Capitulo 8

-Mihawk, muy buenos días en esta bella mañana.

-buenos días Shanks.-contestó caminado ya con el pelirrojo a su lado.

-¿no te parece increíble el joven que traje ayer?

-¿te refieres al sirviente del prometido de nuestro príncipe?

-ahora no es su sirviente-le corrigió.- bien sabes que nuestro nuevo señor Luffy pidió que se le atendiera como si de su propia familia se tratase. Se nota que le tiene mucho cariño.

-es normal que lo pida, después de todo seguir tratando de sirviente a alguien que esta por encima de ti es un absoluta necedad.

-shhh, sabes que no debe ser contado y tu eres el primero que dice que las pareces oyen.

-tu eres el que ha sacado el tema.

-pero debiste haberle visto ayer cabalgando.-cambió de tema poniendo un gesto asombrado.

-¿otra vez con eso?

-es que fue impresionante. Incluso nuestro señor Luffy, que montaba a mi espalda, estaba con la boca abierta. El chico era tan elegante y parecía tan imponente.

-como puedes ver en frente tuya, no se puede negar lo que uno es.

Ante eso el pelirrojo miró al frente, sorprendiéndose de igual forma que la noche anterior cuando cabalgaba rumbo a palacio. El chico de pelo verde estaba al final del pasillo, como perdido buscando alguna dirección, pero eso no era todo; sus viejas ropas habían sido cambiadas, ahora llevaba unas botas de cuero negro y igual que sus pantalones, una blusa blanca cuyas mangas quedaban por debajo del codo, encima de esta un chaleco azul con bordados dorados y al cuello llevaba un pañuelo.

Con esa vestimenta era indudable su sangre azul.

-este joven cada vez me parece más increíble.

Al escuchar la voz de Shanks, Zoro les miró directamente y aliviado fue hasta ellos.

-buenos días señores.- se reverenció el peliverde.- buscaba... el comedor.

-¿os dirigís a desayunar?

-si, o eso intento, esto es muy grande y llevo un buen rato dando vueltas.

-podéis acompañarnos, nosotros también nos dirigíamos a desayunar ¿verdad Mihawk?

-ciertamente.

Así, guiado por los dos sichibukais consiguió llegar al gran comedor, ya casi lleno de gente privilegiada por sus estamentos.

-¡eh, Zoro! ¡aquí, aquí!

-¡no grites mocoso! ¿¡es que eres incapaz de entender donde estamos!?

-tu también estas gritando Dadan. -le señalo Ace.

El peliverde se acercó hacia donde ellos estaban. Los dos hermanos le habían dejado un sitio entre los dos; no le hizo gracia, nada mas que por el hecho de que se sentaría al lado de la pareja oficial del reino y porque estaba claro porque al príncipe Sanji no le caía bien, y el sentimiento era mutuo.

-venga, Zoro ¿porque no te sientas?

-Luffy... ¿no crees que sería más correcto que Dadan o Ace se sienten a tu lado?

-¿eh? ¿porque?

-no te preocupes Zoro.- le dijo Ace.- ya sabes que mientras estés aquí eres de la familia.

-pero...

-joe, Zoro, ni que tuviera piojo.- hizo el hermano pequeño un mohín infantil.

El peliverde resopló y resignado se sentó al lado de Luffy. Miró de reojo al príncipe, sentado enfrente de su madre y al lado de su padre que presidía la mesa, como el rey que era; Sanji le echaba miradas de molestia que rozaban el odio.

No había que preguntar que le pasaba, estaba mas claro que el agua que el principito estaba celoso de su afianzada relación con Luffy y de que le hubiera dado plantón en la cena del día anterior para ir a buscarle. No se quejaba de ello y muy al contrario le hacía gracia.

-¿y Chopper?

-no sabía si lo podía traer al comedor.- contestó el más joven.- así que lo dejé durmiendo, pero mañana lo traigo, después de todo esa señora gorda y fea se lo trae.

-ah...

-oye, estas muy cambiado Zoro.- le dijo Ace.- aun con tu pelo cuesta reconocerte, Luffy es el único que lo ha afirmado con rotundidad. Hasta Dadan está sorprendida.

-de muchacho andrajoso a caballero, es normal que me sorprenda.

-aun así solo con físico no es posible entrar en un ambiente como este sin destacar de mala manera.-dijo el príncipe.- supongo que siendo así no debes preocuparte de que te deporten a tu patria.-le dedicó una iluminada y fría sonrisa.

-Sanji, no digas eso y si alguien se da cuenta.

-no te preocupes Luffy, todo el mundo atiende a sus propios asuntos.- volvió a mirar a Zoro.- ¿verdad?

