Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Traducción al castellano, autorizada por la autora, del original en inglés "Finite Incantatum".

Autora: Alysian_Fields

Finite Incantatem

Capítulo 8 – Mœsta et errabunda

El tiempo parecía pasar de manera alarmantemente rápida. El haber encontrado los dos horcruxes había significado un avance tremendo pero en cuanto a cómo destruirlos no habían avanzado absolutamente nada. ¡Y ya estaban en Navidad! Harry experimentaba el sentimiento de pánico en su estómago de manera cada vez más frecuente. Habían revisado la casa de arriba abajo buscando libros que les pudieran dar alguna pista, habían repasado innumerables veces lo que Dumbledore le había dicho, pero nada de eso había dado resultado alguno. Era muy frustrante.

Parecía que nadie iba a disfrutar de las navidades ese año. La señora Weasley se afanaba al máximo por toda la casa, trabajando más de lo habitual y les aseguraba a todos los que se le ponían al alcance que esa iba a ser la mejor Navidad de todas, lo afirmaba con un brillo acerado en los ojos que no admitía ninguna contradicción. Lamentablemente, lo único que conseguía era que todos se pusieran más nerviosos y afligidos. Dung estaba lamentándose todo el tiempo, Bill y Fleur estaban en cama con gripe, Remus parecía más deprimido que lo habitual y eran inútiles todos los esfuerzos que hacía Tonks para levantarle el ánimo. Incluso los mellizos, que solían venir de visita por las tardes trayendo algunas de sus novedades e inventos, se mostraban mucho menos joviales que de costumbre. En Grimmauld Place el espíritu navideño estaba tan muerto como los elfos cuyas cabezas reducidas decoraban la escalera.

Charlie trató de alegrar un poco el clima cuando regresó, pero a pesar de sus bromas y de que intentó restarle importancia a la situación, era claro que en Hogwarts las cosas no iban bien. Por Snape y McGonagall ya sabían que la influencia de Voldemort sobre la escuela era cada vez mayor, Charlie aportó su perspectiva como estudiante. Las cosas se habían vuelto insostenibles para los nacidos de muggles, casi todos habían tenido que irse, los muy pocos que aún quedaban la pasaban pésimo. A los de sangre pura se les había otorgado el derecho de aplicarles castigos a los de sangre inferior, en los corredores cundían el miedo y las sospechas. Los alumnos más débiles y más expuestos debían ser protegidos por sus amigos. ¡Quién hubiera pensado que llegaría el día en que Hogwarts ya no fuera un lugar seguro!

Harry había esperado tener alguna novedad de Ginny, pero Charlie no hizo ninguna referencia a ella. En realidad nunca nadie mencionaba a Ginny, quizá era para que él, que la extrañaba tanto, no se sintiera mal. Le hubiera podido preguntar a la señora Weasley, pero por alguna razón que ni él mismo comprendía, no se animaba. Ginny iba a estar en La madriguera para Navidad, ¿vendría de visita a Grimmauld? Quizá no quisiera, verse de nuevo podría ser doloroso para ambos, Harry pensaba que flaquearía en su decisión de seguir separados si volvía a tenerla cerca. ¿Sentiría Ginny de la misma forma que él? ¿Sería por eso que no le había escrito?

Por el lado positivo, la situación con Draco había vuelto más o menos a ser la misma que la anterior al beso fatídico. A veces se le ocurría que debería hablar con él sobre el beso, pero nunca se animó a planteárselo, y quizá era mejor así. Extrañaba mucho a Ginny, eran perfectos el uno para el otro, ella había querido estar con él desde el mismo día en que se habían conocido. Era la pareja perfecta para él en todos los sentidos. Harry sentía mucha nostalgia y la echaba muchísimo de menos, hacía ya casi seis meses que no la veía y añoraba el contacto. Y lo que lo inquietaba era que en cierta forma, con Ginny ausente, él estaba transfiriendo sus deseos a… Draco. Era estúpido, era ridículo… no confiaba en Draco, lo había odiado durante años, no podía desearlo… lo único que quería… no sabía lo que quería… y era mejor que tratara de no pensar en lo que quería…

Harry le había prometido a Draco que se olvidaría del incidente del beso y así lo había hecho. Todavía quedaba entre ellos un mínimo resabio de tensión por el episodio, tenían que poner cuidado en lo que decían cuando hablaban porque había cosas que debían quedar sin decir, cosas que no debían mencionarse. Draco no había vuelto a mirarlo directo a los ojos. Harry extrañaba esa especie de alianza-tregua armada que habían compartido ─desconfiados pero unidos así y todo. Extrañaba las miradas desafiantes y mordaces, sin rastros de temor. Curiosamente, la antipatía podía a veces simplificar las cosas.

