Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.
Traducción al castellano, autorizada por la autora, del original en inglés "Finite Incantatum".
Autora: Alysian_Fields
Finite Incantatem
Capítulo 5 – Timendi causa est nescire
─Lo que más me rompe las pelotas es que ahora tengo que pensar hasta para hacer las cosas más simples, concentrarme al máximo hasta para algo tan trivial como lavarme los dientes; esos cepillos son más complicados de usar de lo que parecen a primera vista. Termino exhausto. ─Draco estaba recostado boca abajo mirando hacia los pies de la cama y a medias incorporado sobre los codos.
Harry estaba sentado al escritorio con el mapa de los merodeadores, lo miró, el rubio tenía los ojos tristes y un mohín en los labios. Ahora tenía el pelo más largo que cuando en la escuela. Quizá deba preguntarle si quiere que se lo corten, la señora Weasley debe saber algún encantamiento. Decidió que mejor no, si no se lo pedía. El cabello largo le quedaba muy bien.
Había pasado una semana desde la discusión sobre Ginny y desde entonces no habían vuelto a mencionarla. Habían acordado una especie de tregua tácita, algo incómoda pero tregua al fin. Harry se había dado cuenta de que la presencia del Slytherin ya no lo molestaba. Era algo un poco preocupante, ya no le caía tan mal pero… ¿y si volvía a hacer algo que lo decepcionara?
─Al principio todo te va a costar, es natural. Pero después se vuelve automático.
─Sí, ─dijo Draco─ pero el problema es que no sé si quiero que sea así. Puede que sea algo estúpido pero no puedo dejar de esperar que todo vuelva a ser como antes. No puedo imaginar toda una vida sin magia, me siento vacío. No voy a poder tolerarlo. Quizá no lo puedas entender porque viviste como muggle muchos años. En mi caso es distinto. Toda mi vida siempre se centró en el prestigio asociado con la habilidad mágica. Eso era lo único que importaba. Siento que no tengo nada.
Harry pensó un instante, quería animarlo pero sin sonar condescendiente. ─Vas a tener que encontrar otras cualidades en vos de las que puedas sentirte orgulloso. Quizá tendrías que aprender más sobre los muggles, como no disponen de magia han desarrollado mucho el ingenio y se las arreglan muy bien para sustituirla. Estoy seguro de que tenés otros talentos que no has cultivado porque con magia no son necesarios.
Draco soltó una risa ronca. ─Harry, los muggles no son ingeniosos. Y no me frunzas el ceño. Los muggles son ignorantes, lentos, tediosos, eso es incuestionable. ─se sentó─ ¿Qué es lo que tenés en la mano que estás mirando con tanta atención?
─Un mapa de Hogwarts. ─contestó Harry─ Y no tenés fundamento para decir que los muggles son ignorantes, no conocés a ninguno. Ése es el tipo de actitud…
–¿Puedo verlo? –interrumpió Draco.
Harry suspiró y fue a sentarse junto al otro en la cama.
–¡Esto es épico! –susurró Draco, y tomó el pergamino para examinarlo con atención.
Harry sonrió. De a poco se iba acostumbrando al uso creativo que hacía Draco con el idioma. Épico o suculento significaban muy bueno; floreado quería decir de mal gusto; conejil, horrible y mercurial se usaba para algo muy admirable. Hasta ahora no le había preguntado de dónde había sacado esos términos.
─¿De dónde cuernos sacaste esto? ─ preguntó Draco absorto con el mapa.
─Fred y George Weasley me lo dieron hace unos años. ─no hizo ninguna referencia a su padre.
─Bueno, ─dijo Draco─ ahora entiendo muchas cosas. Mirá, Snape en su despacho. ¿Por qué estabas mirándolo?
─Se me ocurrió que era una buena idea controlar la escuela, ver si hay alguien extraño o si alguien está en algún lugar en el que no debería. ─en parte era verdad, pero lo cierto era que en los últimos minutos había estado contemplando con melancolía dos etiquetas en la sala común de Gryffindor, Ginebra Weasley y Charlie Weasley.
