Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Autora: Alysian_Fields

Finite Incantatem

Capítulo 17 – Novis te cantabo chordis

Harry sintió un intenso vacío en el estómago. Lucius y Narcissa Malfoy estaban muertos. Se dio cuenta de que inconscientemente había rogado para nunca tener que oírlo, no por él sino por Draco. Era demasiado cruel que le hicieran esto, que lo despojaran de la última gota de esperanza.

Harry lo miró, pronto a darle su apoyo, pronto para hacer cualquier cosa por él. Estaba horriblemente pálido, miraba a Snape como si físicamente lo hubiera golpeado. Luego movió la boca en una especie de forzada sonrisa que más pareció una mueca. –Gracias por haber venido a decírmelo, profesor. –la voz le había salido muy tensa– Aprecio mucho que se molestara.

–Lamento no haber podido llegar allí antes. Creeme Draco, si hubiera sabido del peligro que corrían tus padres…

–¿Y cómo hubieras podido saberlo? –lo interrumpió Draco– Sé que hiciste todo lo que pudiste, Severus. –Draco apretaba los puños, los nudillos se le habían puesto blancos, se notaba que hacía un gran esfuerzo para mantener el control.

–Lo sentimos mucho, Draco. –dijo Arthur Weasley con torpeza– Si hay algo que podamos hacer para ayudar…

Draco se volvió a mirarlo, tenía tanto dolor, desprecio y veneno en los ojos que Harry no pudo evitar estremecerse. –Me habría inspirado más respeto si Ud. hubiese empezado a festejar, Weasley. –le escupió– No crea que ignoro todo lo que hizo durante años para llevar a mi padre ante la justicia. Ya pueden empezar a celebrar, todos ustedes. Y no hay nada que puedan hacer para ayudarme. Prefiero que me odien a que me tengan lástima.

–Draco, nadie quiere celebrar. –dijo Lupin muy serio– Lo único que queremos…

Draco levantó una mano, temblaba. –Cállese. Nunca podría… Nunca podrá saber… Si Ud. realmente quiere ayudarme, ¡guárdese su hipocresía y déjeme tranquilo! Ahora si me disculpan… me voy a retirar. –empujó su silla a un lado y salió como tromba de la habitación.

Todos se quedaron en silencio, Draco tenía razón, podían tener buenas intenciones, pero eran unos hipócritas. Todos ellos habían ansiado que Lucius Malfoy recibiera su merecido. Quizá no todos hubiesen querido que muriera, pero eso era secundario. No tenían derecho de ofrecerle compasión a Draco. Y Draco, a pesar de sus defectos, valoraba mucho la sinceridad, aunque fuera brutal. No quería la lástima de personas que habían odiado a sus padres.

Harry no podía concebir que Narcissa estuviese muerta. Narcissa, que había arriesgado todo para que su hijo pudiera estar ahí ahora. ¿Por qué no habían huido? ¿Creían que iban a encontrar la forma de salir indemnes? ¿O lo habían considerado inútil, sabiendo que el Señor Oscuro terminaría capturándolos si se escapaban?

–Voy a ir con él, –dijo Harry– tengo que asegurarme de que está bien.

Lupin le puso una mano sobre el hombro. –Quizá deberías dejarlo un rato solo, Harry, es un dolor que…

–No. Me necesita… voy con él.

Snape lo observó salir con intensa curiosidad en los ojos. Harry ni lo miró, los demás lo pondrían al tanto de lo de Draco y él. Tenía que estar con Draco, hacerle saber que no estaba solo y que lamentaba de verdad lo que había pasado. No podía dejarlo solo en un momento así.

Llovía. Hacía frío. La borrasca de fines de febrero golpeaba contra los cristales de las ventanas.

Draco estaba de pie junto al escritorio, de espaldas a la puerta.

–Draco… –no parecía haberlo escuchado, daba una imagen de total fragilidad. –¿Draco?

Se dio vuelta lentamente. Miró a Harry como si no lo reconociera, con ojos desesperados que clamaban que lo salvaran.

Harry no sabía qué decir. Las palabras no servirían para expresarle lo que sentía y tampoco para consolarlo. Draco dio unos pasos inseguros acercándosele, Harry le estiró una mano, quería abrazarlo, demostrarle su apoyo. Quería que Draco confiara en él… pero la mirada en los ojos grises lo asustaba un poco.

