Aclaración: Este es un fic-relato contado en primera persona. El protagonista de momento no tiene nombre.
No soy propietaria de nada de la franquicia de Amphibia.
Sipnosis: El cliente tiene una fiesta de cumpleaños, de la cual no parece muy convencido ¿Qué tantas sorpresas pueden haber allí?
Advertencia: Material explícito que incluye foot fetish. Si no te gusta... ¡No lo leas!
꧁El mejor cliente꧂
Capitulo 5: El Obsequio
Mi cumpleaños es una gran fiesta para mi familia y una gran tortura para mi. Se supone que un cumpleaños es feliz porque ese día eres el centro de las miradas. Ese día es tu día y eres especial. Al menos una vez al año uno es el protagonista y eso debería hacernos felices. Ese día uno debería sentirse especial, querido, rodeado de gente que se alegra de que existas. Ese día es una forma en donde toda la familia y amigos se reúnen y pasan un tiempo agradable, se reencuentran y se ponen al día. Ese día eres especial, ese día los reflectores están puestos en ti. Tendrías que ser feliz por eso. No hay nada mas feliz que sentirte amado ¿Verdad?
Sin embargo, al día siguiente vuelves a ser uno más del montón. Todos vuelven a actuar como actúan siempre. El resto de los miembros de tu familia no los vuelves a ver hasta días festivos específicos. Con suerte sigues viendo a los amigos con los que te juntas e interactúas con ellos todos los días.
¿Qué razones hay para festejar cada año algo que en realidad significa que cada vez te aproximas al día de tu óbito? No es un año más que cumples, sino uno menos de vida, nada digno de celebración.
El día que cumples años, lejos de sentir alegría, deberías sentir pena. Es realmente un día triste. No veo una razón lógica que pueda justificarlo, solo porque la tradición así lo indica. La verdad es que no me dice nada y no veo razón alguna para celebrarlo. Cada quien celebra lo que quiere. Para quienes aman la vida cada ocasión es una excusa para celebrar, para los amargados, toda celebración es innecesaria.
No creo ser un amargado, simplemente hace bastante que no me gusta celebrar mi cumpleaños. Me pone bastante incómodo estar rodeado de mucha gente (y ni siquiera conozco a la mayoría), comportándome de la manera más educada posible y esperando con mi mejor cara para soplar las velas, mientras me cantan una canción y captan ese momento en cámara. Lo que parecía un simple festejo cuando eras niño, ya no tiene el mismo impacto. Quizás porque vas creciendo, madurando y cambiando la mentalidad. Quizás para algunos todavía le pueda ser divertido. Pero ese no es mi caso.
Tampoco creo ser una mala persona ni significa que no me importe mi familia. Si yo digo que me importan y mis actos dicen otra cosa, me parece más prudente creerle a mis actos. Las palabras se las lleva el viento.
No me imagino una vida donde yo no acompañara a mis seres queridos en sus celebraciones. Sería bastante difícil explicarle a alguien que te importa y que no eres malo, cuando luego no vas a visitarlo o hacerle un regalo en su cumpleaños, porque es "innecesario".
Me gustaría celebrar esa fecha como una simple reflexión, invitando a mis amigos y allegados (que sean muy cercanos) a una simple reunión hecha con cualquier pretexto menos que tenga que ver con mi natalicio. Tampoco aceptaría regalos, por el contrario, prefiero darlos, pero no en la forma de productos comprados, sino algo hecho por mi mismo. Desgraciadamente, la idea en mi mente estaba muy lejos poder hacerse realidad.
Siempre intento buscar una ocupación para ese día a la que no pueda faltar. No tiene que ser verdad, sólo creíble. Lo de ser sincero y decir que no quiero celebrar con ellos no es buena idea. No funciona. La mayoría de mi familia se ofenderá y no quiero que me consideren alguien hosco, da igual como se los explique o razone.
Ese día acudí a casa de mis padres. Me prepararon aquella bienvenida sorpresa. La típica de hace años. Siempre me toca fingir que no me lo esperaba. Había muchas personas, la mayoría ni los conocía. Parecía que habían invitados más a sus amigos que a parientes cercanos. Por otro lado, estaban algunos conocidos de la universidad. No los consideraba amigos, más bien compañeros. Si es cierto que nos llevábamos muy bien, pero no pasamos a ser más que eso fuera de la facultad. Entre ellos estaba Yanira Sotto, la chica que había ayudado con su cosplay la vez pasada. Era extraño verla aquí. No es que me disgustara su presencia, es solo que no acostumbraba a juntarse con gente como yo.