Pero debía dejar de pensar tanto en Draco, mejor dedicarse a sus amigos y a la misión que tenían que llevar a cabo. Dejó a un lado el libro de Toxicología Mágica que había estado hojeando sin demasiado interés y se puso de pie.

─ ¿Nada útil? ─preguntó Hermione levantando la vista del anotador que sostenía, suspiró agotada─ ¡Quién hubiera dicho que llegaría a ver el día en que la vista de los libros me irritaría!

─ Algunas posibilidades tenemos, al menos ─dijo Harry para animarla.

Ella hizo una mueca. ─ Hay un mundo de posibilidades… de ahí a que resulten… y ni quiero pensar en los riesgos de destruirlos ─los dos tenían muy presente la mano horriblemente marchita de Dumbledore tras haber destruido el horcrux del anillo.

─ Quizá si les pudiéramos preguntar a Slughorn o a Snape…

Hermione sacudió la cabeza. ─ La lealtad de Slughorn es más que dudosa, no podemos confiar en él. Y a Snape no podemos decírselo, lo pondríamos en peligro…

Harry rió sin humor. ─ No creo que a él le preocupara tanto ponernos a nosotros en peligro.

─ Como sea, su situación es muy comprometida por el momento, y por poco que nos guste como persona, lo necesitamos. Y además, ¿qué podríamos preguntarle? Le prometiste a Dumbledore que no le contarías a nadie lo que estamos haciendo.

─ ¡Ya sé, Hermione! Es solo que… no sé. A veces parece mejor hacer sugerencias inútiles que ninguna en absoluto.

─ ¿No tuviste ningún otro sueño con Sirius?

─ Creo que no eran más que expresiones de mi subconsciente, y después que se los conté a ustedes, dejaron de ocurrir. Es una lástima, nos vendría bien algún buen consejo. Aunque a decir verdad, nada de lo que me decía servía de mucho.

─ Con el tiempo puede que lo que te dijo se aclare.

─ Quizá… no estoy muy seguro… Hermione, necesito tomarme un descanso… voy a ir a ver a Draco.

Para su sorpresa, Hermione asintió aprobadora. ─ Me parece bien, la compañía le va a hacer bien, aunque no la agradezca. Y, ¿no lo sondeaste un poco?… recuerdos que pueda tener de cuando estaba en la Mansión… cosas que pueda saber de las actividades de Lucius…

─ Sí claro, como si eso fuera a dar algún resultado, ─dijo Harry sarcástico─ Recordarle que consideramos que sus familiares a los que tanto extraña son malos y que queremos que nos dé información de sus actividades como mortífagos. ¡Uy sí… va estar encantado de colaborar!

─ Era sólo una sugerencia…

Quizá ella consideraba que obtener información era más importante que los sentimientos de Draco, para Harry no… no sabía bien por qué no y tampoco quería analizar por qué no… pensar podía resultar muy inquietante si el tema de reflexión era Draco.

oOo

Harry aplicó la oreja a la puerta antes de entrar. No se oía ningún ruido. Pero sabía que Draco estaba allí, por alguna razón podía percibir el… calor de su presencia… pero no se oía ningún ruido… ¿le habría pasado algo?... abrió la puerta de repente…

Draco estaba acostado en la cama, los ojos cerrados, los auriculares puestos. Harry sonrió, Draco hacía todo con esmerado decoro, incluso cuando estaba solo. Harry en su lugar probablemente habría estado despatarrado. Draco en cambio estaba acostado de espaldas, derecho, las manos descansando cuidadosamente cruzadas sobre el abdomen, los pies juntos. El reproductor de CDs acomodado sobre una almohada junto a su cabeza. Harry ya se había resignado a que se lo apropiase, pero valía la pena verlo disfrutar de un dispositivo muggle, aunque se esforzara para fingir que no le gustaba.

Se quedó mirándolo, las comisuras de los labios se movían apenas, el índice de la mano izquierda golpeteaba casi imperceptiblemente marcando el ritmo. A Harry le llegaba el susurro de lo que estaba escuchando, era un tema de AC/DC. Le hubiera gustado quedarse allí contemplando largo rato, pero tenía miedo de que abriera de golpe los ojos y se llevara un susto mayúsculo. Se aclaró ruidosamente la garganta. El rubio no reaccionó. Tomó un libro del escritorio y lo azotó contra el suelo. Nada. Exasperado caminó hasta el pie de la cama y le sacudió una pierna.

Draco se sobresaltó, lanzó una exclamación y se sacó los auriculares. ─ ¡Mierda Potter! ¡No entres así sigilosamente!

