Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.
Autora: Alysian_Fields
Finite Incantatem
Capítulo 11– In nocte mea lucerna
Fue recuperando la consciencia como en oleadas. Extraños ruidos, extrañas luces, confusión. Tuvo que vencer el deseo de permanecer cobijándose en la oscuridad. Tuvo que hacer un esfuerzo para volver a la superficie. Sacudió la cabeza y parpadeó varias veces para aclarar la visión. Tanteó buscando los anteojos.
Una mano fría se los depositó en la palma. Se los puso, el rostro lívido de horror de Draco entró en foco. Giró la cabeza explorando el ambiente. Estaban en una especie de sótano. El suelo era frío y duro y algo húmedo. La única iluminación venía de una estrecha ventana de cristales mugrientos ubicada muy alto en la pared. En un rincón había un armazón de madera que en alguna época había soportado botellas de vino, ahora estaba cubierto de telarañas. Draco le apretaba la mano con fuerza.
–¿Despierto finalmente? –le llegó el sonido de una voz áspera.
Harry se dio vuelta, todavía algo mareado; un hombre alto y robusto, el rostro cubierto por completo con una capucha, estaba parado a cierta distancia de ellos.
–¿Ud. quién es? –preguntó Harry con voz ronca.
El hombre rió, una risa desagradable. –Eso no importa. Aquí el que importa es Ud., señor Potter. Es Ud. un joven muy importante.
Harry se estremeció. El cerebro le empezó a funcionar a toda velocidad. Tenía que encontrar un modo de escapar, cualquier modo. ¿Cómo habían sabido que habían salido? Su mente se volvió al chico que tenía a su lado, lo invadió una sensación helada. ¿Sería posible? ¡Dios! ¿Lo había planeado Draco? ¿Lo había traicionado intencionalmente?
–Bienvenido a la Casa Riddle, señor Potter. –dijo el mortífago– Ha de saber que fue aquí donde empezó todo; y, al menos para Ud., donde todo habrá de terminar. Dentro de poco llegará el Señor Oscuro, imagine su placer al encontrarlo esperándolo. Nos recompensará muy bien a nosotros, sus leales seguidores.
–¿Cómo me encontraron? –preguntó, tenía mucho miedo de escuchar la respuesta.
–Vigilábamos la zona desde hace bastante tiempo. Todos ustedes se creen muy listos, piensan que pueden arreglárselas sin Dumbledore. Él no pudo detenernos y sin él, ustedes no tienen esperanza. Sabíamos que se escondían como cobardes en esos alrededores, el Señor Oscuro tiene sus modos de averiguar. Esperamos durante meses, esperábamos que cometieran un error. Los seguimos sin que lo advirtieran. Debo decir, señor Potter, que actuó Ud. muy estúpidamente. Con todos los sacrificios que se han hecho para mantenerlo seguro, ¿cómo pudo ser tan descuidado? Y vino derecho a nuestras manos, se diría que tenía intenciones de que lo apresáramos. ¿Se entregó como cordero para el sacrificio?
Harry hizo una mueca, ése era el término que había usado Draco. –¿Y él, qué tiene que ver con todo esto?
El mortífago miró a Draco un instante. –Podríamos decir que fue un golpe de suerte para nosotros. En realidad creíamos que estaba muerto, y lo estará pronto, no nos sirve para nada. Vale tanto como un muggle, se lo tiene bien merecido, el muy traidor. Quizá le podamos exprimir algo de información. Pero ustedes dos estarán muertos pronto.
Draco se estremeció y se apretó más contra Harry. –¡No pueden hacernos esto!
–Oh… sí que podemos. Ya deberías saberlo, vos no tuviste las agallas para matar al viejo, pero nosotros no tenemos problemas y es más, es la mar de divertido. Y ni se molesten en tratar de encontrar un modo de escapar, sería una pérdida de tiempo y de energías. –salió, la puerta se cerró con un estruendo, como si se hubiera sellado una tumba.
Harry se puso de pie de inmediato para seguirlo, chocó contra un escudo invisible a medio metro de la puerta.
–¡Harry! –gritó Draco viniendo a su lado –Harry, ¿qué fue eso? ¡Ay, Merlín! ¿Qué vamos a hacer ahora?
