Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Autora: Alysian_Fields

Finite Incantatem

Capítulo 16 – Amor et melle et felle est fecundissimus

Pestañas aleteando como alas de mariposa. El dorado pálido del sol de la mañana temprana lo sacó de su sueño. Tenía un poco de calor, pero no demasiado, las piernas se le habían enredado con las de Draco durante la noche.

Bostezó. Era temprano, todavía no tenía que levantarse. Hubiera querido desperezarse pero no quería despertarlo. Podía aprovechar para quedarse quieto y observarlo dormir, descubrirlo como si fuera la primera vez.

En la vida real, Draco era diferente de la imagen que se le dibujaba en la cabeza. En realidad había dos Dracos imaginarios. Uno el de la escuela, su enemigo: cruel, de rasgos angulosos y de aspecto anémico. Era el Draco de Hogwarts, con un rictus de desprecio en los labios, ojos entrecerrados y tono de voz altanero; esa imagen de Draco todavía le producía estremecimientos de ira. Y estaba el otro Draco, el objeto de sus deseos eróticos, de cabello más largo, de facciones cinceladas más suavemente, de sonrisa pícara y tentadora y de ojos invitantes, ardientes constantemente.

El Draco real era distinto de esas dos imágenes… y mucho mejor. Un ser humano genuino y palpable, excepcional y bello en sus imperfecciones, imposible de encasillar o de definir con precisión. Y Harry adoraba mirarlo, hubiera podido quedarse contemplándolo por siempre.

El cabello de Draco era tan… tenue, pero muy abundante. Miles de hebras delicadas y resplandecientes deslizándose por sus dedos, en una gama de tonos del platino al blanco. Las cejas de un rubio oscuro que se curvaban adorablemente hacia las sienes. Era pálido y todavía tenía ojeras apenas evidentes, que inspiraban en Harry intensos deseos de protección. Pero eso nunca podría decírselo, se exasperaba siempre con los comentarios que pudieran implicar que era débil en algún aspecto. A Harry le encantaban las mejillas muy ligeramente cóncavas. Le gustaba recorrer con el dedo la nariz con esa leve prominencia en el puente. Sentía deseos de posar suaves besos recorriéndole los sugestivos ángulos de la mandíbula, hasta alcanzar las orejas, excepcionales en su delicadeza.

Le apartó un mechón de la frente y dibujó con una yema el contorno de la mejilla. Draco se movió, Harry apartó rápidamente los dedos. Los labios se separaron apenas en sueños, una boca encantadora realmente. Harry sonrió al notar el vello casi inaparente junto a las comisuras, Draco todavía no tenía necesidad de afeitarse, pero eso era otra de las cosas que no podía mencionarle. Los labios de Draco no eran tan carnosos como los de Harry, eran de un rosa pálido y primorosamente contorneados, clásicos, fue el término que le vino a la mente. Eso justamente, labios de una estatua griega. Labios ideales para el beso.

Draco suspiró suavemente y abrió los ojos. No se sorprendió de encontrarse a Harry escrutándolo tan de cerca. Una de las comisuras se estiró en una sonrisa. Harry le apartó otro rizo y demoró la mano en una leve caricia, la piel estaba un poco fría, Draco siempre se enfriaba cuando dormía, exactamente al revés que Harry. Durmiendo juntos con los cuerpos entrelazados resultaba en la temperatura óptima. Los ojos de Draco eran adorables, grandes… cuando no los entrecerraba con malignidad; los iris estaban delineados por un tono más oscuro de gris pero hacia el centro refulgían minúsculos puntitos de plata… y otros distintos.

–Che, –susurró– ¿sabías que tenés también unos puntitos azules en los ojos, en la parte del centro?

Draco sonrió, una sonrisa completa esta vez. –Sí, los saco de mi mamá… –el rostro se le contrajo de dolor, desvió la mirada.

Harry lo abrazó con fuerza pero sin decir nada, las palabras no servirían para atenuar el dolor. Harry no había crecido junto a su madre pero pensar en el sacrificio que había hecho por él siempre era doloroso, para Draco debía de ser mucho peor.

