Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you fanficsR4nerds for giving me the chance to share your story in another language!

Este capítulo no está beteado, así que todos los errores son míos.


.: Cuarenta y cinco :.

—¿Estás lista?

Hemos postergado esto lo máximo posible. Después de regresar al pueblo y dejar el carro en algún sitio donde pudieran descubrirlo, encontramos un lugar donde pasar la noche mientras reuníamos nuestras provisiones y finalizábamos nuestro plan. El meollo del asunto es simple: no separarnos. Las cosas se ponen infinitamente peores cuando no estamos juntos, y ambos acordamos que tenemos que enfocarnos en demasiado como para preocuparnos por eso.

Miro a Edward con el corazón martilleándome el pecho. Lo que no daría por estar de regreso en la habitación que compartimos anoche, perdiéndonos el uno en el otro una y otra vez. Daría casi cualquier cosa por no tener que hacer lo que estamos a punto de hacer.

—Sí —susurro, volteando la cara a otro lado.

Edward emite un sonidito y luego me veo arrastrada de lado hasta que mi espalda golpea un árbol y Edward se cierne sobre mí, invadiendo cada uno de mis sentidos. Mi cuerpo se prende fuego cuando se agacha para besarme con fuerza.

Él me llena con un universo de pasión y me aferro a él, mi cuerpo se fusiona con el suyo, desesperado por estar más cerca, siempre más cerca.

Mis caderas se abren para él, mis piernas se elevan para agarrarse de su cintura mientras él se mueve contra mi cuerpo. Carajo.

Estoy a punto de arrancarnos la ropa a ambos cuando rompe el beso, inhalando profundamente.

—Pase lo que pase. —Gruñe, su boca se pega a mi mandíbula, baja por mi garganta. Mi cabeza golpea el tronco del árbol al echarse hacia atrás—. Sin importar lo que nos pase —susurra sobre mi piel—. Nada en el universo ha sido más real o verdadero que esto. —Empuja sus caderas contra las mías y grito, mis piernas le aprietan la cintura—. Esta sacralidad entre nosotros es la única verdad. —Se endereza y me besa otra vez, y me veo totalmente perdida ante él. Mi hambre grita por más, y mi cuerpo lo pega a mí, encontrando el mecer de sus caderas con mis propias embestidas.

»Somos inexorables —susurra, rompiendo nuestro beso para respirar. Mi pecho se agita junto al suyo y me abruma un sentimiento que no puedo identificar. En cierta forma, es más devorador que los universos que nacen entre nosotros cuando nuestros cuerpos se hacen uno solo; más precioso y aterrador que nada de lo que haya sentido antes. Mi cuerpo está temblando y cuando mis manos enmarcan su cara, siento que estoy sosteniendo entre mis palmas algo que es infinitamente más precioso que la vida misma.

Los ojos de Edward se cierran y apoya su frente en la mía.

—Aguanta, Pequeña —murmura—. Ya casi termina todo.

El invierno se desvanece cuando entramos al Bosque Hazel. Me siento aliviada; hasta ahora no me había dado cuenta de lo fría que me sentía.

Me quito el abrigo, dejándolo sobre una roca. En parte para que no me detenga, pero también en caso de que necesite una escapada rápida. No puedo ver las puertas de los elfos por mi cuenta, y aunque necesito a Edward para entrar, puedo salir por mi propia cuenta sin problemas. Detesto tener en mente esta estrategia para huir, pero sé que es necesario.

Como dijo Edward, no puedo confiar en nadie dentro del Bosque Hazel.

Avanzamos a través del bosque, haciendo más silencio que la primera vez. Aprendí esa lección a las malas y no es algo que quiera revivir.

No estoy segura de dónde estamos cuando entramos, ya que es un punto diferente del sitio donde salimos, pero Edward parece saberlo, así que lo dejo guiarnos. Estamos a media mañana y aunque la cobertura de la oscuridad nos habría ofrecido mayor protección, temo qué criaturas podríamos descubrir durante la noche.

Edward nos lleva por un sendero invisible, nos hace rodear árboles y rocas al azar. No me atrevo a cuestionarlo – que no pueda verlo no significa que no haya todo tipo de cosas asechando en el bosque.

En realidad, nuestro plan es muy simple. Edward necesita encontrar a otro de los juguetes de la Reina Serpiente para que pueda esparcir el rumor de que necesitamos el collar. Él puede prometerles libertad a cambio de eso, así que está seguro de que nos ayudarán. Luego de que puedan quitarle el amuleto, se supone que yo de alguna manera los voy a liberar mientras huyo para salvar mi vida. Tengo la esperanza de que para ese momento el Rey y la Reina tendrán un ejército más pequeño a su disposición ya que no podrán ordenarles usando los lazos de lealtad.

Simple.

Edward sigue caminando hasta que se detiene abruptamente con la espalda erguida, sus ojos como platos. Me congelo a su lado y me hace una seña para agacharme. Me pongo en cuclillas de inmediato, escondiendo mi cuerpo entre unos helechos enormes. Él está agachado junto a mí, escondido, esperando.

Tardan unos minutos, pero luego pasan junto a nosotros dos criaturas y puedo notar por su armadura que son parte de la guardia. Nos quedamos en silencio mientras pasan. No voltean en nuestra dirección.

—Van de regreso al castillo —susurra Edward—. Tienes que seguirlos.

—¿Qué?

—Yo tengo que encontrar otra manera de entrar. Seremos muy obvios si vamos juntos. Usa tu magia, deja que te oculte. Eso debería ser suficiente para mantenerte a salvo hasta que llegues al castillo. Una vez adentro busca la biblioteca. Debe haber ahí un pergamino donde fue grabada la leyenda del hechizo.

Lo miro boquiabierta.

—¿Y tú qué vas a hacer?

Hace una mueca.

—Hay otra entrada. Un tanto desagradable, pero podré entrar sin ser detectado. Buscaré a los esclavos de la Reina ahí.

Sacudo la cabeza.

—Ese no era el plan. —Siseo y Edward sonríe con tristeza.

—La única manera de sobrevivir ahora es improvisar. —Se mueve hacia enfrente para besarme con fuerza—. Adelante, y no dejes que te atrapen.

Estoy confundida y enojada, pero también sé que tiene razón. Tenemos que ser flexibles, o de verdad no saldremos de aquí con vida.

Respirando profundamente, lo miro enojada.

—No te atrevas a morir —espeto. Sonríe cuando me pongo de pie y salgo corriendo tras los dos guardias.