Harry lo miró todavía con cierta desconfianza. ¿Lo estaba engañando? No tenía mucho sentido, ya lo habían capturado. –¿Qué pasó?
–¡No lo sé! –Draco trataba, sin resultado, de controlar el pánico que reflejaba su voz– Aparecieron de golpe, nos desmayaron, primero a vos, después a mí. No sé lo que habrá pasado después, la calle estaba llena de gente. Me desperté acá, vos estabas a mi lado, ¡tenía tanto miedo de que estuvieras muerto! ¿Por qué no usaste la varita para defendernos? ¡Te quedaste parado sin hacer nada!
–No tenía la varita.
–¡Qué?
–Dije que no la tenía –replicó Harry enojado– Salí corriendo a buscarte cuando encontré tu nota, me la dejé sobre la cama. Nunca me pasó una cosa así, siempre soy muy cuidadoso. Pero tenía tanto miedo de que te pasara algo… no pensé. ¡Si vos no te hubieras ido, nada de esto habría pasado!
–Perdón… –dijo Draco y la desesperación y el pánico se apoderaron de él– ¡Ay Merlín! ¿Qué vamos a hacer! ¡No podemos escapar! ¡No hay forma! ¡Y nos van a matar! ¡Va a venir y…! ¡Y mis padres no…! ¡Ay Merlín!
Las sospechas de Harry se desvanecieron. Estaba a punto de desmoronarse, no podía estar fingiendo. Harry se daba cuenta cuando Draco mentía. Y Draco estaba aterrado, igual que esa vez en el baño de Myrtle Gimiente. Lo tomó de los hombros y lo sacudió. –Draco, tenemos que mantenernos lo más calmos posible. Perdón por haber metido la pata. Vamos a salir de ésta. Tenemos que calmarnos y pensar. Tratá de respirar hondo varias veces.
Era más fácil cuando uno tenía que mantenerse fuerte por otro, era más fácil olvidar la propia confusión y el miedo. Apretó a Draco en un torpe abrazo. –Todo va a salir bien.
Draco respiró hondo como le había indicado. Se recuperó un poco y se separó, empujándolo. –Perdón… ya estoy bien… voy a estar bien…
–Tenemos que pensar con calma y metódicamente, –dijo Harry– onda Hermione…
–Mientras no sean las ondas del pelo… – dijo Draco con una sonrisa.
–Tenemos que revisar toda la habitación. Algún punto débil debe de haber. No puedo creer que no tengamos ninguna posibilidad de escapar.
oOo
–Creo que agotamos todas las posibilidades. –sentenció Draco.
Harry lo miró deprimido, mal que le pesara, no podía sino estar de acuerdo. Habían explorado el recinto de arriba abajo, cada centímetro de la barrera mágica para encontrar algún resquicio más débil, y nada. Sin una varita iba a ser imposible cruzarla. Habían examinado cuidadosamente las paredes y el suelo para descubrir algún ladrillo flojo o una baldosa suelta, y habían intentado alcanzar la alta ventana; todo sin ningún resultado. El mortífago había vuelto en un momento y les había dejado agua y pan duro.
Se habían dado por vencidos, exhaustos, y se habían envuelto en unas mantas muy sucias que habían dejado en un rincón, temblaban de frío.
–Ya pensaremos en algo. –aseveró Harry, pero el tono de su voz traicionaba la poca convicción de las palabras.
–Me pregunto cuándo irá a venir, –dijo Draco– los mortífagos tienen varias bases a lo largo del país. Me pregunto dónde estará, es posible que no esté en Inglaterra, el tipo este dijo que estaba de viaje.
–Sí, a mi me pareció lo mismo, –replicó Harry– quizá eso nos proporcione un poco de tiempo.
–No creo que eso cambie mucho las cosas, sólo pospondría lo inevitable. ¿Sabés?... ya casi había dejado de lado la idea de la muerte, el miedo había casi desaparecido. Ya me había olvidado de lo desesperante que es estar a la espera de que te maten y sin poder hacer nada para impedirlo. No puedo creer que esté en la misma situación… otra vez. Y por más que vos quieras mostrarte optimista, yo sé que pensás lo mismo, vamos a morir acá.
–No digas eso.
