La mentira

Tanteó sin éxito el lugar en el que su maestro se había acostado a su lado la noche anterior. Acababa de despertar de una horrible pesadilla donde un viento infernal lo arrastraba por precipicios y zonas escarpadas hasta los infiernos, y el hecho de no encontrar al vampiro a su vera no lo tranquilizaba para nada.

El rastro de calor en las sábanas en el lado en el que había dormido Larten le decía que hacía poco que se había marchado, pero eso solo le ponía más nervioso todavía. Quizá se había arrepentido de lo que le había dicho la noche anterior y había decidido recular y volver a la misma posición alejada del principio. Después de todo, su primera reacción había sido despreciarle y pasar de él lo máximo posible, para luego cambiar drásticamente su comportamiento y aceptar y declarar su propio amor por su discípulo con una rapidez asombrosa. Era cierto que la versión del hombre sobre las reflexiones que había hecho acerca de sus sentimientos podría encajar perfectamente con la realidad, pero, después de lo que le había pasado con Jack, Darren no se fiaba mucho de nadie.

Se puso ropa cómoda para empezar sus tareas diarias sin dejar de pensar en todo lo que le había ocurrido en tan poco tiempo y tratando de averiguar cuáles eran las verdaderas intenciones de su mentor. En el pasillo encontró la puerta del vampiro cerrada a cal y canto, mientras que el baño rescató de su mente un montón de recuerdos que inundaron sus pensamientos y lograron que se metiera apresuradamente en la ducha para que el agua fría le aclarara un poco.

Después, se dirigió a la cocina y apretó los labios con firmeza antes de atravesar el umbral. Por una parte, quería que Larten estuviese ahí, porque sentía que todavía tenían mucho que hablar, en el caso de que su maestro no se hubiese echado a atrás, claro. Pero, por otro lado, temía que el viejo vampiro le dijese que todo había sido un error y le destrozase de nuevo. No creía poder soportarlo. Sin embargo, Larten no estaba en la cocina y tampoco apareció en el tiempo en que Darren desayunaba. Cierto era que el vampiro no salía nunca de su habitación durante el día, pero Darren había esperado que su mentor hiciera una excepción debido a los acontecimientos recientes o, al menos, que se quedara con él hasta que se levantase.

Fregó los pocos cacharros que había utilizado y salió al exterior parpadeando por los tempranos rayos de sol que le daban los buenos días desde el horizonte. Decidió que no podía dejar que sus dudas amorosas afectaran para nada el rendimiento de su trabajo en el circo, así que inspiró profundamente y bajó de su caravana. Estaba dispuesto a afrontar lo que fuera que el destino le deparaba, por lo que se dirigió decidido hacia la tienda central. Ésta era la única que se había mantenido cuando se adquirieron las caravanas, ya que era donde se cocinaba para todos aquellos integrantes del circo que no quisieran comer solos en sus caravanas y donde se colgaban las tareas que debía realizar cada uno todos los días.

Caminaba con tranquilidad hacia ella cuando empezó a notar que todo aquel que se cruzaba se le quedaba mirando y murmuraba y cuchicheaban entre ellos. Darren les devolvió la mirada extrañado, preguntándose qué ocurriría para que estuviesen actuando de manera tan extraña. Por un momento pensó que podría tratarse de los cortes que le había hecho Jack en la cara, pero acto seguido desechó la idea; no sería la primera vez que amanecía con moratones y nuevas cicatrices tras los entrenamientos a los que le sometía su maestro. No, tenía que ser otra cosa.

Apresuró un poco el paso para llegar cuanto antes a su destino y evitar lo máximo posible los chismorreos que parecía despertar su persona en la gente esa mañana. Esquivó a unos cuantos curiosos más y llegó por fin al centro del campamento, donde estaba la tienda de reuniones. Sin embargo, con eso la situación solo empeoró, pues casi todo el circo estaba ya allí y absolutamente todos dejaron de hablar en cuanto el apareció para mirarle con atención.

