Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.
Autora: Alysian_Fields
Finite Incantatem
Capítulo 18 – Condemnant Quod Non Intellegunt
–¿Que hiciste qué!
Harry no pudo evitar encogerse y estremecerse. Ron y Hermione le clavaban la mirada, escandalizados e indignados, y nada de lo que pudiera decir o hacer parecía que fuera a apaciguarlos.
–Harry, –dijo Hermione, la voz muy esforzada, tratando de mantenerse controlada– Harry… ¿le contaste a Malfoy? ¿Le contaste de los horcruxes?
Tragó saliva. –Sí.
–¡CÓMO PUDISTE SER TAN PELOTUDO! –aulló Ron– ¡Cómo… pudiste hacer algo tan estúpido? Vos fuiste el que nos dijiste que no podíamos decirles a Remus o a Snape, personas que podían realmente ayudarnos… y ahora vas y se lo decís a Malfoy… todo… ¡toda esa información que le habías prometido a Dumbledore que no le ibas a contar a nadie!
–¡Porque Sirius me dijo que tenía que hacerlo! Y porque Draco quiere ayudarnos. Se ha decidido a alinearse con la Orden y quiere hacer algo para vengar la muerte de sus padres.
–Pero Harry, –protestó Hermione– seguramente te das cuenta de por qué estamos tan preocupados. Es cierto que lo que Sirius te ha venido diciendo en sueños ha sido de lo más acertado hasta ahora, pero no tenemos forma de saber si va a seguir siendo siempre así, o si se trata realmente de él. –Harry abrió la boca para objetar pero ella lo frenó con un gesto de la mano– Mirá… yo sé de tus sentimientos por Malfoy, y que te sentís mal por lo que le pasó, pero ¿no te das cuenta de lo insensato que es compartir esa información tan delicada con él? Quiero decir… incluso si pudiéramos confiar en él, que no es así, lo estás poniendo en serio peligro.
Harry suspiró, era difícil argumentar cuando todo parecía darles la razón. Los miró sin saber qué podía hacer para convencerlos de que estaba justificado. Antes eran tan amigos que ni siquiera hacía falta poner sus pensamientos en palabras, ellos entendían igual y lo apoyaban. Y ahora este asunto con Draco había plantado una cuña que los separaba, sus motivos se les hacían incomprensibles y todo lo que decía los enfadaba o los preocupaba. Y lo peor era que Harry pensaba que él no había cambiado, admitía eso sí que una parte de él que solía haber estado oculta se había hecho patente, y que estaba en una relación con una persona que nunca antes le había caído bien, pero seguía siendo el mismo Harry. Le dolía que ya no confiaran en él y le dolía también no poder hacerles entender.
–Aprecio que se preocupen, –dijo mirando por la ventana hacia el parque, lóbrego de aspecto, mojado por la lluvia– no fue una decisión que tomé sin pensar y soy consciente de los peligros que implica, pero asimismo estoy convencido de que nos puede ayudar…
–¿Cómo? –interrumpió Ron– En serio, Harry… ¿cómo? Él mismo dijo que no sabía nada útil… y no puede hacer magia… entonces, ¿cómo va a ayudarnos?
Harry se estaba exasperando. –Otra vez sacás la misma cuestión. ¿Qué importa que pueda hacer magia o no? ¿Acaso crees que los muggles o los squibs son todos inútiles?
Ron frunció el ceño. –¡Claro que no! Vos sabés que no es así. Quiero decir que en una guerra con magos oscuros peligrosos, si no tenés magia no tenés ninguna posibilidad. Lo mejor que puede hacer Malfoy es mantenerse lejos de la línea de fuego. Y aparte, ¿qué te hace pensar que es de confiar?
–Ron tiene razón. –dijo Hermione– Y se suponía que estuviéramos unidos en esto, fue lo que acordamos el año pasado. Acordamos que lucharíamos juntos, que confiaríamos entre nosotros y que haríamos todo lo necesario para ganar la guerra. ¿Cómo pudiste hacerlo, decirle a Malfoy sin consultarnos antes?
–Perdón. Pero, ¿qué me hubieran respondido si se lo preguntaba? hubiera sido esta misma conversación. Sé que ustedes no son precisamente fans de Malfoy pero quisiera que confiaran en mí.
–Bueno, ya te equivocaste en otras oportunidades por seguir un impulso repentino y hubo gente que salió lastimada. No quiero sonar cruel, pero tengo miedo por vos y tengo miedo de que, debido a esto, pongamos en riesgo todo lo que hicimos hasta ahora.
