Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.
Autora: Alysian_Fields
Finite Incantatem
Capítulo 20 – Mala tempora currunt
Draco se había vuelto muy distante. Ya casi no le hablaba y nada de sexo había habido entre ellos los tres últimos días.
–¡Es mi culpa! –se lamentaba Hermione– Tendría que haberme callado la boca.
Harry sabía que a Draco poco le hubiese importado lo que hubiera dicho Hermione si Harry hubiera salido a defenderlo.
Una de las cosas que más le gustaban a Harry era observar y escuchar a Draco tocando el piano. Draco incluso le había enseñado algunas escalas y acordes. Y entre un intento torpe y otro de Harry tratando de aplicar lo aprendido, maestro y alumno se regalaban tiernos mimos.
Por eso se alegró cuando esa mañana oyó resonar las notas del instrumento, era una buena oportunidad para restaurar lo perdido. Pero no iba a ser tan fácil. Draco dejó de tocar apenas lo vio entrar.
–Eso estuvo muy bueno. –aventuró Harry con torpeza.
–No particularmente. – replicó Draco y empezó a recoger las hojas de la partitura.
Harry se le acercó y lo abrazó desde atrás, todo el cuerpo de Draco se puso instantáneamente tenso. Harry lo soltó. –¿Qué es lo que querés que haga? –preguntó desesperado, aunque ya sabía que ésa era una de las situaciones en las que debía adivinar, no preguntar.
Draco le dirigió una mirada helada. –De nada serviría que te lo dijera, igual vos no lo harías. –suspiró y desvió los ojos– Te amo, Harry. Te amo y nada puedo hacer para evitarlo. Y lo que dije la otra noche es cierto, quiero estar con vos siempre. Pero también recuerdo que en alguna época tenía orgullo y algo todavía me queda. Todavía no me siento del todo seguro, ni lo suficientemente fuerte… pero creo que eso va a cambiar pronto… y cuando ocurra… me voy a ir.
Harry sintió que le sacaban el aire, tuvo que sostenerse del piano para no caerse. No lo debería haber sorprendido tanto, pero las palabras de Draco lo habían sacudido tremendamente. No tener a Draco era la peor cosa que se podía imaginar.
–Probablemente te parezca injusto. Vos dijiste que necesitabas tiempo, eso puedo entenderlo. Entiendo también tus responsabilidades, con lo de la guerra y todo eso. Eso podría aceptarlo. Por otro lado, la falta de confianza… eso ya es distinto. Yo sufrí a tu lado y te entregué todo y vos seguís pensando que te estoy engañando. Ya no puedo aguantarlo más, Harry.
Harry quería decir algo pero estaba al borde de la histeria y las palabras se le trababan en la garganta. Lo iba a perder y era por su culpa.
Hubo un golpe a la puerta y entró Ron. –¡Harry! Hermione me mandó a buscarte. ¡La poción está lista! –con tono más tímido agregó– Vos también tenés que venir, Malfoy.
–Sí, vamos. –dijo Harry, algo iba a tener que hacer para solucionar la cuestión con Draco, pero por el momento eso iba a tener que esperar. Como siempre lo urgente terminaba desplazando a lo importante.
Cuando entraron en el ático se encontraron con una Hermione de cara brillante, por el sudor y el entusiasmo. Estaba junto al caldero humeante y la caja con los horcruxes a un lado. Harry alcanzó a divisar a Kreacher mirándolos desconfiado desde un rincón alejado. Hermione le había confiado la caja dos semanas antes para que la guardara y defendiera con su vida, el elfo probablemente querría ahora saber qué se proponían hacer con los objetos.
–¡Está lista! –chilló Hermione– ¡Lo hicimos! –agregó sonriéndole a Draco quien, para sorpresa de Harry, le sonrió a su vez. Era claro que le resultaba mucho más fácil perdonarla a Hermione que a él.
–Ahora lo único que tenemos que rogar es que dé resultado, –continuó nerviosa– no veo razón para que no sea así, pero lo que sabemos sobre los horcruxes es muy poco y puede que tengan protecciones que desconocemos.
–Sólo hay una forma de averiguarlo, –dijo Ron– metámoslos dentro de una buena vez.