─Sí que habías sido solapado. ─dijo Draco─ ¡No puedo creer todas las cosas suculentas a las que les echaste mano todos estos años! El mapa, el manto de invisibilidad, el Felix Felices… es injusto y muy fastidioso…
Harry sonrió. ─Sí, me imagino que para vos debe de serlo. Pero lo seguro es que yo usé todo para hacer mejores cosas de las que habrías hecho vos.
─Probablemente es cierto. ─concedió Draco─ Pero esto sirve para ilustrar lo que decía hace un rato. Todas estas cosas estupendas son mágicas. Un muggle no podría hacer un mapa como éste o una poción para tener suerte o idear una forma para viajar rápidamente. Todo lo que hacen es tedioso e ineficiente. No podés sostener que son iguales o tan buenos como nosotros.
Harry frunció el ceño pensativo. ─La magia obviamente da ventajas. Pero lo sorprendente y meritorio es que los muggles se las ingenian para sustituirla. El papá de Ron siempre lo dice con asombro y admiración, y tiene razón. Te quiero mostrar algo. ─Harry fue hasta su baúl y volvió con un reproductor de CDs. Se lo había tomado prestado a Dudley, que tenía otros cuatro y mejores. Draco lo tomó con desconfianza.
─¿Qué carajo es esto?
─Es algo que los muggles inventaron para escuchar música. Quiero que lo analices por un tiempo, que deduzcas cómo funciona y que después me digas si vos podrías hacer algo igual. Recién entonces podría considerar que lo que vos pensás de los muggles es cierto. Y tené en cuenta que esto es una las cosas más simples que inventaron.
Draco dejó el reproductor a un lado. ─ Bueno, voy a estudiar el aparatito, pero nada de lo que me digas me va a conformar, no quiero ser como ellos.
─Ya sé. No digo esto para conformarte. Para mí también sería espantoso vivir sin magia y eso que yo viví mucho tiempo como muggle. Yo apuntaba a otra cosa. Quería hacerte ver que lo del odio a los muggles es un prejuicio. Es como el racismo.
─¡Yo no soy racista! ─protestó Draco─ El color de la piel o la nacionalidad no marcan ninguna diferencia para mí… Blaise Zabini es uno de mis mejores amigos.
─Y yo no dije que fueras racista, ─continuó Harry pacientemente─ pero la forma en que vos pensás de los muggles como una forma de vida inferior, merecedores de ser colgados… o vilipendiados es equivalente al racismo, ¿o no?
Draco pensó un momento. ─Es que no es lo mismo. ¿Te olvidás de lo que pasó hace siglos? ¿La caza de brujas y magos? Mataron a grandes cantidades de magos y hasta a algunos que no eran magos. Así son. No se puede confiar en ellos y no debemos asociarnos con ellos. Es peligroso. Nos habrían destruido por su ignorancia. Son estrechos de mente y crueles y no merecen ninguna consideración.
─Lo que ellos hicieron hace siglos es lo mismo que están haciendo los mortífagos, pero de manera más efectiva ahora. ¿O no?
Malfoy se mordió el labio. ─No es lo mismo. Yo no digo que haya que matarlos. Digo que no se puede confiar en ellos y que deben ser controlados.
─Malfoy, es la misma cosa. Es repetir la historia al revés, ahora son los magos los que matan a los muggles. Yo también soy partidario de que el mundo mágico y el no mágico estén separados, pero los muggles deben ser respetados. Porque somos todos personas. Somos todos seres humanos, con los mismos sentimientos, los mismos deseos y miedos. No somos mejores ni peores. Crueles, estúpidos, ávidos de poder los hay de los dos lados.
Malfoy iba a replicar pero cerró la boca. Parecía desconcertado. Discutir con Malfoy era extenuarte. El Slytherin era muy agudo y astuto para argumentar. Le hacía dudar a Harry de sus convicciones. Ganarle una discusión no era tarea fácil.
─Ya no sé muy bien lo que siento. ─dijo Draco─ No estoy seguro de cuál sea el camino correcto. Y no ayuda que vos seas tan sermoneador y fastidioso…eh… sin ánimo de ofender.