Darren se paró en seco y tragó con fuerza. ¿Qué diablos ocurría esa mañana? Buscó a Evra y Rebecca entre la multitud, pero no había rastro de ellos. Se le pasó por la cabeza que quizás no debería haber salido de su habitación esa mañana al no encontrar a su maestro por ninguna parte, lo que había sido una clara señal de que iba a ser un mal día. Se mordió el labio, dudando acerca de si preguntar el motivo de ser el centro de atención de todo el mundo, aunque le daba la sensación de que no le iba a gustar nada la verdad.

-Esto… Yo…

-¡Tú eres una puta!- oyó exclamar de pronto a una voz que le sonaba mucho. Entre los murmullos de desaprobación y desagrado hacia su persona que surgieron de todas partes, pudo comprobar que el grito había provenido desde la expresión escalofriante de Jack, que le miraba con el más absoluto odio, semioculto entre la gente.

Darren dio un paso atrás horrorizado. Estaba a punto de salir corriendo cuando notó cómo alguien le agarraba con fuerza del brazo y tiraba de él, apartándole de las miradas de todos. Fue arrastrado entre las caravanas con rapidez y, antes de que pudiera pararse a pensar qué estaba ocurriendo, se encontraba en medio de la cocina de Evra y Rebecca, con ambos mirándole atentamente; el chico serpiente jadeaba por la fuerza que había necesitado para sacar a su amigo del apuro lo más rápido posible, mientras que Rebecca se encontraba sentada en un taburete con los brazos cruzados.

El semi-vampiro pasó los ojos de una a otro aun confuso. No sabía qué había pasado exactamente hacía unos momentos, pero recordaba lo expuesto y lo mal que se había sentido, porque además le había dado la sensación de que había cometido un error que aun desconocía. Le vino a la mente entonces el grito de Jack y reaccionó.

-¿Qué ha pasado? ¿Por qué está todo el mundo tan molesto conmigo? ¿He hecho algo malo?- las palabras le salían a borbotones, pero estaba demasiado nervioso como para ser consciente de lo que decía exactamente. Solo sabía que necesitaba respuestas y las necesitaba ya.

Pero no fue una explicación lo primero que recibió de sus amigos, sino una mirada de preocupación entre ellos que le alteró todavía más. Sin embargo, antes de que empezara a molestarse por su silencio, Rebecca tomó aire y le miró directamente a los ojos.

-Darren, se sincero. ¿Tú sedujiste a Mr. Crepsley y lograste que engañara a Truska?- preguntó con decisión la chica.

-¿Qué? ¡No! ¡Jamás haría algo así! ¿Quién creéis que soy?- el joven estaba atónito.

-Darren, hay un rumor por todo el campamento de que hiciste eso antes de salir con Jack, que por eso Crepsley dejó de hablarte y lo dejó con Truska. Pero se dice también que lo volviste a hacer anoche, que Jack te pilló y que Crepsley estaba borracho mientras lo hacíais y… tú eras el que estaba encima de él, guiándole- dijo Evra inseguro.

-Nosotros no hemos querido creer nada hasta hablar contigo. Dinos, ¿es verdad?- añadió Rebecca con un hilo de voz- Porque te quiero mucho Darren, pero lo que puedas sentir por Mr. Crepsley no te da derecho a dañar a terceros…

El joven no sabía ni qué decir. Si ya le había sorprendido la actitud de todo el mundo hacia él, no había ni punto de comparación a lo que sentía en ese momento. Estaba indignado y muy molesto porque alguien le creyera capaz de algo así, y más si se trataba de sus amigos.

-¿Cómo es posible que dudéis de mí después de tanto tiempo juntos? Yo jamás le haría algo así ni a Larten ni a nadie, antes preferiría morirme- apretaba los puños con fuerza y se le empezaban a saltar las lágrimas- Sabéis perfectamente lo que he pasado por él, que nunca dejaría que alguien sufriera lo mismo que yo. Entonces ¿cómo sois capaces de creer semejantes falacias? ¡Se supone que sois mis amigos, joder!

Se dio la vuelta para evitar que le vieran llorar, porque ya le era imposible detener las gotas saladas que le rodaban por las mejillas. Se sentía peor ahora que sabía que sus amigos habían dudado de él, lo que le dejaba más solo que nunca. Pero, de repente, una mano se posó en su hombro con delicadeza y le giró hasta dejarle enfrente de Rebecca, que le pasó los brazos alrededor del cuello para abrazarle cálidamente. Darren se aferró a ella como si fuese su bote salvavidas en medio del mar de miedos e inseguridades que tenía en la cabeza.

