Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Autora: Alysian_Fields

Finite Incantatem

Capítulo 13 – Per aspera ad astra

Era delicioso abandonarse en la oscuridad con Draco. Olvidarse de quiénes eran, olvidar el pasado, sólo dos personas dándose mutuo placer. Draco podía marearlo de deseo, podía ponerlo frenético incluso. Todo él era deseable. ¿Cómo era que no lo había notado antes? Y era tan maravilloso sentirse deseado por Draco. Que el mismo chico que durante tanto tiempo se había mostrado odioso mostrara tal gozo haciéndolo sentir bien. Y a Harry le encantaba también hacerlo sentir bien. Era increíble que el otrora frío y altanero maestro del autocontrol fuera el mismo que el que, sudoroso y temblando en sus brazos, le suplicaba que no se detuviera, que siguiera con lo que le estaba haciendo.

A pesar de la gravedad de la situación, los dos habían decidido que ésa era la forma en la que querían pasar la que podría ser su última noche.

Los besos de Draco eran desesperados y febriles. La embestida pasional era abrumadora, casi demasiado para soportarla. Los dedos de Draco se entrelazaban en sus cabellos hasta el punto de provocar dolor, Harry no deseaba que se detuviera, sentía en cambio como una compulsión de causarle dolor también. Le enterraba las uñas en la espalda deseando dejarle marcas en la perfecta y sedosa piel. A Draco tampoco parecía importarle, aulló de deseo y tironeó de los cabellos con más fuerza aun. La intensidad de las sensaciones era tal que a Harry se le dificultaba respirar. Jadeando chupó con violenta succión el cuello de Draco.

Se frotaban con frenesí uno contra el otro. Era frustrante desearse de tal forma y contenerse. Harry hubiera querido pasar a la siguiente etapa, consumar… quiero cogerlo, pensó. Lo sobrecogió lo visceral del ansia que lo embargaba. No se trataba de "hacer el amor", con su connotación de noble relación física. Draco emanaba puro sexo.

Hubiera sido tan fácil en la oscuridad, hubiera sido tan fácil rendirse sin restricciones al deseo. Draco se sumaría gustoso. Pero eso sería como reconocer la derrota. Horas antes le había prometido que consumarían cuando hubieran escapado… y aun esperando contra toda esperanza… Harry quería tener fe, fe en lo que Sirius le había dicho.

Draco dejó oír un gimoteo de frustración. –Harry…

–Ya sé, –murmuró Harry– pero…

–Harry…

–No podemos… no todavía… cuando… esperá, movete un poco más cerca –con torpeza le desabrochó el pantalón y luego hizo lo mismo con el suyo, se los sacaron con torpes movimientos de las manos y las piernas.

–Draco… todavía no debemos…

–Ya sé, –Draco se le montó en las caderas– ¡Aaah…!

Harry gimió cuando Draco empezó a frotarse con movimientos circulares. Lo atrajo hacia sí y lo besó agresivamente clavándole al mismo tiempo los dedos en las nalgas. Era tan delicioso sentir la verga dura de Draco apretándose contra la suya a través del fino género de los calzoncillos. Los movimientos ganaron en violencia, se volvieron arrolladores, belicosos incluso.

Draco soltaba una serie de sonidos que eran casi sollozos. Se movía encima de Harry tratando de abarcar la mayor superficie de contacto, frotándose, tratando de aplacar y avivando al mismo tiempo el fuego entre los cuerpos. Avasallado por las sensaciones, Harry no osaba moverse, sólo podía atinar a anclarse en Draco y anclarlo para que no los arrastrara el vórtice de pasión. Gemía indefenso ante las chispas ígneas de placer que partían de Draco y le penetraban el cuerpo.

Draco explotó en el orgasmo entonces con un grito ronco y sacudidas incontrolables y arrastró a Harry también al clímax. Era como ir en caída libre, una sensación de total libertad atado al cuerpo del otro, querían prolongar ese instante por siempre… aunque abajo esperaba la realidad contra la que terminarían azotándose irremediablemente.

Draco se dejó caer encima de él y se abrazaron. Cubiertos de sudor temblaban en el aire frío del sótano… que curiosamente ya no estaba tan frío. Harry había leído sobre la liberación de energía mágica durante las relaciones sexuales, energía que podía adoptar diferentes formas de manifestarse, el calor era una posibilidad. ¿Podrían aprovechar el fenómeno para vencer las barreras del sótano? ¿Sería posible lograr una onda arrolladora de energía suficiente para horadar una brecha? ¡Iban a tener que coger como condenados!

