Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Autora: Alysian_Fields

Finite Incantatem

Capítulo 12 – Saepe creat molles aspera spina rosas

Harry corría por la playa, casi resbalándose en el húmedo pedregullo. Secretamente siempre había deseado que Sirius hubiera elegido para los encuentros un área más atractiva de la costa, pero en ese momento ningún otro lugar lo hubiera hecho tan feliz.

¡Sirius! –gritó.

Su padrino se volvió hacia él con una sonrisa. –¡Hola, Harry!

Sirius… pensaba que ya no iba a volver a soñar con vos… pensaba…

Ya sé. Lo siento tanto, Harry. Pero entendeme, esto que hago no es una cosa sencilla. Comunicarme con vos a través del velo no está permitido. Perdón por haber demorado tanto.

Sirius, las cosas están muy mal.

Ya sé. Por eso vine. Dije que siempre te iba a cuidar, ¿o no? –miró a Harry con ternura y compasión en los ojos– Perdón por no poder estar allí en persona, Merlín, yo tendría que encargarme de ellos, no vos. –rió– Sabés… yo siempre había creído que cuando uno se moría dejaba el espíritu belicoso… las ganas de pelear atrás. Después de todo, si uno lo piensa después de la muerte ya no queda nada por qué pelear. Bueno… en parte es verdad… pero me muero de ganas de volver y darles su merecido a esos malvados… me encantaría atacarlos a punta de varita, a puro hechizo…

Y hacerte matar de nuevo. –completó Harry– Admirables sentimientos, Sirius, pero en este momento no me sirven de mucho…

Sirius volvió a reír. –Ya sé, ya sé… pero es que no puedo con mi genio. –le dirigió una mirada tímida– Pero no todo ha sido tan malo, según tengo entendido Hubo algunos desarrollos interesantes desde la última vez que no vimos, ¿no?

Harry se puso pálido. –¿Vos sabés sobre eso?

Sirius sonrió con picardía. –La omnisciencia es una de las muchas ventajas de los muertos. ¡Y vamos…! No sientas vergüenza. Me alegro mucho por vos.

Harry giró la cabeza para mirar al mar. –Ni sé muy bien lo que está pasando. Y lo que quiero decir es… que me da miedo. No era algo que hubiese considerado antes… y con Draco Malfoy nada menos.

Ya te había dicho que el iba jugar un papel muy importante enseñándote quién sos. No es algo de lo que tengas que tener miedo, Harry. Sé que todavía estás muy sensible por lo que pasó con Ginny, pero de nada sirve que quieras negar quién sos.

Harry asintió. –Lo estuve pensando mucho estos días y llegué a la misma conclusión. La vida es muy corta…

Sirius lo tomó de los hombros y lo hizo dar vuelta para que lo mirara a los ojos. –Harry, vos no te vas a morir. No en el corto plazo por lo menos.

Harry frunció el ceño. – Ves… para vos es fácil decirlo…

¡Lo digo en serio! No lo diría si no fuera verdad. Draco y vos no van a morir allí.

¿Y cómo carajo vamos a escapar?, ya que sabés tanto. –dijo Harry algo molesto.

Sirius lo miró con ojos serenos, la fuerte brisa le agitaba los oscuros cabellos frente al rostro. –Sólo tenés que esperar.

¿Qué!

No hay nada que puedas hacer, creí que de eso ya te habías dado cuenta. Tenés que sentarte a esperar. Algo va surgir… y será porque Draco está con vos. Ya te dije que él juega un muy importante papel. –le dio un golpe juguetón en el brazo– Tenés que tener más fe.

¡Pero no puedo quedarme sentado a esperar! –protestó Harry.

¡No tenés alternativa! –sonrió– Tenés la misma impulsividad e impaciencia de James. Por eso éramos tan amigos y nos metíamos en tantos líos en la escuela. Éramos demasiado parecidos y eso atentaba contra nuestra propia conveniencia. Afortunadamente teníamos a Remus que nos ponía freno con su consideración y su paciencia y su… bondad. –sonrió con ojos de dicha y los volvió a la lejanía gris. Harry se empezó a preguntar si su padrino se había olvidado de que él estaba ahí, pero finalmente Sirius volvió a mirarlo, ahora con una sombra de tristeza – Opuestos, ¿te acordás? Sos mucho más fuerte si tenés algo que te contrabalancee.