-Si que te creemos, Darren. Simplemente queríamos que nos explicaras tú tu versión- dijo la chica en su oído mientras le acariciaba el pelo con suavidad. Lentamente, se separó de él y le limpió las lágrimas más rezagadas del rostro- En serio, ¿qué ha pasado en realidad?

Y Darren se lo contó, tanto las partes que ya conocían los tres como las que no. Cuando relató la idea de Evra para liarle con Jack y así olvidar a Larten, el chico serpiente recibió una mirada furibunda de su novia que prometía que luego tendrían una buena charla. Darren se sintió un poco mal por su amigo, que se encogió ante la repentina irá de la muchacha, pero por otra parte Rebecca siempre había sido la más sensata de los tres y no creía bueno seguir ocultándole partes de la historia que pudieran ocasionar más confusiones.

Sin embargo, el peor momento fue cuando tuvo que contarles el ataque de Jack, en el que les enseñó las cicatrices y tuvo que ayudar a la chica mono a sujetar a Evra que se había levantado como una exhalación para ir a pegar al manipulador de aire. También fue dura de recordar la defensa de Larten y su posterior cura, tanto física como sentimental, lo que les sacó los colores a los tres. Por otra parte, viéndolo en retrospectiva, cada vez que pensaba en ello le parecía más raro todo lo que habían hablado la noche anterior y el súbito cambio de actitud del vampiro hacia él. No era que su versión no cuadrara con el resto de hechos, sino que Darren sentía que faltaba algo en el puzzle y no era capaz de saber qué.

-Y ahora, explicadme vosotros con todo detalle de dónde ha salido el rumor de hoy- le instó a la joven pareja.

-Es todo lo que te he dicho antes, amigo- habló Evra con pesar- Cuando hemos salido esta mañana de la caravana la gente ya estaba murmurando sobre lo mismo. Te culpan de la ruptura de Larten y Truska. Además, a pesar de que Crepsley es tan serio, tú ya sabes lo bien que caen los dos en el circo, en particular Truska, por lo que todos están enfadados contigo por ser el causante de que haya estado triste durante tanto tiempo.

-Pero Truska debe saber que no es así- saltó Darren- Ella es consciente que yo no tengo nada que ver, por lo que puede ayudarme a resolver parte de esta situación-añadió levantándose con rapidez- Tenemos que ir a hablar con ella ahora mismo y…

-No creo que eso sea posible ahora- le cortó Rebecca- Se marchó ayer por la tarde porque tenía recados que hacer en uno de los pueblos de alrededor y no volverá hasta pasado mañana.

-¿Qué? ¡Oh, venga! ¿Por qué todo se pone en mi contra? ¿No sabes a qué pueblo fue al menos?

-Ni idea, lo siento mucho Darren.

-Está bien, no importa. Realmente lo que más quiero es saber de dónde…

''Me das asco, ''me parece impropio mi comportamiento''. Ahí estaba; acababa de encontrar la respuesta.

-Ha sido Larten- sentenció apretando los labios con firmeza.

Sus amigos le miraban anonadados. Estaba seguro de que ahora sí que no creían nada de lo que acababan de escuchar y no les culpaba, pues a él mismo le costaba concebir tal crueldad, pero no había otra explicación. Si cuando el vampiro se había marchado sin decir nada a por el hielo la noche anterior le había acusado de crueldad en su mente, en este momento de daba cuenta de que se había quedado corto. Ya no solo le había dado esperanzas físicas en el calor del momento, sino que le había pedido una oportunidad, habían hablado de una relación y le había dado la puñalada más trapera que hubiese podido imaginar.

-Darren, ¿estás seguro de lo que has dicho? No creo que Mr. Crepsley sea tan retorcido y después de anoche…

-Después de anoche es el momento perfecto para hundirme- interrumpió el joven semi-vampiro mirando a algún punto por encima del hombro de su amiga. En sus ojos solo había desesperación e impotencia, lo que hizo que Evra se levantara y se dirigiera decidido hacia la puerta- ¿Dónde vas?- preguntó Darren alarmado.