Draco gruñó bostezando y rodó a un costado. Harry le buscó la mano en la oscuridad y se la apretó suavemente. –Aj… –dijo Draco riendo– estoy todo pegoteado, qué bien nos vendría un poco de magia para limpiarnos.

–O al menos una toalla. – interpuso Harry.

Draco se apretó contra él y le posó la cabeza sobre el hombro. –Gracias por hacer que estos dos días hayan sido tan maravillosos. Es una pena que todo tenga que terminar.

Harry no dijo nada. No quería rendirse al desencanto, quería conservar la fe en lo que Sirius le había asegurado.

–Ojalá me maten primero, –continuó Draco– mientras vos estés voy a poder seguir teniendo esperanza. Sin vos… no quiero ni pensarlo…

–¡No digas eso! – lo reprendió Harry.

–Quedémonos despiertos. Es la última noche, no la desperdiciemos durmiendo. Decime cosas lindas, cosas que yo quiero oír… aunque no sean verdad. Y olvidate del pasado… por favor olvidate de todo lo malo que te hice… te amo y te amé durante mucho tiempo… aunque haya tenido una forma muy retorcida de demostrarlo…

–Por eso no te preocupes, –susurró Harry– lo que haya habido para perdonar, ya fue perdonado.

Harry quería lo mismo que Draco, quedarse juntos en la oscuridad susurrándose palabras bonitas, sin preocuparse del pasado o del futuro. Pero los cuerpos los traicionaban, estaban exhaustos y la somnolencia los invadía, el sueño los invitaba tan acogedor…

Ambos tuvieron un sobresalto. Se oían ruidos, alguien se aproximaba. Se separaron tensos.

–¡Es él! –murmuró Draco– Todo se terminó. ¡Oh Merlín! ¿Dónde están mis pantalones? Sería incluso más indigno si tuviera que morir en calzoncillos.

Los dos se vistieron.

Se abrió la puerta. No era Voldemort, la figura entró y se sacó la capucha. Reveló un rostro pálido como el de Draco y largos cabellos rubios muy parecidos a los de él. Se les acercó trémula.

–¿Mamá?

Narcissa Malfoy hizo un gesto como si fuera a abrazarlo, pero finalmente se limitó a acariciarle una mejilla con dos dedos. –Draco…

–Mamá, ¿qué haces acá? ¿Cómo…?

–Draco, no tenemos mucho tiempo. –el tono era urgente– Apenas nos enteramos de que estabas acá hace unos minutos, fue por casualidad, te voy a sacar. –metió la mano en un bolsillo y sacó un naipe arrugado, el as de corazones– Es un traslador, está a punto de activarse, te va a llevar lejos. –le entregó además un sobre– Es dinero muggle, lo vas a necesitar… tenés que abandonar el país, andá a la casa de tu tío en Francia. ¡No hay un segundo que perder!

Draco la miró atónito. –Pensé que ya no me querrías…

Narcissa trató de controlar el llanto que amenazaba con dominarla. –Sos mi hijo, nada en el mundo puede cambiar eso.

–Pero, ¿qué te va a pasar… cuando se den cuenta?

–Por eso no quiero que te preocupes, ya veré cómo me las arreglo. Te aseguro que tendré mucho cuidado… ¡Rápido! ¡Agarrá el traslador!

–Harry viene conmigo.

Narcissa dirigió la mirada hacia Harry, como si hasta ese momento no hubiera notado su presencia. –¿Pero qué estás diciendo! No puedo dejar que Potter se vaya, eso sería demasiado… no hay forma de que…

–Draco, está bien –dijo Harry con un tono de valentía que no sentía realmente– Tu mamá tiene razón, tenés que irte, yo sabré arreglármelas…

–No me voy sin él. Mamá… por favor

–Draco…

–¡Callate Harry! –siseó Draco– Mamá, sin él no puedo… por favor…

Narcissa vaciló. –Oh… está bien… los dos entonces… ya veré lo que hago…

–¡Vení con nosotros! –la urgió Draco– Te van a matar si descubren lo que hiciste.