–Un momento. –dijo Hermione, tomó un gran cucharón y trasvasó una buena porción del líquido de color azul mar a un frasco vacío.
–¿Para el restante? –preguntó Harry.
Ella asintió. –Si da resultado vamos a tener que planear una incursión en Hogwarts en los próximos días.
Harry miró la caja con los horcruxes, se le puso la piel de gallina, era como tener a Voldemort en el cuarto. ¿Y qué iban a hacer si no servía?
–Procedamos. –dijo Hermione con un dejo de inseguridad en el tono. Destapó la caja. Harry empezó a sentirse muy incómodo, la atmósfera del ático se había vuelto de golpe muy opresiva. Miró en dirección a Draco, notó que tenía las mandíbulas muy apretadas, quizá para que no le castañetearan los dientes. Eran objetos maléficos, aberraciones de la naturaleza, fruto de espantosos asesinatos, parecían emitir invisibles tentáculos de oscuridad que les oprimían el corazón.
–¿Hay que echarlos… simplemente? –preguntó Ron con voz vacilante.
Hermione asintió y apretó los labios. Harry agarró un trapo y levantó la copa. Parecía más pesada de lo que recordaba. Era tan hermosa, daba pena tener que destruirla. Pobre Helga Hufflepuff, que una de sus posesiones hubiera sido usada para un fin tan maligno. Por un instante se le cruzó el pensamiento de que quizá no debían destruirla. La copa parecía vibrar en su mano, casi como si estuviera viva, como si tuviera inteligencia.
La arrojó en el caldero con un gesto de horror. La poción entró en ebullición y empezó a lanzar humos blancos y a escupir chispas doradas. Harry se protegió la cara con las manos. De algún lugar muy alejado o quizá de un recoveco de su mente le llegó un aullido de agonía.
–¡El otro! –instó Hermione imperiosa– ¡Arrojalo ya!
–Dejame a mí. –pidió Draco, Harry se lo alcanzó.
Lo sostuvo de la cadena un instante a la distancia del brazo. El relicario giraba lentamente y la S esmeralda refulgía reflejando las luces. Los ojos de Draco la contemplaban, nublados y siniestros. Harry se estremeció. Un segundo después el Slytherin dejó caer el horcrux en el caldero. –Por lo que le hiciste a mis padres. –escupió Draco.
La poción silbó furiosa como si hubiera introducido un hierro candente, había tomado color rojo sangre y se arremolinó salpicando.
Harry cerró los ojos, nuevamente le llegó un aullido lejano. ¿Sabría Voldemort lo que habían hecho? ¿Que habían destruido dos fragmentos de su alma?
–¡Miren! –exclamó Hermione.
Harry abrió los ojos. La poción se había consumido casi por completo, sólo restaba un poco que seguía burbujeando en el fondo del caldero; de los horcruxes no había quedado ni rastro.
–¡Dio resultado! –gritó Ron como si no pudiera creerlo– No te ofendas, pero estaba convencido de que algo iba a salir mal. Hermione, ¡sos genial! –abrazó a su novia alzándola y le llenó la cara de besos.
Hermione rió, los ojos le brillaban. –Tampoco yo estaba segura de que fuera a resultar. ¡Lo hicimos! ¡Oh Draco! ¡Gracias por la ayuda!
Draco sonrió apenas. –No tenés que agradecerme. Para mí fue un gusto.
Ron carraspeó y bajó a Hermione. –Mirá, Malfoy… perdón por lo de la otra semana… por las cosas que dije… nos ayudaste mucho… gracias.
Draco se sorprendió un poco. Quizá iba a hacer un comentario ácido, pero pareció reconsiderar. –Está todo bien, Weasley. Entiendo. Y entiendo que no quisieras tenerme cerca… no con la forma en que me comporté todos esos años en la escuela… yo también tengo que pedir disculpas.
Ron no se lo había esperado, sonrió apenas. –Me alegra oírtelo decir.
Una comisura de Draco tembló un poco. –¿Sin rencores? –dijo tendiéndole la mano.
Ron se la estrechó. –Sin rencores. –se hizo eco.
Hermione se puso a llorar. –Perdón… –dijo tratando de contener los sollozos– Pero es que a ustedes los hombres… ¡que no hay quién los entienda!
