Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Autora: Alysian_Fields

Finite Incantatem

Capítulo 14 – Ex voto

–¿Y ahora qué? –murmuró Draco cuando hubieron descendido a la plataforma en la estación Euston– ¿Adónde carajo vamos desde acá?

Harry había estado pensando lo mismo. Estaban muy expuestos, los mortífagos podían estar en cualquier lado, tenían que proceder con mucha precaución.

–No podemos tomar el subte, nos deben de estar esperando en la estación Hampstead y deben de tener vigiladas todas las estaciones cercanas. Creo que la mejor opción es por el camino más largo, dar un gran rodeo por las afueras de Londres y tratar de cruzar el Heath desde el otro lado. ¡Dios! Daría cualquier cosa por tener una varita, o el manto de invisibilidad, odio tener que hacer esto sin protección.

Draco sonrió y apuntó socarrón: –Deberías haber pensado en eso antes de emprender tu viaje heroico.

Harry no se dignó a contestar. –Vamos a comprar un mapa. – propuso con un suspiro.

A esa hora la estación era un caos. Miríadas de pasajeros que regresaban del trabajo a su casa, los empujaban de todos lados. Harry aferró a Draco fuertemente del codo, temblaba ante la idea de perderlo en medio de la multitud. Pero por otro lado era bueno que estuvieran en medio de tanta gente, iba a ser mucho más difícil que los ubicara algún mortífago que hubieran puesto de guardia. Harry se sacó los anteojos y se los guardó en un bolsillo, de esa forma sería más difícil reconocerlo.

–Estate atento a los carteles y a ver si ubicás un kiosco que venda mapas, voy a tener que confiar en vos para eso, yo sin los anteojos veo muy poco.

–Bueno, –respondió Draco– ¿y si le preguntáramos a alguien?

–No, sería muy arriesgado, –dijo Harry– creo que allá distingo un puesto de información, quizá podamos conseguir un folleto con un mapa.

Hacia allí se dirigían cuando Harry notó algo pequeño, marrón y peludo que le pasó frotándole los pies. Se volvió a poner los anteojos y miró alrededor tratando de ubicarlo. Lo logró finalmente, un gato de pelaje listado, moviéndose más allá entre las piernas de un grupo de pasajeros.

–Harry, ¿qué te pasa ahora? –dijo Draco impaciente– No me digas que tenés uno de esos episodios de extrañamiento tuyos, no ahora por favor…

–Esperá un minuto, –Harry marchó en dirección adonde había visto al gato, necesito verificar una cosa… y yo no tengo episodios raros… no cuando estoy despierto al menos.

–Ah bueno… –murmuró Draco– ahora me quedo más tranquilo.

Harry sentía una gran excitación, seguramente no podía ser lo que había pensado, tenía que tratarse de un gato cualquiera. ¡Allí estaba de nuevo! Junto a los molinetes, mirando con atención a los ingresaban a la plataforma. Harry se le aproximó.

–¿Profesora McGonagall? –siseó.

¡Era ella! ¡Tenía que ser ella! La gata los miró unos instantes y luego salió disparada hacia un rincón, los chicos la siguieron. Se metió en un recodo detrás de las boleterías, cuando los chicos llegaron se encontraron con Minerva McGonagall, ya en forma humana.

–¡Oh Harry! –se la notaba muy agitada, ella que siempre era tan circunspecta– ¡Gracias a Dios! Te estuvimos buscando todo el día, teníamos tanto miedo de que ellos te encontraran antes. ¡Y Draco está con vos!

–¿Qué quiere decir con que nos estuvieron buscando? No le habíamos podido avisar a nadie que nos habíamos escapado y…

–Ahora no hay tiempo para explicar, –lo interrumpió ella– siguen en peligro, no es seguro que nos quedemos hablando acá. Tengo que llevarlos a los cuarteles lo más rápido posible.

–¿Podría aparicionarnos adosados?

La profesora miró a Draco. –Eso no va a ser posible… no a los dos…

Harry maldijo por lo bajo –Perdón, no me di cuenta… –debería haber recordado que no se puede aparicionar con un muggle o un squib adosado.

–¡Otra vez soy yo el que la caga! –masculló Draco.

–No seas tonto, no es tu culpa…

–Hay otra forma, –intervino McGonagall– no va a ser fácil, pero es lo mejor que se me ocurre, yo los voy a transportar.

–¿Transportarnos? –preguntó Draco con tono inquieto.

–Sí, los voy a transfigurar. –al ver las expresiones desorbitadas de los dos, suspiró exasperada –Saben qué, no hace falta que pongan esas expresiones de horror, he sido profesora de Transfiguración durante treinta años, sé muy bien cómo hacerlo.

