Espero tengas un buen día hoy...

¿Le digo o no le digo? Tal vez ya lo sabe. Y no es como si me fuera a contestar el mensaje. Él tiene que ir, digo no sólo es la fiesta de su mejor amigo, sino que invito a Annie, aunque me duela, la invitó y ahora la tiene que llevar; quiera o no tiene que ir.

Espero tengas un buen día hoy. Supongo que nos vemos el viernes. Te quiero. -Katniss.

Listo, ya, lo hice. Tiro mi teléfono dentro de mi mochila y me pongo a arreglarme.

Justo cuando termino de cambiarme con otra de las ropas que me compró Prim; me dirijo a su cuarto y le toco la puerta.

"¡Prim apúrate! Ya vamos tarde."

"Ya voy, ya voy."

Bajo a la cocina para encontrar una nota pegada al refrigerador.

"Tuve que ir al hospital temprano. No lleguen tarde se la escuela, hoy llega su abuela."

¡Cierto! Se me había olvidado por completo que hoy regresaba de su viaje. Por fin, ya dos meses sin ella es demasiado.

"Ya estoy lista." Le sonrío a mí hermana.

"No hagas planes saliendo de la escuela, hoy regresa Sae."

Mi sonrisa se ensancha cuando Prim comienza a brincar. Incluso me dan ganas de brincar a mí también, pero me detengo y sólo me río con ella.

"Vamos por Jow."

El camino a casa de Jow es silencioso. No le he contado mi desaatroso encuentro con Peeta todavía, y la versad es que no hay mucho que contar. Salió del salón, corrí atrás de él y cuando nos encontramos salí huyendo en la dirección contraria, típico.

Si, mejor no le digo nada. Tal vez presiente algo y por eso no me ha preguntado nada aún. Aunque tal vez, Johanna ya fue de chismosa y le contó todo.

Nos estacionamos en frente de la casa de Jow; mientras Prim se cambia de lugar al asiento trasero, rebusco entre mi mochila para sacar el teléfono y mandarle un mensaje paea avisarle que ya estamos a fuera -evirando tocar el claxon y despertar a alguien que esté durmiendo en su casa.

Lo que no esperaba era una lucecita brillante en la esquina superior de mi teléfono, advirtiéndome de un nuevo mensaje. Abro mi bandeja y siento como se detiene por un momento mi corazón y comienza a latir nuevamente pero a pasos más lentos.

No, no puede ser. De seguro me lo estoy imaginando. Pero no, el mensaje es corto y claro. Está ahí.

Supongo que sí. -Peeta.

Me contestó, en serio me contestó. En un tono seco y duro tan ajeno a él, pero me contestó.

"¡Katniss! ¿Me escuchas? Hola." La voz de Prim me despierta de mi ensueño.

"Lo siento, Prim. ¿Qué pasó?"

"Que le abras a Jow." Volteo mi cabeza en dirección a su casa, y, en efecto, ahí está Johanna con un gesto no muy alegre que digamos. Abro la puerta para dejarla pasar.

"Ya era hora, descerebrada. ¿Es que estás sorda o siega?"

"Lo siento Jow."

"Si, si, ya vámonos." Hace como que ignora no notar mi estado de alteración, pero puedo sentir su mirada todo el camino. No es que me importe, mi mente está en el mensaje de Peeta.

Llegar a la escuela y ver a las personas actuando como si nada pasara, como si todo estuviera normal, mientras llevo un mar de preocupaciones en mi cabeza es muy extraño. Verlos felices y sonriendo. Envidiaba esa felicidad, la simplicidad. Pero claro, yo que sé. Tal vez ellos estén escondiendo su tristeza detrás de sus sonrisas; igual que yo.

Busco, como todos los días, una cabellera rubia junto con los ojos más azules que he visto. Desde que comenzó nuestra ley del hielo, no he querido hablar con él tanto como hoy. ¿En verdad fue él quien me contestó el mensaje? ¿Tiene tantas ganas de verme como yo a él? ¿Está tan nervioso como yo de que llegue el viernes? Lo dudo.

Creo que preferiría nuestro desacuerdo a no hablar, a que me deje torturándome con un solo mensaje. De seguro el muy descarado sabe lo que me está haciendo con esas sencillas palabras, dirigidas más al celular que a mí. ¡Maldito!

