Ayuda y una Excusa
Jacob, idiota! La besaste?! Como se te ocurre haberla besado, estúpido!
Me separe de ella asustado. Pensé que saldría corriendo asustada a contarle a sus padres. Pero ella no se movió ni un centímetro, ni abrió los ojos.
No pude controlarme y la bese de nuevo. Esta vez ella me correspondió, sus dulces labios se movieron contra los míos con una suavidad exquisita. Sus labios sabían a cereza. Mis manos aun seguían en sus humedas mejillas y las suyas en mi espalda. El corazón se quería salir de mi pecho y un escalofrió que nunca había experimentado recorrió mi ser.
No profundice el beso, no quería arruinar aquel sublime momento con algo tan grotesco como un beso francés apasionado.
Ella merecía que la trataran con ternura y delicadeza. Merecía ser cortejada.
Termine el beso y ella abrió los ojos confundida, luego paso la lengua por sus labios.
-Renesmee... yo...
-Debo regresar.
Seco sus lagrimas con el dorso de su mano y se encamino a la puerta.
Inconscientemente mi mano se alzo tratando de detenerla inútilmente.
Camino a casa Seth no dijo una sola palabra. Yo tampoco dije nada. Leah parloteo hasta el cansancio sobre los chismes que le había contado Emily. Yo seguía pensando en esos segundos en que bese a Renesmee.
Si la bese? No lo imagine como las otras cosas?
No. No había imaginado antes que sus labios sabían a cerezas, tampoco que su aliento era dulce. Ni esa chispa traviesa en sus ojos, al despedirse de mi.
Estaba ansioso por verla otra vez.
.
Las tres malditas semanas mas largas de mi vida pasaron.
Renesmee termino con Seth después de esa noche. Solo la vi de nuevo, dos miseras veces, cuando lleve a Seth al colegio, pero ella no me vio.
No podía dejar de pensar en ella -como si eso fuera nuevo-, quería escuchar su risa al entrar a la casa. Pero solo había silencio como siempre.
Recorde aquella fantasía que tuve en su fiesta: ella bajando las escaleras de mi casa, cubierta en joyas y un abrigo de pieles... nada mas.
Estúpido Seth! Tenia que acosejarlo de como hacer que Renesmee regresara con el, así ella iría a la casa y la vería otra vez.
Seth tenia todo ese tiempo pidiéndole perdón y llamándola. Pero ella no lo perdonaba, es mas ni le dirigía la palabra. El se animo realmente cuando le ofrecí mi ayuda. Me sentí sumamente miserable al ocultarle a mi hijo mis verdaderas intenciones.
Diez docenas de rosas y tres cartas llenas de poemas y palabras cursis -que venían de mi cabeza y no de la de Seth- después, ella lo perdono. Pero no fue a casa hasta mediados de octubre.
-Hola, señor Black - saludo muy contenta un viernes por la tarde.
-Renesmee... Hola.
Nos miramos unos instantes y me marche sin decirle una palabra a mi despacho.
Para que le ayude a Seth? Para que? La voy a ver mas seguido, si. Pero con el!
Imbécil, idiota, estúpido.
Me di de golpes contra el escritorio.
Tres tímidos golpes en la puerta, interrumpieron mis insultos mentales.
-Adelante.
-No interrumpo, señor Black? - pregunto la muñequita de porcelana, asomando solo la cabeza.
-No, para nada -me levante de golpe como aquella noche-. Pasa. En que puedo ayudarte?
-En clase de Cívica y Ética -dijo el nombre de la clase con algo de burla-, nos encargaron un trabajo sobre La Ley de Miranda y me preguntaba si usted me puede ayudar.
En sus manos traía una carpeta morada con corazones rosas y un lápiz.
-Si, claro. Siéntate - señale las sillas frente a mi escritorio, caminando alrededor de este.
Renesmee se sentó en la silla y yo frente a ella recargado en el escritorio. Sus grandes ojos color chocolate me miraron directamente a los ojos. Dejo sus cosas en mi escritorio y se puso de pie. Sin dejar de mirarme se acerco a mi posando sus manos en mis hombros y me beso.
Tan simple como eso. Solo me beso.
Ella me beso!
Con el corazón en la garganta, enrosque mis brazos en su cintura y la estreche con fuerza. Abrí sus labios con mi lengua y la suya se encontro con la mía, mientras su manos se hundían en mi pelo.
Aquello era el mismo cielo, dentro del infierno. Estábamos en mi casa, con mi esposa y mi hijo en ella! Pero no había nada mejor que ese beso.
Yo no la había forzado a nada, ella vino a mi por voluntad propia con una excusa.
Ella había venido a mi!
Eso significaba que... yo le gustaba? Yo? Yo le gustaba a esa divina criatura? Yo un hombre viejo de treinta y ocho años?
Explore soezmente su dulce boca con mi lengua y ella se aferro aun mas a mi. Baje mis manos hasta ese celestial y tierno trasero cubierto con la falda del uniforme y la acerque a mi para que sintiera lo que había provocado en mis pantalones. Un suave gemido salio de su garganta, trayendo a mi todas y cada una de las veces que le he hecho el amor en mi cabeza.
Tenia que alejarme de ella si no quería cometer una estupidez.
La separe de mi con algo de brusquedad.
Sus grandes ojos de chocolate me miraron asustados. Sus mejillas estaban rojas al igual que sus labios.
-Lo siento -susurro y se mordió el labio al borde de las lagrimas-. Yo creí que...
La bese de nuevo. No podía creerlo y mucho menos resistirme! Ella quería que la besara y tal vez no solo eso.
Me recargue de nuevo en el escritorio, abrí sus piernas y la senté sobre mi, todo en un mismo movimiento. Ella no se opuso a este brusco cambio. Parecía que estaba hecha de plastilina y se amoldaba a mi gusto.
-Renesmee - susurre cuando separe mis labios de los suyos para poder respirar.
-Renesmee -Seth toco a la puerta-. Emmett esta aquí.
-Un momento - logro gritar y volvió a besarme.
Asustado la deje en el suelo con cuidado. Ella acomodo sus risos despeinados y luego paso los dedos por mi cabello arreglándome también a mi. Jamas me hubiera esperado ese detalle de ella.
Después de que recobramos la compostura el dio un beso fugaz.
-En verdad tengo que entregar ese trabajo. Me ayudas? - pregunto con mirada tierna.
Nunca me negaría a esa carita de muñeca que tenia.
-Claro. Cuando es la fecha de entrega?
-El viernes.
-Si quieres... ven a mi oficina el lunes, después de clases -le entregue una de mis tarjetas de presentación-. Te parece?
-Si. Gracias.
Se paro sobre las puntas de sus pies y me dio un beso en la mejilla.
Renesmee camino con aire infantil hacia la puerta.
-Gracias, señor Black - grito antes de cerrar la puerta.