Harry forzó una risa. –Sí… claro… pero…

–Harry, no tenemos tiempo que perder, –insistió la profesora– y cruzar Londres con ese aspecto sería muy peligroso.

–Harry, hagámoslo, –pidió Draco– estoy cansado y quiero que esto se termine de una buena vez; eso sí profesora, transfórmeme en cualquier cosa, pero no en un hurón.

Harry hubiera podido jurar que McGonagall casi había reído. –No, Draco, quedate tranquilo, una gata transportando dos hurones crecidos en la boca se vería muy sospechosa.

La varita lo apuntó, los ojos de Draco se abrieron de horror y luego empezó a cambiar, empezó a encogerse, Harry observaba fascinado cómo se iba haciendo cada vez más pequeño y le empezaba a brotar pelo blanco y bigotes, una cola larga y rosada y orejas proporcionalmente más grandes. Una vez concluida la transformación, McGonagall lo levantó en la palma de la mano, la criaturita soltaba agudos chillidos, Harry lo observó sonriendo, ¿quién lo hubiera imaginado?, Draco como ratoncito era una ricurita.

–Perfecto, –sentenció la profesora– Harry, tu turno…

oOo

Más tarde, Harry no pudo recordar demasiado de ese intervalo como ratón. Tampoco había podido precisar bien el instante en que había dejado de ser Harry. En un momento había estado pensando espero que McGonagall sepa lo que está haciendo, se siente muy raro este proceso, espero que no nos lastime cuando nos lleve… y luego habían cambiado a pensamientos de ratón.

Recordaba haber estado en un lugar suave y oscuro, probablemente el bolsillo de la profesora. Recordaba con vergüenza haber querido montarse al ratón Draco, pero el ratón blanco lo había rechazado con un violento mordisco; sinceramente esperaba que Draco no se acordara de esa parte. Luego recordaba que la situación había cambiado, su cerebro ratonil no era muy bueno para interpretar lo que pasaba. Recordaba el frío y haber tenido miedo y deseos de volver al cálido bolsillo. Lo sostenían por la cola y dolía. Había chillado y el ratón Draco también. No lograban entenderlo bien pero eran transportados por un predador, aunque en este caso el predador no tenía intenciones de hacerles daño, pero ellos no lo sabían; habían hecho vanos esfuerzos para escapar, el predador los tenía firmemente retenidos.

Volver a ser humano había sido menos traumático, fue como salir de un sueño, como salir a la superficie a tomar aire. Todo le volvió como una ola, Harry Potter retornó como una ola. Era Harry Potter de nuevo; habían escapado de los mortífagos; McGonagall los había traído de vuelta; Draco estaba a su lado, conmocionado pero indemne; estaban de vuelta en Grimmauld Place de donde habían partido apenas unos días antes, pero que parecía mucho más tiempo porque tantas cosas habían pasado en esos días; y habían estado a punto de morir y ahora estaban de regreso allí, e incluso ver el retrato de la señora Black ya no parecía tan malo; y Draco y él ahora eran amantes…

–¡HARRY!

Recibió un violento abrazo de Hermione, que casi lo hizo caer. –¡Oh Harry! –dijo entre sollozos– ¡Estás bien! Llegamos a pensar que te habían matado…

Él le devolvió el abrazo, pensando cuán cerca había estado de eso. –Estoy bien… todo está bien…

Luego le tocó a Ron que también lo envolvió en un abrazo. –¡La puta, cumpa! ¡No me vuelvas a hacer una cosa así! ¡Mamá tiene un ataque desde hace tres días! ¡Cómo se te ocurre irte así! ¡Creíamos que no te íbamos a volver a ver vivo!

Harry trató de sonreír, el recibimiento lo había emocionado mucho pero no quería llorar. –¡Es muy bueno volver a verlos!, hubo un momento en que yo también pensé que…

–Bueno, –interrumpió McGonagall– no nos quedemos aquí en la entrada. Los otros también querrán verte…

–Gracias, profesora. –intervino Draco por primera vez– Gracias por habernos traído de vuelta seguros.

–¡Sí, gracias! – repitió Harry, con un poco de culpa por no haberlo dicho antes. Miró a Draco que tenía la vista baja, ya no estaban solos, ahora las cosas iban a ser más complicadas.

