Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you fanficsR4nerds for giving me the chance to share your story in another language!
Este capítulo no está beteado, así que todos los errores son míos.
.: Cuarenta y ocho :.
Me pregunto cómo me encontraron tan fácilmente, pero cuando los guardias me arrastran fuera de la biblioteca, comprendo que como una verdadera idiota dejé un rastro de sangre para que lo siguieran.
Estoy tan enojada conmigo que, por un momento, eso ahuyenta el miedo.
Giramos antes de tener que pasar por el sitio donde maté a Alistair y lo considero un pequeño favor del universo, incluso cuando probablemente me están arrastrando hacia mi inmediata ejecución.
Tengo el presentimiento de que la Reina Serpiente no me dejará escapar de sus manos tan fácilmente esta vez.
Me arrastran hacia la sala del trono, y esta vez está casi vacía. Me tiran de rodillas y hago una mueca cuando éstas golpean el duro piso de piedra. los guardias se alejan de mi lado y alzo la vista lentamente. La sala se vacía, y se me escapa el aire de los pulmones al darme cuenta que me dejaron en la sala con nadie más que la Reina Serpiente.
Sus ojos brillantes se clavan en mí y golpetea una larga uña sobre su trono de hueso blanco.
—Así que —murmura— regresaste.
Trago con fuerza, sentándome sobre mis talones para encontrarme con su mirada.
—Lo hice.
Sus uñas están golpeteando con un agudo sonido intermitente que resuenan a través de mis orejas, haciendo sacudir mis huesos.
—Me negaste una muerte la última vez que estuviste aquí. —Intento no encogerme bajo su mirada intensa y tóxica. Sus ojos pasan sobre mí—. Parece que ya compensaste eso.
Bajo la vista a mi ropa manchada de sangre y mi estómago se revuelve.
—Le hice un favor a un amigo —susurro con la garganta cerrada.
Hace un sonidito.
—Sí, eso parece. —Golpetea otra vez con sus uñas y veo que las serpientes en sus muñecas parpadean lentamente—. Me alegra ver que al menos hayas aprendido algo desde que te dejé escapar la última vez.
La miro boquiabierta.
—¿Tú qué? —Incluso yo puedo escuchar la incredulidad en mi sorprendida voz.
Sonríe.
—¿De verdad creíste que serías capaz de escaparte de mí si quisiera verte muerta?
No sé cómo responder ante eso. La miro y suspira, ladeando un poco la cabeza. Desde su garganta me guiña el pesado rubí.
—Oh, Ovejita, las cosas que no sabes. —Su voz suena condescendiente y mis ojos se mueven a los suyos.
—Sé lo suficiente —gruño.
Golpetea otra vez sus dedos.
—Ya veremos.
Mis ojos se mueven a su collar otra vez y la escucho tararear.
—Esperaba que entraras en razón —dice, atrayendo mis ojos de regreso a su cara—. Esperaba que vieras la trampa en la que te pusieron y que huyeras de ello.
Me empiezan a sudar las manos.
—¿A qué te refieres?
Sus brillantes ojos se encuentran con los míos y no hay ni una pizca de calidez o amabilidad en su rostro al hablar.
—Te han preparado como una oveja para el matadero. Miraste dentro del alma de tu verdugo y lo recibiste con las piernas abiertas.
Me encojo, cada una de sus palabras se me clava como una flecha.
—¿De qué estás hablando? —digo con voz ahogada.
Se levanta de su trono, avanza hacia mí.
—Se le ordenó a Edward enamorarse de ti —susurra—. Conocemos el costo del hechizo. Sabemos que se requiere el sacrificio de un amor más grande que cualquier otro amor. —Se detiene, cerniéndose sobre mi cara—. Se le ordenó a Edward salir al mundo para encontrar un amor que lo dejaría de rodillas, para luego traer a esa criatura para que pudiera ser sacrificada.
Siento que se desgarra cuando cada una de sus venenosas palabras se hunde más y más en mí.
Mi cuerpo está temblando y puedo sentir que mis rodillas empiezan a ceder en mi negación.
—No —susurro—. No, eso no… él no puede…
Ella suspira.
—Esperábamos que tardara más. El amor rara vez sucede de la noche a la mañana. —Hace una pausa, sus ojos se mueven hacia mí—. Debes ser algo verdaderamente especial para que él te haya traído ya de regreso.
Voy a vomitar. No puedo creer en el veneno de sus labios – no puedo – pero una parte de mí lo cree. Nada en Edward ha tenido sentido nunca y he sabido desde el inicio que él no estaba siendo honesto conmigo, al menos no por completo.
¿Pero esto?