–Bueno… ya…ya… – dijo Ron abrazándola consolador. Le dio un beso en la coronilla y luego les dirigió por encima de la cabeza de ella un gesto de incredulidad a Harry y Draco.
Harry sonrió, parecía que el mundo había recuperado la armonía, estiró una mano hacia Draco como si nada hubiera pasado antes.
Por un segundo pareció que Draco se había olvidado también y hasta dibujó una sonrisa, pero apenas las manos se tocaron, apartó la suya como si se hubiera quemado. –Es mejor que me vaya. Gracias por dejarme tomar parte. Significa mucho para mí. –le dirigió a Harry una mirada herida y salió.
Kreacher había abierto la pequeña ventana, el vapor que llenaba el ático se fue disipando, el elfo se quedó luego como hipnotizado observando los restos carbonizados en el fondo del caldero.
Hermione se secó la cara con la manga. –Por suerte separé un poco para el otro.
Harry se sentó sobre una caja. Habían destruido ya dos horcruxes y pronto harían lo propio con la diadema. Toda una proeza. El trabajo de tantos meses había dado sus frutos, estaban mucho más cerca de vencer a Voldemort y de ganar la guerra. Y entonces, ¿por qué no estaba celebrando? ¿por qué la idea de perder a Draco parecía ser peor que cualquier otra cosa?
–¿Qué pasa? –preguntó Ron bostezando– Creí que te iba a poner contento que resolviéramos diferencias con Malfoy.
–Y así es. Es fantástico.
–Y entonces, ¿por qué parecés un perrito maltrecho al que hubieran agarrado a patadas?
–Tuvimos una pelea… bueno, no exactamente una pelea. Quedó muy resentido después del otro día con Remus. Está enojado conmigo porque no confío en él. Y ahora me dijo que me va a dejar, que en cuanto se sienta más seguro se va a ir... –Harry gimió y hundió la cara en las manos– Sé que me lo tengo merecido, que arruiné todo, no puedo culparlo si se quiere ir. Pero… sin él no voy a poder soportarlo. Y no sé qué hacer.
–¿Lo amás? – preguntó Hermione.
Harry respiró hondo. –No sé. No sé si sé lo que es el amor. Por un momento creo que sí y al siguiente me surge la duda. Y me pregunto si va a cambiar la forma en que siento y si se puede amar a alguien con tan poco en común. Somos de mundos diferentes. Y hay tanto que no sé de él. A veces lo miro y tiene una expresión en los ojos y es como si fuera la primera vez que lo veo. Y a veces lo veo que está pensando, pero si le pregunto me contesta que nada. Estar con él es tan difícil… no debería ser tan difícil. Quiero decir, si uno ama alguien tiene que ser simple, y uno tiene que ser feliz… pero estar con Draco ha sido doloroso. Y ahora le tengo miedo también, porque sé que si quiere me puede lastimar mucho. La relación me asusta… y tengo miedo de amarlo porque no sé si puedo…
–Bueno, –dijo Hermione– nosotros no te vamos a poder aconsejar, nuestra relación es totalmente distinta, Ron y yo siempre fuimos amigos. Lo único que te puedo decir, Harry, es que si vos querés a Draco vas a tener que luchar para ganártelo de nuevo.
oOo
Draco se las ingenió para evitarlo el resto del día e incluso fingió estar dormido cuando Harry vino a la pieza para acostarse. Pero Harry estaba decidido a seguir el consejo de Hermione, iba a forzarlo a que le hablara si era preciso.
–Draco, tenemos que hablar. –le dijo a la espalda– Podés hacer como que no me escuchás pero te voy a hablar igual porque… porque no quiero perderte. Sé que no estuve bien y sé que debo confiar más en vos… pero… no sé. No quiero herirte más. Por favor, decime qué puedo hacer para arreglar las cosas.
Draco se dio vuelta. –Yo no sé mucho de relaciones, –dijo– para mí ésta es la primera. Pero algo leí alguna vez, la cosa más importante en una relación es la comunicación. Lo que yo quiero, Harry, es que me digas lo que pensás, aunque te parezca que lo que me vas a decir pueda llegar a herirme. Quiero saber lo que pasa en tu cabeza, lo que sentís por mí. Quiero saber por qué cambiás constantemente de parecer. Y quiero saber de qué mierda tenés tanto miedo.
