Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.
Autora: Alysian_Fields
Finite Incantatem
Capítulo 22 – Amor vincit omnia
–¡Potter suéltelo! –la voz de Snape lo urgió imperativa– ¡Potter déjelo!
–¡No! –articuló Harry con voz ahogada– No, no todavía… –soltarlo significaba que había terminado. Soltarlo significaba que se había ido, que Harry sólo estaba sosteniendo un cuerpo sin vida, sin el fuego y el espíritu de su amante. Y no estaba listo para aceptarlo, no todavía… ¿Por qué no lo dejaba fingir que aún vivía? Un poco más…
–¡Potter! ¡Si será imbécil! ¿Por qué no se fija? –lo increpó Snape sacudiéndole el hombro– ¡Mire la herida! ¡Fíjese! –Harry levantó lentamente la cabeza.
La herida había… desaparecido. Los orificios que los colmillos de Nagini habían horadado en la carne ya no estaban y la inflamación iba cediendo ante sus ojos y el color de la piel del hombro recobraba su tono natural. ¿Pero qué carajo…! ¿Actuaba así el veneno? ¿Devolverle al cuerpo de la víctima la perfección después de haber ejercido su acción deletérea? ¡Pero si así era aun más cruel!
–¡Potter! ¡Mírelo! – lo instó Snape, Harry no se animaba, no podría soportar ver la muerte en el rostro amado. Movió lentamente la mirada. Casi que se le detuvo el corazón. El color le volvía a los labios, las pestañas temblaban, ¡podía percibir el aliento! Draco seguía vivo, las lágrimas de fénix había servido. Se había salvado.
Sintió que algo se le desataba en el pecho. Le estaban pidiendo demasiado. No podía confiar en lo que estaba pasando, ¿lo volvería a perder instantes después? Las lágrimas que el tremendo dolor tenía bloqueadas brotaron a raudales. Se aferró al cuerpo de Draco, no se lo iban a sacar, le hundió el rostro en el cuello y lloró. A cada segundo lo sentía revivir en sus brazos, sentía cómo iba recuperando el calor.
–Vamos, Potter. –dijo Snape no sin cierto tono compasivo– Compóngase, hombre. Tengo que llevar a Draco al ala del hospital. No entiendo muy bien qué es lo que acaba de pasar, pero necesita la atención de personas con más conocimientos médicos que los míos. –quería sacarle a Draco, pero Harry se resistía a soltarlo.
–Harry… –le llegó la voz de Hermione– Vamos, dejá que el profesor Snape lo lleve. Se va a poner bien, pero es preciso llevarlo al hospital –con suavidad Hermione hizo que lo soltara.
–¡Sus padres! –dijo Harry cuando Snape alzó a Draco en brazos– Profesor, sus padres están acá… alguien tiene que avisarles.
–Está bien, –dijo Hermione tratando de tranquilizarlo– El profesor Snape se ocupará de encontrarlos apenas haya dejado a Draco en el hospital. Está todo bien, no te inquietes, Harry. –lo tomó en sus brazos y lo acunó como a un chico– Está todo bien, tranquilo, ya todo terminó…
oOo
Estuvieron mucho tiempo así, abrazados, en medio de la devastación de la batalla. Finalmente Hermione lo persuadió para que se pusiera de pie y marcharon hacia la salida tomados del brazo.
Las puertas habían sido arrancadas de sus goznes. Varias de las escaleras que conducían a los pisos superiores se habían desplomado. En el hall de entrada yacían los cuerpos de los caídos, respetuosamente cubiertos con lienzos blancos. Algunos de los cuerpos eran muy pequeños, quizá goblins, quizá niños. Algunas personas quisieron acercársele para felicitarlo pero Hermione con tacto los hizo desistir. Pero la mayoría de los que se cruzaron estaban en estado de shock emocional y no lo reconocieron.
–Vamos, –dijo Hermione– Ron y su familia están afuera. A Bill y a George los llevaron a St. Mungo, pero se van a recuperar. –Harry se dejó guiar sin resistir.
