Finite Incantatem
Capítulo 9 – De profundis clamavi
Harry había decidido quedarse en su cuarto. No tenía fuerzas para enfrentar a todos, ni para explicarles lo que había pasado, ni para aceptar torpes condolencias. Tampoco quería ver a Ron y a Hermione. En realidad, especialmente no a Ron y Hermione. No, con la indignada escena que había montado antes. Hermione le había aconsejado que no fuera a La Madriguera, seguramente el comportamiento de Ginny no sería para ella ninguna novedad. En el estado de ánimo en que se encontraba, no quería hablar con ellos.
Tonks se había empeñado en organizar una fiesta de fin de año para todos los que quisieran asistir. Para Harry, pensar en una fiesta era enfermante, le había pedido a Draco que lo excusara. Ya solo, se había envuelto en el acolchado de la cama y se había acurrucado en el asiento de la ventana, oculto tras las cortinas. Tampoco quería pensar. Ya no había sueños dorados consoladores de lo que podría esperarle después de la guerra, sólo quedaban la oscuridad, el sufrimiento, y el miedo, y no había manera de evitarlos. Iba a tener que pelear esa lucha sin cejar un instante, ahora ya no tenía un futuro que perder. El oscuro cielo nocturno estaba manchado por el anaranjado de las luces de la ciudad. Grupos de muggles se divertían en el parque y reían entre las luces de las bengalas y las chispas que soltaban las estrellitas.
¿Iba a poder tener alguna vez otra relación sentimental como la que había perdido? Lo dudaba.
Se abrió la puerta. Le había recomendado a Draco que no permitiera que nadie viniera a controlarlo. Iba a quedarse quieto en su escondite, quienquiera que fuera el que había entrado pensaría que no estaba y se iría buscarlo a otro lado.
─No me digas que estás debajo de tu detestable manto, Potter.
Harry se distendió aliviado y abrió las cortinas. ─No, estoy acá.
Draco sonrió al verlo. ─Se nota que estás de pura jarana. ─apuntó irónico.
Harry se estiró y se desprendió del acolchado. Si bien no le molestaba que Draco hubiera venido, no quería dar tampoco una imagen tan miserable. ─Me había dado un poco de frío. ─se justificó con una débil sonrisa.
Draco no hizo comentario.
─¿Cómo está la fiesta?
Draco revoleó los ojos. ─Tediosa de no creer. Hacía rato que quería escaparme, no pude hasta ahora. Todos preguntaban por vos.
─¿Qué les dijiste?
─Oh… les dije que estabas enfermo. Que te agarraban crisis de histeria y alguno que otro desmayo. Dados tus antecedentes me pareció algo muy plausible como explicación.
Harry no pudo evitar reírse. ─Eso me pasa por confiar en vos para disculparme. ¡Dios! Tiemblo al pensar qué otras cosas más les habrás dicho.
─En realidad no les dije nada, ─replicó Draco, ahora con tono más serio─ les dije que estabas muy cansado y que te habías acostado temprano y que no querías que te molestaran. Weasley igual quiso venir a controlarte pero Granger pudo disuadirlo. Lamento decírtelo, pero me parece que ya dedujo lo que pasó.
Harry gruñó. ─Ya me lo imaginaba. Supongo que mañana voy a tener que contárselo todo.
─Bueno… tampoco te podés esconder toda la vida debajo de un acolchado. Hay mucha maldad en el mundo que tenés la obligación de vencer. Te traje esto. ─le pasó un pequeño bulto, en un mantelito había envuelto torta, chocolates y otras golosinas.
─Desde los trece que no comía una comida compuesta exclusivamente por postres.
─Bueno, creo que hoy tenés una buena excusa, ésa es la ventaja de los desengaños amorosos, te podés pasar todo el día encerrado comiendo chocolates y sintiéndote miserable, y nadie puede decirte nada. ─desenvolvió una rana de chocolate y la sostuvo entre el pulgar y el índice, la observó retorcerse tratando de escapar. La decapitó con un certero mordisco, la rana sacudió las extremidades unos segundos y luego quedó completamente inmóvil.
Harry hizo una mueca y desvió la vista. Le dio un mordisco a una tarta casera de la señora Weasley. ─No puedo darme ese lujo, hay mucho mal que vencer como vos dijiste. Y quiero mantenerme ocupado, para no tener que pensar.