–Cogeme. –dijo Draco.

–¿Qué!

–Eso… hacé que pueda pensar en otra cosa. Haceme algo… que me haga sentir bien.

Era maravilloso sentirse tan deseado… y turbador también. Draco le abrazó la cintura con las piernas y lo apretó con todas sus fuerzas. La mirada era tan intensa, desesperada incluso. Draco lo necesitaba, Harry no sabía si era capaz de darle todo lo que necesitaba, pero placer físico, de eso estaba seguro, juntos podían alcanzar alturas de éxtasis increíbles; eso los iba a hacer sentir bien a los dos, por el momento bastaría.

oOo

Habían pasado dos semanas desde que habían vuelto a los cuarteles. Dos semanas de comportamientos furtivos para mantener en secreto la relación, de hablar con Hermione en voz baja como conspirando, de tratar de restarle importancia al hecho de que Ron no le dirigía la palabra. Podía ser agotador. Harry se sorprendía de que siguiera siendo un secreto de los cuatro, había supuesto que se iba a hacer público enseguida tras la traumática revelación. Por un lado era un alivio, por otro, sumamente estresante. Y Harry sabía que no lo iba a poder mantener oculto por siempre.

–¿Podés pasarme la leche, Harry?

La voz de Hermione lo sobresaltó. –¿Qué? Eh… sí, claro.

Harry no sabía cuántos desayunos incómodos más iba a poder soportar. El de esa mañana era particularmente peor, Draco había accedido a bajar con él. Estaba sentado al lado de Harry tamborileando nervioso sobre la mesa, apenas si había tocado el cereal que tenía servido. Ron, que seguía obstinado en su silencio, le lanzaba al Slytherin miradas envenenadas. Hermione trataba de disimular la tensión ensayando algún tipo de conversación, Harry apreciaba sus esfuerzos, pero estaba convencido de que eran inútiles. El bocado de tostada pasó con mucha dificultad por su garganta, era un milagro que no hubiera tenido ataques de indigestión hasta ese momento.

–Me voy, Harry. –dijo Draco– ya tuve una cuota suficiente de silencios torpes e incómodos.

–Por nosotros no hagas cumplidos. –gruñó Ron.

Draco se volvió hacia él con expresión de burlón asombro. –¿Qué querés decir? ¿Que… que no querés tenerme cerca? ¿Que no te caigo bien? –su tono de voz chorreaba sarcasmo, ese sarcasmo que a Harry tanto le reventaba. –¡Por Merlín, Weasley! Nunca creí que pudieras alcanzar grados tan agudos de sutileza.

–¡Andá a cagar, pelotudo!

Draco le hizo una mueca desdeñosa. –¡Oh, estoy devastado! Weasley, ¡vos sí que sabés insultar! –Ron estaba a punto de tirarle con algo, por suerte pareció primar la sensatez en Draco y salió rápidamente de la cocina.

–Perdón, –murmuró Harry– está a la defensiva porque… actuó desubicado… mejor voy a hablar con él.

Ron iba a agregar algo con aspereza pero Hermione lo frenó con un codazo. Le hizo un gesto de asentimiento a Harry. –Sí, andá… va a ser lo mejor.

Lo alcanzó en el corredor, tuvieron que hacerse a un lado para dejar pasar a Fleur y Bill, Harry los saludó con una sonrisa. –Esto no ayuda, Draco, –murmuró– sé que la situación está lejos de la ideal, pero estoy haciendo un gran esfuerzo para que mis amigos se avengan a la idea, y cuando actuás así no hacés más que sustentar sus reparos.

La mirada de Draco adquirió frío de acero. –¿Y quién dice que sus reparos son injustificados? Sé que he cambiado, he reconsiderado ciertas cosas, pero sigo siendo la misma persona. Lo siento, perdón por no encajar en tu vida, sé cuan inconveniente es para vos…

Draco era un maestro del énfasis irónico.