Ella sonrió. –Draco, tu padre está aquí. No podría resistir solo. Mi lugar es junto a él…

–Pero…

–Draco, ¡por favor! Vos sos lo más importante… y luego viene él…

–Mamá… –empezó Draco de nuevo, estaba al borde de las lágrimas.

–¡Basta, Draco! Ya sos un hombre y tenés una vida por delante que vivir, lejos de todo esto. Olvidate de todo lo que pasó. Olvidate de todo lo que te enseñamos. Llevate a Potter si no hay más remedio. El traslador está a segundos de activarse.

Draco agarró a Harry con una mano y el traslador con la otra.

–Potter… ¡cuídemelo!

Harry asintió. En ese momento se activó el traslador, entraron los dos en el remolino que los llevaría vaya uno a saber dónde, pero adonde fuera, era a la libertad…

oOo

Cayeron bastante violentamente contra el suelo. Harry se quedó inmóvil unos instantes disfrutando la humedad del rocío sobre la piel. La noche era embelesantemente silenciosa. Todavía sostenía en la mano el naipe arrugado, todo había pasado tan rápido: un instante estaban en la oscura celda y al siguiente allí, donde sea que allí fuera.

Draco tosió. Era real. Habían escapado y estaban juntos. Sirius había tenido razón, Harry sintió una oleada de contento. Habían podido escapar y había sido así porque Draco estaba con él. Todo lo que Sirius había dicho cobraba sentido. Se incorporó y se volvió hacia Draco con el rostro jubiloso.

Draco se veía emocionalmente destrozado. –La van a matar. ¡Por qué carajo no vino con nosotros? Podríamos haber planeado juntos cómo liberar a Padre. ¿Por qué dejé que me convenciera? ¿Por qué no la obligué a que viniera?

Harry no sabía qué decir, con vergüenza reconoció interiormente que lo que le pasara a Narcissa no había entrado como factor al evaluar la situación, tan entusiasmado había estado por haber podido escapar. Pero se trataba de la madre de Draco… y probablemente la matarían. Los mortífagos no eran estúpidos, deducirían lo que había pasado. El corazón se le llenó de compasión por el dolor de Draco.

–Lo siento. Draco tendrías que haberme dejado ahí. Sí me tenían a mí no les hubiera importado…

–¡Callate, Harry! –gritó Draco– Tu actitud de autosacrificio no me va a hacer sentir mejor. ¡Mierda! –golpeó la tierra con el puño– Tendría dos personas en la conciencia en lugar de una. Es mejor que no digas nada.

Draco se puso de pie y se alejó de él, envolviéndose el cuerpo con los brazos.

Harry se puso también de pie, se mareó un poco, quizá era por la falta de comida. Se quedó mirándolo. Se dio cuenta de que en realidad no lo conocía, no alcanzaba a entender lo que sentía. La intensidad inmensa del vínculo de Draco con su familia.

Siempre había considerado que lo único que unía a los Malfoys era la conexión de la sangre y parecía que había también mucho amor… ¡qué poco que sabía de Draco! Y lo peor era que Draco siempre parecía saber lo que él sentía o pensaba, Draco sí lo entendía, aunque no siempre estuviera de acuerdo. Harry creía que lo entendía… pero sólo por momentos… por lo demás, Draco seguía siendo para él un enigma no resuelto en muchos aspectos.

Y habían compartido tan íntimamente una hora antes; pero claro, la proximidad física no era lo mismo. Había mucho que todavía tenía que aprender sobre Draco. En ese momento, por ejemplo, no sabía si tenía que tocarlo o no, ¿reaccionaría mal?

–Harry… no te quedes ahí parado mirándome sin hacer nada.

–¿Qué querés que haga?

–Ojalá no tuviera que decírtelo… y pobre de vos si lo llegaras a mencionar más tarde… ¡no puedo creer que tenga que decir esto! Potter… necesito que me abraces.

Harry así lo hizo. Los dos se distendieron juntos. El contacto era terreno conocido y tranquilizador.

Momentos después Harry aprovechó para estudiar el lugar. Todavía no amanecía. Estaban en un pequeño claro cubierto de pasto. Unos metros más lejos había un camino, apenas del ancho de un auto. No tenía la menor idea de dónde podían estar ni de cómo iban a hacer para volver a casa.