Draco sonrió. ─Me parece que al menos una noche te podés permitir.
Harry lo miró a los ojos, era la primera vez en semanas que lo miraba tan directamente. Ojos muy hermosos, por cierto, pensó Harry. ─Gracias por comportarte tan bien…
Draco bajó la mirada y sonrió triste. ─No tenés por qué… aunque te puedo decir que no me resulta fácil, falta de costumbre…
Explotaron ruidos de petardos y el cielo se llenó de luces. ─Fuegos artificiales… ya debe de ser medianoche.
Draco se le acercó. ─Feliz Año Nuevo, Harry. ─dijo con voz muy suave.
Harry sintió como una punzada en el pecho. ─Feliz Año Nuevo, Draco.
Se quedaron de pie juntos, observando el mundo que en un espectacular despliegue de optimismo había decidido olvidar todo el dolor del que estaba lleno y celebraba despreocupado el advenimiento del nuevo año. Éste podría ser el último para mí, pensó Harry y se inclinó hacia el costado hasta que los brazos de él y de Draco se tocaron.
oOo
Hubo un largo y tenso silencio cuando entró en la habitación de Hermione y Ron a la mañana siguiente. Se quedaron mirándolo con cautela y dubitativos. Seguramente se estarán preguntando qué nueva dificultad, qué nuevo drama les vengo a traer, pensó Harry. Se preguntó si, secretamente, habrían empezado a temer su compañía o incluso si estarían lamentando haberse hecho amigos de él. No habría podido culparlos si ése fuera el caso. La vida de ellos hubiera sido mucho menos complicada si no estuvieran relacionados con él, y él no les hacía precisamente las cosas más fáciles.
─¿Todo bien, cumpa? ─tanteó Ron─ ¿Te sentís mejor?
Harry se encogió de hombros. ─No sé.
─¡Estábamos terriblemente preocupados! ─exclamó Hermione─ Pensábamos… es decir… no sabíamos… ─apartó la vista con torpeza, era claro que sabía.
Harry se sentó en la cama y apretó los labios. ─Ayer a la tarde fui a visitar a Ginny. La encontré con otro chico. Han estado saliendo desde noviembre. La idea que yo tenía de que nos esperaríamos y de que volveríamos a estar juntos después de la guerra era… más optimista de lo debido… por ponerlo de alguna forma. Expresó además que tenía serias dudas de que yo podría sobrevivir la guerra.
No se animaba a mirarlos, era demasiado humillante. El silencio llenaba la habitación, ¿por qué nadie decía nada? Era una crueldad que alargaran ese momento de martirio…
─Lo siento mucho, ─dijo finalmente Hermione─ tenía el horrible presentimiento de que algo así podía ocurrir.
─Perdón por haberme enojado con vos ayer. Tenías razón… ¡Dios!... debés de pensar que soy un idiota.
Hermione vino a sentarse a su lado y lo envolvió en un abrazo. ─Por supuesto que no pienso que seas un idiota ─susurró─ Pero ella se había enojado mucho cuando vos pusiste la relación en suspenso. Y Ginny siempre ha sido muy impulsiva… y no sabe estar sola… especialmente en tiempos tan inseguros como estos. ¿Entre ustedes terminó todo… definitivamente?
Harry asintió. ─Pero no le guardo rencor, querría, pero no puedo… Estoy más bien enojado conmigo mismo… y con esta puta guerra y por supuesto con esa mierda que es Voldemort. Y además quizá igual no hubiera dado resultado… supongo que nunca lo sabremos…
Hermione apretó el abrazo.
─¿Quién era? ─inquirió Ron con voz tensa. Era lo primero que decía, Harry lo miró, estaba pálido y la expresión de la cara era hosca, tenía la mirada clavada en el suelo. ─¿Quién era? ─insistió.
─Un chico de su año… ─respondió Harry─ Steven… en realidad no lo conozco mucho.