–Weasley no me cae bien, –continuó– y no me importa en absoluto lo que pueda pensar. Y además, no veo por qué tengo que ser yo el que se amolde a tu vida. Sabés que no me gusta ponerme en víctima, pero acá estoy completamente solo. Yo no quiero ser un Gryffindor, no llegué todavía al punto de verme obligado a cambiar tanto, y no voy a arrastrarme suplicando que me acepten personas que en realidad me importan un carajo. Aunque claro… eso te haría a vos las cosas más fáciles. –la voz de Draco había ido aumentado en intensidad.

–Perdón… voy a hablar con Ron… pero yo trato de hacer las cosas más fáciles para nosotros. No quiero perder a mis amigos… pero obligado a elegir… vos estás primero… pero no tiene que ser así, no tiene que ser incompatible… yo quiero…

–Vos te avergonzás de mí.

–¡No! –protestó Harry, Draco se equivocaba… ¿se equivocaba? –pero es que es algo muy nuevo para mí y…

–…y te gustaría no tener que hacer tantos esfuerzos para hacerme presentable, te gustaría que fuera menos áspero, te gustaría que yo no fuera el chico malo que atormentaba a todos en la escuela… y es más… te gustaría que yo fuera una chica.

–¡No! No voy a negar que con todo eso, sería más fácil… pero no… Draco, ¿qué más pretendés de mí?

–Que te dejes de mentirte a vos mismo, para empezar.

Harry respiró hondo deseando que Draco no fuera tan bueno para argumentar, se sentía desesperado, cualquier cosa que dijera Draco sabía dársela vuelta al instante. –No me estoy engañando a mí mismo… y no quiero que seas una chica.

–Tenés miedo porque estás en una relación con un hombre. Podés admitirlo y podemos trabajar sobre eso… o…

–Bueno… ¿y a vos no te asusta? ¿ni siquiera un poco?

–No. No hay nada de malo en admitir cómo soy, no tengo por qué avergonzarme de mis deseos. Me importa un pito si para otras personas constituye un problema. Si Weasley está escandalizado porque su mejor amigo se está cogiendo a un chico…

–Draco, para Ron, el problema no es que seas un chico, el problema es que sos… vos.

–Sí, seguí convenciéndote de eso. ¿Y por qué tenemos que ocultarnos? ¿Por qué estás tan nervioso y con miedo de que se enteren? Ya pasaron dos semanas y me hacés sentir que soy algo que se debe esconder. Ya reconociste que me deseas, ya no soy el patito feo, sufrido y sin magia al que tenés que proteger; pero es una realidad que no podés manejar y que no querés que se haga pública… ¿te importa tanto lo que puedan pensar los demás?

–¡No!... pero es que algo muy reciente y tengo que hacerme a la…

–Lo sabías desde mucho antes de que empezáramos a tener sexo, tuviste mucho tiempo. Lo que no querés es que se venga abajo tu imagen de Niño Dorado. Lo que no querés es que la comunidad mágica descubra que aquel en quien cifran todas sus esperanzas les resultó maricón.

–No, yo…

Draco lo asió de la remera y lo atrajo hacia sí, le plantó un beso violento, invadiéndole la boca con una lengua brutal. Y todo lo que Harry podía pensar era que la señora Weasley, los mellizos o Tonks podían entrar en cualquier momento. Trató de liberarse. –¡Draco!

La mirada de Draco era implacable. Se había delatado. Era un cobarde. Al menos una parte de él seguía avergonzándose de su sexualidad. Draco tenía razón. Había estado inventándose excusas. Se sentía tan miserable.

Quizá hubiera sido mejor que Draco le refregara la victoria en la cara, pero no. Draco sólo tenía una expresión de gran tristeza. –Lo siento, siento mucho que sea tan duro para vos. Me gustaría, por tu propio bien, tener el valor para dejarte, para terminar todo… pero no puedo. –Draco dio la vuelta y marchó escaleras arriba, Harry quería seguirlo, pero no hubiera sabido qué decirle.