Harry no tenía nada más que pudiera decir. Era cierto, había metido la pata en otras ocasiones, pero ahora era distinto. Había sido la indicación de Sirius; le dolía que no lo entendieran. Ya en otras oportunidades, la gente lo había aislado, pero no le había importado entonces porque Ron y Hermione siempre lo habían apoyado, aunque no entendieran del todo. Ahora estaba solo. Y los sueños los había tenido él y a él le correspondía saber si darles crédito o no. Y si bien a Draco no lo conocía totalmente, sabía que odiaba a Voldemort y que haría lo que fuera para vengarse. ¿Y quien podía afirmar categóricamente que no pudiera ayudar? ¿Y si terminaba aportándoles algún dato importante sobre los horcruxes?
–Tienen que confiar en mí, yo creo en lo que Sirius me dijo, y me lo dijo para ayudarme a ganar la guerra. Y es posible que Malfoy pueda ayudar. Tengo que darle la oportunidad. Hermione, cuando él vino, vos me dijiste que tenía que ganármelo para nuestra causa, ¿no te acordás? Bueno, eso es lo que hice, y si nuestra relación ha ido más allá, eso no es algo de lo que tenga que disculparme. Y quizá sí debería haberlos consultado antes pero reconozcan que en lo tocante a Draco ustedes no se han mostrado precisamente de mente abierta.
Hermione se mordió un labio, aparentemente estaba reconsiderando. Lo que seguía siendo un problema era…
–¡Y una mierda! –chilló Ron– Tu relación con Malfoy que quede aparte, tengo mis reparos pero no es asunto mío, sobre eso decidirás vos. Pero respecto de confiarle información crucial sí que tengo derecho a opinar, no me fío de él, estás poniendo en peligro la misión y peor… te estás poniendo en peligro vos. Depositás toda tu fe en él y al final te va a cagar. ¡Y detesto ver que eso es lo que está pasando! Te está apartando de nosotros, vos te ponés siempre de su lado, y no te das cuenta de lo que está haciendo.
–¡No es así! –protestó Harry.
–¡Claro que es así! Vos lo conocés, es manipulador, egoísta, mentiroso, mala persona…
–¿Saben qué? Estas puertas no son a prueba de ruidos y no usaron ninguna magia para silenciar la conversación. – les llegó la voz de Draco desde afuera.
–Va a ser mejor que entres, Draco. No me parece que pueda empeorar más las cosas…
Draco entró con resolución y les clavó una mirada acerada, estaba muy serio. No me decepciones, pensó Harry, no vayas a decir algo que termine justificándolos.
–Sé exactamente lo que ustedes piensan. –dijo Draco mirando a Ron y a Hermione sin intimidarse.
–¿Estás seguro? – preguntó Ron con rudeza.
–Por supuesto. Ustedes no son precisamente sutiles y yo no soy estúpido. Y además, como ya dije, pude escuchar todo del otro lado de la puerta, expresaron claramente lo que piensan. Pero han de saber que cualesquiera hayan sido las diferencias entre nosotros, después de lo que les pasó a mis padres, –Draco titubeó casi imperceptiblemente– mi objetivo es el mismo que el de ustedes. Quiero hacer todo lo que esté a mi alcance para destruir a Ya Sabés Quién, sé que probablemente no voy a poder hacer mucho. Sé que no puedo pelear, literalmente hablando. Nunca fui bueno para eso, tampoco.
–No, vos siempre fuiste del tipo de los que salen corriendo. – masculló Ron. Draco no se dignó a replicarle.
–Aprecio mucho que Harry me haya confiado información tan crítica. Ustedes seguirán probablemente dudando de que haya cambiado, pero yo les aseguro que no haré nada que perjudique nuestras chances de ganar esta guerra. Según Harry, vos dijiste que eso era lo más importante, Granger. Y estabas más que dispuesta a manipularme para sacarme información sin tener siquiera la cortesía de decirme nada en retribución. Bueno… no se puede tener todo… no siempre.
Draco estaba haciendo justamente lo que Harry no quería que hiciera, desplegaba su fachada de arrogancia y hostilidad delante de sus amigos. Lo enojaba tanto ¿Por qué no dejaba ese juego de lado? Lo miró ávido y sus devaneos se desviaron hacia otros rumbos menos honorables, quería besarlo y acariciarlo y arrancarle gemidos de deseo, ya estaba planeando un agresivo combate sexual para más tarde.
–Bueno, –dijo Hermione– ya no es posible volver atrás. De nada vale plantear objeciones de falta de confianza. Entonces, ¿de qué modo pensás que podrías ayudar?
Draco hizo una cara. –Todavía no lo sé.
–Bueno, estupendo Harry. –apuntó Ron– Le mostraste todas las cartas al pedo, no puede hacer nada para ayudarnos. No es de extrañar, son cosas que suelen pasar cuando sólo se piensa con la… bragueta.
–Mirá, –se defendió Harry– ya te dije que no tuvo nada que ver con… con…
–Con el hecho de que yo cojo como los dioses. –completó Draco.
Harry lo reconvino con una mirada exasperada. –Como ya había dicho, le conté todo porque fue lo que Sirius me dijo que hiciera. Sirius me dijo que Draco podía ayudar, aunque ni Draco mismo supiera cómo.
