No podía enojarme inmediatamente con Annie, era la chica nueva y como era de esperarse, Peeta simplemente o le mostró parte de la escuela o le ofreció sentarse a comer con él y los demás. Pero aún así la idea de que Peeta pasara, o quisiera pasar tiempo con ella y no conmigo me hacía sentir –no lo quería admitir, pero me sentía celosa de Annie. Me irritaba sentirme así; yo nunca había sido celosa, aún cuando estaba con Peeta y veía cómo las demás chicas de la escuela lo veían o trataban de flirtear con él, porque sabía que él me quería, no sabía por qué, pero estaba segura de que no me engañaría con ninguna de ellas. Y aunque no se lo decía tan a menudo como él me lo decía a mí, lo quería y lo seguía queriendo, pero di por sentadas las cosas y lo perdí. Yo diría que fue de un día para otro, pero tuve todas las vacaciones para analizar las cosas y por fin pude ver que en los últimos meses de nuestra relación las cosas no iban tan bien como yo pensaba y era lo que me dolía aún más, no haberme dado cuenta al momento en que la situación iba empeorando. Definitivamente nunca me merecí a Peeta y ahora sufría las consecuencias de mis errores.
No me había dado cuenta del incómodo silencio en el que estábamos hasta que Johanna tosió a propósito para que saliera de mi ensoñación. Había ignorado por completo la pregunta que hizo Annie cuando llegó.
"Disculpa no te escuché." Dije torpemente, que fue lo primero que se me ocurrió decir. A Annie, sin embargo, no le molestó y me sonrió repitiéndome la pregunta.
"Sólo les pregunté si tenían tiempo aquí."
"No, acabamos de llegar de hecho."
Johanna no había comentado nada desde que Annie llegó, sólo estaba esperando el momento en el que decidiera preguntarle a Annie sobre Peeta. Pero para ser honesta, no quería preguntarle con Jow escuchando, sabía que no estaba en mi derecho interrogar a Annie sobre Peeta y Jow lo sabía.
Nos encontramos en otro silencio incómodo, yo no tenía ganas de hablar y menos con Annie. Aunque seguía diciéndome a mí misma que no era su culpa, no podía evitar enojarme con ella. Para mi sorpresa fue Jow quien rompió el silencio esta vez.
"Bueno, ya hemos visto que has hecho un nuevo amigo Annie." ¡No podía creerlo! Miré a Johanna con los ojos bien abiertos, ella sabía que no quería hablar del tema pero aún así puso el tema a discusión. No sabía si enojarme por la traición que sentía o alegrarme, porque al menos tendría respuestas y no sería yo la que hiciera las preguntas.
"¿Quién, Peeta?" El simple hecho de ver su sonrisa al contestarle a Jow me hizo sentir herida, celosa, enojada e intrigada, todo al mismo tiempo. No creo haber ocultado bien mi batalla interna, pues Jow tenía una media sonrisa tratando muy duro de no echarse a reír en mi cara. Lo único bueno era que al parecer Annie seguía sin sospechar nada, o si lo hacía no hizo comentario alguno.
"¿Así que ahora eres amiga de Peeta?" Si, definitivamente agradecía a Jow que hiciera las preguntas, no confiaba en mí misma para hablar normalmente.
"Pues no diría que somos amigos, pero está en la misma clase de biología y fue muy amable conmigo."
"Así es él con todos. ¿Cierto, Katniss?" Yo sólo podía fulminar a Jow con la mirada esperando que leyera todo lo que le quería decir pero no podía en voz alta.
"Si, él es una buena persona con todos." Hasta este punto de la conversación me di cuenta de que Johanna me estaba castigando como todos los demás, pero la manera en que ella lo hacía era peor y no esperaba menos de ella. Ella no me ignoraba como Delly y Finnick, ella seguía siendo mi amiga, la misma de siempre, pero quería que me diera cuenta de los errores que había cometido y no me los iba a dejar olvidar tan fácilmente. Lo que ella no sabía es que no podía olvidarlos así como así, nunca me perdonaré el haber dejado ir a Peeta. Pero si a alguien conocía bien era a Johanna y sabía que sólo estaba empezando, se había aguantado estos meses pero ahora que me tenía de frente por fin podría decir lo que pensaba del asunto, quisiera o no escucharla.
"Si, me alegra haber encontrado personas tan amables como ustedes." Su sonrisa y sinceridad en su voz me abrumaron. Aquí estaba yo quejándome y pensando lo peor de Annie, cuando ella simplemente quería hacer alguna amistad en su primer día de clases y ni Johanna ni yo se lo estábamos haciendo fácil. Tal vez hubiera sido mejor para ella sentarse con Peeta y los demás.
No pude responderle o preguntarle cómo había ido el resto de su día, pues la campana sonó anunciando la siguiente clase.
