Entretanto, el dueño de los pensamientos de Menma, aquel nosferatu de belleza gótica, había decidido quedarse casa y no salir a alimentarse, mantendría en pie su dieta restringida por unas cuantas horas más.
Se encontraba sentado en la habitación principal, apoyando la espalda contra la pared, recogiendo las piernas, de tal manera, que le permitiera abrazar sus rodillas, y esconder su rostro entre ellas.
Notoriamente, su lenguaje corporal era de una persona adicta a las drogas, que estaba padeciendo los estragos amargos de la abstinencia. Por ahora, presentaba algunos síntomas leves como fatiga, desánimo y aumento en su sed, signos con las cuales podría lidiar por el momento.
Por consiguiente, Charasuke eligió momentáneamente como su fiel compañero a un vaso de vidrio, con cierto líquido carmesí en su interior, que se asemejaba mucho al vino tinto. Los hielos que flotaban en aquella superficie acuosa grana, empezaron a perder su forma y a mimetizarse en forma líquida. Sin embargo, en lugar de elevarse el volumen dentro del receptáculo, en virtud del derretimiento de estos cubos de escarcha,
éste estaba demasiado bajo, evidencia del consumo previo.
Uchiha levantó su rostro levemente, dejando al descubierto una expresión lamentable y desfallecida. Exponiendo unos ojos hundidos que, en conjunto con unas grandes ojeras oscuras, resaltaba enormemente en su rostro de piel pálida.
Irónicamente, pese a que el área de los ojos poseía cierto aire apagado, existía un detalle que mantenía la llama de la mirada, y este era el iris, el cual se había encendido en un fulgor demoníaco y sangriento, sustituyendo enteramente aquel matiz natural de tono obsidiana, con el que nació.
Este cambio físico era bastante perceptible y hasta cierto punto espeluznante. Para empezar, su esclerótica se había anegado de un color carmesí intenso como la sangre, mientras que la pupila y el iris se le desfiguró hasta crear un patrón circular con tres aspas oscuras alrededor. Cada una de las aspas representaba un estadio de sequía superado con éxito, y que había dejado huella en su visión.
El motivo detrás de esta manifestación corporal se debía a los bajos niveles de energía que tenía su cuerpo, debido a su privación en el consumo de sangre. Cuando esto sucedía ocurrían cambios patentes, tanto en el exterior del cuerpo como en su interior.
En ese instante, el organismo de Charasuke experimentaba un aumento tanto del cortisol, la hormona humana del estrés, como de un radical libre llamado Lambda. Esta molécula inestable se originaba en el metabolismo normal de las células, era exclusiva de la estirpe vampírica, y ayudaba mucho en al regeneración celular, lo que favorecía la longevidad, ayudando a la perpetuación de la juventud y las habilidades sobrehumanas. No obstante, era sumamente peligroso cuando se acumulaba en el cuerpo, sobre todo durante se atravesaba por etapas de escasez de sangre, pues afectaba el nervio óptico, provocando un cambio en la estructura natural del globo ocular.
Aunque, en este caso, no sólo los ojos actuaban como una "luz de advertencia" para el estado físico deplorable del nosferatu, también su sentido de gusto se veía deteriorado, sintiendo la boca seca, acrecentando su sed. Cuando el pelinegro se percató de este detalle, inmediatamente agarró un envase cilíndrico cercano, cuya etiqueta exponía que era jugo de tomate, vaciando, inmediatamente, su contenido dentro del vaso de vidrio.
Al punto, trató de deglutir ese trago de color carmín, pero se detuvo en el acto puesto que tuvo un repentino ataque de náuseas, que le revolvió el estómago. Lo ideal sería parar en la ingesta de esos tragos dulces, sino terminaría vomitando. Ya le había había sucedido en otros periodos de ayuno de sangre.
