Capitulo 9 FINAL

La víspera de la boda la recordaría como el día más agobiante de su vida. Una presión en el pecho era su gran acompañante y la respiración le dejaba de cuando en cuando, claramente la ansiedad le hacía sufrir.

-¿Qué es lo que siento por Zoro? ¿Qué es lo que quiero de él? sé que no quiero que se vaya, quiero que esté conmigo, es mi amigo, pero hay algo más… y si yo… ¡no! ¡Es imposible! ¡Yo amo a Sanji! ¡No hay dudad de eso, me voy a casar con él y lo amo!

Para colmo la organización de la boda no le ayudaba mucho. Intentaba mantenerse alejado todo lo que podía de los dos príncipes para aclarar las ideas; con Zoro era casi posible, sin embargo con su prometido todo lo contrario ya que tenían que preparar juntos muchas cosas.

-¿estas bien Luffy?- le preguntaba Sanji.

-si, estoy bien, no te preocupes.- forzaba la sonrisa.

Por más que el pequeño le decía que no se preocupara él no podía hacerle caso; sabía que había algo no iba del todo bien, y si por si tenía alguna duda la cara de sueño de Luffy y falta de apetito lo confirmaba. Llegó la tarde y no hubo mejoría.

Ambos andaban por uno de los pasillos de palacio que daba a amplios ventanales donde ya se podía ver la puesta de sol.

El moreno iba con la cabeza gacha, muy decaído, y el rubio lo miraba con un poco de pena.

-Luffy ¿tu quieres casarte conmigo?

El nombrado le miró sorprendido.

-¿Por qué me preguntas eso? Claro que si.

-no se te ve muy convencido con la idea de pasar toda tu vida a mi lado.

-yo... no es eso Sanji, pero… es la primera vez que me encuentro en una situación así y estoy muy nervioso, además todo me ha venido de sopetón. Hace unos días estaba limpiando la chimenea de mi casa.

Sanji suspiró por la nariz y acercándose a él lo abrazó con ternura unos segundos. La verdad es que el gesto alivió bastante a Luffy. Después el príncipe se separó de él, dejando las manos sobres sus hombros, y con una sonrisa cálida le dijo:

-ven conmigo.

Le llevó hasta una habitación cerrada. Sanji la abrió y dejó paso a su prometido. Luffy, ya dentro, miró a su alrededor encontrándose instrumentos de música por todos lado.

-aquí es donde se guardan los instrumentos de la orquesta, y donde yo daba clases de música de pequeño.- fue al centro de la habitación, donde se encontraba un piano de cola, y se sentó en el banco frente a el gran instrumento.- ven, siéntate conmigo.

Luffy le hizo caso y en nada se encontraba sentado a su lado. Sanji le dedicó una sonrisa y miró las teclas del piano. Tomando aire, empezó a tocar.

Era una melodía tranquila, suave, y te ayudaba a respirar un poco de paz.

-siempre que me sentía agobiado venía aquí a tocar. Me ayudaba a sentirme mejor-hizo una pausa.- esta se llama "river flow in you", es mi favorita, de pequeño siempre la tocaba para mi y para alguien mas.

-¿alguien más?

-si alguien que se fue hace mucho tiempo… ¿te encuentras mejor?

-si.-dijo mostrando una cara alegre y tranquila por primera ven en el día.- muchas gracias.

-Luffy, aun sin estar todavía casados quiero ser el que cure tus heridas, aquel en el que apoyarte. Por favor, no lo olvides.

Luffy apoyó su cabeza en el hombro del príncipe, cerró los ojos y se dejó llevar.


Zoro caminaba solo por los lujosos pasillos.

Suspiró con pesadez.

"Mañana", era demasiado pronto, el tiempo que quedaba se acabaría en tan solo un parpadeo. Deseaba con tantas fuerzas que esa boda no se celebrase, que todo siguiera como lo había hecho en esos tres años… aunque supiera que el monito no lo amara quería seguir siendo su fuente de confianza, el que le comprenda y le consuele, y viceversa.

Lo único que le quedaba pensar es que entre los dos había una confianza especial, que él aliviaría los males del pequeño que ninguna otra persona podía aliviar y que si tenía algo que le desgarraba el corazón sería a él a quien acudiría. Eso lo ha conseguido con el tiempo, y no era algo que Sanji iba a tener tan fácilmente. Debía conformarse con eso y al día siguiente decir adiós a ese amor a la vez que Luffy pronunciaba el "si quiero".