Hermione y Ron lo arrastraron a la cocina, la señora Weasley lo recibió con un abrazo y los ojos llenos de lágrimas. Un poco más atrás Remus le sonreía, sostenía en la mano una varita, la varita de Harry; la señora Weasley le estaba diciendo lo preocupados que habían estado todos y los instaba a que se sentaran a comer… y con tanto alboroto la cuestión de su relación con Draco pasó a un segundo plano… por el momento al menos.

oOo

–Y pudimos rastrearte a través de tu varita. –le estaba diciendo Kingsley. Harry iba ya por su segunda porción de pastel de pollo.

–¿Mi varita? – preguntó con la boca llena.

–Hay una estrecha conexión entre el mago y la varita, –explicó Kingsley– y casi siempre es posible rastrear al mago a través de ella. Así que en parte fue una suerte que no te la hubieras llevado.

Harry se sonrojó, le había recordado el descuido.

–Todo indicaba que te tenían en la Casa Riddle, –dijo Lupin– aunque no podíamos estar totalmente seguros. El lugar está protegido por barreras muy sólidas, virtualmente impenetrables. También por la varita sabíamos que seguías vivo… estábamos tratando de encontrar la forma de rescatarte… y fue cuando se produjo un cambio súbito de tu ubicación…

Harry asintió. –Sí, la mamá de Draco se enteró de que nos tenían prisioneros, nos trajo un traslador y pudimos escapar. –miró a Draco que no había dicho nada y que había estado todo el tiempo con la mirada baja; no quiso agregar nada más, sabía que el tópico era muy sensible…

–¿Ah sí? –interpuso Ron dirigiendo una mirada desconfiada hacia Draco.

–Sí, –continuó Harry– y una vez libres, buscamos la manera de volver… ¿Así que nos estaban rastreando todo el tiempo?

–Lo mejor que podíamos, –dijo Lupin– la información que proporciona la varita no es tan precisa. Pero sabíamos que te estabas acercando, teníamos vigiladas todas las estaciones de trenes importantes, queríamos encontrarte antes que los mortífagos…

Harry asintió. –Menos mal, no sabíamos muy bien cómo íbamos a hacer para cruzar Londres.

Hermione lo miró cautelosa. –¿Así que los mortífagos los querían a los dos… a vos y a Malfoy?

–Esperaban que Draco les pudiera proporcionar algo de información. Nos encerraron en un sótano, casi no nos dieron de comer. Esperaban que volviera Vos Sabés Quién que se había ido a algún lugar… no sé donde. Creo que tenían órdenes de no matarnos… es raro ¿no?... supongo que Vo… Vos Sabés Quién quería reservarse ese placer para él. Ahora… ¿si me quería muerto? ¿a qué esperar?

Lupin sacudió la cabeza. –No tiene sentido práctico… lo cual no deja de ser una ventaja para nosotros… y creo que tenés razón, quería reservarse el placer de matarte él mismo. Pero mejor no tratar de encontrarle lógica a su proceder. Y… ¿a vos y a Draco los tuvieron encerrados juntos?... ¿todo el tiempo?

–Sí, como les dije… creo que lo disfrutaban… vernos sufrir… con más miedo cada vez…

–Pero, ¿por qué saliste así de los cuarteles? –intervino Bill Weasley– digo… así de improviso… y sin la varita… vos sabés bien lo peligroso que es…

–Fue mi culpa. –dijo Draco.

Harry lo miró cauteloso, sintiéndose de golpe incómodo, ¿cuánto les iba a revelar? Todas las miradas se habían vuelto hacia Draco… y no eran precisamente de curiosidad… se habría dicho que eran más bien hostiles

Draco lo había notado también, frunció el ceño y bajó la mirada –Me había cansado… ya no quería quedarme acá… ninguno de ustedes estaba contento de tenerme cerca… Le dejé una nota a Harry explicándoselo, porque él se había comportado muy bien conmigo, y me fui. –miró a Harry suplicándole con los ojos que lo apoyara con esa versión.

–Cuando encontré la nota, salí corriendo sin pensar muy bien en lo que hacía, –dijo Harry– tenía mucho miedo, sabía que Draco no iba a poder solo, creí que lo iba a encontrar enseguida y que iba a poder traerlo de vuelta incluso antes de que nadie notara que habíamos salido. Y lo encontré… pero bueno… después… – Harry metió la mano en el bolsillo de la campera, ahí tenía la nota de Draco junto con el naipe traslador. ¿Se creerían la versión? Esperaba que sí, no sabía qué les iba a decir si le hacían más preguntas…

Para su sorpresa no las hubo. Bill dijo: –Supongo que hasta a las personas más cuidadosas les puede pasar, alguna vez. Lo importante es que los dos ya están de nuevo seguros. Mañana vamos a tener una reunión, Harry, vas a tener que contarnos todo con detalle, todo lo que viste mientras estuviste allí, cualquier cosa por trivial que parezca puede ser importante.

