nada, no siente nada que no sea esos labios, esa lengua fresca tocando la punta de la suya. El beso termina demasiado rápido.

—Vamos, la cena está lista, todos estamos esperando a Isuke-sama—otra vez esos músculos faciales flexionándose y ella sólo la sigue tratando de retomar el papel que ya le queda demasiado chico.

Era suficiente tiempo.

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Pasillos desiertos a su izquierda y derecha, no veía a ninguno de sus compañeros a lo largo de metros y metros de oficinas con las puertas derruidas. Lo que sí veía eran daños por balas incrustadas en madera y concreto, salpicaduras rojas en paredes y azulejos. La mayoría de las ventanas quebradas dando el detalle de pisadas acristaladas que mosqueaba sus nervios. Y todo el desastre no hacía sino empeorar a cada paso, se acercaba al final donde una luz caótica se colaba por la puerta o lo que quedaba de una puerta arrojada de una explosión. Asomándose por el ángulo de la pared alcanzaba a ver a un grupo de fuerza en semicírculo, algunos tenían armas de fuego, otros sólo usaban tonfans, Toboe salía despedido de ese círculo, herido. Haruki vio como uno de los guardias veteranos apretaba gasas alrededor de un mango enterrado. Salió a prisa en dirección al enemigo, empujó a sus compañeros y antes de apartar un par de hombros más la vio: Isuke.

Los hombres no querían disparar, no estaban entrenados para disparar a una civil, claro que una civil no hería a la mitad de ellos sólo con cuchillos y manoplas con navaja. La orden general estaba a punto de cambiar, los ánimos estaban calientes y tenía que interferir. Dio un paso decisivo sin alcanzar a dar el segundo. Una mano la sujetó apartándola del camino, Toboe se apoyó de ella estaba demasiado confundido intentando soportar el estado de shock, Haruki hubiera preferido que se recostara en alguna de las oficinas, pero él la sujetaba como si la vida se le fuera en ello. Empezó a sentir ese liquido caliente que odiaba en las manos, era sangre.

Volvió la vista al frente, era su padre quien la apartó, caminaba directamente a espaldas de Isuke, distraída, tratando de mantener a raya los ataques. Vio las tonfas extenderse en manos de ese hombre, la de la mano derecha hizo un semicírculo a todo lo largo del brazo impactando sobre el hombro de su novia. Un grito seguido del sonido de metal volviendo a impactar con carne. Y otra vez. Y otra vez. Y OTRA VEZ.

― ¡Isuke! ―gritó alargando el brazo en desesperación.

― ¡Despierta, despierta, idiota! ¡Vas a despertar a todos en la casa! ―Isuke la movía, Haruki sentía sus globos oculares secos, le ardían y apenas podía ver. Sentía millares de puntos blancos a la orilla de su visión frotarse contra la piel de sus ojos y dispersándose segundo a segundo. Se tocó la cara y notó húmeda la palma de la mano.

—Un mal sueño, sólo era eso. Un mal sueño—dijo con alivio en la voz. Volteó a ver a Isuke y un frío le atenazo la garganta, parecía que la habían golpeado con una piedra en el rostro, tenía toda la boca partida y le escurrían sendos ríos de saliva ensangrentados. Toda la piel estaba hinchada y su cabeza, en aquella zona donde no tenía cabello se veía hundida, como si la hubieran golpeado tantas veces con el bate que le habían abierto surcos.

Volvió a abrir los ojos dando un casi salto, agauntó el grito en la garganta y volteó a ver a Isuke. No tenía ningún golpe ni magulladura. Descansaba como venus con ambos brazos a cada lado de su cabeza. Tomó la sábana y le tapó los exuberantes pechos. El sueño no tardo en reclamarla de vuelta apenas encontró de nuevo el lado cómodo de la cama.

N/A: *la cámara se enciende, busca una buena toma, pasa por el librero, por la zona de juegos y al fin da con la chica con una libreta de viejas anotaciones a su lado* ¿saben cuándo debería de subir esta historia? El día de hoy 28 de junio, sí, ayer ¿por qué no lo hice? Porque no tengo internet en casa y debo esperar a llegar a la oficina donde le robo un poco de tiempo a la directora de la empresa para mis asuntos personales. Si lo pensamos detenidamente…ella me estaría pagando por escribir, no sólo por trabajar. Jeje bueno mi querido lector constante, ¿qué te parece? No sé tú, pero a mí me satisfizo el resultado. Últimamente he tenido pensamientos un poco…no muy positivos, sin razón alguna, sólo por tenerlos. Je pero no te aburriré con mis tonterías, espero que te haya gustado. Ya sabes si ves alguna falta de ortografía me lo mencionas, comentarios, criticas, preguntas, tomatazos, invitaciones a cenar. Y comenta qué otra historia debería retomar y porqué. Tu apoyo se siente así, con algún comentario. ¡AH! Y MUCHAS MUCHAS GRACIAS a esa persona que dejo los últimos comentarios anónimos, fuiste el empujoncito para apurarme con este cap si llegas a poner otra vez comentarios deja también tu nombre para agradecértelos como es debido. Kitsune-Alfa también aprecio tu comentario. Ahora sí, nos vemos *se apaga la cámara*