─¡Lo voy a matar! ─aulló Ron─ ¡Lo voy a matar! La debe de haber engatusado, Ginny no haría algo así, seguramente…
¡Ron! ─lo interrumpió Hermione recriminatoria─ ¡No le podés echar toda la culpa al chico! Ginny no es ninguna florecilla inocente. Lamento si te hago añicos algún ideal infundado que hayas tenido… pero las cosas hay que decirlas. Ya no es una nena y hay muchas cosas que no te cuenta. Mirá… ésta es una situación muy triste… pero enojarse no es la solución.
─Pero… vos no creés que se estuvieran acostando… ¿o sí?
─ Ron, no estás ayudando con esos planteos…
─Sobre eso no me quedan dudas. ─ dijo Harry con tono sombrío.
─¡Ay Merlín! ─gritó Ron escandalizado.
─¡Ron la cuestión principal no es ésa! ─dijo Hermione con fastidio─ Y no estás siendo considerado con Harry.
Pero Ron no estaba para atender razones. ─¡No puedo creer que ella haya hecho algo así! ─gritó─ Err… ¿vos y ella habían dormido juntos, cumpa?
─¡Ron, ésa es una pregunta totalmente fuera de lugar! ─siseó Hermione furiosa.
Harry desvió la mirada. ─Íbamos a esperar. ¡Ja! Ya te podrás imaginar lo imbécil que me siento ahora─ dijo con una risa amarga.
─No sos ningún imbécil… ─ Hermione le dio un apretón consolador en la mano.
Harry se removió intranquilo. ─ Hermione… decime algo… puede que no sea más que para satisfacer mis tendencias masoquistas, pero me gustaría saber hasta qué punto he sido un boludo. Ginny me había contado de sus otros novios… me dijo que nada muy serio había pasado con ninguno de ellos… y obviamente que no se había acostado con ninguno. Yo le creí entonces, pero ahora… podrás entender que tengo mis dudas… ¿podés decirme si eso que me había dicho era verdad?
Hermione se sonrojó y miró para otro lado. ─Errr…
─ No digas más Ya entendí. Fui todavía más boludo de lo que había pensado…
─¡Qué? ─dijo Ron, pero ya no gritaba─ ¿Con quién… eh… con quiénes?
─Ron… eso no es asunto tuyo…
─Debe de haber pensado que yo era un tonto ingenuo. ─dijo Harry. Ojalá no hubiera preguntado. Hubiera sido mejor no saberlo, hubiera sido mejor morirse ignorando que lo habían engañado así. ─¿Por qué no me lo dijo?
Hermione se mordió el labio. ─No creo que lo haya hecho por maldad. Vos realmente le gustabas. Pero vos habías idealizado todo… ella tenía miedo de que si te decía la verdad vos ya no la ibas a querer.
─¡Entonces la imbécil fue ella! ─dijo Harry fastidiado─ ¡Lo único que yo quería era que fuera sincera conmigo! ¡No me hubiera importado con cuántos había tenido sexo, debería haberme dicho la verdad!
Hermione no sabía que más agregar, le dio otro apretón en la mano. Ron estaba como si le hubieran dado una cachetada y no pudiera reaccionar.
─ Hablemos de otra cosa, ─pidió Harry─ si sigo pensando en esto el cerebro me va a explotar. Quiero olvidarme de todo y tratar de seguir con mi vida. Por favor, háblenme de otra cosa.
Ron no tenía ganas de dejar pasar el tema, pero con la mirada que le lanzó Hermione no se animó a decir nada más.
─Estuvimos pensando mucho en la forma de destruir los horcruxes. Estuve leyendo los libros que nos había traído la Profesora McGonagall. En Tratado exhaustivo de protección mágica de Baldric Ballard encontré algo muy interesante. Dice que para neutralizar y purificar artefactos oscuros se puede preparar una poción a base de lágrimas de fénix, con otros muchos ingredientes, por supuesto.
─Tiene mucho sentido, ─dijo Harry─ los fénix repelen el mal. Pero, ¿será suficiente? A estas cosas no basta con purificarlas, hay que destruirlas.
─Ya sé, yo tampoco creo que alcance, Vos Sabés Quién les debe de haber puesto muchas protecciones. Pero es un comienzo. Y si se utilizara en conjunto con alguna otra cosa… todavía tengo que investigar más.