Volvió a suspirar.

Entonces escuchó una música, un piano. Siguió el sonido por inercia descubriendo que este provenía de una puerta entornada. Se acercó con cautela.

-¿te encuentras mejor?

-si, muchas gracias.

-Luffy, aun sin estar todavía casados quiero ser el que cure tus heridas, aquel en el que apoyarte. Por favor, no lo olvides.

Lo siguiente que vio el peliverde fue como Luffy apoyaba la cabeza en el hombro del príncipe.

Abrió los ojos de sorpresa, con una punzada en el pecho horrible. Se sentía sin saber que hacer o que pensar. Finalmente sin hacer ningún ruido se alejó de esa habitación a paso acelerado, nervioso y con la boca tapada por su mano.

Entró en su propio cuarto, cerrando la puerta y las cortinas. Apoyado en la ventana se dejó caer hasta el suelo quedando con la cabeza gacha.

Apretó los puños.

-¿Cuánto me vas a quitar hasta quedarte contento?


Cuando entró disimuladamente en la habitación esta estaba oscura y Luffy respiraba profundamente, lo que le confirmó que estaba dormido.

Aliviado por ello, pero aun así teniendo cuidado, se acercó a él y se sentó en la orilla de su cama, mirándolo.

Suspiró.

-Luffy,-empezó a hablar bajito, acariciándole la mejilla.- he venido a despedirme. Se que te había dicho que me quedaría hasta que te casaras con Sanji, pero me temo que si oigo la frase "si alguien tiene algo que objetar…" no podría contenerme.- rió flojo con un poco de pena.- y yo no puedo hacerte eso. Te quiero tanto como para presentar la mínima educación y marcharme cuando es debido. Me hubiese gustado pasar más tiempo contigo, aunque fuera como amigos.-hizo una pausa..- pero ahora incluso la palabra "amigo" es pedir demasiado. Por eso, déjame llevarme al menos esto de ti.- lentamente se inclinó y juntó sus labios con los del pequeño. Fue como tocar el cielo, lo había deseado tanto, pero por desgracia no era reciproco. Se apartó.- te voy a echar mucho de menos… adiós.

Sin más salió de la misma manera que entró y cerró la puerta.

-¿te vas antes de que termine la boda?- Zoro dio un repullo y miró hacia atrás. Era Sanji.- lo digo por tu atillo, capa y ropa de plebeyo. Además de que acabas de salir del cuarto de mi prometido.

Se quedaron unos segundos mirándose, con el gesto indiferente.

-si, me voy, y no te preocupes, solo me he despedido.

-el se pondrá muy triste cuando no te vea por la mañana.

-es lo mejor, algún día lo entenderá. Y si no… tampoco pierde nada.- le dio la espalda al príncipe para irse por su camino.

-sinceramente me alegro de que te vayas.-el peliverde se paró.- cuando estas se ve la fuerte conexión entre los dos, y cuando no estas no para de hablar de ti. Te quiere mucho, y eso la verdad me pone de los nervios. Y yo... quería sobrepasarte por ser príncipe, pero a mi criterio ni siquiera eso he conseguido. Pero tampoco me has ganado.-añadió.

-no te pongas celoso, esta claro que a ti te quiere mucho más. Te ama- suspiró.- cuídalo bien, por favor.

-nunca le faltara de nada.

-muchas gracias, ya me quedo tranquilo. Adiós, ya nos veremos.- emprendió su marcha.

-buena suerte.

Antes de salir de palacio sus pies lo llevaron otra vez a aquella habitación donde Sanji tocó el piano para Luffy la ya pasada tarde. Entró.

La luz de la luna daba en los instrumentos y verse allí rodeado de tanta música dormida le tranquilizaba el alma.

Ojeando un poco encontró algo poco usual y que claramente no esperaba. Una guitarra española.

Se acercó a ella y la tomó con cuidado. Sin evitarlo puso una sonrisa nostálgica, ese instrumento le traía muy buenos recuerdos.

De pequeño siempre le había atraído la música de la guitarra; era una música que podía ser alegre o triste, pero siempre cálida, más cercana al pueblo, más rebelde y más viva. En sus aprendizajes musicales la prefirió mil veces más que el piano; con la guitarra era capaz de liberarse de todo su dolor y angustia y olvidarse de que el mundo existía por un momento. Pero ya había pasado muchos años desde que sus manos pudiesen palpar las cuerdas de una guitarra. Aún así…

-¿Sabré tocarla?