Draco lo agarró con rudeza. No podía ser que estuviera enojado también con él, no podía ser que creyera que lo ponía contento lo que había pasado en la Mansión. Draco lo besó con ferocidad, Harry sintió gusto a sangre en la boca. Lo había dejado sin aliento, se dejó arrastrar hasta la cama y no opuso resistencia cuando Draco lo desnudó prácticamente desgarrándole las ropas. Harry no alcanzaba a entender lo que ocurría, Draco temblaba y respiraba con jadeos estertóreos y lo asía férreamente.

–¡Draco! –exclamó Harry empezando a sentir pánico ante el ataque brutal. –¿Qué estás…?

–Por favor, Harry… –la voz era apenas un susurro, que no condecía con la agresividad de sus acciones– Por favor, no…

Y Harry entendió. Entendió lo que necesitaba de él. Y estaba bien. Tenía que ser fuerte por Draco, se rindió por completo. Draco lo estaba lastimando, dientes y uñas le laceraban la piel y las carnes. Pero estaba bien. Alcanzó a aplicarse un encantamiento de lubricación apenas un segundo antes de que los dedos lo invadieran impiadosos. Sintió como si le hubieran clavado un aguijón, pero se obligó a restarle importancia, tenía que intentar relajarse. Draco estaba emocionalmente muy convulsionado y lo necesitaba así, no lo iba a decepcionar.

Draco le levantó las piernas y se las apoyó sobre los hombros. Tenía los ojos fijos en Harry pero era como si no lo viera, era como una mirada ciega pero estremecedora. Lo empaló salvajemente. Harry dejó de pensar en todo lo demás, la cabeza le daba vueltas, solo parecía existir el dolor, traspasándolo, desgarrándolo, apretó los dientes y los labios para no gritar. Draco lo tenía inmovilizado contra la cama, todo el peso de su cuerpo aplastándole los hombros y arremetía dentro de él sin reservas, sin darle tregua, implacable. Harry aceptaba el sacrificio, aceptaba el dolor, quería que Draco le traspasara y volcara en él el dolor que lo afligía. Estiró la mano y le acarició el rostro y le murmuraba palabras de ternura.

Draco le hundió la cara en el cuello y se aferraba a él como si en ello le fuera la vida. –Está bien, amor… –susurró Harry junto a su mejilla– está bien, no te detengas…

Draco acabó con un grito ronco, casi un grito de dolor… se derramó hondo en el interior de Harry, todo su cuerpo en espasmos. Jadeaba y temblaba en los brazos de Harry y las lágrimas se le escapaban incontenibles. Harry lo envolvió con todos sus miembros. Draco lloraba como un chico desconsolado, sollozaba descontroladamente. Harry lo acunaba y cada movimiento le reavivaba el dolor, el asalto había sido feroz. Pero era lo que Draco necesitaba y se lo daba con gusto.

Siguieron largos momentos de consolador abrazo, Draco fue recuperándose lentamente.

–¡Oh Merlin, Harry! ¡Perdón! ¿Cómo pude…! Debe ser terrible para vos…

–Está bien. –le aseguró Harry con una débil sonrisa.

Draco hizo una mueca. –¡No, no está bien! ¡Por supuesto que no está bien! Perdón. Arruiné todo. Lo había tenido tan bien planeado… cómo iba a ser la primera vez que fuera arriba. Iba a encender velas y a poner música melosa de fondo, todas esas huevadas románticas que a vos te gustan. Iba a ser perfecto y ahora… Vos fuiste tan gentil y delicado la primera vez… y yo en cambio te reventé… literalmente.

Parecía que Draco iba a ponerse de nuevo a llorar. –Draco… está bien. Yo quería… Yo quería darte algo para ayudarte. Shh… no te inquietes. Y esto no fue nada comparado con otras cosas que me tocaron pasar.

–Pero yo quería…

–Y va a haber otras veces… y todo va a salir como lo habías planeado. Esta vez no cuenta. Pero no te sientas mal. Vení.

Y se abrazaron y se envolvieron en el acolchado. Así juntos era mejor. El dolor no iba a desaparecer pero se soportaba mejor.

oOo

No tenés por qué sentirte mal, Harry, –dijo Sirius– no había nada que pudieras haber hecho para impedirlo.