─Bueno, no tendrías que escuchar con el volumen tan alto, hace rato que estoy tratando de llamarte la atención.

Draco hizo una mueca y apagó inmediatamente el reproductor, con culpa en la mirada por haber sido agarrado en un renuncio, absorto con un dispositivo muggle. ─Te traje esto, ─dijo Harry y le dio una rosquilla de frutas─ las hizo Molly, recién salidita del horno, está calentita. Perdón, no era mi intención sobresaltarte.

─No tiene importancia. ─dijo Draco y mordió la rosquilla dirigiéndole al mismo tiempo una mirada desconfiada. En las últimas semanas, las conversaciones entre ellos habían sido siempre de tono relativamente amable.

Harry se sentó con cierta torpeza en su cama, ¿por qué sería que siempre que estaba con Draco se sentía como un idiota? Y de nuevo ahora mirándolo fijamente mientras el otro comía. Hubiera querido preguntarle cómo estaba y si podía hacer algo por él, pero las palabras parecían trabársele en la garganta. No sabía bien cómo expresarse coherentemente sin causarle ofensa o irritación.

─ ¿Y cómo va todo? ─preguntó Draco entre un bocado y otro, con los ojos fijos en la rodilla izquierda de Harry.

Harry se encogió de hombros. ─ Navidad.

─ Enfermante, ¿no? No sería tan malo si la mamá de Weasley no se mostrara tan agresivamente entusiasta. Para ella es fácil, no tiene que estar clavada acá, ella tiene una casa y una familia a la que puede volver. No sabe lo que es… como para tener ánimo y espíritu festivo está uno…

─No tiene mala intención, quiere ayudar. ─murmuró Harry tratando de disimular el hecho de que Draco había puesto en palabras exactamente lo que él sentía.

La mirada que le dirigió Draco dio a entender que sabía bien cómo sentía, a pesar de sus palabras.

─ Igual… para mí las Navidades deprimentes no son ninguna novedad. Cuando estaba con los Dursleys siempre las pasaba muy mal.

─ ¿Querés que saque los violines para darle marco musical a tus recuerdos de angustia?

─ ¡Andá a cagar! ─exclamó Harry exasperado, se levantó y fue hasta la ventana─ ¡No estaba buscando tu compasión! ─¿por qué Draco siempre tenía que decir esas cosas irritantes? ¿y por qué venía siempre a charlar con Draco si sabía que era así?

─Perdón, ─se disculpó Draco─ no era mi intención que te pusieras mal.

Harry se dio vuelta y lo miró, sentado en el borde de la cama, los codos apoyados en las rodillas, el cabello le caía hacia delante, lucía deprimido y algo asustado, le partió el corazón. ─No es nada… está bien.

─No, no está bien. Es que estoy con un humor de perros y me la agarro con vos. Quizá si vos no fueras tan bueno conmigo sería más fácil.

─ ¿Porque así no te sentirías mal comportándote tan odioso?

Draco sonrió un poco avergonzado. ─Me parece que vos me estás atribuyendo remordimientos de conciencia que no tengo. Y no, no lo dije por eso…

─ ¿Y cómo eran normalmente tus Navidades? ─ preguntó Harry para cambiar de tema, lo último que había dicho Draco lo había hecho sentir algo incómodo.

Draco giró sobre la cama y quedó sentado con las piernas cruzadas, mirándolo. ─ ¿Realmente te interesa saber? ─preguntó levantando una ceja con elegancia.

─ Bueno… sí… ¿por qué no?

Draco sonrió con un dejo de malicia. ─Bueno, naturalmente, empezábamos a la mañana honrando la festividad con el sacrificio ritual de algún muggle de la localidad…

Harry se puso lívido por un instante, luego se dio cuenta de que le estaba tomando el pelo. ─ ¡Draco, no digas cosas así! Te preguntaba en serio.

Draco rió. ─Está bien, está bien… no había ningún sacrificio. Todo muy normal, a decir verdad. Empezábamos con un desayuno continental. Mi madre le daba trocitos de medialuna a su perrito faldero y mi padre miraba para otro lado para no tener que enfadarse. Él se había levantado al amanecer para amasar y hornear todo, decía que los elfos no sabían hacerlo bien. Le encantaba cocinar y lo hacía muy bien, pero sólo en contadas ocasiones. Preparaba una masitas de manteca con arándanos y glaseadas que eran una delicia…

─¡Un momento! Me estás diciendo que tu padre… Lucius Malfoy… ¿se ocupaba de hornear toda la pastelería? ¡Oh… esa información es oro puro!

