El resto de la semana paso al igual que los primeros días. Cada que veía a Annie tenía una batalla interna entre los celos que sentía y la curiosidad que me mataba. Pero simplemente no podía preguntarle por Peeta. Soy honesta al decir que la plática de chicas no es lo mío. No tenía idea de cómo empezar la conversación con ella. ¿Preguntarle simplemente te gusta Peeta? O un ¿y qué chico te ha gustado hasta ahora? No, ninguna se me hacía fácil de preguntar. Pero si había llegado a conocerla mejor y tanto a Johanna como a mí nos empezó a caer mejor -dejando a un lado mis celos por su nueva relación con Peeta, ella era una de las personas más lindas que había conocido.

Tratar de hablar con Peeta fue una misión imposible. Todos los días Peeta pasaba para dejar a Annie a la cafetería, se despedía alegremente de ella, nunca volteando a donde estábamos sentadas Jow y yo y salía corriendo a comer a no sé dónde, con quién sabe quién. En la clase que tenía con él siempre se aseguraba de salir antes que yo y aunque salía corriendo atrás de él nunca lo alcanzaba.

Cada día me decía que iba a hablar con Annie o empezar hacer algo para que Peeta notara que no me había olvidado de él. Pero nunca me armé de valor y nada se me ocurrió en el resto de la semana. Trataba de pedirle ayuda a Johanna, pero ella no me daba ninguna idea, siempre me contestaba que ella me ayudaría con la idea que a se me ocurriera. Gran ayuda.

Todos los días para ir a mi casa contemplaba la idea de pasar por la suya, que está más cerca de la entrada de la aldea de los Vencedores que la mía, pero la mirada que me dio el lunes siempre hacía que me acobardara. Eso, y la idea de que algún miembro de su familia fuera el que me abriese la puerta y me gritaran o me vieran de una mala manera. Sé que me lo merezco pero no puedo ni mirarles a los ojos. No sé cuál de todos sería peor; la mirada de decepción de el señor Mellark, que siempre me vio como a una hija; la mirada de desaprobación por parte de Rye y John, que siempre bromeaban conmigo; o la mirada de desprecio que siempre obtuve por parte de la señora Mellark, aunque ahora si tiene un buen motivo para mirarme así. Nunca podría ir y verles las caras. El verano pasado pude evitar verlos porque se fueron de vacaciones, pero cuando regresaron trataba salir lo menos posible –con excepción de mi trabajo–, no sólo porque estaba deprimida, sino también para no encontrármelos en el parque o de camino de salida o entrada a la aldea.

Tener el fin de semana desocupado es otra de las cosas a las que no estoy acostumbrada. La mayoría de las veces Peeta venía a mi casa, jugábamos con Prim, veíamos películas o salíamos al parque. Pero entre ayer y hoy me quedé sin nada qué hacer. Ya estoy bastante aburrida de sólo ver las cuatro paredes de mi cuarto sin nada qué hacer. Ayer traté de ver las películas de romance para sacar alguna idea para hacer con Peeta, pero fallé al quedarme dormida a los veinte minutos de la primera película.

Tal vez deba empezar con algo sencillo. Checo mi teléfono y veo los cientos y cientos de mensajes que tengo con Peeta -emito los últimos mensajes simples que tuvimos los últimos meses. Al leer todos de nuevo, puedo recordar las pláticas sencillas y cómodas que siempre hemos tenido. Desde contarnos como estuvo nuestro día, hasta platicar las tácticas que haríamos en caso de un ataque de zombies, todas nuestras conversaciones me traen buenos recuerdos que me hacen reír y llorar. Así que eso hago. Sé que no lo va a contestar, tal vez ni siquiera lo vaya a leer, pero tengo que empezar con algo.

Al abrir la página en los mensajes se me vino la mente en blanco. ¿Cómo empiezo? Empiezo a escribir algo y lo borro, empiezo de nuevo para volverlo a borrar. Se me van diez minutos en tratar de escribirle algo.

Te extraño, Peeta... Ten un buen día. Te quiero. -Katniss.

Corto y simple, pero es lo que quiero decirle.

Aunque sé que no me va a contestar, me quedo mirando al teléfono esperando una señal de él. Por supuesto, nunca llega.

El estúpido mensaje sólo me hace más enojada y más deprimida. Sé que está molesto conmigo, pero al menos tiene que reconocer que lo estoy intentando, que realmente estoy arrepentida. Sin darme cuenta las lágrimas empiezan a caer y me acurruco en mi cama para llorar.