–Harry vos no sabés con certeza que sea realmente Sirius el de los sueños. –repitió Hermione.
–¡Sí que lo sé! –gritó Harry, se estaba hartando, la discusión se había vuelto circular. –Y lo que me dijo de Remus lo confirmó. ¡Ustedes creían que era Sirius de verdad! Y ahora que Sirius me pidió que hiciera algo que a ustedes no les gusta vuelven a cuestionarlo. No sé qué es lo que Draco pueda hacer, pero estoy convencido de que puede hacer algo. Y quiero darle la oportunidad.
–Y yo estoy dispuesto. –confirmó Draco con tono de superioridad.
Harry pensó que el Slytherin debería aprender a callarse la boca. Y empezó a fantasear desvergonzadamente en silenciarle los labios con un beso.
–Veamos entonces, –continuó Draco como si todas las dificultades hubieran sido ya zanjadas– están preparando una poción para destruir los horcruxes, Harry algo me adelantó, pero ya sabemos que las pociones no son su punto fuerte. Granger, ¿sería posible que más tarde me explicaras un poco más al respecto?
Hermione no contestó enseguida. Estaba considerando todos los pros y contras. Por un lado la posibilidad de un sabotaje. Por otro, los amplios conocimientos sobre pociones que, le constaba, Draco poseía. Además, Draco seguramente sabía más de magia oscura que ella. –De acuerdo. –dijo finalmente.
–Estupendo. –dijo Draco con una sonrisa satisfecha.
oOo
–Así que los han vuelto a ver en el Callejón Knockturn –Harry se frotó las sienes tratando de aliviar la tensión y un dolor de cabeza incipiente– ¿Y tus contactos pudieron averiguar qué estaban comprando, Dung?
–Pociones varias, un espejo maldito, otros adminículos oscuros… cosas de ese tipo. Se me ocurre que son para fortalecer sus defensas.
–Lo que significa que están inquietos. –dijo Emmeline Vance– Deben de saber que la resistencia crece y gana fuerza. Se habrán dado cuenta de que la muerte de Dumbledore no fue suficiente para eliminar la oposición. Y hemos perfeccionados nuestros detectores de maldiciones y maleficios.
–Es cierto. –dijo Harry.
–Y hemos capturado a tres mortífagos de rango menor. –informó Kingsley– ¿Recuerdan a Walden MacNair? Bueno, a él, y a Jugson y a Avery. En un club de strip tease que está próximo a El caldero que pierde. Hestia conoce a una de las chicas que trabaja allí, fue la que nos pasó el soplo. Hubo una buena pelea, pero los dominamos al final.
Emmeline abrió los ojos sorprendida, no estaba enterada de que Hestia tuviera ese tipo de informantes. –¿Les pudieron sacar algo?
–Muy poco. No son de los que están en los rangos más importantes de los mortífagos, pero son leales. Los tenemos vigilados muy de cerca, no queremos que terminen suicidándose como Pettigrew. Snape nos ha prometido conseguirnos más Veritaserum, veremos.
–Y volviendo a los mortífagos en el Callejón Knockturn, –dijo Harry, dirigiéndose a Mundungus– ¿Se sabe quiénes eran y hacia dónde fueron después?
–Iban cubiertos con las capuchas –dijo Dung– Uno de ellos era muy grande, pudo haber sido Crabbe o Goyle. Pudieron seguirlos un poco, los perdieron en la calle Queens. –una sonrisa estúpida cruzó la cara de Dung– Quizá vos conozcas la calle, Harry… Queens (*)
–Todo parece indicar que Ya Sabés Quién ha establecido una base de operaciones en Londres. –dijo Kingsley pasando por alto el último comentario– El orfanato donde se crió está en esa zona; hace unos meses hubo un sospechoso escape de gas –creo que Arthur lo mencionó en alguna oportunidad– y el edificio fue declarado inseguro. Nuestros investigadores no han podido ubicarlo desde entonces, es posible que hayan usado un encantamiento para que sea imposible localizarlo.
–¿Y con respecto a Hogwarts? –preguntó Harry– ¿Hay algún indicio de qué planes tiene?
–Todo parece indicar que la tendrán totalmente controlada para el final de este ciclo de clases. –dijo Emmeline– Según Charlie, los Carrows han ido acumulando más poder cada vez, Severus no puede hacer nada puesto que comprometería su posición como espía. Hogwarts ya no es segura para cualquiera que se oponga al nuevo régimen de crueldad. Ya lo había anticipado Minerva. Quieren formar un ejército, les lavarán el cerebro a los alumnos. Charlie parece que va bastante bien con el grupo de resistencia que han organizado. También hemos tenido contacto con Hagrid. En el bosque ha logrado conformar grupos de criaturas mágicas y se les han sumado grupos de refugiados nacidos de muggles. Según tengo entendido, Olympe Maxime está organizando grupos similares en Francia. Si elaboramos una estrategia quizá tengamos alguna posibilidad… pero me temo que de última todo depende de Harry. Lo que le pasó a los Malfoys es signo de lo furioso que se puso Ya Sabés Quién después de que Harry escapó. Recapturar a Harry es en este momento su principal objetivo. Harry le ganó ya varias veces. Es su principal oponente y nuestra mayor esperanza.