─Es un lástima que no tengamos un colmillo de basilisco disponible ─intervino Ron─ Sabemos seguro que sirven. ¡Si lo hubieras sabido cuando estuviste en la Cámara de los Secretos!
Harry dibujó una media sonrisa. ─Ni te imaginas la cantidad de veces que pensé lo mismo.
─Y es algo que nunca vamos a poder conseguir, ─dijo Hermione─ ni siquiera Slughorn debe de tener veneno de basilisco.
A Harry eso le dio una idea. ─Es cierto… pero sí tiene otro veneno poderoso: ¡de acromántula! ¿Se acuerdan de la noche que lo hice emborrachar… y me contó lo de los horcruxes?
─¡Claro! ─exclamó Hermione abriendo grandes los ojos─ ¡Cómo se me pasó eso por alto! ¡Es un veneno letal! Primero paraliza y luego le produce a la víctima un paro cardíaco.
Harry asintió. ─Eso es más o menos lo que recuerdo de mi alborozada experiencia en la Cámara, el veneno de basilisco tiene efectos similares, dolor, pérdida de fuerzas, pulso débil. ¡Y hasta es posible que sea mejor! El símbolo de Slytherin es la serpiente y por lo que Aragog dijo las arañas y las serpientes son enemigos mortales.
Hermione encogió los hombros. ─Vos Sabés Quién le da mucha importancia al simbolismo, es posible que tengas razón. Sea como sea, me juego a que sirve. Pero eso plantea el problema de cómo vamos a hacer para conseguir el veneno.
─Podrías emborracharlo de nuevo, Harry. ─sugirió Ron.
─Humm… no creo que se deje engañar de nuevo. Quizá sería mejor hablar con él y tratar de convencerlo de que nos lo dé. Aunque no se me ocurre qué razón darle de por qué lo necesitamos.
─Creo que vamos a tener que robárselo. ─dijo Harry─ Tenemos que colarnos en Hogwarts de algún modo y robarlo. Nunca nos lo va a dar voluntariamente, no digo que sea malintencionado… pero de ahí a que nos lo dé…
─¿Robárselo! ─ preguntó Ron escandalizado.
─Sí, Harry tiene razón. Es la mejor forma. ─sentenció Hermione─ tenemos que empezar ya mismo a planear una visita furtiva a Hogwarts.
oOo
Nunca se oía música en los cuarteles. Quizá fuera por la atmósfera opresiva. Los que se ponían a escuchar música lo hacían siempre con auriculares para no perturbar el siniestro silencio de la casa. Por eso resultaba doblemente sorprendente escuchar el inequívoco sonido de un piano que venía de la sala de lectura.
Harry se acercó con cautela a la puerta, por un instante se le ocurrió que el piano podría haber empezado a sonar por su cuenta. Eso hubiera sido extraño sin lugar a dudas, pero más extraño aun le pareció a Harry encontrarse a Draco sentado al instrumento que hacía tanto tiempo que no se utilizaba.
Draco se detuvo cuando notó que entraba, le dirigió una tímida sonrisa, algo avergonzada.
─¡No pares! ─pidió Harry─ No sabía que tocaras tan bien.
Draco se encogió de hombros. ─A veces me dan ganas, no muy seguido, y esto es algo que puedo hacer sin necesidad de magia. ─tronó los dedos y recomenzó la ejecución.
Harry se quedó observando los gráciles dedos viajando y saltando sobre las teclas, la música era como una risa dorada. Al verlos moverse parecía tan fácil, tan espontáneo, aunque Harry bien sabía que los suyos eran muy torpes y que no podrían ni con una simple escala. Lo observó tocar con una mezcla de arrobamiento y envidia, qué bueno sería poder producir algo tan maravilloso, pero él nunca había tenido la oportunidad de aprender.
Cuando terminó la pieza, Draco se enderezó e hizo girar los hombros. Harry tuvo que contener las ganas de aplaudir. ─¡Genial! ¡Épico, como decís vos!
Draco sonrió. ─Es una pieza muy bonita y difícil, el Allegretto del Concierto para piano nº 26 de Mozart. Recién pude dominarlo bien hace dos veranos.
─¿Podrías tocar algo más? ─ pidió Harry con un tono de total reverencia ante el talento.
─Si querés… ¿estás seguro de que no te vas a aburrir?