–Draco, –susurró– tenemos que ponernos en marcha. No sabemos cuánto tiempo tenemos hasta que se den cuenta… los trasladores pueden rastrearse. Tenemos que encontrar un pueblo o algo así… ¿tenés todavía el dinero que te dio tu mamá?

Draco asintió.

–Vámonos cuanto antes entonces, no sea que nos vuelvan a agarrar…

–Tenés razón… vamos… este lugar no me gusta… y además… ¡mataría por un sándwich! ¡Y hace frío!

–¿Te parece que vayamos en esa dirección?

–Me da igual… si seguimos el camino tarde o temprano vamos a llega a un pueblo. –se puso en marcha sin decir más y Harry lo siguió.

Caminaron rápido, en parte por el frío y en parte porque podían. Estaban libres… podían respirar aire fresco e ir donde quisieran.

Empezó a amanecer, a lo lejos distinguieron las siluetas de unas colinas. El frío mordía impiadoso.

Caminaron en silencio durante un largo rato, Harry no quería decir nada fuera de lugar, el estado emocional de Draco era muy inestable en esos momentos, cualquier palabra que dijera podía empeorar las cosas. Tampoco se animó a tomarle la mano, aunque le hubiera gustado… pero a Draco quizá no…

–¡Mirá! –gritó Draco de pronto, señalando al frente; a lo lejos proyectándose un poco sobre las colinas se distinguía la torre de una iglesia– Ya estamos llegando… no sé adónde… pero algún tipo de pueblo debe de ser…

El camino se había ensanchado y el cielo estaba más claro. Harry se animó a apretarle la mano. Draco no lo rechazó, por el contrario se la apretó a su vez. Oyeron el ruido de un auto aproximándose, Harry le soltó inmediatamente la mano, ¿por qué se avergonzaba?

Se hicieron a un costado del camino, el auto pasó junto a ellos sin detenerse.

–Hay un cartel allá adelante. – señaló Draco. Apretaron el paso. –Bienvenidos a Staveley, –leyó Draco– Supongo que debemos de estar en Inglaterra. ¿Tenés idea de en qué parte de Inglaterra está Staveley?

–Ni la más mínima.

Empezaron a aparecer casitas y cruzaron un par de autos más. Pronto llegarían al centro del pueblo y podrían comprar comida, y preguntar cómo hacer para llegar a Londres.

–¿Adónde vamos a ir? –preguntó Draco– Una vez que sepamos dónde estamos…

–Volvemos a Londres… ¿no te parece?

–Sí… pero te das cuenta que es allí donde nos van a estar buscando.

Harry en realidad no lo había pensado. Era mejor que Draco hiciera como le había dicho Narcissa.

–Tendrías que hacer como te dijo tu mamá, tenés que ir a Francia con tus familiares, allá vas a estar seguro.

–¿Y vos?

–Tengo que volver a la Orden. – respondió Harry, la idea de no tener más a Draco a su lado le provocaba una muy desagradable sensación en el estómago.

–¡Harry no podés! –protestó Draco– ¡Te van a matar! ¿Por qué tiene que ser tu responsabilidad? Ya sé que mató a tus padres… y que sos el heredero de Gryffindor y todo eso, pero no tenés necesariamente que pelear esta guerra. Vos eras el que me decía de la libertad de elegir, ¿te acordás? No dejes que te sigan usando… vení conmigo. Vayámonos juntos a un lugar donde podamos estar seguros. Por favor… no te puedo dejar volver por tu cuenta…

–¡No me tientes! No sabés cuánto me gustaría. Me encantaría irme como con vos y escaparme de todos los problemas y responsabilidades. Pero no puedo, no puedo hacerles algo así, hay mucha gente que confía y depende de mí.

–¡No les debés nada! Te trataron mal cuando les anunciaste que Vos Sabés Quién había vuelto. ¿Por qué no los dejás y que paguen las consecuencias?