Draco lo miró enojado. ─ ¿Y qué si le gustaba hornear? Y por cierto que era excelente haciéndolo… si te vas a reír no te cuento nada más…

─ Perdón… es que si alguien trató de matarte… y después te enterás que hace cosas tan normales como hornear… es como muy extraño… no lo dije para ofenderte; por favor, contame más.

Draco aceptó la disculpa. ─Bueno, si realmente querés saber… más tarde venían mis abuelos. La Mansión siempre era muy silenciosa, como acá pero no lúgubre como ésta, pero en Navidad se llenaba de gente y de bullicio, mi padre que solía estar siempre de mal humor cambiaba, y se lo veía sonreír. Mi abuela me hacía tocar el piano y ella cantaba… muy mal por cierto. Había mucha comida y música y contábamos historias de miedo y a la noche intercambiábamos regalos. ─hizo una mueca de tristeza─ Este año va a ser muy diferente.

─Lo siento, seguro que los extrañás mucho…

─Preferiría que no sintieras lástima por mí…

─No empieces de nuevo con eso. Te pregunté porque tenía curiosidad y porque quiero que puedas hablar de tu familia sin sentirte incómodo. Yo tengo muy buenas razones para que tu familia no me guste pero… creo que ya metí la pata otra vez…

─ A mí no me parece…

─No digo sino cosas impropias… y yo no era así… antes te podía decir de mil maneras y con coherencia que te odiaba

─ ¿Y ahora ya no me odiás? ─preguntó Draco con genuina curiosidad.

─Eh… no… ¿Ves?, ni siquiera puedo poner en palabras… explicar cómo no te odio… era más fácil odiarte…

Draco rió. ─¡Decímelo a mí!

─Es que hay tantas…

─Está bien, no sigas, no es necesario que me des explicaciones y tampoco es necesario que tengas que hablar conmigo. Aprecio que estés acá cuando no tendrías por qué…

Quizá las palabras de Draco deberían haberlo hecho sentir mejor… pero no.

oOo

El día de Navidad llegó en un clima de brumosa indiferencia. Hasta la señora Weasley se había dado por vencida y ya no intentaba levantarles el ánimo. Dejó a los chicos con Remus, Mundungus y Hestia para que disfrutaran de la comida que les había preparado y se marchó a su casa para pasar el resto del día con su familia. Remus se excusó apenas terminaron de comer, Ron comentó más tarde que lo había visto en el salón de lectura revisando con lágrimas en los ojos viejas fotografías de James y Sirius.

Draco estuvo retraído durante todo el día, Harry había intentado alegrarlo un poco pero otros asuntos habían requerido su atención. Kingsley había venido para informarles que habían capturado a un par de mortífagos que habían confesado, Veritaserum mediante, los nombres de algunos funcionarios que estaban bajo Imperius. McGonagall también había venido, con una gran caja de galletitas dulces, libros para Hermione y las últimas noticias de Hogwarts. Habían emitido un nuevo decreto expulsando a todos los nacidos de muggles, iba a ser necesario crear casas-refugio para esos alumnos y sus familias, aunque ya muchos se habían decidido por abandonar el país. Con tantos problemas y novedades, Harry no había tenido tiempo de pensar en Draco o en Ginny.

Tomó un vaso de whisky departiendo con Ron y Mundungus, este último les había relatado varias de sus dudosas hazañas. Harry, sin embargo, se cansó enseguida y fue a su cuarto. Se sorprendió cuando se encontró a Hermione y a Draco sentados al escritorio conversando.

Ella lo recibió con una sonrisa y le informó que habían estado hablando sobre los posibles venenos corrosivos que podían prepararse. ─Draco sabe mucho, es un experto en el tema. ¿Ron sigue con Mundungus? ─preguntó cuando salía.

─ Sí.

Hermione frunció la nariz. ─Me parece que lo admira, ojalá no fuera así, no quisiera que adquiriera malos hábitos.

─Tenés razón. ─intervino Draco─ Si va a elegir un vil personaje como modelo, debería por lo menos optar por uno que se bañe.

Cuando Hermione salió Harry se volvió con mirada interrogativa. ─No sabía que estuvieran en tan buenos términos…

Draco sonrió. ─No veo por qué te sorprende tanto. Siempre estás machacando con que debería darle una oportunidad a los sangres… nacidos de muggles. Y si uno hace a un lado sus exasperantes aires de sabionda… no es tan mala. Aunque no se me pasó por alto que tenía sus motivos no explicitos… uno no inicia una charla sobre venenos así porque sí como si hablara del tiempo… será muy Gryffindor pero sabe ser solapada cuando quiere…

Harry se abstuvo de hacer comentarios.

─No es que me moleste. En realidad es algo que me inclina a respetarla, es algo que un Slytherin haría. Por lo menos sé que no habla conmigo porque piensa que es un deber hacerlo.