Volvían a tratarlo como a un chico, pensó Harry. No podía culparlos realmente, con lo que acababa de pasar. Pero aun así le resultaba muy irritante. Él sabía que había metido la pata… pero ellos no conocían todos los hechos… Bueno… pero era entendible, todos habían estado tan preocupados por él y lo que pudiera pasarle… no podía culparlos si no confiaban en su buen juicio…

Todos lo estaban mirando. –Perdón… ¿qué?

–Te preguntaba si querías pasta frola, –dijo la señora Weasley– está recién horneada.

–¡Oh sí, por favor! ¡Me encantaría! Perdón creo que estoy un poco cansado.

–Y es natural. –replicó ella alcanzándole un plato con una generosa porción de tarta.

La conversación pasó a otros temas y Hermione aprovechó para comentarle en un aparte: –Ya estamos preparando la poción.

Harry necesitó unos segundos para entender lo que le estaba diciendo.

Ella levantó las cejas. –La poción… para los ya sabés qué

Harry abrió grande los ojos, comprendiendo. –Ah… así que pudieron… quiero decir…

Hermione intercambió miradas con Ron. –Cuando vos desapareciste, decidimos que no podíamos esperar, que pasara lo que pasase teníamos que seguir con lo planeado para destruirlos. Hace dos noches fuimos a Hogwarts, tomamos prestado tu manto, espero que no te moleste…

–Claro que no… –dijo Harry instándola a continuara.

–Harry, está tan cambiada, –dijo Hermione con un tono de gran tristeza– Todo el lugar… no sé bien cómo explicarlo… ya no es la Hogwarts que conocíamos. Algo muy desagradable impregna la atmósfera ahora, me ponía la piel de gallina. La cabaña de Hagrid quedó destruida como después del ataque… supongo que se fue al bosque a esconderse con Grawp… pero no sé… Tenemos que recuperarla, Harry. No podemos dejarlos que le hagan eso a nuestra escuela. –los ojos de Hermione estaban llenos de lágrimas.

–Todo muy extraño, –dijo Ron dándole a Hermione un suave apretón en la mano– quiero decir que no se veía a nadie prácticamente… ni a los fantasmas… y los cuadros, casi todos los lienzos estaban vacíos, como si se estuvieran escondiendo… y el silencio pero no en el buen sentido. Vimos al maldito de Crabbe en los subsuelos, algún imbécil lo hizo prefecto, tenía unas togas especiales y todo, el muy pajero… yo quise darle una patada, pero Hermione no me dejó.

–Pero… los ingredientes… ¿los consiguieron? –preguntó Harry ansioso.

Hermione y Ron se miraron. –Bueno sí… pero no todo salió de acuerdo a lo planeado, –dijo Hermione– nos topamos con…–miró con cautela alrededor– …Snape –le dibujó con los labios.

Harry se puso lívido. –¡Mierda! –miró alrededor por si había llamado demasiado la atención, pero los demás no parecían haber notado nada, seguían enfrascados en sus conversaciones– ¿Y qué hicieron?

–Estábamos en los subsuelos, –dijo Ron– del aula de pociones ya habíamos sacado algunos de los ingredientes que necesitábamos del armario donde se guardan los que usan los alumnos, pero sabíamos que la parte difícil era hacernos con los que se guardan en la oficina de Slughorn. Teníamos razón, el armario de la oficina estaba protegido con un montón de encantamientos que no podíamos anular, creo que hicimos demasiado ruido, minutos después se abrió la puerta de la oficina… era Snape… estábamos cubiertos con el manto… pero vos ya lo conocés…

–Sabía que había alguien aunque no pudiera verlo, –continuó Hermione– empezó a disparar hechizos para desmayar en todas direcciones, uno le dio a Ron… y bueno… quedamos descubiertos…

–¡Mierda! –dijo Harry– ¿Y qué hizo?

–Estaba furioso, –prosiguió Hermione– nunca antes lo había visto tan enojado… y estamos hablando de Snape así ya te podés imaginar… Y creo que también estaba muy asustado… lo cual es entendible. Tratando de mantener la voz calma nos dijo que habíamos tenido una pésima idea y que si nos agarraban, él iba a quedar en una situación muy seria. Le tuve que explicar para que no nos sacara a patadas ahí mismo y sin más trámite; le dije que precisábamos los ingredientes para algo de suma importancia. Por supuesto, quiso saber de qué poción se trataba, yo le dije que si le contábamos lo íbamos a poner en mayor peligro. Nos costó mucho convencerlo, pero al final accedió a ayudarnos con tal de que nos fuéramos lo antes posible. Pudo anular los encantamientos que protegían el armario y nos dio lo que necesitábamos, incluido el veneno de acromántula. Realmente estaba muy asustado.