–¿Y por qué no? Si es la verdad, más nos vale irnos haciendo a la idea. –soltó una especie de risa– Y encima voy a morir virgen, si es de no creer…
El comentario lo tomó a Harry por sorpresa, por unos instantes se olvidó de tener miedo. Se quedó pensando, procesando la información. –¿Vos nunca habías…?
Draco suspiró como entregado. –Bueno, da lo mismo que lo sepas, total nos van a matar. Es algo que me da bastante vergüenza si me pongo a pensar, considerando la fama que tenía de calavera libertino. Pero sexo con todas las letras… nunca… y parece que me voy a morir así.
Harry no sabía qué contestar a eso, le pareció que correspondía una confesión similar.
–Si te sirve de consuelo… yo también voy a morir virgen.
Draco se volvió hacia él atónito. –¡Qué? Pero no seas ridículo, Potter. No tenés que decir algo así para hacerme sentir mejor, ¡me da más vergüenza incluso…!
–Es cierto, –insistió Harry– no lo digo por decir, te lo juro.
–Pero… pero no puede ser. ¿Y la hermana de Weasley?
–Bueno… hicimos algunas… cosas… –Harry agradeció la oscuridad, no se notaba lo colorado que se había puesto– …vas a pensar que es una total mojigatería…
Draco rió. –Harry, yo ya estoy convencido de que sos totalmente mojigato. Nada de lo que puedas decirme puede empeorar las cosas.
Harry sonrió. –Queríamos… y nos faltó poco… pero fue cuando pasó lo de Dumbledore. Las cosas se habían puesto peor de golpe y yo me tenía que comprometer por entero con la guerra y puse la relación en suspenso. Convinimos que esperaríamos, que lo pospondríamos, que dormiríamos juntos recién cuando estuviéramos seguros. Yo me había hecho una idea idílica. ¡Qué boludo!, ¿no?
–¿Pensás entonces que hubiera sido mejor que se encamaran?
–No, no… me alegro de que no lo hiciéramos. La relación no era real… no era sincera… Sí, ya sé… soy un boludo sentimental…
Draco se le aproximó más. –Ponete más cerca, así compartimos mejor las mantas, hace un frío espantoso. Y no… no sos un boludo. Quizá me esté ablandando con esto de la muerte inminente, pero creo que es tierno. No hubiera esperado nada distinto de vos. Muestra una dulzura de la que yo no soy capaz.
–Y sin embargo tampoco te metiste en la cama de nadie. ¿Y qué de Pansy Parkinson? Yo siempre creí que estaban juntos… desde hace años…
Draco se estremeció y aprovechó para apretarse más contra Harry. –No, nunca pasó nada. Y no porque ella no quisiera, pero yo tengo mi orgullo. No me seduce la idea de dormir con alguien que sólo está detrás de mi dinero y de los honores. Y otro pequeño detalle que no tenés que olvidar… soy más bien gay…
Harry rió algo incómodo. –Ah, cierto… ¿Y nunca hubo nada con otro chico de la escuela?
Draco suspiró. –El problema es que la mayoría de la gente no es gay. Y los magos también somos muchos menos que los muggles. Si combinás los dos factores… bueno… las opciones quedan muy limitadas. Del único que sabía con certeza era de Justin Finch-Fletchey, creo que así se llama… y no era para mí… y no había otro que me gustara… exceptuando obviamente…
Harry no sabía qué contestar. –Pongámonos a dormir mejor. No sé lo qué nos esperará mañana pero nos convendría estar descansados.
Se apretaron muy juntos para darse calor y aprovechar mejor las mantas. Tenían que apretar las mandíbulas para que no les castañetearan los dientes.
–Harry… –susurró Draco– ¿Te molestaría…?, podés decir que no… ¿podrías abrazarme? ¡Hace tanto frío!
–Claro.
Resultó sorprendente cómo los cuerpos parecieron ajustarse perfectamente uno contra el otro, como dos piezas de rompecabezas que ensamblaran. Se sentía tan agradable esa proximidad, tan natural.
–¿Esto no es demasiado gay para vos? –preguntó Draco con una risa nerviosa.
Harry lo apretó más. –Es más que tolerable.
–Mirá, ¡se pueden ver las estrellas a través de la ventana! Es extraño, ¿no? La situación no podría estar peor y de pronto te das cuenta de que sigue habiendo cosas bellas en el mundo. Cuando era chico me encantaba mirar las estrellas, ¿a vos no?