La señora Weasley lo abrazó apenas lo vio. –¡Oh Harry! –dijo llorosa– ¡Lo venciste, Harry! ¡Y estás bien!
–¿Dónde está Malfoy? –preguntó Ron, parecía ileso, pero tenía los brazos el doble de largo de lo normal, Charlie estaba tratando de arreglárselos.
Harry no quería hablar. Si empezaba a contarles se iba a poner a llorar de nuevo y no quería desmoronarse enfrente de los Weasleys… Ginny incluida. Miró a Hermione pidiéndole ayuda con los ojos.
–A Draco lo llevaron al hospital. –explicó Hermione– No estoy muy segura de qué fue lo que pasó. Estaba muy mal… creo que estuvo a punto de morir… pero después ocurrió algo y comenzó a recuperarse… Snape lo llevó para que lo atendieran. Creo que va a estar bien. Espero que alguien pueda encontrar a sus padres para informarles.
–¿Sus padres? –dijo Fred confundido– ¿No era que se habían muerto?
–No, –replicó Hermione– Ron y yo los vimos peleando contra los padres de Crabbe y Goyle, así que supongo que ahora están de nuestro lado. De alguna forma pudieron escapar del fuego.
–Espero que Malfoy se ponga bien. –le dijo Ginny con una sonrisa, Harry se la devolvió.
–¡Harry! –les llegó una voz que se acercaba al castillo– ¿Harry, sos vos? –Hagrid se les acercó, estaba cubierto de heridas y magulladuras, apretó a Harry en un abrazo como para quebrarle las costillas– ¡Lo hiciste, Harry! –dijo muy emocionado– ¡Ganaste! De ahora en más todo va a estar bien. Ahora vamos a prender el fuego… para quemar los cuerpos de los mortífagos y de… Ya Sabés Quién. Supongo que todos querrán verlo.
–¡No me lo perdería por nada! –exclamó Fred.
Harry no tenía ninguna gana. En algunas oportunidades había imaginado cómo sería la celebración una vez que Voldemort hubiera sido vencido. Pero en ese momento se sentía vacío, quería huir cuanto antes de ese campo de muerte. Ese día había matado… justificadamente o no… eso no importaba… había matado. Quería llorar los últimos vestigios de una infancia que ya no recuperaría… y quería llorar por los caídos. No veía nada que hubiera que celebrar. Tenía el corazón destrozado y no lo dejaban ir junto a Draco que era adonde pertenecía. Volvió a pedir auxilio con los ojos a Hermione y a Ron.
–En realidad… volvíamos a casa. –dijo Hermione.
–Sí, –la secundó Ron– Creo que ya tuvimos demasiado para un día. A no ser que necesiten que ayudemos…
La señora Weasley les sonrió. –No, vayan nomás. Los heridos ya están siendo atendidos y nada podemos hacer por los muertos. Y en cuanto a los daños… bien pueden esperar hasta mañana. Andá y descansá, Harry. Y ustedes dos, cuídenmelo bien. Estoy muy orgullosa de todos ustedes.
oOo
Los tres tambalearon al llegar a Grimmauld Place por la chimenea del comedor. La casa estaba vacía. Hermione se ofreció para preparar té para todos. Una breve nota de Snape llegó por la chimenea minutos después.
Potter:
Draco está estable. Lo acompañan sus padres en el ala del hospital. Se le ha administrado algo para que duerma. Madame Pomfrey se ocupará de atenderlo si hiciera falta. No vale la pena que venga a visitarlo, mañana mismo le darán el alta; están muy cortos de camas.
Severus Snape
Harry y Ron fueron a la sala y se desplomaron en los incómodos sofás.
–No puedo creer que lo hayamos logrado, –comentó Ron– si ayer a esta hora me hubieran dicho que…
–¿A Remus lo viste? –preguntó Harry.
Ron pareció salir de una ensoñación y le dirigió una mirada cautelosa. –¿No te enteraste? Remus murió, Harry.
