Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.
Finite Incantatem
Capítulo 10 – Male captus, bene detentus
Harry estaba haciendo una lista, resumiendo lo que sabían de los horcruxes:
El diario – Destruido con veneno de basilisco.
El anillo – Destruido por Dumbledore, método desconocido, pero mejor tratar por cualquier otro.
El relicario – hallado, por destruir.
La copa – Ídem.
¿La diadema? – ¿En Hogwarts? Dumbledore había dicho que V. estaba obsesionado con la escuela, así que tendría sentido.
Nagini, la serpiente. Difícil para poder echarle mano, posiblemente fácil de destruir.
V. mismo. Seguro que él me va a encontrar a mí.
Debajo escribió:
Problemas por solucionar, en orden de prioridad
No sabemos dónde está la maldita diadema, si es que de una diadema se trata. Incluso si tuviera razón al creer que está en Hogwarts, va a ser como buscar la aguja en el proverbial pajar; y no es que podamos pasearnos así nomás por la escuela, explorando. Sé con certeza que hay habitaciones ocultas y otras cosas que no aparecen en el mapa de los Merodeadores. ¿Quizá preguntarle a uno de los fantasmas?
Tenemos que saber con certeza cómo destruir los horcruxes que tenemos. Preparar la poción que Hermione tiene en mente va a ser difícil y conseguir los ingredientes, jodido y peligroso.
Incluso si conseguimos todos los otros, ¿cómo carajo voy a hacer para matar a V.? Es mucho más poderoso que yo y sabe más magia de la que yo voy a saber nunca.
Dos nacidos de muggles fueron encontrados muertos ayer. ¿Por qué estoy demorando tanto? Podría haberlos salvado si estuviera trabajando más rápido o si fuera más inteligente.
Hay una parte horrible y egoísta de mí que desea secretamente que V. me mate para no tener que seguir preocupándome de esto.
Estoy enamorado perdidamente de mi Némesis, que resulta que es un varón. Él no lo sabe. La situación es muy complicada y no sé qué hacer al respecto. No puedo dejar de pensar en él. siento que la cabeza me va a explotar.
Harry levantó la varita y borró rápidamente el último inciso. Ese problemita no pensaba compartirlo con nadie. En realidad no quería siquiera pensar en eso. Había hecho todo lo posible para dedicarse exclusivamente al trabajo desde que había tenido su revelación, tratando de olvidarse de lo que sentía. Era algo tan estúpido si uno lo pensaba. Aun en el caso improbable de que Draco fuera siquiera remotamente adecuado para él, en el momento presente no podía contemplar la posibilidad de iniciar una relación, no después de todo lo que había pasado y lo que estaba por pasar. Había roto con Ginny de manera definitiva una semana antes y tenía muy lastimado el corazón. Debían de ser las hormonas las que lo hacían sentir de la forma en que sentía. Tenía miedo y se sentía solo y necesitaba cierto consuelo físico que lo hiciera olvidar de todo. Draco era atractivo y sexy, y excelente para conversar… ¿o le estaba otorgando más significación de la que realmente tenía para él?
Lo que tenía que hacer era planificar para terminar con la guerra, de la manera que fuera. Hacer planes lo hacía sentir un poco menos desamparado. Estaban organizando la visita a Hogwarts. Hermione había averiguado de buena fuente que Slughorn iba a estar ausente ese fin de semana, sería por lo tanto la ocasión ideal para el robo. El problema principal era cómo iban a hacer para entrar, y para escapar después, sin que los descubrieran. Obviamente iban a llevar el manto de invisibilidad, pero ya estaban muy creciditos para que les alcanzara para los tres. Y la ocasión sería también ideal para buscar la diadema, pero ¿por dónde empezar?
Respecto de los sueños de Sirius ya había perdido las esperanzas de que pudieran serle útiles. Seguramente había estado en lo correcto desde el principio y no se habían tratado más que de creaciones de su subconsciente. Igual Harry no podía evitar como un sentimiento de haber sido traicionado por su padrino; quería su ayuda y la necesitaba tanto y él no estaba allí. Recordaba con inquietud lo que Sirius le había dicho, que Draco lo iba a ayudar a comprender quién era él realmente, eso había ahora tomado un significado muy diferente del que había sospechado al principio. ¿Pero acaso no era eso una prueba más de que los sueños no eran sino artificios creados por su mente? Aunque una parte de él seguía resistiéndose a la idea, una parte él quería creer que era el verdadero Sirius el de los sueños.
