Capitulo 4
Zoro apartó sus ojos rápidamente de esa escena como si le quemara los ojos. Se puso la mano en el pecho, la ansiedad no le dejaba respirar.
-ni siquiera le conoces.- apoyó su espalda en el tronco del árbol y se dejó caer hasta sentarse en el suelo donde, apretando los ojos y mordiéndose los labios, intentó calmarse.
Los dos amantes seguían unidos por ese cálido beso que les colmó de felicidad, como si le entregaran una parte suya al otro y como si recibieran algo a cambio.
Se separaron con lentitud y abrieron los parpados. Se miraron, si evitar sonreírse nuevamente. Pero el sueño no iba a durar mucho mas.
CLON
Las campanas de reloj llamaron la atención de Luffy que aún estaba soñando despierto. Súbitamente su cara mostró un claro pánico.
-tengo que irme.- dijo levantándose presuroso.
-espera.- le agarró del brazo el príncipe.-¿a donde vas?
-es muy tarde.
-solo son las doce ¿no te puedes quedar un rato mas?
-no... yo... ¡el príncipe! ¡eso es! ¡tengo que ver al príncipe!
-¿al príncipe? ¿pero no sabes que yo..?
-lo siento, adiós.- se deshizo del agarre y huyó hacia la vegetación del jardín.
-¡espera por favor! ¡no se ni tu nombre ni como encontrarte!
El moreno resistiéndose a responder los ruegos del rubio le dio esquinazo entre los arboles pero no se detuvo pues sabía que aquel chico aún le seguía.
-¡ah!- gritó al tropezarse y caer de bruces contra el suelo.- ¡mierda!- se intentó levantar pero sin previo aviso alguien el agarro del brazo.- ¡no! ¡suéltame!
-¡Luffy, que soy yo!
-Zoro¿ que haces..?
-las explicaciones para luego que hay prisa.- le levantó y corrió tirandole del brazo.
-¡el zapato! ¡se me a caído!
-¡olvidalo! ¡no importa!
Salieron de aquel bosque volviendo a la carretera y a las puertas de palacio donde Chopper les esperaba impaciente casi al trote.
Luffy se lanzó al interior de la carroza y Zoro tomó asiento en la parte delantera del carro.
-¡arre, arre, arre!- hizo sonar las riendas con la máxima angustia por salir de ahí.
El ahora reno salió despegado incluso antes de que el cochero diera la orden. Su galope no aminoró ni se detuvo por un segundo dejando atrás el lujoso castillo que cada vez se hacía mas pequeño.
La ultima campanada de las doce sonó deshaciendo el hechizo y volviendo todo a su estado original; por suerte ya no había peligro.
Chopper, siendo un perro de nuevo, cayó al suelo agotado ladrando sin fuerza y con alivio. Zoro se tanteó con las manos, llevaba otra vez su camiseta blanca vieja con magas por debajo de los codos, sus pantalones negros y botas.
-todo ha vuelto a la normalidad, incluso tengo la ceniza de la chimenea.-miró a Luffy, que estaba tumbado bocarriba en el suelo; este también llevaba de nuevo sus ropas: blusa roja, chaleco negro y pantalones piratas de este mismo color.
-bueno...- dijo el moreno como "ya la cosa no tiene remedio".- pues se acabó.
-ahora dirás que no estas satisfecho, has aprovechado hasta el ultimo segundo.
-lo sé- se incorporó sonriendole.- era más de lo que podía pedir.
-ya me imagino.- dijo con un poco de sarcasmo.
-¿que?
-fui a recogerte, y te encontré con aquel chico rubio.
-ah..- apartó la mirada avergonzado sin darse cuenta de que Zoro lo hacía dolido.-muchas gracias, de verdad, no sé que hubiese pasado si el me hubiese encontrado tras el hechizo.-suspiró.- no sé como es un príncipe pero no creo ni que el mismo príncipe sea como él. Estaba tan feliz que... hasta me olvide de la hora.
-dejate de tonterías.- se levantó hablando en un tono molesto.- todavía nos queda un largo camino a pata por si lo has olvidado. Así que andando que es gerundio.
