Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you fanficsR4nerds for giving me the chance to share your story in another language!

Este capítulo no está beteado, así que todos los errores son míos.


.: Cuarenta y siete :.

Mis sollozos son silenciosos y sacuden mi cuerpo con tanta fuerza que no puedo respirar. Estoy cubierta con la sangre de la que quizás fue la única criatura aquí que de verdad ha sido amable conmigo en cierta forma. ¿En esto me he convertido? ¿Alguien que les corta la garganta a sus amigos?

Quiero acurrucarme en el piso, olvidar este horrible momento, pero tengo que seguir avanzando. No puedo quedarme aquí. Ya me he demorado demasiado y no puedo permitir que la vida y muerte de Alistair sean por nada. Él sacrificó mucho por mí, e incluso si le ordenaron hacerlo, lo sentí en sus últimos momentos; él habría elegido ayudarme de todas maneras.

Levántate, Bella. Levántate y muévete.

La voz dentro de mí es demandante, me obliga a ponerme de pie. Me resbalo con su sangre y eso casi me destruye otra vez.

Limpio con dedos temblorosos la navaja de cazar usando mi camisa antes de envainarla y avanzar por el pasillo. No puedo voltear al ver el cuerpo sin vida de Alistair, no puedo detenerme a soñar con darle un funeral adecuado. Tengo que seguir avanzando.

Odio en quien me he convertido. Odio todo lo que está búsqueda me ha traído. Justo ahora, en mi enojo y dolor, eso incluye también a Edward. Más que nada, desearía nunca haberme cruzado con él.

No soy yo misma y no lo he sido desde hace mucho tiempo.

Mis pies se detienen de golpe en el pasillo, y tengo que apoyarme en la pared y respirar profundamente para dejar salir mis lágrimas. Mi magia sale con furia de mí, arremetiendo en mi dolor, y a mí alrededor puedo sentir que las paredes se sacuden.

Es suficiente para obligarme a controlarme. No me pueden atrapar, no así.

Me doy otro minuto para respirar profundamente, y luego aplasto cada sentimiento, cada pensamiento, en lo más profundo de mí.

Después de otro minuto me pongo en marcha otra vez, me alejo de la pared y me enfoco en mi tarea. Avanzo a trompicones por el pasillo, dejando que me guíe mi magia. Alistair tenía razón; reconozco la biblioteca en cuanto me cruzo con ella. Puedo sentir el poder de palabras almacenadas detrás de las enormes puertas dobles. Una magia muy profunda reside aquí.

Jalo la puerta. Está pesada y mi cuerpo fatigado batalla para hacerlo.

Abro la puerta lo suficiente para poder meterme.

La biblioteca está a oscuras, pero incluso en la oscuridad puedo sentir la inmensidad del espacio. Las puertas se cierran a mis espaldas con un gentil golpe y mi corazón triplica su velocidad en mi pecho. Diosa, ¿cómo se supone que voy a hacer esto?

Las palabras reverberan a través de mí. Te ofrezco visión verdadera. Que tus ojos vean lo que tu magia conoce.

Respiro profundamente, cierro los ojos, y confío.

Mi magia barre la habitación, inundando cada recoveco y cada rincón en la biblioteca, buscando.

Lo reconozco al sentirlo y abro los ojos de golpe. Sigue a oscuras, pero mi magia se ha convertido en una especie de sexto sentido, permitiéndome navegar sin trabas.

Mis pasos son seguros y me muevo con propósito a través de la oscura habitación, confiando en que sé a dónde voy.

Hay una infinidad de libros y pergaminos en esta habitación, y cada uno de ellos está vivo con una energía que me llama. Me susurran, llamándome a acercarme, tentándome con su conocimiento.

Requiero de toda mi fuerza para no perder el enfoque, para no vagar hacia ellos y perderme en todo eso.

Siento mi magia jalándome hacia enfrente, intentando mantener en el camino correcto.

Doblo en una esquina y me detengo de golpe, mi corazón se congela con pánico al ver a alguien. Estoy tan alterada que tardo un minuto en darme cuenta de que estoy viendo mi propio reflejo.

Es una visión espantosa. Estoy cubierta de sangre y lodo de mi caminata entre el bosque. Me veo muy acabada, y sin importar cuánto insista en que debería, no puedo mirarme a los ojos. Estoy avergonzada de la persona a la que veré regresándome la mirada.

Estoy a punto de apartarme del espejo cuando un destello de oro capta mi atención.

Parpadeo, mirando el espejo. Me veo igual, excepto que no. Hay algo diferente en mi cara y tardo un minuto en darme cuenta de que mis ojos ya no son cafés. Tengo que encontrarme con su mirada, con la chica en el reflejo, para empezar a entender de verdad. Sus ojos son plateados, reflectivos y brillantes. Iguales a los de Edward.

Es espeluznante, y tengo la sensación de que la mujer del espejo que me está mirando no soy yo en verdad. Al menos, no cómo soy ahora. Ella me sonríe y tengo que subir la mano hacia mi propia boca para asegurarme de que no estoy sonriendo. Su brazo no se mueve con el mío y un estremecimiento me recorre la espalda. Entre más la miro, más veo que no es del todo yo. La extrema delgadez de sus mejillas y cara se está desvaneciendo. Se ve más esbelta que yo, más suave y fuerte en formas que no entiendo. Alrededor de sus hombros lleva puesta una capa dorada y me doy cuenta de que tiene suaves plumas entretejidas en ella.

—¿Quién eres? —pregunto, mi voz suena rasposa y ruidosa en el silencio de la biblioteca. Ella me ofrece una sonrisa enigmática.

—La pregunta correcta —susurra, y su voz suena tan desconocida que empiezo a dudar que sea yo en absoluto. Entre más la miro, más creo que no lo soy—. ¿Cuándo soy?

La miro, totalmente paralizada y confundida. Sonríe, y su sonrisa es aguda, casi feral. Hace que el miedo viaje a través de mí y sé que esta mujer en el espejo no soy yo. Es extraña hasta ser irreconocible.

»Me encontrarás, Pequeña. —Ronronea el apodo de la misma manera en que lo hace Edward y no puedo detener el estremecimiento profundo que recorre mi espalda—. Cuando sea el momento, me encontrarás.

Estoy temblando.

—Creo que no quiero hacerlo.

Sonríe.

—Lo harás.

—¿Qué eres? —pregunto.

Sonríe y las plumas a su alrededor revolotean.

—Vas a tener que encontrar más valor antes de que termine el día. —Ladea la cabeza—. No te inquietes, Pequeña. —Ronronea—. La muerte no es tan mala como temes. Lo aprenderás pronto.

Mi corazón cae en picada, pero antes de poder preguntarle algo, escucho que se abre la puerta de la biblioteca. Me siento demasiado frenética, demasiado desorientada, y cuando intento esconderme, tiro una pila de libros que golpean el piso con un inmenso golpe sordo.

En pocos momentos los guardias se lanzan sobre mí, me ponen de pie y mientras me llevan, alzo la vista al espejo. La mujer sigue parada ahí, riéndose mientras me veo arrastrada lejos de ahí.