Jow y yo nos separamos como todos los días. En cuanto termino de sacar mis libros del casillero me voy directamente al salón, ya que no veo a Annie por ningún lado.

"Entonces, ¿si te voy a ver el viernes verdad?" Una voz seductora me pregunta por encima de mi hombro. La voz me da más risa que alguna atracción física. Trato de morderme los labios para no reírme.

"Ya me estás viendo ahorita, ¿para qué quieres verme el viernes?"

"Hum, tan ruda como siempre, Everdeen." Finnick se pone en frente de mí y me guiña el ojo. Dejo que mi sonrisa se ensanche y que salga una que otra risita. No las quiero reprimir, aunque suene muy tonta. Es un alivio poder hablar con él de nuevo. Lo había extrañado casi tanto como a Peeta.

Np dudo en alzar mis brazos y rodearlos por su cuello. Sus brazos hacen el mismo gesto, pero me rodean la cintura. Se siente tan bien poder estar cerca de Finnick otra vez. Como si todo estuviera normal.

"No me la perdería por nada del mundo." Le digo muy cerca de su oído, con la voz más sexy que puedo hacer. Aunque no sale muy convincente por la sonrisa que todavía tengo plantada en mi cara. Pero en vez de hacerme burla como antes lo hubiera hecho, sólo se ríe. Tal vez sea por alivio o algo más que no puedo identificar.

"Más te vale Katniss."

Nos alejamos para vernos de frente, sonriéndonos. Tengo tantas cosas que hablar con él, que platicarle, que preguntarle. Preguntarle por Peeta. Pero no lo hago. Como dijo Johanna. Finnick es tanto mi amigo como de Peeta, y van a dejar nuestros problemas para nosotros. Pero eso no significa que van a hablar o chismear del otro. Y no espero eso. Sólo me alegra que lo tenga de regreso.

Pero hay una cosa que sí le tengo que preguntar.

"¿Qué pasa con los otros, Delly, Tom y todos ellos? No se enojarán contigo si estoy ahí." A decir verdad, de seguro se enojarán más conmigo que con él por llegar a su fiesta.

"Que va, van a estar tan ebrios que ni se van a dar cuenta de que estás ahí." Auch. Eso dolió. Supongo que Finnick vio el gesto que hice, porque se empieza a reír.

"No me importa si se enojan. Además ya es hora de que se den cuenta que se están comportando como unos idiotas contigo." Frunzo el ceño.

"No es un poco hipócrita, cuando no hace más de una semana fuiste un completo idiota conmigo." Aunque sabe que tengo estoy en lo cierto, se ríe el muy cabrón. Ugh, de verdad que lo extrañaba.

"Si, sí. Tienes razón. Y te pido disculpas, no era mi intención." Da un cambio brusco, volviéndose todo serio. Claro que no dura mucho porque regresa su sonrisa. Pero esa sonrisa tan traviesa muy característica de él.

"Pero claro, no soy el único al que le molesta que te traten así. Cuando se den cuenta que a cierta persona no le gusta que te ignoren, se van a dar cuenta de cuánto te extrañan en realidad."

Me puedo imaginar a Johanna amenazándolos –o como ella diría, razonando con ellos– para que no me hagan nada en la fiesta. Y la verdad, no quiero que estén incómodos o forzarlos a hablar conmigo. Si van a hablar conmigo quiero que lo hagan, porque ellos quieren hacerlo. No porque alguien más les diga.

No puedo evitar extrañarlos. No me había sentido tan sola desde que murió mi papá. Cuando por fin empecé a conocer a Peeta. Mi amistad con Gale se deterioraba, a causa del poco tiempo que pasábamos juntos. Pero Peeta comenzó a hablarme, compartíamos unas cuantas clases ese semestre. Me saludaba ocasionalmente. Hasta que me invitó a sentarse con él a la hora del almuerzo. No le pude decir que no; y de repente, me sentí rodeada de todas estas personas desconocidas para mí.

Fue gracias a él que los conocí. A Delly, Tom, Finnick, Johanna, Madge y Marvel. Fue gracias a él que dejé de sentirme sola.

"Está bien, voy a ir. Aunque, de seguro, Johanna me hubiera llevado a la fuerza."