Se sentó en el banco del piano, puso sobre su pierna izquierda la derecha y sobre esta la guitarra tomando el mango con su mano zurda.

Suspiró, y acercando su mano a las cuerdas empezó a tocar. La melodía siguió sola en sus dedos, como magia y casi sin darse cuenta su voz empezó a acompañarla.

Que fácil me llegas

Y que difícil el adiós

Y ver que tu mirada ya se aleja

El extraño soy yo

Ni siquiera puedo consolarte

Aunque no sé lo que daría yo

Por retenerte al menos otro instante

El extraño soy yo

Aquí… diciendo adiós.

Te has marchado, ya te has ido

Y ahora se lo que he perdido

Es el final que no quisimos, pero que llegó

Que llegó al decir adiós…

Mil lunas llenas por delante

Excusas para no aguardarte

Nos queda al menos lo vivido

Y el decir adiós, sólo el decir adiós…

Y me habré cansado de esperarte

De perder a solas la razón

Y el cielo aquel que tanto me gustaba regalarte

El extraño soy yo...mi vida, mí vida, dime ¿Qué pasó?

Para que todo fuera tan distante

¿Y qué pasó? Para creernos que ya todo terminó

¿Por qué no nos dijimos nada antes?

El extraño soy yo...Aquí… diciendo adiós

Te has marchado, ya te has ido

Y ahora sé lo que he perdido

Es el final que no quisimos, pero que llegó

Que llegó al decir adiós...

Mil lunas llenas por delante

Excusas para no aguardarte

Nos queda al menos lo vivido, y el decir adiós,

Sólo el decir…

-adiós…


Todo el mundo se encontraba en la iglesia. Habían asistido nobles y reyes de muchos lugares, no se había olvidado ni el mínimo detalle y el novio ya esperaba en el altar.

Tan solo faltaba y sobraba algo: Luffy y el tiempo que Sanji estaba esperándolo.

-¿Por qué se retrasa tanto?- se preguntaba impaciente queriendo salir corriendo a buscarle.

-Ace- le susurró Dadan.- mejor ve a buscarle, después de todo eres tu el que le tiene que llevar al altar.

-si. -dicho esto se levantó de su asiento y salió de la iglesia por uno de los pasillos laterales seguido de Chopper.

Lo primero que vio fue que tras la puerta de verjas que daban al jardín principal de la iglesia se reunía todo el pueblo con emoción, pero de su hermano ninguna pista.

-Tal vez esté en la parte trasera de la iglesia.- Y allí fue, acertando en sus sospechas y descubriendo a su hermano vestido de novia arrodillado frente al estanque.

-¡Luffy!

-¡guau, guau!-corrió Chopper hacia él y se puso a hacer monerías cruelmente ignoradas por su joven dueño.- ¿au…?

-¿Qué haces ahí? Todo el mundo te espera, en especial el príncipe. No me dirás que es por el vestido, es el mismo que el de la princesa Catherine.

Su hermano le miró con tristeza, suspiró y volvió a mirar el estanque.

-no quería admitirlo, pero la verdad es que tenía miedo, Ace.

-¿miedo?- se sentó con él.- ¿de casarte?

-Tenía miedo de mis sentimientos, de que lo que me podía pasar si los aceptaba, si aceptaba que amaba a Zoro. En parte por abandonar a Sanji sin saber que sería de mi y de vosotros… y en otra de su respuesta. Ayer por la tarde tenía aclaradas todas mi ideas, decidí casarme con Sanji, pero de madrugada, cuando no podía dormir viene Zoro y…-hizo una pausa.- y creyendo que yo no estaba despierto me dice que se va, que me quiere, y me da el beso más mágico que he sentido nunca… Me he pasado toda la noche sin pegar ojo, recordándome la decisión que había tomado, sin parar de llorar y ahora… no soy capaz de cruzar ese pasillo.

-Luffy… yo se que no he sido el hermano perfecto y en parte siento lo que te voy a decir pero… ¿¡tu eres tonto o masticas leche!

-¿¡que!

-no me digas "¿¡que!" como si fueras Steve Urkel ¿¡que haces ahí parado! ¡Ve a por él!

-¿a por Sanji?

-¡a por Zoro!

-pero…

-¡ni peros ni leches Luffy! ¡Él ha estado pasando lo que pocas personas se atreverían pasar solo por ti! ¡Y tú no eres capaz de dar un paso hacia delante e ir en su busca!

