Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you fanficsR4nerds for giving me the chance to share your story in another language!

Este capítulo no está beteado, así que todos los errores son míos.


.: Cuarenta y nueve :.

No soy nada y lo soy todo a la vez.

Existo, más allá de cualquier medida de tiempo, más allá de cualquier plano de la existencia. Me he convertido en eternidad.

Es pacífico, existir en este lugar más allá. Tranquilo y callado. Sé todo lo que es y lo que fue y lo que será, y nada de eso importa.

Pequeña.

La palabra flota a través de mí, y en mi estado elevado, siento su energía, brillante y pura y cálida. Es pasión y exasperación y envidia y orgullo. Es amor.

Esa palabra construye universos propios, floreciendo vida nueva donde puede.

Pequeña.

Las palabras tienen poder, y esa palabra tiene más poder que la mayoría. Habla de cosas perdidas y encontradas, de promesas que todavía no han sido cumplidas. Habla de esperanzas y sueños y fe donde una vez no hubo fe. Esa palabra ha cambiado el curso del universo mismo.

Pequeña.

Es un llamado, atrayente, y antes de que los últimos jirones de mi consciencia se escapen, esa palabra echa raíces en mí.

Es doloroso, volver a unirme después de haberme desmoronado, como obligar a un planeta a pasar por una pajilla. El peso aplastante de ser recompuesta otra vez me matará; sé que lo hará. Esas palabras me han atraído del todo y la nada, y ahora serán mi fin.

Las almas son lo contrario a las estrellas. Un inmenso todo se compacta, se aplasta y se empaca en un pequeñito cuerpo frágil, y de alguna manera, existimos en esta figura reducida, cuando con toda razón deberíamos estar explotando constantemente.

Las almas son el milagro más puro que el universo ha logrado.

Mi alma se aplasta sobre sí misma, y cuando encuentra mi cuerpo, hay un momento, efímero pero verdadero, donde todavía puedo ver todo. En ese sencillo momento, veo a Edward, con ojos grandes, destello plateado, resplandeciendo con su miedo mientras se cierne sobre mí. Lo veo, y lo sé.

Sálufélagi. Mi alma ve la suya y se conocen, más allá de esta vida, más allá de todas las vidas. Somos uno.

Sus palabras están susurrando en mi alma, anclándome una vez más a este cuerpo, a este momento en el tiempo. Mi mano se alza hacia su cara y cuando nuestras pieles se tocan, me prendo en llamas, brillante y caliente y hambrienta.

—Lo siento, Pequeña —murmura con ojos pesados a causa de la pena. Pero ahora lo entiendo. Lo sé. Y no hace falta llorar.

Intento decírselo, pero su miedo y pesar le nublan la mente. Él no ve que es muy simple.

—Te encontré —digo ahogada, mi voz suena ronca, como si llevara mil años sin hablar—. Te he encontrado.

Él sonríe, pero es una sonrisa triste, llena de desamor.

—Sí, Pequeña. Me encontraste.

Lo jalo a mí, necesito que lo entienda, pero antes de poder acercarlo lo suficiente, él se ve arrebatado de mis brazos. El mundo está oscuro sin su luz sobre mí y parpadeo, moviéndome lentamente. Siento el peso de mil libras y cada momento es una agonía. Alguien está hablando, pero no puedo enfocarme en nada más que en mi propio dolor.

Me las arreglo para sentarme y tardo un minuto en darme cuenta que estoy sobre el piso en medio de la sala del trono. El Rey Hazel y la Reina Serpiente están parados ante mí, ambos imposibles de leer y mirándome con furia. Tardo otro momento en darme cuenta que no están enojados; tienen miedo.

Parece que una bomba detonó en la sala a mi alrededor, y yo estoy sentada en el cráter. No sé qué pasó, o cómo pasó, pero no importa.

—Mátala. —El Rei Hazel habla con voz temblorosa, y mis ojos se encuentran con los suyos. Se encoje ante mi mirada—. ¡Mátala ya! ¡Completa el sacrificio!