─ ¿En cambio yo sí? ─ dijo Harry sintiéndose aludido.

─No… bueno quizá al principio, pero es entendible. Pero después ya no. Vos querés hablar conmigo, aunque no sepas por qué. Yo tampoco sé por qué. Pero el por qué no importa… es bueno que podamos hablar.

Harry no supo qué agregar. ─Buenas noches, Draco. ─ dijo y se dispuso a acostarse.

─Buenas noches, Harry… y ¡Feliz Navidad!... para lo que sea que puedan servir los deseos…

oOo

─¡Feliz Navidad, aunque con atraso! ─lo saludó Arthur Weasley palmeándole la espalda─ Me hubiera gustado venir antes aunque más no fuera un rato pero la investigación de los mortífagos me tomó buena parte del día y después la reunión con la familia…

─Gracias y no se preocupe señor Weasley, ─replicó Harry─ La pasamos bastante bien, dentro de todo…

─Y sí… son tiempos duros. ─dijo Arthur con gesto sombrío─ Pero hay que tratar de que no resulten tan malos.

Arthur lucía exhausto, se lo veía más delgado y con el rostro demacrado. Harry sabía que estaba muy preocupado por la estabilidad en su puesto de trabajo en el Ministerio. Era la víspera de Año Nuevo y el primer día que el señor Weasley tenía libre en las últimas dos semanas.

─ ¿Pudieron librar a los funcionarios del Imperius? ─ preguntó Harry mientras le alcanzaba una taza de té.

─A uno de ellos sí. ─dijo suspirando─ Es un asunto muy delicado, los están vigilando de cerca. ─tomó un buen sorbo de su taza─ Ah… qué bueno, gracias.

─Voy a avisarle a Ron, está haciendo planeamiento estratégico con Tonks, pero sé que se muere de ganas de verlo.

─Esperá un minuto, Harry ─el señor Weasley lo hizo sentar de nuevo─ Antes de que vayas me gustaría hacerte una sugerencia. ─se aclaró la garganta─ Se que a Molly no le gusta que salgas de la casa, pero bueno… ella está en Londres haciendo compras. Sé que hace rato que no ves a Ginny y ella te extraña mucho. Me preguntaba si no querrías ir a hacerle una corta visita a La Madriguera, comentó algo de que Luna Lovegood iría a verla, así que seguramente va a estar en casa. ¿No te gustaría ir a verla por una hora?

Harry sintió la boca seca. Sería genial ir a visitar a Ginny, aunque no estuviesen solos. Pero había pasado tanto tiempo, y los problemas de seguridad persistían, ¿y no terminaría resultando más doloroso?

─¿Está seguro de que ella quiere verme?

─Estoy seguro. Creo que se siente sola. Es una suerte que Charlie pueda estar cerca para cuidarla, pero comentó que las últimas semanas había estado muy retraída, que la veía muy poco. Creo que le va hacer bien verte, le va a levantar el ánimo.

Harry asintió. ¿Lo necesitaría ella tanto como él la necesitaba a ella? ¿Se sentiría tan sola como decía su padre? No quería que llegara a pensar que la había olvidado, verse les podría hacer bien a los dos. ─Me encantaría. ─dijo finalmente.

Arthur sonrió. ─Pero que sea una visita corta, ¿eh?, ¡la que me espera si Molly llega a enterarse!

─Gracias, señor Weasley. Le voy a avisar a Ron y luego voy a ir. Le prometo que no será más que una hora.

Subió las escaleras a toda velocidad. Ron estaba con Tonks y Hermione estudiando un gran mapa en la habitación principal.

─Ron, vino tu papá. Está en la cocina.

─¿Está bien?

─Se lo ve muy cansado.

─Mejor bajo a verlo, perdón Tonks.

─No, está bien. ─dijo Tonks─ Yo bajo con vos y aprovecho, tengo que consultarle algo.

Cuando hubieron salido, Hermione se volvió hacia él. ─¿Y a vos que te pasa? Te veo… raro.

─El señor Weasley me dijo que puedo aparicionar a La Madriguera para visitar a Ginny. ─le informó con una sonrisa tímida─ Al parecer Luna también va estar allí.

Hermione lo miró dubitativa. ─¿Y te parece que es una buena idea? Quiero decir… ¿no será peor? Ginny estaba muy fastidiada después de la… ruptura.

Harry replicó irritado. ─Para vos… es fácil. Vos y Ron están juntos y se ven a diario. Yo… yo me siento muy solo. Y sé que puede resultar difícil… pero ahora que tengo la oportunidad no puedo dejar de ir a verla. No quiero que piense que la olvidé. Es sólo un rato para verla y charlar un poco. Necesito estar con ella.

