Capitulo 6

El príncipe corría con impaciencia por los pasillos atropellando a más de un sirviente de palacio. Su corazón estaba acelerado por su inmensa alegría. El chico que había ocupado sus pensamientos desde esa noche le esperaba en la sala del trono.

-¡su alteza el príncipe Sanji!- anunciaron como siempre su llegada solo que esta vez no tuvo la paciencia para que el pregonero se quitara de la puerta y al abrirla con impetuosidad golpeó al pobre hombre.

-uy, lo siento.

-no tiene importancia su excelencia, es un alegría para nosotros que rebose de felicidad.

-gracias.- levantó la mirada y ahí estaba. Como era normal no iba vestido de mujer, ni maquillado, y su pelo era corto, aún así lo veía igual de hermoso que en aquel baile.

Sin dejar de mirarle anduvo rebasando la distancia que quedaba entre ellos.

-hola.- le dijo el rubio en un suspiro y con una una sonrisa.

-ho.. hola.- le contestó el otro nervioso y cohibido y sonriendo tímidamente.

-que gran manejo del lenguaje del amor.- dijo irónico el rey.

-ya se que suena un poco tonto pero...- empezó a decir el rubio ignorando a su padre.- me gustaría saber tu nombre.

-Lu.. Luffy, me llamo Luffy.

-es muy bonito.

-si, su abuelo estaba inspirado ese día en el baño.- comentó Dadan sarcástica.

-shhh,-le calló Ace.- modera tu lengua o te la cortaran.

-ah, ustedes deben de ser sus parientes ¿me equivoco?- les preguntó el príncipe con amabilidad acercándose a ellos.

-no se equivoca su alteza.- hizo la mujer un reverencia.- soy su humilde madre.

-ya no me cabe duda de quien a heredado Luffy su belleza y elegancia.

-porque claramente de ella no.- aclaró Ace haciendo que su madrastra le echara una mirada de odio.- soy Ace, el hermano de Luffy.- hizo también un reverencia.- es un placer.

-lo mismo digo...- Sanji quedó dubitativo mirando al chico- disculpa pero... ¿no nos hemos visto antes?

-esto... yo...

-posiblemente le vio en en el baile.- dijo Dandan animando las ganas de matar del pecoso cuyas mejillas empezaban a enrojecerse.- es un chico muy atractivo como ve.

-ah... posiblemente.

Ace respiro aliviado, miro a su madrastra, esta le echó una mirada de "me debes una".

-bueno.- prosiguió el príncipe refiriéndose a Luffy.- ¿te gustaría ver el palacio?

-si.- contestó entusiasta.

-¡eso, eso!- afirmo el rey levantándose de su trono.- vamos a ver palacio.

-padre, se lo preguntaba a Luffy.

-bueno hijo, pero también tendremos que enseñárselo a sus familiares, no se vaya a perder que teniendo en cuentas las condiciones tendrán que aprender a moverse por aquí.- decía adelantando pasos para poner en marcha la guía.

-no sabe lo que me alegra oír esa palabras majestad.-le siguió la madrastra.- perdones usted, no espero ser muy indispuesta, pero mi hijo Ace es, como ve usted, un gran joven atlético y culto, un buen partido para cualquiera ¿no sabrá usted de alguna reina o princesa interesada en contraer matrimonio?

Sanji suspiró resignado y seguidamente miró a Luffy.

-¿vamos?- le tendió la mano.

-si.- asintió el pequeño tomándosela e iniciando el camino junto a él.

-¿esa ropa es tuya?

-no, Dadan hizo parar al cochero en una tienda de trajes antes de llegar a palacio.

-ya decía yo que te quedaba un poco grande esa chaqueta roja.

-¿voy mal?

-vas estupendo.

Ace quedó un poco rezagado viendo como se iba con el príncipe. Se sentía como si se lo quitasen, pero lo peor es que eso le hizo pensar en Zoro y preguntarse como estaría ahora el peliverde.

-¿no vas con ellos, joven?- le preguntó la reina.

-si, majestad.

-entonces mejor apresurarnos si no estos será un no encontrarnos.

-si, majestad.- siguió a la reina.- discúlpeme.

-¿si?

-es que en el baile... conocía a un noble. Me gustaría encontrarle.

-¿algún motivo en concreto?

-estuvimos hablando y hubo determinados conceptos en nuestro coloquio que quedaron sin resolver.

-entiendo ¿cómo era nombrado ese noble?

-él se hizo conocer con el nombre de Marco.

-¿Marco? Entre mis conocidos, en este caso incluso se podría decir amigo, el único que conozco con dicho nombre es un caballero de la corte de Barbablanca, rey y gobernador de un reino al otro lado del mar.