Escucho su pánico, pero no me preocupa. Miro a mí alrededor. La Reina Serpiente me está mirando con horror y miedo, y me bebo ese miedo como si fuera el más dulces de los vinos.

—¿Por qué tan asustada, Ovejita? —le pregunto.

Retrocede un paso, se tropieza con su vestido y cae al piso. Se alza, poniéndose de rodillas.

—P-por favor —llora, le tiemblan las manos. Sus serpientes ya no están –fueron vaporizadas por mi poder– y mis ojos se enfocan en el rubí de su cuello.

—Tienes algo que me pertenece.

Me mira, luego su mano vuela a su cuello. Incluso cuando su vida está bajo amenaza, se muestra reticente a separarse de él.

Al moverme lo hago más rápido que un pensamiento. Estoy a su lado al instante, sacando la navaja de su funda en mi cintura. Le agarro el cabello rojo ardiente, le jalo la cabeza hacia atrás y le corto la garganta. Su llanto muere en su lengua mientras su sangre sale a borbotones. Otro movimiento de la navaja, y su cabeza es separada de su cuerpo. La dejo caer al piso mientras me agacho para recoger el collar de la sangre que rápidamente se está acumulando. Me calienta las palmas al tocarlo y una sensación como de haber llegado a casa barre sobre mí. Alzo la vista y, por alguna razón, no me sorprende ver a la vieja bruja parada en la orilla de la sala. Nadie más parece verla, pero no importa. Sé que está aquí por mí.

—¿Ya lo descubriste? —Sus ojos se posan en la sangre que me cubre las manos y le muestro el collar, el rubí resplandece brillantemente.

—Sí —le digo.

Alza la vista a la mía. Se ve igual que en mis visiones, aunque siento una pesadez a su alrededor que llena la sala.

—Has visto la verdad —dice con sus ojos fijos en los míos. Tal vez todavía puede ver la eternidad que permanece ahí.

—La he visto —reconozco.

Ladea la cabeza para mirar alrededor de la sala. Todos los demás están congelados y no sé si ella de alguna manera lanzó un hechizo sobre todos, o si simplemente estamos hablando en un momento fuera del tiempo.

—¿Conoces mi historia? —pregunta, sus ojos se mueven de regreso a mí.

Aprieto la quijada.

—Sí.

Sus ojos se apartan de mi cara.

—Así que has visto los horrores que he cometido.

Respiro profundamente una vez, luego otra.

—Vi los errores que cometiste —digo lentamente. Quiero sentirme furiosa con ella, enfurecerme por su estupidez, pero incluso yo sé que hay más detrás de su historia que lo que se ha mostrado en la superficie. Siento su energía y su magia y la sangre compartida entre nosotras.

—Te esperan muchos errores por delante —dice, se mueve en su sitio y encuentra mi mirada otra vez.

Trago con fuerza.

—No. No es así. No ahora que estoy despierta.

Su sonrisa es pequeña y efímera.

—No puedes quedarte así.

Me detengo ante esto.

—Tu viaje apenas comienza —murmura—. Bella apenas ha comenzado.

Respiro cuidadosamente.

—¿Por qué?

—Porque estás maldita.

Me tartamudea el corazón en el pecho.

—¿Maldita? —La palabra pesa en mi lengua, mi mente se tambalea con las implicaciones—. ¿Cómo? ¿Quién me hizo esto?

Sacude la cabeza incluso antes de que pueda terminar de hablar.

—Ni siquiera yo conozco la respuesta a eso.

—¿Qué debo hacer?

Sus ojos tristes se mueven hacia Edward.

—Tres veces renacida vas a aparecer —murmura—. Tres oportunidades para encontrarlo. —Se detiene, mirándome—. Tres oportunidades para descubrir la verdad.

Sacudo la cabeza.

—Pero ahora lo sé. ¡Lo encontré!

Ladea la cabeza.