Actualmente estoy sentado en la sala de estar, rodeado por innumerables personas con una música random de fondo. Todos los adultos conversaban entre sí. Al igual que mis compañeros, cuyas charlas eran más bien subidas de tono. Realmente debería estar acostumbrado a este tipo de conversaciones a estas alturas. Y no es como si realmente tuviera un problema. No, lo que realmente me molestaba es la manera en como utilizaban sus experiencias centradas en el sexo para impresionarse entre ellos.
Resulta que, mientras algunas personas valoran tu inteligencia con tu coeficiente intelectual o con tus habilidades, ellos te valoran como persona dependiendo de con cuantas personas te hayas acostado. Según con cuantas personas lo hiciste, eres mejor o peor persona.
Uno comentaba que lo hizo con una chica que conoció hace una semana o algo así, otro aseguraba haber tenido muchas relaciones a muy corto plazo y otro juraba haber estado en un trío con dos modelos suecas. No es que los estuviera juzgando, pero me daba cierta gracia el hecho de que se consideraban expertos en el sexo, hablando de posiciones y cosas súper lascivas... cuando es muy probable que sean vírgenes o que sus relaciones no vayan más allá de la eyaculación precoz y momentos sumamente incómodos.
Cada vez que me preguntaban algo relacionado al sexo, prefería no responder. Eso les valía algunas risas, pero ¿Cómo explicar que había tenido encuentros íntimos con una señora mayor de edad y encima casada? Por no mencionar con lujo y detalles todo lo que hicimos. Simple y sencillamente nadie nunca jamás podía saberlo.
Pasaron apenas unos 20 minutos, que para mí fueron eternos. Daba lo que sea por que algo arruinara la fiesta. ¿Un incendio? ¿Un terremoto? ¿Un enjambre de avispas? Cualquier cosa era válida para mí. La verdad me daba igual. Había llegado a un punto en que creí que esto no podía volverse incómodo... Cuanto me equivoqué.
El timbre sonó. Todos estaban tan ocupados conversando que me tocó a mí ir a abrir. Es increíble, me organizan una fiesta y yo debo atender a los invitados.
Fui a la entrada, abrí la puerta y mi reacción cambió. No sabía si se trataba de otra sorpresa o una broma, pero desde luego quedé desconcertado. Eran los señores Boonchuy. Me saludaron cordialmente... él más que ella. Les devolví el saludo y los invité a pasar. Se disculparon por la tardanza y me entregaron la bandeja que tenían en sus manos, explicándome que era comida de su restaurante y que la habían hecho especialmente para mí.
Tras guardar la bandeja y ver como los Boonchuy se mezclaban con los invitados, llevé a mi madre hasta la entrada para pedirle explicaciones. Ella, con todo su buen optimismo, me dijo que sabía lo bien que me llevaba con ellos y sobre la ayuda que les brindé hacía poco, por lo que le pareció una buena idea invitarlos. Tal vez su intención era buena, pero ¡Por dios! Hubiera preferido que desistiera de aquella ocurrencia. Si tan solo supiera algo de lo que pasó entre aquella señorita y yo... Estaría metido en un problema colosal indeleble.
Regresamos a la sala de estar. Traté de calmarme y simular que todo estaba en orden. No sé por qué me puse tenso, en realidad no tenía que preocuparme por nada. Los Boonchuy parecían disfrutar de la fiesta y congeniaron bastante bien con todos. La señorita Boonchuy ni siquiera me dirigía la mirada, lo cual me alivió un poco, ya que parecía bastante claro que no había venido con la intención de hacerme algo, sino para pasar el rato. Era un problema menos... O eso creí.
El comportamiento de Yanira fue algo que me llamó la atención. No solo el hecho de que se sentara a mi lado, sino que estuvo actuando modestamente conmigo. Esa chica de ojos azules brillantes y cabello largo y negro, con piernas esbeltas y un cuerpo esbelto podría volver loco a cualquiera. Ese no era mi caso, pero no podía negar que era bastante atractiva. Mientras me ofrecía algo para beber, me preguntó sobre mis cosas. Fue una de las pocas en interesarse por eso, lo cual agradecía. Aunque me parecía raro el hecho de que dejara de hablar con mis compañeros para pasar a hablar únicamente conmigo, fue algo que pude ignorar a medida que estaba con ella. Tuvimos una pequeña plática amistosa donde ella me volvió a dar las gracias por la ayuda con su cosplay.