─Ya sé
─Mirá, mi lealtad es ciento por ciento para mi familia. Muchos de tus aliados dañaron, perjudicaron a mi familia. Y sí, también es cierto que mi familia también hizo cosas malas, pero la lealtad familiar no atiende razones. Así siento y no lo puedo cambiar. Pero odio a Vos Sabés Quién. Lo odio. Es un monstruo. Y me siento traicionado. Todo lo que me dijeron de él era mentira. Traicionó a mi familia. Él… no sé por qué te estoy diciendo todo esto.
─Está bien. Queda entre nosotros. ─dijo Harry─ A mí también me hizo mucho daño.
─Yo nunca antes había entendido el concepto de maldad pura. A él no le importa nadie.
─Totalmente de acuerdo.
─Todo el período anterior en la escuela… era horrible…tenía tanto miedo todo el tiempo… pero no fue eso lo peor… cuando volví…
Malfoy levantó las piernas y se las apretó contra el pecho. Harry comprendió que iba a contarle sobre el verano, se puso nervioso, nunca se había animado a preguntarle. No le parecía que fuera asunto suyo. Lo halagaba que el Slytherin lo hubiera elegido para confiarse… y también lo inquietaba.
─Pensé que me iba a matar. Snape trató de defenderme diciendo que yo no me había echado atrás pero que mi plan había fallado y que por eso él había tenido que intervenir.
Pero las razones de Snape no lo convencieron. Me dijo que yo había fallado en mi misión, que al parecer la amenaza de mi familia no había sido suficiente incentivo, que yo carecía de lealtad. Pero luego agregó que había decidido mostrarse clemente. –una risa amarga de Draco─ Dijo que me iba a dejar vivir pero que no podía confiar en que lo serviría por voluntad propia. Fue entonces que me puso bajo Imperius. Al principio fue un alivio, no tenía que pensar. Él y los demás me tenían como esclavo, que les sirviera de comer, me hacían llevar y traer cosas, se burlaban constantemente. Mi madre no se animó a intervenir en ningún momento. Pero esa sensación soñadora, más o menos agradable, del principio desapareció. Seguía bajo la maldición pero tenía conciencia de mi mente. Era horrible, no tenía control de nada de lo que hacía y tenía miedo constantemente por lo que me podían forzar a hacer. Me obligó a torturar a varias personas. Él… ─Malfoy apretó los puños─ Una noche estaba de pésimo humor y me obligó a usar Cruciatus sobre mi madre. No te podés imaginar lo que es, torturar a la persona que más amás en el mundo, oírla gritar y verla contorsionándose sobre el suelo en agonía, y por dentro uno también grita pero no puede hacer nada para parar. Y él nos observaba y se reía. Y mi madre me decía que no sufriera que ella sabía que yo no podía hacer nada para evitarlo, pero eso no me servía de nada. ¿Por qué no podía parar? ahí comprendí lo que era la verdadera maldad. Y él me decía que de esa forma iba a entender el precio por haber fallado.
Malfoy trataba de contener las lágrimas, pestañaba furiosamente. Cuando prosiguió su voz había recuperado la frialdad. ─Una semana después de eso me mandó llamar y me sacó la maldición. Me dijo que se había aburrido de mí. Yo pensé que entonces me iba a matar y, para ser sincero, ya no me preocupaba tanto morir. Fue entonces que me sacó la magia. Primero sentí como un hormigueo y luego como si me estuvieran sangrando y finalmente como si me arrancaran algo, invisible e inmaterial, pero dolía. Le rogué que se detuviera pero no oyó mis súplicas. Me dijo que de esa forma mi familia pagaría, que eso le bajaría el orgullo a mi padre, que toda su superioridad se haría añicos cuando supiera que tenía a un squib por hijo. Y después me echó. Lo que siguió fue una semana de miseria y humillación, comía lo que sacaba de los tachos de basura y dormía en la calle. Snape me encontró entonces. Merlín, no sé por qué te cuento todo esto.
─No te inquietes. A veces hace bien desahogarse. Me da mucha pena lo que te pasó. Yo ya sé la mierda que es Tom Riddle. Y lo que me contaste no se lo voy a repetir a nadie.