-si, ademas tienes razón, es una suerte que nadie me pueda comparar con alguien como tu.- le dedicó el peliverde la misma sonrisa que la había puesto el rubio.

Silencio.

Ace apartó la mirada de los dos tapándose la boca para disimular la risa, pero sus diminutas convulsiones le delataban demasiado.

Zoro mantuvo el gesto y Sanji le lanzó una mirada de odio puro; Luffy, en medio de ambos, miraba a uno y a otro seguidamente sin enterarse de nada.

Al rato el desayuno fue servido en las mesas y una vez empezó el Rey a comer los demás le siguieron. Por el momento todo normal, incluso las miradas de soslayo a Luffy y sus relacionados ya que eran nuevos en palacio pero... cierta persona llamó la atención más que otros.

-lo sigo diciendo Mihawk.-le comentó Shanks.- este chico es increíble.

-y esta vez debo darte la razón.

-¿he de alegrarme?

-no has de acostumbrate.

Sanji mantenía sus ojos abiertos de asombro dirigidos al amigo de su prometido que permanecía con la espalda recta, cogía los cubiertos a la perfección y comía con con absoluta distinción y elegancia.

Luffy, que había visto la cara de pasmado del príncipe, volteo la cabeza para ver que era aquello que tanto le sorprendía.

-Zoro ¿te pasa algo? No comes como siempre.

Ante eso, el peliverde que estaba aturdido reaccionó de golpe y se atragantó con la comida.

-¡cof, cof, cof!

-¡Zoro!- gritó Luffy preocupado.

-¡traigan agua por favor!- pidió Ace dándole palmadas en la espalda al peliverde.

Mientras la situación se regulaba el rubio miraba intentando contener su gesto de ira y apretando los puño bajo la mesa.


-Ace.- se lo encontró Dadan por lo pasillos.- ¿no habías ido a cabalgar con esos dos y el príncipe?

-el ambiente no era el mas idóneo para cabalgar y decidí quedarme e ir conociendo los rincones de palacio.

-si, de vez en cuando demuestras tener coco. Bueno, yo también me voy a pasear por palacio, haber si encuentro un amable noble que me presente a alguien con quien casarte.

-vale...-dijo cansado.- diviértete.

-igualmente.- y se fue la mujer dejando al mayor de los D. Monkey solo.

-bueno, a ver que me encuentro.

Anduvo por el lujoso edificio perdiéndose por los pasillo y curioseando algunas habitaciones, pasando su mayor tiempo en la biblioteca.

-esto es enorme, no creo que llegue a recordar donde esta cada cosa por mas tiempo que pase aquí.

Entonces un agradable olor a comida llegó a los dos orificios de su nariz. Sin poder evitar sus instintos siguió dicho olor llegando a la cocina donde ya estaban preparando la comida.

-¿ya trabajando en el almuerzo? Si que se toman en serio el trabajo aquí. Bueno, también es normal para la cantidad de personas que tenemos que comer.

-pues la verdad es una alegría lo de la boda.- dijo una de las cocineras.- ya creía yo que nos íbamos a quedar con un rey mujeriego y ademas seguramente loco dentro de unos años.

-anda, anda. Es cierto que nuestro príncipe siente simpatía por las faldas cortas, pero a parte de eso esta bien cuerdo.

-tu es que eres muy joven y no lo sabes.

-¿el que?

-porqué el príncipe es un mujeriego.

-acaso eso tiene que tener alguna razón.

-en este caso si. Cuando el príncipe no era mas que un infante tenía un fuerte imaginación. No, no me pongas esa cara y escuchame que esto es mas serio de lo que parece. Al principio la imaginación la mas normal que puedes encontrar en un niño, pero con el tiempo el príncipe creció creyendo que esas fantasías existían de verdad, incluso se enamoro de una de ellas.

-¿enamorarse de una fantasía? Eso es imposible.

-pues creételo. Por suerte un día le abandonaron todas esas chalauras irreales pero como te he dicho tan enamorado estaba de ellas que entró en una gran depresión.

-pobrecito.

-en verdad si, era un chiquillo tan alegre... después de eso fue cuando empezó a codearse con mujeres de altos y bajos estamentos. Supongo que de alguna manera buscaba en esas mujeres las fantasías de su niñez.

-pues así es un ironía que haya acabado con un hombre... ¡oye! ¿Y si las fantasías eran un hombre?

-dios sabe.

Ace seguía escuchando tras la puerta, pensativo por lo que acababa de oír.

-enamorado de una fantasía... teniéndome en cuenta a mi no es tan imposible como parece.- Y siguió su camino.