Harry no hizo comentarios, deseaba que la gente no dijera cosas como ésa. Sabía de su responsabilidad y sabía que había logrado vencerlo en oportunidades anteriores. Pero ahora todo se había vuelto mucho más difícil. Aun en el caso de que pudieran destruir todos los horcruxes, quedaba Voldemort mismo, uno de los magos oscuros más poderosos de todos los tiempos. Y Harry se sentía tan joven e ignorante. Tenía capacidad para improvisar, pero mucho lo había podido hacer gracias a la suerte. Ahora las posibilidades de ganar parecían tan pocas. Y había tantas vidas en juego.
–Harry, ¿te pasa algo? –inquirió Emmeline.
–Eh… no… pensaba nomás.
Sonó una risotada de Mundungus. –Habrá estado pensando en las haditas. (*)
Harry gruñó. –Dung, ¿hasta cuándo pensás seguir con tus alusiones pelotudas de doble sentido?
–Son sólo bromas, –se defendió Dung con ojos inocentes– no seas tan serio, aprendé a reírte de vos mismo.
La reunión terminó poco después. A Harry no se le había pasado por alto que nadie había salido en su defensa, ni le había llamado la atención a Dung. Lupin había tenido razón, la comunidad mágica era intolerante respecto de la homosexualidad. Bueno, eso era algo que iba a tener que cambiar. Ya estaba harto de tener que estar escondiéndose. La homosexualidad no era algo que debiera considerarse peligroso para la preservación de la especie. Él todavía quería tener hijos y suponía que habría formas de conseguirlo incluso estando en relación con otro hombre. La ira lo llenaba de ánimos. No quería que se repitiera la triste historia de Sirius y Remus, que habían ocultado por miedo una relación que no tenía nada de malo. Si sobrevivía a la guerra iba a iniciar una nueva cruzada para cambiar la forma de pensar, para promover la aceptación de los diferentes tipos de preferencias sexuales, sería maravilloso encarar esa otra lucha con Draco a su lado.
oOo
Draco estaba sentado abrazándose las piernas en el asiento de la ventana, con los auriculares puestos. Lo recibió con una sonrisa y apagó el reproductor.
–¿Qué tal la reunión?
–Bastante bien. Te traje un café y un sándwich. ¿Y a vos cómo te fue en la charla con Hermione?
Dejó oír una risa. –Mejor de lo que hubiera esperado. –le dio un buen mordisco al sándwich– Me contó lo que había estado haciendo, quedé muy impresionado por cierto, esa mina tiene una inteligencia que hasta asusta, aunque me dijo que la idea del veneno de acromántula había sido tuya, muy perspicaz Potter, me saco el sombrero. Bueno… le hice alguna sugerencia. Le dije que sería conveniente agregarle belladona. Según recuerdo haber leído es excelente para neutralizar la magia. No creo que pueda antagonizar con los otros ingredientes, pero para estar seguros vamos a tener que investigar un poco. En general diría que fue bien.
–Pero… –a Harry no se le había pasado por alto cierta vacilación en el tono de Draco.
Draco no continuó hasta que terminó de comer todo el sándwich.
–Harry, ella está convencida de que te estoy usando. Se aviene a creer que quiero ayudarte a ganar la guerra, pero está convencida de que no te quiero, que si estoy con vos es por propia conveniencia, por interés. –rió pero sin humor– Por momentos me da un poco de miedo, no puedo dejar de acordarme del puñetazo de tercer año. Me dijo que si yo llegaba a perjudicarte, nunca me lo perdonaría. Me dijo que si lo que yo sentía por vos no era serio, que más me convenía terminar todo ya. Deberías agradecer por tener amigos tan leales. Tenés suerte, sos el tipo de persona que despierta lealtades como esa. –lo miró a los ojos– ¿vos también tenés miedo de que te esté engañando? ¿de que te esté mintiendo?
Harry no quería mirarlo directo a los ojos, porque en realidad tenía las mismas dudas que Hermione y no quería que Draco se diera cuenta. Quiero creer en vos, cielo, – pensaba al tiempo que le daba besos en la mano– Quiero confiar en este sentimiento que tengo cuando estamos juntos y quiero sentirme amado. Me hacés sentir seguro, pero también me asustás. Tengo miedo del poder que tenés sobre mí. Tengo miedo porque para vos es muy fácil ocultar lo que sentís. Ojalá pudiera amarte, ojalá pudiera creer que nunca vas a lastimarme. Lo besó y abrazó con pasión, así era más fácil, no quería lastimar a Draco. No quería mostrarle el miedo que sentía. Si no podía amarlo con el alma, al menos lo amaría con el cuerpo.