Se dio vuelta, a unos pasos de él Kreacher sostenía en los brazos una pila de sábanas plegadas, estaba boquiabierto de asombro.

–¡Qué? –le espetó irritado.

Kreacher sacudió la cabeza con cierto desconcierto. –Kreacher creía que ya nada de lo que pasa en esta casa podía asombrarlo, pero hubiera esperado que el amo Draco tuviera mejor gusto. Mi pobre ama se va a poner muy mal, ya estaba muy angustiada por la magia perdida del amo Draco…

Harry no se quedó a escucharlo, enfiló de vuelta a la cocina. Quizá hablar con Ron y Hermione lo haría sentir menos mala persona.

Hermione iba saliendo, le sonrió. –Voy a controlar la poción, hoy tengo que agregarle un poco más de acónito. –le dio un suave apretón en el brazo y se marchó.

–Perdón por lo de antes.

Los ojos de Ron brillaron. –Ves, eso es lo que no entiendo. Vos viste como se comportó hace un rato, y siempre fue así. Yo nunca le di razones para que me despreciara, siempre me trató como una basura porque mi familia no tiene dinero y porque no nos preocupan esas pelotudeces de la pureza de sangre. Yo nunca le hice nada. ¿Cómo puede ser que lo hayas elegido a él?, que siempre trató a todos como si fuesen una mierda.

–No lo sé. No es algo que uno planea. Y ciertamente no defiendo todo lo malo que hizo. Pero casi todo fue porque era un chico y se comportaba de acuerdo a cómo le habían enseñado. Lucius odia a los Weasleys y le enseñó a odiarlos. Draco creía y hacía todo lo que su padre decía. Creo que no empezó a pensar por su cuenta hasta que las cosas le empezaron a ir mal. Yo lo he visto cambiar y madurar en estos meses, empezó a pensar por si mismo y a escapar de los límites estrechos que le había impuesto siempre su familia. Y no es mala persona… quizá lo fue, pero ya no. Y tiene fortalezas… y las está orientando en la dirección correcta. Podía haberme dejado con los mortífagos, pero no lo hizo, convenció a su mamá para que me dejara ir, y sabía que con eso la ponía en tremendo peligro. Y me defendió de Bellatrix. Sé que todavía tiene que recorrer mucho camino. Y hay tanto en él que lo hace tan… no sé… Es como si a partir del hecho de quedarse sin magia… como si hubiera crecido como persona. Y yo no lo he tratado siempre bien, pero él se las aguantó. Y siempre fue sincero conmigo… yo no sé si puedo decir lo mismo. Cuando estoy con él me siento seguro y siento que puedo escapar, aunque sea un poco, de todas las cosas terribles que pasan.

Ron hizo una cara. –¿Es en serio entonces? Querés estar con él.

–Sí.

–No puedo entender que confíes en él de esa forma. ¿No creés que lo que está haciendo es manipularte para su propio interés? ¿Arriesgás todo porque lo… deseás?

Harry se removió en el asiento, incómodo.

–Y no puedo creer que nunca me hayas dicho que eras…

–¿Para vos eso es un problema? –interpuso Harry a la defensiva.

–Bueno… no. Pero somos mejores amigos y nunca me lo contaste.

Harry suspiró. –Nunca se lo dije a nadie. Y también me gustan las chicas. Y cuando nos arreglamos con Ginny, me dije que ya no preocuparía al respecto, había sido algo que siempre me había inquietado. Y eso que por entonces todavía no sabía lo mal vistas que son las relaciones homosexuales en la comunidad mágica.

–A mí no me importa. –declaró Ron con énfasis– Me sorprendió, eso sí, y me revienta que justo hayas elegido a Malfoy… pero por lo demás… yo nunca…

–No te sientas mal… y perdón… tendría que habértelo dicho antes.

