Capitulo 3
El castillo se presentaba ya ante ellos con su gran majestuosidad y belleza, y solo pasar por la carretera que atravesaba los jardines ya parecía que estaban en otro mundo.
Chopper paró justo a las puertas del palacio, a las que se accedía por una grandes escaleras. Zoro miró el castillo una vez mas y suspiró con resignación; tras eso bajó del asiento del cochero y abrió la puerta de la carroza para dejarle paso a Luffy.
-madmuasel.- hizo una reverencia ofreciéndole la mano para ayudarle a bajar.- antes de que se ria de mi la señorita le digo que se la ofrezco para que no se de un tras pies nada mas salir y empiece la noche comiéndose el suelo.
-jaja, la verdad es que estas muy gracioso.
-anda que tu.
Luffy, con una mano agarrándose la falda y otra dejando que el peliverde se la tomara, bajó de la carroza sobrecogido por la imagen que había ante sus ojos.
-vaya..- admiró el moreno.- desde cerca parece aún mas impresionante.
-solo es un edificio.
-tu siempre en tu linea ¿eh?- dijo sin quitar su sonrisa.- bueno, da igual ¡vamos a la fiesta!- fue adelantando pasos de manera poco femenina.
-¿"vamos"?
-claro, venga ¿que haces ahí parado?
-Luffy... los cocheros no pueden entrar al baile.
-pero...- puso gesto triste.- ¿no vas a venir?
El peliverde puso un sonrisa para que el otro se tranquilizara.
-no te preocupes, si te soy sincero no me gustan este tipo de reuniones, prefiero quedarme aquí. Ademas alguien tiene que estar pendiente de la hora ¿no crees?
-¿de verdad estarás bien?
-que si, pesao. Anda, vete.
-esta bien... ¡pero me divertiré por los dos!- afirmó empezando a subir escalones.
-muy bien, pero yo que tu andaría con un poco mas de sutileza.
Ante eso el chico se quedó quieto con un poco de vergüenza y empezó a andar más como una dama, aunque le costaba. Cuando se perdió tras las inmensas puertas el cochero suspiró cerrando los ojos y dejó que su espalda se apoyara sobre la carroza. Se miró la mano que hace apenas unos segundos había tomado la de Luffy.
La mano del chico era tan cálida que en ese corto momento solo había pensado en retenerla. Lo peor era que cuando entró en palacio sintió que lo perdía.
-¿habré hecho bien en dejarle ir?
En el gran salón había muy buen ambiente, compuesto por deliciosa comida, buena música y lo mas esencial, muchas mujeres guapas y jóvenes. A resumidas cuentas era una noche en que la que el príncipe Sanji no hubiese podido ser mas feliz.
-¿pero que demonios le pasa a este niño?- se quejaba el rey sentado en su trono al lado de su esposa.- todas las mujeres del reino a sus pies y el con la sonrisa de estreñido.
-no te sulfures querido.- le dijo la reina Ivankov.- no es lo mismo elegir una chica para toda una noche que para toda una vida.
Por su parte el príncipe quería que acabase ya esa situación. Las mujeres eran hermosas, algunas las mas bellas que había visto en la vida, como una con un vestido negro y pecas en la cara, pero todo aquello era un sufrimiento. Si, y nunca pensó que llegaría a decir algo así, tener a todas esas mujeres delante era un sufrimiento.
Claro que las amaba, a todas y cada una de ellas, y si fuera por el mismo se hacía una orgía, pero no era lo mismo que atarse a una sola de ellas exclusivamente para toda la vida; porque el podía amar, pero nunca en su vida había estado enamorado, nunca había tenido esa cadena. En el amor era un pájaro libre, y ahora le ofrecían las migas de pan que mas le gustaba, a condición de que solo tomara un poco y sobreviviera con eso hasta el fin de sus días.
Tampoco quería renunciar al trono, no sabía que sería de él si lo hacía ¿tan egoísta era quererlo todo?
-bueno, no creo que la cosa cambie de aquí a que termine el baile. No conozco a ninguna ni ellas me conocen a mi, así que escogeré a la mas guapa y punto... pero... las mas guapas están bien si solo las aguantas un día porque después se lo tienen muy creído y son insoportables. Tal vez debería escoger a una feucha... ¡no! Soy incapaz de mirar a a cara a una fea todos los días. Puede que lo mejor sea no fijarse en el físico y buscar a una que me parezca atontada y sumisa, en ese caso la jaula que me pondrán no será tan pequeña y podría tener citas en la intimidad... ¿y como sé yo quien será atontada y sumisa?... ¡ahhh! ¡esto es imposible! ¡imposible, imposible, imposible! No voy a encontrar a la mujer adecuada en mi vida, sería un milagro que ahora ella aparecía y mis ojos vieran una luz desde el cielo señalando que es mi alma gemela y...