Hicieron el amor lentamente, sobre el suelo junto a la ventana. Amaba el olor de la piel de Draco, amaba cómo se le tensaban los músculos en cada movimiento, amaba los sonidos que emitía y la expresión de su rostro cuando alcanzaba el clímax, echando la cabeza hacia atrás con total y puro abandono. Todo eso le prodigaba infinito placer.
Después apoyó la cabeza sobre su vientre. –Tengo tanto miedo –susurró– Todos dependen de mí para ganar la guerra. Ya te conté de la profecía, o él o yo, uno de los dos tiene que morir. Tengo miedo de no poder. Vos sabés lo poderoso que es.
Draco entretejió los dedos en los cabellos negros. –Mirame. Sí, yo he visto el poder que tiene. Pero también he visto el tuyo. He visto tu bondad y tu fuerza. Sé que nunca te das por vencido, incluso cuando seguir luchando es temerario o irracional. Es algo que amo especialmente en vos porque yo no poseo esa cualidad. Y también tengo miedo. El pensamiento de que pueda llegar a perderte me causa la peor de las sensaciones. No puedo concebir siquiera la idea de que no vayas a ganar porque la alternativa es demasiado horrible. Tengo fe en vos.
Harry lo besó y se acurrucó contra él como lo haría un nene.
–Draco, ¿alguna vez le contaste a alguien que sos gay?
Una breve pausa. –A mi madre.
–Y ella, ¿qué dijo?
–Bueno… no se enfadó… pero no estaba precisamente contenta tampoco. Me dijo que estaba bien, que yo podía hacer lo que quisiera siempre y cuando lo mantuviera en secreto. Y me dijo que igual iba a tener que elegir esposa en algún momento y casarme.
–Dung estaba haciendo bromas intencionadas durante la reunión. – dijo recorriéndole con el dedo la longitud de la clavícula.
–Suele pasar. No dejes que cosas así te afecten. Y mucho menos viniendo de Dung, que es de los que cree que una bañera es un lugar para esconder las cosas que se roba.
–Bueno… no es sólo él. La señora Weasley pasó a comportarse de manera extraña desde que se enteró y Kingsley me instó a que no lo hiciera público porque podrían usarlo en mi contra como publicidad negativa. ¿Podés creer?
–Sí, no me extraña. ¡Oh mi pobre Harry! Me temo que te vas a tener que acostumbrar a pertenecer a una minoría. Estás ahora en una categoría que sufre discriminación. No es agradable precisamente. Al principio yo me enojé con mi madre, pero después me di cuenta de que estaba protegiendo mis intereses… y los de la familia. Por supuesto que uno puede decidirse a pelear contra eso… pero asumiendo que va a ser una lucha para toda la vida y sin resultados garantidos.
–Bueno… pelear es algo a lo que estoy habituado. Y perdón… quizá no debí hacerte acordar de tu mamá.
–No tenés que disculparte. Me gusta pensar en ella, aunque resulte doloroso. De vez en cuando me gusta pensar en ella, en mi padre también. Tengo que asumir que están muertos y es mejor hacerlo así, por momentos, en pequeñas dosis. Todo de golpe no podría soportarlo. Y otra cosa que no me gusta es cuando pienso en los mortífagos en mi casa, tocando todo, deshonrándolo. Me enoja tanto pensar en eso, me vienen unas ganas tremendas de matarlos a todos.
–Me lo puedo imaginar. Ojalá yo pudiera hacer algo.
–Ya lo has hecho. Ya no me siento incapaz… impotente como al principio. Es gracias a vos que ahora sé que puedo participar, que puedo ayudar. No te podés imaginar cuánto significa para mí. Es lo que impide que me vuelva loco. Eso… y estos momentos cuando estoy con vos.
Para Harry también esos momentos eran un oasis y una de las cosas más importantes que le permitían seguir adelante. Tembló cuando se le cruzó la idea de que Draco pudiera dejarlo… o que pudiera perderlo.
–Está bien, no tenés que preocuparte. –dijo Draco como si intuyera sus pensamientos– Estás conmigo y no voy a renunciar nunca a vos.
oOo
–Quería discutir los tiempos con vos. – le dijo Hermione a Draco– Yo había pensado que trece semanas podía ser el período de maduración adecuado, ¿te parece que tendríamos que cambiarlo ahora que le vamos a adicionar belladona? Es algo lábil y podría perder potencia si transcurre demasiado tiempo.
–No creo que sea necesario, bastaría con bajar un poco la temperatura. ¿Qué encantamiento estás usando para controlar el calor?
Harry y Ron estaban sentados a un costado, mirándolos. Poco o nada podían contribuir. Hermione estaba encantada de tener a alguien con quien discutir detalles como esos.