-¿pero y si es demasiado tarde?

-no creo que ni tan siquiera dentro de cincuenta años fuera tarde.

-¿pe… pero como salgo de aquí?

-por la puerta, yo los distraeré, aunque tendrás que enfrentarte con el los que están apelotonados.

Luffy lo miró como si estuviera a punto de echarse a llorar, sin embargo lo que hizo fue aferrarse al cuello de su hermano.

-muchas gracias Ace.

-no te preocupes. Mejor darnos prisa.

Ambos fueron hasta la entrada principal escondiéndose en una esquina.

-¿Qué? Pero si no hay nadie.- dijo Luffy mirando las verjas.

-el cielo esta de nuestro lado Luffy. Ahora o nunca.

-si. Muchas gracias Ace. Os echaré de menos a ti y a Dadan.

-y nosotros a ti. Escríbenos de vez en cuando.

-lo haré.

Echó a correr cogiéndose la falda del vestido. El pecoso lo miró con algo de nostalgia por desprendedse de su pequeño hermano.

-guau, guau.

-Chopper…- se arrodillo para acariciar al perrito.- ve con él, anda.

-guau.- le dio un lametón en la cara y fue tras Luffy.

-uff... Bueno, el público espera.


-¡vamos Chopper! Tenemos que alcanzar a Zoro.

-¡guau, guau!

-¿huyendo tu boda?- preguntó una voz poniéndole completamente en tensión justo en el momento que cruzaba las puertas de la iglesia. Girándose rápido se encontró a la persona que menos esperaba.

-¡el hada de las mandarinas!

-¡HADA MADRINA CAPULLO!- gritó dándole un capón que le incrustó la cabeza en el suelo.

-¿Qué haces aquí?

-eso debería preguntar yo ¿no tendrías que estarte casando?

-si me caso con alguien solo será con Zoro.

-entiendo.-sacó su varita del escote.- berry bi berry bi bu.- apuntando a Chopper lo convirtió en un reno como aquella noche.

-móntalo, andando no llegaras a ninguna parte.

-¡ya sabía yo que eras buena gente!- la achuchó.

-¡ah, quita plasta!

-¡muchas gracias! ¡Me voy!

-espera. - le paró los pies antes de que montara al reno.- acabas de dejar a un hombre completamente enamorado de ti en el altar ¿no le tienes cariño?

-claro que si. Le quiero mucho… pero no le amo.- le sonaba tan raro decir la frase al revés, pero aun así más sincero.

-¿no deseas nada para él?

-si, deseo que sea feliz.- y sin decir nada mas montó a Chopper.- ¡arre!

-¡Luffy!- oyó gritar a Sanji detrás de él, pero sin mirar atrás siguió su camino.

-lo siento Sanji… ¡arre!

Sanji corrió todo lo que pudo pero ya era demasiado tarde. Con el alma partida cayó de rodillas al suelo, abrazándose a si mismo y pegando su frente al asfalto.

-Luffy…

Entonces pasó algo, todo su dolor se esfumó. No. Más que su dolor era su amor por Luffy lo que se evaporó.

Lentamente levantó su espalda mirándose las manos como si estuviera buscando algún rastro de esos sentimientos que había tenido hacia el moreno en los últimos días. Pero nada, ni las ganas de él, ni la ansiedad por estar a su lado, ni los celos, ni el dolor, ni el amor... lo mínimo que podía quedar era cariño, como el que se le puede tener a un hermano pequeño.

-no… no lo entiendo.

-lo siento, Luffy era prefecto, y soy demasiado celosa para hacerte enamorar de una mujer.

Sanji abrió los ojos de sorpresa, esa voz… en la vida podría olvidarla. Con miedo a que estuviera equivocado o a que fuera una ilusión que desaparecería en cuanto se girara miró hacia atrás, quedándose casi sin aire.

-Na… Nami.

-ha pasado mucho tiempo- sonrió con algo de timidez.- Sanji.

o0FlashBack0o

En los jardines de palacio, un niño pequeño de cabellos rubios lloraba intentando secarse las lágrimas con sus manos.

-vamos Sanji.- le intentaba consolar una niña pequeña de pelo naranja y vestida de hada.- no llores, algún día nos veremos.

-no quiero que te marches Nami-swan… sin ti me siento muy solo…snif… no entiendo porque tienes que irte si tu no quieres.

-porque las hadas no se pueden casar con los príncipes a menos que de alguna forma su apadrinado lo desee.-le repitió con un poco de pena.- igual que los genios no pueden ser libres a menos que su amo lo quiera.

