Invitación

-Mucho gusto, señor Black - la chica extendió su delicada y blanca mano hacia mi. Su voz era tal y como la esperaba: dulce y melodiosa.
-El gusto es mio, Renesmee - su mano era suave y sedosa.
Imagine acariciando su cuerpo desnudo, estremeciéndose ante mi tacto.
Jacob, imbécil! Deja de pensar en esas... asquerosidades. Es una niña! Una niña hermosa con mirada inocente, ingenua y soñadora y con labios que invitan a ser besados.
-Suban, yo los llevo a casa - murmure con voz aperentemente calmada.
Seth abrió la puerta trasera con caballerosidad y la muñequita subio a mi auto. Luego subió Seth para sentarse junto a ella.
Durante el camino a casa trate de no mirarla por el espejo retrovisor, pero los ojos no me obedecían.
Ella no me miro, pero tampoco a su novio. Se limito a mirar por la ventanilla del auto. Eso era realmente frustrante.
Llegamos a casa y Seth presento a la chica con Leah.
Los cuatro comimos juntos en el comedor, entre charlas banales y superficiales que para mi eran de vital importancia.
Me entere que la muñequita de porcelana era hija de Edward e Isabella Cullen y eran doctores. Nunca estaban en casa, solo la servidumbre acompañaba a Renesmee, así como su maestro de piano los martes y jueves. Pronto seria su cumpleaños y por nada del mundo quería estudiar medicina.
Después de la comida, Seth le dio el recorrido oficial por nuestra casa y vieron una película en el recién remodelado cuarto de la televisión.
Desee ser yo quien la tomara de la mano cuando se asustara al ver aquella ridícula película de terror que Seth escogió.
A las siete treinta su chofer llego por ella y se la llevo. La alejo abruptamente de mi dejándome con un nudo en el estomago.
Todo el tiempo que ella estuvo en mi casa estuve encerrado en mi despacho, -pegado a la puerta escuchando sus pasos, sus risas, sus gritos de susto por aquella película- imaginando que ella estaba conmigo en mi despacho teniendo una conversacion real. Quería saber mas que la poca información que me dio en la comida. Quería saber cuales eran sus gustos, sus metas, sus sueños.
Durante el fin de semana no hice nada mas que pensar en ella, en su rostro de porcelana, en su voz, en su risa, en la manera en que se encogía... como esperando que de un momento a otro alguien le hiciera un desaire o la abandonaran.
Se veía tan frágil y desprotegida. Quería estrecharla entre mis brazos y amarla...

Amarla?

No. Yo no podía amarla. Era una niña! Por muy hermosa y encantadora que fuera... Y si... y si ella quería que yo la amara?
Si, claro Black! El sueño de toda adolescente es que el padre de su novio se obsesione con ella.

El lunes lleve a Seth al colegio con la esperanza de verla de nuevo.
La princesita de porcelana se bajo de un lujoso Mercedez negro y se despidió de su chofer con un extraño saludo. El tipo era alto y de ojos azules, parecia un levantador de pesas, tal vez era su chófer y su guardaespaldas también. Al parecer los Cullen eran muy ricos, el tipo ese traía uniforme con sombrero y todo.
La niña cruzo la calle y se despidió de nuevo con la mano.
-Adios, Emmett! - camino rumbo a la escuela y sus ojos se cruzaron con los míos.
Me vio! Dios, me vio!
Una pequeña sonrisa curvo sus labios rojos y me saludo con el mismo gesto que al tal Emmett, su chófer.
Levante la mano del volante y repetí su ademan.
Ella siguió caminando por el jardín, mientras el corazón me latia desvocado en mi pecho.
Hoy se veía mas adorable que el viernes pasado. Su blusa blanca estaba impecable al igual que su falda cuadriculada del uniforme y su suéter. Se había peinado con dos pequeños broches en sus cienes y sus risos de cobre rebotaban como resortes.
Muy pronto la perdí de vista. Se mezclo entre la multitud de alumnos que seguían llegando como casa mañana.

El miércoles al llegar a casa, el corazón se me detuvo un instante cuando escuche su risa. Esa que me habia hechizado desde un principio.
-Buenas tardes - salude tratando de sonar normal.
-Buenas tardes, señor Black.
Señor Black? Eso no me gustaba.
-Hola, papa.
-Que hacen? - pregunte estúpidamente, era obvio que la tarea.
-Estábamos haciendo la tarea de Física - respondió Seth.
-Es Emmett - susurro Renesmee viendo su celular.
Tomo todas su cosas y se despidió de su novio con un rápido beso en los labios.
Yo apreté los puños.
-Nos vemos mañana. Hasta luego, señor Black!
Al día siguiente por la noche, escuche una conversación de Seth por teléfono. Hablaba con ella. Los escuche quedarse de ver después de clases en las practicas de Atletismo.
Excelente. Un lugar publico donde podía verla sin que se viera sospechoso. Seth siempre me invita a sus practicas pero nunca tengo tiempo; ahora lo tenia y un interés genuino por el cual estar ahí.

Me senté en las gradas mientras miraba a través de los oscuros lentes de sol, buscándola entre todas aquellas insulsas adolescentes. Sus inconfundibles risos y su risa la hacían destacar.

Mírame, mírame. Por favor mírame! - suplique.

Ella estaba platicando con Seth en la pista de carreras que rodeaba el campo verde. Ella comento algo y Seth se burlo de ella a carcajadas. Eso no me gusto. Sus mejillas enrojecieron y comenzó a alejarse avergonzada. Busco un lugar donde sentarse mirando las gradas semi vacias.

Mírame, mírame!
Miro en mi dirección y siguió de largo. Luego regreso la vista y me miro con detenimiento. Una gran sonrisa hizo que sus mejillas se estiraran y me saludo con efucividad.
Me miro, me miro!
Subió las gradas en mi dirección y pude ver sus piernas y un poco mas. Imagine que al acercarse a mi, subía su falda cuadriculada para sentarse en mi regazo. Imagine como se humedecía mi pantalón por estar en contacto con sus aun mas húmedas panties.

Controlate!

-Hola, señor Black!
-Hola, Renesmee -me dieron escalofríos cuando dije su nombre-. Y por favor llámame Jacob. Me haces sentir viejo con eso de Señor Black.
Su risa hizo que mi piel se erizara.
-De acuerdo. Puedo acompañarte... Jacob?
-Por supuesto - me deslice para dejarle mi lugar.
En silencio vimos el entrenamiento de Seth.
Silencio físico, por que en mi cabeza ella estaba gritando mi nombre y estabamos bañados en sudor.
Me sobresalte cuando soltó unas risitas, al ver que Seth se cayo al no poder saltar uno de los obstaculos de la pista.
-Lo siento - apreto los labios tratando de no reírse de nuevo.
Pero no pudo evitar reírse cuando Seth se levanto y sacudió su ropa. Me reí junto con ella, en lugar de preguntarme si mi hijo estaba bien.
-Cuantos años tienes, Renesmee? - pregunte de la nada, limpiándome las lagrimas de la risa.
-Dieciséis... Bueno, quince. La próxima semana cumpliré los dieciséis. De hecho... -rebusco en su mochila-. Aquí esta su invitación, señor Black.
Me entrego un sobre rosa fucsia.
Ella... me estaba invitando a su fiesta? Ella quería que yo fuera?
-Si... si quiere no vaya. No esta obligado a nada - susurro muy bajito, decepcionada.
Cambie la expresión de idiota que tenia y recobre la compostura.
-Claro que ire. No me lo perdería por nada.
-Genial! - sonrió ampliamente.
Vio la hora en su reloj Cartier y torció el gesto.
-Debo irme -tomo su mochila y cruzo el grueso tirante negro por su pecho-. Hasta luego, señor Black.
-Jacob - le recordé.
-Cierto. Adiós, Jacob.
Esa fue la primera noche en que me toque pensando en ella.