-vaale- contestó con paciencia. Le extrañó un poco ese raro cabreo en su amigo, pero ya dijo antes que eso no lo hacía de rositas, y encima él le había hecho esperar y salir corriendo como delincuentes. - Zoro yo... lo sien... ¿mm?- se miró los pies.- Zoro.
-¿que quieres?
-aún... tengo el zapato.
-¿pero no se suponía que todo volvía a a lo que era? Ahora tendrás que ir descalzo.
-pues no sé.- dijo descalzándose y mirado aquella zapatilla de cristal. Sonrió nostálgico.- pero me alegro de que siga aquí. Así me podré quedar con algo más que con el recuerdo de esta noche.
Aunque Luffy no se daba cuenta su amigo lo miraba con un poco de pena fijándose en ese zapato que para él resultaba tan odioso.
Después de un resoplido, Zoro, anduvo hasta él y dándole la espalda hincó una rodilla en el suelo.
-sube, descalza no puedes andar.
-¿de verdad? ¿No estas cansado?
-solo de estar aquí parado en medio de la carretera, así que date prisa.
Sin decir nada mas el mas joven le hizo caso montándose a caballito y el mas mayor lo aupó emprendiendo su camino seguidos por Chopper que no entendía nada pero notaba que algo no andaba bien del todo.
-se que no soy tan lujoso como una carroza, pero es lo que hay.
-no me importa. Pero si estas cansado dejame en el suelo.- bostezó.
-idiota, eres tu el que esta cansado.
-solo un poco...- dijo dejando caer su cabeza y empezando a cerrar los ojos.- muchas gracias... si no tuviera un amigo como tu...- se quedó dormido dejando al peliverde con sus pensamientos.
-ojalá hubiese sido un amigo peor del que te esperabas. Pero ahora ya se acabó, tu sueño de una noche terminó para siempre, y aunque sé que no debería hacerlo solo puedo alegrarme.
La noche acabó escondiéndose del día que empezó como otro cualquiera, solo que en la casa había mucho mas silencio.
Lo primero que pensó el peliverde fue que era porque Luffy aún estaba durmiendo, ya que le había dejado él, y no solo porque sabía que estaba cansado sino también por miedo a que le contara el baile con todo lujo de detalles. Después pensó que a pesar de que Luffy estuviera dormido había demasiado silencio. Entonces llegó a una conclusión: ni Ace ni Dadan se estaban dando voces recíprocamente como fieras.
-que raro...¿será que también estaban cansados? Porque no creo que el plan de cazar al príncipe haya funciona...-una idea aterradora pasó por su cabeza. Si Ace había conseguido al príncipe eso sumaba las posibilidades de que Luffy y aquel chico se volvieran a juntar. -no, es un tontería.
Terminó de hacer el desayuno y recordando que era día laboral lo llevó al salón donde la mujer y el hermano mayor estaría esperando.
Cuando llegó entendió por la cara enfurruñada de Dadan que no lo habían conseguido; pero lo que no entendió fue que el chico de las pecas estuviera con la mejilla apoyada en la mano y el codo apoyado en la mesa mientras con una cara de felicidad plena y embobamiento absoluto mirara hacia el infinito con sus ojos dirigidos al final de pasillo o lo que era lo mismo la pared del frente.
Con cautela y sin decir nada Zoro entró en el salón y sirvió los desayunos en la mesa.
-¿no vas a preguntar como nos fue ayer?- le preguntó la mujer dando un aire de un lobo que espera en las sombras para atacar.
-¿como...-empezó Zoro salvaguardando las distancias.- les fue ayer?
-¿¡Y A TI QUE TE PARECE CACHO DE LECHUGA¡?- clamó levantándose y tirando parte del desayuno, gesto con el que Ace ni se inmutó.- ¡tantos esfuerzo para que venga una niña del montón a la que nadie conoce y se lleve al príncipe! ¡para colmo este -señaló a Ace.- en vez de hacer algo por su pobre madrastra se va a tirarse a un noble! ¿¡que me dices Ace! -le gritó con sorna e ira al oído.- ¿¡contento de haber perdido tu virginidad! ¿¡ y ves como se ha quedado!- le preguntó al peliverde pegándole a Ace un cogotazo, que con eso lo único que hizo fue inclinar la cabeza un poco hacia delante por el golpe y volverla a su anterior posición.- ¡se ha quedado tonto! ¡tonto de culo! ¡te aseguro que como coja a ese maldito noble sus recuerdos de mi no serán nada agradables! ¡y tu deja de ponerte así que me exasperas!- le ordenó con otro cogotazo a su hijastro que sorprendentemente esta vez si que reaccionó: sin quitar la expresión la miro, cambió de mano con la que apoyar la cara, lanzó un suspiro de enamorado y volvió a mirar al infinito.- ¡ah! ¡lechugino! ¡traeme el desayuno a mi cuarto! ¡ no soporto mas a este crío!- y salió de la habitación dando un portazo y quedando otra vez la casa en silencio.