Las dos horas que siguieron al almuerzo fueron iguales que las primeras. Presentaciones, de qué tratarán las clases y pláticas acerca de nuestras vacaciones. Conforme pasaba el tiempo mis esperanzas de compartir una clase con Peeta disminuyeron. Pero no fue hasta la última hora que estaba sentada en la clase Literatura que por fin lo vi entrar. Él todavía no se había fijado en mi presencia; yo me encontraba sentada en la última silla de la fila a lado de la ventana, el salón no estaba lleno todavía, había un lugar vacío a lado mío pero cuando nuestras miradas se cruzaron supe en ese instante que no dudaría en sentarse en otro lugar. Y así fue como lo hizo, ocupó el asiento más alejado de mí posible y eso no fue lo único que me molestó. Glimmer, una de las que ha perseguido a Peeta aun cuando era mi novio, ocupaba el asiento a lado de él. No podía negar lo enojada, envidiosa y sí, celosa que me ponía verla platicando con él tan animadamente, acariciando su brazo en cada oportunidad que tenía.
No sabía si agradecer que el profesor Plutarch no nos hiciera presentar y entrar en el primer tema de una vez, o depreciarlo por hacer que el tiempo pasase más lento.
Era demasiado frustrante ver a Glimmer coquetear con Peeta y no poder hacer o decir nada. Veía cómo platicaban y reían. No quería aceptarlo pero me dolía verlos juntos, quería gritarle a Glimmer que dejara a Peeta en paz, que no lo volviera a molestar y que dejara de coquetear con él. También quería gritarle a Peeta, decirle cuánto me dolía verlo con alguien más, que si esta era su forma de castigarme ya había sufrido demasiado. Pero sobretodo quería salir del salón, dejar de verlos, de verlo a él, y llorar. No estaba en mí eso de demostrar emociones tan fácilmente y menos llorar en frente de alguien o sola. Pero no tenía la menor idea de cuánto me dolería el perder a Peeta. De todos los problemas que he pasado, él siempre ha sabido cómo alegrarme, siempre ha estado ahí para mí.
Quería hacer y decir muchas cosas, pero no las hice. Simplemente me quedé sentada en lo que restaba de la clase. Trataba de no voltear a verlos, pero se me hacía imposible.
No quería aceptarlo, pero sí, estaba celosa de Glimmer. La manera en que se acercaba más a él para poder hablarle, la manera en que le acariciaba su brazo diciéndole cosas halagadoras. Era un sufrimiento personal. Yo quería hacer esas cosas y ni siquiera podía decirle un hola.
La clase parecía eterna, no podía concentrarme en lo que explicaba el profesor o distraerme con algo más, mi mirada siempre se dirigía hacia Peeta y Glimmer, y lo que dolía más era el hecho de que Peeta seguía ignorándome desde que había empezado la clase.
Sólo necesitaba que me volteara a ver una vez, así con una sola mirada podría decirle todo lo que tenía guardado desde que dejamos de hablarnos. Sabía que él podría ver el sufrimiento, la pena y el arrepentimiento que me guardaba. Pero ni siquiera una sola vez se dignó a voltear a verme. Estaba empeñado a ignorarme, pero yo lo estaba aún más en hablar con él. No permitiría que el día acabara si no lograba hablar con Peeta.
Estaba demasiado perdida en mis pensamientos que no había notado que la clase ya había terminado. Los estudiantes empezaban a levantarse y a salir del salón. Volteé a ver hacia donde se encontraba Peeta para ver si ya había salido, y por primera vez agradecía que Glimmer continuara hablando sin parar con él, no dejándolo salir del aula.
Era ahora o nunca, me arme de valor, agarré mis cosas y me acerqué hacia ellos. Peeta me estaba dando la espalda pero sabía que podía sentir mi mirada; pero no fue sino la mueca que hizo Glimmer al mirarme, que hizo que volteara a verme. Todo el valor que junté unos momentos antes se desvaneció al verlo. Tenía su mandíbula apretada, sus ojos eran una combinación de dolor y odio, y su postura era totalmente recta. Esta era la misma persona que me decía que me quería, a la que sus ojos comenzaban a brillar en el instante en el que me veía. La misma persona que estuvo conmigo cuando todo mi mundo se derrumbó cuando mi padre murió. Era la misma persona físicamente, sólo había cambiado por mi culpa y sólo había cambiado su carácter para conmigo.
Nos quedamos mirando por lo que se sintió horas, pero de seguro fueron por sólo unos segundos. Estaba segura que el silencio no sería roto por él; así que me volví a armar de valor una vez más y decidí hablar primero.
"Peeta tenemos..." Mi valentía no le importó ni un poco a él, pues en el momento que hablé simplemente se giró a mirar a Glimmer y volvió a ignorarme.