–Porque su pellejo estaba en juego. – acotó Ron.

Hermione lo perforó con una de sus miradas. –Sea como fuere… hice que Ron reaccionara y nos fuimos.

–Estamos preparando la poción en el ático, –informó Ron– Hermione le puso muchas barreras, pero de todos modos nadie sube ahí…

Excepto yo, pensó Harry, pero no dijo nada.

–Va a tomar mucho tiempo tenerla lista, –dijo Hermione con una mueca– tiene que madurar por lo menos cuatro semanas antes de que podamos agregar el veneno.

–Bueno… pero ya es un comienzo. –dijo Harry con una sonrisa. No podía creer todo lo que habían logrado, sabía que no lo decepcionarían. Lo ponía muy contento. Y se sintió de nuevo muy integrado con ellos, como antes, cuando todavía no se habían puesto de novios.

–¿De qué están hablando tan en secreto? –les llegó la voz de la señora Weasley.

Ron revoleó los ojos. –Nada mamá, sólo lo estamos poniendo al día de las novedades. –le sonrió a Harry– ¡Qué bueno es tenerte de vuelta, cumpa! Yo sabía que todo iba a salir bien, aunque estuvieras con el jodido de Malfoy. ¿Y por qué la mamá de Malfoy te dejó escapar también?

–¡Ron! No hables tan alto que te va a escuchar. –siseó Harry.

Ron levantó la nariz. –¿Y desde cuándo te importa tanto? Malfoy sabe perfectamente la opinión que tengo de él… y además… ya se fue…

Harry levantó la vista, el asiento de Draco estaba vacío… ni siquiera había terminado de comerse la porción de pasta frola que le habían servido. Harry sintió un frío en el pecho; Draco, que se había transformado en algo tan importante para él… y él ni siquiera había advertido que se había levantado de la mesa… ¿sería veleidoso el término correcto para clasificar su actitud?... apenas de vuelta ya parecía haberse olvidado de lo importante que era Draco para él… se sintió invadido de culpa.

–Creo que mejor me voy a dormir. –dijo en voz alta.

–Por supuesto, querido, –dijo la señora Weasley– y todo va a estar mucho mejor mañana después de una buena noche de descanso.

–¿Te sentís bien? – preguntó Ron con tono preocupado.

Harry forzó una sonrisa. –Si, por supuesto, pero estoy reventado de cansancio. Les agradezco todo lo que hicieron estos días. Realmente ustedes… – no supo qué más agregar, había tantas cosas que quería decirles y tantas otras que no podía decirles, finalmente no dijo más– Buenas noches…

oOo

Subió las escaleras deseando no haber herido a Draco con su comportamiento. Pero era tan difícil, eran dos partes de su vida que parecían no poder encajar de ninguna forma. Por un lado el Harry de siempre, amigo de Hermione y Ron, miembro de la Orden del Fénix y que siempre se había opuesto a todo lo que los Malfoys representaban. Y por otro, el Harry que había quedado siempre relegado en el fondo, un Harry asustado y avergonzado. El Harry que había empezado a emerger en las últimas semanas. Este Harry no entendía de lógica o razones, lo único que sabía era que Draco Malfoy lo hacía sentir bien y que cuando estaba con él se aplacaba la dolorosa soledad de su corazón. Este Harry sabía que tenía que proteger a Draco, de lo que fuera… eso no importaba.

Sabía que de alguna forma iba a tener que lograr que esos dos Harrys se fundieran en uno, que las dos partes lograran armonizar, pero por el momento no sabía cómo lo iba a conseguir. Esperaba que Draco pudiera entenderlo.

Estaba por entrar en la habitación pero se detuvo. Quizá Draco no quisiera… quizá ya estaba dormido… ¿realmente estaba decidido a tener sexo con otro chico? Y no con cualquier chico… con Draco Malfoy nada menos. ¿Sabía en lo que se estaba metiendo? ¿Y qué dirían los demás si se enteraran? Y sin embargo… la noche anterior había sido tan… Draco lo había hecho sentir tan bien… y él a Draco…

Draco estaba en el asiento de la ventana. Había tomado una ducha, tenía puesta una bata y los cabellos húmedos.

–¿Por qué te fuiste así sin avisar?