Harry suspiró, estaba sentado al lado de su padrino en la fría playa. –Ya sé… pero es que ya ha tenido que sufrir tanto. No es justo que también le pase esto. Quiero ayudarlo, darle ánimo, pero no puedo…

Sí podés. Ya lo has hecho. Y estuvo muy bien que les dijeras a todos de tu relación. Sé que estabas asustado, sé que no te la van a hacer fácil, pero es lo mejor. Para Draco especialmente. Ojalá yo hubiera tenido el mismo valor en su momento.

Sirius, ¿por qué nunca me lo contaste? ¿Pensaste que lo iba a tomar mal?

No… no fue por eso. Es que vos eras muy chico y ya tenías muchas cosas de qué preocuparte. Y ya nos habíamos acostumbrado a guardalo en secreto y contarlo se nos había hecho muy difícil. Pero finalmente te lo habría contado… no hubo tiempo, sin embargo.

No hubiese sido "una preocupación" para mí. En realidad me hubiera ayudado mucho… tenía mucho que ver con lo que me pasaba, y que no podía discutir con nadie.

Ahora lo sé. Pero la desventaja de estar vivo es que uno no puede leer lo que piensan las otras personas. Por entonces yo no podía saberlo. No te enojes con Remus.

Pero es que no puedo entender por qué le hizo una cosa así a Tonks. La usó, la lastimó. Nunca hubiera creído que fuera capaz. –Harry sabía que estaba siendo particularmente duro. Pero era también porque resentía que le hubiera roto sus ilusiones, que se le hubiera desplomado un héroe.

Harry, no existen los héroes puros. Sí, Remus cometió un error, es humano. No significa que sea mala persona. Y cuando inició la relación con Tonks no estaba pensando con claridad, sufría en silencio la pérdida de su amante. No podés culparlo por tratar de buscar consuelo en los brazos de alguien más. Sí, fue algo egoísta… pero todos actuamos egoístamente de vez en cuando. Te necesita como amigo, ahora más que nunca, no lo hagas a un lado. Decile que lo amo y que siempre voy a amarlo, y que voy a estar esperándolo. Y tampoco hagas a Draco a un lado, lo necesitás para ganar esta guerra.

Voy a cuidarlo siempre… pero ¿cómo puede ayudar? No tiene información importante y sin magia… ¿cómo puede ayudarme?

No tendría que decírtelo, va contra las reglas, pero bueno… voy a ser más específico. Le tenés que decir a Draco de los horcruxes, puede ayudarte aunque ni él mismo sepa que puede. Y también al final, Harry, al final lo vas a necesitar.

¡Pero no puedo contarle de los horcruxes! ¡Se lo prometí a Dumbledore!

Vos haceme caso, Dumbledore no sabía muchas cosas cuando te lo pidió. Ahora me tengo que ir. Confiá en mí, Harry. Y confiá en vos, sos mucho más fuerte de lo que creés.

Harry hubiera querido preguntarle más, pero sopló un fuerte viento y dejó de soñar.

oOo

Draco apenas si pronunció palabra los días que siguieron pero no quería estar solo, estaba siempre junto a Harry. Hermione se estaba portando muy bien, maravillosa, venía a sentarse con ellos y comentaba con Draco libros que los dos habían leído o hablaba sobre tópicos generales. El pobre Ron no sabía muy bien cómo actuar, dividido entre el resentimiento y la compasión. A veces también venía a sentarse con ellos y trataba de participar en las charlas.

Harry sabía que sólo el tiempo lograría cerrar las heridas pero quería encontrar alguna forma de animar a Draco. No sabía cómo vencer el mutismo en que se había encerrado. Pero había algo que sí podía hacer, y esperaba que sirviera de ayuda, hacían el amor todas las noches; era el único momento en que lograba que Draco saliera, siquiera en parte, del estupor en el que estaba sumido.

Llegaron las vacaciones de Pascua, casi como por sorpresa. Vino Charlie Weasley de visita, contó que había logrado que Dean Thomas y su familia fueran transferidos a uno de los refugios de la Orden, también relató que estaban organizando una especie de movimiento de resistencia dentro de la escuela.

Días después, un miércoles, Harry le preguntó a Hermione si iba a necesitar que ese día la ayudara con la poción, Draco se había quedado en la habitación y no quería dejarlo solo durante mucho tiempo.