Perfecto, hablar. ¿Y por qué no se le había ocurrido antes?
–No sé lo que vos ves en mí. Cuando estoy con vos yo estoy siempre deslumbrado y admirado. Sos tan inteligente y has recorrido el mundo y tenés una cultura amplísima y… yo no tengo nada de eso. Y yo amo todo eso de vos pero no entiendo cómo podés estar interesado en mí. Y se me ocurre que te vas a terminar cansando, aburriendo… y que te vas a dar cuenta de que no me necesitás y que no me querés a tu lado.
Draco se sentó y se abrazó las piernas contra el pecho. –¿Me estás tomando el pelo o qué? –dijo con ojos duros de enojo. –¿Es que no lo entendés, Harry? Estoy enamorado de vos. Te amo porque sos todo lo que yo no soy. Te amo porque sos más fuerte que yo. Porque no sos cobarde. Te amo porque cuando nos conocimos no te impresionó para nada quién era yo y rechazaste mi amistad. Amo lo mucho que te preocupás por tus amigos. Amo que siempre hagas lo que creés que está bien, aunque sea algo que te lastime. Amo tu inocencia y tu generosidad. Amo que me hagas sentir limpio y que me hagas sentir que valgo a pesar de todos los errores que cometí. ¿Y qué importa que vengamos de mundos distintos? Tu vida, tus conocimientos y tus experiencias son tan interesantes para mí como las mías lo son para vos. ¿Cómo no podés ver lo maravilloso que sos? ¿Cómo podés siquiera pensar que me puedo llegar a aburrir de lo bien que me hacés sentir? ¿Estás convencido de que no sos digno de amor? ¿Por culpa de tus estúpidos parientes muggles que siempre te despreciaron? ¿Por culpa de una novia necia que se dio cuenta tarde de lo que había perdido?
Harry estaba al borde de las lágrimas. –Eso no es todo, es parte, sí. No sé lo que es el amor. Creía que amaba a Ginny… y la amaba, estaba seguro de que ella era la persona indicada para mí. Pero dos semanas después de que rompimos ya no sentía nada por ella. Y si realmente la amaba no debería haber sido tan fácil. Y entonces ahora, ¿cómo puedo estar seguro de que lo que siento es real? Sé que te hice daño, no quiero seguir haciéndotelo. Quiero que las cosas sean simples y saber lo que siento. Esto que siento ahora es diferente… siento que te apoderaste de mi corazón y que si te pierdo me voy a morir. Pero no sé si decirte que te amo porque no quiero usar la palabra de manera trivial otra vez. Y creo que ya no sé darle el nombre a los sentimientos.
–Sé que no querés una relación que sea dolorosa –dijo Draco acercándosele– Pero a veces se lastima al otro sin tener la intención. Lo que te dije en otra oportunidad es cierto. No es preciso que me digas ya que me amás. Ahora entiendo lo mucho que te lastimaron y también entiendo tu responsabilidad. Es una inmensa carga que tenés sobre los hombros y sabés que vas a tener que luchar con Vo… Voldemort pronto. Puedo esperar. Puedo esperar a que ganes la guerra y voy a luchar a tu lado. La razón por la que me siento herido es que, no importa todo lo que yo haga, vos seguís teniendo dudas. Y tengo miedo porque creo que nunca voy hacer lo suficiente para compensar lo que hice mal en el pasado, que puedo dártelo todo y ser totalmente sincero pero vos igual vas a seguir dudando.
Harry reunió el valor suficiente para animarse al contacto. –Lo sé. Y tiene que ver con lo mismo. Tengo miedo. Tras muchas malas experiencias, nunca sé en qué o en quién confiar. Pasé toda mi infancia creyendo que mis padres habían muerto en un accidente. Me dijeron que Sirius se había escapado y que quería matarme. Confié en Moody en cuarto año y resultó ser un impostor. Y mejor ni hablar de Snape, una montaña rusa de sospechas. Y en estos días es peor, todos parecen sospechar de todos. Y es tan fácil confiar en vos cuando estamos juntos solos. Pero cuando no estás conmigo, nunca sé lo que estás pensando. Y a veces te veo que estás pensando pero no me decís qué. Y aunque no debería, eso me da miedo. Y luego basta que alguien sugiera algo y ya me pongo a pensar que puede tener razón. ¡Y me odio por eso! Y vos siempre te das cuenta y puedo ver en tus ojos que te sentís herido porque te he decepcionado. Y tengo un miedo terrible de perderte y sin embargo, veo que lo que hago te aleja cada vez más y no sé que hacer para cambiar.