–¡Porque no puedo! ¡No podría vivir conmigo mismo si hiciera eso! Y el destino terminaría alcanzándome, Vol… Vos Sabés Quién terminaría encontrándome. Si no lo enfrento… ¿quién sabe cuánto más daño podría hacer? ¿cuánto más poder podría ganar? Y después ya sería muy tarde… No, tengo que volver… andá a Francia, a un lugar seguro… y cuando las cosas mejoren yo te prometo que voy a ir a buscarte…

–No. ¡Mierda, Harry! ¿Por qué tenés que hacerme esto? ¿Por qué tenés que ser tan Gryffindor todo el tiempo? –se pasó los dedos por los cabellos con frustración– Quizá vos puedas dejar que me vaya, pero yo no puedo dejarte. No podría y no lo voy a hacer. No te voy a dejar que vuelvas solo, si tenés que volver me vas a tener que llevar con vos.

–Pero tu mamá dijo…

–¡Ya sé! –lo miró por un segundo como si fuera a pegarle– ¡No te atrevas a recordármelo y refregármelo en la cara! ¡Me doy cuenta muy bien cómo se arriesgó mi madre por mí! ¡Me hace sentir muy mal volver a ponerme en peligro y no hacer caso de lo que me dijo! ¡Yo no soy como vos… del tipo de los que se sacrifican! ¡Mierda, Potter! No te puedo dejar… y no porque sos el que me ayudás a aprender a vivir como squib… y no porque tenga miedo de quedarme solo… sino porque…

–Chicos, ¿les pasa algo? –lo interrumpió una voz que vino desde atrás.

Se dieron vuelta. Un hombre de mediana edad estaba a unos metros de ellos, vestía una gruesa parka de lana y botas altas de goma. Los miraba desconfiado por el aspecto desaliñado que tenían los dos y por lo agitado de la discusión.

Harry respiró hondo y trató de sonar lo más normal posible. –Eh… estábamos haciendo dedo anoche y nos perdimos. Quizá Ud. pueda indicarnos dónde estamos…

El hombre frunció el ceño. –Están en Staveley.

Harry sonrió bobalicón –Eh… sí… claro. ¿No sabe si habrá por acá cerca algún lugar donde podamos comprar comida?… estuvimos perdidos toda la noche y tenemos hambre.

El hombre les dirigió otra mirada suspicaz. –Hay un negocio a dos cuadras de acá, yo voy en esa dirección, ustedes son del sur, ¿no? –lo había dicho sin disimular el tono de desprecio– No deberían hacer dedo si no conocen la zona. – se puso a caminar y los chicos fueron tras él.

Harry sonrió con torpeza. –Sí… tiene razón… eh… ¿cuál sería la ciudad grande más cercana de aquí?

–Kendal.

–¡Conozco Kendal! –interpuso Draco de improviso– ¡Está en el Distrito del Lago!

El hombre los miró con extrañeza. –¿Ustedes, chicos, estuvieron bebiendo?

–Eh… sí, un poco supongo. –dijo Harry sintiéndose cada vez más incómodo– Fue una estupidez… eh… lo único que queremos es poder volver a casa…

El hombre señaló con una mano. –Ése es el negocio, abren a las siete y media, no van a tener que esperar mucho. La parada del ómnibus está junto al camino, pasa uno para Kendal cada hora. Ah… y en el futuro traten de tener más cuidado.

–Sí, –se apresuró a decir Harry– y muchas gracias por su ayuda. –el hombre se alejó mascullando por lo bajo.

–Perdón, –dijo Draco– no quise meter la pata… lo dije sin pensar… no soy bueno para tratar con esta gente.

–¿Con los muggles? Bueno… ya te vas a acostumbrar. No te preocupes… por lo menos ahora ya sabemos dónde estamos. ¡Parecen que ya abren! –una mujer joven estaba poniendo un stand de periódicos a la puerta.

Draco metió la mano en el bolsillo y sacó el sobre con el dinero. –Tenelo y manejalo vos, yo no lo entiendo…

Harry tomó el grueso sobre y miró adentro. –¡La puta, Draco! Acá hay cientos de libras, miles quizá. ¡Mierda!, si alguien nos ve con esto van a pensar que robamos un banco o algo así.

Draco se encogió de hombros. –Mi familia es pudiente… ¿te parece que hay suficiente para que podamos volver entonces?

–Mucho más que suficiente. Pero vamos a tener que tener cuidado, no sea que nos tomen por delincuentes, lo único que nos faltaría es que terminemos arrestados. –Harry sacó dos billetes de diez libras y le devolvió el sobre– Guardalo vos, vamos a ir sacando a medida que lo necesitemos. Vamos, crucemos al negocio.