Harry lo miró. –¿Cómo sé que todo es real? Sé que me dijiste que tengo que tener fe. Pero, ¿cómo sé en qué tengo que creer? ¿En quién creer? ¿Cómo sé con certeza que vos no sos un producto de mi imaginación?

¿Qué podría hacer para probártelo?

Decime algo, algo de lo que no hubiera podido enterarme de otra manera.

Sirius sonrió. –Está bien… cuando se escapen… y fijate que digo cuando se escapen, no si se escapan… preguntale a Remus por Israfil.

¿Qué?

Bueno… es algo que sólo podrías haber oído de mí o de él. Nadie más sabe… ya es tiempo de que me vaya. No quiero que te preocupes por nada, va a ser difícil pero vas a saber superarlo. Vos y Draco podrán superarlo, sólo tienen que resistir. Y ya no tengas miedo de ser quien sos. Y otra cosa, Harry… cuidá mucho a ese chico.

oOo

Harry despertó con la cabeza apoyada sobre el pecho de Draco. Se quedó unos momentos disfrutando de la suave respiración del otro y de la mano que le tenía posada sobre los cabellos.

–Buen día. –dijo Draco con cierta torpeza.

Harry se incorporó un poco apoyándose en un codo. Draco lo miró con ojos cansados y esa boca suya tan deliciosa. –¿Estás bien?

Draco asintió. –Claro, ¿vos?

–Bien. ¿No tenés mucho frío? Es una mañana helada.

–Podría ser peor. –Draco se sentó, Harry tuvo que desplazarse un poco– Sobre… sobre lo de anoche… Harry, quiero que seas franco conmigo… ¿lo hiciste porque era lo que realmente querías? Quiero decir… ¿no te arrepentís…?

–No me arrepiento de nada, –se apresuró a asegurarle Harry– estoy contento de que haya pasado.

Draco suspiró. –Sabés… estuve mirándote dormir durante una hora, preguntándome qué pasaría cuando te despertaras. Anoche estaba con la guardia baja. Pensé que quizá no era eso lo que querías… que lo habías hecho porque tenías miedo y que te había parecido que por una vez te podía venir bien…

–Perdón. En serio. Debería haber sido honesto con vos desde el principio. Soy pésimo para hablar sobre estas cosas. Ya sabía que era bisexual… desde hace varios años… Para mí nunca constituyó un problema… nadie sabe, ni Ron ni Hermione. Yo… debería habértelo dicho, pero la cosa era que no sabía bien qué decirte. Fue ocurriendo gradualmente, pero ya lleva algún tiempo. Creo que empecé a desearte desde antes de Año Nuevo y lo de Ginny… pero no me había detenido a pensarlo, no fue algo que yo hubiera estado esperando. Y empezar una nueva relación me daba miedo. Quería decírtelo, especialmente después que supe de tus sentimientos por mí, pero no sabía cómo ponerlo en palabras. Fui un boludo y lo siento mucho… pero ya no quiero seguir teniendo miedo. No de esto, al menos, si vos me querés… te prometo que no voy negar lo que siento.

Harry lo miró, las comisuras de Draco temblaban como si estuviera esforzándose para no reírse. –Nunca oí a nadie usar tantas palabras para decir algo tan simple.

Harry revoleó los ojos. –¿Pero me entendiste?

–Creo que sí. –lo miró levantando ligeramente una comisura y una ceja– Pero me puede llevar un cierto tiempo procesarlo… así que es posible que me lo tengas que decir de nuevo.

Harry sonrió. –Me parece justo. –lo hizo recostar sobre las mantas– Voy a tratar de no usar tantas palabras esta vez.

Besar a Draco a la luz del día era diferente. Los dos se mostraban vacilantes, tímidos y torpes, pero al mismo tiempo parecía más tangible. Era cierto, estaba en los brazos de Draco Malfoy. Surrealista quizás… pero para nada desagradable.

Draco le tomó las manos y se las frotó suavemente y sopló con su aliento tibio. –Merlín, ¡esto es una heladera! No puedo creer que todavía no nos hayamos muerto de hipotermia. Mirame las uñas… las tengo azules.

Harry sonrió. –Y tenés la nariz roja también.

Draco gruñó y se tapó con las mantas. Harry se envolvió con él y le empezó a llenar la cara de besos.