–No tenía demasiadas oportunidades de verlas, para serte honesto.
–Siempre me gustaron y me siguen encantando. El verano después de que empezamos Hogwarts, recuerdo que iba a acostarme a la azotea para mirarlas. Había estado leyendo mucha poesía, y había leído un poema… de Cátulo creo… que tenía un verso sobre las estrellas observando a los amantes clandestinos. Me hacía sentir extraño pensar que estaba mirando las mismas estrellas de dos mil años antes. Era como si uno pudiera trascender el tiempo y el espacio. ¿Te pasó alguna vez de sentirte así?
–Errr… no sé… quizá. –Draco lo hacía sentir siempre como un idiota inculto y bestia. ¿Qué puede ver en mí? ¿Qué clase de relación puedo siquiera considerar con alguien como él?
Draco tembló y se le acurrucó más, apoyándole la cara en el cuello. Harry se olvidó de nuevo del miedo. El día siguiente iba a traer dolor, conflicto y más miedo pero en ese instante sólo sentía paz. Tenían las estrellas y tenían el abrazo… y eso bastaba.
oOo
Harry se despertó incómodo, tiritando. Hacía todavía más frío que la noche anterior, si es que eso pudiera ser posible.
–Buen día. –dijo Draco.
Harry levantó la vista. Draco estaba mortalmente pálido y su expresión le recordaba la desesperación que había tenido el año anterior cuando tenía que matar a Dumbledore.
–Hace un rato que me desperté. –informó Draco– Hace demasiado frío para dormir.
–¿Por qué no me despertaste? –preguntó Harry frotándose los brazos y las piernas para estimular la circulación.
Draco se encogió de hombros. –Me pareció que era mejor dejarte dormir. Además… había cosas en las que tenía que pensar. Harry… esto no tiene sentido… no puede ser que nos maten así… Los mortífagos tienen que haber hablado entre ellos y mis padres se deben de haber enterado. Y aunque no quieran saber nada conmigo… no pueden dejarme morir así. Mi padre tiene poder… debe de tenerlo todavía, ¿no? El va a hacer algo para ayudarnos… ¡O la Orden! Ya se deben de haber dado cuenta que estás desaparecido… no pueden dejarte así… vos sos lo más importante, el símbolo que enarbolan contra Voldemort… ¡van a venir a salvarnos!
Harry no dijo nada. La compostura de Draco hacía equilibrio en el borde del precipicio, cualquier cosa que dijera podía hundirlo en el abismo del pánico y Harry lo necesitaba calmo. Pero por otro lado tampoco podía alimentarle esperanzas sin ningún sustento. Harry dudaba mucho de la influencia que podría seguir teniendo Lucius, Voldemort no había dudado en castigar a Narcissa y a Draco… Y en cuanto a la Orden… Harry realmente deseaba que los estuvieran buscando pero… ¿sabrían por dónde empezar? Ni siquiera estarían seguros de que los habían secuestrado y aunque lo supieran, les iba a resultar muy difícil rastrearlos y rescatarlos.
–Todo va a salir bien. –Harry estiró una mano y la apoyó en el brazo de Draco. –Vamos a salir de acá. Yo soy Harry Potter, jodido pero único,, no hay situación por más complicada que parezca de la que no pueda zafar, vos mismo lo dijiste. Mientras estés conmigo vas a estar bien, no voy a dejar que te pase nada.
Draco sonrió desganado. –Estoy tan cansado de tener miedo…
Harry se sentó y lo abrazó, Draco estaba más frío que él, lo sentía temblar en sus brazos. De alguna forma consolar a Draco, obraba también de consuelo para él.
También tenía miedo. Otra vez había llevado a alguien que quería a una situación de peligro. Tenía que proteger a Draco, incluso con su vida. No podía dejar que Draco muriera como Cedric… y si Draco no había sido hasta entonces ni tan noble ni heroico… eso no importaba. Iba a protegerlo… Draco no iba a morir.
Era difícil hacer planes con hambre y con frío, pero no tenían otra cosa que hacer. Volvieron a explorar el recinto por si descubrían alguna debilidad que se les hubiera pasado por alto.