Había asuntos de la Orden que también lo preocupaban. Lupin parecía estar ganándose a un pequeño grupo de licántropos para la Orden y últimamente estaba casi siempre ausente. Arthur Weasley trabajaba intensamente en la creación de casas-refugio secretas para las familias perseguidas y al mismo tiempo estaba tratando de entablar contactos secretos con el Primer Ministro muggle. Los mellizos habían tenido que mudarse a Grimmauld Place después de un ataque que habían sufrido en su departamento.
Un buen paso hacia delante se había dado la semana anterior, Bill había venido a anunciar que los goblins habían decido unírseles. El hecho que los había llevado a romper la neutralidad fue el hallazgo de varios niños goblin asesinados y mutilados, en el lugar los mortífagos habían dejado la Marca Oscura. La comunidad goblin ardía de furia y estaba decidida a tomar venganza. Los goblins podían ser muy despiadados si se lo proponían y disponían de muchos recursos y poder. Atacar a los goblins había sido un tremendo error táctico de los mortífagos.
Las cosas parecían estar acelerándose. Solo Ron, Hermione y él sabían de los horcruxes. Él estaba en el centro de la lucha, a él le tocaba destruir a Voldemort, y sin embargo sentía que no estaba haciendo lo suficiente. Todos los días veía partir a algunos de sus aliados en distintas misiones, algunos de ellos quizá no volverían nunca, y él seguía encerrado allí la mayor parte del tiempo. Se sentía un inútil.
oOo
–Buen día. –saludó.
Draco le dirigió una sonrisa rápida, algo hostil. –Hola. –dijo y volvió su atención al libro sobre el escritorio.
Harry arrojó la toalla húmeda sobre el baúl. Podía entender la cierta frialdad de la actitud del otro, desde que se había dado cuenta de sus sentimientos lo había estado evitando deliberadamente, le daba miedo estar cerca de Draco. Se sentía muy confundido, no sabía lo que quería y se horrorizaba al pensar que podía ponerse en evidencia. Si bien era cierto que Draco lo había besado en una oportunidad, eso no significaba necesariamente nada. Y si significaba algo… bueno, eso no haría más que traer una nueva serie de problemas.
Pero lo extrañaba, extrañaba las conversaciones con él, los desafíos de Draco. Se sentía culpable también –¡qué raro!– había prometido ayudarlo y no había hecho más que esquivarlo constantemente y sin explicaciones. –Siento haber estado tan poco presente la última semana– dijo a modo de disculpa.
–No te hagas problema, –replicó Draco fríamente– no tenés por qué disculparte.
–Pero sí, –insistió Harry que se sentía muy mal y no quería perder la simpatía de Draco que tanto le había costado conseguir –es que… tuve que pasar mucho tiempo con Ron y Hermione, todo este asunto de la guerra y un montón de cosas de qué ocuparse…
–A ellos no les gusta que pases tiempo conmigo, –dijo Draco con voz suave pero amarga– y lo entiendo. Fuiste muy bueno y considerado conmigo, pero entiendo que tenés otras cosas muy importantes que requieren de tu tiempo y atención.
–Pero yo quiero pasar tiempo con vos. Desde que te viniste a vivir acá… no sé… me hacés sentir mejor. Pero no puedo posponer mis deberes indefinidamente y el trabajo me ayuda para no tener que pensar en la desilusión de fin de año. –hizo una mueca, eran puras excusas, nada más que embustes.
Draco rió con tristeza. –Ya sé. Perdón. Extraño cómo pueden cambiar las cosas, ¿no? Nunca creí que llegaría a ver el día que te pediría disculpas. Supongo que sigo siendo el nene consentido y caprichoso de siempre. Me resulta difícil no dejar de pensar sólo en mí mismo, que fue lo que siempre hice. Sé que tenés cosas más importantes que hacer que estar a mi lado ayudándome con mis problemas. Merlín bien sabe que tenés un montón de problemas propios.