–Si había algo que disculpar ya está disculpado. Yo no soy tan inteligente como Hermione… o como Malfoy… pero no soy un tonto. Es evidente que hay algo en Malfoy que te hace bien, que necesitás. Pero me resulta muy difícil controlar mi temperamento ante ciertas cosas y con Malfoy es muy difícil… voy a necesitar tiempo… para pensar… para llegar a asumirlo… yo quiero seguir siendo siempre tu amigo…

–Yo también… y tomate todo el tiempo que necesites… para mí también tu amistad es muy importante… pero hay otras cosas mías que también lo son.

Ron asintió. –Ojalá sean para bien.

Harry salió de la cocina y pensó que podría ir a ver cómo le iba Hermione, la semana anterior la había estado ayudando con la poción y habían hablado sobre el horcrux restante, la diadema, seguían pensando que debía de estar en Hogwarts y habían estado considerando una nueva ida a la escuela para hablar con los fantasmas. Pero antes de hacerlo querían saber si la poción daba resultado.

Pero antes de subir al ático, pasó por su habitación. –Tenías razón.

Draco se sacó los auriculares. –¿Qué?

–Tenías razón. Soy un cobarde. Tenía miedo de admitirlo y de lo que la gente iba a pensar… de que me atraen los hombres… de que me atraés vos. Entiendo que estés enojado conmigo. No me avergüenzo de vos… y lo nuestro no tiene que seguir siendo secreto. También puedo decir que tenía miedo a comprometerme de nuevo… y a sufrir otra dolorosa decepción, pero eso es mi problema, vos no tenés que sentirte mal al respecto. Pero no creo que esté mal que te pida que seas amable con mis amigos, al menos un mínimo de cortesía y respeto. Ron señaló, con razón, que él nunca te hizo nada y que vos siempre lo trataste como una mierda y que seguís haciéndolo. Yo no digo que tengas que suplicar que te acepten, pero hay actitudes tuyas equivocadas que tenés que reconsiderar. Si querés ser parte de mi vida, vas a tener que hacer un esfuerzo mayor con mis amigos, son importantes para mí, son lo más parecido que tengo a una familia. Si vos ponés de tu parte, ellos también lo van a hacer, son buenas personas. Yo también tengo que cambiar algunas actitudes, he sido desconsiderado con vos más de una vez.

Harry esperó la reacción, probablemente Draco iba a empezar a gritarle. Pero no. Draco desvió la vista hacia la ventana y pareció cobrar un súbito interés por las gotas que se deslizaban por el cristal. El silencio se prolongó un largo minuto. Finalmente Draco se volvió y suspiró. –Touché. Muy bien expresado, Potter. Has mejorado mucho en tus argumentaciones, ¿quién te dice? hasta podrías llegar a ser miembro del Wizengamot algún día.

–¿Estás admitiendo que gané una discusión? –preguntó Harry incrédulo.

Draco sonrió. –Así parece. ¿Será que realmente existen los milagros?

Harry sintió que ya era seguro acercársele sin que lo mordiera. Calzó dos dedos en la cintura de los pantalones de Draco y lo atrajo hacia sí. Los ojos de Draco se abrieron grandes de sorpresa un instante y luego entró en el juego presionando las caderas contra las de Harry. Harry lo provocó juguetón con los labios evitándole ex profeso la boca y segundos después lo besó con violencia. El cuerpo de Draco era maleable en sus manos, respondía con inmediata diligencia a sus atenciones. No, Ron se equivocaba, era imposible que estuviera fingiendo. Cayeron en la cama riendo, arrancándose la ropa sin reparar en delicadezas, besándose, mordiéndose, pellizcándose, un poco de rudeza tenía también su encanto. Harry se le ubicó encima, gozándose en la desnudez de sus cuerpos apretándose; era grandiosa tal intimidad. Quería a Draco por completo, aspirarlo, degustar su sudor, abrazarlo con fuerza hasta fusionarse en uno. Tenía un amante y era alucinante, enloquecedor en el mejor de los sentidos. Besó el pecho de Draco, dejó juguetear su lengua y su nariz con las tetillas, a Draco le encantaba observarlo solazarse con su cuerpo. Harry disfrutaba dándole placer, explorando cada centímetro de piel; se deslizó hacia abajo hasta el ombligo dejando un reguero húmedo con la lengua, y a continuación más abajo aun.