La espera era lo que más lo ponía nervioso. En otras situaciones de peligro no había tenido tiempo para pensar, había actuado por impulso, era muy bueno en eso de salvarse por un pelo. Esto era distinto, era un miedo distinto, la espera era un martirio. Vino de nuevo el guardia y les trajo más pan y agua.
Comieron sin entusiasmo. Cuando estaban terminando, Draco le agarró el brazo, –¡Viene alguien! ¡Es él! ¡Viene a matarnos!
Se abrió la puerta. No era Voldemort. Pero según la perspectiva de Harry, no era mucho mejor.
–Hola, chicos. –dijo Bellatrix Lestrange.
–¡Tía Bella! –gritó Draco– ¡Tenés que ayudarnos!
Ella lo miró con una mueca de desdén. Era la segunda en la lista de personas odiadas de Harry. ¿Cómo no se daba cuenta Draco? Esa mujer era incapaz de sentir clemencia o compasión, lo único que le importaba era su diabólico amo.
–¿Qué carajo quiere acá? – le espetó Harry.
Ella lo miró con frialdad, sin pestañear. Harry le sostuvo la mirada, no se iba a intimidar. –Quise venir a verlos. A las alimañas despreciables que han causado tantos problemas… antes del que el Señor Oscuro les dé lo que se merecen.
–Tía Bella… –susurró Draco.
–¡Oh callate! Basura inútil, traidor y cobarde. –siseó Bellatrix– Tuviste tu oportunidad, Draco, una muy generosa oportunidad que no merecías y fracasaste… no tuviste el valor. No sos más que un chiquito malcriado y consentido que se cree adulto. Pero no eras merecedor de la confianza que pusieron sobre vos. ¡Y mirate ahora! Ellos te estuvieron protegiendo, ¿no? Si hubieras tenido siquiera un mínimo de dignidad te habrías matado. Deberías estar muerto, ¿qué razón te puede quedar para seguir vivo? Sin magia no servís para nada… Veremos si te podemos sacar algo de información y luego el propio Señor Oscuro se encargará de matarte como a un perro. Es lo que te merecés. Ojalá me permita mirar cuando te mate, ojalá me permita mirar cuando los mate a los dos… –soltó una carcajada demencial.
–Mi padre… –empezó a decir Draco.
Bellatrix volvió a reír. –¿Tu padre? Casi tan débil como vos. Fracasados deplorables todos ustedes. Mi hermana nunca debería haberse alineado con los Malfoys, ella también resultó muy decepcionante. –agregó con desdén– Deberías verla, llorando por vos. Lamentable. Debería estar por encima de esas cosas, debería comprender que los que desafían al Señor Oscuro merecen morir. Ellos nunca podrán salvarte, Draco, no sabrían ni por dónde empezar.
–Váyase, –aulló Harry– Ya obtuvo lo que vino a buscar, ya se divirtió. Pero le puedo asegurar que no van a ganar, nunca van a ganar.
Ella le dirigió una sonrisa repulsiva, los ojos le brillaban con la llama de la locura. –Sí que vamos a ganar y vos lo sabés. No tenés ninguna esperanza, cuando regrese el Señor Oscuro los matará a los dos. Y ése no será sino el principio. Nos apoderaremos del mundo y lo pondremos de rodillas. –se quedó observándolos fijo durante largos instantes, penetrándolos inquietantemente con la mirada.
–Ya váyase y déjenos tranquilos. –insistió Harry.
Bellatrix sonrió siniestra. –Está bien… pero la verdadera diversión será cuando el Señor Oscuro te asesine, y después habrá más cuando torturemos a todos los traidores y los que se le opusieron; ojalá me deje a los Weasleys a mí, puedo imaginármelos gritando…
–¡Váyase! –rugió Harry.
Ella volvió a reír. –No te inquietes, Harry Potter, para entonces vos ya llevarás mucho tiempo muerto. –dio media vuelta y salió.
–Vamos a morir, –susurró Draco– nos van a torturar y a matar, y no hay nada que podamos hacer para impedirlo.
–Draco, no dejes que te intimide, –demandó Harry– no te declares vencido. Tenemos que mantenernos calmos y conservar la fe.
–¡Para qué? –chilló Draco– ¿De qué sirve? ¡Vamos a morir!
–¡Draco, calmate! –el pánico era algo contagioso, Harry temía perder el autocontrol.