Hermione le dijo que se podía arreglar sola, sugirió que le llevara una taza de té y que tratara de hablar con él.

–Buena idea, –dijo Harry poniéndose de pie.

–Y otra cosa Harry, quizá le puedas preguntar a Draco en forma indirecta. Es posible que él conozca pasadizos secretos en Hogwarts que nosotros no conocemos, él sabía de la Sala de los Pedidos... Sé que no querés presionarlo…

–Haré lo que pueda. Pero no te hagas muchas ilusiones todavía se resiste a hablar. Voy a llevarle el té.

Ron se había ido más temprano ese día a La Madriguera, seguramente quería ver a Ginny. Harry no había pensado en ella en lo que parecían siglos, la relación parecía ser una cosa tan alejada en el tiempo. Y sin embargo sólo habían pasado unos meses. Él la había amado sinceramente, su relación con Ginny había sido libre de complicaciones y parecía encajar perfectamente en su vida, y sin embargo lo había engañado. ¿Podría resultar mejor su relación con Draco?

No obtuvo respuesta cuando golpeó a la puerta de la habitación. Entró. Lo encontró recostado con los auriculares puestos. Se acercó a la cama y dejó el jarro de té sobre la mesita de luz. Se recostó a su lado y lo abrazó, Draco se estremeció, se puso de costado dándole la espalda pero acurrucándose en el abrazo y se sacó los auriculares.

Harry le besó la nuca. El cabello de Draco olía maravilloso, lo tenía muy largo ahora. –Te traje té.

Draco se volvió y comenzó a prodigarle besos, Harry respondió gustoso y agregó caricias en la espalda. No hubo más palabras pero el juego sensual fue intensificándose. El jarro de té quedó olvidado, enfriándose en la mesita.

oOo

Harry bajó dos horas más tarde con la idea de hablar con Remus. Lupin no había estado en la casa desde la noche en que Snape había traído la infausta noticia; se suponía que vendría esa noche. Le llegaron voces del comedor y hacia allí se dirigió pensando que podría estar allí. Pero las voces eran de Ron y Charlie que habían regresado de La Madriguera, y también…

–Hola Harry. –saludó Ginny poniéndose de pie y dibujando una sonrisa nerviosa.

Harry se quedó mirándola. Era tan extraño tenerla frente a él, así. No sabía qué se suponía que tenía que decir. Y un abrazo fraternal estaba descartado desde el vamos. Ya no estaba enojado con ella, esa herida ya había cicatrizado. Habían aparecido otras, eso sí, pero nada que ver con Ginny. Pero, ¿qué sería lo apropiado en circunstancias como ésa?

Ginny tragó saliva y miró a Ron como buscando una confirmación, Ron le hizo un corto gesto de asentimiento. –Harry, ¿podemos hablar? – preguntó ella con voz muy suave.

–Sí, por supuesto. –se apresuró él a contestar, quizá con excesivo entusiasmo– ¿Te parece en la sala?

Ella se distendió un poco, quizá había temido que él le gritara o algo así.

Pasaron a la sala y Harry cerró la puerta. Ginny estaba muy linda, más delgada que la última vez que la había visto. Le sentaba muy bien, le confería más gracia a su figura. La piel lucía particularmente diáfana. –¿De qué querías hablarme?

–Quise venir a verte. Para pedirte disculpas… por todo lo que…

–Está todo bien, Ginny, estuve muy mal en su momento, muy enojado… pero ya se me pasó. Ya no estés preocupada.

–Ojalá fuera tan fácil. Lo que te hice no tiene excusa. Cometí un terrible error… porque tenía miedo y me sentía muy sola… pero eso no es justificación… fue un tremendo error. Yo te amaba, Harry… y me siento espantosamente mal por haberte herido… todavía te amo…

Harry la miró confundido. –Gin, ¿adónde querés llegar?

De pronto parecía tan frágil, los labios le temblaban. –Harry… ¿podrás perdonarme alguna vez… como para volver a aceptarme? Yo siempre te quise… y no voy a cometer el mismo error… ahora comprendo lo horrible que es haberte perdido. Te juro que nunca más voy a volver a lastimarte… si me dieras otra oportunidad. Estoy dispuesta a esperarte como te había prometido. Prometo tener más fe en vos y tratar de compensarte... el resto de mi vida.