Harry no quiso agregar nada más. La relación entre ellos era muy precaria. No iba a intentar convencerlo de cambiar de lado, eso podría perjudicar aun más a su familia, no había límites, Voldemort les podría hacer cosas inimaginables. Se quedó a su lado acompañándolo en silencio en su pesar hasta que Tonks los llamó para cenar.
oOo
Era la primera vez que Harry salía en semanas. El cambio de escenario y el aire fresco se le antojaron maravillosos. Los potenciales peligros de abandonar la seguridad del refugio parecían menores ante la posibilidad de poder alejarse de la atmósfera opresiva de Grimmauld Place aunque más no fuera por unas horas.
─Harry, ¿por qué estás sonriendo desde que salimos? ─inquirió Ron con algo de irritado desconcierto.
─Perdón, ─dijo Harry con expresión culpable─ es que… mirá las estrellas…
Ron revoleó los ojos. ─Cumpa, no te me pongas poético, me hace sentir incómodo. Voy a tener que recurrir a chistes de pedos para compensar y una vez que empiezo… vos ya sabés. Te recuerdo que esto puede ser peligroso, podríamos estar jugándonos el pellejo.
─Tenés razón, ─Harry se aclaró la garganta y agravó la voz─ nada de mariconadas románticas, todo a lo macho.
Intercambiaron risas. Harry no se había dado cuenta de cuánto extrañaba momentos como esos compartidos con Ron. Las cosas habían cambiado tanto desde que se había arreglado con Hermione, Harry había ido quedando cada vez más aislado. Y era muy duro, habían sido siempre tan amigos los tres, los extrañaba tanto.
En parte se había sentido secretamente complacido cuando Hermione sugirió que fuera solamente uno de ellos dos con Harry y que el otro se quedara en los cuarteles para disimular y que los adultos no se dieran cuenta. Ron se ofreció inmediatamente como voluntario para la misión, adujo que Hermione sabía mentir mucho mejor que él y que si el objetivo era engañar a los mayores, ella era la indicada. Seguramente Ron también extrañaba los momentos con Harry, que últimamente se habían vuelto tan escasos.
Habían partido a la puesta del sol. Hermione había hecho muchas recomendaciones y había insistido en que usaran encantamientos de mimetización; la excursión no era quizá tan peligrosa pero nunca estaba de más ser precavidos.
Aparicionaron directamente a Godric's Hollow, al oeste de Somerset. Era la segunda vez que Harry aparicionaba a una distancia tan larga y estaba un poco nervioso, pero no hubo mayores inconvenientes, los cabellos del pelirrojo arribaron erizados por la estática, pero Ron aclaró que eso le pasaba siempre. Avanzaron por el pueblito cautelosamente, no sabían con qué se podrían encontrar y tampoco sabían muy bien qué estaban buscando. Harry sentía aleteos en el estómago. Sabían la dirección de la casa. A medida que se aproximaban los nervios de Harry se incrementaban. Ese pueblo podría haber sido muy conocido para él si las cosas hubieran sido distintas, ese pueblo podría haber sido su hogar.
─¿Todo bien, Harry?
─Sí, claro.
─Si cuando lleguemos necesitás un minuto para… vos sabés… no hay problema.
Harry asintió. ─Gracias.
Siguieron caminando en silencio, el pueblo debía de ser más grande de lo que parecía, si no ¿por qué les estaba tomando tanto tiempo? Parte de él empezaba a desear que nunca hubieran venido. ¿Para qué podría servir? ¿Qué esperaba? ¿De qué forma los podría ayudar el ir a la casa que había sido de sus padres? Se empezaba a sentir un poco estúpido.
─Las indicaciones decían que estaba al lado de la oficina de correos, debe de estar acá ─dijo Ron.
Ya estaba oscuro pero se podía distinguir que estaban frente a un claro, lo que parecía un pequeño prado florido. El que se hubieran preocupado de que el lugar donde habían muerto sus padres se viera tan hermoso era realmente un detalle conmovedor.
─¿Estás preparado?