–Gracias.
–Me doy cuenta, cuando lo pienso, de que tenés mucho trabajo que hacer. Me doy cuenta de que preferís estar con tus amigos. No tengo derecho de enojarme por eso.
Harry no replicó enseguida, a pesar de sus palabras, Draco le estaba diciendo que estaba celoso, que extrañaba su compañía. No que eso significara nada… especial… era sólo que él era la única persona con la que Draco podía hablar, el único que le daba la oportunidad. Hermione se había comportado bien con Draco últimamente… pero Hermione y Draco… no eran compatibles, a Draco le sería siempre imposible hablar con Hermione, era demasiado práctica para él. Si en cambio hubiera alguien más alrededor, como Blaise Zabini o Pansy Parkinson, Draco no lo extrañaría para nada. A Draco seguramente le encantaría tener a Parkinson alrededor…y se encamarían a diario.
–Potter, ¿por qué ese ceño fruncido? No estarás de nuevo haciendo tu monólogo interior, ¿o sí? No hacés más que mascullar para tus adentros…
–Perdón… –se apresuró a decir Harry, y dio gracias de que Draco no pudiera saber lo que realmente había estado pensando– pero no es que no quiera estar con vos… es que… no sé cómo explicarlo.
–Estás tratando de olvidar a Ginny, –dijo Draco sin mirarlo directamente– Debés de haberla amado mucho. –cada vez que hablaba se le formaba un hoyuelo, Harry se moría de ganas de besárselo.
–Sí, la quise mucho. –dijo Harry hablando lentamente– el año pasado no hacía más que pensar en ella. Es muy linda y era mi amiga y yo creía que la conocía. Me creé un ideal, no cabía en mí, me sentía muy afortunado de tenerla, de que me hubiera elegido. Me forjé un ideal de perfección. Quizá si no hubiera sido por todo esto de Vos Sabés Quién, quizá las cosas hubieran funcionado. Pero había cosas que no me había dicho, supongo que uno nunca puede conocer bien a otra persona. De todos modos, en este momento no sé qué siento respecto de ella. No creo que siga amándola, tengo la sensación de que perdí algo, aunque no puedo precisar bien qué. La chica que yo amaba no era una entidad real y me dejó muy lastimado.
Draco vino a sentarse junto a él en la cama. –Vos podés conseguir mucho mejor, Ginny Weasley es una chica con la que todos quieren pasar un buen rato pero no sé si habrá muchos que quieran entablar una relación a largo plazo con ella.
–Eso no es justo, –dijo Harry con los ojos clavados en el suelo– Ginny no es mala, no fue su culpa. Puedo entender por qué no quiere estar conmigo, no le puedo dar lo que necesita. Y también hay que decirlo, no estoy en posición de ofrecerle ningún futuro cierto…
–No empieces con eso de nuevo. –Draco le puso una mano en el hombro y le dio un apretón– Mirá, yo no estoy hecho para esto de mostrarme agradable y consolador, no tengo madera de eso. Todo lo que sé es lo que siento. Vos sos demasiado para ella. Te habías creado unas expectativas exageradas y equivocadas de ella, ella no puede llenar ni la mitad de esas expectativas… Y ciertamente vos no merecías que te hiciera lo que te hizo.
–No sé. La había dejado sola y ella tenía miedo. Y es tan joven. Estaba angustiada de que le pudiera pasar algo a su familia, en circunstancias así se entiende que no le haya dado tanta importancia a promesas que le había hecho a un chico con el que había salido apenas unas semanas.
Draco seguía con la mano apoyada sobre su hombro, movía ligeramente el pulgar acariciándolo, Harry se sentía mareado por el contacto. Las cabezas de ambos estaban muy cerca.