Ella siguió agregando cosas con tono inseguro, Harry comprendió entonces que no sabía, no tenía la menor idea de su relación con Draco.

–Siento mucho haberte herido. –continuó ella con los ojos llenos de lágrimas. –como Harry no reaccionaba mal, tomó valor, se le acercó y le rodeó la cintura con los brazos. Harry pudo sentir su exquisito perfume y la tersura de sus cabellos contra su mejilla. Sí, las cosas con Ginny siempre habían sido simples, más fáciles. En cambio con Draco todo era complicadísimo, confuso con frecuencia, muy problemático… ¡pero mejor!

–Lo siento Ginny… pero no.

–Entiendo que es algo muy repentino… que vas a necesitar tiempo…

–No es eso… estoy con otra persona.

–Pero Ron dijo… ¿y con quién? mirá, no hace falta que busques excusas… si lo que necesitás es tiempo yo estoy dispuesta a esperar lo que haga falta…

–No se trata de eso. Y Ron debería habértelo dicho, lamento que no haya sido así. Desde hace varias semanas estoy en pareja con Draco Malfoy.

Ginny soltó una carcajada nerviosa. –Harry no hagas bromas de ese tipo…

–No es una broma.

Ella se quedó mirándolo desconcertada, finalmente articuló –¡Merlín! Es en serio. Harry, no puede ser que consideres seriamente una relación ¡con Draco Malfoy! ¡Pero si no lo podías ni ver! ¡Te das cuenta de lo disparatado que suena? ¿Se trata de alguna forma retorcidamente refinada de vengarte de mí? ¿Te cagué tanto la vida que preferís a alguien que odiás antes que a mí? y... ¿de golpe te volviste gay? ¿Ya no te gustan las mujeres? –había dejado de lado el tono de disculpa y de sorpresa… ahora el tono había pasado a ser de enojo, una lágrima le rodaba por la mejilla.

Harry odiaba que se pusiera a llorar. Estaba furioso contra Ron por urdir todo eso. –Lo siento Gin, nada de esto tiene que ver con vos, y no se trata de venganza. No fue algo que pasó de la noche a la mañana, ni siquiera sé con certeza cómo pasó. No odio a Draco… aprendí a conocerlo… y ha cambiado. Y hemos pasado juntos por muchas cosas en los últimos meses. Si vos no hubiera hecho lo que hiciste, las cosas serían distintas, yo te hubiera seguido fiel. Pero lo que pasó, pasó. Yo nunca te lo había dicho pero desde hace varios años que sé que soy bisexual. Draco es el que necesito ahora. Y él me necesita. Y no pienso renunciar a él. Es algo diferente, a veces doloroso y a veces me da miedo… pero es también lo más maravilloso. Y lo que teníamos vos y yo pudo haber sido también muy bueno… pero no lo fue y… quizá los dos pecamos de poco sinceros… no llores Ginny.

Harry iba a acercársele pero ella lo detuvo. –No… entiendo… fue mi culpa… yo arruiné todo. Pero… si alguna vez… si cambiás de opinión yo voy a estar esperándote. Si él te decepciona, si te lastima… Harry, vos sabés que eso es lo que va a pasar… todavía no es tarde, Harry, no arruines tu vida por un metejón estúpido. Draco no es la persona adecuada para vos, las personas no cambian tanto… yo te voy a estar esperando Harry.

Harry iba a argüir en contra, pero no lo hizo. Él todavía tenía dudas. Draco era tan culto e inteligente, ¿qué podía encontrar de interesante en alguien como Harry? Aun sin magia, Draco era demasiado brillante para él. Pero Harry sabía que nunca podría volver con Ginny, incluso si su relación con Draco llegaba a malograrse. –Lo siento, Ginny, pero sería mejor que no abrigues ningún tipo de esperanza. Lo que hubo entre nosotros está definitivamente concluido, sin retorno.

Por un momento pareció que iba a volver a objetar, pero luego pareció darse por vencida. Como un fantasma salió de la habitación.

Harry se dejó caer en uno de los sofás de tapizado apolillado. Había sido horrible. Cuando la decepción de Año Nuevo todavía era todavía reciente, Harry había fantaseado con Ginny viniendo arrepentida a pedirle disculpas para que la volviera a aceptar y él mandándola al diablo. Pero las cosas habían cambiado desde entonces, había madurado. Ahora sabía que nada es tan simple como bien o mal. Ginny no era mala persona y no había sido su intención lastimarlo. Y lastimarla había sido espantoso.