Abandonó su bebida recién servida en el suelo, gateando hasta su lugar de descanso. No se sentía nada bien, su estado físico y mental iba en picada de manera fortuita. Por lo que todo lo que deseaba era entregarse a los brazos de Morfeo, antes de que el malestar general de su cuerpo empeorara.
En cuanto alcanzó la colchoneta de algodón, la cual usaba como cama por las noches, se recostó boca arriba sobre las blancas mantas como un animal fatigado, soltando un suspiro de alivio en cuanto tuvo contacto con la superficie suave y fresca del lecho.
A poco metros del lugar de descanso, se erguían múltiples empaques vacíos de jugo de frutas, los cuales habían contenido diversos sabores como: arándano, uva, remolacha y tomate.
Chara estuvo bebiendo esos zumos que, a su paladar ávido de sangre, le parecían exquisitos y un excelente placebo. A causa de la similitud en color y consistencia con el plasma, lograba engañar a su cerebro un rato.
Uchiha soltó un eructo sonoro, al tiempo que sobaba su abultado estómago, se sentía completamente lleno con esas bebidas al punto de que su abdomen se había distendido. Tal vez se había excedido con su consumo, pero se hallaba más pacífico en su mente y cuerpo, una vez que las náuseas se habían ido. Su efecto era pasajero, pero lo ayudaría al menos con la ansiedad por sangre, por un rato.
Conforme transcurrían las horas, sus párpados se volvían más y más pesados, como si un sueño embriagador lo estuviera seduciendo, ese que te rodeaba previo a quedarte completamente dormido. Sin duda, su energía espiritual de respaldo, con la que todo vampiro contaba cuando existían los tiempos de escasez de sangre, se agotaban con una velocidad abismal, gracias al cortisol y la lambda que recorría sus venas.
Le confundía que en este estado de abstinencia se estuvieran presentando diversos síntomas y que le estuvieran pegando con tanta intensidad. En el pasado, había realizado otros dos ayunos prolongados durante 4 o 5 años, y jamás había estado tan desfallecido como ahora. Es más, pensándolo fríamente estos indicios físicos ya los había experimentado, esto sucedió hacía más de un siglo, cuando su "maestro" chupa sangre le había dado su última paliza para aleccionarlo.
Entrecerro los ojos levemente, la nitidez de su visión se estaba degradando, le pareció estar viendo doble ya que por unos segundos captó que ya no podía diferenciar cuál de los dos focos suspendidos en techo era el real.
—Solo un poco más, aguanta, estás acostumbrado al dolor—se dio ánimos, dibujando una sonrisa triste en sus labios, pronunciar dichas palabras invocó su pasado, lo que le llenó la boca con unas sensaciones atribuladas.
Curiosamente, le generaba gracia estar en ese estado patético, únicamente por una nimiedad como pasar una temporada sin beber ese elixir escarlata.
Giró su cuerpo con pausa, quedando tumbado de costado, justo para echar un vistazo al propio lecho de su compañero Kitsune. Aquel futón estaba perfectamente tendido, la única imperfección se llamaba en los objetos encima de su superficie, Uzumaki había cometido la imprudencia de dejar su ropa tirada de forma desordenada, esta acción fue meramente impulsiva ya que tenía prisa por salir a su diligencia.
La razón por la que dormían uno al lado del otro se debía a que la vivienda que arrendaban era pequeña en extensión, así que no tenían la posibilidad de poseer cada uno una recamara personal. No le molestaba este detalle, al contrario le facilitaba estar con su compañero.
Además le agradaba tener a alguien que le brindara algo de calidez y compañía en su vida casi perpetua, quien mejor que Menma Uzumaki, un zorro milenario con nueve colas.
Observar la cama de su amada completo de vida, devoto del dios Inari, le trajó cierto regocijo, adoraba ese sentimiento cálido que inundaba su pecho de vampiro y confoetaba su corazón, un corazón humano que creía haber perdido cuando fue convertido a un ser de la noche. Tener estos sentimientos le ayudaban algo conformar que había tomado la decisión correcta al permanecer en el apartamento, prefería autodescubrirse de que todavía podría saborear una de las emociones humanas más grandes: el amor.