Zoro apartó su vista de la puerta y la puso en Ace.
-¿hola?- le saludó con la mano delate de su cara, pero ningún cambio.- pues va a ser verdad que se ha quedado tonto.
-su alteza el príncipe Sanji.- avisó el pregonero su entrada a la sala del trono donde lo esperaban los reyes.
-¡por fin has vuelto, hijo mio!- se levantó el rey con alegría.- toda la noche sin saber de ti, ni de tu caballo y por supuesto de aquella chica.- hizo una pausa.- Bueno ¿donde está?
El príncipe le miró con la cara desesperanzada y unos ojos marcados por las ojeras.
-se esfumó, padre.- dijo pasando de largo y sentándose abatido en las escaleras que había bajo los dos tronos.- se esfumó.- repitió suspirando con melancolía.
-¿¡como que se esfumó!- estalló su padre cual volcán en erupción.
-no te sulfures cariño.- le aconsejó la reina.
-¿¡y se puede saber que has estado haciendo toda la noche montado a caballo!
-¡buscarla!-se levantó alzando la voz.- ¡buscarla por todas partes! ¡seguí las huellas de su carroza pero llegó un momento en que desaparecían en el camino! ¡como si el destino me quisiese gastar una broma macabra!
-que bien habla nuestro hijo.-comentó la reina.
-¡no me vengas con falacias!
-¡no son falacias padre! ¡estábamos estupendamente hasta que dieron las doce, le entró una especie de ataque y se dio a la fuga!- volvió a suspirar pasándose la mano por el rostro..- todo era como un sueño, ni tan siquiera sabía que yo era el príncipe, y me aceptó como a cualquier otra persona, no por lo que soy si no por quien soy. Pero el sueño se esfumó, yo desperté y lo único que me queda es su zapatilla de cristal.
-¿zapatilla de cristal?
-si.-sacó de su bolsillo aquel peculiar tacón y lo observó entre sus manos.
-que bonita.- observó la reina.- y muy original.
-¿verdad que si, madre?-sonrió el príncipe nostálgico.-Incluso su calzado parece sacado de alguna ilusión.
-entonces...¿es su zapato?
-¿no te lo acabo de decir, padre?
El rey miró pensativo el zapato que sostenía su hijo.
-hijo mio... ¿amas a esa chica?
-eso... creo... lo cierto es que no estoy seguro, nunca me he sentido así. Pero sé que solo quiero saber donde esta, derrochar nuestro tiempo juntos...
-¡con eso me basta! ¡que venga el escriba!- ordenó.- tengo que hacer un proclama.
-¿una proclama, querido?
-si esposa mía.
-¿y que dirá?
-que a la doncella que le venga la zapatilla de cristal se casara con el príncipe.
-¿que?- gritó el príncipe.- ¡te has vuelto loco! Esta zapatilla le puede venir bien a un sin numero de doncellas.
-lo sé perfectamente pero es la única manera de encontrarla ¿no es lo que quieres?
-claro que quiero, a toda costa pero...
-piénsalo dos veces hijo, esa chica puede tener la otra zapatilla, si encuentras a aquella que le venga y que ademas tenga el otro par pues... ¡mas claro agua, diantres! ¡que hay que desmenuzar todo para que lo entiendas!
Sanji pensando en las palabras del rey volvió a mirar la zapatilla; los recuerdos de esa noche se pasearon por su cabeza provocándole otra sonrisa. Su padre tenia razón, aquel par de zapatillas les uniría.