Un poco antes Hermione le había dicho: –Creo que Draco va a poder ayudarnos mucho, Harry. El ha leído muchos libros sobre magia oscura a los que yo nunca tuve acceso, en la biblioteca de Hogwarts no hay muchos de ese tipo. Sabe mucho y va a resultar muy útil para aclararme dudas que me surgen en ocasiones, es muy bueno poder contar con otra opinión. Dicho eso… tené cuidado, no bajes la guardia. Yo ya sé cómo te entusiasmás cuando alguien te gusta… No trates de identificarlo con una imagen perfecta… no te olvides de quién es…
Sí, ya entiendo, todo está bien, siempre y cuando yo no me sienta demasiado feliz.
Por su lado, Ron seguía descontento pero estaba por lo menos tratando de controlar su hostilidad hacia Draco. Ron siempre se había sentido algo inseguro. No tenía el intelecto de Hermione y tampoco la habilidad de Harry en magia defensiva. Ron no sabía muy bien cuál sería el papel que le tocaría jugar, en realidad el problema era que Ron no sabía percibir y valorar sus cualidades. Y Draco era un factor muy irritante para él. Draco era el amante de Harry y ahora tenía a Hermione sumamente impresionada con sus conocimientos. Y Draco siempre había sido particularmente cruel con Ron en la escuela.
–A ver si entendí bien, –dijo Draco– hasta ahora ya han encontrado cuatro horcruxes y dos de ellos ya fueron destruidos.
–Así es. –replicó Harry.
Draco hizo una cara. –El nombre que le fueron a poner. Quiero decir, supongo que debe de derivar del latín pero la palabra "Horcrux" me suena a marca de galletita. "Horcrux, de avena y con chips de chocolate, más crocantes que nunca". No me inspira la idea de algo terriblemente maligno.
Harry rió. Ron revoleó los ojos.
–Bueno… –dijo Hermione– puede que el nombre te suene estúpido pero lo cierto es que son muy peligrosos. El diario fue la causa de que se reabriera la Cámara de los Secretos y la maldición del anillo tuvo una consecuencia terrible sobre Dumbledore.
–¿Saben qué son los otros? – se apresuró a preguntar Draco, prefería no tener que acordarse de Dumbledore y de la Torre de Astronomía.
–Creemos que uno es Nagini, la serpiente. –contestó Harry.
Draco hizo una mueca de disgusto. –Repugnante criatura, la odio. A veces la ponían para que me hiciera guardia.
–En cuanto al otro… viste que te conté que Ya Sabés Quién tenía cierta tendencia por objetos con cierto valor sentimental. Hizo horcruxes con objetos que habían pertenecido a los fundadores: el anillo de la familia Gaunt, descendientes de Salazar Slytherin; el relicario, también de Slytherin; la copa de Helga Hufflepuff. Por lo que hemos investigado el único objeto que se sabe perteneció a Rowena Ravenclaw y que habría llegado a nuestros tiempos es una diadema. Tenemos la fuerte sospecha que ése es el otro horcrux y que podría estar en Hogwarts.
–Una diadema es una especie de pequeña corona, ¿no?
–Precisamente
Draco se sentó más derecho. –¿Podría ser una de aspecto bastante horrible, de plata con diseños célticos grabados alrededor, con un águila de bronce en el centro?
Hermione abrió grandes los ojos. –Concuerda… no mi digas…
Draco la miró. –Creo que está en la sala común de Slytherin. Hay una vitrina donde se exhiben muchos objetos muy antiguos. Y entre ellos, hay una corona medieval que se supone perteneció a la familia Ravenclaw.
Hermione pegó un chillido y se le tiró encima abrazándolo, con tanta fuerza que lo hizo caer hacia atrás sobre la alfombra.
–¿Es en serio? –gritó Harry ayudándolo a incorporarse– ¿Vos sabés dónde está?
Draco asintió, se había quedado sin aire.
Harry lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. –Sabía que estaba bien contarte todo. Y vos sabías dónde esta todo el tiempo, aunque no sabías que sabías.
Draco lo miró algo desconcertado y volvió a asentir.
–¡Esto es increíble! –exclamó Hermione con entusiasmo, tenía las mejillas encendidas– ¡Es brillante! Lo dejó en Slytherin, apartado del resto de la escuela, menos mal que ahora lo tenemos a Draco… quién sabe cuánto hubiéramos demorado en encontrarla si no…
–Tendríamos que habérnoslo imaginado. –dijo Ron sin ocultar su malhumor.