"Ese es el espíritu, Everdeen." Nos reímos juntos, igual que en los viejos tiempos.

"Ya me voy, o me harás llegar tarde a clases."

"Claro, claro. Nos estamos viendo, Katniss." Se despide de mí y nos dirigimos a nuestras respectivas clases.

Las horas pasaron rápidas, como si me estuvieran tentando a escaparme para la última hora. La clase que esperaba todos los días con ansias para poder ver y tratar de hablar con Peeta. Este día, en cambio, temía lo que encontraría en su actitud. ¿Me ignoraría como todos los días? ¿Saldría corriendo? ¿O me esperaría y me enfrentaría, retándome a hablarle?

Hoy definitivamente no era mi día.

Lo peor vino cuando Jow trató de convencerme de ir a comer con Finnick y los demás. Yo me negué rotundamente, diciendo que no van a querer comer conmigo y que deberíamos quedarnos con Annie. Al fin de cuentas, ésta última me apoyo y nos sentamos las tres como siempre.

Decir que estoy nerviosa es poco. Entrar a la última clase o no, ese es el dilema. Suena la alarma anunciando la última hora.

¿Qué hago?

Parece que mis pies decidieron que hacer antes de que mi mente lo procese. Y me encaminan hacia mi aula.

El salón está casi vacío cuando llego. No hay señal de la cabellera rubia que tantos nervios me causa. Eso sólo logra aumentar mi ansiedad.

Me siento en mi lugar y saco mi celular para jugar. Trato de distraerme, pero cada vez que una persona pasa por la puerta mi cabeza inmediatamente voltea a ver quién es.

No fue sino hasta el décimo intento que lo veo llegar. Sé que siente mi mirada encima de él, pero aun así no logro que me voltea a ver. Me ignora por completo como todos los días. ¿Qué clase de juego perverso está jugando?

El enojo se apodera de mis nervios y me olvido de las ansias que tenía de verlo. Al diablo con él. Sé que merezco que me trate mal, pero me está volviendo loca. No es justo.

Al acabar la clase agarra sus cosas y se va tan rápido como siempre. Ah, pero eso sí que no. Hoy si no se me va a escapar. Me va a escuchar.

Planeo mi salida igual de apresurada que la de él, pero el sonido de mi celular me detiene.

"Katniss, que bueno que te encuentro." ¡Diablos! Mi jefe, justo lo que necesitaba ahorita.

"¿Qué pasó, sr. Snow?"

"Uno de los asesores de esta tarde no podrá venir, así que le pido que venga a dar clases hoy." En mi día libre, claro. Al menos ganaré más dinero.

"Está bien. Llego en 20 minutos."

Cuelgo el teléfono y volteo a ver al salón ya vacío. Sé que ni aunque lo intente, podré alcanzar a Peeta. Lo más probable sea que ya se haya ido.

Les mando un mensaje a mi hermana y Jow diciéndoles que no podré llevarlas, que iré directo al trabajo.

¡Mierda! Hoy que por fin llega Sae. Si, definitivamente hoy no es mi día.

No me pude concentrar en mi trabajo. Y no es que sea muy fácil darle clases de arco y flecha a niños de 10 años. ¿Quién inscribe a sus niños de esa edad a arco y flecha, de todas formas? Gente loca de seguro.

Me dirijo a la Aldea de los vencedores cansada y sin ganas de hacer nada. Quería platicar con Sae, saber cómo le fue en su viaje y todas las aventuras que de seguro tuvo; pero ahora mis planes son una buena taza de cereal y mi cama, nuestra plática tendrá que esperar para mañana.

Doblo la esquina del gran parque para poder llegar a mi casa. Ahí es cuando lo veo. Tenía tiempo que no lo veía andar sobre su patineta. Me paro un momento para observarlo mejor. Se ve tan relajado, como si no estuviera pensando en nada.

Su cabello se mueve conforme la rapidez a la que va. Trata de saltar una bardita que separa el camino peatonal y parte de la acera del parque, pero termina tropezándose al final y casi se cae. Me quedo atontada viendo y riéndome de él. Me acuerdo de la primera vez que lo vi con su patineta. Bueno, era más bien de Rye; y no era tan bueno como ahora, obviamente.