Harry se sacó los anteojos. Era una nueva ola de dolor… pero la noticia no lo sorprendió. Se lo había anunciado… ¿era posible que hubiese sido sólo esa misma mañana?... que pronto se reuniría con Sirius… y ahora estaría con él. Otra imagen paternal que le arrancaban. ––¿Qué pasó? –preguntó con un susurro.
–Fue Greyback, –dijo Ron– estaba atacando a los alumnos. Remus lo vio y… No pelearon con varitas, ni como muggles… no era luna llena pero pelearon como lobos… había tanta sangre… Remus lo mató finalmente, le desgarró el cuello de un mordisco. Pero ya estaba muy malherido, las heridas le cubrían todo el cuerpo… murió en mis brazos… y Harry,… había tanta paz en sus ojos cuando se apagaron… Alcé el cuerpo y lo llevé junto a los otros… vos acababas de matar a Voldemort… McGonagall estaba en el hall de entrada, me dijo que tendría un entierro apropiado, el funeral de un héroe…
Era lo que Remus había querido: morir peleando. Y ahora estaría con Sirius. Pero igual… era injusto.
Tomó la nota de Snape y pensó en Draco. Iría a verlo al día siguiente. No se iba a quedar tranquilo hasta que viera con sus propios ojos que estaba bien. Y después… quizá podrían empezar de nuevo… si Draco estaba dispuesto. Quizá ahora que había recuperado a sus padres, quizá preferiría olvidarse de la guerra y de su relación con Harry. Pero en ese momento estaba muy cansado y no quería seguir pensado, quería rendirse a la fatiga, en la mañana trataría de encontrarle sentido a todo lo que había pasado.
Para cuando Hermione vino con el té, Harry ya estaba dormido.
oOo
Cuando se despertó se dio vuelta instintivamente para abrazar a Draco. Se cayó del sofá. Se sentó en el suelo y se masajeó los músculos doloridos. Le volvieron los acontecimientos del día anterior. Tenía que ir a ver a Draco. Vio a Ron durmiendo en otro de los sofás. Le iba a dejar una nota e iba a ir a Hogwarts.
–Buen día, Harry. –le llegó la voz de Hermione desde la puerta, entró y vino a sentarse en el brazo del sofá– Decidimos dormir acá, no queríamos dejarte solo.
–Tengo que ir a Hogwarts a ver a Draco. –dijo Harry con la voz todavía dormida.
–¿Te parece que sea una buena idea? Va a haber mucha gente y…
–No me importa nada… tengo que verlo.
–Bueno, –dijo Hermione dándole un suave apretón en el hombro– entonces nosotros también vamos, a mí también me gustaría verlo. Harry, ¿qué fue lo que pasó exactamente con Draco ayer?
–No sé bien qué pasó. Nagini lo mordió y él la mató. Él me dijo que estaba bien, que la picadura apenas si lo había lastimado. Después vino la parte en que yo maté a Voldemort. Pero resultó que la puta serpiente era venenosa. Yo siempre había pensado que era una especie de pitón o de anaconda que no son venenosas. Pero seguramente Voldemort le había hecho algo para hacerla más temible. Para cuando pude volver junto a Draco, el veneno ya se le había diseminado por el cuerpo. Lo llamé a Snape y le volcó lágrimas de fénix en la herida, habían servido para curarme a mí en la cámara de los Secretos. Pero según Snape, no sirven para curar a los muggles, y en los squibs a veces sirven y a veces no. Y daba la impresión de que no se absorbían. –Harry empezó a temblar, toda la emoción de la noche anterior parecía volverle– Yo creía que estaba muerto… lo abracé y le dije que lo amaba. Y entonces… no sé… no lo entiendo… las lágrimas empezaron a hacer efecto… y la herida se curó y él comenzó a recuperarse. Pero no entiendo por qué el antídoto empezó a dar resultado de golpe… y todavía no me puedo convencer de que está bien… y por eso tengo que ir a verlo.
–¿Realmente no lo entendés? Sé que estás todavía convulsionado, pero pensá… ¿Te acordás de la teoría de Remus… de Draco y vos y el retorno de su magia?
–Sí.