Harry asintió pero no pronunció palabra, tenía miedo de que le temblara la voz. Dieron un paso hacia adelante y entraron en el prado. Apenas lo hicieron la imagen frente a ellos cambió, se encontraron a corta distancia de lo que quedaba de un chalé de ladrillos rojos. Mi casa. Daba la impresión de que había sido una vivienda agradable y acogedora y de que se habían hecho esfuerzos para se viera lo mejor posible, aunque por siempre estaría mancillada por la traición y el asesinato. Al frente, en el jardín, había una estatua recordatoria, se acercaron lentamente.
In memoriam. A la memoria de Lily y James Potter (1960-1981), cuyas cenizas fueron desparramadas aquí, en el jardín de la casa que tanto amaron.
─¿Querés que te deje un rato solo?
─No, ─dijo Harry─ Está bien. Estoy bien. ─lo sorprendía lo emocionado que se sentía. Las tumbas no le solían inspirar sentimientos particulares, sabía que los muertos no moraban allí. Nunca había entendido por qué las personas tenían la costumbre de visitar los cementerios donde yacían los restos de sus seres queridos. Harry a veces les hablaba a las imágenes que tenía de sus padres, dondequiera que estuviera, para contarles sus miedos o para pedirles guía y consejo. Lo acompañaban siempre, no estaban atadas a un lugar. Por eso la fuerte emoción que sentía en ese momento lo sorprendía tanto. Parpadeó varias veces y luego comenzó a marchar hacia la casa.
Sobre la puerta había una placa que relataba lo ocurrido la noche fatídica. Harry no la leyó, los hechos estaban grabados en su alma y recordarlos le perturbaba el corazón.
─Perdón. ─dijo en voz baja─ No sé para qué te hice venir. No deberíamos estar acá.
Ron le puso una mano sobre el hombro. ─Está todo bien, cumpa. Mirá… mirá las paredes…Lumos.
Muchos mensajes habían sido garrapateados mágicamente sobre los muros, en plateado y dorado. Mensajes de pesar por el pasado y de esperanza por el futuro. Oraciones por los que habían perdido la vida y agradecimientos de los que seguían vivos.
─¿Ves? ─ dijo Ron─ por esto seguimos peleando, por toda la gente que sigue creyendo que las cosas pueden ser mejores. No creo que sea un error que hayamos venido. Vos sentías que tenías que venir y tus intuiciones raramente son equivocadas. Puede que Hermione sea la que aporta el cerebro pero vos sos el que nos mantiene unidos y nos apunta en la dirección correcta. Siempre confié en eso, desde el principio, y Merlín sabe que ningún otro me hubiera convencido de seguir a unas putas arañas dentro del Bosque Prohibido.
Harry rió. ─Gracias, no estoy tan convencido de que tu fe se justifique, pero gracias. ─respiró hondo─ ¿Entramos entonces? No creo que sirva de mucho, pero ya que estamos…
─¿Estás seguro? ─preguntó Ron con tono ansioso.
Harry pensó un momento. ─Sí, sí, estoy seguro. Quiero ver donde ocurrió. Necesito saber, ver el lugar donde murieron. ¿Suena muy morboso?
Ron sonrió. ─Un poco, pero con tal que no te pintes los ojos con delineador y te pongas a escribir versos sobre la muerte después…
Harry lanzó una risotada y sacó la varita para abrir la puerta. Hasta donde sabían, la casa no estaba abierta para visitas del público. Eso le parecía bien, era bueno que la gente los recordara pero el pensamiento del lugar de la muerte de sus padres transformado en una atracción turística poblada de extraños lo ponía incómodo. La casa había sido mantenida para que no se derrumbara pero por lo demás seguía igual que esa noche después de los hechos.
Si había barreras que impidieran la entrada no actuaban para Harry, pudieron ingresar sin problemas. Olía a polvo y a humedad y una corriente de aire los hizo estremecer. Se sacaron el encantamiento de mimetismo, iba a ser dificultoso explorar la casa juntos si no podían distinguirse bien entre ellos.