En ese instante Ron irrumpió en la sala. –¿Qué carajo le dijiste? –le dijo muy enfadado– ¡Estaba llorando a lágrima viva! No nos quiso contar lo que había pasado, sólo le pidió a Charlie que la acompañara de vuelta. ¿Qué fue lo que la puso así?

Harry ya no pudo contenerse. No había querido enojarse con Ginny, pero no tenía ningún inconveniente en enojarse con Ron. –¡Qué carajo fue lo que vos le dijiste? ¿O que no le dijiste más precisamente? ¿Por qué no le contaste lo de Draco y yo?

Con culpa, Ron desvió la mirada por un instante, pero se recuperó enseguida. –Bueno… ella estaba muy trastornada por lo de Año Nuevo, quería arreglarse de nuevo con vos.

–Sí, –replicó Harry con tono helado– el problema es… ¡que yo estoy con Draco! ¿Acaso pensaste que lo iba a hacer a un lado sin más apenas se me presentara la posibilidad de recuperar a Ginny?

Ron se mordió el labio. –Bueno… yo sé que le pasaron muchas cosas y lo siento por él… a pesar de que es un pelotudo… pero… ¡qué mierda, Harry!... pensé que si vos veías que las cosas podían ser como antes… vos y Ginny… era genial verlos juntos… y vos serías mi hermano. Y yo sé que ella te lastimó mucho… que te rompió el corazón… pero ella nunca te haría daño de la forma que puede hacértelo Malfoy. Harry… pensá con sensatez, sabés que no podés confiar en él. Sabés las cosas que hizo. No quiero verte sufrir terriblemente cuando él te engañe. Y no quiero que nosotros nos separemos… vos, Hermione y yo, siempre nos llevamos bien, y somos tan fuertes juntos. Y si vos estás con Malfoy no va a ser lo mismo. Él no es como nosotros. Y quizá no es tan malo ahora, pero nunca va a cambiar por completo.

Harry demoró un instante en replicar. –Sé que Draco no es perfecto. Sé que es diferente de nosotros. ¡Pero tampoco es tan diferente! Y si ustedes dos dejaran de lado los prejuicios llegarían a verlo. Y aprecio tu preocupación pero tenés una forma muy aviesa de demostrarla. ¿Te das cuenta de que para Ginny resultó mucho peor porque la animaste y no se lo advertiste? Yo tampoco quiero perder tu amistad, pero si eso llegara a pasar no va a ser por mi culpa o por culpa de nada que Draco haga. Y si yo llegara a salir herido, tendré que aguantarlo, pero al menos habrá sido porque yo lo elegí. Lo que quiero es hacer las cosas de acuerdo a cómo las siento, quiero seguir mis sentimientos… si no podés aceptar eso… pues entonces lo lamento.

Salió de la sala muy perturbado. Quería a Draco, necesitaba a Draco, su sola presencia lo reconfortaba siempre. Quería estar con la única persona, que aun siendo tan diferente, lo entendía tan bien. Y eso era algo que sus amigos no alcanzaban a ver, por más que se lo explicara. Cuando estaba por subir, notó que la puerta de la sala de lectura estaba entornada. Entró. Draco estaba sentado en el suelo, rodeado de viejos discos. Le sonrió al verlo entrar y se echó hacia atrás el pelo que le había caído sobre la cara.

–Hola.

Harry cerró la puerta y fue a sentarse junto a él. No sabía si contarle lo que había pasado. Por fortuna no tuvo que decir nada, Draco lo envolvió en un tierno abrazo.

–Gracias. –le susurró.

–¿Por qué?

–Por haberme elegido a mí. Por no haber vuelto con Ginny.

Harry se separó un poco, sorprendido. –¿Cómo…?

Draco bajó los ojos avergonzado. –Yo pasaba por delante de la puerta… y resulta que escuché… –suspiró– ¿La verdad? Sabía que había venido y me puse a escuchar a escondidas. Gracias por quedarte conmigo.

Harry rió, era un alivio no tener que contarle lo que había pasado. –Es claro que te iba a elegir a vos, hasta donde yo sé, vos nunca me engañaste con un jugador del equipo de Hufflepuff. ¿No era acaso obvia la elección?