-un.. ¿caballero?

-si, y por lo que se sabe y se afirma de los mas valientes, capaces y fieles del rey Barbablanca. Pero siento decirte que si quieres encontrarle has llegado un poco tarde.

-¿por..- no le salió la voz, así que se aclaro y volvió a hablar.- por qué?

-Sir Marco estaba aquí con el motivo de hacer papel de embajador, sin embargo ayer mismo partió a su tierra natal. Le espera un viaje largo; se tardan varios meses en llegar al reino de Barbablanca.

-entonces...¿ya no se encuentra en el reino?

-me temo que no y no se exactamente que es lo que incitó su repentino viaje, supuestamente iba a quedarse aquí hasta comienzos del verano.

-vaya...- dijo en un suspiro. Su mirada, dirigida al suelo, se torno melancólica.-supongo que esto es un respuesta


En el sótano de la casa señorial, que hacía la función de cuarto, Zoro recogía sus cosas y las colocaba en el interior de una bolsa de tela, aunque mas bien en ese momento rebuscaba en el baúl una de sus mas preciadas pertenecías que había dejado en el olvido durante esos tres años.

-uff, por fin te encuentro.- dijo al encontrar un trapo de tela marrón.

Tiró del dicho trapo sacándolo de entre las cosas del baúl y lo extendió ante sus ojos. Su vieja capa, parecía una eternidad que no a veía. Estaba un poco sucia y con algunos rasguños en los filos, pero todavía era apta para ser su compañera de viaje.

Echó la capa al lado de sus pertenecías sobre la cama y se puso a buscar más cosas. Tenía que irse cuanto antes mas ya no hacia nada en esa casa. Empezaría de nuevo su camino, haría borrón y cuenta nueva y al cabo de unos años se daría cuenta de que ese reino era solo una grano de arena en la playa.

Se quedó quieto por unos segundos. Había encontrado algo inesperado y no era otra cosa que aquella zapatilla de cristal. La recogió del fondo del baúl y la sostuvo entre sus manos observándola con algo de pena.

-un grano de arena... espero que en eso se convierta esta montaña empinada que soy incapaz de escalar y por la que me despeño una y otra vez.


El rey Bon Clay hablaba y hablaba del castillo, su historia y las celebres personas que lo había poblado por muy corta que hubiese sido su estancia. Relataba la biografía de cada retrato encontrado, lo acontecido en cada habitación; todo con mucho entusiasmo. Lastimas que los presentes no sintieran ese entusiasmo.

-¿que te ocurre Ace?- le preguntó su madrastra.- te veo algo alicaído.

-nada en especial.

-¿has averiguado algo de ese noble?

-digamos que lo suficiente para darme por vencido.

-bueno, siento decirte que me alegro, así podrás casarte con alguien de la realeza sin tener a otro en la mente.

-¿otra vez con eso? Dadan, -intentó razonar.- Luffy va a casarse con el príncipe, que será rey en cuanto se oficialice el matrimonio. Si es por el dinero creo que es mas que obvio que no tienes que preocuparte.

-no es lo mismo Ace, si fuera así dependería del dinero de tu hermanito no del mio propio, y eso no me gusta.

-de verdad... no hay quien te entienda. Ni a ti ni a...- bajó el tono de voz.- ni a Zoro.

-¿que tiene que ver ese?

-Dadan, tu lo sabes perfectamente, lo que sentía por Luffy.

-si, la verdad es que me sorprendió bastante.

-¿Zoro?

-tu hermano. Creí que tu hermano correspondía a ese pelo raro, si lo llego a saber lo hubiese echado ya hace mucho.

-¿querías echar a Zoro?

-si, ese chico lo único bueno que tenía era su mano de obra barata, por lo demás era como un dolor de muelas, pero tu hermano parecía contento con él a su lado, así que...

-Dadan, realmente me estas sorprendiendo.

-ni que me hubieses tomado por una ogra.

-una ogra es una santa a tu lado.

-mira, no te digo nada porque estamos ante gentes distinguidas.

-lo tendré en cuenta.- suspiró.- me preguntó qué hará Zoro a partir de ahora.

-abandonara el reino, seguramente.

-¿por qué dices eso?

-porque el muchacho tenía el dinero ahorrado para partir desde hace mucho. Ni te imaginas desde hace cuanto que lleva retrasando su partida.

-¿y tu como lo sabes?

-le registraba sus cosas por si robaba. No me mires así, era la mínima precaución que una debe tener al contratar un chico que nadie sabe de donde viene.

-esta bien, no opinare al respecto. Pero... ¿sabes? Hay una gran verdad en todo esto y esa es que sea o no sea correspondido Zoro, si se marcha, Luffy lo va a sentir mucho.