Se había aficionado a la verga de Draco en su boca. Experimentaba y aprendía, ya podía prolongar la práctica sin que le dolieran las mandíbulas y a tomarlo bien profundo hasta la garganta sin que le dieran arcadas. Había aprendido a interpretar los sonidos que lanzaba su amante y se aplicaba con la boca para prodigarle las sensaciones más placenteras. Le encantaba el sabor de Draco y su olor a sudor y sexo. Le encantaba verlo apretar con los dedos las sábanas y tensionar los músculos del vientre y de los muslos cuando el estímulo pasaba a ser irresistible. Quería marearlo de placer. Todo el cuarto parecía cobrar un brillo tenue cuando estaban juntos así y los objetos parecían temblar al unísono con los estremecimientos de los cuerpos. Parecía como si todo el entorno se gozara junto con ellos. Amaba darle placer a Draco y Draco satisfacía gustoso sus caprichos.

Harry nunca había cedido el rol activo, en las oportunidades en que Draco lo había sugerido Harry se había puesto muy nervioso, Draco no había insistido, sabía que a Harry le tomaba tiempo superar sus reservas.

Harry sintió los gemidos que se iban transformando en gritos y sabía que Draco estaba llegando al límite, incrementó la intensidad y la velocidad del estímulo, el cuerpo de Draco entró en espasmos y la cama empezó a sacudirse peligrosamente. Draco acabó en su boca y la cama se vino abajo. Harry se sentó de inmediato, perplejo.

Draco ni se había dado cuenta. –Harry, eso fue épico… –dijo con un suspiro de satisfacción– te superás cada vez…

–Draco… rompimos la cama.

Draco soltó una carcajada. –Vamos a tener que controlar el ímpetu. Esta cama debe de ser vieja y está medio destartalada. No te preocupes, después arreglala con un ¡Reparo! ahora vení que te quiero abrazar…

Harry así lo hizo pero no podía evitar cierto desconcierto. ¿Tener sexo le hacía perder el control de la magia?

oOo

–¿Qué te pasa? – murmuró Draco.

–Nada, todo está bien. Es que quisiera prolongar estos momentos para siempre. Quisiera no tener que levantarme mañana… volver a todos los problemas.

–Sí, te entiendo perfectamente. –Draco lo abrazó con más fuerza y le dio un beso en la frente.

El estar así juntos sólo abrazándose era una de las cosas más lindas. A los dos les encantaba. Era obviamente muy sensual pero más que nada era tierno. Harry sabía muy bien que él los necesitaba, de abrazos había tenido muy poco. Y al parecer Draco también, Narcissa y Lucius no parecían dar el tipo de los que dispensan mimos. En los brazos de Draco, Harry se sentía seguro, protegido, feliz. ¿Y por qué todo y todos parecían empeñados en negarle esos momentos? ¿Por qué tenía que ser el Harry de ellos todo el tiempo? Y pronto podría morir…

–Shh… –dijo Draco frotándole la espalda para animarlo. Parecía que le había adivinado los pensamientos. –Ya no te inquietes… dormí…

Recostó la cabeza sobre el hombro de Draco. Nada podía ser mejor que eso… ni la pasta frola… ni atrapar la snitch. Dijera lo que dijera el mundo, algo tan bueno no podía estar mal.

oOo

La cena transcurría en un clima tenso y torpe. Nadie parecía querer hablar y eso que estaba la mayor parte de la Orden presente. Era lo habitual siempre que Draco estaba a la mesa, nadie hablaba con libertad. Ese día había ocurrido algo más que había empeorado las cosas.

Remus había vuelto antes de que empezaran. Traía la novedad de que un grupo de licántropos rebeldes se había separado de la jauría de Greyback, los habían reubicado en uno de los escondites de la Orden. Tonks, que iba a quedarse a cenar, recordó de repente que había algo urgente que tenía que hacer y había enfilado hacia la puerta de calle. Remus había ido tras ella. Todos habían fingido no escuchar la discusión tensa que habían tenido en el hall de entrada, que había terminado cuando Tonks se había marchado llorando.