–¿Y seguís sin ver la relación? Vos le decís que lo amás, presumo que por primera vez, y las lágrimas de fénix empiezan a surtir efecto…
–¿Estás diciendo que lo que yo dije le devolvió la magia?
Ella sonrió. –Bueno, a mí me parece una buena explicación. Pero hay una sola forma de comprobarlo. ¡Ron! –lo sacudió sin mucha suavidad– ¡Ron, tenés que levantarte! Tenemos trabajo que hacer.
oOo
Una exhausta madame Pomfrey los recibió a la puerta del hospital –¿Draco Malfoy? –repitió distraída– Le di el alta hace media hora.
–¿Quiere decir que ya estaba bien? –preguntó Harry.
–Naturalmente, de otra forma no lo hubiera dejado ir. Pero no sé decirles adónde habrá ido, lamento no poder ser de más utilidad. Y ahora tengo que volver a atender a mis pacientes. Felicitaciones, Harry, todos estamos muy agradecidos.
–Bueno, genial, –rezongaba Harry mientras bajaban las escaleras– ¡Ahora no sé dónde voy a encontrarlo!
–No te pongas mal, cumpa. Por lo menos sabés que está bien.
–¡Pero es que tengo que verlo! –protestó Harry– Hay tantas cosas de las que tengo que hablar con él. ¿Y si se fue a su casa con sus padres? ¿Y si decidió que estar conmigo es demasiado problema?
–Se va a comunicar con vos, –dijo Hermione– lo mejor será que vuelvas a los cuarteles y esperes allá.
Harry asintió con expresión sombría.
Ron y Hermione decidieron que iban a buscar a alguno de los profesores para ofrecer cualquier ayuda que hiciera falta. Harry pensó que él debería ir con ellos, no era que quisiera tirar la toalla ahora que ya había cumplido su parte… pero antes quería hablar con Draco.
Salió y se dirigió a los portones con la idea de aparicionar a los cuarteles una vez que hubiera salido del predio de la escuela. Algo a la orilla del lago le llamó la atención. Era Draco. Enfiló hacia allí, de golpe se sentía muy nervioso, cientos de mariposas parecían aletearle en el estómago.
Harry se paró a cierta distancia para observarlo, Draco tenía la vista fija en el agua, los cabellos le brillaban casi blancos a la luz del sol, tenía una varita en la mano. Apuntó a una cala que crecía junto a la orilla. La flor creció al doble de su tamaño y el color viró del blanco al azul. ¡Estaba haciendo magia de nuevo! Harry tenía miedo de aproximarse. ¿Querría Draco volver a estar con él? ¿Lo seguiría amando en un mundo donde ya no había peligro?
Draco notó la presencia de alguien a sus espaldas. Se volvió con una expresión exasperada en la cara que desapareció y cambió por una de sorpresa cuando vio quién era el recién llegado.
Se miraron unos instantes en silencio. –Tu magia volvió… –pudo articular Harry finalmente.
Draco sonrió. –Así parece. Me desperté esta mañana y… había vuelto. Mi madre me prestó esta varita hasta que pueda comprarme una nueva. –Draco desvió la mirada, Harry comprendió que debía de estar sintiéndose igual que él, tímido e inseguro.
–Fui a buscarte al hospital hace un rato… anoche Snape no me dejó que fuera con vos…
–Snape me contó lo que pasó.
–Perdón, yo quería ir con vos, pero Snape no me dejó. Y todo estaba pasando tan rápido…
Draco hizo un gesto de impaciencia. –No seas tonto, ya sé que no pudiste. Y no estaba hablando de eso. Me refería a que me contó lo que pasó cuando yo estaba… Me contó lo que vos dijiste y lo que pasó después con las lágrimas y me explicó por qué no me morí y por qué volví a ser un mago.
Harry se sentó sobre el pasto. No sabía qué decir.
Draco se sentó junto a él –¿Y a partir de ahora qué?
Harry lo miró ansioso. –Diría que depende de vos. Es evidente cuáles son mis sentimientos, lástima que no me diera cuenta antes.
–¿Estás seguro? Sabés bien que no va a ser fácil. La noticia va a provocar mucho descontento.