–¡Socorro! –gritó Draco– ¡Por favor, que alguien nos ayude! ¡Estamos en el sótano! ¡Auxilio! –tenía los ojos desorbitados y ya parecía que no veía nada a su alrededor– No puedo morir así, –murmuró– Esto no puede estar ocurriendo, no quiero morir. –empezó a dar topetazos enloquecidos contra la barrera mágica.
–¡Draco! –gritó Harry– ¡Pará, te vas a hacer daño!
–¡No me importa! –sollozó– Quiero que termine. ¡Tengo tanto miedo, Harry! Ya sé que doy una imagen lamentable. No hace falta que me digas que soy un cobarde. Probablemente todo esto me lo merezco… por haberme metido en lo que me metí… pero no quiero morir así. Me gustaría ser valiente como vos… pero no lo soy… no lo soy… y estoy recontra cagado de miedo… y no puedo dejar de pensar en lo que nos espera y en que no podemos hacer nada para evitarlo… y me estoy enloqueciendo y no puedo…
Harry hizo lo único que se le ocurrió en ese momento, lo agarró de los hombros, lo atrajo hacía sí y lo besó con violencia en la boca.
Draco se puso rígido por la sorpresa y luego empezó a temblar en los brazos de Harry, sus labios comenzaron a abrirse y Harry levantó una mano para tomarle la cara pero no alcanzó a hacerlo, el Slytherin le dio un violento empujón y lo mandó tambaleando hacia atrás.
–¿Qué mierda te creés que estás haciendo? –aulló Draco, los ojos brillándole de furia y totalmente indignado.
Harry comprendió entonces que el método que había elegido para distraerlo no había sido una buena idea después de todo. –Errr… te besé. –dijo con torpeza.
–¿Y por qué me besaste? –demandó con vehemencia.
–Bueno… después de lo que pasó en Londres…
–Pensaste hacerme un mimo de lástima para conformarme… –la ira de Draco iba incrementándose.
–No, no fue así… no sabía cómo decírtelo… pero últimamente he tenido sensaciones, sentimientos… mirá, creo que podría ser bisexual.
–Así que pensás que podrías ser bisexual, –dijo Draco con una mueca desdeñosa– ¿Y qué esperás entonces? ¡Adelante! Llevá a cabo tu pequeño experimento para determinarlo, ¡y que mis sentimientos no se interpongan en tu investigación!
–Draco… no fue de esa forma… ¡te lo juro! Lo hice sin pensar, quería que te sintieras mejor…
Draco lo miró airado y herido. –No tenés la menor idea, ¿cómo pudiste pensar que con eso me harías sentir mejor? La única cosa que impedía que me volviera loco por completo, la única cosa que me consolaba, era que te tenía a vos conmigo. Con vos me sentía capaz de soportar todo. Porque vos eras mi amigo, me tratabas con respeto, fuera que yo lo mereciera o no. Nunca te aprovechaste cuando supiste de mis sentimientos por vos. ¡Lo arruinaste todo! ¡Vos…! ¡No quiero que me hables más! ¡Quiero que me dejes solo!
–Draco por favor… no quise lastimarte…sólo quería… vos me gustás, por favor…
Pero Draco no lo escuchaba ya, se había echado en un rincón, envuelto en las mantas y mirando a la pared.
oOo
Se sentía destrozado, culpable por lo que había hecho. Debería haber anticipado que Draco reaccionaría mal. Nunca le había confiado sus sentimientos. Obviamente, Draco había pensado que se estaba aprovechando de él. ¡Como había podido ser tan idiota! ¡Arruinar todo así! ¿Y si realmente iban a morir y él había arruinado la última noche? Draco no quería ni que le hablara, Harry no sabía bien qué podía llegar a decirle, pero igual Draco no iba a querer escucharlo.
Estaba muy oscuro. El cielo estaba cubierto, las nubes ocultaban la luna y las estrellas. No tenía sentido seguir lamentándose, era mejor atender a las necesidades básicas, necesitaba dormir. Pero hacía tanto frío. Se acostó sobre el suelo helado, creía que Draco ya se habría dormido, pero lo oyó temblando.
–Draco… –susurró– nos estamos congelando… vení a mi lado… démonos calor.
–Sí, claro que te gustaría… ¡andate a la mierda, Potter!