Es una casa fantasma, pensó Harry. Encerraba los fantasmas de su infancia y de una vida que nunca había sido. Esas habitaciones frías habían estado alguna vez llenas de risa y amor, eran todo lo que quedaba de su familia. Hubiera sido feliz ahí, ahora sólo eran ruinas. Había también otro fantasma, el fantasma del mal. Algo terrible había pasado que había contaminado todo. Dos asesinatos habían ocurrido y eso no se borraría nunca, ni con estatuas recordatorias ni con cientos de mensajes en las paredes. Era una casa de pérdida y de muerte. Harry creyó poder oír los ecos de los gritos de su madre y sintió un escalofrío.
─Ni sé lo que vine a buscar.
─No te preocupes, cumpa. ─dijo Ron animoso, en parte para compensar la lobreguez de la casa─ ya se te ocurrirá algo… ¡Aj!... si había barreras al parecer no sirven para las ratas ─un roedor gris había pasado corriendo junto a su pie y había escapado por una puerta más adelante.
─Vamos, ─dijo Harry─ echemos un vistazo rápido y volvamos. Perdón, me parece que esto no es sino una pérdida de tiempo y no ha hecho más que deprimirme.
Avanzaron lentamente por el pasillo, Harry se sentía muy abatido. ¿Por qué demonios había pensado que era una buena idea venir? Cualquier recoveco de su cerebro que fuera el responsable de tal idea, de que Godric's Hollow podía encerrar una clave de su destino, debía de haber sido influenciado por el mismo sentimiento masoquista que lo había impulsado a romper con Ginny y a proteger a Malfoy bajo su ala. Aunque eso último no estaba resultando tan mal después de todo.
Entraron en lo debía de haber sido la cocina, Harry se detuvo de golpe.
─¿Qué pasa? ─preguntó Ron nervioso detrás de él.
─Mirá la chimenea. ¿No te parece que ha sido usada recientemente? Y hay unas mantas en ese rincón.
Ron frunció el ceño. ─No sé, ¿será que se metió un vagabundo?
─Quizá, ─dijo Harry─ Pero no puede ser un muggle, no pueden ver la casa. ¿Y por qué vendría un mago a instalarse a acá?
─¿Será alguien que se esconde de Ya Sabés Quién? ─ sugirió Ron dubitativo.
─Puede ser… ─los pelos de la nuca se le habían erizado, Harry no se explicaba por qué de golpe estaba tan nervioso. Algo estaba muy mal. ─Acá hay algo… lo presiento. ─con la luz de la varita fue examinando las paredes y las gastadas mesadas. Por último fue con aprensión adonde estaban las mantas. No había nadie bajo ellas, pero sentía que estaba siendo observado. Fue entonces cuando saltó la rata, Harry pegó un grito y retrocedió un paso.
─¡Impedimenta! ─gritó Ron─ ¡Habías sido vos, basura! ¡Te reconocería en cualquier lado!
El corazón de Harry pareció contraérsele. No podía ser…
─¡Recuperá tu forma!, ─ordenó Ron─ o Harry y yo te vamos a matar. Y no te creas que es broma. Aprendimos la lección en tercer año y muchas otras cosas desde entonces.
Hubo un resplandor y apareció ante ellos Peter Pettigrew, gimoteando y contoneándose en el suelo.
Harry se encendió de ira. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo osaba venir a esconderse en el mismo lugar donde había traicionado a sus amigos?
─¿Te querías escapar para ir a delatarnos a tu amo? ─escupió Ron─ ¿Nos estuviste siguiendo? ¿O suponías que vendríamos?
─Por favor, ─lloriqueó Wormtail─ ¡yo no sabía nada, no supuse nada! ¡Vine para esconderme! ¡Me escapé de las garras de El Que No Debe Nombrarse! ¡Estaba esperando una oportunidad para volver al lado de la luz! ¡No me hagas daño! ¡Acordate que buena mascota fui!
─¡Ni me lo recuerdes! ─aulló Ron─ ¡Contestame! ¿Por qué estás acá?
─¡Les estoy diciendo la verdad!
─Y una mierda, ─dijo Harry con voz fría─ te mandó. Te mandó Voldemort por si veníamos, ¿no?
Wormtail se había estremecido violentamente al escuchar el nombre. ─¡No tenía idea! ─gritó─ ¡Les digo la verdad! ¡No era una trampa! ¡Vine para…! ─se detuvo de golpe, como si no pudiera hablar, los ojos llenos de pánico.