Draco hundió la cara en el cuello de Harry. –¿Por qué no tenés miedo, Harry? Ya sé que vos estás acostumbrado a todo esto del peligro mortal, que puede que para vos no sean más que paparruchas… pero tenés que reconocer que la situación nuestra pinta pero que muy mal…

–Vamos a salir de ésta. –respondió Harry calmo– Anoche tenía mucho miedo, te diría que hasta estaba aterrado. Pero ahora sé que vamos a escapar. No podemos terminar acá, todavía tenemos muchas cosas por hacer.

–¿Cómo podés estar tan seguro? No me contestes, no me importa. No me importa si es real o no. No quiero pensar. Tampoco en la atracción que sentís por mí. No, no digas nada. En este momento no me importa la verdad, si estos van a ser mis últimos momentos sobre la Tierra prefiero vivirlos en un paraíso, por más artificial que sea. Y si vos me asegurás que vamos a salir de ésta, yo estoy más que contento de creerte. Y te digo algo más –agregó temblando– cuando salgamos me voy a tomar unas vacaciones, ya no soporto este clima de Inglaterra, el sur de Italia debe de estar estupendo en esta época del año.

–¿Puedo ir yo también?

–Por supuesto. Tenemos una residencia de vacaciones, una villa, muy bonita, te va a gustar.

Harry le metió la mano bajo la chaqueta y comenzó a trazar dibujos con el dedo sobre la remera. Era lindo bromear sobre la vida que podrían tener en el mundo exterior, por poco sustento real que pudiera tener; seguramente si los padres de Draco lo encontraban en alguna de sus casas de vacaciones lo atacarían sin vacilar con todos y cada uno de los hechizos que conocían. Draco tenía razón, mejor era imaginar paraísos. –Contame de los lugares que conocés.

–Bueno, en Francia tengo familia, fui en muchas oportunidades. Tenemos una casa fabulosa en París. París te va a gustar. Me pasaba mucho tiempo en el Cimetière du Père-Lachaise fingiendo ser un artista bohemio. Las catacumbas son también asombrosas. Subí también a la torre Eiffel, pero no me gustó mucho que digamos, demasiados turistas muggles. Hay unas pastelerías increíbles en la rue Baudelaire, eso está en la zona de los magos. Y hay muchas casas de alta costura, pero me parece que eso a vos mucho no te va a interesar. Íbamos también mucho a Italia, tenemos una viña allí. En verano el clima es muy cálido y el perfume de las uvas llena el aire por completo. Me encantaba ir a Venecia para el carnaval. Mi madre me llevaba siempre a la ópera. Y solíamos vagar despreocupados por los canales y callejuelas tomando helado. A ver… adónde más, varias veces fui a esquiar a Austria, pero ahí no te voy a llevar porque seguro que vas a esquiar mejor que yo desde el primer día y te agarraría bronca. Egipto es muy bueno también, fuimos a ver las pirámides y mi padre me llevó a ver a una esfinge de verdad, pero no te permiten acercarte mucho. Ese verano me di cuenta de lo bien que me quedan las togas blancas ondulantes. Estuve dos veces en Nueva York, tengo un tío allá. Un día, yo tenía quince años, un tipo de pantalones de cuero, que estaba rebueno, quiso levantarme; lo rechacé por supuesto, pero me sentí de lo más halagado. Era medio parecido a vos y me inspiró un montón de fantasías viéndote a vos vestido como motociclista. Bueno… ahora es tu turno… ¿adónde me vas a llevar cuando salgamos de acá? Hablá rápido, no quiero seguir soltando indiscreciones.

Harry sonrió sintiéndose muy torpe. –Yo nunca estuve en el extranjero.

–¿Nunca fuiste de vacaciones?

–No, cuando era chico los Dursleys fueron varias veces de vacaciones a España, pero a mí me dejaban con una vecina. Era mejor así, no me hubiera gustado viajar con ellos. Después, las vacaciones siempre fueron ir a la casa de Ron.

–¡Pobrecito niño, carente de tantas cosas!

–¡Andá a cagar! –Harry sentía vergüenza de no saber nada, de no conocer nada del mundo. ¡Cómo le habría gustado visitar todos esos lugares de los que Draco le había contado! Se apretó al cuerpo de Draco, ¿se terminaría cansado de él cuando se diera cuenta de lo palurdo que era?

–Me gusta este juego, –dijo Draco– Imaginar que todo está bien es divertido, y hace todo más fácil. Pero en realidad vos no creés que vayamos a salir de ésta…

–Sí que lo creo. –dijo Harry con determinación– No me preguntes por qué. Tengo la absoluta convicción de que tenemos que esperar… y que algo va pasar.