–¿Y vos no hubieras hecho lo mismo? Harry, todos ellos piensan que lo hice a propósito, que te engañé para que me siguieras y que te conduje a los mortífagos.

–Pero no… –empezó a decir Harry y se detuvo… los silencios incómodos, las preguntas aparentemente casuales de por qué había salido, la sorpresa cuando les había dicho que Draco había estado encerrado con él… ¡Dios! Tenía razón, todos pensaban que había sido por culpa de Draco…

Draco había soportado el mismo infierno que Harry y más. Draco sabía que su madre estaba sacrificando su vida al ir a salvarlo, que era posible que estuviera ya muerta por eso. Y a su regreso sólo había encontrado hostilidad y sospecha. No había habido bienvenida para él, nadie había demostrado ponerse particularmente contento de que estuviera bien. Y Harry no lo había notado… porque para él las cosas habían sido muy distintas… todos estaban felices de haberlo recuperado…

–Perdón, –dijo avergonzado– no fue mi intención dejarte así…

–Está bien, –interrumpió Draco– bueno en realidad no está bien… pero lo entiendo. Y también entiendo que sospecharan de mí, se arriesgaron mucho al darme protección…

–Pero yo no debí dejarte solo…

Draco se encogió de hombros. –Bueno al menos… estás acá ahora. Y yo nunca pensé que en realidad… Estos últimos días fueron tan difíciles que se prestaban para que… pero yo no creía que…

–¿Vos pensás que ya no te quiero más ahora que estamos de vuelta?

Otro encogimiento de hombros. –Bueno… es que yo no encajo bien en tu vida…

Exactamente lo mismo que Harry había pensado. –Es cierto, probablemente contrario a todo lo demás en mi vida. Y justamente por eso te necesito tanto.

Draco lo miró como dudando. –¿Seguís necesitándome? Quizá… pero puede terminar resultando pésimo…

–No me importa. Mirá… no me olvidé de la promesa que hice… si lográbamos escapar… puedo entender que estés muy cansado y que quizá no tengas ganas ahora pero yo…

–¿Querés que tengamos sexo? – Draco casi sonrió– ¿Querés realmente perder la virginidad… conmigo?

Harry sonrió. –Nunca lo hubiera imaginado… pero sí… eso es lo que quiero… si es también lo que vos querés, si no cambiaste de opinión después de lo que pasó esta noche…

La mirada de Draco cobró gran intensidad. –Éste ha sido uno de los peores días que pueda recordar… pero podría pasar a ser uno de los mejores si terminara siendo el día en que tuve sexo por primera vez… y con Harry Potter.

Harry sonrió y le tendió los brazos, Draco se estremeció en el abrazo y se besaron. –¡No puedo creer que vayamos a hacerlo! –Draco le empezó a bajar el cierre de la campera.

–¡Esperá! –dijo Harry.

–¿Y ahora qué?

–Eh… Creo que es mejor que tome una ducha antes de que…

Draco frunció la nariz. –Eh… sí… no olés muy bien… ¡pero que sea rápido!

Partió hacia el baño a toda velocidad. Si demoraba mucho Draco podría cambiar de opinión. Teniendo en cuenta lo nervioso que él estaba, hasta era posible que él mismo se echara atrás.

Se desvistió rápidamente y se metió en la ducha. ¡Ah la ducha! Harry sintió relajarse sus músculos tensionados bajo el chorro de agua caliente. ¡Merlín, iba a tener sexo de verdad dentro de pocos minutos! Trató de concentrarse en lo bien que había resultado la noche previa, y la maravillosa experiencia con Draco. Pero esa noche iba a ser distinto, quienquiera que fuera abajo iba a necesitar preparación. Conocía encantamientos de lubricación… por suerte. ¿Y quién iba a ir arriba? ¿Qué preferiría Draco? ¿y él estaba preparado para…? El sexo gay era complicado… había tantas cosas que decidir. Quizá se volviera más simple con más experiencia.

Salió de la ducha y se secó. Se lavó los dientes y usó un encantamiento para afeitarse, trató de hacerle caso omiso a la mirada de pánico que le devolvió el espejo, no se había sentido tan nervioso desde el Campeonato de los Tres Magos. Se enrolló un toallón en la cintura, juntó las ropas y partió de regreso a la habitación.

–¿Por qué demoraste tanto? –se quejó Draco.

–Perdón. –se quedaron mirándose unos instantes sin decir nada– Eh… ¿cómo lo vamos a hacer? ¿Vos querés… o preferís…? Lo que quiero decir es: ¿quién va a ir arriba?