Draco lo atrajo hacía sí, lo abrazó y comenzó a acunarlo. –Claro que hay cosas que no te digo. No puedo contarte todos y cada uno de mis pensamientos… algunos son realmente delirantes y me tomarías por loco. Pero hay otra razón. ¿No te pasa que pensás que si otro sabe todo sobre vos, en cierta forma se va transformando en vos, porque sabe tanto sobre vos como vos mismo, y que finalmente ese otro puede terminar usurpándote y vos dejarías de existir?
–No. –dijo Harry con descarnada sinceridad, nunca se le hubiera ocurrido algo tan retorcido.
–Bueno, a mí me pasa. Sé que suena como un disparate. Pero igual pienso que hay cosas que deben ser sólo de uno. Y sé que puedo ser difícil de leer, que soy a veces poco comunicativo y que eso me hace parecer distante. Pero Harry, si bien hay cosas que no te digo, todas las cosas importantes sí te las digo. Entiendo lo solo que te debés sentir con tu misión. Quisiera protegerte y tenerte siempre seguro, pero no puedo. Quisiera ayudarte y ser parte de tu vida pero me siento tan inútil. Sé que a veces sentís mucho miedo. Tenés miedo de que te lastimen… yo también. En esto no voy a ser cobarde, voy a confiar en vos, sabiendo que es posible que salga lastimado. ¿Vos vas a poder confiar un poco en mí?
Harry se recostó y lo atrajo encima de sí. No quería arruinar el momento. La boca de Draco se sentía tan cálida en la suya. El cuerpo de Draco, tan valioso porque encerraba dentro de sí el alma de Draco, tan preciosa como una gema.
–¿Ves? –susurró Draco– ¿Cómo podés pensar que te estoy usando? ¿Creés que te daría mi cuerpo si no te amara? Tomalo, reclamalo, haceme tuyo otra vez, convencete de que te amo.
Draco era magnífico. Se rendía con una generosidad de la que Harry no se sentía todavía capaz. Hicieron el amor con una intensidad inusitada, habían progresado mucho en ese aspecto. El perfume de la piel de Draco le despertaba instintos salvajes, lo arrebataba de deseo. Harry le besó los tobillos y le fue acariciando las piernas, subiendo lentamente hasta sus muslos. Draco se arqueó y se asió férreamente a él susurrando su nombre. Era como si los dos tuvieran pánico de separarse, de perderse otra vez. Más tarde Harry reflexionaría que en cierta forma estaban intuyéndolo. Que era la última vez antes de que se desatara el caos. Que veinticuatro horas más tarde todo habría cambiado irrevocablemente.
oOo
La cama estaba vacía cuando se despertó al día siguiente, pero había una nota de Draco, decía que había bajado a desayunar. Las camas eran lugares extraños filosofó Harry todavía medio dormido. Eran al mismo tiempo lugares de desbocada pasión y de absoluto reposo, ésa en particular había sido testigo de ambas cosas en el lapso de unas horas. Se desperezó con regocijo. Bueno… se dijo, iba a tener que levantarse y bajar a desayunar y luego tendrían que discutir los cuatro la ida a Hogwarts. Con gran esfuerzo, venció la pereza y saltó de la cama decidido a encarar el nuevo día.
Encontró a Draco hablando con Remus en la cocina. Draco se puso de pie al verlo y le sonrió. –Voy a tomar una ducha. –le dijo– Gracias por haber hablado conmigo, profesor… quiero decir, Remus. –salió.
Harry se sirvió cereal. –¿Todo bien, Remus? –no quería preguntarle directamente de qué había estado hablando con Draco.
Remus pareció salir de una ensoñación. –¿Eh? Ah sí… todo bien.