En un momento apunté mis ojos hacia la señorita Boonchuy, quien parecía fulminarme con su mirada. Ya no tenía el aspecto alegre de hace unos minutos. Parecía bastante seria. Yo me puse nervioso e intenté no volver a mirarla, algo que de todos modos era casi imposible. Podía sentir aquella mirada juzgadora tan cerca pese a estar a varios metros de distancia.
Yanira me preguntó si tenía planes para el fin de semana. No pude responderle, mi madre nos interrumpió. Se acercó con la señorita Boonchuy, manifestando que ella quería conocer la casa y me pidió a mí que me encargara de eso. Tenía que ser una broma, me organizan una fiesta y yo debo hacer de guía turístico.
Como el cobarde que soy, no objeté nada, simplemente accedí. Y ni bien me levanté para comenzar, mi madre sugirió que le mostrara primero mi cuarto. "Es una buena idea~", soltó la señorita Boonchuy. Yo no lo consideraba así. De hecho, tuve una extraña mezcla entre nervios, incomodidad y pánico.
Antes de irnos, mi madre le obsequió a la señorita Boonchuy un muffin. Ella le dio las gracias sonriendo. Abandonamos la sala llena de gente, subimos las escaleras en la entrada y nos dirigimos a la habitación que estaba en el fondo. Entramos.
La habitación estaba tal cual la dejé hace años: la cama a la derecha, un escritorio vacío en la izquierda junto al armario, los estantes llenos de libros que alguna vez supe leer, la ventana en frente con window seat y, sobre todo, los posters de bandas y películas que adornaban el lugar. "Es bastante acogedor...~", dijo la señorita Boonchuy observando hasta los rincones. En un momento se acercó a examinar los estantes algo polvorientos. La sala de lectura era un área que había descuidado mucho. Me lamentaba el hecho de no poder llevarme esos libros a mi departamento, a pesar de que ya los había leído. El resto de mi familia no parecía tener algún interés por los libros que yo tenía.
"Parece que te gusta la saga 'Die Difficulty'~", espetó la señorita Boonchuy al sacar el DVD de la primera entrega que estaba en la sección de debajo de los libros. No solo le di la razón, también le mostré mi fanatismo por Bryce Wallace, así como por otros actores que eran íconos del cine de acción. La señorita Boonchuy soltó una risita. "También es una de mis sagas favoritas. La veo con mi esposo siempre que puedo~", me aseguró sonriendo mientras devolvía el DVD a su lugar. Me sentí bien por ella que tuviera a alguien con quien compartiera sus mismos intereses, pero el solo hecho de que le gustara las películas de acción también fue otro aspecto que hizo que ella me encantara más.
"Vaya...~", se acercó a la ventana. "Incluso la vista es agradable~", se sentó en el window seat para luego contemplar la vista hacia la entrada de la casa, la cual ocupaba más de 200 metros y el césped estaba tan bien podado como cuidado. Le sugerí que nos fuéramos si ya había visto todo, "¿Cuál es la prisa~?", me detuvo, "¿Por qué no te sientes y te relajas un poco~?", me aconsejó dando pequeñas palmaditas a un espacio a su lado. Intenté negarme haciendo caso omiso a ese pedido, cosa que a ella no le sentó para nada bien. "¿Qué pasa? ¿No me vas a obedecer~?" soltó en un tono más serio. Traté de no mirarla. Eso había funcionado antes. Me había hecho la idea de que ignorarla era la única manera para desacatar sus órdenes. Desgraciadamente, el impulso me ganó y volví a apuntar mis ojos hacia ella. Tenía una mirada más severa, una bastante sombría que parecía generar mucha tensión en el ambiente. Su sola presencia ya de por sí es bastante intimidante, al punto de que te hace sentir pequeño e insignificante, pero su mirada puede generarle terror hasta al más denodado. Ante los nervios, tragué saliva y me senté rápidamente en el window seat, pero lo más apartado de ella. "Así me gusta~", dijo ella sonriendo mientras colocaba el muffin en el medio.