En ese momento, bajo un bello sol y una suave brisa, tres personas cabalgaban por los bosques mas cercanos de palacio.

El príncipe montaba su glamuroso caballo blanco, viéndoles juntos parecían que estaban destinados a ser jinete y corcel; Luffy iba sobre una yegua baya, no muy rápida pero si muy mansa y tranquila, perfecta para alguien como él; por último, Zoro galopaba en cabeza con un fiero corcel negro, lo eligió él mismo con la escusa de que pocas veces podría cabalgar sobre un animal así, ignorando los consejos de que era muy temperamental, imprevisible y con muy mala leche, pero incluso así parecía que él y el caballo se llevaban estupendamente.

-¡eh, marimo! ¡para un poco, la yegua de Luffy no puede más¡ ¡y por ahí no es!

-¡so!- hizo parar al oscuro caballo, los otros dos hicieron lo mismo.- este corcel es increíble.- decía encantado con su nuevo amigo.- apenas suda y se nota que le gusta correr, tenerlo encerrado en las cuadras es un delito.

-ya...-dijo en un suspiro molesto el rubio. Él había sido el único que no había objetado a que el peliverde se llevara ese caballo, solo por su vana esperanza de que hiciera el ridículo delante de su prometido, pero contrario a sus propósitos no solo lo había domado sino que hasta se había encariñado con él.- mejor volvamos ya, pero al paso, nuestros caballos no puede galopar mas.

-si, su alteza.- se reverenció con retintín.

-vamos Luffy.

-si. Zoro, no te retrases.

-no...

Siguió a lomos de su caballo viendo como coqueteaba la parejita. Le ponían enfermo los dos, debía haberse quedado con Ace en palacio pero no, y ahora estaba como su pobre caballo, frustrado por no poder echar a correr.

-no te preocupes por nada Luffy, será una gran boda, y todos estará muy contentos, tu y yo los que más.

-ya... pero estoy un poco nervioso y creo que cuanto más cerca este la boda más lo estaré.

El príncipe rió.

-siendo así no se como estarás pasado mañana.

-¿pasado mañana?

-si.

-¿que pasa pasado mañana?

-nuestra... boda.

-¡QUEEEEEE!

-¡pero si te lo dije ayer!

-¿¡pero como se puede organizar un boda en tan poco tiempo!? ¡Yo creí que sería dentro de uno o dos meses!

-la prisa apremia.

-pe.. pe...pero...-empezó a agobiarse.

-no te preocupes, todo saldrá bien.

-ya pero...-no siguió la frase, pero su cara expresaba profunda preocupación inquietando así al príncipe.

-Luffy...- tomó su mano y la besó.- tranquilizate. Se que todo es muy repentino pero... nuestro destino es pasar la vida juntos ¿no?- le sonrió con calidez.

-s..si- correspondió la sonrisa con timidez.

-entonces... ¿todo bien?

-si.

El príncipe volvió a sonreír.

-volvamos a casa.

A la vez que cabalga con su príncipe a la vera volteó un momento la cabeza para ver al peliverde. Zoro mantenía la vista hacía un lado perdida en algún lugar del bosque. Al volver a la vista al frente se paró a pensar en él.

No eran los nervios de la boda lo que le maltrataba en ese momento. El había pensado que si Zoro se quedaba hasta la boda eso le daría tiempo de convencerlo para que se quedara con él; pero el tiempo era mucho mas limitado de lo que él había predicho.

-cuando le dije que se quedara unos días no pensé que fueran "unos días" de verdad...

Tras un rato llegaron a las cuadras de palacio, allí los esperaban tres individuos.

-¡guau, guau!

-¡Chopper!- fue feliz Luffy hasta su perrito para abrazarlo mientras los mozos guardaban lo caballos.

-perdone mi señor que lo traiga conmigo.- se disculpo Shanks.- pero andaba muy solo y decidí traerlo aquí para esperarle.

-muchas gracias Shanks.

-un placer ¿que tal el paseo?

-nada del otro mundo.- contestó el príncipe.- agradable... veo que Sir Mihawk esta con usted.- señaló con la mirada al tercer individuo.

-si, su alteza, como siempre es mi fiel sombra.

-eres tu el que me a seguido hasta aquí.-dijo dando un paso hacía delante y se reverenció ante el príncipe.

-¿usted has venido a esperarnos?- preguntó el rubio extrañado.- no es cuestión de ofender más no es propio de vuestra persona.

-lo sé su alteza, pero ahí algo que me interesa.

-¿el qué?

-el joven.- dijo refiriéndose claramente a Zoro.