─¡Seguí!
Sacudió la cabeza. ─¡Nada! ¡No estaba diciendo nada! ¡Es una coincidencia!
─No, ibas a decir algo. Más te vale que lo digas.
─¡No hay nada que decir! ─chilló─ No estoy acá por ninguna razón en particular…
Se interrumpió cuando le acertó el rayo de luz roja de la varita de Ron. Comenzó a berrear y a sacudirse bajo el Cruciatus. Fueron sólo unos segundos. Quedó gimiendo y temblando sobre el suelo.
─Ya te había dicho que esto no era en broma, ─la voz de Ron era sin embargo temblorosa─ Hablá o vas a recibir peor que lo de recién.
─¡No voy a decir nada! ─gimió Wormtail─ ¡No voy a traicionar a mi amo! ¡Si les digo me matará, ya conozco su ira! ¡El Señor Oscuro me ha confiado uno de sus más preciados…! ¡No les voy a decir nada!
─En ese caso te vamos a matar. ─dijo Ron fríamente─ Vos elegís. Si hablás es posible que nos apiademos y te entreguemos a la Orden.
Los engranajes de la mente de Harry se habían acelerado. El Señor Oscuro me ha confiado uno de sus más preciados… ¿Sería posible que estuviera guardando un horcrux? Los horcruxes se crean con un acto de gran maldad, un asesinato, y magia poderosa, era lo que había dicho Dumbledore. ¿Había creado Voldemort un horcrux esa noche? Muy plausible, Voldemort no sólo intentaba deshacerse del enemigo profetizado, sino que además aprovechaba la oportunidad para dar un paso más hacia la inmortalidad. Pero las cosas habían salido mal, y Voldemort, ya sin cuerpo, había tenido que huir. ¿Había dejado atrás un horcrux?
─¿Dónde está? ─preguntó Harry.
─¿Dónde está…qué?
─Vos sabés qué. El horcrux.
Ron lo miró perplejo.
El rostro de Wormtail reflejó confusión. ─¿El qué…?
Harry iba a replicar enojado pero se contuvo. Era muy posible que Voldemort no se lo hubiera dicho. Lucius tampoco había sabido que el diario era un horcrux. ─¿Qué es lo que estás cuidando, Wormtail? ¿Dejó algo acá no? ¿Quería que lo encontraras y se lo cuidaras? Y de paso era una forma de librarse de vos… no creo que ahora le seas de mucha utilidad. ¿Qué es exactamente ese objeto precioso que le estás cuidando?
─No te lo puedo decir, ─lloriqueó Wormtail─ Por favor no me obligues.
─¿Es la diadema? ¿O quizá el relicario? ¿O será acaso la copa de Hufflepuff? ─Wormtail no pudo evitar un movimiento de la comisura de sus labios.
─Es la copa, ─dijo Harry triunfante─ ¿dónde está?
Wormtail sacudió la cabeza. Ron le pegó con otro Cruciatus. Mientras se contorsionaba en agonía Harry comenzó a explorar la habitación. Buscó entre las mantas mugrientas y en las alacenas, sin éxito. Cerró los ojos y se detuvo a pensar. ¿Dónde podía haberlo escondido? Wormtail no era ni muy sagaz ni muy poderoso como mago, era improbable que hubiese usado encantamientos complicados de protección. Lo que sí era probable era que lo tuviese a mano, para mirarlo y tocarlo y quizá para obtener algo del poder que encerraba.
¿Dónde lo escondería yo si no fuera muy ingenioso? Se acordó de su cuarto en lo de los Dursleys, la tabla suelta debajo de la cama. ¡Claro!
Se arrodilló y empezó a tantear las tablas del suelo, buscando una que estuviera floja.
─¿Qué estás haciendo? ─ chilló Wormtail con pánico.
─Está debajo del suelo. ─le informó Harry a Ron.
─¡No, estás equivocado, nunca la pondría en un lugar así de estúpido!
Harry lo miró con frialdad. ─¿Sabés qué? Sos un traidor desalmado y repugnante pero como mentiroso sos deplorable.