Vas a estar bien, –dijo Draco– así tiene que ser. Acordate de que sos Harry Potter, jodido pero único e irrepetible. Vas a superar todo esto y vas a matar a Vos Sabés Quién. Después vas a ser el gran héroe y se darán fiestas en tu honor. Supongo que van a instituir el día nacional de Harry Potter, ese día todos van a estar obligados a llevar anteojos ridículos, pulóveres de punto ordinarios o alguna otra cosa espantosa. Vas a hacer un gran trabajo y con el mínimo de pérdidas y vas a encontrar una pareja fabulosa. Para vos sólo es admisible una mujer fabulosa. Y te vas a casar y con tu mujer vas a tener un montón de chicos sanos y llenos de energía. Y vivirán felices por siempre…
–¿Y vos? ¿Qué va a pasar en tu futuro? –susurró Harry.
Draco rió suavemente. –Lo que le pasa siempre al antagonista. Voy a hacer todo lo que pueda para limpiar el nombre de mi familia. Me van a presionar para que me case con alguna bruja rica del continente que seguramente no me va a gustar. No voy a tener amigos porque mi dinero no va a ser compensación suficiente para borrar el hecho cierto de que no soy una persona agradable. Mi mujer terminará divorciándose de mí y mis hijos, si es que los tengo, abrigarán gran resentimiento en mi contra. Terminaré viejo y amargado confinado en mi mansión. Y recordaré con nostalgia que hubo una época en la que el gran héroe, Harry Potter, se portó muy bien conmigo.
–No va a ser para nada así, –dijo Harry mirándolo a los ojos, las caras estaban muy cercanas, podía sentir el aire que escapaba de la nariz de Draco– no vas a terminar así, porque te las vas a arreglar para que las cosas resulten distintas. Y yo voy a ser tu amigo porque a mí no me importa que no seas una persona muy agradable.
Draco sonrió. –Pero eso dañaría tu reputación, a vos te convendría hacer de cuenta que nunca me conociste. Quizá algún día nos volveríamos a ver, ya viejos, en una estación quizá. Y vos me sonreirías al verme entre la multitud… sí, eso sería lindo…
–No digás pavadas, –dijo Harry dándole un golpe con el hombro– no va a ser así. Vos sos…
Draco se inclinó y las mejillas se tocaron, las pestañas de Draco peinaron la sien de Harry. El corazón de Harry latía con fuerza. El contacto se sentía tan bien, se sentía tan bien que a uno lo necesitaran…
Los labios de Draco se apoyaban en una comisura de los de Harry. Podía sentirlo temblar. Y cuando quiso acordar Draco lo estaba besando, con tal intensidad que lastimaba. Podía sentir la urgencia… y el dolor… y el desamparo de Draco.
Hubiera sido tan fácil rendirse. Hubiera sido tan natural responder al beso, ceder a sus propias urgencias. Hubiera sido tan bueno recostarse con Draco en la cama y… Sin embargo había una parte lastimada y asustada de él que se resistía. El beso de Draco le ardía, no podía respirar bajo esa impetuosa acometida de pasión.
Harry le colocó una mano en el pecho y lo apartó suavemente. –Draco… yo… –susurró.
Draco se estremeció y se volvió de repente. –Perdón… –dijo con voz ahogada– Merlín, no era mi intención… lo lamento tanto…
A Harry se le partió el corazón al verlo hundir el rostro desolado en las manos. –No hace falta que…
–¡Oh por todos los dioses…! ¡no seas tan bueno! –gimió Draco– ¿No te das cuenta de que es peor? ¿Por qué no nos seguimos odiando como antes?, era más fácil.
–Draco, ¿qué es lo que pasa? No podés decirme de nuevo que no pasó… que fue un error.
–Supongo que no. –no se animaba a mirarlo– ¿Por qué no nos seguimos odiando? Era mejor cuando podía descartarte como un imbécil moralista y santurrón. Nunca debí bajar la guardia, hasta que no empezaste a gustarme no me hacía sufrir.
–¿Qué es lo que querés decir?