-¿yo? ¿que le puede interesar de mi persona?

-al principio nada en absoluto, sin embargo verle a usted comer esta mañana a llamado mi interés.

-¿verme comer?

-si, eso me ha demostrado que a pesar de los años que lleve seguramente sin pisar un palacio no ha olvidado las enseñanzas que le inculcaron, también apoyó la anécdota de mi compañero de como usted cabalgo anoche. Y de ahí viene mi interés. El lugar donde procedes es famoso por sus increíbles espadachines, séase Ryuma, me gustaría que tuviéramos un enfrentamiento amistoso.

Eso fue lo que mas le sorprendió al príncipe en ese día; puede que esa fuera la primera vez que viera a Mihawk interesando en algo o alguien.

-es cierto que fui instruido en esgrima, pero he de recordarle que abandoné lo muros de palacio a una corta edad.

-por eso mismo he dicho amistoso.-dijo con una sonrisa de suficiencia.

-¿ah ,si?- contestó con el mismo gesto soberbio.

-ya decía yo que el príncipe escondido me recordaba a alguien.- resopló Shanks.

Y así el escenario cambio de las cuadras al jardín trasero del palacio, amplio, bello y por el momento desolado.

Zoro y Mihawk empuñaban cada uno su propia espada, mirándose justamente a los ojos; Shanks, Sanji y Luffy, con Chopper en los brazos, observaban como se desarrollaba el asunto.

El peliverde, desafiante y con florete en mano, se puso en pose siendo observado por su contrincante que mostró un sonrisa segura al verle el gesto.

-pose perfecta. Como mínimo sabe lo que se hace.

-te estoy esperando.- le dijo el peliverde.

-no metas prisa, mocoso.-también tomó posición.

Pasaron tres segundo y ambos se abalanzaron sobre el otro chocando sus espadas. Se apartaron y empezaron con la ola de estocadas.

-este chico tiene las bases en esgrima de su tierra natal, pero no son las mismas, son más agresivas, más irregulares y más imprevistas. Se nota que a ido formando su estilo desde que salio de su hogar.

Zoro adelantó una paso con la intención de atravesar la cabeza de Mihawk con la punta de su espada; fue un movimiento rápido con el que el mayor tuvo dificultades para estudiar, pero sin retroceder apartó la espada del joven con la suya propia hacia un lado, sin embargo el ataque salpicó haciéndole al moreno un pequeño arañazo superficial en la mejilla derecha.

El peliverde se apartó orgulloso de si mismo.

-ahora entiendo por que dijiste "amistoso".

Mihawk frunció el ceño.

-se acabó el juego.

Todo fue muy rápido y en un parpadeo Zoro estaba en el suelo boca arriba y Mihawk sobre él con la rodilla en su pecho y su espada clavada en el suelo al lado de la cabeza del peliverde cuya espada le había abandonado en un bonito vuelo hasta separarse tres metro de él.

-lo dije sobre todo por usted.- sonrió victorioso.

Esta vez fue Zoro quien frunció el ceño.

-no me habéis tomado en serio.

-claro que lo he hecho- se incorporó y envino su espada.- por ello estáis ahora en el suelo.

-pero no desde el principio.

-tomaoslo con calma. Después de todo os estaba probando, y reconozco que me habéis sorprendido bastante. Vuestras habilidades son mejores de lo que esperaba, mejores que las del príncipe.

-¿que?- se quejó el nombrado.- eso es imposible, llevo dando esgrima desde una edad muy temprana y no he parado hasta hoy y él solo una parte de su niñez.

-si pero mientras usted da clases el lo lleva a la practica. Con permiso mis señores.- y se fue por su camino.

-con permiso.- le siguió Shanks.- el que esta mas sorprendido soy yo contigo ¿sabes? ¿que tiene ese chico que no tenga yo?

-¿celoso?

-un poco.

-solo es interés.

-¿por qué?

-por como avanzará ese muchacho con carácter de rey dentro de unos años en el arte de la esgrima.


-Luffy.- llamó Sanji a la puerta de su prometido.- Luffy estas listo.

-si, ya voy.- salió feliz el monito de su habitación.- ya estoy.

-...

-¿que pasa?

-vas con la misma ropa.

-es que la otra era horrible.

-al menos serían mejor que un vestido de mujer.- bromeó.

-no te creas. Ademas, tu también vas con la misma ropa.

-cambié el cinturón.

-ah...

-bueno, esta bien.- le ofreció el brazo.- ¿nos vamos?

-si.- asintió feliz y tomo el brazo del príncipe.