Draco sonrió. –Sí, pero yo hice otras cosas. Hice todo lo posible para que te expulsaran. Traté mal a tus amigos. Traté de que ejecutaran a ese espantoso hipogrifo de Hagrid. Te rompí la nariz de un pisotón en el tren. –tomó a Harry, lo puso contra el suelo y lo besó– ¡Que ni se te vaya ocurrir cambiar de opinión! Olvidate de todo lo que acabo de decir… no eran más que desvaríos. Siempre me comporté como un ángel desde que te conocí, y soy mucho mejor que esa chica Weasley. No podías haber hecho mejor elección.

Harry rió ante la payasada. –Lo sé. –dijo y lo besó a su vez– Nadie sabe satisfacer mis tendencias masoquistas como vos.

Draco rió y bajó la cabeza para apoyarla en su hombro. –En serio, gracias. Significa mucho para mí. Y gracias también por salir en mi defensa ante Weasley.

Harry frunció el ceño. –Él está muy equivocado.

–Él sólo quiere protegerte y no quiere perderte.

Harry lo miró como si no pudiera creerlo. –¿Y ahora salís a defenderlo? ¡Sí que existen los milagros!

Draco trató de contener la risa. –¿No fuiste vos el que me había dicho que tenía que ser amable con ellos? –se sentó y adquirió una expresión más seria, rebuscó alrededor entre los discos– Encontré esto. –dijo levantando uno.

Harry leyó el título. Los pescadores de perlas de Bizet. La desconocía por completo pero no dijo nada.

–Era la favorita de mi madre, –explicó Draco– pero como era música muggle no la escuchaba cuando mi padre estaba en casa. Pero cuando él no estaba ella se pasaba horas escuchándola una y otra vez en el la sala de música. –¿Puedo ponerlo? Hay un dúo que a ella le gustaba en particular, quisiera que lo escuches.

Harry asintió, conmovido. También un poco avergonzado, Draco sabía tantas cosas y él nada, se sentía ignorante y estúpido. Le hubiera querido decir lo mucho que significaba para él que Draco quisiera compartir algo tan íntimo con él, pero no se animó, no fuera que lo tomara a mal.

Draco se puso de pie, fue hasta el gramófono e hizo girar la manivela, varias vueltas. Colocó el disco y depositó la púa. Comenzó la música. Era ópera. Genial, pensó Harry, ahora me siento incluso más estúpido.

–Los dos hombres que cantan, –explicó Draco– son mejores amigos. Están enamorados de la misma mujer, en esta parte se prometen renunciar a ella para no destruir la amistad. Me fascina cada vez que la escucho.

Harry no pudo sino sentirse de acuerdo. No sabía nada de música clásica, pero eso no quería decir que no pudiera apreciar algo tan bello. Sintió una especie de nudo en la garganta escuchando las dos voces intercalándose, ondulando y cobrando vuelo en un conmovedor lamento. La pieza preferida de la madre de Draco.

Había lágrimas en los ojos de Draco, estiró la mano para confortarlo y Draco se la tomó agradecido con un suave apretón. Escucharon juntos con respeto, con unción como en una ceremonia litúrgica, en silencio hasta que terminó.

–Perdón por haber estado tan distante. –dijo Draco– No era que no quisiera hablarte. Tenía mucho que pensar, mucho que reflexionar. Harry, ahora lo sé. Sé lo que tengo que hacer. Dejame que te ayude, permitímelo, por favor. Mató a mis padres… tengo que hacer algo. Ya no me importan las diferencias entre Slytherin y Gryffindor, quiero luchar junto a vos, quiero luchar con vos y ayudarte para destruirlo. Haré lo que sea, quizá no pueda hacer mucho… pero quiero tratar… dejame ayudar.

Harry lo envolvió en un fuerte abrazo. –Por supuesto que podés ayudar. –susurró. Eso era lo que había estado esperando, ése era el momento apropiado para seguir el consejo de Sirius y contarle todo, los viejos recelos debían dejarse de lado definitivamente. –¡Oh Draco… hay tanto que tengo que decirte!

oOo

Novis te cantabo chordis: Te honro con nuevos sones.

También tomado de un poema de Baudelaire: En honor de mi Françoise (Franciscæ mæa laudes)