-padre, te lo voy a decir con sinceridad: es la primera vez en mi vida que me siento orgulloso de ser tu hijo.
-¡pues no seas tan sincero!
-aun tengo que ser mas sincero.
-¿que quieres decir?
-que tienes que cambiar la proclama.-le miró a los ojos con decisión.- La zapatilla no sera probada en las doncellas,- volvió a mirar la zapatilla soltando un suspiro nostálgico.- si no el los donceles.
El mundo quedó parado en la habitación unos segundos.
-¿como?- le gritó el rey en la cara creando un vendaval.-¿estas diciendo que aquella con la que bailaste es un hombre?
-así es.-respondió tranquilo.- Pero no me tomes por un tonto, supe que era un hombre en cuanto intercambie las primeras palabras con él, no disimulo mucho su voz, sin embargo... lo que sentía en el pecho era tan fuerte que.. que me dio igual. Irónico verdad, toda mi vida buscando a la mujer perfecta para acabar prendado de un hombre.-sonrió.
-¡de irónico nada! ¡eso es imposible! ¿como te vas a casar con un hombre? ¡eres el príncipe!
-¿y que tiene que ver eso? las leyes del reino solo dicen que debo casarme, no especifican con quien.
-¿y tu que sabes de las leyes del reino?
-me las estudie para ver si era cierto que para ascender al trono tenia que estar casado.
-maldita sean las leyes de este reino ¿de verdad quieres pasar el resto de tu vida con un hombre de gustos extraños?
-no, pero si la quiero pasar con él.
-¡oh dios santo!
-permitidme hablar en este caso. -dijo la reina levantándose de su sitio.- querido, si las leyes no imponen este enlace tan moderno nosotros no tenemos que poner pegas, después de todo es por la felicidad de nuestro hijo.
A Sanji se le ensanchó la cara de alegría mientras que a Bon Clay la cara de disgusto.
-¿¡tu también!
-¿y tu? No recuerdas cuando eras joven y vestido de mujer me hacías reír, a parte de que te encantaba.
Ahora la cara de Sanji era un cuadro mirando a su padre.
-ejem, ejem. Eran otro tiempos...
-¿y que diferencia hay?-reprochó el rubio.
-pues claramente que nuestro enlace si daba descendencia, hijo inútil.
-podemos adoptar.
-muy bien y muy bonito, hijo. Pero el problema está en las posibles guerras de sucesión.
-¡ah! Así que era eso. A mi me da igual, yo ya estaré muerto.
-¡al cuerno! ¡casate con quien te salga de la punta del ci...!
-querido, que eres el rey.
-¡iré a hablar con el escriba! ¡no hay tiempo que perder!- corrió Sanji fuera de la habitación.
-¡espera que todavía no hemos termina...! do...- acabo la frase sin fuerza.- maldito hijo este.
-pero se le ve muy feliz, creo que no había visto esas sonrisas en su rostro desde que le regalamos aquel potro blanco cuando era pequeño.
-el amor, querida, mueve el mundo, siendo así prosperara nuestro reino.
-¿no estabas en contra?
-no, pero si no se le grita no tiene presente las consecuencias, aunque como hemos visto, le quiere tanto que le da igual todo.
-Me llevó a una de las habitaciones de palacio para huésped, allí me dejó su ropa para que pudiera quitarme el vestido, si, me desnude delante de él porque no había mas sitio y aunque él me dio la espalda por cortesía creo que miraba de reojo.
estuvimos charlando y bebiendo un poco. Era todo tan perfecto, incluso podría decir bonito. Nunca me había sentido así con nadie, y eso que sabía que era un hombre. Entonces no se que pasó, el me besó, yo le dejé y después al revés; me acarició la mejilla apartándome un poco el pelo y me dijo- hizo un pausa suspirando.- "haces que me lata tan fuerte el corazón que hasta me duele."-se rió.- le respondí que era lo mas cursi que me habían dicho en la vida y el en seguida se puso como un tomate.
-¿pero te lo tiraste o no te lo tiraste?- le preguntó Zoro para ir al grano.
-gracias por estropearme el recuerdo.
-es que Ace, macho. Que Luffy te preguntó "¿de verdad te acostaste con el noble?" y llevas mas de tres cuartos de hora contándonos tu gran noche.