– Bueno… supongo que no pierdo nada creyéndote. Merlín, ¡qué hambre que tengo! Mataría por una esas tortas de chocolate de la señora Weasley.

–O unos de esos asados que servían en Hogwarts…

–Sí… con papas doradas de superficie crujiente y la carne tierna… un manjar… y pastel de manzana de postre… con crema batida…

–Y pasta frola… lo que no daría ahora por una porción de pasta frola.

–Y qué bien que nos vendría ahora para calentarnos un plato de la sopa de zapallo bien especiada que servían en invierno…

oOo

Harry volvió a dormirse poco después, las fantasías gastronómicas indujeron un sueño en el que buscaba a Draco en las cocinas, se cruzaba con Hermione que revolvía un gran caldero en el que burbujeaba un líquido negro de aspecto tóxico, Hermione le recordó que tenía una reunión con Dumbledore y que se diera prisa. Finalmente había encontrado a Draco junto al fuego, mejillas surcadas de lágrimas, sosteniendo el Sombrero Seleccionador en las manos cubiertas de sangre.

Se despertaron cuando oyeron pasos acercándose por el corredor exterior, Harry se puso inmediatamente de pie, separándose con expresión culpable.

–¿Cuánto habremos dormido? –preguntó Draco.

Harry se encogió de hombros. Estaba algo mareado por el hambre y por haberse apenas despertado.

La puerta se abrió con un estruendo y entraron varios mortífagos. No tenían las capuchas puestas. Harry reconoció a su carcelero habitual en el hombre fornido de rostro plano. Los otros eran Walden McNair y una mujer de mandíbula enérgica y cabello negro corto. La mujer miró a Draco un instante y luego fijó la vista en Harry. –Pensé que sería más alto. –dijo.

McNair dio un paso y cruzó la barrera sin dificultad. –¿Estás seguro de que esta cosa es lo suficientemente fuerte para contenerlos, Goyle? –preguntó girando ligeramente la cabeza por sobre el hombro.

–Todavía están acá, ¿no? Potter no tiene su varita y al otro de poco le serviría tener una. Es perfectamente segura. –el que debía de ser el papá de Greg Goyle dejó sobre el suelo un plato con pan y una jarra de agua.

Draco seguía acostado en el suelo, apretando las mandíbulas, sin levantar la vista.

–Es difícil de creer, ¿no? –dijo McNair con desprecio– que esta mierdita lastimosa haya causado tantos problemas… de pura suerte por supuesto. Pero es muy bueno para escaparse y esconderse.

–Seguro que Ud. sabe mucho de eso, –le espetó Harry– no vale nada sin su pretendido Lord. No es más que un asesino rastrero y vil, sádico enfermo…

McNair lo miró con una mueca de desdén. –Diga lo que quiera, Potter, en un par de días el señor Oscuro regresará de sus negociaciones con los gigantes y Ud. y el rubiecito éste morirán de la peor manera.

–Son lastimosos. –murmuró Harry– Todos ustedes… y Voldemort el más miserable de todos… cobarde abyecto… que tiene horror ante la sola idea de la muerte, tiene miedo de ser humano.

Un haz rojo brotó de la varita de McNair y le dio a Harry de lleno en el pecho y lo arrojó hacia atrás. El Cruciatus le quemó la piel, le astilló los huesos, le excitó el dolor al máximo en cada una de las terminaciones nerviosas. Se contorsionó en agonía tratando de resistirlo, pero era imposible, sus gritos desgarrados resonaron aturdiendo.

Oyó la risa histérica de la mujer y una voz desesperada que gritaba su nombre. Luego lo envolvió una bruma blanca y un instante después perdió la consciencia.

oOo

Cuando volvió en sí tenía ganas de vomitar. Tuvo que respirar hondo un par de veces pero por fortuna pudo superar la náusea. Sentía como si tuviera desgarrados todos los músculos y le ardía toda la piel. Alguien le estaba acariciando los cabellos. Dejó escapar un sonido…

–¿Harry?

Con gran esfuerzo abrió los ojos. Estaba todo casi a oscuras, lo cual no dejaba de ser una bendición, igual pudo distinguir el rostro de Draco encima de sí, mirándolo con ojos muy abiertos y asustados.

Logró dibujar una débil sonrisa. –Hola… –la voz le había salido como un graznido.

Draco soltó un sonido ahogado, estaba al borde de las lágrimas. –¡Hijo de puta! ¡Creí que te habían matado! ¡Creí que me habías dejado solo!