–Ya sé. Y no me importa. Anoche me di cuenta de que mi vida no tiene sentido sin vos. Estuve a punto de perderte y fue la peor sensación que hubiese experimentado jamás. No puedo vivir sin vos. Te amo, Draco. –las palabras sonaron como un encantamiento que nadie conociera y nunca hubiera pronunciado; sonaron como una oración también– Te amo, Draco. –repitió.
Draco sonrió, con una de esas raras sonrisas "normales" suyas, sin segundas implicancias. –Yo también te amo, Harry.
Se acercaron uno al otro con timidez. Entrelazaron los dedos. Los labios de Draco le buscaron el cuello, Harry volvió a sentirse en la gloria. Finalmente se besaron… y los dientes chocaron. Se separaron un poco, riendo. Era como si fuera la primera vez, Era como empezar de nuevo. Harry le agarró la cara con todas sus fuerzas como si temiera que se le fuera escapar y le plantó besos, muchos, cubriendo cada centímetro de la tez.
–¡Harry! –exclamó Draco entre risas– ¡Que me estás estrujando, bestia!
Se recostaron sobre el pasto y se quedaron mirando al cielo tomados de la mano, Harry no quería soltarlo, le volvía el recuerdo doloroso de lo cerca que había estado de perderlo.
–Sabés, –dijo Draco– esta mañana les conté a mis padres sobre nosotros.
–¿Qué! –Harry se sentó de golpe y empezó a mirar ansioso alrededor como si esperara en cualquier momento ver venir corriendo a un Lucius furibundo blandiendo un pico para partirle el cráneo.
Draco rió ante su reacción consternada. –No me digas que le tenés miedo a mi papá.
–Bueno, para serte sincero –le recordó Harry– trató de matarme varias veces… y por mucho menos.
Draco lo hizo recostar de nuevo. –¡Oh pobre bebé! Sabés, para alguien que mató al mago oscuro más poderoso de todos los tiempos, te asustás con mucha facilidad. Para tu información, he de decirte que lo tomaron bastante bien. Mi madre ya se había dado cuenta cuando nos hizo escapar de Riddle House. Y mi padre… bueno supongo que ayudó que había quedado bastante maltrecho después de la pelea. Pomfrey lo había curado y vendado y le había dado algo para el dolor que debía de tener un sedante fuerte o algo así. Podríamos decir que estaba bastante relajado. Obviamente, típico de él, enseguida le encontró la veta conveniente.
–¿Qué querés decir?
Draco revoleó los ojos. –Cree que puede utilizar mi relación con vos como herramienta de relaciones públicas, para que el nombre de los Malfoys recupere el favor de la gente. –rió– Bueno, podría haber sido mucho peor que eso…
Harry no pudo evitar una sonrisa. –Igual yo no voy a aceptar ninguna invitación para tomar el té en la Mansión sin tener una bolsa llena de bezoares a mano.
Draco lo recriminó con un codazo, riendo. –Basta de hablar pestes de mis padres, creí que los había perdido.
Harry estiró una mano y le quitó una brizna de pasto de los cabellos. –Sé muy bien lo que se siente. –dijo. Hubiera podido quedarse contemplando ese rostro amado por toda la eternidad.
–Hace una hora volvieron a la Mansión, –dijo Draco– querían evaluar los daños.
–¿Y no fuiste con ellos?
–Quería buscarte, estar con vos. Vine acá para pensar pero ya iba a volver a los cuarteles. Harry… ¿vos pensás que esto es permanente… lo de la magia digo? ¿O pensás que depende de que vos sigas enamorado de mí?
–No me parece que tenga que ver. – replicó Harry– Una vez que la maldición se rompió, no puede volver. Y Voldemort está muerto. –le levantó la manga y expuso la piel intacta del antebrazo donde había estado la Marca Oscura– ¿Ves?, todo el mal que hizo se está deshaciendo. Y además… yo nunca voy dejar de amarte.
Draco levantó una ceja. –¿Estás seguro? Porque puede llegar a ser un gran incordio si tengo que ponerme al borde de la muerte cada vez que quiera arrancarte un compromiso.