Sus pensamientos quedaron en blanco y sus ojos no concebían lo que estaba viendo a lo lejos tras el corro de mujeres que se había formado a su alrededor. Su boca se abrió de la sorpresa mientras seguía observando esa hermosa figura.
Era una chica normal, con un vestido rojo que andaba por el salón un poco perdida pero sin dejar de admirar la estancia con una bella sonrisa. Puede que no tuviera nada más que las otras mujeres que estaba allí esa noche o que habían estado en su vida, pero sintió algo en el corazón. Puede que simplemente...
-ella es un milagro.
Haciendo caso a lo que se formaba en su pecho anduvo ignorando a las otra mujeres y fue hacía lo que sabía que era su destino.
-esto es enorme.- andaba Luffy mirando a todos lados -y los techos son altísimos, a la hora de limpiar las lamparas seguro que mas de uno se habrá dado un trompazo... ¡oh! ¡comida!- fue feliz a donde estaba el banquete. -¡wuah! Nunca había visto tanta comida en mi vida! ¿mm? ¿que será esto?- Lo probó.
-¡buah! ¡pica! ¡cof cof!- se empezaron a humedecer los ojos por la tos que persistía.
-disculpe, señorita ¿quiere un baso de agua?- se lo ofrecieron por detrás.
-¡gracias!-recogió sin pensárselo el vaso de las mano de quien quiera que fuera y bebió a bocajarro.- ¡buff! Mucho mejor, muchas gra...- sus palabras quedaron en su garganta al girarse y ver al chico que le había ofrecido aquel vaso.
Era guapísimo, aún con una extraña ceja rizada. Alto, cabello rubio, y una sonrisa que se hubiese quedado toda la vida mirandola.
-no hay de que señorita. Si me disculpa mi atrevimiento, la he visto desde lejos y...-suspiró sin dejar de sonreir.- no he podido evitar acercarme a hablar con usted.
-a-ah..- no podía hablar, era puro nervio.
Sanji no podía dejar de mirarle.
-¿me concede este baile?- le tendió la mano.
-yo... yo no se bailar.
-no se preocupe, solo sígame.
-s-si...- aceptó la mano de aquel chico rubio.
-¿pero que demonios hace el príncipe?- se quejaba Dadan.- ¿no tiene que seguir recibiendo a jóvenes?
-creo que ya ha escogido ¿nos podemos ir ya? Por favor.- le pidió el pecoso con un tono que irradiaba una gran hartura.
-que te lo has creído. Aún queda mucha noche, así que que ya te estas metiendo en medio de la parejita y desplegando tus encantos ante el príncipe. Yo por mi parte estoy agotada así que me voy a ver si pillo a algún camarero que me de una copa ¡y esfuérzate!
-si...- contestó con pesadez. La mujer asintió satisfecha y se perdió entre el distinguido gentío. Cuando Ace ya estaba seguro de que no le volvería a encontrar se apartó un poco de la gente y salió al balcón que daba una preciosa vista a los jardines de palacio.
Suspirando dejó caer un poco el peso de su cuerpo sobre los codo apoyados en la tribuna.
Agradeció la suave brisa que le acariciaba la cara y que le traía un aire puro directamente a sus fosas nasales. Todo lo contrario que en el salón de baile donde se sentía tan agobiado que hasta le daban nauseas.
Volvió a inspirar ese aire y observó el jardín. Era una vista realmente bonita.
-¿sabes que si el príncipe se entera de que eres un hombre mañana estarás en la guillotina?
Su cuerpo se tensó de repente y ese aire puro fue como si se solidificara. Todo por culpa de aquella voz que hablaba a su lado.
Volteó un poco la cabeza, intentando cubrir su cara con el pelo. A través del sus cabellos negros vio que se trataba de un chico, mas bien un hombre, pero no mucho menos joven que él, de tez morena y cabello rubio. Por la forma en que vestía no había duda de que era un noble.
Aún con el corazón en la garganta, Ace mantuvo la calma y sacó el abanico para ponerselo delante de la boca y a la vez cubrir mas su cara, algo enrojecida.
-no se se que me habla, y es de mala educación llamar a una dama "hombre".
-tu voz es de hombre, aunque intentes fingirlo.
-estoy resfriada.
-llevas cuello alto para cubrirte la nuez.
-¿y usted que sabrá?- intentó cambiar su nerviosismo por indignación, aunque sentía que el cuerpo le temblaba.
-y el fular que llevas es para disimular tus hombros anchos ¿haces algún deporte?
Ya no supo que decir, solo quería que se lo comiera la tierra. De todas las cosas por las que le podían llevar al patíbulo, que ahora veía como el fin de sus sufrimiento, tenía que se porque iba vestido de mujer. Su cara le ardía.
-no... no se lo digas a nadie.- rogó con la voz temblorosa y débil.