─ ¡Claro que no! ─ protestó Harry, era un ignorante aunque no por su culpa, pero eso no quería decir que no disfrutara de la música. Los Dursley era el mal gusto personificado y Tío Vernon consideraba que cualquier cosa que tuviera que ver con arte y cultura no eran más que "mariconadas".
Draco reasumió la interpretación y Harry volvió a perderse en la intangible fascinación de las notas. Quería hacerle saber a Draco cuánto le gustaba la música, no sabía por qué la opinión de Draco sobre él le importaba tanto.
Cuando concluyó, Draco hizo una cara. ─Siempre me equivoco con ésta. Es el Allegro Assai del concierto nº 23, hay una parte del medio que nunca me sale bien.
Obviamente Harry no lo había notado. ─Igual sos brillante. ¿Desde cuando tocás?
─Desde los siete. Me enseñó mi madre. Me temo que no le dediqué el tiempo y el esfuerzo debidos, tocaría mucho mejor. Estoy decidido a practicar éste hasta que me salga perfecto. Mozart es mi preferido.
─Curioso, ─dijo Harry mirándolo─ digo… que te hayas aficionado tanto por un compositor muggle.
Draco lo miró muy extrañado. ─Harry, ¡Mozart era un mago…!
─¿Qué!
─ ¿No lo sabías? ¿Cómo puede haber alguien que no sepa eso?
─ Bueno, a mí me educaron en un ambiente muggle. ─protestó Harry.
─Y después pasaste a juntarte con los Weasley… no precisamente un entorno intelectual…
─No seas odioso. ─dijo Harry con una mirada de advertencia─ Y sí, admito que no sé mucho de esos temas, ¿así que Mozart era un mago?
─Así es, de otra forma no hubiera podido componer partituras tan brillantes a tal velocidad. La obertura completa de Don Giovanni la escribió en una noche, la víspera del estreno. Claro que terminó casándose con una muggle… pero eso se lo podemos perdonar…
─¡Cuánta magnanimidad de tu parte!
Draco rió. ─Era un chiste. Como sea, con magia o sin ella, era un genio. Y mi deseo es que algún día mi interpretación le haga honor a su talento.
─No me cabe la menor duda de que lo vas a lograr.
─Estuve pensando… ─dijo Draco cauteloso─ que me gustaría empezar a entrenar de nuevo. Con el Imperius… quiero decir. Había empezado a resistirlo… ¿no? Y me parece que ahora tengo una mejor idea de quién soy.
Harry se aclaró la garganta, no sabía cómo iban a poder hablar sobre eso sin traer a colación la otra cuestión sobre la que habían acordado no hablar. Miró a Draco que tenía la vista fija en el teclado, con las mejillas ligeramente ruborizadas. ─¿Estás seguro? ─preguntó Harry algo inquieto.
Draco asintió. ─Necesito algo que me haga sentir menos desamparado. Ahora ya sé cómo es y cómo puedo manejarlo. Y además siento… que si puedo aprender a resistir… no sé… quizá con el tiempo pueda recordar cómo hacer magia… quizá no sea más que una esperanza sin sentido, pero me hace sentir mejor. Claro… siempre que vos quieras… voy a ser mejor esta vez, no te voy a defraudar. Pero si vos no querés…
─¡No es eso! ─se apresuró a decir Harry─ Yo estoy dispuesto y contento de ayudarte… pero… ¿vos estás seguro?
─Totalmente seguro. Por eso no te preocupes.
Por alguna razón, Harry se preguntó en ese instante cómo olería el cabello de Draco. ¿Por qué le venían ese tipo de pensamientos así de golpe? ¿qué tenían que ver?
Draco se puso de pie y fue a mirar a través de la ventana. ─Es extraño estar acá. Es como si viviera en continuo desconcierto. Hay veces que pienso en mis padres… sé que ahora a sus ojos debo de haber perdido todo valor… pero si pudiera recuperar algo… quizá ellos… No sé… Sé que tener un hijo squib les causará siempre vergüenza, eso ni qué decirlo… Pero si saben que aprendí a dominar el Imperius y otras cosas que aprendí… Quizá me sigan queriendo… si es que están vivos.