–Estoy seguro. Y que no se repita, ¡que ni se te ocurra volver a casi morírteme en los brazos!
Draco le tomó suavemente la cara entre las manos y lo besó. Y esta vez fue un beso perfecto.
oOo
Días más tarde, Harry estaba en el despacho que había sido de Dumbledore.
Había asistido al servicio en memoria de los caídos. Se había sentado junto a Ron y Hermione. Draco y él habían decidido que no era la ocasión adecuada para hacer pública la relación. Había sido un día cargado de mucha emoción, doscientos cuarenta y seis magos y brujas había muerto o desaparecido desde el segundo alzamiento de Voldemort, dado lo corto del número de la población mágica, era una cantidad enorme. Harry había perdido amigos y había perdido familia. Había heridas que nunca iban a curar del todo. Tonks había estado llorando durante toda la ceremonia, había venido con Kingsley que la tuvo abrazada consolándola, quizá algo estaba empezando entre ellos.
No quiso volver enseguida a La Madriguera, necesitaba unos momentos para pensar. Había estado recorriendo los pasillos del castillo y sus pasos lo habían llevado ante las gárgolas de la escalera a la oficina del director. Le abrieron la entrada sin contraseña, Harry subió.
El ambiente había cambiado mucho, ya no estaba Fawkes, ni la parafernalia de artefactos y dispositivos de la época de Dumbledore. Todo tenía un aire muy austero, espartano, muy propio de Snape. Pero algo no había cambiado, los retratos de las directoras y directores anteriores seguían alineados en la pared.
–Creo que corresponden sonadas felicitaciones, Harry –le dijo el Dumbledore del retrato con una cálida sonrisa, si bien algo triste también– Has superado con creces todas las expectativas y has demostrado una valentía sobresaliente.
Se oyeron murmullos de acuerdo desde los otros retratos.
–Fue muy duro. –dijo Harry– No se imagina la cantidad de veces que necesité su consejo. Lo extrañé mucho.
–No podría culparte si estuvieras enojado conmigo. –dijo Dumbledore– Debe de parecerte tan injusto que hayas tenido que llevar a cabo solo tan terrible tarea, perder tantos años de juventud. No debería haber sido tu responsabilidad.
–No estoy enojado. Por supuesto, estoy triste por todo lo que pasó y todo lo que se perdió. Pero yo no fui el único al que le tocó sufrir. Y ciertamente nunca estuve solo. –los ojos de Harry se detuvieron en la espada que había sido devuelta a su lugar habitual sobre la chimenea. –Y no creo tampoco haber sido un peón, no creo que Ud. me haya usado. Mi papel en esta lucha fue determinado por factores más allá de la voluntad de cualquiera de nosotros, incluso años antes de mi nacimiento. No renuncié a la misión que me había tocado. Y todavía no es demasiado tarde para que pueda tener una vida. Y creo que todos los que me querían y murieron, creo que todos ellos desearían que yo sea feliz.
Dumbledore le sonrió complacido. –Sí, Harry. Viví tu vida, sé feliz. Y estoy seguro de que vas a lograr muchas más cosas notables en el futuro.
–Me da un poco de miedo. Quiero decir, durante siete años mi vida se centró en Voldemort y ahora… ahora tengo un futuro. –rió– Bueno, por suerte tengo un año para pensar y planear. Estoy muy entusiasmado de volver a la escuela y de no tener que preocuparme sino de estudiar y aprobar los exámenes.
–Estoy seguro de que los TEDiOs te van a resultar muy sencillos ahora, –dijo Dumbledore– y tendrás a tus amigos que te harán compañía… y al joven señor Malfoy.
Harry se puso pálido. –Errr…
Dumbledore rió. –No te sientas incómodo. Confieso que me sorprendió un poco cuando me enteré, todos nos sorprendimos a decir verdad, pero estamos muy contentos por vos.
–¿Cómo fue que…? ¿Se lo dijo Snape?
–No, Phineas –dijo Dumbledore escuetamente.