Harry hizo un esfuerzo monumental y logró sentarse. –Hace falta más que eso para acabar conmigo. No te olvides de que no es la primera vez. Además… no pueden matarme, me tienen que preservar para su venerado amo.

–¡No puedo creer que les hayas dicho todas esas cosas!

–No puedo dejarles ver que tengo miedo, –replicó Harry– una pequeña victoria, lo admito, pero es mejor que nada.

Draco lo censuró con un gesto. –Tu temeridad no tiene límites, lo sabés ¿no? ¿Por qué carajo los provocaste así? ¿Para demostrar qué? ¡No sabés lo aterrado que estaba! Y con todo lo que ya me tocó pasar…

Harry estiró una mano para acariciarlo pero Draco se la apartó. –Perdón, perdón por haberte asustado tanto. Pero no puedo dejar que me intimiden. Puede que termine derrotado, pero no voy a dejar de pelear hasta el final.

–Bravuconerías al pedo de Gryffindor…

–Vamos che, no te pongas así… – finalmente Draco aceptó con cierta displicencia la caricia.

–Comé algo de pan, estás muy débil.

–Está bien. Y después nos vamos a dormir. Aunque estuve inconsciente hasta hace unos minutos, ya me dio sueño…

oOo

¿Podía uno volverse adicto a la boca de otra persona? Harry ya llevaba un buen rato besando a Draco y parecía no poder parar. Había algo de obscena y prístina lujuria en eso de besar por el simple placer físico; un banquete para los sentidos. Quiso envolverse por completo en Draco y se sorprendió un poco cuando el otro intentó apartarse. Harry no lo iba a permitir, se lo acercó más. La erección de Draco tomó contacto con su muslo, aaahh… ésa había sido la razón. Harry acomodó el ángulo de sus caderas para demostrarle que no había por qué sentirse avergonzado… él estaba en la misma condición.

Draco se estremeció y no pudo evitar frotarse un poco contra él. –Bueno… parece que sí te gusto.

Harry le mordisqueó una oreja y le chupó el lóbulo. –Naturalmente. –lo sorprendía la poca inhibición que sentía, había sido siempre tan torpe en los juegos amorosos. Quizá era porque estaban en una situación desesperada, o quizá porque se trataba de un chico; fuera cual fuera la razón, con Draco no sentía timidez. Draco lo excitaba al máximo y no tenía ningún inconveniente en demostrárselo.

Harry con suavidad lo hizo poner de espaldas y fue descendiendo las manos acariciándole el torso. Draco tembló con nerviosa anticipación cuando le desabrochó los pantalones. Harry trató de concentrarse sólo en sus sensaciones y deseos, estaba nervioso, incursionaba en un terreno desconocido… Metió la mano y la envolvió alrededor del pene… era la primera vez que tocaba otro que no fuera el suyo. Draco hundió el rostro en su cuello, jadeante de deseo. Harry reunió todo su valor de Gryffindor, sabía por experiencia propia lo que resultaba placentero, sé cómo hacerlo, pensó.

Empezó a hacerle todo lo que gustaba hacerse cuando se masturbaba. Lentos y acariciantes frotamientos a lo largo, imprimiéndole giro simultáneo a la muñeca con presión rítmica de los dedos. Luego bajó a masajearle los testículos. Retornó luego a estimular con movimientos circulares de la palma sobre la punta de la cabeza. Draco había empezado a colaborar con movimientos de las caderas, aumentado la frecuencia, y gemía suavemente en el cuello de Harry.

Harry sepultó los dedos de la otra mano en los cabellos platinados y le desplazó lentamente la cabeza hacia atrás. Buscó la boca, abierta en jadeos de placer, y la reclamó con la suya sondeando con delicadeza el interior con la lengua. Draco se entregó al beso, sus dedos hundiéndose en la espalda de Harry, con gemidos de ansia contenida y desesperada. Su erección había alcanzado el apogeo y comenzó a pulsar, Harry aceleró entonces el frotamiento y segundos después sintió los chorros explotando en su mano. Draco se contorsionó en éxtasis, las caderas sacudiéndose en espasmos salvajes, gimoteos amortiguados que se perdieron en la boca de Harry.

La erección de Harry se había tornado dolorosa, demandaba alivio inmediato; pero se exigió paciencia, siguió besando las sienes de Draco esperándolo hasta que descendiera de las cimas del placer que lo habían arrebatado.