Soy despertada por alguien que me da un golpe con una de mis almohadas. En seguida sé que es Prim, la única que de atrevería a levantarme de esa manera -claro, hay otra persona que me ha levantado así pero ahora ni siquiera me voltea a ver.

"Agggh. ¿Qué quieres, Prim?"

"Párate, vamos a salir."

"Dile a mamá que yo me quedo."

"No va a ir mamá, sólo tú y yo."

Levanto mi cabeza por primera vez para verla. Tiene mucho tiempo que no salimos juntas, he abandonado también a mi hermana, lo cual me hace recordar la terrible persona que soy. Pero en serio no tengo ganas de salir.

"Prim, mejor otro día. Hoy no..."

"Nada de otro día Katniss. Te paras y te arreglas. Tenemos que hablar. Ya es hora de que arregles las cosas."

¡Mierda! Y yo creyendo que las conversaciones sobre Peeta ya habían terminado con Johanna. Pero claro, es lógico que Prim quiera saber toda la historia, no le he contado nada desde que llegó Gale.

"Prim si quieres preguntarme algo, me lo puedes preguntar aquí, no quiero salir."

"Pues qué lástima. Te espero a bajo en cinco minutos." Me avienta la almohada con la que me despertó y sale de mi habitación. La odio. Está bien, no, no la odio. Pero en este momento no es mi persona favorita. Pero al menos ella si me podrá ayudar. Espero.

Bajo las escaleras para encontrarme a Prim esperándome en la puerta principal.

"Agarra tus llaves."

"¿A dónde vamos a ir?"

"A la plaza." Hace un leve encogimiento de hombros como si no fuera la gran cosa.

"Primrose, por si no lo habías notado, vivimos a las afueras del distrito. La plaza está hasta el otro lado de la ciudad."

"Precisamente. Nos dará tiempo para platicar."

No creo que sea una buena idea. Si me pongo como cuando hablé con Johanna, no voy a estar lo suficientemente estable para conducir. Pero mejor no le menciono nada a Prim, no quiero preocuparla.

En el camino le cuento todo a Prim. Me tomo mi tiempo para hablar, no quiero volver a llorar. Ella espera a que termine toda la historia, sin interrumpirme en ningún momento, pero por la cara que pone sé que no está muy feliz conmigo.

Termino de contar la historia para cuando llegamos al estacionamiento de la plaza. Siento cómo se deslizan unas lágrimas por mis mejillas y me las limpio rápidamente.

"Bueno, ya puedes empezar a regañarme o gritarme."

"Ya es un poco tarde para eso, ¿no crees?"

No le respondo nada, porque tiene razón.

"¿Katniss cómo pudiste ser tan tonta? Discúlpame, pero a veces eres tan cerrada. Todos sabíamos que a Gale le gustabas desde que eran niños, pero obviamente no lo iba a aceptar en ese entonces, porque se supone que los niños deben de pensar que las niñas son feas y grotescas. Y por eso te trataba sólo como amigos, pero te tuviste que haber dado cuenta Katniss."

"¿Cómo iba a saber eso?" ¿Me escucharé tan estúpida como me siento? Pero es en serio, yo no sabía lo que Gale sentía por mí hasta que sus labios estuvieron ligados a los míos.

"Por la forma en que te miraba. Por cómo te hablaba. Los dos tienen una conexión cuando están juntos. Todos pensaban que iban a terminar juntos. Incluso yo."

Sacudo mi cabeza levemente. El escucharle decir eso a mi hermana sólo puedo pensar en lo mal que suena. Gale y yo. Juntos. No me lo puedo ni imaginar.

Prim vuelve a llamar mi atención con una pequeña risa. ¿De qué se puede estar riendo, cuando sabe en la miseria que estoy?

"Pero luego tú le dabas unas miradas a Peeta cuando pensabas que nadie te veía. Y eras diferente. Lo mirabas diferente. Con admiración, anhelo y algo más, nunca supe que era ese más hasta que los vi juntos. Peeta te miraba de la misma manera cuando tú estabas distraída. Y se me hacía tan ridículo que los dos se miraran así y no estuvieran juntos. Porque cuando estas con Peeta, es como si no te faltara nada, como si nada importara porque estás con él. Ahí me di cuenta que la conexión que tenías con Gale era fuerte y que tal vez nunca se iba a romper, era muchas cosas, pero no lo que tenías con Peeta." Durante todo su discurso Prim no dejó de sonreír.