-no pensaba hacerlo.- esa respuesta le sorprendió pero no le dejó mas tranquilo.- te he visto con... ¿tu madre? El caso es que me he dado cuenta de que no lo has hecho por tu propia voluntad.- se acercó mas a Ace.- te he estado observando... toda la noche ¿te importaría acompañarme a un lugar mas apartado?- preguntó en un tono mas sensual pasando el brazo por su espalda y colocarla en uno de sus hombros.
En su trono el rey derramaba lagrimas de felicidad.
-por fin... por fin mi hijo a encontrado el amor... ¡y ya no querrá saber mas de su pobre padre! ¡buah!
-ya está, ya paso.- le consolaba la reina.
A la vez que esto ocurría, Luffy y Sanji seguían bailando en el salón captando la atención de todas las miradas, pero estas quedaban atrás. Ambos estaba como en una nube, rodeados de una rosada niebla que los escondía del mundo y viceversa.
En sus miradas solo se reflejaba el otro, sus sonrisas eran solo para ellos. No había verdad mas allá de aquellos pasos de baile.
La música paró terminando con esa parte del sueño que aún continuaba.
-el jardín esta precioso esta noche.-el príncipe hizo una pausa un poco tímido.- ¿me acompaña a dar un paseo?
-si.- contestó feliz y enrojecido.
El moreno salió del gran salón junto al rubio agarrado de su brazo.
La noche era fresca, pero no hacía frío. El cielo lucía estrellado y la luna sonreía, aunque no tanto como ellos; y las luciérnagas danzaban a su alrededor.
Todo era perfecto y mágico, pareciéndose cada vez mas a un sueño.
Caminaron por el jardín a paso lento y tranquilo, sin apartarse el uno del otro; el aura de paz llegó a su clima cuando Luffy apoyó su cabeza en el hombro del rubio.
-¿estas cansada?
-¿que? ¡ah! No, lo siento, lo he hecho sin darme cuenta- se disculpó con las mejillas color carmín.
-no, te preocupes, no me molesta.- miró a ambos lados.- mira, al lado de la fuente hay un banco, sentémonos un rato.
-vale.
La fuente, como todo, también se veía muy bella esa noche, y tras esta podía verse la torre del reloj aún así nada importaba en ese momento.
-ha sido una velada maravillosa.-dijo el rubio acariciándole la mejilla.- nunca me había sentido así con nadie.
-yo tampoco.
Sus ojos aún seguían centelleando. Olvidándose de todo, sus labios empezaron a acercarse.
El cochero seguía esperando impaciente a que regresara Luffy para volver a casa.
-¿sabes, Chopper? No soy mucho de hablar con animales, ademas de que sé que no me van a responder, pero tengo tanta ansiedad que eso ya me da igual.- tomó aire y expiró.- siendo sincero no quería que Luffy fuera a este baile. El me gusta tal y como es, y en un baile como este solo se reúnen gente superficial movidas por cosas vanales como el dinero o el sexo. Tengo miedo de que les guste demasiado este mundo, y de que eso lo aparte de mi.
-Luffy no es un persona que se deje llevar por ese tipo de cosas, ya deberías saberlo.- le dijo Chopper.
-ya lo sé pero aun así... ¿¡como demonios puedes hablar!-preguntó alzando la voz asustado.
-en los cuentos infantiles los animales siempre hablan.
-¿y por qué no lo hacías antes?
-no me apetecía.
-ah.
-pero yendo a asuntos mas importantes creo que deberías avisar a Luffy. Son las doce menos cinco.
-¿y como lo hago? No me dejarán entrar.
-ve por el jardín.
-buen consejo, deberías hablar mas.
-no creas que me has alagado imbécil.- dijo con cara de felicidad y rojo.
-pues parece feliz.-pensó el peliverde- entonces me voy a buscar a Luffy.
Bajó de la carroza y salió de la carretera para meterse entre los arbustos del jardín. No tenía tiempo para refinamientos, quedaba muy poco para que el hechizo se rompiera.
-este Luffy, siempre tan despistado.
Anduvo entre la maleza y justo cuando estuvo a punto de salir de esta se detuvo al escuchar una voces.
-mierda, si salgo me descubren.- escondido tras los arboles echó una mirada para ver quien era y si pensaba quedarse mucho tiempo allí. Vio que era una pareja sentada en un banco de mármol pero no fue lo único captaron sus pupilas. -Lu... Luffy.
El moreno estaba sentado con otro chico rubio dedicándole una sonrisa que el peliverde nunca le había visto. Los ojos del cochero se abrieron cuando el otro le acarició la mejilla a Luffy.
-no, Luffy, apartalo.
Pero muy lejos de hacer eso e chico acercó los labios al mismo tiempo que lo hizo el otro.
Y se fundieron en un beso a la vez que el alma del peliverde de rompía como el cristal quedando en su interior un profundo vacío.
Continuara...