—Intenté ahorrarte esto —dice la Reina Serpiente—. Una muerte a manos de mis bestias es dolorosa, pero menos dolorosa que lo que estás viviendo ahora.
Alzo la vista a ella.
—¿Por qué? —grazno.
Ladea la cabeza.
—Resulta que me gusta el balance del poder como está ahora. Mi esposo me teme, y aunque se supone que somos iguales, el miedo que me tiene lo mantiene bajo control. —Sacude la cabeza y su brillante cabello rojo danza a su alrededor como llamas—. Fue él el que envió a Edward. Él ha estado detrás de cada acción que ha realizado tu amante. Cada vez que se enterraba entre tus piernas, era porque mi esposo lo ordenaba.
Voy a vomitar. Sacudo la cabeza, apartándome de ella.
—No —digo con voz rota—. No. No te creo.
Se encoge de hombros.
—¿Deberíamos traerlo aquí? —pregunta—. Estoy segura de que a Edward le encantaría contarte él mismo cómo es que traicionó tu tan vulnerable confianza.
—¿Por qué me dices todo esto? —jadeo, la negación y la rabia en conflicto en lo más profundo dentro de mí.
—Porque… —susurra, baja la mano y me agarra el mentón. Sus ojos arden brillantes mientras se aferra a mi mentón y la serpiente en su muñeca sisea suavemente—. Entre más profundo tu desamor, más dulce será tu sangre. —Las serpientes sisean y puedo sentir una lengua lamer mi mandíbula—. Mis bestias se darán un festín de ti y mi esposo no tendrá que saber nunca que sobreviviste. Se entristecerá mucho al escuchar que su plan falló, pero estoy segura de que Edward será enviado de inmediato a encontrar un nuevo amor. No debería tomarle demasiado tiempo. ¿Qué podría valer la pena por el amor de una criatura como él?
La miro con rabia.
—Nunca conocerás el poder de esa clase de amor —bramo con voz temblorosa.
Baja la vista hacia mí.
—Oh, Ovejita, ¿no lo ves? Tengo más poder del que puedas imaginar. —Me sonríe, soltando mi mentón—. Ahora, la verdadera pregunta es, ¿dejo que mis bestias te coman aquí o afuera?
Se aleja de mí al hablar y me siento vacía y confundida. Una solitaria lágrima cae por mis mejillas y siento que aterriza en mis labios, el sabor de la sal y el dolor me llenan.
Despierta.
Parpadeo, mirando a la Reina Serpiente, pero incluso mientras la veo sé que no fue ella la que habló.
Despierta. Despierta y recuerda.
No hay nadie a mí alrededor, ni un alma además de la Reina Serpiente. Esa voz me es conocida en cierta manera que no puedo identificar, pero mi corazón empieza a martillear, ansioso y excitado. Puedo oler el mar, sentir los dientes mientras se hunden en mi cuello. Me rodeo la garganta con los dedos, encontrando el sitio donde deberían estar las marcas de dientes que desgarraron mi piel, pero que han sanado mágicamente. Intercambiaremos secretos. Yo tomaré de tu poder, y a cambio ¡tú despertarás!
No sé si estoy escuchando un recuerdo, o si la criatura del fondo del mar sigue llamándome. Siento el frío del agua deslizándose sobre mi piel, siento el ritmo de las olas rompiendo contra la playa, chocando en mi pecho. No soy una criatura del mar, pero el mar ha dejado su marca en mi alma a cambio de una probada de mi poder. Las palabras reverberan en mí, urgiendo mi sangre a la acción hasta que siento que estoy ardiendo de adentro hacia afuera.
Recuerda, recuerda, ¡RECUERDA!
Y de repente, lo hago.
Piedra rojo rubí… ojos plateados… alas doradas… la sonrisa de Edward… pelaje suave… fragmentos de hueso… el sabor del mar… manzanas dulces y ácidas en mi lengua… Edward llenándome… el ronroneo de un gato… el graznido de un ave negra… fuego… moras y pino… labios sobre mi oreja, susurrando… Encuéntrame, mi amor…
Jadeo, caigo hacia enfrente, mis palmas golpean el duro piso de piedra mientras la magia fluye a través de mi cuerpo, sacudiéndome hasta la médula. Cosas que recuerdo, pero que nunca he vivido; cosas que puedo saborear que nunca he comido; palabras dichas que nunca han sido pronunciadas para mí.
Te nombro, tu nombre verdadero, tu nombre perpetuo.
Las lágrimas arden en mis ojos y mis dedos arañan el piso. Escucho que abren una puerta, siento que Edward entra en la habitación, pero no puedo verlo. Mi magia está creciendo, llenando la sala, desintegrándome junto con ella.
¿Qué soy?