"Y por eso es que tenemos que hacer algo –bueno más bien tú. Tal vez arruinaste las cosas con Peeta, pero no las arruinaste para siempre."

"Te equivocas."

"Claro que no."

"Prim, ni siquiera me habla."

"Estando todo el día en tu cuarto va a ser muy difícil que te hable ahí."

"He tratado de hablar con él en la escuela."

"Wow no te vayas a esforzar mucho eh."

Frunzo el ceño ante su comentario sarcástico. Sin duda ha estado pasando mucho tiempo con Johanna.

"Bueno y ¿qué sugieres que yo haga?"

Me sonríe con una malicia interna y sé que nada de esto será bueno para mí.

"Vamos a ir de compras."

"Prim, yo tengo ropa. Además no vamos a gastar dinero en algo tan innecesario."

"Mamá y Sae se encargan de pagar las cuentas de la casa. El dinero de tu trabajo lo tienes guardado, así que agarre un poco de ahí y mamá me dio otro poco."

"Prim, ese dinero lo podemos usar para otra cosa."

"Te quiero ayudar, Katniss. ¿Vas a aceptar mi ayuda o no?"

"¿En qué va a servir que compre ropa nueva?"

"Aunque no lo creas Peeta es un chico de dieciocho años, que compres ropa más apropiada va a llamar su atención."

"Define ropa apropiada."

"No es que tu ropa se vea mal. Pero compras tallas más grandes de la que eres. Lo más colorido que tienes es verde y aunque te quede bien, sólo quiero que te veas aún más bonita."

"Sabes que odio comprar ropa."

"Sólo pruébate lo que te pase." Ve mi cara no muy convencida y agrega, "Prometo nada floreado o rosa."

Sé que Prim tiene razón. Mi estilo no es el de cualquier chica de dieciocho años. Pero a Peeta le gusté tal y como soy, nunca entenderé por qué, pero así fue. Y cuando le digo esto a Prim su respuesta me sorprende.

"No queremos que se enamore de ti otra vez, sólo vamos a apresurar el proceso para que ya hablen los dos. Tú confía en mí."

No quiero decir que todo el día fue una pesadilla, porque por un lado pude pasar tiempo con Prim y nos pusimos al día de todo lo que me perdí estas vacaciones. El chico que le gusta, las compañeras que la trataban de molestar y sus amigas.

Pero por otro lado, odio ir a comprar ropa. No es porque me sienta insegura con mi cuerpo, tengo una complexión normal. Mis prácticas con mi arco y flechas hacen que mi cuerpo esté en forma. El problema es la flojera que me da el quitarme y ponerme la ropa e ir caminando de tienda en tienda. Pero si Prim dice que me va a ayudar a que Peeta me escuche, no importa el sufrimiento que pase unas cuantas horas.

Por suerte Prim ya sabía lo que quería que comprara así que no nos tardamos tanto como pensé. Compramos unas blusas, suéteres y playeras en unas tallas más apropiadas para mí, según ella. También unos pantalones y unos cuantos shorts, que para mi sorpresa no son tan incómodos para usar. Lo único que no me termina de convencer son un par de vestidos y una falda, no son muy mi estilo que digamos.

La verdad agradezco a Prim por sacarme de la depresión aunque sea por unas horas. No fue mi salida ideal, pero pasar tiempo con ella siempre me ha gustado y prometo no volver a ignorarla como lo he hecho estos los últimos meses.

Llegamos a la casa y ordenamos la nueva ropa en mi closet y el maquillaje, que me convenció Prim de comprar, en mi buró. Al notar lo cansadas que estamos, nos despedimos y sale de mi cuarto para dirigirse al suyo.

Una parte de mí se alegra de no haber pensado en Peeta todo el día, pero al ver mi teléfono sin ningún mensaje esperándome hace que me sienta mal nuevamente. Sólo espero que no lo haya borrado sin leerlo antes.

Caigo rendida en mi cama. Cerrando mis ojos, mi último pensamiento siendo ¿qué pensará Peeta de cómo me veo con mi nueva ropa?

Al despertarme, veo que Prim ya me está esperando con la ropa que quiere que me ponga en mano. Me siento como su muñeca de trapo. Tal vez está disfrutando esto más de lo que debería. El conjunto de hoy es simple, un par de shorts de mezclilla, una playera celeste y mis tenis blancos. Prim me aplica un poco de maquillaje y mascara para "resaltar mis ojos", o eso dice ella. Por suerte, no me dice que me deje el cabello suelto y me hago una trenza como todos los días. No es un gran cambio, pero definitivamente diferente a lo que suelo vestir.