Luffy y Sanji también mantenían una alegre conversación siendo los últimos en la ruta turística.

-aún me parece increíble que hayamos podido encontrarnos por esta zapatilla.- decía Luffy que sujetaba aquella forma de cristal.- yo hasta la creía desaparecida.

-pienso que fue un milagro que yo la encontrara, y no sabes cuanto lo agradezco. Pero... ¿y la otra?

-pues... ¡ay va! Creo que sigue en mi casa.

-bueno, es igual. Después de todo tenemos aquella que nos ha unido aquí. Esta es el símbolo de que nos conocimos y de que estamos juntos.

-si.- sonrió con calidez mirando la zapatilla.

-oye... mi padre es de mucho hablar, pero yo no soy de mucho escucharle ¿te parece bien que nos escapemos un poco?

-¿no se enfadara y me cortara la cabeza?

El príncipe no pudo evitar reír, aunque se controló lo suficiente ara que nadie girara la vista hacia ellos.

-no te preocupes, tu solo deja de andar.

De esta manera el grupo siguió sin dos personas menos que no echaron en falta hasta largo rato.


Estuvieron paseando tranquilamente por los jardines del palacio y por los pasillos del edifico; riéndose de tonterías y hablando de cosas sin importancia.

Finalmente acabaron sentados en un banco de un pequeño claustro en el interior de palacio bordeado por grandes ventanas enmarcadas en arcos apuntados.

-que bien se está aquí. Es muy silencioso comparado con el resto del castillo.

-si, por aquí suele haber poco trabajo y cosas de interés menor y por ello no hay mucho alboroto.

-mm...- con las manos apoyadas tras su espalda en el banco levantó la cabeza hacia el cielo. Estaba completamente azul con algunas nubes puntuales que se movían bastante rápido.- seguro que si Zoro hubiese venido no habría salido de este sitio.

-¿Zoro?

-es mi ami...- recordó las palabras del peliverde pidiéndole que no le llamara "amigo", no lo entendía muy bien, ni esas palabras y esa escena de buena mañana, pero entendía que a Zoro no le gustaba que el llamara así.

-¿es tu que?

-es alguien a quien quiero mucho.

Sanji se quedó parado en el tiempo durante un momento.

-¿que quieres mucho? ¿como a un hermano?

-no... como a un hermano no... es... diferente.

-¿diferente?

-si, no sé.

-¿le quieres como a mi?

-¿eh? Claro, que no, lo que siento por ti es muy distinto de lo que siento por el, jeje.

Sanji suspiró aliviado y se permitió acercarse más a Luffy. Pasando una mano por las espalda de el menor lo atrajo a si mismo; el moreno apoyó sus brazos en el pecho de rubio. Con la mano que le quedaba libre, el príncipe, sujeto la barbilla del otro y le beso.

Al principio lo hizo como una caricia, pero acabó en un beso tan apasionado que cuando terminó Luffy tuvo que dar una bocanada de aire, cabe decir que algo extasiado.

-yo jamas he sentido esto por nadie, Luffy. Solo por ti.

-¿solo por mi?- la cara empezó a quemarle.

-si.- le sonrió con dulzura.

-¿de verdad?

Ante esa segunda pregunta Sanji hizo un gesto de sorpresa; seguidamente apartó la mirada mordiéndose el labio.

-¿ocurre algo?

-nada.- contestó nuevamente con la sonrisa puesta.- solo que la otra vez...- le apartó el pelo de la cara con la mano.- no se debe contar.- le dio un corto beso.

Luffy miró sus ojos, aunque sus labios se curvaban formando una sonrisa estos se reflejaban tristes. No quería fijarse en eso ojos, le hacían sentir incomodo; y dejó de cruzar su mirada con la suya sin saber que al hacer el gesto se cruzaría con otra. Era una mirada fija, penetrante, ruda, y sobre todo conocida.

-¿¡Zoro!

-¿que? Otra vez hablando de ese chico.

-¡no! ¡Zoro está ahí!- dijo ilusionado levantándose para correr hacia el peliverde.

-¡Luffy, espera!

El chico moreno salió del claustro por la puerta y bordeó el pasillo para ir justo a donde se suponía que el peliverde le estaba mirando por la ventana. Pero cuando llegó no había nadie.

-¿Zo...ro?- miró a todas partes, al peliverde no le había podido dar tiempo a irse tan deprisa y sin hacer ruido. Entonces lo vio.

Aquel al que había visto no era Zoro, al menos no él en carne y hueso.

-¿que... que hace un retrato de Zoro en palacio?

Continuara...