Elegía actuar como un tonto enamorado en casa, en lugar de salir a buscar a alguna mujer, a la cual seducir con su carisma y voz melodiosa, para por fin calmar su sed.
Aunque tenía mucho sin tomar sangre, no olvidaba los métodos particulares de conquista que empleaba antiguamente para satisfacer hábitos alimenticios.
En aquellos ayeres, antes de conocer a Menma, Charasuke creó una estrategia para obtener los nutrientes de la sangre, la cual se resumía en dos pasos:
En primera: acudía a lugares sociales y concurridos como bares por ejemplo, en seguida usaba su carisma y atractivo físico en atraer a la primera Koneko, sobrenombre que inventó para referirse a la féminas que aceptaban sus flirteos.
En segunda, una vez que la primer mujer caía en sus encantos, lentamente se iban acercando una tras otra, hasta que en cuestión de minutos se veía rodeado de una pequeña multitud femenina.
Tenía por norma general, acercarse a diversas chicas hermosas con una actitud acertiva, concentrándose en mostrar una actitud inofensiva y confiable combinada con una apariencia afable. Pues su prioridad era concretar una buena primera impresión.
En ocasiones les invitaba bebidas a todas, compartiendo una conversación amena, llena de halagos, risas y rosas rojas, las cuales regalaba con cierto aire caballeroso.
Justo cuando la confianza de sus víctimas estaba ganada, las hipnotizada con su glamour para que fueran juntos a algún lugar privado y solitario, como algún parque o callejón amplio, así de simple concretaba su rutina de alimentación.
Procuraba contenerse a la hora de beber sangre, pues si se pasaba con la primera víctima podría matarla por accidente, elegía mejor atacar a varias mujeres a la vez para así no servirse de una sola.
No era muy partidario de los asesinatos como otros "consumidores de humanos" que andaban por ahí, que gozaban de la tortura y dolor antes de arrancar vidas. Veía innecesaria dicha acción, además de mal educada, todavía que los humanos los "amamantaban" y les pagaban de esa forma.
Así que, el Uchiha elegía emplear métodos más sutiles y amables, aprovechando muy bien la ventaja que le daban sus poderes sensoriales especiales, los cuales le facilitaban crear una ilusión a base de un vistazo con esos ojos rubí, básicamente era borrarle la memoria de la últimas 24 horas. Posteriormente las hipnotizaba para que pudieran realizar su regreso a casa en automático, esto conllevaba que las víctimas actuaban como sonámbulas, ejecutando actividades como abordar trenes o conducir automóviles con una precisión increíble, hasta que caían rendidas en el recibidor de sus hogares.
Sin embargo, poco después de conocer a Menma, el Uchiha decidió limitar su adicción a la sangre, por mero entretenimiento, al ser una entidad con vida perdurable e imperturbable estaba en una pesquisa constante de hallar pasatiempos que le ayudaran contra la apatía.
Algunos llamarían locura el emprender una temporada larga de abstinencia de un elemento tan esencial para la existencia de un vampiro, el elixir escarlata. Pero así era Sasuke Uchiha, gustaba de las actividades extremas y hasta masoquistas.
Pesé a que ahora mismo experimentaba una terrible ansiedad por la falta de sangre, su fuerza de voluntad no había flaqueado ni un ápice. De hecho invertía todas sus fuerzas para prolongar su ayuno lo más posible, y si era hasta mañana mucho mejor.
Aunque la verdadera razón detrás de estas conductas de riesgo, más allá del gusto de sus actos masoquista y autodestructivos, se dio cuenta con los años que la sangre de Kitsune era todo un manjar, poseía el equilibrio perfecto entre un sabor fantástico y consistencia viscosa, lo que la volvía suculenta al paladar, por lo que el sacrificio valía completamente la pena.