Casi había pasado un mes desde que nos mudamos a la aldea. Salía rara vez de la casa; había regresado a la escuela esa misma semana, y fue porque Sae y mi mamá me obligaban, sino ni siquiera para eso saldría.

Sae me insistió que saliera a jugar con Prim al parque, yo me negué, por supuesto. Pero Prim me hizo una carita de perro triste y no le pude decir que no. La tenía que alegrar de alguna manera, aunque eso significaba hacer algo que no quería.

Era un sábado por la mañana, y sorprendentemente, el parque no estaba repleto de gente como de costumbre. Nos sentamos en los columpios una a lado de la otra. Prim me contaba lo que había aprendido en la escuela y de sus amigos, pero yo sólo asentía mi cabeza o le contestaba con un "mhm". No me podía culpar, mi mente estaba muy lejos del parque.

Mi mente no regresó hasta que escuché ruidos cerca de dónde estábamos mi hermana y yo. Voltee a ver. Era otra vez él. Peeta Mellark. Estaba azotando una patineta –algo grande para él- al suelo. Fruncí el ceño. ¿Qué acaso no sabe que el parque es un espacio de tranquilidad? ¿Por qué hace tanto ruido?

Al recordar lo que pensé de él en ese momento, me río. No entiendo bien porqué estaba tan molesta con él por hacer ruido. No es que sea ni el primero ni el último niño en hacer ruido en un parque.

La voz de mi hermana se volvió más un sonido de fondo. Mi mirada estaba fija en el niño rubio. Trató de subirse a la patineta y encontrar equilibrio. No pudo mantenerse en pie al menos por unos cinco intentos, pero cuando lo logró incluso alzó su puño al cielo, como diciendo ¡Por fin! ¡Lo hice! Una sonrisa comenzaba a levantarse por el lado derecho de mis labios.

Se quedó parado un rato más para seguir probando su equilibrio. Poco después avanzó. Obviamente no llegó muy lejos. No más de treinta centímetros y ya estaba en el suelo. No pude evitarlo. Me reí del niño tonto.

Prim desconcertada por mi risa, volteó a ver hacia donde mi mirada estaba dirigida.

"Katniss, no es bueno reírse de los demás." Increíble, estaba siendo regañada por mi hermana.

"Lo siento, Prim. ¿Qué decías?" Continuó con hablando, pero seguía sin prestarle atención. No podía evitarlo. Y para ser sincera, ni siquiera lo sentía. No lamentaba reírme de Peeta. Pero es que era la primera vez que me reía desde hace tres semanas.

Mis ojos buscaron de nuevo al niño que iba en mi salón. Lo encontré parado de nuevo en la patineta, esta vez casi en frente de nosotras; la distancia era un poco larga, pero podía vernos sin problemas si tan sólo levantara la vista de su camino. No lo hizo.

Al menos no hasta que volvió a caer y yo volví a reír. Mi burla salió más como un resoplido que se convirtió en risa. Peeta alzó la vista en busca de su espectador. Los ojos más azules que he visto se encontraron con los míos. Su cara empezó a ponerse colorada y sus ojos se agrandaron por sorpresa. Yo misma me sentía con las mejillas acaloradas. Bajé la mirada para esconder lo apenada que estaba.

Mi hermana me miraba moviendo su cabeza de un lado a otro, como si me estuviera reprimiendo mentalmente.

Cuando volví a alzar la vista para ver qué haría ahora Peeta, ya era tarde. Estaba corriendo en dirección opuesta.

Hacía mucho que no pensaba en la primera vez que lo vi patinar. Siempre me trae buenos recuerdos. Antes solía molestarlo mucho, recordándole la historia. La burla paraba cada que me decía que yo debería intentar subirme a la patineta. Sólo me subí una vez y con esa me bastó; mis caídas fueron peores que las de él. Juré nunca volverme a subir a ese juguete del mal. A diferencia de él, que nunca se rindió –quería probarle a Rye que él también podía patinar- y ahora ya es casi igual de bueno que su hermano.

Estaciono mi carro en frente de la casa de Sae. Antes de entrar a la casa volteo a ver al parque, pero a mi mala suerte, ya no pude ver a Peeta otra vez. Aun así, entro a la casa con una media sonrisa.