Draco suspiró gozoso, disfrutando las atenciones, levantó una mano y con dedos inseguros le fue acariciando el rostro, había tanta ternura en el gesto, ternura de la que Harry nunca lo hubiera creído capaz. Y momentáneamente el deseo intenso se mezcló con un sentimiento de otra clase.

No tuvo tiempo de ponerse a analizarlo, sin embargo. Draco tomó la iniciativa, lo hizo acostar de espaldas y lo besó con el entusiasmo de un chico con juguete nuevo. Inmediatamente después se metió debajo de la manta. Los ojos de Harry se abrieron sorprendidos y un intenso ardor le subió a la cara cuando sintió que le bajaba el cierre de los jeans. Ginny nunca había llegado a tanto. Trató de contener unas risitas nerviosas que pugnaban por escapársele. ¡Merlín, cuánto lo deseaba!... y al mismo tiempo le daba algo de miedo. Se le cruzó la peregrina idea de si sería realmente sensato tener los dientes del que alguna vez había sido su declarado enemigo en tan cercana proximidad de sus genitales.

En un instante, sin embargo, Draco le había dado a su talentosa boca un uso nuevo, totalmente innovador. Harry se olvidó por completo de nervios o inquietudes, los ojos parecieron dársele vuelta alrededor de la cabeza y tuvo que taparse la boca con el brazo para acallar y contener los gritos que se le atropellaban en la garganta. Se sintió desfallecer de regocijo, la lengua de Draco recorriéndole la verga con movimientos circulares, los labios succionando con suavidad… Era… era lo mejor que había sentido en su vida. Draco era un genio… Nada de lo que había experimentado era comparable… Un placer que iba creciendo de a poco pero constantemente y llegaba a niveles casi intolerables y que sin embargo no parecían ser suficientes.

Una intensa onda de calor se le concentró en la entrepierna y supo que estaba al borde del orgasmo. –Draco… –advirtió con un susurro, no fuera que al otro no le gustara que le acabar en la boca– Draco, voy a…

Pero ya era demasiado tarde, el cuerpo pareció derretírsele y expandírsele al mismo tiempo. Era tan espectacularmente bueno que hasta era doloroso. Arqueó la espalda abandonándose, apretó la manta con los puños, ascendía cabalgando en ondas de placer que se iban potenciando hasta niveles imposibles… finalmente cedieron, se dejó caer con un tenue gemido, colmado y exhausto.

Draco resurgió de debajo de la manta, jadeante y limpiándose la boca con el dorso de la mano. Los cabellos le brillaban a la luz de la luna. Se le recostó encima y se distendió completamente. Harry lo envolvió en sus brazos.

–Draco… ¡fue alucinante!

–Menos mal… estaba muy nervioso, nunca antes lo había hecho… tenía miedo de que resultara un desastre…

–Increíble. –insistió Harry.

Draco dejó escapar un sonido de satisfacción. –Vos también estuviste increíble. La mejor paja de mi vida…

A Harry le hubiera gustado seguir hablando, pero el sueño los iba invadiendo, la actividad los había dejado exhaustos. Cerró los ojos y se dejó llevar por esa sensación de pacífica satisfacción hasta que las sombras de alrededor se desdibujaron por completo.

oOo

No hubo la incomodidad de la mañana siguiente. Se levantaron, se acomodaron las ropas e intercambiaron sonrisas cómplices. Quizá era porque se estaban acostumbrando, pero el sótano ya no parecía tan frío.

–Es raro, –dijo Draco– Sé que hoy va a pasar algo terrible. Que es posible que nos maten. Y sin embargo ya no siento miedo. ¿Por qué será?

–Estás cansado, –replicó Harry a modo de explicación– el miedo demanda mucho gasto de energía y tu cuerpo se niega a dársela.

Draco sonrió. –Bueno… suerte que mi cuerpo tiene sentido práctico, probablemente tenés razón. Además ahora te tengo a vos.

–Yo estuve acá desde el principio.

Draco le dio un leve empujón en el brazo. –Salí… vos sabés bien lo que quiero decir, ahora te tengo. No quisiera que esto termine, pero si tiene que terminar, estoy contento de que termine así. Nunca pensé que podría llegar a pasar… vos y yo… y si llega a ser el final, será un estupendo final.

–Vamos a escapar de ésta. Sólo tenemos que resistir.

Draco sonrió. –Lo que vos digas, cielo.