-Voy a hablar con él y a darle una paliza.

-¿Qué? ¿Eres idiota? Te matará- se apresuró Darren a tomarle del brazo- Además, no quiero que le des el gusto de que compruebe que me ha afectado. En serio, déjalo- permitió con recelo que Evra se soltase y se apoyara contra la pared- Le demostraré que puedo con esto y que él no va a poder conmigo.

-Está bien, pero como vuelva a hacerte algo semejante…

-Hablaré con el Mr. Tall, lo prometo. Venga, vamos a por las tareas del día o se levantarán más rumores.

Así, los tres amigos se encaminaron de nuevo hacia la tienda central del campamento, Darren flanqueado por Evra y Rebecca, tratando de evitar encontrarse con la mayor cantidad de gente posible. Las tareas de ese día no eran muy complicadas; tan solo tenían que dar de comer a los gnomos y limpiar la jaula del hombre lobo, lo normal. La primera parte no le supuso mucho suplicio, ya que requería alejarse de las caravanas para ir a recoger al bosque todo lo que pudiese servir de comida para los pequeños encapuchados, por lo que apenas tuvo que sufrir las opiniones de nadie acerca de lo que era o dejaba de ser.

Sin embargo, el problema vino cuando llegó el momento de limpiar la celda del licántropo, situada en el centro del campamento, muy cerca de la tienda de reunión. Allí, cada persona que pasaba se dedicaba a soltar ofensas acerca de lo fácilmente que abría sus piernas a todo el mundo y de que, probablemente, Larten y Jack no habrían sido los únicos en disfrutar de los placeres del joven, sino que su cuerpo debía haber sido muy buen pago para que Mr. Tall le dejase entrar en la compañía. Darren aguantaba como podía los comentarios cada vez menos discretos y más altos y subidos de tono, pero hubo uno que no fue capaz de soportar.

-Oye, chico ¿si te prometo guardarte los mejores platos, me haces un precio especial?- escuchó con chulería a sus espaldas la voz del cocinero jefe mientras notaba una pequeña palmadita en el trasero.

Con una furia descontrolada que quemaba en su pecho, se giró a la velocidad del rayo y le propinó un empujón al hombre con tal fuerza que le mandó volando fuera del campamento. En el fondo, era consciente de que le podía haber ocurrido algo realmente malo al cocinero, pero éste le había hecho perder la poca paciencia que le quedaba y en su mente solo cabía el camino que siguió inmediatamente después de manera automática hacia su caravana, sin escuchar las llamadas de sus amigos.

Estaba harto de que todo el mundo creyera que podían hacer con él lo que quisieran. Primero Larten, luego Jack y ahora la gente del circo… ¡Pues se acabó! Abrió de un portazo la habitación de su maestro y, sin pensarlo dos veces, cruzó a zancadas la sala para volcar de una patada el ataúd y dejar que el hombre se estampara de bruces contra el suelo.

-¡Eres un cabrón! ¿Y tú me pedías a mi responsabilidad con mis actos? ¿Cómo puedes tener tanta cara?- estaba fuera de sí y lo único en lo que podía pensar era en devolverle todo el daño que le habían causado a su mentor. Pero nunca le daría el gusto de ponerse a su altura- ¿Tú dices que te doy asco porque me gustan los hombres? ¡Tú sí que me das asco a mí! Eres una basura. Jamás había conocido a alguien tan despreciable y ruin como tú. ¡No quiero volver a verte nunca más! ¡Tú ya no eres mi maestro!- se giró tan rápido como había llegado y desapareció de la habitación dejando al vampiro helado y con la boca abierta.

Pero no podía darle la oportunidad de escucharle. Simplemente no la merecía. Salió corriendo del campamento, chocando con todo el mundo en el proceso. Sabía que tendría que volver en algún momento a por sus cosas, pero ahora no quería pensar en ello. En ese momento lo único que importaba era seguir corriendo y ocultarse del mundo hasta que anocheciera. Entonces podría volver, recogería las cuatro pertenencias más imprescindibles y, tras despedirse de sus amigos, se marcharía de allí. Sabía que echaría mucho de menos a Evra y a Rebecca, pero no podía permanecer ni un segundo más en el circo; debía desaparecer esa misma noche.