–Y vos qué creés… –le espetó Draco– no puedo creer que seas tan cándido, tan caído del catre. Todo ese tiempo en Babia, bebiendo los vientos por la muy casquivana de la Weasley… me moría por decírtelo claramente. Al menos traté. Me enojaba tanto verte con los ojos brumosos de añoranza por la muy… Y cómo la defendías… y no te dabas cuenta que me estabas matando… Todos estos años que me despreciaste y me miraste con repugnancia… nunca me diste una oportunidad. No que te culpe por eso… era mejor así… éramos de mundos opuestos… entonces era más fácil, mientras me despreciaras era más fácil, yo podía convencerme de que no era cierto… pero después vine acá. Y me tocó compartir la habitación con vos… y vos no me dejabas tranquilo… por más que hice para que te dieras por vencido y me hicieras a un lado como causa perdida…no… vos estabas decidido a que tenías que salvarme. Si hubiera sido más fuerte, hubiera resistido. Sabía que lo único que sentías era lástima, pero… pero ya no quería estar solo… no después de todo lo que me había pasado. Y sabía que después iba a ser peor… pero ya no quería que tuvieras una mala imagen de mí. Y me engañé a mi mismo convenciéndome de que lo poco que pudieras darme me iba a resultar suficiente. No debería haberme rendido a la debilidad. Ahora eché todo a perder…
–Draco…
–No digas nada. Lo único que lo hacía apenas soportable era que no lo supieras. Pero ahora… Te odio tanto. Te odio porque nunca me tuviste en cuenta. Te odio porque adorabas a una que no te quería y no te merecía… y yo seguía sin existir. Te odio porque me considerabas a mí y a mi familia con el mayor de los desprecios. Te odio por ser tan bueno, adorable, encantador… y necio, porque nunca me vas a querer. Nunca me vas a amar como yo… Andate y hacé de cuenta a partir de ahora que no existo.
–Draco… no te sientas mal… dejame explicar…
–¡Andate! –aulló– Merlín, ¡ya no sigas! ¡Ya sé cómo son las cosas, no quiero tu compasión!
–¡Pero es que no entendés! –protestó Harry– Si me dejaras explicar…
–¡Andate! No te das cuenta de que es peor… No quiero hablar con vos… ¡nunca más!
Harry tragó un par de veces. Se sentía muy conmocionado. Hubiera querido decirle que no tenía que avergonzarse. Hubiera querido haber tenido el coraje de responder al beso. Ahora ya era tarde, Draco estaba demasiado enojado y no quería atender razones. Dio la vuelta y con pasos lentos abandonó la habitación.
oOo
Querido Draco:
Perdón por lo de antes. No era mi intención herirte ni avergonzarte. Y tenés razón, yo no sabía lo que vos sentías. O quizá sí aunque no del todo consciente, pero lo negaba por miedo o porque realmente los problemas eran menos cuando nos odiábamos. Tampoco quise empeorar las cosas, Draco, estaba muy confundido. No quiero lastimarte, pero tengo miedo y no sé qué debo hacer. Lo de Ginny es todavía muy reciente y está todo lo otro que tengo que hacer. No es un momento ideal para empezar una relación nueva. Pero en estos últimos meses empecé a desarrollar sentimientos por vos. Me parecés muy atractivo y cuando me besaste…
Harry hizo una mueca, abolló la carta, la tiró contra el suelo y le prendió fuego con la varita.
Había ido directamente al ático, casi por instinto, se había vuelto su lugar seguro para pensar. Quizá porque había tantas cosas alrededor que le recordaban a Sirius.
Kreacher lo miró desde un rincón, hacía como que limpiaba unos frascos con un trapo mugriento. –¿El joven amo va a tomar la costumbre de quemar cosas? –gruñó– ¿La cicatriz lo está enloqueciendo de nuevo?
Harry lo miró malhumorado. –Nadie se está enloqueciendo. Y quemé la carta porque no tenía sentido. –suspiró– Kreacher… ¿qué le escribirías a alguien que gusta de vos y que te gusta… pero… si no estuvieras seguro de que querés iniciar una relación?
El elfo se quedó mirándolo con la boca abierta.
–¡Por Dios! Creo que realmente me estoy volviendo loco. –murmuró Harry.
–Kreacher no escribiría una carta. –contestó el elfo– Las cartas no son el modo adecuado… y el amo seguramente escribiría un despropósito. Kreacher piensa que el amo debería limitarse a seguir luchando contra fanáticos sangrepura y a meterse en las cosas que no son asunto suyo. Esas son las cosas que el amo hace bien.