Pasó su lengua por sus labios resecos, a pesar de que en las últimas horas había tomado mucha agua además de jugos de vegetales, los síntomas de la deshidratación ya estaban empeorando.
Su piel comenzó a marchitarse, volviéndose seca y algo rasposa, inclusive su cabello perdió su brillo. Las consecuencias por aquel régimen extremista ya estaban pasando factura, pronto vendrían las alucinaciones. Únicamente rogaba que en esta ocasión las pesadillas de su pasado no tomarán forma en la vida real.
¿Acaso era mucho pedir hibernar en paz? Caer extenuado en los brazos de morfeo, con el fin de guardar sus últimas fuerzas. Porque cuando un vampiro estaba bajo de "Vitamina S" , tendía a dormir mucho.
En contraste, aunque cayera profundamente dormido, sus ojos estarían sufriendo una metamorfosis tras otra en el área del iris, manteniendo ese rojo impetuoso en el patrón, actuando como si fuera una alarma de emergencia que le advertía que acercándose el peligro venía ya, y que más valía no ignorar la próxima vez que se mirara al espejo.
—Vamos, Sasuke, has superado situaciones mucho más complicadas que una simple "sequía" de 5 años—pronunció aquellas palabras con el propósito de elevar su determinación y ánimo.
En retrospectiva, su vida había estado plagada de desgracias, sus memorias difusas únicamente le exhibían esos amargos escenarios, pensó que aunque recuperara sus recuerdos completos, tal vez se arrepentiría de su deseo, dudaba que fueran felices.
—Vamos toxicidad fuera, mala vibra fuera—recitó Charasuke un verso de una canción, la cual le pareció adecuada para ahuyentar las nubes de desgracia que pretendían perturbar su tranquilidad.
Cerró los párpados que le pesaban, iniciando una serie de respiraciones profundas, las había aprendido a hacer cuando vio en un programa de televisión acerca de Yoga, la semana pasada. Según la instructora, eso le ayudaría a relajarse en una situación de estrés, y vaya que esta era un caso que se identificaba como uno de bastante tensión.
—¿Poniéndote en riesgo de nuevo, Sasuke—kun?...—preguntó una voz masculina, resonando dentro de la cabeza del Uchiha.
—No otra vez...—musitó fastidiado sin abrir los párpados, no quería hacerlo, tuvo miedo de toparse cara a cara con el terrible rostro del dueño de aquella voz infernal.
Cuando percibió que alguien obstaculizaba la luz del foco, que durante todo este tiempo le pegó de lleno en sus ojos cerrados, supo que el "carnaval" de alucinaciones había llegado a la habitación, teniendo como estrella al charlatán de Jean Jacques.
—Yo no te eduque para que hicieras ayuno intermitente, querido—exclamó Jean preocupado, haciendo eco en los oídos del Uchiha, como si realmente estuviera ahí en carne y hueso.
—No eres real—dictaminó con sequedad, reteniendo los párpados en su lugar, de vez en cuando los apretaba en el instante en que alzaba la voz—Eres producto de mi inestabilidad mental debido a mi estado famélico...
Jacques soltó un bufido divertido, como si tratara de refrenar una risita al encontrar gracioso las excusas del azabache. Después de su demostración de burla, añadió:
—Sasuke, estoy aquí a tu lado siempre, mírame con ese hermoso brillo escarlata de tus ojos, ¿porqué no los abres y lo compruebas?—incitó con esa melodiosa voz ronca, tal como un demonio invitaba a un sacerdote a exorcizarlo.
—Lárgate—ordenó, apretando muy fuerte sus párpados, pese a que sonó autoritario existía desesperación en su corazón, que ese espectro imaginario se esfumara de una maldita vez.
Había estipulado no caer al fondo del hoyo al que siempre lo presionaba a saltar su monstruoso ex tutor.