Harry dirigió los ojos al retrato del tatarabuelo de Sirius. –¿Te olvidaste del cuadro en tu habitación? –dijo Phineas Nigellus Black– Que elija no mostrarme no quiere decir que no pueda ver, ¡y sí que saben dar un buen show ustedes!
Harry se puso colorado hasta los pelos.
–¡Suficiente Phineas! –lo recriminó Dumbledore muy serio– Harry espero que sean muy felices juntos. Y creo que para el futuro sería conveniente que utilicen algún encantamiento para ocultar las acciones…
oOo
Harry había pensado que ya no volvería a ese lugar. Alguna vez lo había considerado muy poco acogedor y desolado pero ahora se había transformado en uno de sus sitios preferidos. Corrió hacia su padrino que no estaba solo. Había otros dos hombres con él, los tres se volvieron sonriéndole, Sirius, Godric Gryffindor y Remus.
A Remus se lo veía mejor que nunca. Todos los estragos que su cuerpo había soportado por la edad y los tantos pesares se habían esfumado.
–¡Harry! –lo saludó Sirius con calidez– Harry, estoy tan orgulloso de vos. Estuviste magnífico. Yo sabía que ibas a poder vencer a Voldemort, siempre lo supe. Pero lo otro también, lo que realmente va a cambiar tu vida… confieso que hubo momentos en que tuve dudas… ¡pero también lo lograste!
–¿Qué otro? –preguntó Harry confundido.
–Vos y Draco, por supuesto. –intervino Remus– Harry, dándole tu amor lograste más que salvarle la vida y devolverle la magia.
–No te lo podía decir antes. –continuó Sirius– Sólo podía enfatizar que necesitabas a Draco para ganar la guerra.
–Y sin él no habría ganado. –dijo Harry.
–Pero es más que eso. –agregó Remus– Hay más, y no tiene que ver con Voldemort, ni con Sirius y yo y el miedo que sentíamos de ser sinceros respecto del amor que sentimos el uno por el otro. Es algo que se remonta al principio, a la fuente de todo. –los ojos de Remus se desviaron hacia el tercer hombre que hasta ese momento no había hablado.
Godric Gryffindor se adelantó un paso, sus hermosos ojos azules brillaban y le dirigió a Harry una sonrisa. –Nu Ic, Harry, me for sunu wylle freogan on ferhþe, –empezó a decir, las palabras antiguas se tradujeron instantánea y misteriosamente en la mente de Harry –Y bien, Harry, te amo como un hijo en mi corazón. Me has hecho sentir muy orgulloso. Y déjame decirte, Harry, el gran servicio que me has prestado, y a la escuela que ayudé a fundar. Me provoca una gran pena pensar en cómo se dividió, por amargura y disensión el maravilloso mundo que los fundadores de Hogwarts habíamos creado. Estoy seguro de que conoces la historia. Salazar desconfiaba del mundo muggle. Él veía cómo nos odiaban y perseguían a los que teníamos poderes mágicos, cómo nos identificaban como agentes del diablo. Tenía miedo de aceptar en la escuela a aquellos que tenían ascendencia muggle, sospechaba que podrían ser espías y estaba convencido de que tener relación con aquellos que no tuvieran sangre mágica iba a significar la destrucción de nuestra especie. Los otros tres no estábamos de acuerdo. Creíamos que había que ser prudentes, pero también creíamos que todos aquellos con poderes mágicos tenían derecho a una oportunidad, que no podíamos abandonarlos y que crecieran ignorantes y con miedo de sus habilidades. Fue causa de peleas. Las teorías de Salazar se transformaron en obsesión y lo corrompieron. Su fanatismo se fue incrementando constantemente y un día, después de una reyerta particularmente violenta, abandonó el castillo para siempre. Ése es un hecho conocido. Lo que tú no sabes es cómo fue que comenzó todo.
Salazar Slytherin y yo, fuimos los que nos conocimos primero. Éramos primos lejanos y habíamos entablado amistad desde la infancia. Debes comprender que la imagen que se tiene de Salazar es sólo cierta para sus años tardíos. En su juventud había sido muy distinto. Era valiente y cabal… y apuesto… y con los años la devoción que sentíamos el uno por el otro fue creciendo.