No pasaron ni dos minutos desde que me senté cuando la señorita Boonchuy soltó una pregunta curiosa: "Aquella chica... ¿Es tu novia~?". Me extrañó que me preguntara eso, pero le aclaré que solo era una conocida, además de explicarle lo que había hecho por ella. "Ya veo~...", hizo una pequeña pausa para tirar un dato, "Tu madre dice que es tu novia~". Lo sospeché. Solo alguien como ella podía llegar a suponer eso y decírselo a los demás cual chusma. Le aclaré que no había nada entre Yanira y yo, y que no se creyera las patrañas de mi progenitora. "Oye, no la culpes~", me replicó ella por mis comentarios, "Si no me lo hubiera dicho, lo habría creído de todos modos~", alegó haciendo hincapié a aquella escena que vio de nosotros conversando. "Deberías... invitarla a salir~", me sugirió mientras miraba a otro lado. Yo le pregunté por qué debería de hacer eso, a lo que ella hizo un facepalm. "Si que eres ingenuo...~", resopló, "Esa chica está interesada en ti~". Aquella declaración me dejó pasmado, ¿En serio una chica como ella se había fijado en mí? ¿Cómo es que nunca lo noté?. "Ese es el problema con los hombres, son tan ilusos~", se rio la señorita Boonchuy sarcásticamente. La miré algo molesto y traté de preparar los contra argumentos para responder a las clásicas respuestas con los que se intentara justificar esta (en mi opinión) bobada sin sentido. Sin embargo, y por mucho que me costara admitirlo, ella estaba en lo correcto. La prueba más concreta era su esposo. El pobre nunca llegó a saber lo que su esposa hacía a sus espaldas. Sin saber que responderle, simplemente opté por mirar a otro lado muy avergonzado.
"Oye, no te pongas así~", enunció la señorita Boonchuy notando mi reacción, "Es tu cumpleaños. Deberías estar feliz~", proclamó sonriendo pero yo seguía sin mirarla. Entonces, la señorita Boonchuy se acomodó, levantó la cabeza y yo la observé. Estaba frunciendo el ceño, "Me duelen los pies~", sentenció mientras yo tragaba saliva. Miré sus largas piernas hasta dirigir mis ojos a sus enormes pies calzados con pantuflas, cuyos largos dedos asomaban de las mismas, opacando ligeramente los pompones rosa del calzado.
Contuve el aliento cuando ella se inclinó hacia atrás y luego levantó las piernas para apoyarlas en mi regazo. La situación se volvió tensa para mí. En cambio, la señorita Boonchuy se relajó, desplomándose contra la pared, disfrutando del calor que sentía emanar en el espacio reducido. Ella rompió el silencio con otra sentencia: "Estas pantuflas son demasiado pequeñas para mí. ¿No te parece~?", movió sus pies de un lado a otro, "No tengo forma de conseguir ropa nueva. Mis pies parecen crecer día a día sin que me dé cuenta~".
Intenté reprimir mis impulsos y reuní las fuerzas suficientes para decirle a la señorita Boonchuy que no era el lugar ni el momento correcto para lo que pretendía. Ella soltó una pequeña risa, como si no se tomara en serio mis palabras. "¿Acaso vas a rechazar una oportunidad como esta en tu día especial~?" exclamó levantando una ceja y sonriendo lujuriosamente. Yo nuevamente opté por mirar hacia otro lado, cerrando con fuerza mis ojos. A punto estuve de levantarme, pero estaba tan tenso que apenas podía moverme. "Oh, vamos~", clamó ella, "Tú no eres así~", aseguró mientras volvía a soltar una risa.
Mentiría si dijera que mis manos no necesitaban tocar esos bellos y enormes pies en ese momento. Habían pasado 2 meses desde el último encuentro y estaba deseando con ansias uno nuevo. Sin embargo, y por más que tratara de hacerme creer que la ocasión parecía ameritarlo, yo seguía firme en mi posición. Estaba en casa de mis padres, con mi familia y conocidos en el piso de abajo. ¿Acaso ella no era consciente de que cualquiera podría entrar y descubrirnos? Supongo que no le importaba. Era parte de ese lado lujurioso y oculto que tenía y que siempre se dejaba ver cada vez que estábamos solos. "Bueno, ¿Qué esperas~?", insistió mientras volvía a mover sus pies de un lado a otro. "Adelante, masajea mis pies~". Yo trataba de negarme, pero cada vez se me hacía difícil. Ella sabía como conseguir lo que quería, y lo estaba logrando. "Aunque te advierto que no lo disfrutaras mucho~", insinuó, "Me arreglé para venir aquí. Ni siquiera puedo imaginar cómo huelen~", concluyó.
Una chispa de emoción sube disparada por mi espalda mientras empezaba a deslizar cada una de sus pantuflas, dejando al descubierto esos enormes pies desnudos de la señorita Boonchuy. Cuando instintivamente toqué sus plantas noté que estaban un poco sudadas. También eché un vistazo para fijarme que estaban algo enrojecidas, debido al uso riguroso de las pantuflas que, en efecto, le quedaban algo pequeñas. Sin embargo, la mayoría de la piel de sus dedos de los pies y la parte superior de sus pies todavía conservaban ese color moreno claro. Otra cosa que me llamó la atención es que sus uñas estaban pintadas de un azul cielo impecable, lo que reflejaba su naturaleza despreocupada y casual.