Asimismo, si no presentaba fortaleza mental los demonios dentro de él empezarían a perseguirlo también, nombrando a Jacques como su comandante en aquel martirio mental.
—Te haces el difícil, ehh—comentó Jean con cierto tono divertido—¿A dónde se fue ese niño obediente que cooperaba conmigo y que le encantaba que le dijera que "Lo estas haciendo bien"?—preguntó como un padre turbado por el comportamiento distante de su hijo.
—Murió en tu cámara de torturas—exteriorizó brutalmente, sin gritar esta vez, prefería usar palabras duras para usarlo como talismán contra sus tediosas bromas.
—Yo nunca te herí, cariño, me encantaba acariciar tu cabeza—rebatió suavemente manteniendo esa condescendencia filial—Además, Mikoto nunca me lo hubiese perdonando si te dañaba de verdad—susurró esto último con saña, como si supiera que esta estocada haría reaccionar al otro de mala manera.
—¡Ya cállate!—rugió con ira, abriendo los ojos abruptamente, exhibiendo ese color rojo tan radiante como la sangre que ansiaba probar. Al mismo tiempo, que se incorporaba velozmente, sentandose en el futón.
Esa mirada bravía entonaba perfectamente con esa expresión feroz y salvaje de su rostro, aunado a esos colmillos puntiagudos y uñas afiladas habían crecido un poco, volviéndose puntiagudas.
No había necesidad de corroborar su aspecto en un espejo, Charasuke sabía que lucía como un depredador enseñando los dientes, preparado para desgarrar a aquel molesto intruso que estuvo rondando a su alrededor.
Pero tal como ya lo tenía asumido, ahí no había absolutamente nadie, el vampiro se hallaba en completa soledad en esa pieza. Todo había sido un desvarío como de costumbre.
Dio un profundo suspiro con el propósito de serenarse, replegando dolorosamente sus colmillos, durante estos últimos días había estado luchando contra sí mismo, debido a su régimen limitado de sangre, sacarlos simplemente aumentaría su ansiedad por esa energía carmesí.
Haber tenido ese arranque consumió las raquíticas energías que había acumulado para mantener a flote su auto control y no salir corriendo a atacar salvajemente a una chica desvalida.
Maldijo una vez más que su actual condición física fuera por culpa de ese fantasma de su pasado, el cual se negaba a abandonar su mente y vivir solamente en sus recuerdos más oscuros.
Se levantó más sediento que nunca, su sentido de la vista estaba más deteriorado, a tal punto de haber perdido un poco capacidad de enfocar cosas a lo lejos, una miopía temporal que podía manejar, no era la primera vez que experimentaba tal escenario.
Tomó rumbo hasta la cocina, rogando que todavía hubiera un poco de jugo de remolacha (betabel) y jugo de tomate fresco, esas bebidas eran lo más cercano a sabor y color a la sangre. Comúnmente Chara ingería toda clase de alimentos, pero los que se asemejaba a la sangre eran sus favoritos, no podía resistirse a esos distintos sabores, que iban entre ácidos, dulces y salados.
Desafortunadamente, en cuanto abrió el refrigerador, se percató que ya no existían reservas suficientes de jugos vegetales. No obstante, lo que si estaba presente era una botella de vino tinto, la compró porque le adquirió un gusto a este tipo de bebidas embriantes europeas.
Sin detenerse a pensar en las consecuencias estomacales, el Uchiha bebió dos tragos de licor. Luego procedió a lavar el traste, Menma lo regañaría si descubría que por pereza dejó algo sucio en el fregadero.
Se encaminó hacía su alcoba compartida, sabía que su estómago ahora lleno con algo de alcohol le ayudaría a relajarse y podría simular que ya se había alimentado. Fue en ese preciso instante, en que un ardor molesto se presentó en sus luceros, como si le hubiera caído polvo, luchó contra las ganas de restregarselos.