-eso significa que no volverás ¿verdad?

-claro que volveré.- le tomó las manos.

-¿me lo prometes?

-te lo prometo.

o0FinFlashBack0o

-como te dije aquella vez… necesitaba que mi apadrinado deseara que me casara contigo, aunque tras la boda por regla de tres me convertiría en humana. El mío era Luffy, y no deseó eso precisamente pero si deseó que fueras feliz.- se acercó a él.- por ello te pregunto ahora ¿Qué necesitas para ser feliz?

Sanji cambió su gesto de sorpresa por determinación y con una rodilla hincada en el suelo ante el hada madrina, tomándole una de sus delicadas manos, dijo estas palabras.

-que te quedes a mi lado para toda la vida.


Zoro ya oía a lo lejos las campanas de la iglesia.

-Bueno, ese es ya el verdadero final.- miró con un poco de tristeza el pueblo ya un poco lejano. -Después de tantos años cuesta un poco separarse de este lugar…- Resopló -ya que mas da.- Volvió la vista al frente.

-¡Zoooooooooooorooo!

-¿¡Eh! No, no puede ser, seguro que son imaginaciones mías.

-Zoooooooooooorooo!

-Me hago demasiadas ilusiones, supongo que en unos mese no escuchare esos gritos.

-¡Zoro!

-¡ah!- gritó cayendo al suelo sintiendo un enorme peso en su espalda- pero que demonios…- se le ensancharon los ojos.- Luffy…- dijo sin darse cuenta de que tenía un reno sobre él.- ¿Qué haces aquí?

-he venido a buscarte.

-pero… la boda, escuche las campanas… ¿te has casado ya?

-¡que va! No se quien se habrá casado pero yo solo pienso casarme contigo ¡jajajaja!

-¿Qué… qué has dicho?

-que solo me casare contigo, porque solo es a ti a quien quiero ¡lo he admitido! ¡Felicítame!

-Lu… Luffy, quítame el reno de encima porque creo que me esta cortando la sangre y me provoca alucinaciones.

-oh, vale. Levántate Chopper.

El reno hizo caso permitiéndole a Zoro levantarse a la vez que Luffy se bajaba de su montura.

-¿Qué me estas diciendo Luffy? Ayer estabas convencido de que amabas a Sanji, o al menos eso me pareció.

-quise amarle, pero al final no pude. Yo al que amo es a ti.

-¿así? ¿De repente?

-no, siempre te he querido.

-como a un amigo.

-¡no!

-¿¡pero que quieres de mi Luffy! No se a que viene esto de repente pero aun así te diré que te cases con Sanji, él es mejor que yo, nunca te faltara de nada.

-me faltaras tu. Por favor, déjame ir contigo a cualquier sitio donde tú vayas.

-pe… pero…-la situación costaba de asimilar.- ¿que pasa con Sanji?

-a el solo le tengo un profundo cariño.

-¿y Ace? ¿Y Dadan?

-los echare de menos… pero ya les haremos un visita. –dijo sin preocupación.

-pero…

-¡Zoro! –Le miró la cara con reproche.- ¡me ha costado mucho llegar hasta aquí! ¡Sobretodo decidirme a emprender el camino! Por favor… no me digas ahora que me vaya, si tanto me quieres como dijiste ayer por la noche acéptalo.

El peliverde quedó un rato mirándole y después suspiró mas tranquilo.

-de verdad esto que me dices no es mentira.

-sabes que no se mentir.

-ya…- dijo en otro suspiro con un sonrisa triste.- podrías al menos haberte cambiado de ropa.

-¡es que te me escapabas!

El mayor sonrió mas convencido.

-Luffy…

-dime.

-siéntate en esa roca.

-¿por qué?

-solo siéntate.

-… vale.

Ya sentado en la roca, al lado del camino, Zoro, en frente suya, se puso a buscar algo entre sus cosas.

-ah, aquí esta.- dijo sacando un especie de calzado.

-¡la otra zapatilla de cristal!

-si, perdona que me la llevase. No se porque lo hice, tal vez para recordarme los males de amores.- se arrodilló ante él.- ¿puedo?

Luffy le puso una gran sonrisa.

-claro que si.

Y con delicadeza calzó a su amado con ese bello cristal. Se miraron sonrientes y Luffy se abrazó a su cuello besándole apasionadamente y siendo su beso devuelto.