Como había advertido la señorita Boonchuy, el aroma de sus pies era diferente. No huelen precisamente mal, pero tampoco es un olor especialmente agradable. Es crudo de una manera animal, una combinación de sudor y perfume que igual provocaba que el espacio entre mis piernas se calentara. Para colmo, su piel es como terciopelo fino bajo mis manos, impecable, suave y tersa.
La señorita Boonchuy se sobresaltó un poco cuando una de mis manos se envolvió alrededor de sus tobillos, pero al instante volvió a acomodarse para relajarse. Tan pronto como comencé a trabajar en sus pies indudablemente doloridos, ella deja escapar un murmullo de satisfacción. Era diferente a sus otros ruidos de placer. Resultaba prolongado y almibarado, evolucionando hacia un suspiro con la boca abierta cuando presionaba mis pulgares en las sedosas puntas de sus pies.
"¿Como huelen~?", preguntó ella curiosa. Con temerario abandono bajo la apariencia de jocosidad, me incliné y olfateé profundamente. Su aroma llenaba mis fosas nasales y, mientras lo hacía, los largos dedos de los pies de la señorita Boonchuy se curvan en respuesta a mis acciones, dejando escapar un grito ahogado.
Le dije que no se preocupara, que olían deliciosamente bien, mientras me ajustaba mi entrepierna para que la excitación no sea tan notoria. "¿Estás seguro~?", preguntó ella en un tono que estaba seguro es casi recatado. "Tal vez deberías comprobarlo de nuevo~", me incitó con una mirada provocativa.
En ese momento, estaba claro que la ocasión menos oportuna y tácita en el que estábamos envueltos había llegado a un punto crítico. Sin un segundo de contemplación, volví a bajar la cabeza, tomando otra inhalación exagerada, esta vez me encontré con el repentino roce de uno de los pies de la señorita Boonchuy justo contra mi boca. Es solo el costado, nada demasiado obsceno o sustancial, pero el movimiento es claramente a propósito.
"Oh, ups~", dijo la señorita Boonchuy con una voz que transmite franco sarcasmo. Aunque ella se disculpó, yo aproveché para arrastrar mi lengua sobre sus plantas, con la esperanza de capturar allí solo una pizca de su sabor. "¿Estás tratando de mostrarme que saben mejor de lo que huelen~?". Ella se ríe de eso, pero no incita más, sino que relaja ambas piernas y me permite continuar con el masaje.
Mientras me dedicaba únicamente a masajearle los arcos de sus pies, la señorita Boonchuy volvió a hablar sobre Yanira. Me pidió que luego aprovechara para invitarla a salir, algo que a mí no me resultaba convincente. Le expliqué sobre mi problema con las chicas y que nunca antes había estado con una. Ella era, por así decirlo, la primera con la que había logrado algo.
La señorita Boonchuy se sonrojó, fuertemente, agradecida por es comentario. Sin darse cuenta, dejó escapar un gemido ante la sensación y luego jadeó y se tapó la boca con una mano. Yo dejé de apretar sus grandes pies por un momento ante el sonido. Ella se enderezó un poco, e ignorando lo que hizo, me dijo que debería de alegrarme que por fin haya alguien de mi edad que mostrara interés alguno en mí. Le pedí que fuera sincero conmigo y ella miró hacia la ventana, luego suspiró y me miró con cierta angustia. Me confesó que no le caía bien Yanira, y que de cierta manera le molestaba verme en pareja. Sin embargo, me dejó en claro que si no aprovechaba la oportunidad con Yanira sería "un gran idiota". Le agradecí por su honestidad y le dije que tendría en cuenta su consejo. La señorita Boonchuy, en un tono de broma, me dijo que sería imposible encontrar una chica como ella de su edad. Recordé que su hija recientemente había cumplido casi los mismos años que yo. Pero ni bien hice mención de su primogénita, ella inmediatamente hizo un rápido movimiento con su pierna izquierda: la dirigió hasta mi cuello y me estampó contra la pared.
Algo había activado en ella para que tuviera ese cambio tan brusco. Pasó de estar alegre y sentimental a adoptar un comportamiento desapacible. Parecía enajenada. Podía verlo en su mirada, y eso que apenas podía realizar una simple acción, ya que su enorme pie estaba presionando mi garganta. "No se te ocurra acercarte nunca a mi hija, ¿Entendiste~?", me amenazó mientras seguía presionándome. Y no contenta con eso, me dejó en claro que haría de mi vida un infierno si llegaba a desobedecerla.