La mañana pasó rápidamente. Harry quería confiar en lo que le había dicho Sirius pero no veía cómo iban a poder escapar. Voldemort llegaría en cualquier momento y encerrado y sin varita no tenía ninguna posibilidad contra él. Pero el sueño era todo lo que tenía y se iba a aferrar a eso. Quería tener fe. Por suerte, al igual que a Draco, los miedos parecían haberlo abandonado. Quizá algo tenía que ver la gloriosa mamada…

–¿Por qué estás sonriendo? –preguntó Draco, aunque seguramente ya sabía la respuesta.

–Lo de anoche.

Draco revoleó los ojos y dijo socarrón: –No puedo creerlo, estamos encerrados en un sótano, cagados de frío y de hambre, a punto de que nos maten y vos no hacés más que pensar en tu bragueta.

–Me juego a que vos también.

Draco ni se molestó en negarlo. –Ojalá pudiéramos tener otra noche.

–La vamos a tener. Todo va a salir bien. Vamos a escapar. Me prometiste que me ibas a llevar a tu casa de Italia. Ni pienses que te voy a dejar zafar de la promesa permitiendo que te maten.

–Verás, Potter, eso sólo te lo dije para poder llevarte a la cama, supongo que no esperabas que lo cumpliera.

Harry rió. –Embustero, ¡cómo me dejé engañar!

Draco suspiró y le reclinó la cabeza sobre el hombro. –Estoy tan feliz de que estés conmigo. Me siento feliz de haberte conocido y de poder haber… madurado, siquiera un poco. Ojalá pudiera volver a ver a mis padres de nuevo.

Harry le pasó una mano sobre los hombros. –Los vas a volver a ver, –susurró– todo va a salir bien, no voy a dejar que te pase nada.

oOo

Para disgusto de Harry fue Bellatrix la que les trajo la magra cena. La depositó sobre el suelo fingiendo una reverencia servil. Harry inmediatamente se ubicó delante de Draco como para protegerlo.

Cuando Harry era chico, siempre había relacionado maldad con fealdad, las brujas y ogros de los cuentos de hadas sustentaban esa teoría de que las malas intenciones terminaban por impregnar el aspecto físico y se hacían manifiestas a simple vista. Sin embargo Tom Riddle había ocultado tras su apostura física un corazón despiadado y una mente llena de odio. Bellatrix Lestrange era otro claro ejemplo que desmentía la teoría de su infancia. Incluso aborreciéndola como la aborrecía, Harry no podía negar que se trataba de una mujer hermosa, incluso luego de años de encierro en Azkaban. La roja boca sensual, la melena negra muy poblada y la profundidad de sus ojos podían seducir a cualquiera. Era muy inquietante que tal belleza ocultara tanta perfidia, tanto fanatismo y locura. Resultaba mucho más amedrentadora así, una pantera, una cobra pronta a atacar. Harry iba a proteger a Draco de ella.

–Sáquenle el mayor provecho posible, –dijo con su voz de tonos intensos– será probablemente la última comida. El Señor Oscuro ha escrito que regresa mañana. Tiene muchas ganas de verte, Harry, aunque se sorprendió de que hubiera sido tan fácil. Nunca pensó que te fueras a entregar así. Nos agradeció que te mantengamos en buenas condiciones, y se mostró muy contento también por éste. –hizo un gesto desdeñoso hacia Draco– Seguro que le estuviste contando un montón de secretitos, ¿no?

–¡A ustedes no les voy a decir nada! –le espetó Draco con más valentía de la que Harry lo hubiera creído capaz– Traicionaste a nuestra familia, prefiero morir antes que decirles nada a vos o ese hijo de puta que llamás amo.

La ira relumbró en el rostro de Bellatrix y luego dibujó en los labios una desagradable sonrisa. –Por eso no has de preocuparte, querido sobrino, vas a morir, de eso podés estar seguro. Sos tan despreciable como un muggle, sería una verdadera crueldad dejarte vivir. Pero te puedo garantizar que antes vas a hablar, a pesar de esta suerte de pseudovalentía que les has copiado a Potter. Sé que no es más que una pose, sé que seguís siendo el nene mimado que haría cualquier cosa con tal de vivir opulentamente y sin problemas. Carecés de fortaleza y por eso le fallaste al Señor Oscuro. Vas a berrear como un cerdo apenas empiece la tortura, ni te imaginás las refinadas formas que tenemos para provocar dolor, vas a traicionar a los que intentaron proteger tu insignificante vida en el primer minuto del tormento.