–¿Cómo están las cosas en Hogwarts, Minerva? – aventuró el señor Weasley.

McGonagall hizo una cara. –No la reconocerías. Los malditos Carrows se han adueñado del lugar. Supongo que Severus no puede hacer nada para impedirlo, pero me parte el corazón ver a lo que hemos llegado. Me hubiera ido ya hace mucho tiempo si no fuera por los estudiantes, y mi lealtad hacia Albus, claro. No va a pasar mucho tiempo antes de que Ya Sabés Quién obtenga control total. Y cuando eso ocurra ya nada lo detendrá. Les lavarán el cerebro a los alumnos, formarán un ejército, matarán a los que se opongan o no se amolden.

Siguió un silencio tenso. –Como puede ser tan… deplorable. –intervino Draco de improviso– ¿Por qué Hogwarts?

–Es el primer lugar que pudo considerar su casa. –explicó Harry– Mientras Dumbledore estaba vivo le había resultado imposible regresar.

–Bueno… a estas alturas ya debería haberlo superado. –continuó Draco, se ganó un montón de miradas desaprobadoras– ¡Debería! –insistió Draco, disfrutando perversamente las reacciones que había logrado– Es deplorable, demuestra poca imaginación y nulo sentido de la estrategia. Sí, ya sé, es además maléfico y poderoso, criminalmente desequilibrado y todo eso; pero en el fondo no es más que un enfermo que les arruina la vida a todos porque tiene problemas edípicos. Merlín, ¡cómo lo odio! ¿Para qué volver a la vieja escuela? Con tanto poder que tiene podría intentar algo con más clase, más distinguido digo… no sé quizá sacar una marca de perfume con su nombre o apuntar a apoderarse de los Estados Unidos en lugar de Gran Bretaña –se regodeó disfrutando de las miradas heladas clavadas en él –Perdón, ¿el humor ácido y macabro no es pertinente?

–Por nosotros no te inquietes, –dijo Ron con tono frío– es sólo que algunos nos tomamos esta amenaza en serio y tratamos de hacer algo para detenerlo.

–¿Y vos creés que yo no? –replicó Draco con tono serio– Me sometió a tortura física y psicológica durante dos meses. Desmembró mi familia. Me desposeyó de magia, reduciéndome a… me quitó todo aquello de lo que podía sentirme orgulloso. Detesto a ese hijo de puta y reconozco que fui un idiota por haberle dado mi apoyo. Dicho lo cual… digamos que yo soy de los que prefieren tocar la lira mientras Roma arde… ¡malditos Gryffindors!, son siempre tan formales, honorables… acartonados para todo.

Harry sonrió. Draco tenía razón. Por más terribles que fueran las cosas, siempre era mejor tomárselas con humor. Era como exorcizar al demonio con la risa. Le hubiera gustado apoyar a Draco, pero los demás seguramente no entenderían, ni siquiera Fred y George. Era lo que Draco le había dicho al principio, vos sos como yo, un poco retorcido, y era cierto, no por nada el Sombrero había querido ponerlo en Slytherin.

–Draco, estaba pensado… –dijo Lupin– Bueno… en realidad es algo que muchos de nosotros nos hemos venido preguntando desde hace tiempo, –Lupin dirigió una rápida mirada en derredor– Sabemos que Dumbledore quería protegerte y que confiaba en que finalmente llegarías a reconocer las malignas intenciones de Voldemort y los mortífagos. Y al parecer ha sido así. Creemos que podrías ayudarnos. Si nos pudieras contar cosas que son de tu conocimiento, nos ayudarías a conocer sus planes.

La tensión de la atmósfera se había vuelto palpable, Harry contenía el aliento, deseaba que Lupin no hubiese planteado la solicitud delante de todos. Era injusto poner a Draco en una posición como ésa, casi todos estaban en su contra.