Sin aliento en mis pulmones, solo pude asentir con la cabeza en respuesta. La señorita Boonchuy retiró su gran pie y yo me tiré al suelo, tosiendo e intentando recuperar algo de aire. Estaba aturdido, sofocado y apenas era capaz de comprender los eventos que acababan de ocurrir. Ella, por el contrario, me observaba cual hosca. No parecía arrepentirse de lo que me había hecho. En los encuentros anteriores me había demostrado lo tan hábil que podía llegar a ser con sus piernas, pero no imaginé que llegaría a ese punto.
Intenté aclararme la garganta antes de hablar, desesperado por ordenar mi pensamientos confusos. "No olvides que aquí mando yo, y tengo mis límites, así que más te vale que no los pases~", me replicó la señorita Boonchuy muy ceñuda, y eso no hizo más que aumentar mi pavor. Sí el objetivo era aclararme que yo nunca tendría oportunidad con su hija o convencerme de no estar con ella, realmente lo consiguió. Ahora ya ni quería pensar en su hija.
Habiéndome recuperado un poco, decidí omitir cualquier comentario con respeto a lo que había hecho. En vez de eso, le pedí que nos fuéramos. "¿Qué hora es~", me preguntó la señorita Boonchuy muy seria. Yo saqué mi celular y le dije la hora exacta. "Aún no...~", soltó ella, "Todavía queda tiempo~". Le pregunté a que se refería, pero no me respondió. Parecía hacer caso omiso a mis palabras. Nuevamente hubo un cambio radical en ella: ahora hablaba con un tono más suave y controlado posible. Yo resistía la tentación de encogerme ante el sonido de su propia voz.
"Qué tonta soy...~", exclamó la señorita Boonchuy con cierto humor, "Aún no te he dado tu obsequio~". ¿Obsequio? ¿Ella había preparado un obsequio para mí? Yo creía que la comida que trajo o el masaje de pies que le di eran mis obsequios, pero no parecía ser así. De ser cierto ¿Dónde tenía ese supuesto obsequio? Y ¿Después de lo que pasó todavía quería dármelo y esperar que lo recibiera con la mejor alegría posible?
"¿Quieres que te lo dé ahora~?", me preguntó ella ansiosa. Ya ni sabía que sorpresa esperar, pero asentí con la esperanza de terminar pronto y largarnos cuanto antes. Ella juntó sus manos y sonrió, pidiéndome que primero me arrodillara. Aunque si me parecía extraño su pedido, a este punto no pensaba cuestionarle nada. Sentía algo de miedo por que me hiciera algo terrible de nuevo si no le hacía caso.
Me puse de rodillas mientras la señorita Boonchuy permanecía sentada en el window seat. A continuación, tomó el muffin y lo tiró al suelo. Por un momento pensé que me obligaría a comerlo cual perro, pero no fue así. En cambio, la señorita Boonchuy comenzó a pisar el muffin con sus pies desnudos, dejando escapar un chillido, quizás porque la crema se extendió entre sus dedos de los pies y a lo largo de las plantas de sus pies. Le pregunté muy extrañado que es lo que pretendía. "Supuse que tendrías hambre~", me respondió mientras se reía sarcásticamente. Una vez hecho esto, ella levantó los pies y movió libremente los dedos de los pies, dejando al descubierto sus plantas cubiertas de natillas rosas, blancas y marrones, acompañado de chocolate derretido. Parecían listos para comer.
Yo solo podía mirarla fijamente, completamente fascinado mientras me saboreaba. Las cremas del muffin cubrieron gran parte de los grandes pies de la señorita Boonchuy y, cuando el chocolate comenzó a derretirse, gotas individuales resbalaron por su suave piel antes de caer al suelo. Me sacudí la cabeza cuando me di cuenta de que la señorita Boonchuy me hablaba. "¿Qué tal una probadita~?", me aconsejó seductivamente.
Sin pensarlo dos veces, empecé lamiendo el talón de su pie. Eso hizo que la señorita Boonchuy se riera y gimiera mientras yo pasaba mi lengua por toda su planta, incluso entre sus lindos y largos dedos, chupando cada uno y moviéndome hacia abajo. Después un rato, comencé a limpiar individualmente cada dedo antes de lamer por completo la crema restante. Los labios de la señorita Boonchuy se curvaron en una sonrisa antes de que mis dientes comenzaran a mordisquear debajo de los dedos de sus pies, ahora absolutamente haciéndole cosquillas a propósito. Posteriormente le di un casto beso a cada dedo del pie, antes devolver a chuparlos y lamer el espacio entre ellos. La señorita Boonchuy se apretaba los labios. Su sonrisa solo crecía a medida que le daba placer a sus pies. Cada tanto podía verla y me preguntaba si el calor en sus mejillas ya se ha convertido en un rubor completo. Cuando bajé suavemente un pie, queriendo concentrarme en el otro por un momento, accidentalmente lo rocé contra mi entrepierna, donde palpitaba un bulto notable.
