Oscuridad
Kilgharrah estuvo bajo el castillo por más de dos décadas, pudriéndose. Sus majestuosos ojos dorados, atrofiados y casi blancos como los de un topo, apenas y podían vislumbrar los rayos del sol que entraban por la abertura lejana. Se ha alimentado de ratas y alimañas por más tiempo del que es posible soportar.
Ya no recuerda cómo se siente el sabor de la carne, del agua fresca de los ríos. En aquella oscuridad, solo puede soñar con el viento en sus alas. A veces ya no las siente, las agita, levanta polvo y su cuerpo se eleva de la piedra, pero es como si no estuvieran allí. A veces siente como si ya estuviera muerto.
Y un día lo siente.
Es cómo los rayos del sol, cálida, sólida y enorme. Es como el núcleo de fuego solía arder en su interior. Llega, tierna y brillante, se posa sobre él como una manta y rompe las tinieblas que le aprisionan el corazón. Por primera vez en años, siente que puede respirar.
La magia vuelve y con ella la vida, los tiempos de Albion tocan la puerta.
