Diamantes y Lagrimas
"Felices Dulces Dieciséis, Renesmee". Leí la pancarta que colgaba del techo. Las letras estaban hechas de diamantina rosa o como sea que se llame esa cosa brillante, que lo único que hace es basura.
Dieciséis.
Pervertido, cerdo, animal, monstruo - me gritaba la conciencia. No podía pensar todas aquellas cosas sobre esa dulce y tierna niña.
Pero no podía controlarme!
Aquellas fantasías venían a mi cabeza, sin evocarlas siquiera. Tenia años sin fantasear de esa manera. Creo que la ultima vez que imagine ese tipo de cosas, fue antes de llevarlas a cabo con chicas reales.
Nunca me habían gustado las mujeres menores que yo y mucho menos niñas como lo era Renesmee, pero ella tenia algo que me fascinaba. Algo que me hacia comportarme así.
Leah fue a traerme un trago y Seth fue a buscar a Renesmee.
No me gustaba ese nombre para ella, era muy... extraño y fuerte. Debía tener un nombre mas tierno y suave como ella. Renee? Esme? Ness? Nessie? Si! Nessie. Se escuchaba bien, ademas suena tierno como ella.
Nessie.
Su casa era muy grande, espaciosa y al parecer muy iluminada. Era de noche, pero se podían ver las grandes ventanas de la estancia.
-Hola, señor Black! - saludo ella con una gran sonrisa, acercándose a mi.
Pase por alto que me llamara así, ya que me quede sin palabras. Estaba viendo a un ángel.
Su sedoso cabello caía sobre sus descubiertos hombros. Seguí la linea de su cuello hasta sus delicados senos que parecían dos duraznos, los cuales estaban cubiertos con un vestido blanco sin mangas. Bajo de esas frutas prohibidas estaba su estrecha cintura delineada por un lazo grueso de satin color fucsia.
Traía un poco de maquillaje y el aroma de su perfume me dejo aturdido.
-Hola. Feliz cumpleaños! -la podía abrazar? Después de todo era su cumpleaños.
La abrace.
-Gracias, Jacob -susurro en mi oído.
No la quería soltar, pero era necesario. Su abrazo fue breve pero dulce. Se sintió tan bien poder rodear su cintura y estrecharla contra mi cuerpo.
-No... no sabia que regalarte... así que -busque en mis bolsillos y encontre la cajita que contenía los pendientes que Leah le había pedido a su asistente que comprara.
Quería regalarle algo que yo hubiera escogido, pero aun no conocía sus gustos.
Quería llenarla de regalos, pieles y joyas. Guarde esa fantasía para después.
-Gracias, señor Black. No se hubiera molestado -sonrió ampliamente al ver los diamantes.
-No fue nada.
-Venga, quiero que conozca a mis padres -me tomo de la mano y me condujo por su casa entre los invitados.
Me aterraba conocer a sus padres. Me sentí como un adolescente. No quería conocer a sus padres, no luego de lo que le hice anoche a su niña en la privacidad de mi cabeza y la ducha.
El miedo se fue cuando tome consciencia de que ella me estaba tomando de la mano.
-Mama? - pregunto con... miedo? - Te quiero presentar al señor Black. Es el padre de Seth.
-Un momento -la mujer siguió muy ocupada con su Blackberry. Nessie suspiro-. Que decías?
-Te presento a Jacob Black, el padre de Seth.
-Mucho gusto, doctora Cullen - con pesar solte la mano de aquella divina criatura para estrechar la de su madre.
-Bella, solo Bella. El gusto es mio, señor Black.
-Jacob.
-De acuerdo.
La mujer tenia los mismos ojos que la muñequita de porcelana. Su piel era blanca y tenia espeso y largo cabello castaño. Eran muy parecidas, pero Nessie era única.
-Princesa, te buscan en... Hola, Edward Cullen - me extendió la mano un hombre paliducho y despeinado. Su cabello tenia el mismo tono que el de su hija.