─ Pero Harry…

─ Mirá, no va a pasar nada. Luna va a estar también… creo que me merezco un poco de confian…

─Harry, ¡yo sólo me preocupo por vos! ─protestó Hermione con los ojos húmedos.

─ Bueno, no tenés que preocuparte. Y no quiero que todos me digan cómo tengo que vivir mi vida. ─salió dando un portazo, se sentía muy irritado. ¿Acaso ella no se daba cuenta de lo importante que era para él? ¿Y si perdía la guerra? ¿Y si no la podía ver nunca más? No podía dejar pasar la oportunidad.

Tomó la chaqueta del perchero y se la puso. Controló la varita en el bolsillo, abrió la puerta del frente y salió.

No le gustaba aparicionar, y en invierno era peor.

Aparicionó frente a la casa de los Weasleys. Estaba como la recordaba. El corazón le latía con fuerza en el pecho, en unos momentos la vería. ¿Cómo reaccionaría?

La cocina olía a pan recién horneado, a pomada de lustrar zapatos y a ropa recién lavada. Estando allí podía pensar que la guerra no era real. ─ ¡Ginny! ¡Luna! ─llamó.

Momentos después escuchó pasos que bajaban la escalera. Apareció Ginny envuelta en una bata azul. ─¡Harry! ¿Qué… qué estás haciendo acá?

Fue como una explosión ante sus ojos, todo el cuarto pareció borrarse. Había besado esos labios y acariciado esos suaves cabellos rojos. Se había embriagado con el perfume de esa piel. Volvía a verla y todo volvía a estar bien. La confusión de la sorpresa ya se le pasaría. ─Quise venir a verte un rato. Tu papá me dijo que ibas a estar con Luna y me sugirió que viniera. ¡Oh Gin! ¡Es tan bueno verte de nuevo!

Se le acercó y ella retrocedió un paso. ─¿Por qué no me avisaste que ibas a venir?

─Bueno… fue una decisión de último momento… sé que es una sorpresa, pero… ¿no te alegrás de verme?

Ella sonrió apenas. ─Sí, por supuesto. Pero me hubiera gustado que avisaras… así tan inesperadamente… ¿por qué no salimos a hablar al patio?

Se oyó una voz masculina que venía de arriba. ─Ginny… ¿dónde estás?

Ginny se puso pálida.

─¿Quién es ése? ─preguntó Harry extrañado─ Creía que iba a estar Luna…

─Harry, es mejor que vayas al patio por un momento ─susurró ella─ Yo salgo enseguida, dejá que…

Un chico alto de cabello castaño apareció en la escalera, Harry lo reconoció, Steven Calloway, un Hufflepuff del mismo año de Ginny. Se estaba poniendo la camisa. ─Gin… ¿qué estás…? Ah… eh… ¡hola Potter! ─al verlo a Harry se había sonrojado de golpe, se aclaró la garganta. ─Mirá… eh… creo que es mejor que me vaya. Nos vemos en la escuela, Ginny. ─agarró una chaqueta que estaba sobre un sillón y salió prácticamente corriendo.

Harry sintió una horrible sensación que le recorría la columna. No podía ser. No podía haber estado equivocado, no respecto a Ginny. Debía de haber una explicación. ─ Ginny… ─empezó a decir con dificultad, la garganta tensa─ por favor, decime que no es lo que parece…

─ ¡Oh Harry, perdón! ─susurró, los ojos llenos de lágrimas─ Lo siento tanto… tanto.

Harry sintió como si le hubieran pateado el hígado. No pudo seguir mirándola, concentró la vista en el marco de la puerta a un lado de ella.

─Por favor, no… ─estiró una mano para alcanzarlo.

Harry retrocedió abruptamente y le dio la espalda. ─¿Desde cuándo?

─ Desde principios de noviembre.

─¿Tanto? ─las paredes parecían venírsele encima, burlándose de él con recuerdos de felicidad.

─Harry, por favor… Vos no tenías que enterarte… no sabía que ibas a venir…

Sintió que lo invadía la ira. ─No… si ahora va a resultar que la culpa es mía. Perdón por haber sido tan desconsiderado… perdón porque no puedas seguirme engañando más.

─¡No fue eso lo que quise decir! ─gritó ella dejándose caer en una silla─

─¿Te acostaste con él?

Ginny se limitó a sollozar.

Harry también se sentó, se sentía mareado. ─Pero… habíamos dicho que íbamos a esperar…

─Ya sé… ─dijo sepultando la cara en las manos, era la viva imagen de la desolación, pero Harry no podía sentir lástima por ella.