Draco titubeó. –Quizá vos… si querés. Quiero decir, yo pensé mucho en tener sexo con vos todos estos años… estoy más acostumbrado a la idea. Yo no tengo problemas… sólo que… tené cuidado… este… vos sabés lo que tenés que hacer, ¿no?

Harry asintió. –Tengo… revistas.

Draco explotó en una carcajada. –Perdón, perdón…es que lo dijiste tan en serio… no me pude contener…

Harry soltó una risita. El problema es que cuando uno está nervioso y se empieza a reír… es como que después no puede parar. Y la risa de Draco no ayudaba precisamente. La risa de Draco era tan llena… y estaba tan sexy en esa bata y era tan bueno reír con él, era bueno reír después de lo que habían pasado.

Harry lo atrajo hacia sí y se besaron, al principio todavía entre risas, después ya sin reírse. Besar a Draco tenía su magia, Harry se olvidó de que estaba nervioso, y de que Draco no encajaba en su vida y de lo complicado que podía ser el sexo entre chicos. Todo lo que importaba eran los labios de Draco y la lengua de Draco y el cuerpo de Draco apretándose contra el suyo temblando y haciéndolo temblar.

Cayeron juntos en la cama sin interrumpir el beso y se deshicieron de bata y toalla. La desnudez era un regalo para los ojos y el tacto. La piel de Draco parecía relumbrar en la luz tenue, Draco se le antojaba al mismo tiempo tan frágil y tan fuerte. Tenía las mejillas encendidas y los ojos ávidos fijos en Harry.

–¿Estás seguro de que querés…? –susurró Harry.

Draco carraspeó y asintió, los ojos rebosantes de lascivia.

Empezaron besándose y acariciándose abrazados, ganando de a poco seguridad en la calidez del otro. La sensación de tocar a Draco estimulándolo era asombrosa, la excitación de Draco creciendo al máximo en su mano. Lo miró atentamente cuando le introdujo un dedo, los ojos de Draco se abrieron al máximo, tenía las pupilas tan dilatadas al punto que los ojos parecían negros, se mordió el labio con un mohín lleno de encanto. Harry fue acompañando la exploración interior prodigándole todo tipo de caricias al mismo tiempo. Draco lanzó una exclamación contenida cuando el dedo encontró la próstata, su abrazo se apretó convulsivo en la espalda de Harry. Harry sonrió, era asombroso que le permitiera tocarlo tan íntimamente, que confiara a tal punto en él. Pero el canal era tan apretado; Harry estaba tan excitado, el ansia era tal que dolía… y sin embargo vacilaba para introducir otro dedo y ni pensar en… No había considerado de antemano esa cuestión, ¿cuánta preparación haría falta ante de proceder a…? Sentía pánico al pensar que podía lastimarlo y se empezaba a preguntar si no hubiera sido más fácil al revés… ir arriba implicaba muchísima responsabilidad.

Draco arqueó las caderas admitiéndolo más hondo, si le dolía lo aceptaba como un factor más en la cruzada hacia el placer. Harry aventuró otro dedo y al tiempo que aumentaba los besos iba estirándolo con suavidad, ayudando a relajar el rodete muscular. Draco gemía, mordía los labios de Harry, le acariciaba los flancos con manos febriles. –Ya, Harry… ahora. – susurró.

–¿Estás seguro?

Draco asintió.

El deseo de Harry alcanzó un nuevo pico, pero siguió trabajando unos instantes más con los dedos, preparándolo.

Draco se colocó una almohada debajo para alzar las caderas y para permitirle un más cómodo acceso. Harry no podía concebir que pudiera existir una imagen más excitante que la que tenía ante sus ojos, Draco acostado, listo para él, todo su cuerpo clamando en desesperado deseo por el de Harry. Algo mareado por el vendaval de sensaciones, Harry se posicionó entre sus muslos, lo observó temblar preso de la misma intensa ansia que él. Presionó suavemente venciendo muy lentamente la resistencia hasta que toda la cabeza de la verga desapareció dentro del cuerpo del otro. La sensación de mareo se intensificó.

Un gemido ahogado lo hizo levantar la vista. –¿Estás bien? –preguntó inseguro.