–Muchas gracias, –replicó Harry sarcástico– Un consejo muy útil…
El elfo salió del ático mascullando por lo bajo.
Harry se puso de pie y volvió a suspirar. Bueno… Kreacher había dicho algo sensato, escribir una carta era una mala idea. No se le daban bien las palabras y además… la carta podía terminar cayendo en manos de alguien más. Tendría que decirle las cosas frente a frente, obligarlo a que lo escuche… y quizá juntos podrían llegar a algún tipo de solución.
Lentamente bajó las escaleras, no sabía cómo iba a hacer para que lo escuchara, no podía ponerle un hechizo inmovilizador… ¿Y qué le iba a decir exactamente? Golpeó la puerta del cuarto antes de acobardarse más.
Silencio.
–Draco… ¿puedo entrar? –empujó la puerta lentamente.
La habitación estaba vacía, Harry no sabía si sentirse aliviado o decepcionado. Se dijo que lo mejor sería sentarse a esperarlo. Ahora que sabía lo que Draco sentía por él…
Había una nota sobre la cama.
Potter:
Perdón por lo de antes. Fui un idiota. Tendría que haberme controlado más. Por favor, no le cuentes a nadie lo que pasó. Fue culpa mía, no te sientas mal. Perdón, pero ya no soportaría el tenerte cerca. Sé que vos sos bueno, que no me harías sentir mal a propósito, pero si te tengo cerca todo va a ser peor. No te preocupes, yo dispongo de muchos recursos. Sabré arreglármelas. Vos tenés una vida que vivir y muchas responsabilidades que cumplir. Yo no hago sino interponerme, no soy más que un obstáculo. ¡Matá a ese hijo de puta por mí! Y si podés hacer algo para atenuar los cargos contra mi familia te lo agradecería mucho, aunque entendería si no lo hicieras. Gracias por haber sido tan bueno conmigo, para mí significó muchísimo.
Draco L. Malfoy
Harry apretó las manos sobre la carta, el corazón se le había acelerado. Titubeó unos segundos. Luego se puso de pie, agarró una chaqueta y se precipitó escaleras abajo. No había tiempo para decirle a nadie y tampoco estaba dispuesto a dar las explicaciones que seguramente le pedirían. Tendría que resolver el problema por su cuenta. Draco no debía de estar muy lejos, cuanto mucho le llevaría diez minutos de ventaja.
Salió de la casa, sólo se veía a dos personas que paseaban sus perros por el parque. Trató de pensar, ¿adónde se dirigiría Draco? Sin magia sólo podía caminar, ¿adónde?
¡Pensá Harry!
Seguramente Draco había tomado la calle que llevaba al centro. Lo más probable era que intentara alguna forma para ir a Escocia, con Snape. ¿A quién más hubiera podido recurrir? No sabía si tendría dinero, pero de viajar a la forma muggle no debía de saber mucho. Tomó la calle del centro, no podía estar muy lejos. Iba a probar de encontrarlo, si no lo ubicaba volvería para pedir ayuda. Draco no sabía manejarse en el mundo muggle y se metería en problemas… o peor… ¡los mortífagos podrían capturarlo! ¡Tenía que encontrarlo pronto!
Avanzaba casi corriendo, chocándose con los que pasaban, miraba en los negocios y los bares para ver si había entrado en alguno. ¡Cómo me hace una cosa así, lo voy a matar…!
–Disculpe… –se había detenido para preguntarle al que atendía en un kiosco de revistas– Disculpe, ¿no vio pasar a un chico más o menos de mi edad hace un rato? Tiene el pelo rubio muy claro… largo y ojos grises… con pantalones grises y camisa blanca… quizá una chaqueta negra también… probablemente confundido como si estuviera perdido…
El hombre frunció el ceño. –Sí… muy flaquito y pálido… y con cara malhumorada ¿no?
–¿Lo vio? –insistió Harry con tono desesperado.
–¿Tiene problemas mentales o algo así? Casi lo atropelló un ómnibus… lo agarré de un brazo en el último segundo… se enojó… dijo algo como que debería esquivarlo. Un pibe muy raro.