Harry lo miró sin poder creerlo. –Tendrías que ponerte contento…
–Bueno… es claro que me pone contento… suponiendo que sea verdad lo que dice… pero no esperes que me sienta muy feliz de que sea él… que viene y trata de…
–¡Oh Ron! –interrumpió Hermione– Nadie está usurpando nada, vos y Harry encontraron la copa, ahora Draco aporta el dato sobre la diadema, pero nadie es menos o…
–¡No es eso lo que digo! –protestó Ron– Es que… no se dan cuenta lo que está haciendo… y es claro que tenía que estar en Slytherin… otra prueba más que no se puede confiar en ellos…
–Ron…
–No… lo digo en serio… no se dan cuenta de lo que está pasando… ustedes estaban de mi lado…
–Esto no es una cuestión de lados. Vamos a trabajar juntos, si queremos avanzar hay que dejar los prejuicios de lado –dijo Harry, y mirando a Draco agregó– Todos nosotros debemos dejar los prejuicios de lado.
–Bueno… yo sigo pensando que deberíamos habérnoslo imaginado, que lo tendrían escondido en Slytherin, –dijo Ron obstinado– y no me extrañaría que haya sido el maldito Lucius el que lo puso ahí.
Draco se había puesto muy pálido. –¡No tenés ningún derecho de hablar así de mi padre!
Curiosamente Ron replicó con voz muy calma. –¡Oh sí! Sí que tengo derecho. Lucius fue el que puso el diario de Riddle en el caldero de Ginny y debido a eso Ginny y Harry estuvieron a punto de morir en la Cámara de los Secretos. Lucius y otros mortífagos mataron a mis dos tíos, los hermanos de mi mamá, durante la primera guerra, vos no sos el único al que le desmembraron la familia, Malfoy. Lucius y los otros mortífagos nos hubieran matado en el Ministerio a los seis, a nosotros tres y a Ginny, a Luna y a Neville, por suerte vinieron a rescatarnos. Y sólo Merlín sabe cuántos otros asesinatos cometió Lucius y cuántas otras familias destruidas dejó. –Ron vaciló un instante, reflexivo– No es mi intención ser cruel… pero las cosas hay que decirlas como son.
–Los errores o… crímenes de mi padre… ya los pagó. Está muerto. Yo no soy culpable de lo que él haya hecho. ¿Vos creés que yo me merezco lo que me pasó? ¿Que me torturaran, que me sacaran la magia, que mataran a mis padres? ¿Que me lo merezco por el sólo hecho de que en la escuela era el peor de los guachos? ¿Y que por eso mismo no tengo derecho a tener nada?
–No es eso lo que… yo sólo…
–¡Sí, eso es lo que pensás! ¡No mientas, Weasley! Estás resentido por mi relación con Harry, la cosa más maravillosa que me ocurrió en la vida. Y estás resentido porque Granger decidió restarle importancia a muchas de las cosas que hice en el pasado y ahora me trata mejor. ¡Qué mierda tengo que hacer para expiar las culpas, Weasley? ¡Qué más querés que haga?
El vidrio de una ventana se hizo añicos. Los cuatro se dieron vuelta y se quedaron mirando perplejos el cristal roto. La tensión de segundos antes se había roto.
–¿Qué fue eso? ¿Una piedra o algo así? – articuló Hermione con voz insegura.
Nadie contestó. Harry tenía total seguridad de que no había sido una piedra. Hasta ese momento le había restado importancia a los signos de magia que se producían durante sus encuentros íntimos. Los extraños fulgores, los muebles que se sacudían, las luces que vacilaban, la planta del rincón, medio marchita, que había florecido de la noche a la mañana. Quizá habían sido cosas que imaginaba, o quizá él mismo había sido la fuente de esa magia sin control. Pero ahora era imposible negarlo, la ira de Draco había quebrado el cristal. ¿Estaba perdiendo efecto la maldición de Voldemort? ¿Era eso posible? Cuando levantó la vista notó que Draco se había ido del cuarto. –Voy a ir para asegurarme de que esté bien. –murmuró y escapó antes de que le preguntaran si algo parecido había ya ocurrido en oportunidades anteriores.
oOo
Cuando entró en la habitación, Draco estaba parado junto a la ventana, tenso y un poco temblando. Por un momento le recordó al Draco de la escuela, el de la mirada dura y la mueca cruel en la boca. Se estremeció y debía de haber mostrado algún signo de repulsión que Draco notó puesto que un relámpago de dolor le cruzó la expresión.
–¿Qué fue lo que pasó recién? –preguntó Harry.
–Le grité a Weasley. Probablemente no debería haberlo hecho. No quería que se diera cuenta de que…Debería haberme controlado mejor.
–No me refería a eso. ¿Qué pasó con la ventana?
–¿Y yo qué sé? Probablemente fue una piedra como sugirió Granger.
–Draco, vos estabas furioso y se rompió el cristal.
Draco lo miró con expresión confundida. –¿Pero que estás diciendo? ¿Que te estuve mintiendo todo este tiempo?
–No… ¿no creés que quizá tu magia está volviendo?
–Harry, si yo tuviera siquiera algo de poderes mágicos no estaría pasando por todo esto, toda esta frustración y este sentimiento de que no sirvo para nada…
–¿Y si estuviera volviendo?