"Vaya, ¿Qué tenemos aquí~?", sin esperar una respuesta, la señorita Boonchuy usó su gran pie para abrir la cremallera de mis pantalones y liberar mi erección. Colocando ambos pies sobre mi miembro, ella cambió las tornas y ahora yo di un pequeño de gemido de placer, mientras sus sedosas plantas, mojadas por su sudor y mi saliva, rozaban la piel de mi pene. Me estaba acercando al borde bastante rápido, la vista de la hermosa mujer asiática frente a mi, junto con la intensa sensación que me estaba otorgando con este glorioso footjob, era demasiado para mi.
Le dije a la señorita Boonchuy que me estaba por venir en cualquier momento, pero ella me ignoró y aceleró su trabajo. Temiendo que pueda ser demasiado ruidoso al llegar al clímax, busqué lo primero que estaba a mi alcance para silenciarme. Eso dio como resultado que me pusiera en la boca las pantuflas de la señorita Boonchuy, que había descartado previamente, mientras liberaba mi carga sobre sus pies, los cuales aquella mujer había arrugado alrededor de mi punta solo un segundo antes. Mi miembro latía entre los arcos sexys de la señorita Boonchuy mientras disparaba una gran cuerda de semen espeso por todos sus grandes pies y una parte casi llega hasta su entrepierna.
Jadeé constantemente, aunque esta vez por placer. La señorita Boonchuy seguía permaneciendo sentada y sonrió mientras movía libremente los dedos de sus pies que ahora estaban totalmente pegajosos por mis fluidos. "Será mejor que limpiemos este desastre~", recomendó, mirando el charco de esperma que se acumulaba en el piso.
El resto de nuestro tiempo juntos transcurrió sin incidentes. Nos las arreglamos para limpiar mi antigua habitación y dejarla igual a cuando entramos. Yo seguía algo extasiado. Aunque mis movimientos apenas disimulados servían como un recordatorio del trasfondo cargado tras el masaje, algo que la señorita Boonchuy se negaba a hablar. En cambio, me quedé con las ideas locas en la cabeza, tanto arriba como abajo, preguntándome qué tan serio fue todo esto. Ella podría estar jugando conmigo. Tal vez le gusta molestarle con los pies o algo así, y todo es solo su pequeño juego. Me estaría mintiendo a mi mismo si pensara que la realidad no fue decepcionante, pero si realmente fue así, al menos tenía los recuerdos. Y la historia de tener una aventura con los pies de mujer tailandesa madura es una experiencia que de seguro a muchos les gustaría experimentar.
Afortunadamente, mi crecientes preguntas son respondidas cuando ella se da la vuelta y me vuelve a preguntar la hora. Nuevamente, le dije la hora exacta. Ella finalmente decide confesarme algo: En realidad había surgido un problema, la persona a la que le habían encargado el pastel se había retrasado y tardaría una hora en llegar. Mis padres querían distraerme mientras intentaban solucionar ese problema. La señorita Boonchuy se había ofrecido para esa tarea, algo que su esposo estuvo de acuerdo, pese a que aún creía que no nos llevábamos bien, ya que, según sus propias palabras "es tan severa que a veces es imposible desobedecerla". Ambos nos reímos un poco.
"Recuerda invitar a esa chica~", soltó la señorita Boonchuy en un tono un tanto serio y rompiendo un poco el ambiente divertido. Totalmente desconcertado por aquel comentario, casi fallo al devolverle sus pantuflas. Pero afortunadamente logré atraparlas antes de que se caigan y se las entregué algo nervioso.
Me había olvidado por completo de ese pedido. Aún después de lo que pasó, todavía pretendía que hiciera tal acto. Comencé, sin saber cómo responder. ¿Cómo lograría lo que me pedía la señorita Boonchuy? ¿Le preguntaría a Yanira así sin más? ¿Ella aceptaría? ¿Qué haría después? ¿A dónde debía llevarla? ¿Qué le gustaba?
Me encogí de hombros y miré hacia otro lado, todavía pensante. Estaba incómodo, inseguro. La sonrisa de la señorita Boonchuy se vuelve astuta entonces, y se muerde brevemente el labio inferior. Termina de ponerse las pantuflas antes de poner sus manos en mis hombros y mirarme con un brillo travieso en los ojos.