Draco asintió tenso, la cara se le contorsionaba como si estuviera a punto de llorar, jadeaba. –Sí… –el tono de la voz tirante de dolor– Yo… no pares… es que… duele… mucho…

Harry le apartó las mechas de pelo que le caían sobre la cara. –Shh… Está bien. No voy a seguir hasta que estés listo. Tratá de relajarte… concentrate en respirar. –fue acariciándole el pecho con suavidad para calmarlo y para reavivar la excitación que el dolor había disminuido. Era tal honor, preocuparse por alguien de esta forma, ser responsable de prodigarle placer. Harry estaba en el acmé del deseo, era tan tentador arremeter sin restricciones para aplacar el fuego del ansia… pero no podía. Arruinaría todo. Permaneció quieto, tenía que darle tiempo a que se acomodara, a que se acostumbrara a la sensación, un suave estímulo manual en la verga de Draco parecía contribuir. Poco a poco fue sintiendo que la presión alrededor de su miembro cedía, la respiración de Draco era menos esforzada y los gemidos de dolor iban cambiando de tono…

Reinició la penetración, muy lentamente, la cálida estrechez del interior de Draco lo iba rodeando. Draco empezó a pestañear rápidamente y le rodeó la cintura con las piernas. –¡Merlín, Harry, es… alucinante! ¡Cómo me lo había perdido hasta ahora! Yo… ahh…

Harry empezó a moverse dentro de él. Cada empellón originaba una onda increíble de placer. Nunca antes la había tenido tan dura. Draco gemía y se arqueaba contra él, al tiempo que se estimulaba la verga con la mano. Harry usó las caderas de Draco como punto de apoyo para profundizar la penetración al máximo, sintiendo los músculos de Draco tensándose, rodeándolo. Todo el dolor y la angustia y el miedo de los últimos días, todo el odio que Harry sabía que existía en el mundo, todas las pérdidas y la confusión… y la estupidez…todo eso se desmoronaba, perdía entidad, era arrastrado lejos. Draco y él, dos chicos que se habían odiado, que habían peleado y llorado y se habían herido mutuamente… podían lograr eso. Algo demencialmente bueno… juntos. Y entonces quizá… todo era posible. Quizá todavía había esperanza para el mundo después de todo… si ellos podían hacerse sentir mutuamente así… tan bien…

Draco arqueó la espalda, el sudor le hacía brillar la piel, movía la cabeza a un lado y al otro, murmurando como una letanía el nombre de Harry una y otra vez. Y Harry ya no podía contenerse, trataba de apelar a las imágenes más negativas: el aula de pociones, las medias sucias de Ron, screwts de cola explosiva, una bludger pegándole en la cabeza, la colección de muñequitos de porcelana de tía Petunia. No acabes, Harry… no todavía… aguantá un poco más…

Harry podía sentir los estremecimientos del interior de Draco, le levantó las piernas, sabía que así tendría mejor ángulo para alcanzar la próstata, y redobló la fuerza de las acometidas. Draco empezó a gritar descontrolado, salvajemente y a sacudir las caderas convulsivamente, Harry podía sentirlo llegar al extremo, al borde y a punto de explotar… sólo un poco más, un poquito más

Todo el cuerpo de Draco entró en espasmos, se contorsionaba de éxtasis debajo de él y finalmente erupcionó en chorros sobre el vientre y el pecho. Las lámparas de gas vacilaron, un vaso que estaba sobre la mesa de luz explotó haciéndose añicos. Harry se dejó ir en el clímax, su cuerpo se sacudió entero como si hubiera recibido una descarga eléctrica y se derramó profundo dentro de Draco, todas las fibras de su cuerpo colaborando para hacerlo alcanzar cimas de deleite inconcebibles… límites de gozo no terrenales…

No pudo determinar cuando terminó. Hundió la cabeza en el cuello de Draco, y abrazados siguieron estremeciéndose juntos ante cada onda de reflujo postclímax.

Recuperar el movimiento le tomó su tiempo, Draco seguía aferrado a él como si en ello le fuera la vida. Harry logró que de a poco se fuera relajando, dándole tiernos y húmedos besos en el cuello. Momentos después con mucha suavidad rodó a un costado.

Draco dejó oír un sonido de protesta. –No me dejes… –susurró, los ojos cerrados, una expresión de completa satisfacción en el rostro.

Harry volvió a besarlo y lo abrazó. Lo cubrió a Draco y se cubrió a sí mismo con las mantas. –Nox. –murmuró y se hizo la oscuridad. No había nada que pensar, no había nada que temer. Y además estaban muy cansados. Lo único que importaba era que estaban seguros y rodeados de tibieza y que Draco y él habían… alcanzado algo que era mejor que la magia. Finalmente el cansancio y el sueño los vencieron.

Justo antes de que se le escapara el último vestigio de consciencia alcanzó a oír el susurro de Draco: –Te amo.

oOo

Ex voto: En cumplimiento de una promesa.