–No serviría de nada, –dijo Draco con tono calmo– ustedes ya conocen todo sobre la misión que me habían asignado y yo nunca fui un elemento de importancia, no me confiaron otras cuestiones serias. Excepto quizá, cosas que involucran a mi padre. Y supongo que no serán tan tontos como para creer que le voy a contar cosas que perjudiquen a mi familia. Sí, yo odio a Ya Sabés Quién pero ante todo soy un Malfoy y no voy a traicionar el vínculo. Y además, ¿por qué iba a querer ayudarlos? Aquí nadie me ha querido ni me quiere tener. Cuando Harry y yo fuimos hechos prisioneros todos asumieron de inmediato que había sido un plan mío. ¿Y ahora vienen a pedirme ayuda? No me malentiendan, comprendo que están en su derecho en desconfiar, no puedo culparlos en rigor de honestidad, pero discúlpenme si esperaban que de última terminaría actuando como el nenito bueno… estaban muy equivocados.

–Claro que no vas a ayudar, –dijo Ron con marcado rencor en el tono– típico Draco Malfoy, sólo se ocupa de satisfacer sus propios intereses, le importa un pito lo que le pueda pasar a los otros.

–Ron, cortala… –interpuso Harry.

–¿Así que ahora lo defendés? Estás tan ciego que no ves cómo es realmente, ¿lo egoísta que es?

–No le podés pedir que traicione a su familia, –dijo Harry pacientemente– entiendo cómo te sentís, pero eso es algo que no corresponde que le pidan.

–Es claro que vas a defenderlo, –agregó Ron con amargura– Ahora que son… –Hermione lo hizo callar con un codazo, pero ya era tarde.

–¿De qué estás hablando, Ron? –preguntó la señora Weasley.

Harry carraspeó, ése era un momento tan bueno como cualquier otro.

–Harry, no es necesario que… –empezó a decir Draco en voz baja.

Harry le dio un suave apretón en el hombro. –Quiero decirlo. Lo que Ron implicaba era que desde que estuvimos prisioneros, Draco y yo estamos juntos.

Kingsley preguntó desconcertado: –¿Juntos cómo?

Harry suspiró, Kingsley no parecía estar muy en vena esa noche. –Juntos… en pareja… amantes… en el sentido gay del término. –Tranquilo Harry.

Se hizo un silencio sepulcral. –No es algo que haya planeado, –continuó Harry– sé que va a haber muchos a los que no les va a gustar, pero yo no podría estar más feliz. Sé que no estoy haciendo nada malo y sé que no es asunto de nadie juzgar mi sexualidad.

Draco le dio un suave apretón en la mano y le sonrió. Harry sintió que finalmente había hecho algo bien. Poco le importaba lo que los otros pensaran. Se sentía muy contento de haberlo reconocido, era un momento de cristalina perfección y satisfacción. Draco y él juntos, para enfrentar con orgullo a quienquiera que quisiera objetar. Draco y él juntos.

Pero claro, un momento tan bueno no podía durar…

Snape irrumpió en la cocina. Todos se sobresaltaron, hubo caras de sorpresa y ceños fruncidos de preocupación.

–Señor Malfoy, necesito tener unas palabras con Ud.

Draco se puso de pie de inmediato, estaba muy pálido. –¿Qué pasa?

–Es mejor que sea en privado, salgamos.

–No, – dijo Draco con tono resoluto, pero le temblaba la voz– ¿Qué pasa? Es sobre mis padres, ¿no?

Snape lo miró con expresión triste en el rostro. –Anoche la Mansión Malfoy fue tomada. Fui allí esta mañana, el Señor Oscuro me había convocado. La residencia fue saqueada. Quemaron la capilla hasta los cimientos. Draco… tus padres estaban allí, atrapados. No hay nada que indique que hayan podido escapar. Lo siento mucho, Draco… te acompaño en el sentimiento.

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Amor et melle et felle est fecundissimus: El amor abunda en mieles y hieles. (Plauto)