Cuando entraron sonó una campanilla. Olía a pan recién horneado adentro. Sintieron un renovado aguijonazo de hambre.

–¡Oh, Merlín! –exclamó Draco fascinado con el despliegue de golosinas que había a un costado. –¡Harry, los muggles tienen chocolates de verdad!

Harry no pudo evitar reírse. –Sí, por supuesto…

Reapareció la mujer joven por la puerta de la trastienda. –¡Buen día! –saludó con calidez– Disculpen estaba atrás ocupada con las verduras, ¿qué deseaban?

Harry sonrió aliviado, era tan bueno encontrarse con gente de trato tan amable. –Bueno… sabemos que es muy temprano pero quisiéramos algo para comer… verá, estábamos haciendo dedo y nos perdimos…

–¡Ay pobres! –lo interrumpió la mujer– Es tan fácil perderse en las colinas si uno no conoce la zona. Incluso a mi marido le pasa a veces, ¡y hace quince años que vive acá! –les hizo una seña en dirección a una mesas que había en uno de los extremos– Vayan a sentarse, les voy a preparar té y ¿qué les parecen unos buenos sándwiches de panceta?

Harry podría haber llorado de gratitud. –Eso suena estupendo. Gracias.

La mujer sonrió y desapareció de nuevo en la trastienda. Se desplomaron en las sillas e intercambiaron sonrisas, estaban muy cansados y aliviados como para preocuparse de lo que vendría después. En ese momento estaban seguros y a punto de comer y Harry había empezado a pensar que el ahora era lo único que realmente importaba.

oOo

–¿Por qué no tomamos el Knight Bus? –dijo Draco aferrándose de la manija del asiento de adelante– Desconfío de estos vehículos muggles.

Una pareja mayor se dio vuelta para mirarlos con curiosidad, Harry les devolvió la más inocente de las sonrisas que pudo lograr. –Ya te dije que el Knight Bus es muy arriesgado, –le murmuró Harry al oído– no tenemos que llamar la atención y nos podría reconocer alguien. Esto es perfectamente seguro y la mujer dijo que sólo serían veinte minutos de viaje.

–Los veinte minutos más largos de mi vida. Y suponiendo que sobrevivamos al viaje… –en ese momento el ómnibus agarró un bache y les dio un fuerte sacudón– ¿Cuándo lleguemos a Kendal, ¿qué vamos a hacer?

Harry se encogió de hombros. –Necesitamos ropas nuevas. Compramos algunas y buscaremos algún baño para cambiarnos. Y luego tendremos que ubicar la estación de trenes y comprar un par de boletos para Londres. –Harry lo miró de soslayo, Draco tenía la cara dada vuelta, miraba fijamente a través de la ventanilla. Odiaba tener que poner a Draco en peligro, pero había sido su decisión el quedarse; y una parte de Harry se alegraba de que así fuera, ya no quería estar solo.

Draco le dio un ligero codazo. –Tenemos que bajar, es nuestra parada.

Kendal era un lugar muy agradable, si otras hubieran sido las circunstancia hubiera sido ideal para pasar unos días, pero en ese momento lo único que Harry quería era volver lo antes posible a casa. Los mortífagos ya se habrían dado cuenta de que se habían escapado y estarían tras ellos.

Draco se veía muy mal, parecía que estaba a punto de llorar, Harry hubiera querido abrazarlo, pero no se animó, había mucha gente alrededor. –Vení, ahí enfrente hay un Marks & Spencer, ahí podemos comprar ropa.

Draco frunció la nariz. –No sé, Harry, ¿no te parece que podríamos buscar un negocio de más categoría?

Harry lo miró sin poder creerlo. –Claro que no, y no tenemos tiempo para buscar una boutique mágica de alta costura. Y tenemos que cambiarnos, estamos mugrientos. Estuvimos tres días encerrados con la misma ropa. Marks & Spencer es mucho más que bastante.

Draco lo siguió rezongando. –No me gustan los negocios muggles son deprimentes e inquietantes… debe ser algo que tiene que ver con la iluminación.

Harry revoleó los ojos. –Pero si vos nunca debés de haber entrado en un negocio muggle…

–No, claro que no. ¿Cómo se te ocurre? ¿Para qué?