Cambió su rumbo, dirigiéndose hasta el cuarto de baño, ahí se tropezó con algo que ya sabía que aparecería. Sus ojos se habían transfigurado una vez más, ahora eran completamente negros, pero con un patrón de una estrella roja de seis puntas redondeadas similar a un átomo, que al cruzarse entre sí formaba una modelo hexagonal con una figura oscura de tres puntas, semejante a una shuriken.
—Ya sabía que ese disguston me traería consecuencias—lamentó, estaba al tanto que cuando este patrón óptico se exteriorizaba, significaba que ya estaba al límite de sus fuerzas como criatura de la luna azul.
Se echó un poco de agua fresca en la cara, pretendía espabilarse por completo, algo menos así se terminaría de despertar de aquel mal "sueño" que le propinó Jean Jacques. No podría hacer nada por su estado físico y anímico hasta mañana, así que lo ideal era hacer lo que estaba a la mano, por ahora.
Inmediatamente, después se marchó hasta la alcoba, sentándose sobre la colchoneta una vez más, todavía con la presencia indeseable de su tutor de la infancia estacionada en su cabeza.
Como podría olvidar a ese mal nacido, que más que un nosferatu podría considerarlo como un príncipe de la oscuridad, ese que Bran Stoker describió en "Dracula".
Se recostó sobre el futón, para poder explorar su pasado al gusto, su visión empeoraba con cada minutos así que mejor prevenir un accidente.
Aún tenía recuerdos de él, Jean Jacques Chastiel, fue un extranjero muy atractivo que levantaba le interés de la gente con sólo caminar a su lado, todo un experto en engañar a otros con su falsa inocencia, al fingir desconocer tradiciones culturales y poner una cara ingenua.
Este personaje se convirtió desgraciadamente en lo más cercano a la definición de familia. Y lo consideraba así, a causa de que ese infeliz fue el único que reparó en su patética existencia.
Todavía recordaba la apariencia que tenía, ese cabello corto de color negro, ojos de igual tonalidad, un bigote bien cuidado, y una piel tan pálida como si nunca hubiera salido al sol en su vida. Dicha característica concordaba con la costumbres de la realeza japonesa, cuya tonalidad de piel bastaba para determinar si se era pobre o rico, ya que los menos afortunados siempre tenían una piel más tostada por el trabajo en el campo.
Adicionalmente hablaba con un exquisito acento inglés y contaba con un traje negro formal con sombrero de copa incluido, que le hacía juego a su elegancia europea.
Sin embargo, el tío Jacques, como él mismo le pidió que le llamara, era un vampiro del oeste, el último de una familia de sangre pura y real. Descendía de una parentela que fue extinguiéndose gracias a las persecuciones eclesiásticas y políticas.
Aunque cuando Sasuke lo conoció le pareció un extranjero más, vaya ingenuidad la suya, debió de haber sospechado desde el momento que lo atrajó usando a esa joven japonesa, cuyo nombre era Mikoto Uchiha, como cebo para ganarse su confianza y de esa manera rescatarlo como un vil perro callejero.
Mikoto Uchiha era su muñeca y su sirviente más fiel, Sasuke aún meditaba si realmente estaba hipnotizada por el glamour de Jean o si lo amaba de verdad. Como fuera, fue gracias a esa sonrisa cálida, las atenciones maternales de la Uchiha, la comida deliciosa y el techo sobre su cabeza que Sasuke se confío en que ambos podrían ser de esas parejas prohibidas, en las cuales se repudiaba que un japonés se enamorara de un extranjero. Así que simpatizó y aceptó su propuesta de ser el hijo de ambos.