–¿Y por dónde se fue? –preguntó Harry impaciente.
–Bueno… le pregunté si estaba bien y me dijo que quería ir a Escocia. y qué cómo hacía para llegar… Pregunta rara, ¿no?... pero le dije que tomara el subte a King's Cross y le señalé las escaleras de la estación en la esquina…
–¡El subte! ¡Mierda! Gracias, señor. –Harry salió corriendo, ¿sabría Draco cómo viajar con el subterráneo? ¿tendría dinero? ¿dinero muggle? No podía estar muy lejos… ojalá no hubiera podido tomar el subte… ¿y si ya estaba cruzando Londres hacia King's Cross! ¡Mierda!
Bajó los escalones de a dos, había un amontonamiento de gente en las boleterías… pasaba algo… sintió gran alivio cuando escuchó la voz inconfundible de Draco gritando furioso y con desdeñosa altanería.
–¡… y por qué tanto escándalo! ¡Le pedí a la imbécil ésa que me lo cambiara, no tengo el estúpido dinero de papel de ustedes! ¡Sáqueme sus sucias manos de encima! ¡No puedo creer que viajen de esta forma, todo este lugar apesta a pis!
–¡Más le vale que se calme, jovencito! –dijo el guarda de la estación– No puede referirse en esos términos a los miembros del personal y cuidado con el tono que usa. O se va ya mismo o llamo a la policía.
–¡Pero tengo que viajar a Escocia! –protestó Draco– ¡No puedo creer lo incompetentes que son todos! ¡Y suélteme, carajo!
–¡Draco! –gritó Harry aproximándose al grupo con cautela– Draco, te estuve buscando por todos lados. Vení, vámonos…
Draco lo miró furioso. –¡Ni lo pienses! ¡Y cómo tuviste el descaro de seguirme! ¡Dejame solo!
–No puedo dejarte solo. Por favor, hablemos unos minutos…
–¿Usted conoce a este chico? – preguntó el guarda.
Harry asintió. –Soy… el que lo cuida. Perdón si ha causado problemas, no es su culpa… es que… no está bien de la cabeza. –esto último lo había dicho bajando un poco la voz.
Draco lo miró con indignación y como si no pudiera creer lo que oía.
–Se me escapó en un descuido, hace ya un rato que lo estaba buscando. Lo lamento mucho… pero por favor, no llame a la policía. En realidad no tiene malas intenciones… le prometo que no volverá a pasar.
–Está bien, –dijo el guarda medio rezongando– pero lléveselo de acá, está molestando al personal y a los pasajeros. Y cuídelo mejor…
Harry asintió, tomó a Draco de un brazo y tironeó para sacarlo de la estación.
–¡Cómo te atrevés a decir una cosa así! –siseó Draco rabioso una vez que salieron– ¡Soltame!
–Draco, –dijo Harry en tono que intentaba ser pacificador– calmate, por favor. Dije lo primero que se me ocurrió para sacarte de ahí. Estaban por llamar a la policía.
–No deberías haberme seguido. Creo que lo puse claramente en la carta. Ya no puedo permanecer ahí. Deberías haberme dejado ir.
–¿Y cuán lejos pensás que hubieras podido llegar? –replicó Harry que ya comenzaba a irritarse– no sabés manejarte entre los muggles, no tenés dinero, ¿cómo carajo pensabas llegar a Escocia? Y suponiendo que hubieras podido llegar, ¿qué ibas a hacer? ¡Snape ya se arriesgó muchísimo trayéndote a Grimmauld Place! Lo hubieras puesto en evidencia si ibas a él, si los mortífagos se enteraran de que te ayudó… ¡Por supuesto que tenía que venir a buscarte, boludo!
–¡Y a vos qué te importa lo que me pase! –aulló Draco– Me juego a que la única razón por la que viniste es para no tener que darles explicaciones a los otros.
–¡Si eso es lo que pensás son incluso más pelotudo de lo que había creído! –gritó Harry– ¡Vine a buscarte porque tenía terror de que te pasara algo! Pero eso es algo en lo que vos no pensás, lo que sentimos los otros no te importa, como siempre vos sólo pensás en vos.