-vale, vale. Si me acosté con el ¿contentos?
-tu más que nosotros.-contestaron los dos haciéndole enrojecer.
-bueno pues se acabó el cuento antes de dormir.- dijo levantándose de la orilla de la cama de Luffy.- nos vemos mañana. Buenas noches.
-Ace.- le llamó su hermano.-¿y como se llamaba? El noble me refiero.
-se llama Marco.- respondió vergonzoso.
-ah, entonces tu eres el mono Amelio.-le dijo Zoro.
-¡deja de joderme el momento!
-pero Ace, era un noble con el que tuviste un royo de una noche. Me parece estupendo que te lo hayas pasado tan bien pero creo que lo tienes demasiado idealizado.
-ya lo sé Zoro.- puso la mirada triste.- se perfectamente que pude haber sido el acompañamiento de una noche pero... es que lo que sentí fue tan fuerte... me gustaría volver a verle y hablar las cosas, aunque se me explote la burbuja... ¡pero bueno! Ya no os molesto mas con mis fantasías. Buenas noches.- se despidió cerrando la puerta.
-buenas noches.- contestaron los dos antes de que la habitación se sumiera en un corto silencio.
-bueno.- se recostó Zoro en la cama tapándose con la manta y dándole la espalda a Luffy.- como ya no tenemos nada mas que hacer: hasta mañana.
-hasta mañana Zoro.- le dio un soplido a la vela dejando la habitación a oscuras y siguiendo el ejemplo de su amigo se recostó en el colchón.- Zoro...
-¿si?
-¿sabes? Yo entiendo perfectamente a Ace. Puede que si lo cuentas solo parece que ese tal Marco o el chico con el que estuve solo quieran darse el lote una noche, pero lo sentimientos lo cambia todo, hay que vivirlo para comprenderlo.
-aun así tu no estas seguro de que lo que tu sentiste lo hubiese sentido el otro.
-no me has comprendido en absoluto. Quería decir que por una parte lo que tu sientes es con mucha fuerza pero a la vez sientes los fuertes sentimientos del otro.
-¡bah! Yo lo siento por Ace y por ti, pero la realidad es clara, son nobles.
-¿y que?
-Luffy, los nobles son gente rica, dedicados a hacerle la pelota al rey, engarzada de joyas y rodeada de lujos y que no tienen en cuenta los sentimientos de los demás, solo sus caprichos, y si no me crees mira a tu hermano, el estará muy ilusionado pero nada mas hay que analizar su historia. El noble le hizo una chantaje adornado con palabras bonitas para que Ace lo mirara de otro modo, pero si se le quita todo se queda en "o vienes a mi habitación a que te eche un polvo o te descubro aquí delante de toda la corte".
-otra vez te estas dejando llevar por prejuicios.
-no son prejuicios.- masculló.
-pero no los conoces, ni tan siquiera estuviste en nuestra piel, no lo puedes entender a menos que lo hayas vivido ¿nunca has estado tan enamorado que sientes lo que siente esa persona?
-no, pero me da igual, sigue en tu mundo de fantasía que yo me voy al mio si me dejas dormir de un jodida vez.
-tienes menos sentimientos que un ladrillo.-le dijo en tono seria tirando a enfadado.- Buenas noches.
-buenas noches.
Zoro estuvo varias horas dando vueltas en la cama sin pegar ojo por culpa del cabreo que tenía. Lo que mas le fastidiaba era que Luffy se hubiese enamorado de ese chico sin tan siquiera conocerle. Para colmo la situación de su hermano no arreglaba las cosas para hacerle entra en razón.
El primer ronquido de la noche producido por su compañero de habitación le hizo saber que ya estaba pasando por la fase REM; con ello encendió un vela y se sentó a la orilla de la cama para observarle. Luffy tenía el gesto mas aniñado que de costumbre y una sonrisa inocente.
Alzó con cuidado su mano para acariciar suavemente su rostro.
-¿se te pasará esto algún día?
Suspiró resignado, no queriendo pensar mas en lo que estaba soñando Luffy, e intentó concebir el sueño, sin saber que a la mañana siguiente cambiarían sus vidas tal y como la conocían.
Continuara...