Grave error, desde ese instante, Jean Jacques le reveló su verdadera naturaleza y sus macabros planes de cederle su sanguinaria herencia. Su método fue mucho más sutil pero más doloroso, que los que plasman en la películas de terror cuando el monstruo es un chupa sangre, simplemente se dedico a morderlo causándole heridas terribles que lo dejaban exhausto debido a la pérdida de sangre; posteriormente lo obligaba a beber su sangre vampiríca. De ese modo recuperaba los glóbulos rojos, además de otras células cargadas con toda esa información genética nueva que modificaría su propia naturaleza humana.
Durante ocho largos años, estuvo sometido a esa rutina de conversión sumado a las intensas clases particulares donde Jacques le explicaba como sería su vida cuando fuera un vampiro de verdad.
El martirio terminó una noche de luna azul, cuando por fin los ojos de Sasuke adquirieron esa tonalidad escarlata, y clamó por sangre fresca por primera vez. Desgraciadamente, Mikoto Uchiha fue víctima de su frenesí, muriendo al ser despojada hasta la última gota de sangre. Azorado por la culpa, e indignado por la indiferencia de Jean Jacques ante la pérdida de su "amante" y sirviente, Chara lo asesinó también en una arranque de ira.
Aún recordaba a su yo de diecinueve años salir desesperado, al punto de destruir un ventana, de aquella mansión con arquitectura inglesa. Dicha construcción, si todavía estaba en pie, se alzaba imponente y majestuosa en un colina del antiguo Kyoto. Esa casa que había llamado suplicio y hogar al mismo tiempo. Con la luna azul detrás de él, cómplice muda de sus crímenes, escapó de Kyoto dejando todo atrás, y vagando por todo el país.
Detuvo la contemplación del cielo raso de su cuarto, saliendo de sus recuerdos más conflictivos, nunca se arrepintió de haber matado a Jean Jacques, pero si haber asesinado a Mikoto sin querer. Esa era la razón de haber adoptado el apellido de ella, todavía no estaba seguro si su nombre de nacimiento había sido Sasuke o Sousuke, ya que su cuidadora empleaba ambos para dirigirse a él. Según eso ella había perdido a dos hijos gemelos con esos nombres hacía algunos años, aunque Chara sospechaba que se los habían arrebatado por algún motivo. Tal vez había sido amante de algún tipo de rico que la exilio y le quito a los hijos por ser varones y seguir la línea de sucesión. Quien sabe.
Se acomodó de lado viendo la ropa del Uzumaki desperdigada por el suelo, muy cerca del futón. Con parsimonia se movió hacia ellas, gateando por el suelo, una vez que las alcanzó, las arrastró hasta su colchoneta. Las inspeccionó con sus ojos eclipsados por la sed generada por la luna roja, fácilmente detectó vestigios de chakra natural, semejantes a hilos finos y brillantes tejidos entre las fibras de la tela. Un ojo humano era ciego a estos detalles místicos.
—Esto debe calmarme mientras espero hasta mañana por ese Kitsune—chan—comentó como consuelo, sacudiendo con fuerza cada prenda de vestir, la energía sagrada de Inari quedó flotando como polen cósmico.
Charasuke no era un demonio, los cuales se comían cualquier resto de poder celestial, no obstante nunca le haría el feo a un bocadillo, podría no tener un sabor tan suculento como la sangre pero peor era nada.
Se sentó sobre el futón, ya que le era mucho más confortable expulsar su aura de esa manera, manifestándose en unas alas de un murciélago oscuras algo translúcidas pero lo suficientemente nítidas a la vista, dichos apéndices lo cubrieron como si estuviera protegiéndolo.
Pocas veces sacaba a relucir su cuerpo espiritual como criatura de la luna roja, ya que no era necesaria para su vida diaria. No conocía a ningún ente sobrenatural que va por la vida exhibiendo su existencia ante los humanos, eso hasta sonaba idiota y ridículo.
No obstante, en este caso de emergencia, expulsar ese céfiro vampiríco le servía para absorber los vestigios de la energía celestial de otra criatura, aunque fuera de modo indirecto, actuando como vampiro espiritual. No era partidario de hacer eso, pero no estaba en la posición de ponerse quisquilloso.