–No tiene sentido que nos muramos de frío…
Draco vaciló unos instantes y finalmente cedió, se deslizó junto a él. Harry lo abrazó.
–¿Qué creés que estás haciendo, Potter?
–Olvidate de todo por un momento. –dijo Harry con un suspiro– Sé que estás enojado conmigo y tenés todo el derecho. Yo debería haber sido sincero con vos desde el principio. Mañana podés seguir detestándome con todas tus fuerzas, pero esta noche necesitamos estar muy juntos, hace tanto frío. Te juro que no fue mi intención lastimarte.
Draco no dijo nada pero dejó de resistir el abrazo.
Se sentía tan solo. Draco era lo único que tenía. No podía soportar que pensara mal de él. Había tenido tanto miedo de sus sentimientos. Miedo de iniciar algo nuevo tan pronto después de Ginny, pero ¿para qué? La posibilidad de que no les quedara mucho para vivir era altísima. De eso era de lo que tenía que tener miedo, no de los confusos sentimientos. Si hubiera alguna forma de hacerle entender a Draco…
Harry volvió la cabeza y le acarició el cuello con la nariz y luego la zona bajo la oreja. Sorprendente, llevaban un día prisioneros pero Draco seguía oliendo bien. La piel era tan suave. Draco trató de apartarse, Harry le acarició los cabellos. Draco se estremeció y su respiración se aceleró. Lo apretó más contra sí y lo llenó de besos en la garganta y en la mandíbula.
–Harry, pará… – pidió Draco pero sin convicción en el tono– Por favor… no. Si no lo sentís realmente…
Harry le acarició la cara con ternura y le buscó los labios en la oscuridad. Lo besó vehemente, chupándole los labios y luego invadiéndole la boca con la lengua. –Decime que no lo siento… –susurró interrumpiendo momentáneamente el beso– Acaso parece que no lo siento…
En la oscuridad total todas las otras sensaciones parecían multiplicarse, potenciarse. La respiración de Draco se había vuelto entrecortada y delineaba con los dedos el rostro de Harry y le plantaba besos amorosos sobre los párpados. Harry se embelesaba al recorrerle el cuello con la lengua con el sabor salado y el perfume almizclado de la piel de Draco. La oscuridad favorecía la comunión total entre los dos.
Se buscaban, todavía con algo de cautela, temerosos de causarse daño pero necesitándose ansiosos al mismo tiempo. La intensidad alcanzaba por momentos cimas casi dolorosas. Manos que se introducían bajo las remeras, gemidos de regocijos.
Draco cambió ligeramente el ángulo de la cabeza para brindarle un mejor acceso a su boca. Los alientos se mezclaban en armoniosa sincronía, cautivadora armonía. Era tan fácil y agradable perderse en el terciopelo y la seda de la boca de Draco. Mordió, lamió, chupó. El viento silbaba violento tratando de colarse por las rendijas de la ventana del sótano.
Era tan natural besar así. Con Cho o Ginny nunca se había dejado llevar de esa forma, siempre pensando cómo podían reaccionar o si lo estaban disfrutando. Con Draco no parecía sentir reservas, las sensaciones borraban los pensamientos, todo se daba con espontaneidad y con cierto descuido también, propio de la urgencia.
Nada más importaba, nada más existía. Sólo los labios buscándose ávidos, las narices aplastándose en la búsqueda de un mejor ángulo, las lengua acariciándose húmedas. Harry sintió una punzada de deseo de intensidad agónica cuando los dedos de Draco le apretaron una de las tetillas erectas.
Una oscuridad distinta, envolvente, acogedora, compartida. Una oscuridad que borraba el mundo alrededor, que parecía integrarlos más. En la oscuridad eran uno, bebiéndose mutuamente.
Tenían que escapar. Era inconcebible que fuera a terminar allí. Era imposible que los mataran, no cuando todo parecía empezar, no cuando se sentían tan vivos… Harry no se iba a dar por vencido, aunque todo indicara que ya no quedaban esperanzas. Iban a escapar, ninguna otra alternativa era aceptable… tenían tanto que vivir juntos.
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In nocte mea lucerna: La lámpara que me ilumina en la noche
También tomado de versos de Baudelaire
La posada donde calmar mi hambre
La lámpara que en la noche me ilumina
Y por el buen sendero me guía.
