Buenas tardes^^ Únicamente me gustaría deciros que no había seguido escribiendo porque no recibían reviews y me estaba deprimiendo bastante... Hasta se que me ocurrió mirar en la carpeta de Spam (bien por mí -.-U) :P Con esto, os dejor ya con el capítulo (no es tan largo como los anteriores, pero la uni no me deja mucho tiempo libre :/)
Vuelve la calma
-… vergonzoso por vuestra cuenta. El circo fue creado para acoger y apoyar a todos aquellos que no encuentran su lugar en el mundo por ser seres tan característicos y diferentes del resto de los humanos. Eso significa que representa una familia en la que sus miembros deben apoyarse los unos a los otros, o eso se supone. Lo que ha pasado hoy me ha defraudado enormemente, pues jamás pensé que tendríamos entre nosotros semejante hostilidad y rechazo hacia ninguno de nuestros miembros. Os habéis equivocado y espero que sepáis reconocerlo, pues le debéis a Mr. Shan una disculpa. Por último, quiero darle un aviso al instigador de este rumor: le he otorgado permiso absoluto a Mr. Crepsley para que tome las medidas que considere necesarias si alguien vuelve a atentar de alguna manera contra su discípulo. Advertido queda. Buenas noches.
Nada más terminar de hablar, Mr. Tall dio media vuelta y desapareció entre unas tiendas a sus espaldas, dejando un silencio sepulcral entre la gente del circo congregada allí. Darren estaba de pie al lado de Mr. Crepsley y del hueco donde había estado Mr. Tall hasta hacía solo unos segundos, de cara a la multitud. Mantenía la vista fija en el suelo, incapaz de mirarles directamente por miedo a encontrar gestos de escepticismo e incredulidad malsana entre ellos. Sin embargo, lo que ocurrió a continuación le sorprendió gratamente, pues el cocinero, el mismo al que había lanzado hacía tan solo unas horas de un empujón a través del aire, se acercó cojeando hasta él y le pidió por favor que disculpara su mal comportamiento.
-Me he dejado llevar por el arranque del momento, pero realmente no quería hacerte daño, solo tomarte el pelo. Lo lamento de verdad y espero que puedas perdonarme- le dijo el hombre afligido.
-Perdonado queda- respondió Darren con una sonrisa. Sabía que sí lo había dicho en serio, pero también que nunca le habría hablado así de haber estado en una situación distinta. No merecía la pena enfrentarse de nuevo ahora que las cosas parecían haberse estabilizado de nuevo.
Después de eso, el resto de miembros se acercó también a ofrecerle sus disculpas y a asegurarle que no habían querido dañarle en realidad. Cuando se quiso dar cuenta, estaba rodeado de caras avergonzadas y miradas arrepentidas por todas partes y, para cuando la gente se disipó por completo, ya era bien entrada la noche y en la tienda central no quedaba nadie, ni siquiera Mr. Crepsley. De hecho, Darren no recordaba cuándo había dejado de estar a su lado y eso no hacía más que aumentar su preocupación al pensar que no le había mirado en ningún momento después de plantarle delante de todo el mundo.
Sin embargo, decidió que no merecía la pena seguir dándole vueltas al asunto porque, por mucho que se hubiera aclarado todo, él ya había decidido alejarse para que no le dañara más. Comenzó entonces a andar hacia su caravana con lentitud, reflexionando sobre lo que tendría que hacer a continuación. Mientras caminaba se dio cuenta de que lo primera que tenía que hacer era disculparse con Larten por no confiar en él.
Intentó pensar en cómo debía comenzar la conversación, pero lo único que logró fue recordar una y otra vez la expresión del adulto cuando le había encontrado en su dormitorio aquella noche, y supo que no sería fácil solucionar aquello. Si antes había temido lo que el hombre hubiera podido hacerle, ahora estaba aterrorizado de su reacción. De hecho, ni siquiera podía concebir un escenario en el que él presentase sus disculpas y el vampiro no montase en cólera así que, al llegar a la puerta de su caravana, se detuvo dubitativo. Intentó escuchar algún ruido que procediera de dentro, pero no logró oír más que silencio por lo que, con cuidado entró y cerró sin hacer el más mínimo sonido audible para un humano, o vampiro, pero todo fue en vano.
Allí estaba su maestro, sentado a la mesa de la cocina y observándole fijamente. Seguía teniendo la misma expresión de aquella tarde y Darren maldijo el momento en el que perdió el control y le tiró de su ataúd. Caminó hacia la mesa, tratando de mantener los temblores que le recorrían a raya, y tomó asiento justo en frente de su maestro, que continuaba en silencio y sin quitarle la vista de encima. Así, pasaron los minutos.
Darren, incapaz de mirar a su mentor, no apartaba los ojos de sus manos encima de la mesa, pero podía sentir los del otro clavándose en él, abrasándole y diciéndole cosas que no quería escuchar. Lo peor de todo era que el hombre no había dicho una palabra en ningún momento y su simple silencio bastaba para hacerle sentir como la mayor mierda del mundo.
-Yo… eh… Lo de hoy…- comenzó con la voz tocada. De repente solo sentía que todo aquello le superaba y no deseó otra cosa que acabar lo antes posible para no ponerse a llorar delante del vampiro- Lo siento. Lo que te dije antes fue porque pensaba que habías sido tú y me dolió tanto que solo quería desahogarme y desaparecer de tu lado. Espero que puedas perdonarme, de verdad.
Había repetido en esa última frase la misma súplica patética que le había hecho el cocinero a él, con la diferencia de que, en la actual situación, le parecía más absurda todavía. La otra diferencia era que él había contestado, pero el vampiro no lo hizo. Darren levantó la vista por fin para encararle y de encontró de frente con aquella expresión indescriptible que no soportaba en el rostro del hombre. No sabía que decir ni que hacer para cambiar aquellos sentimientos en el adulto, por lo que lo único que se le ocurrió fue marcharse. Cabizbajo, se levantó y se dirigió a su habitación.
-Me has decepcionado, Darren. Pensaba que confiabas más en mí- sonó la voz del pelirrojo a su espalda. Darren se giró y le encontró apretando con fuerza los labios- ¿Acaso he sido tan mal maestro como para que me creas capaz de algo así?
Darren no sabía qué contestar. La boca se le había secado de pronto y toda la culpa cayó sobre él como una roca.
-Yo… yo no… -comenzó el chico tratando de buscar una lógica a todo aquello. ¿Cómo se habían torcido tanto las cosas desde el día anterior?
-¿Cómo pensaste que sería capaz de hacerte daño de esa forma después de anoche?- susurró Mr. Crepsley desconcertado.
Entonces fue cuando las ideas y toda la sucesión lógica de las cosas que le habían pasado volvieron a Darren de golpe. La culpa fue transformada en molestia, sentimientos confusos y un tanto de indignación.
-¿Cómo pensaste que no lo haría cuando desperté esta mañana solo, sin ni siquiera una mísera nota?- preguntó el muchacho con energía renovada. El dolor y el miedo a haber sido utilizado había vuelto, pero también sus ganas de plantarle cara a ese sufrimiento- ¿No se te ocurrió que podría estar confuso por cómo han sucedido las cosas en las últimos días? Hace menos de una semana tú me odiabas, no me hablabas y yo trataba de olvidarte. Te daba asco, ¿recuerdas? Anoche te metiste en mi cama, me tocaste y te tocaste en la ducha y me pediste que te perdonara por tu comportamiento anterior- las lágrimas habían empezado a rodar por sus mejillas sin que se diera cuenta- Y esta mañana no solo me despierto solo, sino que además durante todo el día todo el jodido campamento ha estado tratándome como tu puta personal. ¡¿Cómo se supone que debo reaccionar a todo eso, eh?!
El chico se cruzó de brazos y se giró para evitar que el otro le viera en ese estado tan deplorable. Estaba harto de esa situación y quería que acabara todo ya; daba igual el resultado, pero no podía seguir soportando esa angustia constante de no saber que le deparaba el futuro. ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? Él era feliz con su secreto, manteniendo su amor en silencio y observando a su maestro de lejos. Ahora había perdido todo eso y no tenia ganas de seguir aguantando tanto dolor. Apretó los labios decidido.
-Mira… -susurró- Hoy he estado pensando mucho en todo esto que ha pasado y he llegado a la conclusión de que no quiero permanecer aquí, a tu lado –un escalofrío le recorrió-. Es probable que me arrepienta, pero lo único de lo que estoy seguro es que me vas a seguir haciendo daño, sobre todo porque ni tú mismo sabes lo que quieres. Por eso, me v…
De nuevo lo había hecho. Le había desarmado con otro gesto repentino, un abrazo, haciéndole jadear de la sorpresa. La respiración de Larten se le colaba a través de la piel, por el cuello, y le hacía cosquillas en el corazón, mientras sus brazos se enroscaban alrededor de su cintura y atraía la espalda del chico contra su pecho. Las mariposas en el estómago venían de regalo.