–No siento nada distinto. Cuando me sacó la magia fue como si… es difícil describirlo. Si uno es mago siempre ha tenido magia, si es squib o muggle nunca la ha tenido, por eso es difícil entender la diferencia. Pero es como una sensación… de que no se puede respirar normalmente. Hay una especie de vitalidad que le da la magia al cuerpo que cuando no la tenés sentís que te falta… todavía me siento así. Así que no… no creo que esté volviendo.
–¿Estás bien? –preguntó más por decir algo que por otra razón.
–Sí claro. ¿Por qué habría de estar mal? –Draco fue a sentarse sobre la cama de Harry, la cama de ellos.
–Perdón por lo que dijo Ron. A veces no sabe quedarse callado.
–En realidad… no estoy bien. A veces se me ocurre que hubiese sido mejor que hubiéramos muerto cuando estábamos prisioneros en la Casa Riddle.
–¡No empieces con ese tipo de pelotudeces de nuevo! ¡Por supuesto que no hubiese sido mejor! –exclamó Harry sin ocultar su irritación. –¿Cómo se te ocurre decir un disparate así?
Draco se encogió de hombros. –Supongo que porque eras mío en ese momento. Sólo nos teníamos el uno al otro… y todo lo que había ocurrido antes entre nosotros era como si no importara. Éramos felices de una manera extraña. Y ahora el mundo y todos se interponen. Y yo sé que incluso cuando me estás cogiendo, estás deseando íntimamente que yo fuera otra persona.
–Eso no es cierto. –protestó Harry y vino a sentarse a su lado– Te deseo a vos.
–Pero no podés amarme.
–Draco no es eso… es que…
–¡Mejor callate, Harry! –lo interrumpió irritado poniéndose de pie– No podés hacerte una idea de lo que es para mí. Me siento como si fuera nadie. Al menos antes podía odiarte. Podía odiarte por herirme y por despreciarme, podía odiar a tus amigos porque ellos eran parte de tu vida y yo no. Antes podía lastimarte y eso me daba siquiera la sensación de poder. Pero vos me sacaste todo eso. Ahora estoy rendido a tus pies. Te venero, te idolatro. ¿Y que obtengo a cambio? ¡Sospechas! ¡Temor! Tus amigos llenándote la cabeza de dudas… nunca en mi vida he sido tan sincero con alguien como lo soy con vos… –estaba llorando, la cara distorsionada por la angustia y la rabia.
Harry intentó acercársele. –Draco, yo…
–¡Basta! No te das cuenta que cualquier cosa que digas o hagas lo hace peor. La única razón por la que me contaste de los horcruxes es por el sueño. Porque pensaste que estaba bien, que podía ser útil. Pero no porque quisieras tenerme más cerca.
–¡Eso no es verdad!
–Vos sos la única persona que me queda, Harry. Y yo no voy a poder ocupar un lugar en tu vida… no el lugar que quiero ocupar. Tus amigos piensan que te voy a traicionar y vos también lo pensás. ¿O te creés que yo soy estúpido? Cada vez que te digo que te amo, cada vez que te pido que confíes en mí, me besás pero no me contestás. ¡Admitilo! ¡Vos no confiás en mí!
–Draco, por favor, tratá de calmarte…
–¡Y una mierda! ¡No me pidas que me calme! –le dio un violento empujón. Harry cayó hacia atrás y se golpeó la cabeza contra el escritorio. Sintió un agudísimo dolor, todo le daba vueltas, sintió como si se fuera a desmayar. Los lentes habían salido disparados a un costado.
–¡Oh Merlín, Harry! ¡Estás sangrando! Perdón, yo no quise…
–Pará, Draco. No tiene importancia. Un pequeño corte y un chichón, nada más. Ni siquiera me duele tanto. – eso era una mentira, pero el dolor emocional que sentía era mucho más intenso que el físico. –Perdón… perdón por haberte tratado tan mal.
–No te disculpes. –pidió Draco– Yo ya sabía en lo que me metía. Ya sabía que no iba a encajar en tu mundo. Que el pasado siempre terminaría interponiéndose. No tengo derecho a esperar más y si vos me permitís que me quede a tu lado… no te voy a exigir más.
–Estamos juntos… así debe ser… pero me vas a tener que dar un poco de tiempo…
–Perdón… – dijo Draco y le besó la cabeza lastimada– Esto nunca va a volver a pasar. Nunca más te voy hacer daño, ni siquiera por accidente. Lo juro.
Ojalá yo pudiera afirmar lo mismo, con la misma determinación, pensó Harry.
oOo
(*) queen (reina), fairies (haditas) son términos coloquiales y más o menos peyorativos para referirse a hombres homosexuales. mariquita o mariposón podrían ser equivalentes en castellano. (N. del T)
Condemnant Quod Non Intellegunt: Condenan aquello que no entienden.