Harry se sirvió un poco de leche. –El tiempo parece haber mejorado. –dijo con torpeza.
–Así parece, ¿no? –sonrió– No te preocupes, Harry. No estuvimos hablando de vos. No directamente. Draco quería discutir conmigo de mi teoría de la semana pasada. No le pude decir mucho más. Harry, no creo que él supiera.
–Ahora lo sé. –dijo Harry– Pero Remus… ¿y si fuera cierto? ¿si yo tuviera el poder para devolverle la magia?
–Harry, no hay manera de saberlo. Quizá sería mejor que te olvidaras por completo de la posibilidad. Podría ser causa de perturbación en la relación de ustedes.
–Tenés razón. Mejor no pensar. Pero me gustaría poder ayudarlo.
–Harry, anoche soñé con él.
–¿Con Draco?
–No, con Sirius. Fue como el tuyo… un sueño pero distinto de un sueño. Vino y habló conmigo.
–¿Y?
–Estábamos junto al mar. Hacía frío. Él tenía puesta la vieja campera de cuero.
–Sí, igual que en mi sueño. ¿Y de que hablaron?
–Hablamos de vos. Me pidió que te dijera que ya no va a poder visitarte pero que está muy orgulloso de vos. Quiere que recuerdes lo que te dijo, que sigas los dictados de tu corazón y que confíes en tu propio juicio. Y después… habló de nosotros. Le dije todo lo que quería decirle, aunque sabía que no era necesario. Y él me dijo que me iba a estar esperando… y que ya no faltaba mucho.
–¿Qué querés decir? –preguntó Harry con preocupación.
Remus sonrió. –Que pronto vamos a estar de nuevo juntos.
–¿Va a volver?
–No, la idea es que yo vaya donde él.
–¿Qué? –exclamó Harry horrorizado– Remus, no digas cosas como ésa.
–¿Por qué no? –dijo Remus– No tengo miedo. Ya no me queda mucho por qué vivir. En realidad nunca pensé que fuera a vivir tanto. Estamos malditos, los de mi generación. Tus padres, Sirius, Peter. Yo soy él último… atormentado por los recuerdos. Yo pertenezco con ellos… los muertos. Y no tengo miedo de unírmeles. Voy a ayudar para destruir este mal que nos maldijo, para evitar que los afecte a ustedes.
–¡Pero yo no quiero que mueras! –protestó Harry– Estoy resignado a aceptar que habrá quienes van a morir en la guerra, pero vos no tenés que ser uno de ellos. No podría soportarlo. No podría soportar más muerte.
–Pero la muerte no es terrible, Harry. Albus la llamaba la siguiente gran aventura. No es algo que haya que temer. Y no significa un adiós definitivo, vos lo sabés.
–Pero…
–Harry, estoy cansado. Y por supuesto no me voy a ir sin dar pelea. Pero si Sirius está en lo cierto y no falta mucho… no me importa. Es la vida la que nos mata, no la muerte.
Harry salió de la cocina. Hubiera querido pegarle. Lo último que quería era pensar en que muriera más gente que quería.
Ya eran pasadas las diez. Si querían organizar una visita clandestina a la escuela, más les valía planearla sin demora. El horcrux debía ser destruido y cuanto antes, mejor. La conversación con Remus lo había puesto de mal humor.
Los encontró a los tres en la sala de lectura. Draco tenía los cabellos húmedos, le habían mojado un poco la camisa. Le entraron ganas de tocarlo, de besarle el cuello, de acariciarle las mechas que mojadas parecían más oscuras.
Ron carraspeó, Harry se sonrojó, sus pensamientos debían haber sido muy evidentes. Draco se limitó a sonreír divertido y desvió la vista hacia la ventana.
–Estábamos discutiendo lo que íbamos a hacer con el otro horcrux. –dijo Hermione.
–¡Excelente! –dijo Harry– ¿Y a qué conclusión llegaron?
–¿Te parece bien esta noche? –dijo Ron– Charlie dice que los portones están guardados por dementors, tendríamos que ingresar por el túnel del Antro de los Alaridos… o en su defecto, Malfoy, ¿vos sabés si el gabinete de la Sala de los Pedidos todavía está activo?