"Solo hazlo~", me aconsejó, "No hay nada que a un chico como tú le impida ir a una pequeña cita con esa chica~". El simple término "cita" es casi suficiente para hacerme desmayar en el acto. Nunca he tenido una. Lo más cercano son los encuentros íntimos con aquella bella mujer asiática. Me tomó un segundo encontrar mi voz, y cuando vuelvo a hablar, el temblor debajo de mis palabras es ineludible incluso para ella.
Solo le dejé en claro a la señorita Boonchuy que lo intentaría, ya que no tenía nada que perder. Ella se alegró. Luego me preguntó nuevamente la hora. Cuando se la dije, suspiró para avisar que debíamos irnos.
Bajamos las escaleras y nos dirigimos nuevamente al cuarto de estar. Todos estaban como si nada. Supongo que por la música, la charlas "interesantes" o el problema con el pastel nadie preguntó por nosotros. La señorita Boonchuy regresó con su esposo y mis padres. Se inventó una historia sobre lo que habíamos hecho en el tiempo que tardamos, como que yo "no paraba de hablar de los libros". Mi madre le preguntó por el muffin que le dio, la señorita Boonchuy le respondió que no le gustó mucho y yo acabé por comerlo. Me dedicó una mirada traviesa. Yo tragué saliva para luego sonreír incómodamente.
"Hola", dijo Yanira en una melodía cantarina y aguda, acercándose y extendiendo una mano sobre mi hombro. Su mirada encantadora y su sonrisa gustosa transmitía buena vibra. Por un momento apunté mis ojos hacia la señorita Boonchuy, quien hacia una extraña seña con su cara, de algún modo podía entender que se refería. Suspiré y, armándome de valor, le pregunté a Yanira si le gustaría salir el fin de semana. "¿Eso es una cita?", preguntó ella curiosa pero sin dejar de sonreír. Yo le confirmé que sí lo era. "¡Me parece estupendo!", vociferó Yanira, "Conozco un buen lugar al que podemos ir", prosiguió.
Antes de que pudiera decir nada más, Yanira se lanzó sobre mí. De la nada estaba encapsulado en un abrazo rápido y ligero que incluye un aroma a fresa, junto con un roce de labios en mi mejilla que hace que todo mi rostro se caliente. "Pasaré por ti a la tarde" dijo alegremente al soltarme. Mis propias mejillas parecían pintadas de carmesí, tal vez aún sorprendido. Sin aliento en mis pulmones, solo pude asentir con la cabeza en respuesta, observando con la mandíbula floja mientras ella me dedicaba otra sonrisa.
De pronto, todos comenzaron a aplaudir, o eso creí. En realidad, habían traído el pastel. Estaban cantándome el "feliz cumpleaños". En cualquiera de las veces anteriores, siempre me ponía incómodo esa parte. Pero aquella vez fue diferente. Fue algo distinto.
Por primera vez me sentí muy agradecido y comprobé que tengo mucha suerte por tener gente tan maravillosa con quien compartir la vida, y que me hacen sentir muy especial. Agradecí los cariños, las palabras, el cariño y la presencia de todos, incluso de quienes no tenía idea.
La vida se puede justificar y celebrar de muchas otras maneras. Esta es mi vida, una sucesión de días espantosos. Pero algunos son mas espantosos que el resto.
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Hola a todos! Quería aprovechar este espacio para hablar de un par de cosas:
1- Qué les pareció el final de Amphibia? Yo en lo personal lloré mucho ToT
2- Quiero agradecer por el apoyo que he estado recibiendo con mi fic. La verdad jamás me imaginé que a mucha gente realmente le interesara leer esta historia que empecé por diversión xd
3- Quería avisar que próximamente estaré sacando el final. Sé que a muchos probablemente les disguste esta noticia, pero la verdad no quiero que el fic se vuelva bastante monótono, repetitivo y/o aburrido. Todavía tengo ideas para dos capítulos más. Así que en dos capítulos más esta historia concluirá. Aún no tengo fecha estimada para publicarlos, pero espero sacarlos antes de que acabe el año.
4- Similar a lo anterior, también tengo planeado sacar otros fics similares a este, por lo que ojalá también les interese leerlos.
5- Estoy subiendo este fic a la página "Archive of our Own". Sí les interesa, en el capítulo anterior publiqué una imagen de la señorita Boonchuy con el traje que usó en el mismo.
6- Si tienen alguna recomendación o sugerencia, no duden en hacérmelo saber.
Eso es todo. Espero verlos próximamente. Hasta la próxima.