─Me habías dicho que me esperarías… Habíamos dicho que cuando la guerra terminara y estuviéramos seguros… que volveríamos a estar juntos… Dios, Gin, todo lo hice para protegerte… ¿acaso te podés imaginar todo lo que te extrañé?

─¡Callate de una vez! ─gritó, el rostro congestionado y surcado de lágrimas─ Dios, ¿qué más esperás de mi? ¿acaso te hacés una idea de todo el tiempo que ansié estar con vos? ¿viendo cómo me tratabas como la hermanita de tu mejor amigo y te deslumbrabas con la maldita de Cho Chang? Creeme cuando te digo que tuve que esperar largo tiempo. Y cuando finalmente te fijaste en mí… me hiciste a un lado. Me hiciste a un lado para poder ejercer tu puto complejo de héroe y de salvador del mundo. ¿Qué más esperabas que te diera?

─¡Te hice a un lado para protegerte! ─gritó Harry─ Si algo te hubiese pasado porque estabas conmigo… no lo hubiera podido soportar, me habría muerto. ¡Creía que ya lo sabías!

Ella desvió la vista y trató de recomponerse. ─Harry yo te amaba. ─dijo con voz temblorosa de la emoción─ Pero necesitaba más que una promesa y deseos de buena voluntad. Traté… te lo aseguro… pero vos estabas lejos. No podía dejar mi vida en suspenso… y menos ahora que todo se ha vuelto espantoso… yo necesitaba… y vos no estabas para darme lo que necesitaba… no podía quedarme sentada esperando… confiando en promesas de felicidad sin sustento, que no ibas a poder cumplir porque con lo que tenés que hacer… vos no… ─no pudo seguir.

─ Vos estás convencida de que no voy a sobrevivir… que él me va a matar.

─Harry, por favor… no me hagas sentir peor… yo no quise hacerle mal a nadie…

─ Adiós, Ginny… perdón.

─¡Harry! ─gritó─ ¡Esperá!

Pero ya había salido, cegado en parte por las lágrimas que se resistían a brotar. No podía seguir escuchándola… no quería. Desaparicionó.

oOo

Grimmauld Place estaba oscura y en silencio, como siempre. El acebo que colgaba en la entrada ya iba virando al marrón. No quería hablar con nadie, ni tener que dar explicaciones. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? Toda la furia que había sentido contra su ex novia, ahora la estaba dirigiendo contra sí mismo. Qué imbécil y crédulo niñito había sido, creyendo que todo terminaría saliendo bien. Pensando que podía confiar en la gente y que todos creían en él. ¿Cómo, perdido en su inocencia, había pensado que Ginny lo esperaría, que no continuaría con su vida hasta que él regresara a ella?

Marchó rápidamente escaleras arriba, el cuarto estaba desierto. Fue de inmediato al baúl, revolvió libros y ropas, desenterró las cartas. Las cartas que se mofaban de él con palabras de esperanza de futura dicha, con confidencias pueriles y términos de cálido afecto. Las arrojó al suelo y apuntó con la varita. ─¡Incendio! ─gritó.

Los folios de pergamino ardieron en llamas, Harry sintió que el corazón se le quemaba con ellos. Cayó de rodillas, exhausto, las hojas se retorcían carbonizándose, sus palabras de amor destruidas y reducidas a cenizas ominosas.

─¿Cuál es el juego? ─le llegó una voz desde atrás─ ¿Puedo participar?

Harry se volvió, Draco estaba parado junto a la ventana. Sus ojos iban de Harry a las cartas calcinadas y luego volvían a posarse en Harry. Su primer impulso fue pedirle que lo dejara solo, pero no logró reunir la energía suficiente. Además, Draco no era como los otros; en un momento como ése, sintiéndose tan destrozado, su compañía era la única que hubiera podido soportar.

─¿Qué es lo que pasa? ─preguntó Draco─ Por favor avisame si te estás por volver piromaníaco, así tengo tiempo de poner mis cosas a buen resguardo. Weasley tiene unos pulóveres espantosos con los que podrías practicar.

Harry soltó una risa desganada. ─No, nada de eso. Fui… fui a visitar a Ginny hoy. Quería darle una sorpresa.

─Aaahh… ─dijo Draco─ ¿Y no estaba sola…?

─ No… no estaba sola. ¿Cómo adivinaste?

─Bueno… hay una pira funeraria de cartas… indicio clásico de un gran sufrimiento amoroso… y además, la expresión en tu cara.

Harry asintió. Era bueno no tener que explicar. Pero se empezó a preguntar cuán obvio habría sido para todos. Se preguntaba si todos ya sabrían, si habrían revoleado los ojos a sus espaldas ante su confianza necia. ─¡Soy tan boludo! ─suspiró.