Intercambiaron miradas furiosas, frustradas y resentidas.
Draco bajó la vista. –¿Ves? Así es mejor. Como en los viejos tiempos… es mejor cuando nos odiamos…
Harry cerró los ojos y suspiró con impaciencia. –Mirá… ¿por qué no hablamos un rato sobre esto? No puedo dejarte solo, vas a terminar arrestado o peor. Vení, sentémonos en este banco y hablemos. Si realmente creés que ya no podés quedarte en Grimmauld Place, pediremos para que te manden a alguna de las casas-refugio.
Draco lo miró titubeante. –Está bien, creo que me precipité un poco. Pero quiero que me transfieran lo antes posible. Ponete en comunicación con Snape para arreglar algo cuanto antes.
Harry no planteó objeciones, al parecer Draco había entrado en razón y estaba decidido a cooperar. Se quedaron sentados juntos en silencio unos momento observando pasar el tránsito. Había tanto que tenían que hablar, Harry quería decirle todo, pero tenía miedo, miedo de herirlo. Miedo de arrastrar a Draco a su vida que era tan complicada. ¿Qué sería de ellos? ¿Alcanzaba con el deseo que sentían el uno por el otro? Harry tenía sus dudas, no creía que fuera sensato que iniciaran una relación. ¿Y qué dirían sus amigos?
–Sobre lo que pasó antes… –empezó a decir Harry.
–No quiero hablar sobre eso, –lo interrumpió Draco– ya tuve demasiado por este día y estoy cansado. Lo que quisiera es poder borrarte la memoria… pero no puedo… vos sabés todo y yo no quiero ni puedo volver a mirarte a los ojos. ¿No le contaste a nadie?
–Claro que no. Ni siquiera saben que te escapaste. Salí corriendo a buscarte apenas vi tu nota. Estaba preocupadísimo por vos, boludo.
Draco soltó una risa débil. –¡Sos tan noble! Mucho más de lo que te convendría…
Harry lo miró de reojo. Se lo veía triste y cansado. No podía ser que se tratara todo de un acto fingido. Draco nunca sacrificaría su orgullo así sólo para ganarse su confianza. Pero parecía imposible que Draco Malfoy, tan rico, culto, presumido y aristocrático pudiera abrigar sentimientos por alguien como él. ¿Qué podía ver Draco en él? Y si Ginny, que siempre había sido su amiga lo había engañado, ¿acaso no podía Draco estar haciendo lo mismo?, Draco, que había sido su enemigo jurado de siempre…
Harry trató de apartar esos pensamientos y decidió que no le confiaría sus sentimientos. Todavía tenía el corazón destrozado, no podría soportar otra traición. Volverían a los cuarteles y decidirían lo que harían. Y si Draco prefería que lo trasladaran a otro lado, así se haría; aunque Harry hubiera querido que se quedara…
–No le voy a contar nada a nadie. Pero volvamos ya a los cuarteles. Es peligroso salir, y en tu caso más peligroso… porque no podés usar magia.
Draco suspiró. –Está bien, volvamos…
Se pusieron de pie y emprendieron el regreso. Fue entonces que se oyeron una serie de ¡bangs! alrededor de ellos. Harry sintió que se le paraba el corazón. Varias figuras de capas negras y máscaras avanzaban hacia ellos.
–¡Ay Merlín, Harry! – susurró Draco agarrándolo de la muñeca.
Invadido por el pánico, Harry rebuscó la varita, sólo para advertir con horror que no la tenía encima. ¡Cómo podía ser tan boludo, tan descuidado! ¡Pero es que había estado tan desesperado por ir a buscar a Draco! Ahora no tenían posibilidad alguna de escapar.
Pero no pudo seguir recriminándose. Un haz rojo le dio en el centro del pecho. Lo último que percibió fue la voz de Draco gritando su nombre; y todo se volvió silencio y oscuridad.
oOo
Male captus, bene detentus: Captura ilegal, prisión efectiva
Es el nombre con el que se conoce una controvertida norma jurídica, aunque un prisionero haya sido capturado ilegalmente es justo meterlo en prisión si hay indicios ciertos de su culpabilidad.