Draco hizo una cara, Ron lo estaba provocando adrede. –No estoy seguro, quizá vos podrías ofrecerte como voluntario para probarlo, Weasley; lamentaría mucho, eso sí, si terminaras atrapado en otra dimensión por muchos años.
–Mejor quedémonos con la otra opción. – dijo Hermione.
–Buena idea. –intervino Harry– Pero no me parece bien que vayamos los cuatro, el manto de invisibilidad podría alcanzar para dos, pero de cuatro, ni hablar.
–Bueno, –dijo Hermione– Draco tiene que ir porque necesitamos tener acceso a la sala común de Slytherin. Y yo pensé que lo mejor sería que fuera yo la que vaya con él. Soy la que conozco mejor la poción y en este momento… no podemos arriesgarnos a que te pase algo a vos, Harry.
–¿Y por qué no yo? – protestó Ron– No creo que haga falta mucha ciencia para meter la puta tiara en la poción, ¿Por qué no voy yo con Malfoy?
–Porque ustedes se matarían uno al otro antes de llegar. –dijeron simultáneamente Harry y Hermione.
Ron se encogió de hombros. –Sí, probablemente tienen razón.
–Entonces queda decidido. –dijo Draco entusiasta– Granger y yo podemos salir al anochecer; por suerte todavía puedo usar la red Floo. Podemos ir hasta alguna chimenea en Hogsmeade. ¡Qué bueno! Me encanta saber que puedo hacer algo.
–Sorprendente, –dijo Ron sarcástico– y yo que te tenía catalogado dentro del grupo de los "escondámonos hasta que todo termine".
Draco le sonrió. –Bueno, las cosas cambian y ahora tengo algo por lo que vale la pena luchar. –le dirigió una mirada a Harry.
En ese momento sintieron una conmoción en el hall de entrada. La puerta de calle se abrió de golpe y les llegaron desde afuera los gritos de Arthur Weasley. –¡Hestia, Remus! ¿dónde están! –Hubo corridas, puertas que se azotaban, sonidos que indicaba que alguien llegaba o se iba por la chimenea, retazos de conversaciones agitadas.
Los cuatro salieron para averiguar qué pasaba. Fueron hacia la cocina adonde todos parecían haberse dirigido. Se hizo silencio cuando entraron. Estaban más o menos la mitad de los miembros de la Orden allí. Todas las miradas parecieron clavarse en Harry. –¿Qué pasa?
Emmeline Vance se adelantó un paso. –Snape acaba de mandar un mensaje urgente. La invasión a Hogwarts ha comenzado. Ya Sabés Quién envió el grueso de sus tropas, mortífagos pululan en la escuela y esperan que él llegue de un momento a otro. Los que ya están allí ya están haciendo lo posible para resistir pero tenemos que ponernos en acción sin demora.
Extrañamente, Harry permaneció muy calmo, había temido que llegara ese momento mucho tiempo, pero ahora que ocurría, lo que sentía era alivio. –Bueno, –dijo– ¿y qué estamos esperando entonces?
–Harry, –dijo Kingsley– pensamos que es mejor que vos apariciones al Bosque Prohibido, alguien le tiene que advertir a Hagrid y a los otros grupos. Y si vos venís desde esa dirección va a ser más difícil que te capturen. Sos nuestra mejor arma. –se volvió a Hermione y Ron– Supongo que ustedes van a venir con nosotros. Snape nos abrió la chimenea de su despacho para que podamos llegar por la red Floo, la de la oficina de Slughorn también está abierta. También podrían entrar por alguno de los pasadizos secretos, ustedes elijan.
–De acuerdo. –dijo Hermione– denme un minuto, tengo que recoger algo. –Harry sabía que iba a buscar el frasco con la poción.
Hubo un momento de confusión cuando todos se pusieron en marcha. Remus le dio a Harry la ubicación exacta del escondite de Hagrid, una vez que lo hubiera ubicado debía acercarse al castillo desde allí.
–¿Y yo? –preguntó Draco
Harry lo miró sorprendido. –Draco, vos te quedás acá.
–¡Y una mierda me quedo! –protestó enojado– Harry, ésta es una lucha tan mía como de los otros.