–¡Déjelo tranquilo! –vociferó Harry– No sabe nada, bien podrían dejarlo libre.

Ella rió con desprecio. –Ni siquiera vos poder ser tan idiota, Potter. ¡Cómo si fuéramos a mostrar piedad por este gusano traidor! ¿No me vendrás a decir que realmente te importa lo que le pase? ¿No ves que no es más que un…?

–¡Váyase! –aulló Harry– No ganarían nada matándolo. –instintivamente Harry extendió la mano hacia la de Draco.

Ella lo miró extrañada. –Te importa realmente… ¡pero quién lo hubiera dicho! El gran héroe de Gryffindor seducido por… bueno… esto. Sería hasta gracioso si no fuera tan repugnante. ¿Qué diría la gente si se enterara de que Harry Potter no es sino un depravado?

–¡Cállese! –gritó Harry– ¡Cállese, víbora asesina, perra enajenada! ¡Ud. es la depravada, excitándose torturando gente! ¿Cree que Ud. le importa a Voldemort? A él no le importa nadie, lo único que hace es sacarles provecho mientras le son útiles. ¡Usted es una alimaña, una loca de mierda!

No pudo seguir gritando insultos, un rayo rojo le dio certero en el pecho, quedó paralizado, sin poder moverse o hablar. Bellatrix era rápida y diestra con la varita, pero no iba a matarlo, tenía que preservarlo para su amo y no osaría nunca desobedecerlo, aunque se estuviera muriendo de ganas.

–Eso fue una necedad… –susurró ella, el bello y mortífero rostro apenas a centímetros del de Harry– y tal necedad no saldrá libre de castigo.

–¡No le hagas daño! –advirtió Draco tratando de ocultar el terror que sentía.

–Bien que podría, sería tan fácil. Pero no, eso no le haría nada… está acostumbrado al dolor, si hasta es posible que lo disfrute. No… es un héroe al que le gusta salvar a la gente. No le importa lo que le pase… pero sé de algo que sí le va a causar daño… ¡Vení acá, Draco!

Bellatrix cogió (¡!) a Draco por el cuello de la chaqueta, lo arrojó al suelo y lo apuntó con la varita.

Lo peor era oírlo gritar… gritar, y gritar… sabiendo lo que estaba sufriendo y no poder hacer nada para parar la tortura. Las lágrimas corrían por la cara de Harry. Quería librarlo del dolor, Draco estaba lejos de ser perfecto pero se estaba esforzando tanto… Draco que lo hacía sentir tan bien… Harry daría lo que fuera por salvarlo…

La agonía parecía prolongarse eternamente. Finalmente Bellatrix levantó la maldición.

–Suficiente por esta noche, –dijo– tengo que dejar algo para el Señor Oscuro. –miró burlona a Harry y también lo libró del hechizo. Harry cayó al suelo junto a Draco, cuando volvió a levantar los ojos, Bellatrix ya se había ido.

Draco estaba inconsciente. Draco le limpió algo de sangre que le había brotado por la nariz. Sabía que tenía que ser muy cuidadoso, tras el Cruciatus todo el cuerpo parecía estar en carne viva, todas la terminaciones nerviosas expuestas.

–Draco, –susurró Harry– ya pasó… ya se fue… Draco, volvé a mí.

Draco abrió los párpados. –Todo terminó.

–Sí, –replicó Harry– ya no te preocupes, ya se fue…

–No, –dijo Draco con ojos inyectados de dolor– quiero decir para nosotros. Ya no podemos negarlo, vamos a morir acá, va a venir mañana y nos va a matar, ¿para qué engañarnos?

–No digas eso. Todo va a salir bien. Vamos a escapar de alguna forma…

–¡Harry, basta! –Draco se sentó con un temblando de dolor– es peor, enfrentemos la verdad…

–No, –insistió Harry– no hay ninguna verdad que enfrentar… –lo abrazó tratando de hacer desaparecer con el contacto todo el miedo y el dolor –Vamos a salir de acá, te lo aseguro. Voy a hacer un trato con vos… cuando nos escapemos y estemos de nuevo en casa… vamos a perder la virginidad juntos.

Draco rió. –Decís eso porque sabés que nunca vamos a salir de acá.

No, –dijo Harry– no me voy a morir sin haber tenido sexo, y después de lo anoche, quiero que sea con vos…

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Saepe creat molles aspera spina rosas

Del más áspero espino suelen brotar las rosas más delicadas. (Ovidio)