Veo el reloj. Genial. Vamos tarde otra vez, todavía tenemos que pasar por Johanna. Nos despedimos rápido de mi madre, quién también va tarde para su trabajo, y salimos rápido de la casa.

Cuando desperté se me olvidó mandarle mensaje a Peeta. Mientras voy conduciendo a casa de Jow trato de pensar en qué enviarle hoy, pero no se me ocurre nada en especial. Cuando llegamos a casa de Jow sigo sin saber qué poner. En mi desesperación le toco el claxon para que se apure. A lo lejos escucho "Ya voy, ya voy."

Buenos días Peeta, espero tengas un lindo día hoy. –Katniss.

Si, definitivamente soy mala para estas cosas. Espero que con el tiempo pueda escribir más que un ten un buen día.

"Pero mírate nada más. Te ves bien, Everdeen." Mi atención en el mensaje hizo que no notara que Johanna ya estaba en el asiento trasero de mi carro.

"Cállate."

"¿A qué debemos este cambio?" A veces me gustaría no ser su amiga. Antes de que pudiera decirle algo, mi hermana contesta.

"A mí, por supuesto."

"Claro. Eso no pudo salir de tu cabecita, ¿verdad descerebrada?"

"Aggh, cállate o te bajas de mi carro." Empieza a reírse escandalosamente al mismo tiempo que mi hermana. Puedo ver por el espejo retrovisor que está sacudiendo su cabeza y muriéndose de risa.

Por un momento me entra el pánico. ¿Y si todos me quedan mirando? ¿Y si Peeta ni siquiera nota el cambio? ¿Y si todo esto fue en vano? Prim puede ver mi inseguridad, me da una sonrisa reconfortante.

"No pasa nada Katniss. Es como cualquier otro día."

"No te hagas la importante, Everdeen. A nadie le va a importar tu ropa."

"Está bien. Ya vamos a clases." Prim se despide de nosotras y se va con sus amigas.

Puedo sentir la mirada de Johanna encima de mí Sobretodo su sonrisa.

"Deja de burlarte de mí."

"Pero si no estoy diciendo nada."

"Sé que lo estás pensando."

Al final de cuentas tuvieron razón. Nadie me queda mirando o si notan el cambio, a nadie le importa. Me relajo ante esto, pero si ellos no lo notan, tal vez ni siquiera a Peeta le interese.

Nos separamos como siempre para ir a nuestros casilleros. Llego al mío y empiezo a sacar las cosas que necesitaré en el día.

"Perdón, pero tenía que verte de cerca Katniss." No escucho en qué momento se acerca a hablarme.

"¿Ahora si me hablas, Finnick?" Se ríe.

"No has cambiado." Sólo me encojo de hombros. No me habla por meses, cuando yo le quiero hablar me ignora y ahora viene como si nada pasó. Convenenciero diría yo.

"¿Qué quieres Finnick?"

"¿Qué planeas tú, Katniss?"

"No sé de qué hablas." Me vuelvo a encoger de hombros y nos quedamos mirando fijamente, ninguno de los dos rompiendo la conexión.

"Sea lo que sea, espero que funcione. Sólo ya no le hagas más daño a mi mejor amigo." Empieza a caminar, pero antes de alejarse más, me grita. "Te ves bien, por cierto. Si no fueras tú, ya estaría coqueteando contigo." Me guiña un ojo y empieza a caminar nuevamente, atrayendo la atención de todos en el pasillo. Atrayendo la atención que no tenía desde que llegué. Atención que no quería. Aggh, estúpido Finnick.

Llego al salón de mi primera clase, veo a Annie esperándome con una sonrisa en su rostro, sentada en su lugar. Hoy tengo que hablar con ella, no puedo seguir posponiéndolo. Le devuelvo la sonrisa, que últimamente ya no es tan forzada como antes.

"Buenos días Katniss."

"Buenos días." Veo que quiere comentar algo sobre mi apariencia, tal vez ya me conoce mejor, porque no lo hace. Lo agradezco mentalmente, pero si necesito sacarle la conversación debo decir algo.

"¿Cómo estuvo tu fin de semana?" Por algo debo comenzar, ¿no?