Sin romper el beso, Zoro lo aupó en volandas y lo subió encima de Chopper. Tras separar sus labios y volver a sonreírse el también se subió sobre el reno.

-bueno ¿Dónde vamos mi Lufficiento?- le abrazaba a la vez que tomaba las riendas.

-¡sigamos esa senda! ¡Adelante y sin mirar atrás!

-¡arre!

-¡guau, guau!

-¡los renos no ladran!

Y se perdieron en el horizonte.

MEDIO AÑO MÁS TARDE…

-¡Dadan! Ha llegado una carta de Luffy.

-ya era hora, casi le daba por muerto ¿Qué dice?

-ejem, ejem… "queridos Ace y Dadan: ¿Cómo estáis? Yo muy bien, en estos últimos meses he vivido muchas aventuras con Zoro y he hecho muchos amigos en el camino. No todo ha sido fácil, pero eso lo ha hecho mas divertido. Acabamos d volver de nuestro viaje del Dorado, y aunque nos lo hemos pasado muy bien estamos a dos velas. Por eso ahora nos dirigimos a un reino cercano donde ofrecen una recompensa por quien despierte a la princesa Robin. A mi me parece bien aceptar el trabajo, pero es que Zoro dice que esta chupado porque ella se despertara con el beso de un príncipe, y a mi no me hace gracia que la bese y cuando le dije "¿Qué te parecería si yo la besara a ella?" me contesta que no serviría para nada. Como siempre es un poco tosco, pero le quiero mucho. Bueno, me voy. Os quiere mucho: Luffy."… que firma mas rara, si parece un zurullo.

-en contraste con esa empalagosidad de carta. Tu hermano siempre en los extremos.-suspiró.- se le echa de menos, la verdad.

-si… oye, Dadan… estoy pensando… quiero que te quedes con la casa.

-¿la casa? ¿Y que demonios vas ha hacer tu sin la casa?

-voy a las islas de sur, por eso quiero que te quedes con la casa en sustitución de la herencia.

-no digas tonterías Ace, esta casa es lo último que te dio tu abuelo, no puedes dármela, además ¿que es eso de ir a las islas de sur?

-quiero buscarle.

-¿al noble? Ace… yo ya he tenido de reyes y de príncipes un buena temporada, si quieres que dejemos eso lo dejamos, pero no vayas en busca de algo que no existe, piensa que lo de tu hermano sucede una vez en la vida a una sola persona y en milenios.

-ya…

-no te preocupes Ace, todos encontramos a alguien, y no tiene que ser un noble.- él no contestó.- anda, ve a abrir la puerta, están llamando.

-si.

Salió del salón y bajando las escaleras fue directamente a la puerta, cuando la abrió el corazón se le puso en la garganta.

-hola Ace, cuanto tiempo.

-Marco.

-veo que te acuerdas de mi. Creí que ya me habías olvidado.

-¿olvidado? Eres tu el que se marchó.

-porque tu te ibas a casar con el príncipe. Volví en cuanto me enteré de que había sido plantado y se caso finalmente con una chica de procedencia incierta.

-¿creíste que yo me iba a casar con el príncipe?

-claro, no creo que hubiese más hombres vestido de mujer para casarse con él.

Ace se quedó pensando y sin poder aguantarse la risa soltó una gran carcajada.

-¡jajajaja! ¡Mi hermano! ¡jajajaja! ¡El que se iba a casar con el príncipe era mi hermano pequeño!

-en… entonces… nunca estuviste apunto de casarte con el.

-no. -Decía a la vez que se reía.- nunca.

-¿Ace?- preguntó Dadan.- ¿Quién ha llamado a la…? ¡La madre que los parió a todos! ¿¡Por qué yo no tengo esa suerte en la vida!- se fue indignada y refunfuñando.

Ace la miraba soltando una pequeña risilla y después fijó su vista en Marco.

-¿quieres pasar?

-me encantaría.-contestó con una amplia sonrisa.

Y colorín colorado este cuento de ha acabado.

Fin

Notas Finales: bueno, hasta aquí llegó esta pequeña historia. Espero que os haya gustado y entrado ganas de ver la Cenicienta como me pasó a mi xDD

respecto a la canción que canta Zoro es Adiós de Maldita Nerea, podéis encontrar la canción perfectamente en youtube, cosa que os recomiendo por que la letra es tela de bonita pero al oírla ya es que te mata.

A parte de esto que os vaya muy bien ¡nos vemos!