Draco se sentó a su lado y se apoyo en el baúl. ─No, no es así. Estabas enamorado y sólo podías pensar lo mejor, lo ideal. Es lamentable que el objeto de tus deseos no los mereciera.

─Vos habías tratado de advertirme…

─Y me gané un ojo en compota por las molestias que me tomé…

─Perdón. ¡Dios! ¿Cómo pude ser tan ciego! Creer que tenía alguien mío… ¿cómo no me di cuenta!

─Creíste lo que necesitabas creer. ─dijo Draco con tono práctico─ Todos necesitamos construirnos castillos en el aire de cuando en cuando. Merlín sabe que ni siquiera yo soy inmune.

Harry sonrió apenas. ─No puedo creer que no estés haciendo la danza de la victoria a mi alrededor gritándome: ¡Te lo dije!

Draco rió. ─Ah no… verás, para la danza de la victoria necesito el sombrero triunfal, tiene apliques reflectantes y fluorescentes, y serpentinas colgantes. Y me lo dejé en casa, lamentablemente, en la Mansión. Es una pena, la coreografía de la danza es excepcional, no sabés lo que estás perdiendo.

Harry rió también. ─Sí, ya me lo imagino… Oh Dios, esto es una mierda. No puedo creer que no me la haya visto venir. Y lo peor es que ni obligándome puedo odiarla.

─¿Querrías que la odie por vos? Bien podría… soy excelente odiando.

─No, no hace falta. No debería haber abrigado tantas expectativas. Estaba tan convencido de que todo terminaría resultando bien. No podía exigirle que se acomodara a todo lo que yo tengo que hacer. Y además tiene razón… tengo muy pocas posibilidades de sobrevivir a esta guerra.

─¿Ella dijo eso? ─exclamó Draco sin poder ocultar su asombro.

─Quizá no con esas palabras… pero fue lo que dejó entrever. Y no veo por qué te escandalizás tanto, creo que en más de una ocasión me habías dicho que yo era hombre muerto…

─ Bah… pelotudeces que uno dice… ni yo me las creía cuando las decía. Y por supuesto que vas a ganar… ¡vos sos Harry Potter!, jodido e insufrible como el que más… pero único e irrepetible. Sos como uno de esos hongos raros que vuelven a surgir siempre, que no se pueden destruir por más cosas que uno intente.

─Gracias por decírmelo.

─Y lo digo seriamente. No puedo concebir un mundo sin Harry Potter. ¿Quién más podría, constante y sistemáticamente, malograr todos y cada uno de mis brillantemente elucubrados planes. Vos es el responsable de que yo no haya podido desarrollar un deplorable complejo de dios.

Harry sepultó la cabeza en los brazos. ─Ojalá yo pudiera creer en mí mismo. ─murmuró─ Ojalá nunca hubiera iniciado una relación con Ginny, hubiera sido mejor para los dos. Ojalá no tuviera que hacer nada de esto que me toca hacer… estoy tan cansado.

─Lo sé. ─dijo Draco con voz muy suave─ Lo lamento. ─y le posó con ternura la mano sobre los cabellos negros─ Ya vas a ver que todo va a salir bien al final.

Harry pensó que lo más sensato sería levantarse y apartarse. Pero no podía, los dedos de Draco se sentían tan bien en sus cabellos. Era tan agradable sentirse tocado y consolado. Y era algo tan inesperado de Draco, una delicadeza tan cariñosa, nunca hubiera imaginado que fuera capaz de algo así. Pronto tendría que retomar todos sus problemas. Tendría que admitir ante sus amigos que había sido engañado. Iba a tener que hacer a un lado su corazón destrozado y seguir con la lucha. Pero mientras tanto iba a disfrutar de ese momento. Dos personas tan diferentes, sentadas juntas en silencio. Dos personas improbables, en el lugar más improbable… pero compartiendo el milagro, aunque no fuera un gran milagro… de la camaradería… y si bien quizá no fuera a durar… por el momento servía para olvidar la crueldad de la vida y la inocencia perdida que ya no habría de recuperar…

oOo

Mœsta et errabunda: Triste y errante.

Es el título de un poema de Baudelaire, en el que el poeta recuerda con nostalgia un primer amor, mucho tiempo atrás ido. Unos pocos versos para ilustrar:

Pero los verdes paraísos de amores juveniles,

corriendo, cantando, con ramos de flores,

con violines vibrando tras las colinas.

Los inocentes paraísos, de amores furtivos

¿adónde se han ido?

Hay otros títulos de capítulos que también están tomados de los poemas de Baudelaire.