—La maldición que tienes sobre ti es más grande que cualquier magia que conozco —dice suavemente.

—No puedo perderlo otra vez.

—No tardarás mucho hasta encontrarlo otra vez —comenta—. Ni siquiera las estrellas del cielo pueden mantenerte lejos de él.

Trago con fuerza.

—¿Lo recordaré?

Sonríe con tristeza.

—No.

Mi corazón se contrae.

—Necesito más tiempo con él.

Estira un brazo, su mano le acaricia los hombros a él y juro que yo también puedo sentir su caricia.

—Lo tendrás.

—¡Pero no así! —grito, las lágrimas pican los ojos. Ella voltea a verme un momento.

—Nunca somos los que éramos.

El enojo crece en mí, y fija su mirada en mí.

—Confía. El tuyo es un amor que reescribirá las estrellas una y otra vez.

Abro la boca para hablar, pero dedicándome una sonrisa, desaparece, dejándome con una sensación de vacío. En el momento en que ella se va, la sala regresa a la vida, todos reaccionan a la violenta muerte que ha sufrido la Reina Serpiente.

—¡Bella!

Es la tercera vez que él ha dicho este nombre y volteo a verlo. Lo amo con un amor que es más que amor, y ahora debo hacer lo que esa vieja bruja nunca pudo. Ella sacrificó a su hija para liberar a su amor, pero no lo entendió. El sacrificio no es un castigo, ni es un precio que se pueda apostar. El sacrificio es un regalo, y es un regalo que ahora yo doy voluntariamente.

¡Mátala ya!

Siento la orden del Rey Hazel y sé que está exhortando a los lazos de lealtad. Edward avanza hacia mí con ojos grandes, llenos de terror, cuando su cuerpo empieza a traicionarlo. No huyo; en vez de eso, avanzo hacia él.

—Corre —me susurra con ojos suplicantes.

—Te libero —susurro, avanzando otro paso hacia él.

—Pequeña, por favor —me ruega.

—Con el poder de tu verdadero nombre —murmuro, dando otro paso hacia él. Se encuentra luchando contra su cuerpo, sabe que en cuanto esté lo suficientemente cerca, intentará matarme.

—No conoces mi verdadero nombre. —Llora con voz frenética.

Sonrío.

—Sacrifico un amor más allá de todo amor —murmuro, dando el último paso hacia él. Ahora estoy a su alcance y él estira las manos hacia mí.

—Pequeña. —Gime. Sus manos me agarran los hombros y puedo sentir que lucha contra si mismo, incluso mientras sus manos se mueven hacia mi navaja.

—Te encontraré otra vez, mi amor —susurro.

Sus dedos agarran la navaja que está en mis manos y siento que se clava en mi vientre justo cuando le susurro al oído la única palabra que ha importado de verdad.

Agranda los ojos y se tambalea hacia atrás, cae de rodillas cuando el poder de su verdadero nombre lo supera. Puedo escuchar al Rey Hazel gritando, chillando algo, pero no importa, porque él lo sabe. Edward sabe quién es ahora y ese conocimiento arde en su mirada al encontrarse con mis ojos.

—Te encontraré otra vez —susurro, cayendo de rodillas frente a él. El Rey Hazel se mueve, y veo la espada oscilando sobre su cabeza. Resplandece en el aire, brilla antes de caer sobre Edward.

Mi grito se ve perdido en el tiempo y el espacio al terminar esta vida.


¡No me maten! Les recuerdo que esta historia no acaba aquí, Ariel escribió esta historia como una trilogía, así que apenas vamos empezando ;)

Al final del epílogo que se publicará hoy más tarde les compartiré el summary de la parte número dos de esta historia. Si tienen dudas respecto a la publicación u orden de la historia, déjenmelas en comentarios y les responderé. Si tienen dudas sobre la historia en sí, hay cosas que se irán revelando conforme va avanzando la historia, así que hay que tener paciencia.

Como siempre, ¡muchas gracias por su apoyo!