"Glimmer me tengo que ir, hablamos luego." Se despidió de Glimmer y salió del aula. Pensaba que me iba a doler el que me ignorara. Pero escucharle despedirse tan dulcemente de Glimmer, y por el tono de su voz sabía que tenía su perfecta sonrisa plantada en su cara, me enfureció. Una cosa era ignorarme toda la clase y otra hacer de cuenta como si no estuviera parada atrás de él intentando hablarle y despedirse tan amablemente de Glimmer cuando sabía que por dentro estaba tan enojado y dolido como yo.
Salí corriendo del aula sin notar si Glimmer seguía ahí o no, lo único que me importaba era hablar con Peeta. Me iba a escuchar, no me podía dejar con la palabra en la boca. Las personas me tachaban de muchas cosas, unas verdaderas y otras falsas; pero lo que sí era cierto era que Katniss Everdeen era terca y testaruda y Peeta Mellark sabía eso muy bien.
Salí al pasillo y vi que caminaba más rápido de lo normal, así que decidí correr para alcanzarlo. Ya no me importaba que la poca gente que todavía quedaba en la escuela me observara.
"¡Peeta Mellark, escúchame!" La ira sacaba mis palabras agresivamente. Ya no era miedo o arrepentimiento lo que me impulsaba a hablar con él, era el enojo y la impotencia que sentí todo el día y sobretodo en la última hora que lo vi con Glimmer tan alegremente.
Lo alcance y agarré su brazo para que me volteara a ver, aunque no me sorprendió su resistencia no lo iba a dejar ir tan fácilmente. El seguía caminando e ignorándome, no importaba cuantas veces le jalara el brazo o cuantas veces le llamara. Me pare en frente de él, y aunque es unos centímetros más alto que yo, me pare derecha obstruyéndole el paso para que no saliera por la puerta que daba al estacionamiento de la escuela.
"Peeta, me vas a tener que escuchar tarde o temprano. Sólo te pido que escuches lo que tengo que decir."
"Katniss tuviste el tiempo necesario para hablar conmigo, decirme lo que pasaba, pero claramente decidiste no hacerlo. Creo que ya es un poco tarde para eso."
Sus palabras crudas y directas me dolieron. Pero el hecho de que tenía toda la razón me afectaba más. Yo nunca fui una persona dada a hablar de sus sentimientos o de mis problemas con facilidad. Y durante nuestra relación -e incluso antes de eso, en nuestra amistad-, Peeta sabía cuándo algo iba mal conmigo pero yo nunca hablaba con él abiertamente, así que tenía que sacarme la información a fuerzas. Pero nuestra pelea, la causa de nuestra separación, la causa de tanto la infelicidad de él como la mía era todo un malentendido, simplemente eso y yo necesitaba hacerle entender eso.
"Peeta, no lo entiendes. Las cosas no son como tú crees... yo lo"
"No me importa, Katniss, no te quiero escuchar. Te agradecería que me dejes en paz de una buena vez."
Esta vez, sin esperarlo, me hizo a un lado. Tenerlo tan cerca me abrumó. Todo me abrumó. Su mano sosteniendo mi brazo para moverme. Su aroma tan singular a canela –lo cual indicaba que pasó por la panadería antes de venir a la escuela, o tal vez simplemente el olor ya es parte de él– y su colonia, dulce y masculina al mismo tiempo. Su cara a unos centímetros de la mía. Tan cerca que con sólo alargar un poco mi cuello y colocarme de puntitas podía tocar sus labios con los míos, como lo había ansiado todo el día –más bien todos estos tres meses. Pero el movimiento tan repentino se fue como llegó y salió por la puerta sin que yo pudiera detenerlo.
Al llegar a mi casa las lágrimas y frustración que guarde durante todo el día comenzaron sin darme cuenta. No quería que Prim o mi madre me vieran de esta manera, así que subí corriendo a mi cuarto y en cuanto me acosté en mi cama comencé a sollozar hasta que mi llanto se hizo muy fuerte que tuve que enterrar mi cabeza en mi almohada para callar el ruido que estaba haciendo al llorar.
Tenía que controlarme antes de que mi madre o Prim entraran en mi habitación y me encontraran en el estado en el que estoy. Ya les había preocupado durante todo el verano que me lo había pasado encerrada en mi habitación sin querer hablar con alguien. Ambas sabían que algo había pasado entre Peeta y yo, pero no sabían toda la historia. Nadie lo sabía. Solo yo.
Gale y yo.
Sé que ya pasó mucho tiempo desde que publiqué la historia. Ya había escrito parte de este capítulo pero no estaba muy segura sobre la trama de la historia así que lo dejé. Pero hoy me llegó una nueva reseña y me alegró leerla y me motivó a terminar el capítulo.
Ya comencé a escribir el siguiente capítulo así que tal vez actualice esta semana y espero ya no dejar la historia otra vez.
¡Gracias por leer!(:
