PRINCESA DE PORCELANA
-Puedo venir el miércoles? - pregunto Renesmee en un susurro luego de un largo y suave beso.
-Por que no mañana? - cuestione en el mismo tono antes de besar su manita de porcelana.
-Tengo clases de piano - hizo una mueca adorable: arrugo la nariz frunciendo el ceño.
-No te gustan tus clases de piano?
-No, pero papa insiste. Soy muy mala.
Volví a besarla. Sus besos eran mi droga. Una que había descubierto recientemente y ya estaba mas que enganchado. Su lengua era suave y sabia a algodón de azucar.
-Tengo que irme. Emmett me esta esperando - se separo de mi.
No me dejes! - quise rogarle hincado abrazando sus piernas.
Me levante del sofá junto con ella y la acompañe hasta la puerta. Se paro de puntitas y me dio un rápido beso.
-Gracias, señor Black. Hasta luego - murmuro abriendo la puerta.
-De nada. Cuídate.
-Lo haré. Me saluda a su esposa - su inofencivo comentario fue como un latigazo.
Cerré la puerta y me recargue en ella deslizándome hasta el suelo.
-Que estoy haciendo? - me pregunte hundiendo mi cabeza en las manos.
Esto me podía llevar a la cárcel. Nada me salvaría, ni aunque ella testificara a mi favor. Estaba arriesgando mi vida, mi carrera, pero el solo hecho de pensar de no volver a besarla de nuevo como hoy o no volver a verla... hacia que me faltara el aire.
Sin esa princesita de porcelana la vida seria igual de gris e insignificante como hace unas semanas. Ahora me levantaba de la cama con animos de verla, de escuchar su risa, de ver sus ojos... Hacia todo pensando en ella.
Que tenia esa pequeña niña que me había hechizado desde un principio? No solo era su físico, su hermosa carita de muñeca. Había algo mas que me atraía a ella como un iman.
Que era? Su juventud? Su inocencia? Su ingenuidad?
Esa noche no baje al gimnasio del sotano de mi casa, salí a correr. Tenia que dejar de tocarme como un adolescente, ademas me ahogaba en esa casa, jugando al matrimonio feliz. Así que tenia que descargar esas energías y erradicar esos malos pensamientos. Tome mi MP3 y me puse los audífonos, seleccione mi antigua lista de rock y sentí como me tronaron los oídos.
Solía escuchar esa música de joven?
Que musica tan mas ruidosa!
Baje un poco el volumen y seguí trotando. Me encontré con un montón de gente en el parque, corriendo igual que yo. Personas paseando a sus perros, otras haciendo ejercicio, a unos vecinos que se sorprendieron de verme...
Regrese a casa a eso de las diez. Leah ya estaba dormida. Gracias a Dios. Me quite la ropa sudada y me vi en el espejo de cuerpo entero que estaba detrás de la puerta del baño.
No estoy tan mal - me dije haciendo flexiones con los brazos-. Aun no tengo canas, no me salen pelos en las orejas, aun estoy en buena forma. Pero tal vez debo aumentar el tiempo en el gimnasio.
Me metí a la ducha y trate de ni durar mas de diez minutos, no queria evocar mis mas privadas y pervertidas fantasías con esa niña. Por cierto... que estara haciendo ahora? Estara dormida? Estara pensando en mi? Pensaría Nessie en mi tanto como yo en ella?
Lo dudaba. Ella no era una enferma retorcida.
El miércoles por fin llego. Estaba desesperado por verla, abrazarla, besarla, decirle cuanto la habia extrañado.
Me avisaron de su llegada a las tres treinta, mi corazón salto emocionado.
Entro a la oficina con una sonrisa.
-Hola, señor Black - cerro la puerta tras de ella.
-Hola, Renesmee - le di un beso en la mejilla.
-Te gustan los chocolates? - pregunto con cautela.
-Si, por que?
De su mochila saco una cajita dorada y me la entrego.
Ella me trajo un regalo? Ella compro algo pensando en mi? El corazón me latió como el de un adolescente nervioso y asustado.
Yo no le tenia nada! Ni una misera flor.
-Gracias - susurre.
-De nada -Renesmee se sonrojo-. Ya transcribí lo que me dictaste y el viernes lo entrego.
-No tienes mas tarea?
-No -nego con la cabeza y sus risos desprendieron un olor exquicito.
Que todo en ella sabia u olía a dulce? Me pregunto a que sabrá su sexo...
-Bueno, eso es todo. Creo. Gracias - se encogió de hombros y sonrió, pero esa sonrisa no le llego a los ojos.