Jadeando por la carrera, se fue deteniendo y mirando a su alrededor. Su cuerpo le había llevado inconscientemente al bosque que había justo al lado de donde habían acampado, a un claro entre los árboles. Giró sobre sí mismo en busca de algún sitio en el que pudiera ocultarse y pensar con tranquilidad todos sus próximos movimientos. Así, localizó un rincón entre la maleza donde la hierba era más baja y allí se asentó, a la sombra de un gran roble que le ocultaba algo de visitantes inoportunos.

De esta forma, aguardó durante horas hasta que, por fin, el sol comenzó a esconderse tras las montañas a lo lejos y se dio cuenta de que la hora había llegado. Se levantó lentamente y puso rumbo al campamento con cuidado de no encontrarse con nadie indeseado. Era muy consciente, tras haberle dado muchas vueltas durante todo el día, de que el vampiro estaría furioso con él por haberle despertado de esa forma y que trataría hacérselo pagar como fuera. Pero Darren no tenía miedo a las posibles represalias de su ahora ex-mentor, pues no le importaba el dolor físico que le pudiese ocasionar y que, seguro, iba a recibir. Porque, aunque meses atrás habría dudado de que Crepsley le hubiese podido hacer daño deliberadamente, ahora tenía bastante claro tras los últimos sucesos que, no solo no le importaría, sino que además puede que disfrutara causándole algún mal.

Sumido en esas reflexiones, llegó al principio del campamento donde, extrañamente, todo estaba demasiado callado. De hecho, en el camino a su caravana no se encontró a nadie; todo estaba desierto. Subió las escaleras metálicas con cuidado, procurando que no chirriaran, y lo mismo hizo cuando se deslizó como una sombra por el pasillo y llegó hasta su habitación. La caravana estaba en penumbra y la puerta de Crepsley estaba abierta, lo que indicaba que el vampiro no estaba allí.

Entró en su habitación y cerró la puerta detrás de sí, apoyándose en ella y suspirando. En el camino hasta allí se había dado cuenta de lo difícil que se le iba a hacer abandonarlo todo, pero no había marcha atrás. Ya había tomado su decisión y debía seguir adelante con ella sin importar lo que le costase. Se dirigió hacia su mesilla para encender la lámpara más pequeña y así no llamar tanto la atención a través de la ventana.

Sin embargo, al darse la vuelta se dio cuenta de que toda precaución había sido en vano, pues se topó de golpe con Larten Crepsley. De pronto, todo a su alrededor pareció detenerse. El mundo se había parado y la respiración de Darren también. El chico miraba desconfiado al vampiro, que estaba terriblemente serio, mucho más que de costumbre. El verde de sus ojos no expresaba emoción alguna, pero miraba a Darren de una forma que hizo que el joven comenzara a temblar sin darse cuenta.

-¿Qué quieres? Me voy como te dije, así que déjame…

No pudo terminar de hablar, pues Crepsley le cogió de un brazo y le arrastró sin ningún miramiento hacia la salida de la caravana. Darren se retorcía, le golpeaba y le chillaba todos los insultos que sabía, pero ni siquiera así logró el más mínimo cambio en el vampiro, que ahora le llevaba hacia el centro del campamento como una madre lleva a su hijo de tres años enrabietado hasta casa.

En esos momentos, Darren se sentía realmente ofendido. No solo le había humillado en público y en privado, sino que también no le iba a dejar marcharse. Pero lo peor de todo era que, a pesar de lo seguro de sí mismo que se había sentido durante todo el día acerca de su elección y de cómo iba a enfrentarse al castigo del vampiro, ahora tenía verdadero miedo, pues nunca había visto al hombre actuar así y no sabía lo que iba a ocurrir.

Sin embargo, lo que realmente terminó de descolocarle y le dejó totalmente perdido y confuso fue que, al llegar a la tienda central, absolutamente todo el circo reunido allí, esperándoles.


Bueno, se que he tardado mucho en escribir y esta vez no tengo excusa (en realidad si, pero son muchas xD). En fin, que espero que os haya gustado y por favor, dejad algún review, porque aparte de animarme, me recuerda y me presiona para que siga escribiendo^^

Un saludo.

Aqua Ootori.