Finalmente Harry encontró la tabla que buscaba. La hizo astillas con la varita. Algo plateado relumbró en el agujero. Apartó los restos de madera, la copa quedó expuesta. No era muy grande y el aspecto era muy sencillo. Era indudablemente antigua y tenía grabadas inscripciones rúnicas. Estiró la mano para agarrarla y pegó un grito.
─¿Estás bien, Harry? ─ preguntó Ron nervioso.
Harry asintió. El contacto había sido helado, tan frío que le había quemado los dedos. Buscó un trapo para agarrarla y se hizo con el trofeo.
El corazón le saltaba en el pecho. Sostenía un horcrux. Un pedazo del alma de Voldemort.
─Ron, volvé a los cuarteles y decile a quien sea que esté que capturamos a Peter Pettigrew. Traelos acá lo más rápido posible. Yo me quedo a vigilarlo para que no se escape.
Ron titubeó. ─No te voy a dejar solo. No sabemos lo que pueda hacer. Esto podría ser una trampa, a lo mejor ya alertó a Ya Sabés Quién de que estamos acá.
─Bueno, ¡no nos podemos quedar acá sentados a esperar! ─protestó Harry impaciente─ Ron, tienen que arrestar a esta mierda y tenemos que llevarnos esto. Por favor, andá.
Ron no parecía muy convencido pero asintió. ─Intercambiemos varitas, así no tenemos que levantar el hechizo.
Así lo hicieron y Ron se fue. No se dijeron adiós, era la costumbre, un adiós podía ser siempre el último.
Harry se guardó el horcrux en el bolsillo de la toga, quería volver cuanto antes para discutir el asunto con sus amigos. Curiosamente deseó poder contarle a Draco. El Slytherin solía poner las cosas muy claras
─Harry… ─gimoteó Wormtail.
─¡No me llames por mi nombre! ─vociferó Harry─ ¿Qué querés?
─Por favor, sé bueno conmigo. Yo nunca te hice daño, todos esos años en Hogwarts, nunca te hice nada…
─Porque no te convenía, perdí a mi familia por tu culpa y Voldemort volvió por tu culpa, y han muerto muchas más personas. Nada de lo que digas puede disminuir el aborrecimiento que me inspirás. Lo que me gustaría sería mandarte de vuelta a tu amo para que él te castigue. La única razón para que no lo haga es que sabés demasiado. Así que te voy a entregar para que se ocupen de que no puedas hacer más daño, quizá te condenen a muerte. En realidad, no me importa lo que te pase.
─Pero yo puedo ayudarte, ─dijo Wormtail─ ¡yo puedo ayudarte a descubrir tu potencial!
─¡Qué podés saber vos de mi potencial!
─Más de lo que pensás. El Señor Oscuro te eligió a vos, ¿no? Aunque había otro chico. ¿Ves?, yo oigo cosas, conozco información. Te eligió a vos. ¿Te preguntaste alguna vez por qué? No por coincidencia. Él sabía. El Señor Oscuro siempre sabe. Sabía que estaba en tu sangre.
A su pesar los dichos de Pettigrew habían captado su interés. ─¿De qué estás hablando?
Wormtail no alcanzó a responder, llegaron ruidos desde el pasillo. Harry se asustó, ¿sería una trampa como había sospechado Ron? Sus temores se disiparon cuando oyó la voz de Lupin. ─Harry, ¡dónde estás?
─¡En la cocina!
Remus, Arthur Weasley, Hestia Jones y Kingsley Shacklebolt entraron un segundo después. Se llevaron a Wormtail que seguía gritando que podía ayudarlo.
Remus le puso una mano en el hombro. ─¿No te paso nada? ¿No estás herido?
─No. ─contestó Harry, por un instante se le ocurrió preguntarle sobre lo que había dicho Wormtail, pero el horcrux le pesaba frío en el bolsillo, quería volver cuanto antes a los cuarteles. ─Vámonos. ─murmuró marchando hacia la puerta.
El horcrux era la prioridad, la cuestión de su destino tendría que esperar.
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Timendi causa est nescire: La ignorancia es la causa del miedo.