-Jacob Black - estreche su fría mano.
-Black?
-Es el padre de Seth - explico la muñequita.
-Si, claro.
Sus padres eran lo que se dice atractivos, y Nessie había heredado lo mejor de ambos. Ella era perfecta, pero creo que ellos no eran muy conscientes de ello.
Después de unas cuantas palabras, salí de aquella habitación, en compañía de la cumpleañera.
-Lo siento -susurro apenada-. Ellos siempre estan muy ocupados. Edward es el jefe del departamento de Neurología del Hospital Metropolitano y Bella es la jefa del departamento de Cardiologia.
Asentí.
-Debo ir con los demas invitados -murmuro con tristeza-. Gracias por venir.
Se paro sobre las puntas de sus pies y me dio un beso en la mejilla.
-Donde estabas? - pregunto Leah dándome una copa de whiskey.
-Renesmee me presento con sus padres, luego de que le di los pendientes.
-Ah... -no hablamos mas hasta que-: Esa es Emily... la esposa de Sam Uley? - señalo con la barbilla.
-Creo que si. Su hija Claire esta en el mismo colegio que Renesmee y Seth.
-Ire a saludarla.
Sam es abogado en mi bufete. Buen tipo. Hace tiempo tuvimos unas rencillas, pero no hay caso que no gane.
Busque con la mirada al objeto de mi obsesión y la encontre bailando con sus amigos. Quería desesperadamente ser alguno de los chicos que la rodeaban. Tener su misma edad.
De haberla conocido cuando era un adolescente, si la hubiera conocido en la escuela como lo hizo Seth, le hubiera rogado a mi padre que comprara su mano. Que la asegurara para mi, por todos los medios. Que le ofreciera a Edward cabras y camellos, para que me diera la mano de su hermosa hija.
Tenia que alejarme de ahí, tenia que dejar de verla y de pensar que tal vez ella era virgen y yo quería ser su primer hombre.
Me levante de mi asiento en la sala y vague por su gran casa. Tenia cuadros preciosos que supuse que serian originales. Me pregunte como seria su habitación, lo mas probable es que estuviera en el segundo piso y esa área no estaba permitida a los invitados.
Entre en la biblioteca que estaba casi a oscuras, excepto por una lamparita sobre el escritorio. Estaba vacía, era un buen lugar donde podía estar solo sin llamar la atención. Me sente en un cómodo sofá de cuero beige y deje caer la cabeza hacia atrás.
No podia creer que hace unos días no le veía ya ningún sentido a mi vida y de pronto se apareció una princesa de porcelana y se convierte en el centro de mi mente. Por que no podía de dejar de pensar en ella? Que es lo que tiene ella que me vuelve loco?
Abrí los ojos de golpe, cuando la puerta se azoto.
Era ella y sollozaba.
-Renesmee? - me levante y ella corrió a mis brazos-. Que ocurre? - pregunte alarmado abrazándola torpemente-. Cielo, que ocurre?
Tome su cara entre mis manos y limpie sus lagrimas con mis pulgares.
-El... el... Seth se estaba besando con Claire - sollozo de nuevo.
Seth... estúpido idiota!
Tiene a la niña mas tierna, dulce y hermosa del mundo en sus narices y... Quise golpearlo en ese instante, pero no la podía dejar. Ella estaba entre mis brazos. No de la manera en que he imaginado todos estos días, pero era algo.
-No llores, cielo. No te preocupes, todo esta bien. Yo estoy aquí. Una princesita de porcelana como tu no debe llorar.
Dejo de sollozar.
Bese sus mejillas saboreando sus lagrimas.
-No estes triste, es tu cumpleaños - ella asintió con los ojos cerrados.
Tenia un puchero adorable que hacia que sus labios se vieran aun mas apetecibles.
Cuando menos lo pensé, nuestros labios estaban unidos.