Ya había llegado la noche y ambos se dirigían a la fiesta de presentación que había organizado el Rey. Todo se desencadenó con tranquilidad y sin incidentes; Luffy habló con personas desconocidas pero les resultaron muy amables, estuvo con su hermano y madrastra y bailó con su príncipe.

-les acompañamos en el baile Mihawk.

-me lo sugieres otra vez y atare tu cuello a mi caballo.

Pero no para todos era un ambiente feliz. Mas apartado y apoyado en una ventana, con una copa de vino en la mano, el peliverde observaba con cara indiferente.

Donde quiera que mirara solo veía avaricia, lujuria, personas movidas solo por intereses, carencia de escrúpulos, peloteo, soberbia y mentira, mucha mentira.

Todo lo que captaban sus ojos eran insustancial, era como su estuviera solo, rodeado de sombras, de cualquier forma, no veía personas.

Sin darse cuenta empezó a recordar las risas falsas, esos sentimientos fingidos.

-¿Zoro?

Despertando de su aturdimiento se encontró con la cara preocupada de Luffy.

-¿eh?- dijo devilmente.

-¿estas bien? Estas pálido pero a la vez sudas y... te tiemblan las manos.

-y-yo...- llamó la atención de todos cuando se le cayó la copa al suelo. Zoro echó una mirada a todo.- lo... lo siento, tengo que irme.

-pero Zoro...

El peliverde ya había salido de la sala.

-¿ha pasado algo?- le preguntó Sanji.

-creo que no se encuentra bien, voy a verle.

-pero Luffy...

se repitió la misma escena.

Luffy corrió por los pasillos. Lo primero que pensó fue ir a la habitación de su amigo pero vio unas puertas que daban al jardín abiertas y se paró ante ellas. Encontró al peliverde de espaldas a él sentado en la taza de una pequeña fuente con la cabeza entre las rodillas y los brazos cruzados.

Se acercó a él con cuidado.

-¿Zoro?

-dime.

-¿estas bien?

-si... solo un poco mareado, eso es todo.

-¿tan mal te sientes aquí en palacio?

-si. Y seguramente más tiempo aquí me llevaría a la locura o a la muerte.- rió sarcástico.

El mas joven le miró y suspirando se sentó a su lado acariciándole la espalda con la esperanza de que eso aliviara a su amigo y a él mismo.


La puerta de su cuarto sonó cuando casi estaba dormido.

-¿si...?

-Ace, soy yo ¿puedo pasar?- dijo Luffy abriendo su puerta.

-¿mm? ¿Luffy?

-si soy yo.- entró en la habitación y puso su vela en la mesilla de noche.

-¿que te pasa?

-no puedo dormir.

-solo serán los nervios de la boda.

-no... es Zoro.

Entonces su hermano incorporó la cabeza para mirarle.

-¿Zoro?

-si.

El mayor suspiró y se sentó en la cama a la vez que invitaba su hermano a hacer lo mismo.

-¿que es lo que pasa?

-no quiero que se vaya. Llevamos tanto tiempo juntos... no me imagino sin el a mi lado, lo veo todo gris. Pero... no es solo eso. Yo... es que es tan raro... tanto Zoro como Sanji me comentaron que ya había habido alguien importante en sus vidas, pero solo cuando me lo dijo Zoro me dolió, me dolió mucho. Y ahora, con tal de que no se vaya preferiría no casarme nunca.-eso lo decía con los ojos llorosos.

-Luffy... ¿te importaría tanto separarte de Sanji como te importa de Zoro?

-¿que?

-solo dímelo ¿te importaría?

-yo... yo no lo sé.

-Luffy ¿tu de verdad amas a Sanji?

-¿por qué me preguntas eso? Claro que si, me voy a casar con él, le quiero, nos hemos besado y con él estoy muy contento.

-con todo eso puedes también no amarlo.

-pe... pero yo... lo que he sentido por Sanji nunca lo he sentido.

-Luffy, desde crío has vivido muy aislado, y no has conocido las experiencias de una persona normal.

-¿que quieres decir?

-que tal y como vivías, aunque no te quejaras, cuando un joven apuesto y rico como Sanji te invitó a bailar es posible que vieras la llave que abriría la puerta a tu libertad y a todas las experiencias que no has vivido. Encima Sanji te trata bien y te quiere.

-entonces... ¿no estoy enamorado de él?

-la verdad, eso solo lo puedes saber tu. Igual que tus sentimientos por Zoro.

-tengo la cabeza echa un lío.

-pues será mejor que te des prisa en ordenarla porque mañana te casas.

-¿mañana?

-ya salió el Sol, Luffy.

Continuara...