─Yo creo que están vivos. Y que tu papá se encarga de proteger a tu mamá… puede que Voldemort no les tenga mucha simpatía ahora… pero tu papá le es muy útil… no puede prescindir de él.
─Ojalá tengas razón. ─dijo Draco. Harry observó que tenía la parte de atrás del cuello de la camisa torcido, tuvo que refrenar el impulso de ir a acomodárselo, no se animó, podría tomarlo a mal…
─Voy a hacer todo lo que pueda para ayudarte.
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Ron tomó con escéptica indiferencia la noticia de que Harry iba a recomenzar las lecciones de Draco. Le hizo notar que tenía las prioridades trastrocadas y que el encierro prolongado le estaba reblandeciendo el cerebro. Harry no dio mayores explicaciones sobre su decisión, sólo dijo que las sesiones con Draco le servían para cambiar y para no pensar tanto en los horcruxes, para no obsesionarse. Hermione no había hecho comentarios, por alguna razón su silencio resultaba más inquietante que las protestas de Ron.
─¡No! ─gritó Draco─ ¡No lo voy a hacer!
Harry levantó la maldición y bajó la varita. ─¡Excelente, Draco, brillante! La bloqueaste por completo. Es increíble lo diestro que te has vuelto.
Draco hizo una mueca y se llevó una mano a la frente.
─¿Te sentís bien?
─Supongo que sí. Me hace doler la cabeza… pero se me pasa enseguida…
─Recostate. Creo que por hoy podemos parar. No quiero que te sobreexijas, podrías hacerte daño. Seguimos mañana… aunque no sé si es realmente necesario, para mí ya aprendiste a dominarla.
Draco se dejó caer acostado en la cama. ─Estoy reventado… un rato de descanso me va a venir bien. Pero más tarde quiero seguir… y quizá intentar algo más… algo de magia, magia, quiero decir… yo sé que vos pensás que resistir el Imperius no tiene que ver con la magia… pero quiero probar… explorar todas las posibilidades, aunque sean prácticamente nulas.
Draco se desperezó con el mismo regocijo de un gato, varios centímetros de su vientre plano quedaron expuestos, Harry se ruborizó y apartó rápidamente los ojos.
Draco se volvió hacia él. ─Gracias por todo lo que hacés por mí. Todavía me cuesta creer que seas tan bueno conmigo…
Harry sonrió. ─Digamos que… al final no habías resultado ser tan malo…
Draco suspiró y volvió a fijar la vista en el dosel, de pronto parecía preocupado por algo, pero Harry no creyó que fuera una buena idea preguntar. Siempre que estaba cerca de Draco tenía una sensación de aleteo en el estómago. Y le costaba actuar natural. Y tenía miedo de que Draco pudiera intuir sus sentimientos. ¿Pero, realmente había algo que intuir? Y si se sentía algo incómodo cuando estaba con Draco, ¿por qué quería al mismo tiempo estar con él? Y estar con Draco era distinto de estar con cualquier otra persona. Estar con Draco era… ¿mejor?
Se animó a mirarlo. Acostado, distendido, los ojos mirando hacia arriba, los labios ligeramente separados. Harry recordaba lo tiernos que los había sentido. Se preguntó a cuántas personas habría besado Draco. Pero era algo en lo que no quería pensar, lo hacía sentir… celoso.
Se apresuró a desviar la vista hacia la venta. ¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta? En realidad lo sabía inconscientemente desde hacía ya algún tiempo. Pero no había querido admitirlo. Y sería algo estúpido si uno se ponía a pensar, ¡ni siquiera podía confiar en Draco! Ni siquiera sabía si podían considerarse amigos. Y así y todo era incontestable: Harry deseaba a Draco. Tanto o más de lo que había deseado a Ginny. Deseaba a Draco como amante… y no sabía qué hacer al respecto, ¿debía tratar de vencer el deseo o rendirse sin pensar?
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De profundis clamavi: Desde lo más hondo de mi ser clamaba.
Así empieza el Salmo 130, un poema de arrepentimiento y de apelación a la misericordia divina.
Es también el título de otra poesía de Baudelaire, en la que el poeta pena y clama por la amada que lo ha abandonado.
Imploro tu piedad, de ti, la única que amo
desde el fondo del abismo en que está sumido mi corazón