–Ustedes… ¿ustedes eran amantes? –preguntó Harry sorprendido.
Gryffindor sonrió. –Sí, nos casamos cada uno por su lado, por supuesto, pero el amor que nos teníamos pervivió. Durante los primeros años de Hogwarts parecía que nada podría interponerse entre nosotros. –el rostro se le ensombreció– Pero luego vino la desconfianza y la amargura. Y ya no pensábamos de la misma manera y dejamos de entendernos por completo. Él empezó a dedicarse a la magia oscura, a ahondar en ella, y empecé a sentir miedo por él. Les cobró un gran odio a los muggles y a los nacidos de muggles porque yo simpatizaba con ellos y él los culpaba de ser la causa de nuestra separación. La noche que se fue, preso de furia, pronunció una terrible maldición. Decretó que las casas de Gryffindor y de Slytherin estarían separadas por siempre. El odio las dividiría. Luego se fue para nunca más volver, yo quede sumido en desesperación y amarga depresión. Fue Helga, mi dulce amiga, la que me dio un atisbo de esperanza. No tenía tanto poder como Salazar, ninguno de nosotros teníamos el poder para revocar la maldición, pero ella pudo atemperar los efectos. Ella decretó que si algún día un Gryffindor y un Slytherin mostraban la fortaleza suficiente para vencer todo lo que se interpusiera entre ellos y si podían encontrar el amor, el mismo que yo había perdido, la paz se restauraría en la escuela y las casas volverían a coexistir unidas y en armonía. Tras nuestra muerte, Salazar y yo volvimos a unirnos, ya sin ira ni rencor, sólo el amor entre nosotros pervivió. Pero mi Salazar nunca tuvo paz, remordimientos de culpa por la maldición pronunciada, esperando ansioso la llegada de aquellos que la hicieran desaparecer. Y finalmente llegaron. Y él recuperó la paz. Y Hogwarts accede a una nueva era, más fuerte que nunca, unida de nuevo. El amor tuyo y de Draco ha hecho más bien del que puedas imaginar, Harry. Gracias.
–Ahora andá a descansar, Harry. –dijo Sirius– Y no nos llores.
–No tenés porqué llorar por nosotros. –dijo Remus– Estamos juntos y estamos con tus padres. Andá y viví tu vida. Sé feliz.
Harry asintió.
–Harry, despertate… ¿qué pasa?
Harry abrió los ojos. –Draco…
–Acá estoy, Harry. ¿Qué te pasa? Estás llorando.
–Oh…
–¿Tuviste una pesadilla?
Harry lo contempló, etéreo a la luz de la luna, el corazón se le derritió de amor. –No, no un mal sueño, –susurró– el mejor, el mejor de todos. –lo abrazó contra sí sintiendo el milagro de su corazón latiendo contra el suyo– Te amo. – dijo, con total conciencia del poder de esas dos palabras– Te amaré por siempre.
–Yo también te amo. –dijo Draco algo desconcertado pero más tranquilo sintiendo los brazos de Harry alrededor de él, los besos de Harry sobre su piel.
Las heridas se habían cerrado. Y las cosas irían bien a partir de allí. Iban a ser felices.
Cuando finalmente volvieron a dormirse, la luz del alba ya se filtraba por la ventana anunciando un nuevo día.
FIN
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Amor vincit omnia: El amor triunfa sobre todo (Virgilio)
Nota del traductor:
Gracias a todos los que siguieron la historia. Ojalá les haya gustado tanto como a mí.
Gracias a los que dejaron sus comentarios: Alfy-Malfoy, Xonyaa11, maaariiie, alissan, Anne Sie, Ari Stark, Hokuto no Ken, xXxhikaryxXx, Anjitzuh, Pink Black, Sayo Rio, ANa, luna, Dany-O, Murtilla, Laville St, Elhenya84, DarkPotterMalfoy, Lilya85, Altair Snape Black, Shadow Lestrange Potter.
Espero que nos reencontremos pronto con otra historia.
Chau.