Harry tragó saliva, no quería ofenderlo. –Draco, esto es diferente. Esto va a ser una batalla terrible, probablemente la peor en muchísimo tiempo. Va a ser peligrosísima para cualquiera de los magos y brujas que participen… para alguien sin magia… Perdón Draco, sé lo mucho que significa para vos… ¡pero sería suicidio!
–Harry tiene razón, –dijo Remus– ya habrá mucho que puedas hacer después para ayudar. Pero esta parte es demasiado peligrosa.
Draco los miró con ojos de odio. –Es inconcebible. –siseó– Sabés, por un momento llegué a creer que habías empezado a entender. Obviamente estaba equivocado. –dio media vuelta y salió de la cocina dando grandes pasos.
Remus le puso una mano sobre el hombro. –Lo siento, pero es por su bien. Él no tendría la menor opción, hiciste lo correcto, Harry.
Sí, claro. Para Remus estaba todo bien. Pero Draco lo había mirado como si estuviera cometiendo la peor de las traiciones. ¡Pero no era así! Si la situación fuera la inversa, ¿acaso Draco no haría lo mismo? ¿intentar protegerlo por todos los medios? Harry trató de convencerse de que había actuado correctamente, no iba a permitir que le pasara nada malo al hombre que… al hombre que…
Oh…
Remus, – dijo Harry– me voy a poner en marcha enseguida pero antes necesito hablar un minuto con él.
Harry salió corriendo hacia las escaleras. Se topó al pie con Ron y Hermione que bajaban.
–Buena suerte, cumpa. Nos vemos allá.
–¿La llevás encima? –susurró Harry. Hermione sonrió y dio una palmadita sobre su bolsillo.
–¡Vengan! –los llamó Hestia desde el comedor– Yo voy a ir primero, si no hay problemas les mando de vuelta esta pluma blanca como señal.
Hermione lo abrazó. –Buena suerte. Sé que vas a poder hacerlo, Harry. Y allá vamos a estar junto a vos.
–Por supuesto, –confirmó Ron palmeándole el brazo– eso por descontado. Vos sabés que yo soy siempre tu mano derecha, Harry.
En ese momento volvió la pluma blanca. Harry los abrazó. Los dos partieron segundos después.
Harry subió los escalones de a dos. Entró en la pieza. Draco estaba sentado en la cama.
–Draco, por favor, no te pongas así. ¡No quiero dejar las cosas así!
Draco se puso de pie, fue hasta donde estaba Harry y le partió la boca con un beso.
Harry no había pensado que iba a ser tan fácil. Pero no se iba a quejar por eso. Se entregó al delicioso dolor del violento beso, no quería que terminara nunca, bien podría tratarse del último. –Draco…
–Está bien, Harry. –dijo Draco abrazándolo con fuerza– Entiendo y te amo porque querés protegerme. Está bien. Y sé que vas a ganar… lo sé.
–Draco… Draco, yo…
Draco lo hizo callar poniéndole un dedo sobre los labios. –No… no lo digas. Lo que sea que quisieras decirme… decímelo después…
Harry asintió, hundiéndose en los bellos ojos grises. Quería grabar en la mente cada uno de los rasgos, era la imagen que quería dibujarse al final. Si le tocaba morir… la imagen de Draco lo iba a preservar del miedo.
–¡Harry! – les llegó la voz de Remus– Harry, es hora.
Harry titubeó. Draco le dio un leve empujón en dirección a la puerta. –Andá. Todo va a salir bien. Lo sé. Y tenés que saber que yo voy a estar con vos. ¿Supongo que esta vez sí llevas la varita?
Harry rió suavemente. –Sí. –había tanto amor en la mirada de Draco, tanto que dolía. Harry hubiera querido besarlo de nuevo pero no se animó, si llegaba a besarlo quizá ya no iba a querer irse. Pegó media vuelta y salió corriendo.
Probablemente debería haber sospechado. Debería haberse imaginado que Draco no iba a permitir que lo dejaran atrás de esa forma. Sin embargo, Harry tenía una batalla que pelear y eso ocupaba casi por completo sus pensamientos. Y era mucho más fácil pensar que Draco le haría caso y que estaría seguro… y que nada malo le iba a pasar.
oOo
Mala tempora currunt: Corren malos tiempos