Mientras absorbía esas pequeñas esferas azulinos resplandecientes, que habían empezado un viento desenfrenado adentro de la pieza, rememoró los recuerdos que lo unían con uno de los paladines de Inari pero también le trajo una serenidad impresionante.
El poder espiritual que estaba ingeriendo le aliviaba levemente y exitosamente esa sed desordenada, provocada por la sombra de Jean Jacques. Por ahora, estaba absolutamente seguro que al terminar esta "merienda nocturna", podría dormir toda la noche sin problema y aguantar un rato más esta abstinencia.
El ímpetu se calmó de pronto, pues la ráfaga fue menguado conforme el Uchiha iba devorando una gran cantidad de estos "gránulos de Inari". Lentamente el aura del Uchiha se replegó, el tiempo de cacería había acabado.
Quedaron algunas partículas restantes suspendidas dentro de la habitación, posándose sobre el techo, asemejándose a pequeñas estrellas azules titilando en el cielo. Por otro lado, otras esferas caían lentamente como si fueran pequeñas estrellas fugaces brillando con ese exquisito color zafiro índigo, tan ligeras como el polvo pero tan etéreas como la vida humana.
Charasuke no las había atrapado, tanto porque no estaba en condiciones de realizar esfuerzo físico extraordinario como porque le agradaba el ambiente mágico que se había cernido en aquella pieza, por un instante se sintió como un niño travieso que había liberado cientos de luciernagas para alejar la monstruo del armario, Jean Jacques Chastiel.
Se recostó sobre su espalda en la sedosa colchoneta, disfrutando del resto del espectáculo magistral. Agradeció haber tomado la decisión correcta de no atiborrarse con los rastros luminosos de puro poder celeste.
Sentía su cuerpo exhausto pero relajado, ese estrés y desesperación que lo habían aprisionado horas atrás se desvanecieron con la tormenta mental que había superado. Se percibía a sí mismo como estar flotando en una nube, tal vez había caído presa de la magia del dios Inari mezclada con la propia energía espiritual del Uzumaki.
No, no era eso, si Inari estuviera ahí lo hubiera aniquilado sin piedad, las divinidades orientales eran muy cerradas y desconfiadas, típico de los que descendían de la luna azul.
Más bien, podría atribuir su estado de ánimo pleno y lleno de bienestar al hecho de estar rodeado de rastros de la presencia del Uzumaki.
Después de todo cada esfera azul había nacido del interior del aura de su persona amada, Menma, aunque la fuente venía de Inari, quien hacía la conversión para que esa vitalidad fuera inyectada a la tierra era el rubio. Era como el herrero que tomaba los regalos de su dios para forjar herramientas y así que los seres inferiores se beneficiarán.
Esta analogía hizo sonreír con ternura a Chara, imaginar a su rubio siendo un herrero dedicado a su forja, lo prendía de cierta manera.
Lo amaba tanto, nunca pensó que fuera capaz de profesar un sentimiento tan profundo, intenso y humano, siendo él ya un vampiro. Por eso, lo percibía aún más valioso y único el lazo que lo unía al Uzumaki, después de todo, estaba seguro que el rubio añoraba, tanto como él, permanecer juntos por el resto de sus vidas inmortales.
—Menma...—pronunció aquel nombre con un anhelo de amante impaciente—...Vuelve pronto.
Sus ojos poseídos por ese color escarlata reflejaron perfectamente los sentimientos de deseo vehemente. Y sumado a sus reminiscencias que venían una tras otra a su memoria, le echaba más leña al fuego al asunto de la añoranza y nostalgia.
Y con ese último susurro, el Uchiha perdió la guerra contra el agotamiento, quedándose dormido al fin, mientras las pequeñas estrellas azulinas resguardaban su descansó.