–Sabés que, mejor no me pongo a analizar la lógica de este último diálogo…

Para evitar demoras, las pretensiones de indumentaria de Draco podrían llevar horas si lo dejaba elegir, Harry se encargó de toda la compra. Jeans, remeras, pulóveres y camperas con capuchas. Nada excepcional ni llamativo, cuanto menos se notaran mejor. Harry se encargó también de pagar.

oOo

Encontraron un baño público para cambiarse… apestaba a orina.

–¡Esto es repugnante! –le llegó la voz de Draco a través del tabique que separaba los cubículos. Me da asco y miedo tocar nada, seguro que me contagio hepatitis. ¿Los baños muggles son siempre tan… conejiles?

Harry sonrió. –¿Por qué usás conejil para las cosas que no te gustan?

–No me gustan los conejos. Uno me mordió cuando era chico. ¡Aj!… tengo el pelo hecho un asco, no veo la hora de poder tomar una ducha

Harry salió del cubículo y fue a los lavabos para limpiarse un poco. Tenía tan mala pinta como Draco, ojeras y la barba medio crecida. Uno de los cristales de los anteojos estaba quebrado. Con razón el hombre de esa mañana los había mirado con tanta desconfianza, debía de haberlos tomado por drogadictos. Con ropas en buenas condiciones se iban a ver mejor.

–Draco… –dijo en voz alta.

–¿Qué pasa? –le llegó la voz del otro.

–Ojalá no estuvieras metido en todo este problema. Ojalá pudieras estar en un lugar seguro. Perdón… pero…

–¿Pero qué?

–Perdón… pero no puedo evitar sentirme contento de que estés conmigo.

oOo

Muy a su pesar Draco estaba disfrutando el viaje. Había disfrutado indignarse por el precio de los boletos. Había disfrutado elegir y comprar las provisiones que llevarían en el viaje. Se había sentido muy complacido de encontrar la plataforma del nuevo tren que tuvieron que tomar cuando hicieron una conexión en Lancaster. Y Harry se sentía más culpable de estar contento de que estuviera con él. Recordaba las palabras de Sirius, cuidá mucho a ese chico, va a jugar un papel muy importante. Harry estaba dispuesto a cumplir con ese pedido, defendería a Draco con la vida si hiciera falta, no permitiría que le pasara nada malo. Draco había decidido quedarse junto a él a pesar del peligro, no podía decepcionarlo.

Draco se había finalmente dormido, Harry lo contemplaba con un intenso sentimiento de protección. Tenía sueño pero se obligó a permanecer despierto, el tren no necesariamente era seguro, tenía que estar alerta. Le acomodó mejor la capucha para que lo cubriera más, Draco masculló algo en sueños, se le acercó más y recostó la cabeza sobre su hombro.

Harry sintió que el pulso se le aceleraba. No sabía por qué estaba tan nervioso. Ese viaje no era nada comparado con lo que habían pasado los días anteriores. Envolvió a Draco con un brazo, el contacto pareció calmarlo. Era tan agradable… y ya no había nada de qué preocuparse… sonrió feliz.

Siguió abrazándolo durante largo rato. En una parada subieron dos hombres, cuando pasaron junto al asiento los miraron de soslayo. Harry escuchó que cuando se alejaban uno comentaba. –Maricones de mierda, están por todos lados…

Harry se sintió enrojecer de ira, pero no se movió ni dijo nada, no valía la pena, siguió abrazando a Draco como si nada hubiera pasado. Sabía que ese tipo de actitudes existían, en la escuela Justin la había pasado muy mal cuando se había confesado públicamente gay. Pero nunca había escuchado expresiones así dirigidas a él. Suspiró resignado y desvió la mirada al paisaje que corría del otro lado de la ventanilla. Como si ya no tuviera problemas, también tenía que soportar los comentarios de gente retrógrada que se metía en cosas que no eran asunto suyo…

Ya era casi de noche cuando avistó a lo lejos las luces de Londres, acechando en el horizonte como una gran araña dispuesta a engullirlos. Harry trató de prepararse para lo que iba a venir, no sabía cómo iban a hacer para volver a la Orden, no sabía qué iba a hacer si los mortífagos volvían a atraparlos. Pero sabía que iba a hacer todo para proteger a Draco. Mientras Draco estuviera bien… todo lo demás no importaba.

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Per aspera ad astra: Venciendo las dificultades, hacia el triunfo.