Que?! Ya se va? No!
Como lo hizo el lunes, ella se paro sobre las puntas de sus pies para darme un beso en la mejilla. Mi maliciosa mente me ordeno girar el rostro.. Lo hice y la estreche con rudeza contra mi. De nuevo, ella no se opuso y me correspondió el beso con pasión. Ella quería que yo la besara.
-Tengo que irme - susurro entre beso y beso con la respiración agitada.
-Quédate, no me dejes aun. Por favor - rogue contra su garganta.
-Solo cinco minutos.
Sonreí para mis adentros y la arrastre hasta el sofá. La senté en mi regazo, con sus piernas a los lados de mis muslos. Quería tomarla ahi mismo, hacerla mia una y otra vez de mil maneras. Pero había hecho un pacto conmigo mismo la noche anterior: no hacer nada hasta que ella me lo pida. Si quiere que la bese, la besare; si quiere que la acaricie, la acariciare; si quiere ser mia, sera mia. Solo si ella me lo pide.
-En verdad tengo que irme - se levanto abruptamente acomodando su cabello y su falda.
-Vendras el viernes? - pregunte esperanzado.
-No lo creo.
-Por que no? - demande enfadado. Ella no podía dejarme.
-Pues... no se - mordió su labio inferior.
-Tienes planes con Seth?
-No, pero... Tu dijiste que esto estaba mal. Tu eres casado y yo... yo no soy una mala persona. Tengo que entender que... -las lagrimas aparecieron en sus ojos-. Yo... Adiós.
Tomo sus cosas del suelo y se encamino a la puerta con rapidez.
-Adiós, señor Black - fingió jovialidad.
Se fue. Así como así me dejo, solo con una explicación atropellada.
Era verdad, ella no era mala persona y yo tampoco, pero que puedo hacer con esos pensamientos y sentimientos que tengo por ella? Unos sentimientos que estaban sobrepasando a la lujuria del principio.
No solo quería poserla de mil maneras, quería estar con ella para cuidarla, protegerla, escucharla, amarla.
Ella queria eso de mi?
Renesmee había estado a punto de llorar y su burda explicación me decian que? Que ella quería estar también conmigo, pero no podíamos?
Los siguientes días trate de no pensar en ella, pero siempre aparecía en mis pensamientos. Tampoco la vi en la escuela, ni en mi casa junto a Seth.
En mis correrías nocturnas me debatía en llamarla o no. Quería escuchar su voz, ver sus ojos de chocolate, besar sus labios rojos, acariciar su piel de porcelana, oler su perfume...
El lunes no me di cuenta hacia donde corrí, hasta que estuve frente a su casa.
Genial, aparte de pervertido y corruptor de menores ahora eres un acosador, Jacob! Bien, te felicito, que gran avance!
Cruce el jardín delantero hasta los arbustos y me asegure de que nadie me huiera visto. Vi la blanca casa de los Cullen, tratando de imaginar cual era su habitación. La mansión estaba a oscuras en la planta alta. Camine agazapado, pegado a los arbustos que rodeaban el jardín hasta llegar a la parte posterior de la casa. Una débil luz se filtraba por las cortinas y algo dentro de mi me dijo que esa era su habitación.
Quería subir a verla. Necesitaba verla.
Una conveniente enredadera se alzaba hasta el balcón de su supuesta habitación. Me acerque despacio, sin hacer ruido hasta la enredadera y probé su resistencia. Fui subiendo poco a poco mientras pensaba que ni de adolescente hice semejante cosa. Ninguna de las chicas con las que salia, valían ese esfuerzo.
Renesmee, si. Ella merecía todo en esta vida. Ella valía que subiera por una enredadera hasta su balcón, como en un cuento de hadas o de Shakespeare. Ella valía que subiera todos esos metros... Metros?
Me aferre como un gato y suprimí un grito de susto y miedo.
Esto esta muy alto! Vamos Black, no seas cobarde!
Con las piernas temblorosas, logre cruzar la baranda del balcón. Probé si la puerta de vidrio estuviera abierta, para echar un ojo y comprobar si era su habitación.
Si estaba abierta! En un barrio residencial tan exclusivo y vigilado como en el que ella vivia, no había necesidad de cerrar las ventanas y puertas con seguro.
Espera... vigilado? Nop, la policía no me tenia rodeado.
Aun.
Con mucho cuidado me asome a la habitación, las paredes eran lilas y había una enorme cama al centro de la pared izquierda, en esa cama estaba durmiendo una princesa de porcelana.