-Es cierto que aun no puedo definir lo que siento por ti –le besó el vampiro la sien-, pero no quiero que te marches. Esta mañana, cuando me has chillado esas cosas tan bonitas –Darren se sonrojó al recordarlo-, pensé que me moría al pensar que te había perdido por algo que ni siquiera alcanzaba a comprender. He puesto patas arriba el circo hasta que me he enterado de lo que había ocurrido y te juro que, por un momento, he pensado en matarles a todos por lo que te habían hecho pasar. Eres muy importante para mí, Darren, no solo un pasatiempo. No lo olvides, y no te vayas por favor.
El chico estaba sin palabras. Su maestro le sorprendía más y más a cada momento, y él solo podía sentir cómo su fascinación hacia el pelirrojo aumentaba. Pero aun así…
-¿Y cómo puedo estar seguro de que no me estas mintiendo? –el hilillo de voz que logró escapar de su garganta le hizo flaquear. Era imposible que el otro no lo hubiese notado y eso solo le hacía sentirse aun más vulnerable.
-Mi muchacho, ¡por favor! –el vampiro le giró de golpe y sus ojos se encontraron de frente por primera vez en horas- ¿Es que acaso no entiendes que estoy hablando en serio? ¿Qué tengo que hacer para que me creas? ¿Quieres que mate al imbécil ese? ¿A todos los del circo por haber osado a burlarse?
El semi-vampiro le miró sorprendido. ¿El imbécil…? Por supuesto: JACK. ¿Cómo había estado tan ciego? El joven había sido el único que podía haber percibido la reacción de Larten como protectora, ya que le había afectado a él directamente. Se fijó de nuevo en la preocupación que adornaba el rostro de su maestro y se mordió el labio. Se había pasado mucho y solo había una forma de arreglarlo.
Había sido tanta la tensión del día que no se había parado a pensar en ningún momento lo mucho que había echado de menos el sabor de sus labios, la suavidad de su lengua y lo bien que se le enredaban los dedos en el pelo de fuego de su maestro. En ese momento, en el que el brazo del hombre le rodeaba la cintura de nuevo después de haber sido sorprendido por la reacción tan repentina de su discípulo, no entendía cómo había sido capaz de no recordar en ningún momento esa maravilla. Se dejó llevar por la calidez del cuerpo del mayor, que le empujó con suavidad contra la pared y empezó a acariciarle.
-Siento haber dudado de ti… -logró jadear el chico cuando Larten le liberó la boca para pasar a devorar su cuello- No volverá a… ¡Oh Dioses!
Le sintió reír contra su nuez y notó como las rodillas le fallaban; era impresionante el poder que tenía ese hombre sobre él con acciones tan simples. Y ya cuando le tocaba así tan cerca de… ¡Un momento! Le empujó, tal vez con más fuerza de la necesaria, e interpuso el brazo extendido entre los dos. La expresión de desconcierto, y un tanto dolida, del pelirrojo exigía una explicación y Darren se sintió un tanto culpable por haber sido tan brusco, pero no había encontrado otra forma de detenerle.
-No pasa nada grave, tranquilo –se apresuró a aclarar, mientras veía cómo el hombre pasaba de la sorpresa al escepticismo-. En serio. Simplemente no quiero ir tan rápido, ya te lo dije.
-Eres un pequeño controlador, ¿eh? –la voz rasgada de su maestro le trastornó. Casi podía palpar la excitación en ella- Está bien. Ya te dije que me parecía correcto esperar un poco antes de avanzar más. De hecho, ese ha sido el motivo de que esta mañana no me quedara contigo; no me veía capaz de soportar la tentación –añadió con una media sonrisa, logrando que a su alumno se le dispararan los colores una vez más-. No pasa nada, de verdad. Ven aquí, anda –le tendió la mano, que Darren tomó aliviado.
-¿Seguro que está todo bien? –el chico no terminaba de convencerse, pero dejó que su maestro le envolviera en sus brazos.
-Sí, lo tomaremos con calma –sentenció el otro, posando un beso en su mejilla con dulzura-. Ahora vamos, a dormir, que necesitas descansar.
Darren no puso ningún tipo de resistencia mientras Larten le guiaba por el pasillo de camino a su habitación. Había sido un día demasiado largo y necesitaba descansar, a ser posible con el pelirrojo a su lado. Ya vería cómo encauzar su relación más adelante, cuando despertara.
No tengo mucho derecho a pedirlo, pero de verdad que los comentarios me animan muchísimo. Espero que os haya gustado y (aunque es un poco complicado) de verdad intentaré no tardar tanto para la siguiente actualización :) Besos
Aqua Ootori