"Pues no tan bien, me la pasé desempacando mis cosas. Nada malo, pero si aburrido y algo cansado también. ¿Qué tal el tuyo?" No estoy segura qué responder. Le miento, diciéndole que me la pasé con Johanna y Prim saliendo. Le digo parte de la verdad, diciéndole que no salí de mi casa. O le digo la verdad, que me quede en mi casa deprimida todo el fin de semana porque el chico que amo no me habla y todo es por mi culpa. No tengo tiempo de decir nada porque la administrativa Trinket llega antes de que pueda hablar.

"Buenos días chico. Vengo en nombre del profesor a decirles que no va a poder asistir a clases hoy. Tienen una hora libre. Espero lo mejor de ustedes, ya son chicos grandes y se saben comportar." En cuanto sale del salón, mis compañeros empiezan a gritar y aplaudir. La mayoría sale, unos cuantos se quedan platicando. No tengo nada bueno qué hacer, así que no me muevo. Miento, ahora tengo una hora para platicar libremente con Annie. Ambas nos volteamos a ver al mismo tiempo y sonreímos.

"¡Qué bueno! Deberían prohibir tener cálculo a primera hora del día." Me río en voz alta con ella. Estoy totalmente de acuerdo. "Y bueno, ¿qué hiciste el fin de semana?" Cierto, la pregunta. La verdad, iré con la verdad. O una parte de ella.

"No mucho, el sábado me quedé en mi casa y ayer salí con Prim, mi hermana, de compras."

"Qué lindo. La ropa te queda muy bien, por cierto."

"Gracias." Nos sonreímos nuevamente, pero ninguna sabe qué más decir. Al parecer no soy la única tímida. Supongo que le puedo preguntar ahora, sólo por pura casualidad.

"¿Y, te ha… ya sabes…?" Vamos Katniss, tú puedes. "¿Gustado, alguien de la escuela?" En cuanto lo digo me arrepiento. Veo que se ruboriza y sacude levemente la cabeza, pero está sonriendo. Ummm, no entiendo. "Tal vez lo conozca y te pueda ayudar." Grave error. Lo más probable es que no lo conozca, no me llevo con mucha gente en la escuela; y con los pocos que me llevo, ya no me hablan.

"Supongo que sí lo conoces, todos en la escuela lo conoce." No, no, no, no. Me va a decir que es Peeta. No sé qué voy a hacer si me dice que es él. "Es muy tonto que me guste la verdad, creo que a todas les gusta." No, no, no. Ya está, ya no podré ser amiga de Annie. Ahora va a ser mi rival y ni siquiera puedo competir contra ella, porque es como una versión de Peeta en femenino. "Peeta me lo presentó el otro día y…" Espera, ¿qué?

"¿Cómo, no es Peeta?" Me mira con confusión y luego ríe. Últimamente, la gente se ríe mucho de mí.

"No, no. Me presentó a su amigo Finnick, y se comportó muy lindo conmigo. Es muy divertido." Tiene una enorme sonrisa y pareciera que sus ojos brillaran más de lo normal. No puedo evitar sacar mi suspiro de alivio.

"¿Por qué pensabas que era Peeta?" Rayos. Ok, puedo hacerlo. Ya empecé la conversación, ahora tengo que terminarla.

"Bueno, es que él te pasa a dejar a la cafetería todos los días y simplemente pensé, ya sabes."

"¡Oh! Sí, tengo la clase antes del receso con él y caminamos juntos a la cafetería."

"Sí, claro. Así es él."

"¿A ti te gusta Peeta, verdad?" No puedo decirle que no, pero tampoco que sí. A mí no sólo me gusta Peeta, yo lo amo.

No sé cómo me entiende cuando le cuento todo. No lloro, pero se me hace difícil contarle. Tartamudeo en algunas partes y en ningún momento me interrumpe.

"Lo siento mucho, Katniss. Vas a ver que va a entrar en razón y te va a escuchar."

"Eso espero." Me pongo nerviosa, aunque sé que lo peor ya pasó. Tengo que decirle. "Annie, necesito tu ayuda."

Ella me sorprende con su sonrisa. "Claro, Katniss, en lo que quieras."


Siento la tardanza. Aquí les dejo el capítulo 5. El próximo definitivamente será en el punto de vista de Peeta.

Muchas gracias por seguir la historia, sus reseñas y agregar a favoritos, en serio gracias. No podré contestar sus reseñas ahorita, tal vez en la noche o mañana, pero nuevamente, gracias por dejarlas.